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domingo, 8 de diciembre de 2019

EDUARDO FERNÁNDEZ: ¿Y AHORA?

Luchar por Venezuela y por los venezolanos. Combatir por nuestros ideales: Democracia, Justicia y Paz. Después de este nuevo zarpazo del Gobierno, no queda otra alternativa que seguir trabajando por las cosas en las que creemos. Fue un error gravísimo judicializar al partido.

El pleito interno llevó a algunos compañeros a acudir a los tribunales a dirimir sus diferencias, sabiendo que los tribunales de justicia están al servicio del Gobierno. Fue un gran acierto del Comité liderado por Mercedes Malavé lograr la “desjudicialización” de Copei. Por fin se liberó a Copei de la intervención judicial. Se cerró el expediente infame. Una Asamblea Social Cristiana eligió una directiva encabezada por Mercedes Malavé, quien representa una referencia ética, política e intelectual de primera categoría.

Es un refrescante testimonio de autenticidad y de liderazgo en la sórdida política venezolana. Su presencia en los medios ha sido una bocanada de esperanza y de cambio. Malavé era demasiado para la enorme mediocridad que representa el Gobierno.

Todo conspira para que Venezuela no pueda sacudirse el clima de zancadillas y de miserias que caracteriza el debate político actual. Un zarpazo del inefable TSJ volvió a poner en evidencia que para el Gobierno no hay espacio para la grandeza y los nobles ideales. La Directiva copeyana encabezada por Mercedes Malavé hizo varias cosas positivas: En primer lugar, logró sacar al partido del TSJ. En seguida, logró revalidar al partido.

En tercer lugar, fueron a votar en las elecciones presidenciales del año 2018 y Copei logró cerca de un millón de votos. Esa directiva encabezada por Malavé comenzó un trabajo de refrescamiento de Copei. Fortalecimiento organizativo desde las bases municipales y parroquiales. Un mensaje de solidaridad con los venezolanos que sufren las consecuencias de la crisis. Defensa de los valores más fundamentales de la doctrina social cristiana: la dignidad de la persona, la democracia, la justicia social, la paz, la convivencia civilizada y la ruta electoral.

El Gobierno pretendió hacer de Copei un instrumento al servicio de sus intereses. Malavé y quienes la acompañaron lealmente en esa tarea “ni se compran ni se venden”. El Gobierno tiene mucho poder y dinero. En Copei existen reservas de mucha dignidad y compromiso con los ideales. Ahora, más que nunca, debemos seguir en la lucha por Venezuela, por la democracia y por la justicia social.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE
Leer más en:
http://www.ifedec.com

sábado, 29 de abril de 2017

LUIS MANUEL AGUANA, ¿Y AHORA? LA RUTA CONSTITUYENTE ORIGINARIA

EL 15% DEL PADRÓN ELECTORAL

La solicitud para la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente Originaria, no es de ninguna manera excluyente a las exigencias que está haciendo el pueblo venezolano en las calles por el llamado que ha hecho hasta ahora la oposición oficial. De hecho las incluye todas: respeto por la autonomía de la Asamblea Nacional, apertura del canal de ayuda humanitaria, liberación de los presos políticos y establecimiento de un cronograma electoral que incluya las elecciones presidenciales. Todas esas y más se lograrían en una sola exigencia: convocar a una Asamblea Nacional Constituyente de carácter Originario.

Sin embargo, ¿qué se necesitaría para que esa exigencia tenga un piso constitucional? Que recojamos en el menor tiempo posible el 15% del padrón electoral, como indica el artículo 348 de la Constitución Nacional, basado en las reglas que el pueblo establezca, desconociendo la autoridad constituida (Artículo 350).

Ya el régimen de Nicolás Maduro, en abierta dictadura, demostró que no está de ninguna manera dispuesto a soltar a los presos políticos, ni a abrir un canal de ayuda humanitaria a un pueblo que se muere de mengua, ni a reconocer la soberanía del pueblo expresada en la Asamblea Nacional, ni mucho menos convocar a ninguna elección donde se ponga en riesgo su salida del poder. ¿Cuántos muchachos muertos más necesitan los líderes de la oposición oficial para reconocer eso? ¿Cuánta más gente en la calle de la que salió el 19 de abril en todo el país necesitan?

Me he preguntado muchas veces porque la oposición oficial insiste en seguir reconociendo la legitimidad de este régimen. Si no ¿por qué entonces le piden elecciones? A una tiranía no se le piden elecciones, no se le pide nada, se actúa.

Algunos me dirán que diferencia habría si igual necesitaríamos de la calle para eso. Pues si habría una gran diferencia. El desconocimiento se haría por fases siguiendo el orden constitucional establecido, incrementando por etapas el volumen de la protesta pacífica: 1) Recoger inmediatamente las firmas necesarias para la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente Originaria. Eso le diría al mundo, de manera concreta, que nosotros contamos realmente con 7, 8, 9 millones de voluntades para cambiar la situación política de Venezuela; 2) Validar esas voluntades una vez recogidas, con el auxilio de organismos internacionales como la OEA y la Unión Europea, a solicitud nuestra. Solo con los venezolanos que se han ido del país tendríamos una gran parte de lo exigido constitucionalmente; 3) Una vez validadas, convocar nosotros una Asamblea Nacional Constituyente.

Reiteradamente hemos mencionado que en este punto sabemos que el régimen se negará a esa convocatoria, aun cuando sea evidente en ese momento para todo el planeta que los venezolanos deseamos una solución pacífica, democrática, electoral y constitucional a la grave crisis política del país, y que hemos actuado en consecuencia con eso, a) desconociendo al régimen; y b) siguiendo lo pautado en la Constitución.

En esta negativa se constataría si efectivamente las Fuerzas Armadas acompañarían al régimen en ese “autosuicidio”. En lo personal no creo que lo hagan. Lo acompañaran al cementerio pero no se enterrarán con él. Hasta aquí, no saldría nadie a protestar ni ser carne de cañón de los colectivos armados, sino se le advertiría al régimen y al mundo que estaremos dispuestos a defender la decisión de las 7, 8, 9 millones de personas que por escrito han solicitado la convocatoria del Constituyente. Incluso convocaríamos al pueblo chavista para que nos acompañe porque en esa convocatoria les estaríamos garantizando su participación legítima en esa Asamblea Nacional Constituyente, con los representantes que ellos mismos escojan en comicios auténticos, de acuerdo a la normativa internacional, haciendo efectivo un legitimo llamado a la reconciliación nacional

En este punto, y antes que el régimen ceda, políticamente se habrán conseguido dos cosas muy importantes: a) la cohesión de los venezolanos de todos los colores por una lucha en pos de un único objetivo que nos llevaría automáticamente, no solo a aquellos cuatro que la oposición solicita ahora, sino al comienzo de la reconstrucción institucional del país en paz; y b) colocar a esta banda de forajidos en contra de las cuerdas a aceptar la sentencia del pueblo venezolano, no a “tumbarlos” sino a seguir por la senda democrática de todas las naciones del hemisferio, convocando al Constituyente para dirimir nuestras diferencias en paz. Si en este punto, con la presión nacional e internacional encima, el régimen y los militares no han cedido, entonces ir escalonadamente a la paralización del país y en último extremo a ofrendar vidas en las calles. En mi modesta opinión no esperarán hasta llegar allá porque habrán huido.

Esta es la ruta que hemos propuesto desde hace más de dos años desde la Alianza Nacional Constituyente (http://ancoficial.blogspot.com/). Los detalles y demás instrumentos están a la disposición del que los quiera ver, leer y discutir. Seguir en una lucha de calle sin propósitos claros, con una oposición oficial reconociendo en los hechos la legitimidad de un régimen que asesina jóvenes para su permanencia en el poder, estaremos dando vueltas en un círculo vicioso interminable con mas muerte y miseria para Venezuela, por más que se haya logrado el acompañamiento de la comunidad internacional.

Ha sido muy difícil explicarles a los venezolanos que en la violencia es el régimen el que lleva la ventaja. Que darles la oportunidad a que saquen a sus bandas armadas solo causará más muertes a la familia venezolana. Que en ese terreno lo que nos falta es armarnos nosotros también y enfrentarlos en una guerra civil. Y eso es lo que quieren ellos. Ya hay algunos que están acariciando esa idea seriamente, de acuerdo a lo que he leído en las redes sociales. Y si la dirigencia opositora no usa sus neuronas para hacer política con P mayúscula, a eso precisamente vamos a caer de las manos de la insensatez producto de quienes no han sabido conducir al pueblo opositor.

El desarrollo del Artículo 350 está implícito en la convocatoria del Poder Constituyente Originario y su desarrollo no hace más que ponerle letra a esa música que ya es un canto en el corazón de todos los venezolanos y cuyo tema no es otro que el de la lucha por la libertad. Ya nosotros estamos en esa ruta, porque para ayer es tarde…

Luis Manuel Aguana
luismanuel.aguana@gmail.com
@laguana
Caracas - Venezuela 

martes, 5 de enero de 2016

MIGUEL BAHACHILLE M., ¡NUEVA ASAMBLEA!; ¿Y AHORA?

Nadie en su sano juicio desea para sí y su familia la persistencia de una sociedad económica y moralmente aturdida como la que trató de instituir el oficialismo sobre todo en el último trienio. El venezolano habla de caos porque percibe a diario un país desequilibrado, de concepción brutal y hasta deforme en lo más elemental. No se trata de un recurso lingüístico retorico para espesar un artículo de opinión sino de evidenciar una realidad claramente palpable. La mayoría sufre el caos por la carencia de una administración integral respecto de los deberes que atañen a cada espacio público. Sin embargo el gobierno insiste en hacerse llamar “socialista”.

Mientras la gente reclama lucidez y eficiencia ante sus apremios diarios, en esa medida se percibe el abandono en todos los ámbitos del país. No obstante que la Constitución Bolivariana determina claramente las competencias de cada sector público, en la “práctica socialista” no se percibe una línea de gobierno coherente. “Todos hablan ejecutivamente de todo” mientras los conflictos se reproducen a mayor velocidad que cada cháchara vacía.

La nueva Asamblea que asumirá funciones mañana estará urgida de forzar con todo rigor el restablecimiento de una concepción de Estado ordenada y coherente y, sobre todo, útil. También de robustecer el credo liberal respecto de la Democracia y evidenciar que sólo a través de ella se garantiza la libre opinión y la posibilidad de participar en las decisiones relevantes tal como se garantiza en las Constituciones verdaderamente democráticas. Todo lo demás como colectivos, comunas y análogos, son extravíos que se desnaturalizan por su “exceso de violencia” y carencia de preceptos constructivos.

El Parlamento también debe afincarse en recuperar parte de la certidumbre perdida. Aunque en todas las Democracias se hace gala de una variedad de patrones políticos y sociales, preferiblemente dispares, es común a todas ellas el reconocimiento de cada posición por divergente que sea. Principio negado en Venezuela a partir del año 2000. Peor aún, desde entonces se ha acrecentado el número de minorías excluidas del “ineludible equilibrio socialista” no obstante la vanagloriada Constitución Bolivariana “igualitaria”.

Academias, Universidades, gremios profesionales y estudiantiles, agrupaciones vecinales, sindicatos, entre otros, han sido relegados en los últimos 15 años por “no transigir” con las pautas del pensamiento único exhortado por “el socialismo del siglo XXI”. En el fondo no ha habido otra cosa que un claro propósito de instituir un modelo de segregación social bajo dominio de élites posesionadas tal como ocurre en los sistemas marxistas.

Penosamente debieron transcurrir varios años de infortunios para evidenciar el fracaso del régimen en su intento de instaurar una sociedad de masas única, a su medida. Ciertamente existen aparentes “fenómenos de masas”, pero ello no significa que deban acoplarse fatalmente a un modelo homogéneo. El venezolano, como cualquiera otro, es por naturaleza de pensamiento heterogéneo. Así pues la difícil tarea de la nueva Asamblea, entre muchas, si puede decirse así, será rehabilitar el ejercicio de la libre ideología sin desestimar las tareas Constitucionales propias de un Parlamento democrático. ¡Veremos pues!

Miguel Bahachille M.
miguelbmer@gmail.com
@MiguelBM29
Miranda - Venezuela