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martes, 30 de junio de 2020

ENRIQUE PRIETO SILVA, EL ATAQUE AL CENTINELA

Insistimos en exponer nuestro criterio jurídico sobre la mala praxis de la justicia militar, por cuanto aún existen abogados militares operadores es esta justicia tan vapuleada por la ignorancia, toda vez que insisten en seguirla utilizando vulgarmente como garrote del gobierno, con poca crítica doctrinaria por parte de los defensores y comunicadores sobre estos casos.

A pesar de la reacción positiva que se logró con el amparo constitucional interpuesto ante la Corte Marcial por el Foro Militar Venezolano en enero del año pasado, que a pesar de su declinación ante la Sala Constitucional, como era de esperarse por la competencia, vimos el efecto de del petitum, al no continuar con la práctica morbosa de esta justicia, hasta lo ocurrido con el caso publicitado de la oficial de la Guardia Nacional con una profesional del derecho.

Volvió a aparecer la solicitud de enjuiciamiento por la supuesta comisión del delito de ataque al centinela, del que ya comentamos, aclarando que este delito se configura cuando se ataque a un centinela “…un guardia o vigía militar emplazado en un puesto de observación para proteger un lugar, instalaciones, material o persona de una organización militar…”, lo que no se debe confundir con la agresión a la persona de un ciudadano militar por el solo hecho de serlo.

Por otra parte, es conveniente aclarar, que el llamado fuero para la persona militar dejó de existir en Venezuela y de acuerdo con la Constitución de 1999, son juzgados por la justicia militar solo los delitos de naturaleza militar, que son aquellos establecidos en el Código Orgánico de Justicia Militar, y que se cometen contra la organización de las fuerzas armadas, o en una acción u operación militar.

En este sentido es necesario aclarar, que la ley no protege al militar como tal sino cuando cumple función en servicio de esta naturaleza, mientras que cuando cumple funciones diferentes, la comisión que haga de un delito será absorbido por la justicia ordinaria.

Es el caso, que cuando los órganos y unidades militares actúan en funciones de orden público, su acción es policial. Se cumple el apotegma de que la función arrastra al órgano. En este sentido, cualquier delito de agresión tanto del militar

contra una persona o viceversa contra él en cumplimiento de una actividad no militar, debe ser juzgado por los tribunales ordinarios, tal como lo contempla el artículo 261 de la Constitución.

Exhortamos a los abogados que ejercen como defensores en los tribunales judiciales, a exponer su repertorio teórico sobre el proceso penal y a exigir a los operadores de esta justicia, que actualicen su proceder conforme a la normativa penal militar moderna.

También, los militares que ejercen la acción disciplinaria, deben entender que en derecho penal militar, no deben confundir la justicia militar con el derecho disciplinario, antes regido por el Reglamento de Castigos Disciplinarios y hoy por la Ley de Disciplina Militar. La disciplina es de comando y la justicia militar es del poder judicial, donde no intervienen los mandos militares. 

Enrique Prieto Silva 
enriqueprietosilva@yahoo.com
@Enriqueprietos

jueves, 25 de junio de 2020

TRINO MÁRQUEZ, EL ATAQUE A LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS

El ataque y destrucción de los partidos políticos es un antiguo proyecto del chavismo, ahora convertido en madurismo. Lo que queda con poder del chavismo original apenas llega a residuos. Las agresiones a Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Voluntad Popular y Copei, forman parte de ese antiguo plan.

El viejo programa consistía en eliminar los partidos tradicionales. Hugo Chávez basó gran parte de la campaña electoral de 1998 en atacar la ‘partidocracia’. Sin embargo, él había fundado dos partidos. Primero, el Movimiento Bolivariano-200 (MBR-200); luego, el Movimiento Quinta República (MVR). A este, el Consejo Supremo Electoral le asigna la tarjeta con la cual Chávez participa en los comicios de diciembre de aquel año. Ni el MBR-200, ni el MVR, eran clubes para jugar truco. Ambas agrupaciones estuvieron constituidas como partidos políticos, sobre todo el segundo. Contaban con una dirección nacional y comandos regionales y locales. Operaban de acuerdo con el modelo leninista: cuadros políticos profesionales y centralismo democrático. A pesar de su propia ejemplo, Chávez quería ‘destruir la partidocracia’ que tanto, en apariencia, le atormentaba y freírles la cabeza en aceite a los adecos y copeyanos.

Algunos desprevenidos le creyeron el cuento al ladino Teniente Coronel. Utilizaron sus periódicos, televisoras y radios para desprestigiar al estamento político y a las organizaciones partidistas. El caudillo se coló por las grietas que produjo ese ataque inmisericorde, ganó la elección y luego creó el Partido Socialista Unidos de Venezuela (PSUV), símbolo por excelencia de la organización vertical, burocrática y antidemocrática. Vean los cuadros dirigentes que la integran para que se den cuenta de que es más fácil cambiar la estructura del Vaticano, que provocar cambios importantes en su cúpula. Siempre son los mismos rostros malencarados. La AD y el Copei de la época ‘bipartidista’ eran niños de pecho al lado de la arrogancia y sectarismo de esos señores.

El régimen retomó durante la pandemia del Covid-19 (no encontró momento de mayor debilidad) el ancestral plan de pulverizar los partidos con una modalidad novedosa: no los ilegaliza en bloque, como hizo por ejemplo Marcos Pérez Jiménez, sino que dinamita lo que queda de ellos, para construir sobre sus escombros una ‘oposición’ oficial, acoplada a los intereses del gobierno.

Elimina de Primero Justicia a los dirigentes más tenaces e incómodos, dejando con el nombre y los símbolos de la organización a unos caballeros domesticados y mimetizados frente a Miraflores y al PSUV. El mismo patrón lo utiliza con AD, la agrupación política más importante de la historia nacional; ahora el gobierno pretende defenestrar a la combativa Laidy Gómez, gobernadora de Táchira. A UNT, partido al que no puede calificarse de extremista o intolerante, lo mantiene bajo amenaza permanente. El estilo con Voluntad Popular ha sido más recio. A esta agrupación le han dado sin contemplaciones. Su dirección nacional casi completa se encuentra refugiada en embajadas, en la cárcel o en el exilio. El ensayo del método comenzó hace algunos años con la legítima dirección nacional de Copei, cuando el gobierno les entregó el partido a unos personajes que no se sabe si alguna vez militaron en la tolda verde.

Sin duda que los partidos políticos opositores se han equivocado mucho, y en algunos casos de forma grave. Admitir esta verdad tendría que ser el punto de partida para su rectificación. Pero, una cosa es aceptar los defectos y fallas, y otra muy diferente es complacerse cayéndole a dentelladas a los partidos opositores y a Juan Guaidó, su líder más destacado, con el fin de encumbrar a quienes de forma humillante se acercan al poder a recibir las migajas que este les tira.

Deleitarse calificando a la oposición venezolana como la ‘peor del mundo’ no es muy edificante que se diga, ni contribuye en nada a mejorar la precaria situación en la que se encuentran la democracia venezolana y todo el tejido social que una vez le sirvió de sustento: sus partidos, sindicatos, federaciones patronales, gremios, ligas campesinas, asociaciones estudiantiles y organizaciones sociales independientes. Al igual que el régimen se propuso pulverizar los partidos, lo mismo hizo con el resto de las formaciones sociales. Y lo ha logrado. Ese detalle no puede ser obviado en el examen del estado de los opositores.

No le encuentro sentido decir que la oposición cubana es mediocre porque no ha logrado sacarse de encima a la tiranía que la ha sometido durante sesenta años; o despreciar a los demócratas de Corea del Norte o Irán, países donde el totalitarismo ha causado estragos. Opto, más bien, por intentar entender la complejidad de combatir regímenes totalitarios que cierran todos los espacios democráticos.

Trino Marquez Cegarra
trino.marquez@gmail.com
@trinomarquezc
Venezuela