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lunes, 18 de marzo de 2019

ALBERTO BARRERA TYSZKA, ¿ES POSIBLE SABER LO QUE PASA REALMENTE EN VENEZUELA?


Ocurre con frecuencia: más de una vez me he encontrado en el trance de estar frente a un desconocido que, al saber que soy venezolano, me pregunta: “¿Es cierto todo lo que está pasando allá?”. La duda siempre me sorprende. Uno de los obstáculos fundamentales para poder analizar lo que sucede en Venezuela es la verdad. Siempre hay más de una, queriendo imponerse como única, inapelable, cargada de la más honesta emoción. Estuve en Caracas el fin de año y durante casi todo el mes de enero. Dentro del país no hay mucho lugar para las dudas. La verdad es una experiencia física. La miseria y el hambre no tienen matices. La confusión comienza cuando esa verdad se transforma en noticia.

El pasado 23 de febrero, en la mitad de uno de los puentes que cruza la frontera entre Colombia y Venezuela, un camión cargado de ayuda humanitaria ardió en llamas. Esta imagen, en sí misma, ya era una información inflamable. Se trataba de uno de los vehículos que la oposición trataba de ingresar al país. Rápidamente, las redes sociales también se incendiaron. Era muy difícil no contagiarse. De lado y lado cruzaron acusaciones. Anatoly Kurmanaev, corresponsal de The New York Times con mucha experiencia en Venezuela, señaló muy temprano la complejidad del caso: destacó las dos versiones que se manejaban y alertó sobre la necesidad de “hacer más esfuerzo para averiguar qué pasó exactamente con los camiones, dado el significado que las imágenes de la ayuda en llamas adquirirán en los próximos días”.

Tras días de indagación y cotejo de las diferentes informaciones, el Times publicó un serio trabajo donde demuestra que el origen del incendio no estuvo en las fuerzas de choque de Maduro, sino en los manifestantes que estaban en el lado de la oposición. Las redes sociales volvieron a echar humo. En rigor, el reportaje ponía en entredicho las dos verdades oficializadas de lo ocurrido, la del madurismo y la de la oposición, y ofrecía una tercera alternativa, aferrada a los hechos, que señalaba que el incendio se había producido debido al desprendimiento accidental de una mecha de las bombas molotov que los manifestantes de la oposición lanzaban hacia las barricadas del régimen de Maduro. La realidad fue tan simple como incómoda. Pero en contextos tan erizados emocionalmente hay que saber y poder discernir entre la verdad de la vehemencia y la verdad de la investigación periodística.

Pero eso a veces no resulta tan fácil. Hace unos días, el periodista estadounidense Max Blumenthal filmó para The Grayzone un video de sí mismo paseando por un supermercado de Caracas, para mostrar los estantes llenos de variados productos. Blumenthal hizo incluso malabarismos con varias frutas, como queriéndose burlar un poco de quienes denuncian escasez en el país y aseguró que el verdadero problema era la hiperinflación causada por la elite capitalista de Venezuela. En esos mismos días, el periodista argentino Joaquín Sánchez Mariño también colgó en la red otro video, en el que mostraba otro hipermercado en la misma ciudad, donde los anaqueles estaban llenos… pero de un único producto. El desabastecimiento en el local era contundente. ¿Alguno estaba mintiendo u ofreciendo una visión distorsionada, demasiado recortada, de una realidad más amplia? ¿En cuál de los dos se podía confiar?

Mientras la oposición realizaba una campaña de denuncia, de petición de apoyo y de recolección de fondos, para enfrentar una enorme crisis humanitaria en el país, el gobierno de Nicolás Maduro enviaba un barco con 100 toneladas de ayuda humanitaria a Cuba como apoyo a las víctimas de un tornado que provocó destrozos en varios barrios de La Habana a fines de enero. ¿Cómo pueden convivir dos versiones tan opuestas de la realidad en un mismo mapa y en un mismo tiempo? ¿A quién se le debe creer?

La crisis que viene escalando desde comienzos de este año ha puesto de relieve el problema de opacidad que envuelve a la sociedad venezolana. Con frecuencia, lo que aparece en las noticias es y no es Venezuela. Por ejemplo, desde 2018 están activados en el país dos de los fondos humanitarios más importantes del planeta: el Fondo de Gestión de Emergencias (CERF, por su sigla en inglés) de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y los de la Comisión Europea (ECHO). Ambos fondos han trabajado con varias organizaciones de la sociedad civil y son un apoyo en medio de la crisis, aunque, obviamente, son insuficientes. Este es, sin embargo, un dato que se conoce poco.

La oposición evita mencionarlo porque su discurso está centrado en atacar la negativa oficial a permitir la ayuda internacional en el país. Y el gobierno no lo reconoce públicamente porque no está dispuesto a aceptar que existe una crisis, porque no desea admitir su fracaso. Todo es y no es cierto completamente. Todo siempre puede ser o pudo haber sido. Mientras, la realidad se vuelve cada vez más urgente. Las proyecciones de la ONU sostienen que este año la migración venezolana alcanzará los 5,3 millones de personas.

Con el apagón que en estos días dejó a oscuras por más de cien horas al país ocurre lo mismo. Para el mundo exterior puede ser atractiva la verdad que remite a una conspiración imperialista. Pero no es la primera vez que Nicolás Maduro denuncia un sabotaje en el sector energético. En septiembre de 2013, tras un apagón en varias regiones del país, aseguró que la “derecha” pretendía dar un “golpe eléctrico”. En 2015, el propio Maduro creó el Estado Mayor Eléctrico, una instancia para manejar de manera directa y prioritaria el problema de la electricidad en el país. En 2016, una rigurosa investigación de la periodista Fabiola Zerpa ya anunciaba un posible colapso del suministro de energía en Venezuela. Nada de esto, sin embargo, está en la verdad que distribuye el oficialismo por el mundo. Maduro denuncia un “golpe electromagnético” pero no ofrece ninguna prueba. Como si el solo relato de la conspiración pudiera, en sí mismo, ser la evidencia de la conspiración. No hay más nada que investigar. La historia es un videojuego.

El chavismo insiste en decir que existe un “cerco mediático”, denuncia la creación de un “país paralelo” e invita a todo el mundo a conocer “la Venezuela de verdad”. En lo que casi parece una invitación a la psicosis colectiva, Maduro en medio de la crisis ha prometido que invertirá 1000 millones de euros en obras de ornato, en la “Misión Venezuela Bella”. Todo se trata de lo mismo: un ejercicio del poder cuya principal tarea es sembrar dudas sobre lo que es o no es real. Es una maniobra perversa, deliberada, para promover lo que en psicoanálisis se conoce como un mecanismo psíquico de “ataque a la percepción” de la realidad.

Mi vecino en Ciudad de México, al saber que estuve en Venezuela recientemente, me pregunta con genuina intriga: “Y todo eso que sale por la tele, ¿es cierto?”.

Creo que es necesario contrastar cualquier noticia, dudar de aquello que fácilmente refuerza nuestros sesgos personales. Existen medios independientes como Efecto Cocuyo, Armando.info, Runrunes, El Pitazo, Crónica Uno, Tal Cual, Correo del Caroní, entre otros, que están comprometidos con el periodismo de calidad y que son una referencia imprescindible a la hora de informarse. Pero también es necesario hacer una gran campaña contra la institucionalización del engaño. La posverdad debería ser considerada un crimen. Es otra cruda forma de violencia. El ruido delirante de un poder que solo busca confundir, que solo pretende borrar a sus víctimas.

Alberto Barrera Tyszka es escritor y colaborador regular de The New York Times en Español. Su novela más reciente es “Mujeres que matan”.

Alberto Barrera Tyszka
@Barreratyszka
https://www.nytimes.com/es/2019/03/17/la-verdad-en-venezuela/?smid=tw-espanol&smtyp=cur

sábado, 25 de marzo de 2017

FREDDY RIOS RIOS - DESINFORMACIÓN Y CONTRAINFORMACIÓN, LA CIA ASESINÓ A CHÁVEZ.

DESDE MI ESCRITORIO

«La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa.»

“Desinformar”, según el diccionario de la RAE, significa: (1) dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines; y (2) dar información insuficiente u omitirla. El Portal de Google, la hegemonía mediática, la contrainformación alternativa del régimen y hasta los medios no vinculados al gobierno, han difundido un Post donde según la Agente 007 italiana, Mary Pace en una entrevista realizada en Italia, habría asegurado que la CIA había intentado asesinar dos veces a Chávez. Alcanzó su objetivo induciéndole un cáncer mortal con un equipo CSX4000 de radiaciones continúas. (http://vamosvzla.com/imperdible-ex-agente-inteligencia-italiana-revelo-lo-provoco-muerte-chavez/).

Cuando leí el artículo en La Iguana, olí algún montaje raro del chavismo fraudulento, desinformación pura y dura, sin esquinces, muy a pesar que el artículo en cuestión había sido publicado en Aporrea, la Iguana fue el ventilador de la dispersión de la ‘mentira’ que la 007 italiana ufana del resultado en Venezuela colgó en Facebook. Los hackers, troles y Bot del régimen convirtieron las redes en papagayos con buen viento que encontraron eco en páginas Web, Blogs, Revistas Flipboard, Instagran, G+ y pare de contar. (http://www.booksprintedizioni.it/public/libri/anteprima_incazzata_nera.pdf)

Es necesario destacar que Mary Pace, “La Iene”, a quien atribuyen. el acierto, es una fuente real, con un CV importante, “es periodista”, escritora de varios libros y hay que resaltar que es una ex agente de los Servicios de Inteligencia italianos. Se dice que un ex expía moribundo, del cual ella es albacea de sus secretos, le comunicó antes de morir la localización de Bin Laden a los servicios secretos de Obama; entonces surge la gran pregunta, si la información del terrorista valía 25 millones de dólares cuanto valía o vale la prueba que la CIA inoculó el cáncer a Chávez. El significado geopolítico y geoeconómico de dicha prueba supera con creces la cantidad, el efecto y los resultados mediáticos y políticos de la muerte de Bin Laden. (https://www.vice.com/it/article/denunciamoli-tutti-a9n1)

Mary Pace era una jovencita cuando fue reclutada en 1968, tenía entonces 18 años. Pero la señora, hoy de la tercera edad, es. más célebre aún. por haber demandado al Gobierno de USA por 25 millones de dólares, por haber facilitado las coordenadas donde se encontraba enconchado. Según ella, esta fue la información que permitió la muerte de Osama Bin Laden, o como eufemísticamente se dice en estos días, dado de baja. (http://www.congedatifolgore.com/it/personaggi-mary-pace-tiene-corsi-di-intelligence-ha-citato-la-cia-per-avere-la-taglia-su-ben-laden/)

Entrando a la materia, algunos desinformados tienden a confundir los términos “contrainformacion” -dándole incluso vinculación a lo militar- como asociado de la contrainteligencia, y restándole la importancia que tiene para el control ciudadano de la verdad y transparencia de los medios, sus formas y especialmente, contenidos en una realidad tecnológica de insospechadas dimensiones que puede llegar hasta la manipulación de procesos políticos (Brexit, Trump, Cambridge Analytic) e incluso va más allá de lo político o mediático hasta convertirse en un proceso de búsqueda de mercenarios de la payola 2.0.

Hoy, en los medios de comunicación se hace una gran referencia al instrumento o forma del contenido por el cual se realiza el acto comunicacional. En esta materia, los rusos a través de Sputnik han montado una trama de desinformación de primera, incluida en la trilla de las cableras nacionales. RT es una cadena global rusa, que camufla la desinformación y desinformacion, e influye por medio de links asociados a Bots a las campañas donde Putin tiene intereses. (https://mundo.sputniknews.com/spanish_ruvr_ru/news/2013_05_28/Osama-bin-Laden-se-ha-inmolado-5167/)

La manipulación y deformación de la información, su tergiversación y cargas estimulantes de odio y conformidad son elementos de las técnicas de control que sin rubor aplican los extremos facho-bolcheviques, en todas sus versiones con sus respectivos objetivos, filtros y sesgos. La mentira como política de estado es Soft War. Ha estado presente en Venezuela desde el primer día de estos 18 años. Como decía Goebbel: “los ministerios más importantes son el de Propaganda y el de Guerra, ambos han padecido la tiranía de la ignorancia, pero hay cientos de muertos en su cuenta”.

Es completa, mutatis mutandis, la concepción de Shultz y Godson sobre la desinformación como política de estado, especialmente del Estado cubano en Venezuela: «Información deliberadamente falsa, incompleta y errónea, diseñada para engañar y desorientar a las autoridades gubernamentales y no gubernamentales y/o los medios de comunicación social para manipular personas o grupos predeterminados para que crean la falsa información y, en consecuencia, actúen en interés de la nación que lleve a cabo la operación». Colofón: aquí no hay presos políticos, ni corrupción, ni inseguridad, ni hambre. Vivimos en un paraíso democrático donde los pranes de la Asamblea Nacional tratan de sabotear “la Paz del Comediante Eterno”.

De lo anterior podemos concluir que, la contrainformación no se «relaciona dialécticamente con lo alternativo sino que corre por otro carril,» refiriéndose a una interpretación política del mensaje oficial, capaz de provocar relaciones y formas comunicativas y no meramente informativas, aceptando como premisa de análisis que es sumamente difícil por el estricto régimen discrecional que ejerce el poder cuando no hay Estado de Derecho una ofensiva que anule los efectos de ese poder, que además está armado. La Corporación Maneiro es una forma de censura y desinformación, producto de la represión. Ejemplos nuevos y viejos sobran: RCTV, Infobae, CNNes, y un espectro radioeléctrico lleno de cadáveres o al servicio de la tiranía.

Los regímenes totalitarios tienen una dependencia obligada de políticas de desinformación, que le lave la cara afuera e infunda pánico o mimetice la verdad adentro y se proyecte hacia afuera. Cuando hay un Estado Malandro y rico, su financiamiento, organización, planificación y puesta en práctica depende de factores internos y externos. Hay varias oleadas de intelectuales, artistas, deportistas, y piratas del turismo político que se prestan de tramoyeros caros en nombre del socialismo, los Ramonet, Sean Penn, Maradona, las Evas Golinger son una cohorte de mercenarios que contribuyen a la desinformación como agentes encubiertos de la pantalla del televisor, la prensa y las redes, al ahogar la verdad, apoyando al régimen.

Con el Poder Mediático y de la Armas es muy fácil la disuasión, hay un estado permanente de guerra hertzianas con un mensaje monocorde, se busca la desesperanza como condición y estado. Siempre listos en la hegemonía que garantiza el poder omnímodo y la no separación de poderes con el apoyo de los fusiles y bayonetas; todo es mentir, ocultar, falsear, o tergiversar la realidad, se fabrica la verdad al servicio del hegemon y su corte, la verdad no es más de un millón de venezolanos comiendo de la basura, sino 36 millones bien alimentados con las bolsas CLAP,

Desinformación, como dijo Galdón es “la ausencia de verdadera información o de información verdadera” adornada, en un régimen que no se caracteriza por su conocimiento y capacidad, con un saber empírico, de libros de autoayuda, «superficial y fragmentario, o falso y equivocado, o inane y vacío, o insignificante e irrelevante, lo que hay es desinformación.”

Freddy Rios Rios
friosrios@gmail.com
@doserre
Miranda-Venezuela