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lunes, 14 de octubre de 2019

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ: OBSOLESCENCIA DEL SABER Y DEPRECIACIÓN DEL CONOCIMIENTO I

El impacto de la cuarta revolución industrial (combinación de tecnologías), está transformando la forma en que vivimos, trabajamos, interactuamos y estudiamos. Dicha revolución digital, afecta fundamentalmente al sector educativo tanto en su desempeño interno como en su rol formativo, propiciando que el modelo tradicional esté induciendo alto desinterés en los educandos por seguir estudios, al extremo de generar un decrecimiento (crecimiento negativo) de las matrículas.

Tal escenario, podemos visualizarlo a la luz de ciertos hechos: 1.- Rápidos cambios en el contexto del conocimiento: Al recibir el título profesional, gran parte del aprendizaje formativo recibido se encuentra revaluado, aun cuando conserve su estructura conceptual, al verse afectado por nuevos hallazgos aunado a la aparición de modelos, metodologías, herramientas, etc, emanados de los avances científicos y tecnológicos; 2.- Demanda laboral de nuevas competencias: Muchas de las competencias exigidas a la fuerza laboral actual (y obviamente a la futura) son completamente diferentes a las del pasado inmediato, al punto que según el Foro Económico Mundial más de 1/3 de las habilidades básicas que se requerirán en el año 2020 serán completamente nuevas y distintas a las requeridas en el pasado inmediato; 3.- Fuerza de trabajo con habilidades especificas sin la obligación de un título profesional: Grandes empresas (IBM, Google, Apple, y un largo etcétera) no están exigiendo (obligatoriamente) título profesional para incorporar nuevos empleados, dándole mayor importancia a la demostración de competencias; 4.- Rechazo de títulos universitarios que no dan cuenta de las capacidades de quienes los obtienen y ostentan: Tal acción es inducida, fundamentalmente, tanto por el tiempo requerido para desarrollar e instrumentar una nueva estructura curricular, como por el tiempo que ha de emplear el estudiante para culminar sus estudios (muy extensos) lo cual se traduce, en muchos casos, en títulos obsoletos; 5.- Existencia de fuentes de contenidos de acceso abierto: Modalidad orientada a la enseñanza con un enfoque mucho más practico que el tradicional presencial, sustentado en orientaciones de profesores y expertos en un ambiente online o virtual de carácter asincrónico (sin coincidencia temporal), haciendo uso de videos, audios y de otras muchas herramientas instruccionales; 6.- Baja rentabilidad de la inversión al estudiar una carrera larga, en relación a otras modalidades de estudios cortos y permanentes: Los recursos financieros y el tiempo de dedicación efectuados para alcanzar un título profesional, evaluados en función a su rentabilidad (ingresos futuros) resulta menos ventajoso que las carreras más cortas pero reiterativas en el tiempo (se repiten con frecuencia o tienen la propiedad de repetirse) que es la preferencia actual y futura; 7.- Institucionalización de Plataformas Educativas hospedadas en la Nube: Estructuradas mediante metodologías de enseñanza que facilitan un autoaprendizaje sencillo y atractivo en el lugar y tiempo escogido por el estudiante; 8.- Instrumentación del modelo de microcredenciales digitales: El proceso de enseñanza-aprendizaje se realiza a través de Internet y la web; siendo que la credencial conferida evidencia una competencia especifica adquirida por el participante, la cual es fácilmente verificable tanto en el logro obtenido como en cuanto al esfuerzo, exigencia y requisitos para obtenerlo; habida cuenta de contener la información básica referida a la competencia o habilidad que ha desarrollado así como la descripción del proceso y del régimen de evaluación, lo cual queda implícitamente consagrado en la respectiva Certificación que es igualmente otorgada a través de la web; 9.- Ruptura de la segmentación del conocimiento: Los currículos diseñados a partir de la segmentación del conocimiento mediante asignaturas temáticas independientes, están en contraflujo a la complejidad creciente del conocimiento que desdibuja la frontera entre disciplinas diferentes.

A tenor de lo expresado, puede afirmarse, sin la menor duda, que la realidad actual está forzando cambios inmediatos y drásticos en el modelo tradicional de aprendizaje en todos los niveles y modalidades del sistema educativo. En lo inmediato, debe rescatarse el espíritu y propósito de la Educación Continua o Formación Continua que hace referencia a la modalidad formativa estructurada mediante programas de aprendizaje teórico-práctico diseñados bajo la figura de Cursos que enfatizan en las competencias que se deben aprender (tal como el modelo de microcredenciales digitales arriba mencionado), en aras de mejorar aptitudes al tiempo de elevar la competitividad y facilitar el acceso y/o desenvolvimiento en el mercado laboral a la luz de variadas líneas de actuación vinculadas con una actualización constante de conocimientos en procura de elevar las competencias; muy especialmente tanto en el área de formación profesional continua (trabajadores activos) como de formación profesional ocupacional (desempleados). La modalidad de formación en la empresa, por su parte, tiene como propósito fundamental impulsar las capacidades (competencias) laborales de los trabajadores en una empresa al tiempo de propiciar que adapten sus actitudes tanto en su propio beneficio como el de la organización empresarial en pro de incrementar su empleabilidad y productividad en función a los objetivos generales

de la empresa. En general, con la educación continua en la empresa se busca: 1.- Responder a las necesidades específicas de la empresa; 2.- Mejorar los conocimientos y competencias de los trabajadores; 3.- Contribuir a la adaptación al cambio y mejora empresarial; 4.- Adaptar el personal a las innovaciones y adelantos tecnológicos, así como a las nuevas herramientas y formas de trabajo; 5.- Incrementar la competitividad de la empresa; 6.- Elevar la motivación y el clima laboral; 7.- Aumentar las expectativas de desarrollo empresarial; y 8.- Favorecer el reciclaje interno de los trabajadores.

Reflexión final: Cara al futuro cercano, las instituciones han de dar el salto digital so pena de quedar rezagadas de la cuarta revolución industrial.

Jesús Alexis González
@JesusAlexis_Gon  
Planificador Educativo

lunes, 18 de marzo de 2019

ALBERTO BARRERA TYSZKA, ¿ES POSIBLE SABER LO QUE PASA REALMENTE EN VENEZUELA?


Ocurre con frecuencia: más de una vez me he encontrado en el trance de estar frente a un desconocido que, al saber que soy venezolano, me pregunta: “¿Es cierto todo lo que está pasando allá?”. La duda siempre me sorprende. Uno de los obstáculos fundamentales para poder analizar lo que sucede en Venezuela es la verdad. Siempre hay más de una, queriendo imponerse como única, inapelable, cargada de la más honesta emoción. Estuve en Caracas el fin de año y durante casi todo el mes de enero. Dentro del país no hay mucho lugar para las dudas. La verdad es una experiencia física. La miseria y el hambre no tienen matices. La confusión comienza cuando esa verdad se transforma en noticia.

El pasado 23 de febrero, en la mitad de uno de los puentes que cruza la frontera entre Colombia y Venezuela, un camión cargado de ayuda humanitaria ardió en llamas. Esta imagen, en sí misma, ya era una información inflamable. Se trataba de uno de los vehículos que la oposición trataba de ingresar al país. Rápidamente, las redes sociales también se incendiaron. Era muy difícil no contagiarse. De lado y lado cruzaron acusaciones. Anatoly Kurmanaev, corresponsal de The New York Times con mucha experiencia en Venezuela, señaló muy temprano la complejidad del caso: destacó las dos versiones que se manejaban y alertó sobre la necesidad de “hacer más esfuerzo para averiguar qué pasó exactamente con los camiones, dado el significado que las imágenes de la ayuda en llamas adquirirán en los próximos días”.

Tras días de indagación y cotejo de las diferentes informaciones, el Times publicó un serio trabajo donde demuestra que el origen del incendio no estuvo en las fuerzas de choque de Maduro, sino en los manifestantes que estaban en el lado de la oposición. Las redes sociales volvieron a echar humo. En rigor, el reportaje ponía en entredicho las dos verdades oficializadas de lo ocurrido, la del madurismo y la de la oposición, y ofrecía una tercera alternativa, aferrada a los hechos, que señalaba que el incendio se había producido debido al desprendimiento accidental de una mecha de las bombas molotov que los manifestantes de la oposición lanzaban hacia las barricadas del régimen de Maduro. La realidad fue tan simple como incómoda. Pero en contextos tan erizados emocionalmente hay que saber y poder discernir entre la verdad de la vehemencia y la verdad de la investigación periodística.

Pero eso a veces no resulta tan fácil. Hace unos días, el periodista estadounidense Max Blumenthal filmó para The Grayzone un video de sí mismo paseando por un supermercado de Caracas, para mostrar los estantes llenos de variados productos. Blumenthal hizo incluso malabarismos con varias frutas, como queriéndose burlar un poco de quienes denuncian escasez en el país y aseguró que el verdadero problema era la hiperinflación causada por la elite capitalista de Venezuela. En esos mismos días, el periodista argentino Joaquín Sánchez Mariño también colgó en la red otro video, en el que mostraba otro hipermercado en la misma ciudad, donde los anaqueles estaban llenos… pero de un único producto. El desabastecimiento en el local era contundente. ¿Alguno estaba mintiendo u ofreciendo una visión distorsionada, demasiado recortada, de una realidad más amplia? ¿En cuál de los dos se podía confiar?

Mientras la oposición realizaba una campaña de denuncia, de petición de apoyo y de recolección de fondos, para enfrentar una enorme crisis humanitaria en el país, el gobierno de Nicolás Maduro enviaba un barco con 100 toneladas de ayuda humanitaria a Cuba como apoyo a las víctimas de un tornado que provocó destrozos en varios barrios de La Habana a fines de enero. ¿Cómo pueden convivir dos versiones tan opuestas de la realidad en un mismo mapa y en un mismo tiempo? ¿A quién se le debe creer?

La crisis que viene escalando desde comienzos de este año ha puesto de relieve el problema de opacidad que envuelve a la sociedad venezolana. Con frecuencia, lo que aparece en las noticias es y no es Venezuela. Por ejemplo, desde 2018 están activados en el país dos de los fondos humanitarios más importantes del planeta: el Fondo de Gestión de Emergencias (CERF, por su sigla en inglés) de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y los de la Comisión Europea (ECHO). Ambos fondos han trabajado con varias organizaciones de la sociedad civil y son un apoyo en medio de la crisis, aunque, obviamente, son insuficientes. Este es, sin embargo, un dato que se conoce poco.

La oposición evita mencionarlo porque su discurso está centrado en atacar la negativa oficial a permitir la ayuda internacional en el país. Y el gobierno no lo reconoce públicamente porque no está dispuesto a aceptar que existe una crisis, porque no desea admitir su fracaso. Todo es y no es cierto completamente. Todo siempre puede ser o pudo haber sido. Mientras, la realidad se vuelve cada vez más urgente. Las proyecciones de la ONU sostienen que este año la migración venezolana alcanzará los 5,3 millones de personas.

Con el apagón que en estos días dejó a oscuras por más de cien horas al país ocurre lo mismo. Para el mundo exterior puede ser atractiva la verdad que remite a una conspiración imperialista. Pero no es la primera vez que Nicolás Maduro denuncia un sabotaje en el sector energético. En septiembre de 2013, tras un apagón en varias regiones del país, aseguró que la “derecha” pretendía dar un “golpe eléctrico”. En 2015, el propio Maduro creó el Estado Mayor Eléctrico, una instancia para manejar de manera directa y prioritaria el problema de la electricidad en el país. En 2016, una rigurosa investigación de la periodista Fabiola Zerpa ya anunciaba un posible colapso del suministro de energía en Venezuela. Nada de esto, sin embargo, está en la verdad que distribuye el oficialismo por el mundo. Maduro denuncia un “golpe electromagnético” pero no ofrece ninguna prueba. Como si el solo relato de la conspiración pudiera, en sí mismo, ser la evidencia de la conspiración. No hay más nada que investigar. La historia es un videojuego.

El chavismo insiste en decir que existe un “cerco mediático”, denuncia la creación de un “país paralelo” e invita a todo el mundo a conocer “la Venezuela de verdad”. En lo que casi parece una invitación a la psicosis colectiva, Maduro en medio de la crisis ha prometido que invertirá 1000 millones de euros en obras de ornato, en la “Misión Venezuela Bella”. Todo se trata de lo mismo: un ejercicio del poder cuya principal tarea es sembrar dudas sobre lo que es o no es real. Es una maniobra perversa, deliberada, para promover lo que en psicoanálisis se conoce como un mecanismo psíquico de “ataque a la percepción” de la realidad.

Mi vecino en Ciudad de México, al saber que estuve en Venezuela recientemente, me pregunta con genuina intriga: “Y todo eso que sale por la tele, ¿es cierto?”.

Creo que es necesario contrastar cualquier noticia, dudar de aquello que fácilmente refuerza nuestros sesgos personales. Existen medios independientes como Efecto Cocuyo, Armando.info, Runrunes, El Pitazo, Crónica Uno, Tal Cual, Correo del Caroní, entre otros, que están comprometidos con el periodismo de calidad y que son una referencia imprescindible a la hora de informarse. Pero también es necesario hacer una gran campaña contra la institucionalización del engaño. La posverdad debería ser considerada un crimen. Es otra cruda forma de violencia. El ruido delirante de un poder que solo busca confundir, que solo pretende borrar a sus víctimas.

Alberto Barrera Tyszka es escritor y colaborador regular de The New York Times en Español. Su novela más reciente es “Mujeres que matan”.

Alberto Barrera Tyszka
@Barreratyszka
https://www.nytimes.com/es/2019/03/17/la-verdad-en-venezuela/?smid=tw-espanol&smtyp=cur