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domingo, 31 de mayo de 2020

JOSE LOMBARDI, LA DICTADURA DE LAS REDES SOCIALES

Según el último informe realizado por Cisco: “The Role of Technology in Powering an Inclusive Future”, en el año 2023 habrá 29.300 millones de dispositivos electrónicos conectados a Internet en el mundo, y la mitad de ellos serán objetos del “Internet de las Cosas”.

En la actualidad, cerca de 3.700 millones de personas aún no tienen acceso a Internet, pero se espera que en el año 2023 esta brecha digital se haya reducido y que dos de cada tres personas en el mundo puedan conectarse a la Red de redes hasta llegar a los 5.300 millones de internautas.

Definitivamente el internet se está convirtiendo en algo tan vital como el agua, electricidad o cualquier servicio básico, a través de este han surgido nuevas formas de comunicación y sociabilización propias y necesarias de los Seres Humanos, una de ellas son las Redes Sociales, sin embargo esta conexión humana paradójicamente es digital, el contacto personal está siendo sustituido por esta nueva forma de interacción que desfigura de alguna manera al Ser Humano y genera consecuencias sociales devastadoras.

Estamos cabalgando hacia la deshumanización, sociedad superficial y fría, incapaz de ir más allá de lo que nos pretende vender como realidad, una realidad construida en base a intereses definidos por unos pocos, quienes a través del engaño y la manipulación logran sus objetivos de enriquecimiento y poder, sus armas son las Redes Sociales y el internet que junto al “Big Data” moldean a una sociedad a la medida de sus intereses, las Redes Sociales terminan siendo hilos de marionetas.

El contenido de las Redes Sociales es prefabricado y busca neutralizar el pensamiento crítico, están diseñadas para establecer líneas de pensamiento único por parte de quienes las dominan, todo aquel que desvié o ponga en peligro esta línea de pensamiento será inmediatamente neutralizado por el ejército de marionetas digitales que ha creado la propia red y que terminan neutralizando a cualquier enemigo por medio de su arma letal el “bullying digital” y si esto no es suficiente será el botón tiránico de “cerrar la cuenta” el encargado de hacerlo.

Esta elite de poder y dinero niega el pensamiento crítico porque este desnuda la realidad artificial que han creado, venden un mundo libre en donde el ser humano puede expresar sus opiniones sin restricciones, pero la verdad es que es solo una sensación de libertad, todo movimiento social dentro de estas redes que amenace la realidad impuesta será pulverizado.

La felicidad y el confort que nos venden hoy es una mentira disfrazada de lo que realmente queremos ser, nos están convirtiendo en discapacitados mentales y mercancía, pensar y crear no son compatibles con las Redes Sociales, estas prefieren un ser humano frívolo y superficial que se conforma con lo que le venden como “Calidad de Vida o Moda”. Las Redes Sociales o “enjambre digital” al que ser refiere el filósofo Chul-Han terminan siendo sitios de reclusión de seres humanos con enfermedades mentales, un inmenso hospital psiquiátrico digital.

El principal enemigo de las redes sociales es el pensamiento crítico porque este no se doblega ante la superficialidad, es valiente y atrevido, nace del alma y nos perfecciona como seres humanos, decía coloquialmente mi abuela Letizia que pensando mal acertaría, allí nace el pensamiento crítico, negar lo que se nos quiere imponer como verdad, luego vendrá la reflexión y el análisis quienes en definitiva nos darán la respuesta propia para negar, aceptar o generar un criterio propio sobre lo que se nos vende como esa verdad absoluta.

Es interminable la cantidad de laboratorios mediáticos que han sido denunciados en las redes sociales, el famoso caso de “la injerencia rusa en las elecciones de Estados Unidos” es uno de ellos, es ingenuo pensar que quienes controlan estas redes sociales no sepan cómo operan y donde están estos laboratorios, si quisieran pudieran neutralizarlos pero pareciera que no hay voluntad sino interés, algo parecido ocurre con el negocio ilegal del narcotráfico, en donde los grandes consumidores cuentan con los recursos económicos y tecnológicos para erradicarlo pero prefieren mantener una misteriosa “lucha o guerra contra las drogas” continuada que año tras año genera miles de millones de dólares y nunca acaba, algo así como la rueda del hámster.

El pensamiento crítico es reflexionar, discernir, pensar, buscar e indagar sobre las cosas que no se ven, detrás de una verdad siempre habrá otra, esta cadena de pensamientos es la que hace al hombre libre, la verdad absoluta no existe y quien pretenda imponerla no es más que un dictador, la libertad humana es indomable, esta tarde o temprano siempre triunfa.

Jose Lombardi
jjlombardiboscan@gmail.com
@lombardijose

jueves, 20 de febrero de 2020

JUAN GUERRERO: CIBERACOSO

Si no fuera por las redes sociales (RRSS) Venezuela se encontraría más aislada y censurada.

Hace cerca de 10 años dejé de comprar periódicos y revistas impresos. Uno que otro libro he adquirido, de resto, mi vinculación con la información es a través de las Redes Sociales(RRSS). Son ellas parte de mi cotidianidad.

Por eso otorgo a este medio suma importancia como una herramienta que cada día adquiere mayor relevancia en la cotidianidad del venezolano. Es tiempo de asumir responsablemente el uso de los medios digitales con absoluta consciencia porque se trata, a fin de cuentas, de relaciones humanas que se encuentran delante y detrás de las pantallas.

Hace tiempo que las RRSS dejaron de ser patrimonio de los comunicadores sociales (periodistas y analistas de opinión) para ser asumidos por los ciudadanos como instrumentos de comunicación integrales e integradores.

Destacamos estas afirmaciones en razón de conocer algunas experiencias que en tiempos recientes han ocurrido en la actividad cibernética con el denominado “ciberacoso” entre usuarios de algunas plataformas digitales.

Hace apenas un par de años ocurrió el suicidio de una tuitera quien, después de verse inmiscuida en una acalorada discusión con otros tuiteros, decidió suicidarse. Fue de las primeras experiencias dolorosas vinculadas al tema que tratamos.

Por estos días vuelve a presentarse otra discusión, pero ahora a gran escala, entre un conocido “influencer” y una tuitera por un asunto que si bien es de importancia (protección de la fauna silvestre) no era necesario llevarlo a niveles tan desagradables, como este del acoso cibernético.

La denunciante terminó siendo vituperada, humillada, amenazada en su integridad física y degradada en su condición humana. Fue, sencillamente, objeto de maltrato por parte de quien, en su condición de influencer y seguido por más de 2 millones de fanáticos, se lanzaron contra una hasta ahora anónima tuitera, como hordas fanatizadas descargando odio y violencia verbales sin medida ni control.

He leído de otras experiencias en el plano político, deportivo y de farándula, concretamente, donde la virulencia se ha hecho extrema. Si bien es cierto que la gran mayoría de los países mantienen en la actualidad, leyes y normas para regular la actividad de los usuarios en las RRSS, no deja de llamar la atención los niveles de agresividad y violencia que incitan a la práctica de la transgresión de principios y valores en las sociedades.

Las RRSS son el reflejo de un mundo oculto de quienes hacen uso de ellas. Detrás de las pantallas se encuentran unas realidades, seres humanos, generalmente viviendo en un mundo de insatisfacciones, de restricciones y resentimientos de todo tipo, quienes encuentran al interactuar con el Otro cibernauta, la ocasión para “descargar” su emocionalidad.

Detrás de la pantalla existen seres humanos, personas que expresan su cotidianidad con menos restricciones, por lo tanto, con más informalidad, de manera directa, espontánea y al momento. Y es precisamente ese “momento” esos segundos donde se asume protagonismo, se es héroe o villano, se adquiere una cierta consciencia de trascendencia, aunque esta sea a costa de anular al semejante.

Las RRSS en sí mismas no son responsables de nada, por el contrario, son un excelente y trascendente vehículo de integración social, cultural que llegaron a nuestras vidas para quedarse, como la televisión, el celular y el cine. Los usuarios sí debemos entender que su “uso” es parte nuestra. De cómo lo hagamos dependerá nuestro éxito o fracaso como ciberusuarios y por tanto, el que seamos reconocidos y tomados en cuenta socialmente.

En esto último los llamados influencer apenas comienzan a ser reconocidos, más por la cantidad de seguidores que por otras cualidades que puedan tener. Habrá que agregarle en lo adelante, principios y valores como ciudadano, coherencia y ética en sus argumentos y temas que aborda. En fin, que un influencer no puede denominarse como tal sólo por el hecho de sobrepasar determinado número de seguidores. Porque habrá también que revisar hasta qué punto es importante contar con una cantidad de seguidores, que a fin de cuentas son bots (simples robots repetidores) o similares analfabetas funcionales. 

Juan Guerrero
camilodeasis@hotmail.com 
@camilodeasis   

lunes, 2 de diciembre de 2019

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ: DEMOCRACIA, SOCIEDAD DIGITAL Y POPULISMO DE IZQUIERDA

En el mundo actual, los ciudadanos cuentan con abundante y fácil acceso a la información global lo cual les facilita, entre otras muchas cuestiones, conocer sobre el comportamiento de la burocracia democrática, muy especialmente en cuanto a las decisiones que toman o dejan de tomar, los errores y delitos que cometen, la corrupción desvergonzada con evidentes “peces gordos” nunca enjuiciados y un largo etcétera; hasta propiciar frustración y desesperación en un contexto de desconfianza política hacia los gobernantes, aunado al “conocimiento ciudadano” sobre otros temas adicionales como la pobreza, la desigualdad, el desempleo, la violencia, entre otros. Es de manifiesta obviedad, que la falta de confianza hacia el gobierno y las instituciones se traduce, de igual modo, en bajos niveles de confianza social que se nutre con ese volumen de información impulsado por la conexión virtual; siendo un hecho que en simultáneo les abre espacio a los políticos populistas fundamentalmente de la izquierda radical. 

El fluir de información hacia la ciudadanía, aumentó drásticamente hace unos setenta años cuando aparecieron las primeras computadoras digitales que dieron definitivo impulso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (maquinas, redes, algoritmos), siendo un escenario que se magnificó con el desarrollo de la Internet (a partir del año 1985) que redefinió la forma de gestionar y compartir datos con fundamento personalizado y bidireccional; al tiempo de brindar la oportunidad de abordar los problemas sociales a la luz del intercambio de información que caracteriza la denominada sociedad digital donde las TIC presionan o inducen cambios en las formas de gobernar, con énfasis en la potencial participación ciudadana y empresarial en la formulación de políticas públicas. La sociedad digital, está igualmente induciendo la conformación de una administración pública sustentada en datos como elemento clave para ofrecer planes y programas basados en evidencias y centrados en el usuario, perfilados en la apertura y transparencia al extremo de instaurar cambios estructurales en la forma como ¡funciona la democracia! (incluida su propia digitalización). Es así, que puede afirmarse que la era digital está impulsando la reinvención de las instituciones y procesos democráticos a la luz de valores sociales y éticos definidos mediante la participación de la sociedad civil en un contexto global más justo. 

A tenor de lo expuesto, puede afirmarse que en la sociedad digital se está profundizando una crisis de confianza por parte de los ciudadanos hacia las instituciones que conforman la burocracia estatal, cuya “credibilidad” (¿?) era sostenida—y aun intentan que ello siga sucediendo—con el misterio informativo, que en el presente ha sido develado (dar a conocer algo que se encontraba oculto) por la fuerza de los datos al punto de hacer más visible los problemas de una mayoría poblacional con mayor relevancia por parte del denominado “publico informado”; siendo una situación que se acrecienta ante la facilidad que genera la sociedad digital para el acceso a la información a través de las redes sociales al punto de apuntalar mucho malestar, reflejado en expresiones tales como: “no somos escuchado”, “la democracia está fallando” “los políticos no se ocupan de su responsabilidad”, etc; al tiempo de abrirle espacio al populismo socialista-comunista (incluido un vandalismo planificado) con renovadas estrategias pero con los mismos utópicos postulados de demostrada ineficiencia reflejada por la historia. 

En aras de enfrentar la creciente caída de la confiabilidad que experimenta la democracia—tanto por hechos orgánicos como por tácticas propiciadas por la izquierda internacional—urge revitalizarla en razón de ser la mejor forma de gobierno que existe, apoyándose en variadas iniciativas dentro de las cuales pueden mencionarse: a.- Comunicación entre las partes haciendo uso de un contenido de valor digitalizado, creativo, digerible, atractivo y compatible; b.- Armonizando y generando consenso con los principales grupos de interés, con la finalidad de propiciar co-creación de forma tal que los ciudadanos contribuyan a construir propuestas ajustadas a sus preferencias; c.- Impulsando un remozado liderazgo, habida cuenta que en la sociedad digital los ciudadanos aspiran que los desafíos sean enfrentados por líderes que tengan una visión clara de lo que está sucediendo y de lo que está por venir, en concordancia con una  definición de su papel cara a lo inmediato y lo mediato; es decir hablarle a los ciudadanos con profundo conocimiento en relación al futuro con destacada mención sobre el “cómo” sus iniciativas lo afectarán favorablemente hasta impulsar una proactividad ciudadana; y d.- Instrumentar una buena educación para todos, con el fin ulterior que los ciudadanos puedan comprender como se está desenvolviendo la sociedad, de manera que puedan, con sus habilidades y conocimientos, contribuir a darle forma a los cambios estructurales requeridos. 

Mención especial merece, lo atinente al reto que representa el tratamiento que ha de dársele a las cinco generaciones que a partir del 2020 se encontrarán en el mismo escenario ejerciendo distintas actividades, con la obvia circunstancia que cada una de ellas tiene un perfil característico que las distingue, y por tanto tienen diferente personalidad y visión de mundo al igual que de la conceptualización sobre la democracia: 1.- Silenciosa o Traditionalists (nacidos entre 1939-1945); 2.-Baby Boomers o Idealistas (nacidos entre 1946-1960); 3.- Generación X (nacidos entre 1961-1980); 4.- Generación Y o Milennials (nacidos entre 1981-1995); 5.- Generación Z o Technoholics (nacidos a partir de 1996). 

Dado su impacto cuantitativo, formularemos una breve referencia sobre las tres últimas:  

Generación X: Son nómadas e independientes desde niño; aprecian tanto las innovaciones como los cambios tecnológicos y por ende tienen una gran visión de futuro y se fundamentan en el intercambio de ideas y la transformación digital, al tiempo de dar importancia al equilibrio entre la vida personal y la labor. Su personalidad: Altamente independiente, orientado a resultados, escéptico, y pragmático. 

Generación Y: Son ambiciosos y tenaces en su carrera y no les limitan las fronteras, exigen continuamente un feedback constructivo y desarrollo profesional, al tiempo de sentirse motivados por los incentivos y priorizar el desarrollo de su carrera. Tienen fácil acceso a la información a través de la tecnología y muchos de ellos tienen un conocimiento global del mundo. Su personalidad: Idealista, busca la felicidad, conexión 24/7, trabaja en equipo, pensamiento social orientado al logro, estructurado y de excelente formación académica, de actitud desafiante y retadora. 

Generación Z: Han crecido con las redes sociales, pasan más de 10 horas al día online utilizándolas tanto para socializar como para buscar empleo, dándole especial importancia a la reputación de la empresa y a su estrategia online. 

Reflexión final: Reinventar la democracia, está altamente condicionada por: A.- Una sociedad digital, que demanda canales de comunicación rápidos con provisión de información confiable en procura de juzgar su transparencia; B.- El crecimiento de las tecnologías, que acelera el ritmo evolutivo de la sociedad elevando la incertidumbre en relación al futuro; C.- La presencia de cinco generaciones con diferentes visiones de mundo; D.- Un desencanto generalizado, en cuanto a la actuación de los partidos políticos, con claras evidencias de pérdida de valores éticos y morales que dieron paso a una vergonzosa corrupción; E.- La amenaza del populismo de izquierda, que aun cuando está muy lejos de ser una ideología y apenas constituye una estrategia de movilización política, impulsa una lógica de amigo-enemigo en procura de destruir las instituciones democráticas. 

Permítasenos concluir con la muy frase de W. Churchill: “La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes”. 

Jesús Alexis González 
jagp611@gmail.com
@jesusalexis_gon
Desde Caracas

lunes, 18 de marzo de 2019

ALBERTO BARRERA TYSZKA, ¿ES POSIBLE SABER LO QUE PASA REALMENTE EN VENEZUELA?


Ocurre con frecuencia: más de una vez me he encontrado en el trance de estar frente a un desconocido que, al saber que soy venezolano, me pregunta: “¿Es cierto todo lo que está pasando allá?”. La duda siempre me sorprende. Uno de los obstáculos fundamentales para poder analizar lo que sucede en Venezuela es la verdad. Siempre hay más de una, queriendo imponerse como única, inapelable, cargada de la más honesta emoción. Estuve en Caracas el fin de año y durante casi todo el mes de enero. Dentro del país no hay mucho lugar para las dudas. La verdad es una experiencia física. La miseria y el hambre no tienen matices. La confusión comienza cuando esa verdad se transforma en noticia.

El pasado 23 de febrero, en la mitad de uno de los puentes que cruza la frontera entre Colombia y Venezuela, un camión cargado de ayuda humanitaria ardió en llamas. Esta imagen, en sí misma, ya era una información inflamable. Se trataba de uno de los vehículos que la oposición trataba de ingresar al país. Rápidamente, las redes sociales también se incendiaron. Era muy difícil no contagiarse. De lado y lado cruzaron acusaciones. Anatoly Kurmanaev, corresponsal de The New York Times con mucha experiencia en Venezuela, señaló muy temprano la complejidad del caso: destacó las dos versiones que se manejaban y alertó sobre la necesidad de “hacer más esfuerzo para averiguar qué pasó exactamente con los camiones, dado el significado que las imágenes de la ayuda en llamas adquirirán en los próximos días”.

Tras días de indagación y cotejo de las diferentes informaciones, el Times publicó un serio trabajo donde demuestra que el origen del incendio no estuvo en las fuerzas de choque de Maduro, sino en los manifestantes que estaban en el lado de la oposición. Las redes sociales volvieron a echar humo. En rigor, el reportaje ponía en entredicho las dos verdades oficializadas de lo ocurrido, la del madurismo y la de la oposición, y ofrecía una tercera alternativa, aferrada a los hechos, que señalaba que el incendio se había producido debido al desprendimiento accidental de una mecha de las bombas molotov que los manifestantes de la oposición lanzaban hacia las barricadas del régimen de Maduro. La realidad fue tan simple como incómoda. Pero en contextos tan erizados emocionalmente hay que saber y poder discernir entre la verdad de la vehemencia y la verdad de la investigación periodística.

Pero eso a veces no resulta tan fácil. Hace unos días, el periodista estadounidense Max Blumenthal filmó para The Grayzone un video de sí mismo paseando por un supermercado de Caracas, para mostrar los estantes llenos de variados productos. Blumenthal hizo incluso malabarismos con varias frutas, como queriéndose burlar un poco de quienes denuncian escasez en el país y aseguró que el verdadero problema era la hiperinflación causada por la elite capitalista de Venezuela. En esos mismos días, el periodista argentino Joaquín Sánchez Mariño también colgó en la red otro video, en el que mostraba otro hipermercado en la misma ciudad, donde los anaqueles estaban llenos… pero de un único producto. El desabastecimiento en el local era contundente. ¿Alguno estaba mintiendo u ofreciendo una visión distorsionada, demasiado recortada, de una realidad más amplia? ¿En cuál de los dos se podía confiar?

Mientras la oposición realizaba una campaña de denuncia, de petición de apoyo y de recolección de fondos, para enfrentar una enorme crisis humanitaria en el país, el gobierno de Nicolás Maduro enviaba un barco con 100 toneladas de ayuda humanitaria a Cuba como apoyo a las víctimas de un tornado que provocó destrozos en varios barrios de La Habana a fines de enero. ¿Cómo pueden convivir dos versiones tan opuestas de la realidad en un mismo mapa y en un mismo tiempo? ¿A quién se le debe creer?

La crisis que viene escalando desde comienzos de este año ha puesto de relieve el problema de opacidad que envuelve a la sociedad venezolana. Con frecuencia, lo que aparece en las noticias es y no es Venezuela. Por ejemplo, desde 2018 están activados en el país dos de los fondos humanitarios más importantes del planeta: el Fondo de Gestión de Emergencias (CERF, por su sigla en inglés) de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y los de la Comisión Europea (ECHO). Ambos fondos han trabajado con varias organizaciones de la sociedad civil y son un apoyo en medio de la crisis, aunque, obviamente, son insuficientes. Este es, sin embargo, un dato que se conoce poco.

La oposición evita mencionarlo porque su discurso está centrado en atacar la negativa oficial a permitir la ayuda internacional en el país. Y el gobierno no lo reconoce públicamente porque no está dispuesto a aceptar que existe una crisis, porque no desea admitir su fracaso. Todo es y no es cierto completamente. Todo siempre puede ser o pudo haber sido. Mientras, la realidad se vuelve cada vez más urgente. Las proyecciones de la ONU sostienen que este año la migración venezolana alcanzará los 5,3 millones de personas.

Con el apagón que en estos días dejó a oscuras por más de cien horas al país ocurre lo mismo. Para el mundo exterior puede ser atractiva la verdad que remite a una conspiración imperialista. Pero no es la primera vez que Nicolás Maduro denuncia un sabotaje en el sector energético. En septiembre de 2013, tras un apagón en varias regiones del país, aseguró que la “derecha” pretendía dar un “golpe eléctrico”. En 2015, el propio Maduro creó el Estado Mayor Eléctrico, una instancia para manejar de manera directa y prioritaria el problema de la electricidad en el país. En 2016, una rigurosa investigación de la periodista Fabiola Zerpa ya anunciaba un posible colapso del suministro de energía en Venezuela. Nada de esto, sin embargo, está en la verdad que distribuye el oficialismo por el mundo. Maduro denuncia un “golpe electromagnético” pero no ofrece ninguna prueba. Como si el solo relato de la conspiración pudiera, en sí mismo, ser la evidencia de la conspiración. No hay más nada que investigar. La historia es un videojuego.

El chavismo insiste en decir que existe un “cerco mediático”, denuncia la creación de un “país paralelo” e invita a todo el mundo a conocer “la Venezuela de verdad”. En lo que casi parece una invitación a la psicosis colectiva, Maduro en medio de la crisis ha prometido que invertirá 1000 millones de euros en obras de ornato, en la “Misión Venezuela Bella”. Todo se trata de lo mismo: un ejercicio del poder cuya principal tarea es sembrar dudas sobre lo que es o no es real. Es una maniobra perversa, deliberada, para promover lo que en psicoanálisis se conoce como un mecanismo psíquico de “ataque a la percepción” de la realidad.

Mi vecino en Ciudad de México, al saber que estuve en Venezuela recientemente, me pregunta con genuina intriga: “Y todo eso que sale por la tele, ¿es cierto?”.

Creo que es necesario contrastar cualquier noticia, dudar de aquello que fácilmente refuerza nuestros sesgos personales. Existen medios independientes como Efecto Cocuyo, Armando.info, Runrunes, El Pitazo, Crónica Uno, Tal Cual, Correo del Caroní, entre otros, que están comprometidos con el periodismo de calidad y que son una referencia imprescindible a la hora de informarse. Pero también es necesario hacer una gran campaña contra la institucionalización del engaño. La posverdad debería ser considerada un crimen. Es otra cruda forma de violencia. El ruido delirante de un poder que solo busca confundir, que solo pretende borrar a sus víctimas.

Alberto Barrera Tyszka es escritor y colaborador regular de The New York Times en Español. Su novela más reciente es “Mujeres que matan”.

Alberto Barrera Tyszka
@Barreratyszka
https://www.nytimes.com/es/2019/03/17/la-verdad-en-venezuela/?smid=tw-espanol&smtyp=cur