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jueves, 10 de marzo de 2022

GABRIEL BORAGINA: LAS GUERRAS, DESDE ARGENTINA

Las guerras en el curso de la historia siempre han sido desatadas por los gobiernos. Muy raramente un pueblo espontáneamente se ha alzado en guerra contra otro. Al menos yo no conozco ningún caso donde ello haya ocurrido. Detrás de todas las guerras que he estudiado siempre ha habido un móvil político que la desencadenara. Los pueblos sólo las sufren, porque son ellos las víctimas más importantes y -en la mayoría de los casos- las únicas víctimas. Inaudita vez se ha visto a un gobernante en la primera línea del frente de batalla batiéndose -cuerpo a cuerpo- contra el enemigo ocasional frente al cual le tocara combatir.

Claro que, ha habido casos en donde grupos -a veces numerosos- de civiles han apoyado tal o cual guerra, sobre todo cuando se la considera ‘’defensiva’’. Los líderes políticos jamás se culpan a sí mismos, ni de causarlas, ni de tener que enfrentarlas. Atribuyen el mal al gobierno enemigo o al pueblo de ese país al que, demagógicamente, también declaran enemigo.

Hay muchos mitos populares detrás de las guerras o -mejor dicho- de lo que la gente común y corriente piensa de ellas. Todavía hay personas que creen que las guerras sólo se dan entre países de diferentes ideologías (v. gr. Capitalistas contra comunistas/socialistas y viceversa) pero, más allá de aclarar, cómo tantas veces lo hacemos, que los países como tales no tienen ideologías sino que -en su caso- son las personas las que las tienen, la historia demuestra la falsedad de tal generalizada creencia.

L. v. Mises narra en su libro Caos planificado que durante la primera guerra mundial los socialistas italianos (de entre los cuales provenía y sobresalía quien luego sería el fundador del fascismo en dicho país, el Duce Benito Mussolini) sostenían que dicha guerra era entre ''países capitalistas'', lo que claramente consistía en un completo absurdo. La realidad manifiesta que difícilmente haya móviles ‘’ideológicos’’ detrás de las guerras, excepto que se considerara el ansia de poder y de lucro como ideologías, algo que es bastante discutible ya de por sí. Resulta tema opinable decir que la ideología del ladrón es robar, pero nos llevaría a debatir el significado de palabra ideología que no es el argumento que nos interesa abordar ahora, porque ya lo hemos hecho en otras ocasiones. De todos modos, si alguien quiere incluir al poder dentro de las ideologías nuestro análisis no cambiará en absoluto.

Con todo, predomina entre la opinión pública mayoritaria la idea que los motivos subyacentes de toda guerra hay que buscarlos en las ideologías, dentro de las cuales la que prevalece -en los tiempos modernos- es la del nacionalismo, así como en la antigüedad lo fue la religión. Aunque las llamadas ''guerras religiosas'' pensamos que en el fondo también eran guerras políticas. Lo que ocurría era que, en aquellos tiempos, la religión se politizó, y cuando reyes y monarcas pretendieron monopolizar sus respectivas religiones (en las cuales -según parece- muy pocos de ellos creían) fue cuando se desataron las guerras ‘’religiosas’’. De la religión también se hizo una ideología (o varias según religiones existían). El curso de las épocas determinó que las religiones paulatinamente se despolitizaran y se pasaran a politizar otras cosas.

En suma, la moraleja es que -detrás de todo conflicto- siempre aparece la política y los políticos. En eso la historia no ha cambiado nada.

Por eso, nosotros, sin embargo, creemos más bien que las ideologías sirven de perfecta excusa a políticos sedientos de poder económico no para sus pueblos sino para sí mismos. Estos líderes están convencidos que el poder político es el único puente y camino de acceso al poder económico y, a mayor poder político más poder económico.

Esta es la razón por la cual buscan perpetuarse en el poder, o regresar a él tan pronto como las circunstancias políticas lo permitan (sea por las vías democráticas donde existe esta tradición, o por las de hecho –de facto- donde no haya democracia o no este entre las costumbres políticas de los pueblos en análisis (por caso, las naciones de Europa del Este, Oriente Medio, Asia y Extremo Oriente, carecen de una tradición histórica que los apegue a formas democráticas de poder, por eso las allí mal llamadas ‘’democracias’’ son tan inestables o directamente inexistentes).

La cuestión pasa por entender que no existen los ‘’intereses colectivos’’ (llámense nacionales, populares, socialistas, izquierdistas, de Estado, etc.) sino que todos los intereses del mundo son personales o, más precisamente, individuales. Lo que se denomina individualismo no implica otra cosa más que reconocer este fenómeno. Pueden algunos coincidir con otros, pero sólo ocasionalmente esa coincidencia será del 100%. Y si lo fuera, más extrañamente todavía lo serán permanentes. Son estos choques de intereses los que -cuando se tratan de los de las personas que detentan alguna cuota importante de poder- desatan confrontaciones y, por consiguiente, guerras, ya sean estas internas o externas, no importa donde estén localizadas.

A veces se dice del tirano que declara una guerra que se trata de un loco. La barrera que separa al demente del criminal es difícil de trazar y -en última instancia- desde el punto de vista social es una cuestión del todo irrelevante.

Si bien es cierto que una psicosis grave -en algunos casos- puede conducir a un crimen (o a muchos) es complicado determinar en tales supuestos cual es el grado de conciencia del político criminal. En términos jurídicos, cuál sería su premeditación y alevosía.

Pero –aun así- siempre sostuve que cuando el daño a otro es altamente probable, hay que evitarlo sin reparar si se trata de un móvil perjudicial consciente o inconsciente en el agente, ya que -desde el ángulo de la o las victimas (que es el que importa al fin y al cabo)- este detalle es intrascendente, y que la reclusión al criminal (psicópata o no) se impone sin demoras, excusas, ni atenuantes. Lo único que debe tenerse en ponderación es el grado de peligrosidad del sujeto en cuestión. Y si ese grado de peligrosidad es alto no hay atenuantes que valgan. Si se trata de alguien que está al mando de una nación -y no es posible, por cualquier circunstancia, su derrocamiento, juicio y castigo- su liquidación está plenamente justificada.

 

Gabriel Boragina  
gabriel.boragina@gmail.com 
@GBoragina  
Argentina 

lunes, 17 de mayo de 2021

ENRIQUE G. AVOGADRO: SÓLO INFANTIL INGENUIDAD

 "La democracia había sido borrada del parlamento alemán casi sin protestas. Y  los poderes otorgados a un hombre que sabe usarlos, rara vez son devueltos".  John Toland

 Recuerdo un esencial artículo que publicó, hace once años José Enrique Miguens, al que tituló "Darse cuenta";  explicó allí el fallecido sociólogo que el nazismo, que sólo había obtenido el 33% de los votos pero había conseguido formar gobierno en 1933, presentaba al Reichstag un proyecto de ley,  obtenía el apoyo de los conservadores y obtenía su sanción; luego, proponía otro, que era votado por los socialistas; y un tercero gustaba a los socialdemócratas. Cuando los alemanes despertaron, Adolf Hitler había concentrado todo el poder y el mundo se enfrentó a la II Guerra Mundial y al exterminio de judíos, homosexuales, gitanos, enfermos, disidentes, etc..

Después del duro cachetazo que le propinó la Corte Suprema por sus inconstitucionales pretensiones sobre la autonomía de la ciudad de Buenos Aires, el Gobierno continúa avanzando sobre la República, tal como quedó demostrado con los proyectos para postergar las elecciones -que una ingenua oposición convalidó, sin siquiera reclamar la boleta única- y, sobre todo, para otorgar al penoso Presidente (y, por ende, a su mandante) facultades extraordinarias, teóricamente circunscriptas a la salud pero, en la práctica, limitantes de las atribuciones de las provincias y de las libertades individuales, en un remedo de la Ley de Habilitación que obtuvo Hitler, en 1934, para terminar con la división de poderes. 

Este disparate, expuesto como tal con la más elemental lección de derecho por el Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en la cara de Alberto Fernández durante la segunda escala del patético viaje que éste está realizando por algunas capitales europeas, sin duda será anulado a corto plazo por la misma Corte, que ya ha dejado muy en claro que no tolerará manotazos contra la Constitución y el federalismo. 

¿Por qué Juntos por el Cambio se prestó a la innoble tarea de postergar el calendario electoral? El Frente de Todos aceptó la inclusión de una cláusula que estableció que era "por única vez" y la oposición se quedó contenta con ese "logro". ¿Ignora acaso que enfrente sólo hay mafiosos que nunca respetan un compromiso? ¿En qué evidencias científicas apoyó su decisión? ¿Quién puede prever cómo estará la situación de la pandemia y de las vacunas en septiembre? ¿Olvidó que una enorme cantidad de países, muchos de ellos latinoamericanos, celebraron sus elecciones normalmente, a pesar de los contagios? ¿Por qué pudieron votar los bolivianos en escuelas argentinas, y no podremos hacerlo nosotros cuando estaba previsto? 

El Gobierno sueña que, para la primavera, la economía estará mejor,  habrá conseguido superar su (tan corrupto) fracaso en la compra de vacunas y conseguirá las necesarias para inmunizar prioritariamente a sus huestes, como ya hizo con Carlos Zannini, Horacio Verbitsky y tantos otros ladrones VIPs; mientras tanto, continuará aterrando a la sociedad con sus sospechosas estadísticas de contagios y muertes. Podrá hacer entonces que miembros de La Cámpora y de los movimientos sociales ocupen la mayoría de los puestos de presidente de mesa electoral; en resumen, estará agregando otra pieza al cajón de herramientas disponibles para el fraude. 

El Estado de Derecho, la Constitución y la Justicia están bajo fuego graneado sin que aparezcan demasiadas voces, más allá del periodismo y la academia, que lo pongan en blanco y negro todos los días. ¿Reaccionó a gritos la política cuando el vernáculo imitador de Jimmy Hoffa, Hugo Moyano, extorsionó públicamente a Francisco de Narváez, nuevo dueño de Walmart Argentina, para que pagara una monumental e injustificada indemnización a sus camioneros?, ¿qué dice hoy mismo, mientras ese corrupto sindicalista bloquea a una pequeña empresa de logística? ¿Qué hizo frente al inconstitucional recorte de fondos a la Ciudad Autónoma? 

En otro orden de cosas, ¿no percibimos que Cristina Fernández quiere que la Argentina caiga en un nuevo default con el Club de Paris y con el FMI, además de llevar a la misma situación a las empresas a las cuales les ha prohibido pagar sus obligaciones externas? El permanente esmerilado al que somete al Ministro de Economía, Martín Guzmán, que inexplicablemente no ha renunciado aún, tiene ese propósito, y que sea el "pelotudo" Senador Oscar Parrilli su principal vocero lo confirma con creces. Y esa posición busca convertir a China en el peligroso financista de única instancia. 

Tenemos que entender todos que a estos tipos que nos gobiernan nada les importa, con excepción de triunfar en sus grandes proyectos de impunidad y permanencia hereditaria; y que todas sus acciones, como en el ajedrez, tienen objetivos que sólo se verán varias jugadas después. Si la ciudadanía continúa cayendo en la trampa infantil de analizar cada movimiento aisladamente, cuando despierte será demasiado tarde. 

Los sufridos lectores me preguntan qué se puede hacer para evitar este trágico final. Existe una sola respuesta: la sociedad civil debe organizarse masivamente para actuar y defender, en todos los terrenos, a la República y su Constitución, aunque ésta sea el adefesio de 1994. El mundo, y también la Argentina, están llenos de ejemplos de reacciones a favor de la democracia y en contra de quienes quieren subvertirla y transformar a cada país en una monarquía absoluta; es cierto que, muchas veces, es riesgoso hacerlo y cuesta dolorosamente caro, pero no hay alternativas. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos, tanto como a nuestros ancestros. 

Enrique Guillermo Avogadro

ega1@avogadro.com.ar

ega1avogadro@gmail.com

www.avogadro.com.ar

@egavogadro

Desde Argentina

Miembro del Consejo Consultivo de República Unida

domingo, 6 de septiembre de 2020

ENRIQUE GUILLERMO AVOGADRO, Y AHORA, ¿QUÉ?, DESDE ARGENTINA

"¿Acaso no se han hecho siempre las revoluciones de esta manera: armando  al completo los bajo fondos sociales con pistolas y granadas de mano?"
 Antonio Scurati 

Los procesos que encabezan Nicolás Maduro y Cristina Fernández tienen génesis diferentes. Hugo Chávez se hizo con el poder mediante sucesivos golpes de Estado, mientras que Néstor Kirchner lo hizo con la legalidad que dan las urnas en procesos legítimos; y el actual tirano venezolano sostiene su sangrienta dictadura con el apoyo castrense cuando nuestra Vicepresidente lo hace con todo el peronismo detrás suyo, aunque esto constituya una foto ya descolorida y ajada. 

Pasó en Venezuela: empobrecimiento masivo de la población, oleada inédita de emigración, destrucción de la economía, hiperinflación, fuga de inversiones, control de Internet y de las redes sociales, subsidios a mansalva, brutal caída en la producción de hidrocarburos, usurpación o cooptación de partidos políticos de oposición, anulación del Poder Legislativo, prisión y tortura de disidentes, liberación y armado de delincuentes, impunidad para la generalizada corrupción, violencia desatada por colectivos paramilitares, centralidad del narcotráfico, saqueo de las reservas de oro, creciente aislamiento internacional y alianza con Cuba e Irán, apoyo a los movimientos guerrilleros continentales, colonización de la Justicia y del Ministerio Fiscal, falsificación de los resultados electorales, confiscación de la propiedad privada, persecución y clausura de la prensa opositora, control social masivo y, ahora, el genocidio sanitario. ¿Le suena? 

Si no, recuerde que aquí se llegó a asesinar a un fiscal que había denunciado a la actual Vicepresidente, que el Gobierno enfrenta a pobres contra ricos, liberó 5.000 asesinos y violadores, intentó estatizar Vicentín, intervino la industria de las telecomunicaciones, avanza sobre la propiedad privada con impuestos confiscatorios, privilegia a sindicalistas corruptos y barrabravas sobre empresarios innovadores y, para no extenderme, controla a la población imponiéndole el confinamiento más prolongado del mundo, a pesar de su ya innegable y costosísimo fracaso. 

Eduardo Duhalde nos alertó acerca de la inminencia de un golpe de Estado. Algunos despistados creyeron que se refería a las fuerzas armadas;  sin embargo, el ex Presidente aludía a la propia Cristina Fernández. El kirchnerismo ha roto esta semana todos los canales de diálogo precisamente para hacerse con el control de la Justicia, con el único propósito de obtener la absolución para los innumerables delitos de saqueo que su jefa ha cometido. Y para lograrlo, sin pruritos de ningún tipo, la viuda se está llevando puestas a la República y a la democracia. 

El martes, ese golpe comenzó en el H° Aguantadero, que vivió una triste noche de la mano del Presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, el aceitoso, cuando desconoció la presencia en el recinto de los diputados de la oposición y aceptó a los oficialistas que comparecían por pantalla, para tratar la colonización de la Justicia federal, el nuevo impuesto a la "riqueza" y la ley de presupuesto. El último recurso de la oposición será negarse a dar quórum para impedir el tratamiento del proyecto de reforma judicial; si el oficialismo lograra iniciar la discusión en Diputados y aún si aceptara modificaciones, volverían al Senado, donde le bastaría con una mayoría simple para obtener su sanción definitiva sin cambio alguno. 

Mientras tanto, la Corte Suprema continúa durmiendo su siesta y evita decidir acerca de la inconstitucionalidad del cambio en la integración del Consejo de la Magistratura, que tiene a estudio hace cuatro años. Tampoco ha fallado en el recurso per saltum que interpusieron contra su ilegal desplazamiento los magistrados que, por haber confirmado los procesamientos de la Vicepresidente, concitan sus odios más profundos y que fueron corridos por el Senado ayer mismo. El superior Tribunal parece no percibir que se encuentra ante un monumental conflicto de poderes generado por esta infecto-dictadura que hoy nos gobierna y que, si no es frenada a tiempo, terminará con lo poco que queda del andamiaje jurídico y, con él, con todas las libertades ciudadanas. 

El país, ya inviable, ha caído en la total anomia, tal como puede comprobarse en la masiva ocupación de tierras, siempre violentas y siempre impunes. Jorge Ossona explica que esas tomas responden a los intereses políticos del kirchnerismo, que en ellos fabricará nuevos votos, sobre todo en la 3ª sección electoral de la Provincia de Buenos Aires, el semillero de pobres desde el cual se eligen los presidentes, al cual inundará de billetes en 2021. Eso si es que, invocando la emergencia sanitaria, no intentara postergarlas; porque el Gobierno deberá hacer populismo sin dinero, y la inseguridad, la desocupación y la inflación carcomiendo ingresos, salarios y jubilaciones no auguran un fácil triunfo en ellas 

Hasta aquí hemos llegado y debemos preguntarnos con qué armas resistiremos a este proyecto que pretende imponernos el socialismo del siglo XXI, o sea, sobrevivir como ya lo hacen Cuba, Nicaragua y Venezuela, países todos que han sido arrasados por esta siniestra ideología.

Enrique Guillermo Avogadro
ega1@avogadro.com.ar
@egavogadro
Argentina

sábado, 22 de agosto de 2020

ENRIQUE AVOGADRO, ¿QUÉ PARTE NO ENTENDIERON?, DESDE ARGENTINA

"¡Cuidado con la ira de los centuriones!". Robert McNamara 

El kirchnerismo no está acostumbrado a perder el dominio de la calle, que supo colonizar con el transporte de pobres que, a todas luces, ignoraban el motivo de la convocatoria pero asistían extorsionados y empujados por pagos en efectivo y en especie. El espectáculo de la gigantesca marcha ciudadana del lunes 17 en todo el país lo conmovió y la única respuesta del Gobierno, más allá de las habituales y patológicas descalificaciones de funcionarios y pseudoperiodistas militantes, fue doblar la apuesta y acelerar en pos de la rápida aprobación de una reforma judicial tras la cual la sociedad sólo ve la impunidad para Cristina Fernández y sus cómplices. 

Presumo que esperar algo diferente era casi ridículo, toda vez que lo único que interesa a la Vicepresidente es ese objetivo. No le importa la crisis socio-económica, salvo porque pone en serio riesgo, en las elecciones de 2021, el mantenimiento de su omnímodo poder; y nada ha dicho sobre el hambre, la pobreza y la indigencia, la inseguridad, la violencia y el narcotráfico o la desaparición de personas en democracia, ya que no constituyen para ella prioridades; las ignora olímpicamente, aunque se trate de las principales preocupaciones de sus propios votantes. 

Dos cosas llamaron la atención en el banderazo: el marcial saludo de un policía a la ex Ministro de Seguridad, Patricia Bullrich, y las advertencias a los gobernadores Juan Schiaretti y Omar Perotti, que resonaron fuerte en Córdoba y Santa Fe, para rechazar que los diputados de esas provincias acompañen al oficialismo en su tentativa de aprobar la bastarda reforma judicial. Si a esto último, que ya produjo declaraciones en tal sentido de los cordobeses, le sumamos que los tres legisladores que responden a Roberto Lavagna adelantaron que no lo harán, me parece que Sergio Massa, el aceitoso, tendrá serias dificultades para lograr el quórum necesario para la aprobación en la Cámara baja. Será crucial, entonces, que controlemos uno a uno a los diputados de los bloques no kirchneristas, al menos para que sufran una enorme condena social y política que les impida hasta salir a la calle si acompañaran al oficialismo en su proyecto demoledor.

De todas maneras, Cristina Fernández busca el conflicto y continuará avanzando, cual aplanadora, en varios frentes: en el Tribunal de Enjuiciamiento de la Procuración, para reemplazar a uno de sus miembros y llegar a destituir al Procurador General interino, Eduardo Casal; y en la comisión de juristas encabezada por Alberto Beraldi, defensor penal de la multiprocesada Vicepresidente, que asesora al Presidente para modificar el número de jueces de la Corte Suprema y las funciones de ésta. 

En el Senado se esmeró y consiguió que el oficialismo firmara en comisiones el proyecto de reforma judicial en el que incluyó una grave mordaza a la prensa y a la libertad de expresión; una vez más, un atentado contra la democracia. Ese texto llegará a la Cámara esta semana, y el bosque kirchnerista de brazos enyesados le dará media sanción sin problemas, aunque en las redes ya se está convocando a una nueva marcha para ese día. Y todo eso sin contar la moratoria impositiva, y la consecuente impunidad, sancionada a la medida de Cristóbal López y Fabián de Souza, que se robaron por años el impuesto a los combustibles, para financiar la compra de empresas de todo tipo, casinos entre ellas, y medios de comunicación que pusieron al servicio del "relato" de su benefactora.

¿Qué alternativas tiene Cristina Fernández? A las muchas investigaciones a su respecto que se están llevando silentemente en otros países, se ha sumado un factor crucial: la detención, en Cabo Verde, del testaferro de Nicolás Maduro, Alex Saab. Es el dueño de todos los secretos financieros del chavismo y, cuando sea deportado a Estados Unidos, se convertirá en colaborador del Departamento de Justicia y describirá con precisión los oscuros negocios que vincularon a Hugo Chávez y a su "hijo", a Néstor y Cristina Kirchner, a Irán y a Hezbollah, responsables de los atentados de la Embajada y la AMIA. Tal vez, también cuente qué fue de las enormes fortunas en efectivo desaparecidas de la Argentina; si fuera así, a nuestra Vicepresidente no le quedarán muchas opciones, ya que sus fueros la protegen sólo fronteras adentro. 

Si la gravísima crisis que se expondrá en toda su magnitud cuando la actividad se normalice totalmente -algo que ya inevitable para Alberto Fernández y sus "científicos"- no fuera suficiente, la insistencia de la Vicepresidente en evitar condenas a cualquier precio, aunque ello implique el fin de la República democrática, puede complicar aún más, mucho más, el panorama. Los argentinos no estamos dispuestos a perder la libertad, algo que sucederá si ella consigue hacerse con el control total de la Justicia. 

La sociedad ha despertado, está movilizada, resistirá estos nuevos atropellos y, en la medida en que se ha adueñado de la calle, será allí donde se dirimirá este conflicto, aún con gran violencia, si fuera necesario.

Enrique Guillermo Avogadro
ega1@avogadro.com.ar
@egavogadro
Argentina

GABRIEL BORAGINA, HIPNOTISMO FISCAL,DESDE ARGENTINA

"Las fases y los detalles de la evolución histórica del impuesto los analiza Adolfo Wagner, con gran riqueza de erudición y de comentario en los párrafos 101 a 123 de su Finnanzissenschaft: en los pueblos primitivos constituidos en estado de economía natural, los impuestos casi no se conocen: no hay autoridad suficientemente organizada y fuerte para exigirlos —en la antigüedad y en la Edad Media el impuesto despierta la idea de subordinación, del vencido al vencedor, de unas clases sociales a otras: su establecimiento se efectúa de un modo unilateral, despótico, sin recabar el consentimiento de quienes han de pagarlo—"[1]

Bandas de saqueadores que arrasaban pueblos enteros cada tanto, descubrieron que era mejor negocio ofrecer a esos mismos saqueados protección contra otras bandas de ladrones a cambio de una parte de sus bienes. De negarse quedarían expuestos a seguir siendo arrasados, sea por quienes así los extorsionaban o por otros salteadores.

Es la historia del ladrón errante y del ladrón estable. En los comienzos de la humanidad, donde los gobiernos no existían, la vida se debatía entre el ladrón errante que asolaba y atracaba pueblos y aldeas y una vez devastado todo, se retiraba hacia otro pueblo o aldea y repetía la operación hasta que llegaba un punto en que no le quedaba más para merodear y devastar. En la segunda fase de la historia, el ladrón errante se dio cuenta que obtendría mayores ganancias de otra manera, y en lugar de robar todas las comarcas era mejor establecerse en una sola, y dedicarse a asaltar periódicamente allí sin incursionar en las otras, ya que sus costos disminuirían al eliminar las incesantes y agotadoras incursiones. Otra ventaja del nuevo sistema consistía en que tampoco correrían el riego de encontrarse antes con otra banda de saqueadores más fuertes que pudieran vencerlos. El saqueo ("pacifico") periódico local sería un "precio" que el ladrón estable le cobraba al campesino o habitante del lugar, ese precio (tributo) se pagaría como reembolso por la "protección" contra otros ladrones errantes que quisieran asolar el lugar.

Este es el verdadero origen del impuesto. No había demasiadas alternativas para pueblos de agricultores, ganaderos, artesanos o mercaderes (las principales actividades productivas de la antigüedad), inexpertos en el uso de las armas. Ladrones y matones constituyeron así los primeros gobiernos de la historia. Algo que en el tiempo no ha cambiado demasiado, salvo muy honrosas excepciones.

Aquellas primeras gavillas de criminales si estaban suficientemente organizadas y fuertes para exigirlos, y han devenido en los gobiernos de la actualidad, pese a sus apariencias seudodemocráticas de las que tanto se ufana el autor en estudio.

También en la actualidad el impuesto conserva aquella "idea de subordinación, del vencido al vencedor, de unas clases sociales a otras" esto se mantiene en espíritu y en esencia, aunque no resulta políticamente correcto decirlo, desde luego.

Ahora bien, hay que reconocer que, en el curso de las eras, ha habido una suerte de domesticación del pueblo por parte de los estatistas, por la cual han convencido -de cierta forma- a una mayoría sobre la "necesidad" del impuesto. En parte, por eso la institución sobrevive. El éxito del lavado de cerebro es mérito, sin duda, del marxismo, que ha convencido a la mayoría de la humanidad de que los impuestos son "buenos" porque los pagan los "ricos" en "beneficio" de los "pobres". Esta falacia ha calado hondo en las gentes, lo que naturalmente incluye a la pléyade de autores socialistas que estamos comentando.

"durante un periodo intermedio, que comprende desde fines de la Edad Media hasta bien avanzada la Edad Moderna, se producen evoluciones que el profesor norteamericano A. Seligman ha esclarecido con sus análisis etimológicos y terminológicos. Durante este período: a) a veces el impuesto aparece como una espontánea y benévola "donación" de los súbditos a sus soberanos (donum, benevolence); b) a veces como una humilde "súplica" dirigida por el soberano al pueblo (precarium; Bede-de beten, rogar; peticiones cuadernos de...); c) a veces predomina en ellas la idea de "asistencia" de "ayuda" voluntaria ofrecida al Poder (contribución; uide; steuer-áe steuern, ayudar); d) a veces lo que adquiere mayor relieve es el sentimiento del "deber", de la obligación de pagar el impuesto (de ahí la palabra duty en Inglaterra; e) otros vocablos, en fin, acusan la idea de que el impuesto se fija "unilateralmente" por el Estado (tasa, arbitrio; rate)"[2]

Exceptuando el último punto, los casos anteriores no se tratan de impuestos, porque el elemento coactivo que lo caracteriza y constituye se encuentra ausente. Toda dación voluntaria de algo a otro es una contribución, donación, etc. pero nunca podrá llamarse impuesto. Precisamente porque en esos casos no hay imposición de ningún tipo. Donde existe voluntariedad, no hay imposición, por eso tales ejemplos dados arriba no se tratan de "impuestos".

Si esos casos han existido (confesamos no conocer la obra de A. Seligman) será excelente volver a ponerlos en práctica, pero (por lo que apuntamos en el final de nuestro párrafo anterior) lo vemos medio complicado: hay un consenso social bastante fuerte sobre la "necesidad" del impuesto, falacia que ya nos hemos ocupado de desenmascarar. No obstante, somos conscientes que nuestra posición es minoritaria, y dicho asentimiento lamentablemente existe. Mucha gente acepta la "necesidad" de los impuestos; algunos con resignación, otros con entusiasmo, convencidos que los "pagarán" los "ricos" sin que ellos se vean afectados, lo cual es falso, porque los impuestos que pagan los "ricos" generan más pobreza y no menos. Sin embargo, esta última realidad es contraintuitiva para la gente ignorante de la ciencia económica y sus axiomas. En nuestro libro Impuestos hemos tratado este tema bajo el rótulo de la "ilusión fiscal".

Volviendo a la cita comentada arriba, lo que allí se mencionan en los distintos apartados, son todos casos de contribuciones voluntarias, no de impuestos. Y en algún momento, aquellos gobiernos han convertido dichas contribuciones, de tales en obligatorias. Por eso, en la obra señalada en el párrafo anterior hemos criticado -como también lo hacemos aquí- que al que paga impuestos se le llame "contribuyente" porque no lo hace voluntariamente sino de manera forzada bajo amenaza de ser penado por la ley en caso de negarse a pagar. La expresión "contribución forzada" es auto contradictoria.

[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.
[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

Gabriel Boragina 
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina  
http://www.accionhumana.com/2020/07/hipnotismo-fiscal.html
Argentina

domingo, 16 de agosto de 2020

ENRIQUE AVOGADRO, CON DIEZ CAÑONES POR BANDA, DESDE ARGENTINA

"En la ciénaga, la frontera entre el bien y el mal,  entre lo correcto y lo incorrecto, no existe".  Antonio Manzini 

La cúpula del Frente para Todos, encarnada en Cristina Fernández y su mandado, el Presidente, y los zafios tripulantes de ese temido bajel pirata llamado Instituto Patria, han desatado sobre nuestras libertades y garantías, sobre la Constitución, las leyes y las instituciones de la República, en especial sobre la Corte Suprema, el Consejo de la Magistratura, la Procuración General y el fuero federal, la prensa libre, un desesperado fuego graneado. 

No hay diálogo posible con esta gentuza, nos diría José de Espronceda, como no lo hubo con sus ancestros que, con tal de obtener un espléndido botín y volver indemnes a sus guaridas, ignoraban las sagradas leyes del mar, asesinaban a sus contrincantes y violaban a las cautivas. Nótese que no me refiero a quienes votaron esta nefasta fórmula, muchos creyendo ilusoriamente en la máscara que Alberto Fernández supo calzarse para unificar a todas las tribus peronistas y acceder al poder. 

A los votantes que -especialmente en la 3ª sección del Conurbano- determinaron ese triunfo, todos estos temas les resultan irrelevantes, porque hoy deben enfrentarse diariamente a la más ardua de las tareas: sobrevivir. Jaqueados por el delito más violento y por el narcotráfico que fagocita a sus hijos, por la desocupación y el hambre, por la pauperización, por la insalubridad de sus casas y barrios, por el hacinamiento y el contagio del virus, por las carencias educacionales, estas elucubraciones y urgencias políticas le resultan más abstractas que el sexo de los ángeles. 

Es precisamente por ello, y porque ya se han consumido ocho meses de gestión y sólo resta un año y poco para las elecciones legislativas, que la desesperación cunde entre quienes pretenden únicamente la impunidad. La catástrofe económico-social generada por la cuarentena hará su verdadera aparición cuando ésta concluya; y cuando la presión social resulte determinante, el Gobierno lo levantará, como hicieron ya la enorme mayoría de los países que lo implantaron. Si las condiciones socio-económicas actuales empeoran, y lo harán, le resultará difícil al oficialismo conservar las mayorías parlamentarias de las que hoy dispone y que transforman al H° Aguantadero en la mayor concentración de brazos enyesados del país. 

Pero esos ataques sí ocupan y preocupan a quienes estamos convencidos de que la única forma de vivir en sociedad es la democracia, donde todos seamos iguales y todos esclavos de la ley, donde nuestros derechos sean respetados pero terminen cuando comienzan los de otro; donde los delincuentes que han saqueado el país hasta convertirlo en un páramo desolado vayan presos al ser condenados, donde no se asesine a los fiscales, donde sea una carga y un orgullo ser juez, donde sean los mejores y los más honestos quienes lleguen a la función pública, donde la prensa siga siendo libre, donde el populismo y el clientelismo sean desterrados para siempre. 

La prepotencia del oficialismo se traduce en la conducción de ambas cámaras del Congreso, donde reinan, cual si fueran monarcas absolutos, Cristina Fernández, que no es Senadora, y Sergio Massa. el aceitoso; en las sesiones virtuales arbitrariamente han quitado la palabra a los legisladores de la oposición y desconocen los reglamentos y las mayorías necesarias. A esta altura, resulta inadmisible que los miembros de las bancadas de Cambiemos -ya no se puede confiar en quienes siguen a Roberto Lavagna- no se hagan presentes y, a la fuerza si fuera necesario, exijan ocupar sus bancas. 

A la vez, y con el propósito de convertir a la escena política en un chiquero en la que todos sean chanchos iguales, persiguen a los funcionarios del período macrista y han contado para esa tarea con la complicidad de miserables personajes como el ex Juez Rodolfo Canicoba Corral. Pero, ¿alguien puede creer que el secretario de Mauricio Macri, Darío Nieto, que vive en un departamento de tres ambientes que está pagando con un crédito bancario, sea lo mismo que uno de los muchos secretarios de los Kirchner, como Daniel Muñoz o Fabián Gutiérrez, con fortunas propias que superan los US$ 60 millones y que, a veces, hasta les cuestan la vida? 

Los ciudadanos de a pie tenemos pocas posibilidades de expresarnos salvo a través de nuestros teóricos representantes, esos ignotos que integran las listas sábanas, pero aún podemos, con nuestra presencia activa en las calles y plazas de todo el país, decirle al poder que no estamos dispuestos a perder lo poco que queda de la República y que, en defensa de ella, lucharemos con todas las armas que la ley pone a nuestra disposición. 

El 17 de Agosto (#17A) deberemos ser un millón de personas en el Obelisco para usar el único idioma que el kirchnerismo entiende y decir todos ¡Presente!. Presentes por nuestras libertades, por la República, por la Constitución, por nuestra Justicia, por el trabajo, por la libertad de la prensa, en fin, para evitar que la única salida sea Ezeiza, como sucedió en la desoladora Venezuela, que ha visto a cinco millones de sus mejores hijos emigrar por imposición de la salvaje dictadura de Nicolás Maduro. Si no nos acompaña, tendrá que vivir con ello y dar penosas explicaciones a sus hijos y sus nietos cuando le pregunten "¿por qué no fuiste?".

Enrique Guillermo Avogadro
ega1@avogadro.com.ar
@egavogadro
Argentina

GABRIEL BORAGINA, FISCALIDAD Y FALACIA AD POPULUM, DESDE ARGENTINA

"Wagner, economista alemán, apunta que "el impuesto como medio de cubrir las necesidades financieras, se funda, desde el punto de vista de los principios, en la hipótesis necesaria de mantener y desarrollar la existencia del Estado, como la de toda corporación cimentada en la comunidad económica obligatoria." El fundamento jurídico de la imposición, sostiene, conduce a la cuestión del fundamento mismo del Estado y de otras comunidades económicas obligatorias. El fundamento del impuesto, y, por consecuencia, el del derecho de imposición, se vincula íntimamente a la necesidad absoluta del Estado y del sistema de las comunidades económicas obligatorias de que existan y se desenvuelvan."[1]

Ya hemos dicho antes que el "estado" (como dicen ellos; el gobierno en rigor) no tiene "necesidades", porque no existe como tal. Lo que no existe no puede tener necesidades. La gente si existe, y esta es la única que sufre de necesidades, las que históricamente ha venido remediando a través del mercado, y no de ningún fantasmal "estado". Los gobiernos -por sí y ante si- tomaron -primero- la función de proveer a esas insuficiencias compitiendo con el mercado para tal fin y -más tarde- tratando de suprimirlo o abolirlo, monopolizando aquellas funciones y declarándolas por ley como "propias". Así, se han ido estableciendo todos los gobiernos del mundo en el curso de la historia de la humanidad. El impuesto, pues, lo que permite es la existencia del gobierno como ente que agrupa a determinadas personas que son elegidas por si o por otros para ejercer el mando sobre otros grupos de personas determinadas en un territorio equis.

No cabria -en principio y con reservas- objeción a que el gobierno "compita"[2] con el sector privado en brindar esos servicios, pero si sería censurable que tratara de monopolizarlos como lo ha perpetrado y sigue haciéndolo en todas partes. De hecho, como los gobiernos del mundo han probado más que suficientes veces sus deficiencias en la prestación de los servicios que monopoliza, la gente espontáneamente procura satisfacer esas necesidades buscando esos servicios en el mercado, que era de donde originariamente los habían obtenido. Pero -como ya dijimos- esto implica un doble gravamen para el particular desprotegido: se ve obligado a pagar impuestos por servicios que se le prestan en forma deficitaria, o no se le prestan en absoluto (estatales) y, por lo tanto, debe procurárselos a un costo mayor o menor en el mercado. Pero, tal como se advierte, los autores socialistas siguen hablando de quiméricas "necesidades absolutas" y de "comunidades obligatorias" fieles a sus deseos de regimentar y poner bajo su dominio total absolutamente todo lo existente. Aquellos a los que no pueden obligar a nada directamente lo desprecian o ignoran.

"Desde luego, todo el basamento se apoya en el derecho de soberanía del Estado que, a través de los órganos competentes, promueve y sanciona los recursos de los que ha de nutrirse la administración pública. Este es el concepto de la mayoría de los autores y tratadistas para fundamentar jurídicamente el derecho a la imposición."[3]

No existe ningún "derecho de soberanía del estado", lo cual es otra ficción muy apetecida por los socialistas que comentamos pero que no se asumen como tales. Se llaman a sí mismos "demócratas", pero en realidad son socialdemócratas, es decir, socialistas que, fracasados los métodos violentos de la revolución marxista desean implantar el socialismo por las vías democráticas creyendo que ello es posible. Sin embargo, sus experimentos -históricamente- siempre han terminado en la violencia, de un lado o del otro. La única soberanía reside en el pueblo, y no en míticos estados-naciones y -en última instancia- la soberanía reside en el consumidor, dueño de sus cosas. Pero -como se advierte- la terminología empleada por el autor continúa siendo organicista, suponiendo (dando por cierta en rigor) la existencia del gobierno como ente orgánico dotado de voluntad, inteligencia y capaz de tomar decisiones como si fuera un ser humano. Es decir, estos escritores tratan sobre fantasías creyendo -quizás de buena fe- que son realidades.

"Cualquiera entiende, señala un autor francés, que, en un sistema de apropiación de riquezas, la autoridad conserve siempre un vasto imperio, pues es la que garantiza la seguridad de las personas, de la propiedad y de la ejecución de los contratos, al mismo tiempo que la aplicación de las reglas generales sobre las sucesiones y testamentos."[4]

La retórica de los socialistas que escriben estas cosas adopta formas sinuosas, no se expresan claramente, y cuando se les interroga sobre qué quieren decir contestan vaguedades aún mayores. Pero nada cambiará la realidad de que la "apropiación de riquezas" que defienden con un entusiasmo cuasi místico, no es más que un robo liso y llano, o sea un delito, más allá que sus leyes lo exculpen. Y decir que "la autoridad conserve siempre un vasto imperio" como lo hacen, no es más que avalar la tiranía más cruda, por mucho que lo quieran adornar con lenguaje alambicado. A los déspotas que se apoderan de los gobiernos los sostienen -en última instancia- los otros tiranos: los de la pluma, los que gustan posar de "intelectuales", como los escritores que estamos analizando. La práctica indica, no obstante, que la seguridad de las personas está más amenazada por esa misma autoridad que reclama arrogantemente su "vasto imperio" para someter a todos a su voluntad omnímoda.

"En todas partes existe, prosigue, un poder público investido de atribuciones más o menos amplias y rodeado de un cuerpo de funcionarios más o menos considerable."[5]

También en todas partes existen delincuentes, asesinos, ladrones, violadores, criminales de todo tipo, rodeados de cómplices y colaboracionistas que coadyuvan a sus planes delictivos. Siguiendo la argumentación socialista deberíase otorgárseles un monopolio y un vasto imperio para que puedan delinquir sin ser molestados por la policía.

En suma, esgrime la cita la falacia ad populum (simplemente porque todo el mundo lo hace debería hacerse también donde no se lo hace). 


[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.
[2] Lo cual es una forma de decir porque, rigurosamente, resulta imposible, dado que, la única manera de competir es con recursos propios, y el gobierno carece siempre de ellos, y es incapaz de generarlos sin expoliar a la gente.
[3] Goldstein, Ibidem.
[4] Goldstein, Ibidem.
[5] Goldstein, Ibidem.

Gabriel Boragina 
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina  
http://www.accionhumana.com/2020/07/fiscalidad-y-falacia-ad-populum.html
Argentina

jueves, 6 de agosto de 2020

ENRIQUE GUILLERMO AVOGADRO, RATA-PLAN, DESDE ARGENTINA

"Estamos dispuestos, y que el Gobierno lo sepa, a defender por encima de todo a nuestras familias y nuestros hogares, a proteger nuestro derecho al trabajo, la nobleza de nuestro obrar cotidiano creando nosotros mismo, para poner fin con toda clase de medios a una sucesión de actos intolerables y ruinosos, los medios de defensa que hasta ahora habíamos cedido a las leyes del Estado".  Asociación Bolognesa de Defensa Social (1920) 

Alberto Fernández dijo al Financial Times que no tenía un plan porque no creía en ellos. Como hace a cada hora mintió, pues sí lo tiene, aunque éste le haya sido impuesto por su jefa política. En el conurbano pregunté a muchos cuál era su principal preocupación en este momento tan complicado, y la unánime respuesta me sorprendió: es indispensable, aunque resulte carísima e inoportuna, una reforma del fuero federal criminal y el funcionamiento de la Corte Suprema. Me pareció raro, porque estaba convencido que el problema más grave era la pavorosa inseguridad cotidiana, traducida en una irracional violencia; luego seguían la proliferación del narcotráfico, la desocupación y el hambre, el futuro poscuarentena en la economía personal, el cierre de las escuelas y, claro, el aumento de los fallecimientos atribuidos al Covid-19. A partir de eso, entendí el por qué del enorme apuro que el Presidente para anunciar sus intenciones. 

Desde el 10 de diciembre de 2019, fueron liberados nada menos que 4.500 presos condenados por todo tipo de delitos, muchos de ellos gravísimos; un porcentaje nada desdeñable de ellos ha vuelto a las andadas, cometiendo todo tipo de crímenes de los cuales dan diaria cuenta las noticias policiales; esas son las hordas armadas que el kirchnerismo ha puesto al servicio de sus peores intereses. La ciudadanía reacciona, y muchos han decidido tomar las armas para defender sus vidas y sus propiedades. El narcotráfico ha vuelto por sus fueros, aquéllos que lo convirtieron en socios del poder durante el kirchnerismo, y los más pobres lo están pagando.

Tal como esperábamos, el Presidente cumplió el primer artículo del inmundo pacto que firmó con su mandante cuando ésta lo designó para encabezar la fórmula y, así, reunir a todo el peronismo bajo su bandera negra, con una calavera y dos tibias cruzadas: lo puso en marcha para satisfacer el principal objetivo de Cristina Fernández: la total impunidad para ella y sus hijos y, eventualmente, extenderla a sus cómplices y testaferros. El primer paso lo dio en el Consejo de la Magistratura, donde pretende revocar las designaciones -en realidad, los traslados- de algunos magistrados a Comodoro Py, casualmente aquéllos que fueron más estrictos en el juzgamiento de la sideral corrupción que encabezó, hasta 2015 nuestra actual y multiprocesada Vicepresidente. En esa prostituida institución, Graciela Camaño, teórico fiel de la balanza entre los dos grandes bloques de consejeros, votó a favor de esa inconstitucional tentativa. 

Ésta integra la agrupación peronista que encabeza políticamente Roberto Lavagna; por lo que se vio, ese bloque -y, quizás, también los legisladores de la oposición que responden a gobernadores que serán presionados- favorecerá al Ejecutivo al permitir la formación del quórum necesario para aprobar las leyes que propone; entre otras, y además de la reforma judicial, la moratoria fiscal a medida de Cristóbal López, el ladrón que se quedó con nuestro dinero, que debía ingresar a la AFIP, y lo usó para comprar empresas y medios de comunicación que alineó con el kirchnerismo. 

Sería muy engorroso entrar en los detalles de la reforma judicial propuesta y los ríos de tinta que ya corren sobre el tema me evitan hacerlo. Pero resulta imprescindible recalcar que todo esto está organizado para garantizar la impunidad que pretende esta curiosa monarca absoluta que nos hemos querido dar los argentinos, designando a jueces, fiscales y secretarios militantes. Es cierto que la Justicia y los códigos penales y procedimentales que la rigen tienen que ser mejorados, pero eso no justifica, en modo alguno, atropellarla y violarla, maniatarla y corromperla más de lo que ya está. Y hacia allí va esta pretendida reforma "fundacional". 

Más allá de las preferencias políticas de cada uno de nosotros, cabe preguntarnos cómo y por qué hemos entregado nuestro futuro, el de nuestros hijos y nietos, a un crápula mentiroso compulsivo conducido por una abyecta mujer tan mayor, tan enferma y tan escandalosamente corrupta, ambos capaces de encarar cualquier adefesio anti-republicano e irracional para conseguir sus objetivos de poder, aunque implique demoler la República. ¿Dónde quedaron los redaños de esta nación que, en otros tiempos, supo hacer tanto por sí misma y por sus vecinos? 

Usted se pregunta qué puede hacer para evitar que Cristina Fernández logre sus objetivos; por hoy, la respuesta es simple: vaya, y convenza a sus conocidos de acompañarlo, el 17 de Agosto al Obelisco y a todas las plazas del país. Si somos un millón de personas gritando, los obligaremos a oír y obedecer nuestro unánime clamor: "¡Basta!": basta de prepotencia y de avasallamiento, basta de impunidad, basta de infecto-dictadura. Si decide no acompañarnos, por miedo o por desidia, suya será la responsabilidad y con ella deberá convivir el resto de su vida, y explicarlo a su descendencia.

Enrique Guillermo Avogadro
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Argentina

viernes, 31 de julio de 2020

ENRIQUE AVOGADRO, ¡QUÉ CANALLAS MÁS INEPTOS!, DESDE ARGENTINA

"¡Qué cosa más maravillosa es el pánico, esa partera de la Historia!",  Antonio Scurati

Cuando pienso en que corruptos condenados como Amado Boudou o Julio de Vido, entre tantos otros, y los muchos delincuentes comunes que, excarcelados por un supuesto miedo al contagio de Covid-19, han vuelto a cometer delitos cada vez más violentos, no puedo menos que recordar qué está sucediendo en los penales donde se encuentran detenidos adultos mayores con edades que van de los 65 a los 93 años, presos políticos a los cuales se les ha negado, desde 2003, todas las garantías constitucionales. 

La situación real fue denunciada nada menos que por Claudio Cirigliano, cómplice de Ricardo Jaime en los robos al Estado que causaron el crimen de Once con sus 51 víctimas. El ex concesionario ferroviario se manifestó aterrado ante el traslado al penal en que se encuentra -Ezeiza- varios militares contagiados por el virus. Ese panorama se replica en la cárcel de Campo de Mayo, donde 34 presos políticos se han contagiado y varios guardiacárceles han sufrido la misma suerte. 

De este patético cuadro son responsables, sin solución de continuidad, esta sociedad que integramos, tan miserable, hipócrita y cobarde, Néstor y Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández y, en mayor grado aún, los asesinos togados que los han condenado, literalmente, a muerte. En el mundo occidental no se registra antecedente alguno al cual esta situación resulte comparable, tanto por el tiempo transcurrido desde los hechos -44 años- cuanto por todas las violaciones de derechos descripta más arriba. Ni los criminales nazis juzgados en Neuremberg después de la II Guerra, que perdieron, sufrieron tanta saña como estos oficiales que vencieron en el terreno militar a las organizaciones terroristas más fuertes de los 70's. 

En el otro extremo del problema se encuentra el confinamiento que se instauró en la Argentina hace ya 128 días. Sin negar la importancia de la mortalidad ni, por supuesto, el dolor de los familiares por cada uno de los fallecimientos, y sabiendo ya que ninguna vacuna estará disponible, como mínimo, hasta el año próximo, no podemos dejar de formularnos algunas preguntas: cuándo, finalmente, se vuelva a la normalidad en el AMBA, ¿el virus habrá dejado de ser peligroso?; si no es así, ¿se contagiarán aquéllos a quienes se ha confinado masivamente?

Pero ha sido útil a un gobierno cuya sede se encuentra, sin duda alguna, en el Instituto Patria, la guarida de Cristina Fernández. Y ello así porque la cuarentena le ha permitido levantar sucesivos velos sobre la realidad y, en especial, sobre sus objetivos.  Está ya claro que estos son dos: la impunidad para sí misma, su familia y sus cómplices (si es que a éstos no los matan antes, como sucedió con Fabián Gutiérrez); y la creciente intervención del Estado, con el objetivo concreto de que todos los ciudadanos terminen dependiendo de la caridad pública, al mejor estilo cubano y venezolano, y convertir a la libertad y al ejercicio de los derechos en una merced oficial. 

A paso redoblado, está avanzando sobre el Poder Judicial, donde pretende remover a diez jueces, modificar el organigrama del fuero federal penal -precisamente el que debe juzgar los innumerables delitos cometidos por la organización gangsteril que encabeza- y remover al Procurador General; si lo logra, con la complicidad del Presidente, todas las vacantes serán llenadas con militantes de Justicia Legítima. Los proyectos serán enviados al H° Aguantadero la semana próxima, pero ya sabemos que el nuevo "comité de expertos" legales que aconsejará a Alberto Fernández estará integrado, entre otros, por Carlos Beraldi, el abogado de Cristina.. 

Y en el segundo aspecto, a la fracasada (pero aún no descartada) expropiación de Vicentín se sumó, esta misma semana, la pretensión de rescindir la concesión a Edesur. Si la concretara, los argentinos volveremos a pagar sumas multimillonarias que se sumarán a las que ya afrontamos por Aguas Argentinas, Aerolíneas Argentinas, YPF, etc. 

A mi edad, me he vuelto escéptico, y por eso confío en podremos evitar tan terrible destino por la total ineptitud que este Gobierno ha mostrado en todos los campos, sea en las áreas de salud, seguridad, educación, defensa, relaciones exteriores,  acción social y hasta de negociación de la deuda, a todo lo cual debemos agregar los conflictos internos que lo afectan. 

Pero ello no obsta a que reclamemos a toda la oposición democrática que, como ya hicieron los empresarios y los gremialistas, se siente a una mesa y acuerde las 10 o 15 políticas de Estado indispensables para salir de la crisis socio-económica cuyo pico se acerca inexorablemente y para torcer el rumbo de decadencia que adoptamos hace ya ocho décadas. Con ese proceder podrá dejar de ser mera relatora de la realidad y reunirse con el Gobierno para intentar que éste comprenda hacia dónde nos está llevando y cambie el derrotero antes de que sea irreparablemente tarde.

El 17 de Agosto volveremos a la calle para exigirlo.

Enrique Guillermo Avogadro
ega1@avogadro.com.ar
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Argentina

miércoles, 29 de julio de 2020

KARINA MARIANI, LA RESISTENCIA DE LAS CANAS, DESDE ARGENTINA

En Diario de la guerra del cerdo en la Ciudad de Buenos Aires se intenta matar a todos los “viejos” en 15 días. La novela de Bioy Casares publicada en 1969, relata una despiadada cacería de todas las personas “viejas” protagonizada por jóvenes. Bioy nunca deja del todo claro la causa de los ataques pero desliza que la guerra está alimentada por el miedo al poder que podrían llegar a tener los viejos:

 ”La juventud es presa de la desesperación -repitió Faber-. En un futuro próximo, si el régimen democrático se mantiene, el hombre viejo es el amo. Por simple matemática, entiéndame. Mayoría de votos. ¿Qué nos enseña la estadística?, vamos a ver. Que la muerte hoy no llega a los cincuenta sino a los ochenta años, y que mañana vendrá a los cien. Se acabó la dictadura del proletariado, para dar paso a la dictadura de los viejos”.

En la novela, las jubilaciones dejan de ser pagadas, y muchos viejos mueren de hambre, solos, encerrados en sus casas. Entre los múltiples ataques, los jóvenes hacen explotar una bomba en un geriátrico, mientras que el Estado no se mete en la matanza. Es más, parece ser un cómplice que se beneficia con el exterminio. Los “viejos” se ven ante la disyuntiva de dejarse morir u organizarse para la lucha. Los actos de su protagonista, Isidoro Vidal ante un futuro que no le ofrecía más que pánico, le permiten asumir impensados riesgos. La resistencia había nacido del núcleo de la violencia. Medio siglo tiene esta vigente ficción (?)
Eventos subversivos

Mientras tanto, en nuestra vida real, meses atrás apenas instaurada la cuarentena, una saga de eventos subversivos fueron protagonizados por “jubilados”. ¿En qué consistían? En señoras que deseaban salir a caminar, sentarse al sol en una plaza, señores cuyo delito era sacar a pasear al perro muchas veces o que querían darle un beso a sus nietos. Estos actos tan malvados fueron denunciados histéricamente por vecinos y escrachados por los medios masivos con singular saña disciplinadora. Largos meses han pasado, y vaya uno a saber si fue el azar o el hastío, la cosa es que en los últimos días se nos acumularon nuevas noticias sobre ancianos que, siendo víctimas de violentos ataques, lograron por sí mismos (oh, malditos reaccionarios) defenderse.

La pulsión humana en defensa de la vida, la libertad y la propiedad no está llegando de la mano de la dirigencia política, ni de la juventud, ni de los agentes de justicia, ni de la cultura, ni de los medios de comunicación, ni de los empresarios. En una sociedad sin hambre de libertad y sin la dignidad que proviene de la propia defensa de lo querido, lo único que no está viejo y anquilosado, parece que son los viejos.

¿Cómo llegamos hasta acá? El alarmante deterioro de nuestra seguridad se nos presenta irremediable según el siguiente razonamiento expresado por quienes nos gobiernan: Las fuerzas de seguridad no están para actuar sobre el pequeño delito. ¿Por qué? Las excusas son dos, básicamente: que los agentes dedicados a nuestra seguridad son pocos y malamente preparados y que el sistema jurídico hace inservible que se actúe sobre los delitos pequeños porque no son castigados luego en los tribunales. En resumidas cuentas: que ir tras el ladrón o el transa es en vano. La policía no da abasto y ¿para qué si entran por una puerta y salen por la otra?

¿Cuántas veces y de cuántos políticos escuchamos que “no se puede hacer nada”? 

La política progresista rechaza cualquier enfoque en la prevención del delito futuro. Nunca se deben evaluar patrones ni usar la previsión, eso es estigmatizar. Nos dicen: no es trabajo del Estado juzgar lo que podría pasar. El tipo con tres condenas por asaltos violentos no debe ser encarcelado antes de que finalmente mate a alguien. Hay que esperar a que mate.

¿Qué ha pasado durante la cuarentena? Que curiosamente, esta ideología no se aplicó a los ciudadanos comunes ya que, basándose únicamente en teorías sobre lo que podría suceder si salen a caminar con sus hijos o pasean dentro de sus autos, han sufrido el extremo más lunático de vigilancia preventiva. La misma dirigencia que, durante décadas de justicia abolicionista, avaló que salgan libres a asesinos y violadores porque es "injusto" que se los juzgue en función de lo que podría suceder si se les permitiera andar libremente, ahora estigmatizan, multan y condenan a ciudadanos respetuosos de la ley a los que se considera culpables de lo que podría pasar si se contagian, considerándolos irresponsables de su propia salud o de la seguridad de sus propias familias.

Pasando en limpio: no podemos anticiparnos a lo que podría hacer un violador serial así que debe quedar libre. Pero sí podemos anticiparnos a los resultados de los irresponsables actos de una señora que se sienta en una reposera a tomar el sol en la plaza.

¿Resulta que ahora sí la vigilancia policial de microgestión es necesaria? ¿La misma policía que no podía detener a una banda que cometía delitos en plena calle, ahora puede “prevenir” actividades como caminar en un parque o alejarse 500 metros de la casa porque podrían contagiar? ¿No eran pocos los agentes de seguridad? ¿No era que esas contravenciones no se condenaban? Miles de secuestros de autos y multas a comercios y a personas dicen lo contrario.

¿Cómo podremos hacer de cuenta que todo esto no sucedió la próxima vez que los políticos nos digan que la inseguridad es porque no hay mano de obra o recursos para perseguir a los delincuentes? ¿Si podés perseguir a los jubilados, a los runners y a los peluqueros, podés perseguir a los ladrones. ¿O no?

Crecen las penurias

Bueno, no. Las penurias de los ciudadanos comunes ante la inseguridad no paran de crecer y son cada vez peores. Tanto y tanto está creciendo el delito que el mismo gobierno sobreactua planes de contingencia. Anuncia que la gendarmería desembarcará en tal municipio, o que habrá mano dura en tal otra zona caliente. Nos entretienen con trasnochados Rambos que amenazan por televisión a los delincuentes. Fútil puesta en escena.

¿Y quienes son más castigados? Los viejos. Recordemos que al comienzo de la instauración del confinamiento se articuló un relato según el cual, la cuarentena estaba destinada a impedir el colapso en los sistemas de salud que debían ser preservados, justamente, para las personas mayores de 65 años y que debíamos ser solidarios con estos grupos de riesgo. La solidaridad social consistía en no permitirles salir, ni visitarlos, impedirles el contacto con nietos, todo esto por su propio bien. ¡En la Ciudad de Buenos Aires se intentó establecer un draconiano sistema de permisos para ancianos, cuyo incumplimiento sería penado judicialmente! 

¡Para ir contra los viejos no había poca policía ni puerta giratoria! Mientras nos invadían con mensajes de cómo están "protegiendo a los abuelos", los mismos "abuelos" pasaron a estar en mayor riesgo a manos de los delincuentes que soltaron a causa del covid. La misma excusa para el encierro de unos fue para la libertad de otros que apenas salidos se dedicaron a matar y robar impunemente.

Por cada jubilado que logra a duras penas repeler un ataque, miles de ancianos son mutilados, torturados y asesinados para sacarles sus magras pertenencias. ¡Esta curva de delitos contra los viejos no se aplana, pero el escándalo aparece cuando uno de ellos se defiende! Que si tenía o no, el arma registrada, que si disparó en su casa, o a 60 metros. Que si cuando joven, fue maestro rural, policía o modelo de bikini. ¿Era buen o mal vecino? ¿A quién votaba? Daba buenas propinas? Se había dejado lastimar lo suficiente antes de reaccionar? El entretenimiento consiste es desguazar a la víctima en busca de su negatividad.

La inmensa mayoría de los muertos por covid son mayores de 70 años. También son mayoritarios en la triste escala de víctimas de delitos violentos. El coronavirus expuso la brutal indefensión de los ancianos en materia de salud y seguridad, amén de volver a robarles parte de su jubilación para sostener el gasto político. Paradójicamente, mientras la sociedad debate tecnicismos respecto de la legítima defensa de un jubilado, el delincuente en cuestión fue velado con bombos y platillos, en funesto cortejo, por dolientes para los que no corrían las generales de la ley respecto a los velorios en cuarentena.

De nuevo: miles de ciudadanos fueron condenados a no poder despedir a sus seres queridos por los “protocolos” mientras ante los ojos del país, los deudos del delincuente abatido hacían lo que se les cantaba en real gana sin ser detenidos, ni dispersados ni nada. La igualdad ante la ley es poco más que una broma, y unos tienen permiso no sólo para delinquir impunemente, sino incluso para saltarse los confinamientos. Debemos consultar a la comparsa de expertos, cómo puede ser que un asado familiar sea el principal foco de contagio del coronavirus, mientras que las manifestaciones de piqueteros, los cortes de sindicalistas o las juntadas de delincuentes son tan buenas que casi pueden acabar con la pandemia, como si el virus reconociera un eximente en la ideología o el prontuario de la víctima.

Aparentemente, lo deseable en la sociedad postpandémica será un aglomerado de seres inermes, temerosos de sus propios derechos, como el de la defensa personal, cada uno aislado en su casa, resignados a la pobreza y a las enfermedades que no sean covid y expectantes de que el Estado no los deje caer en la miseria, con algún subsidio que vaya surgiendo de la improvisación gobernante. A la cabeza una impúdica casta política, aprendiz de preceptor escolar, cínica en la gestión de la escasez y la libertad, cuya estrategia sea la igualdad en lo paupérrimo.

Monstruoso panorama

Ante tan monstruoso panorama, un grupo de jubilados ha plantado cara. La fuerza vital salió de donde no se esperaba. En un mundo perfecto, el recorte de las jubilaciones, el totalitarismo y el crecimiento de los delitos de los últimos meses deberían ser una sentencia política. Pero no va a pasar, poco respeto tenemos por nosotros, y cuando llegue 2021, la mayoría habrá olvidado cómo las fuerzas de seguridad trabajaron incansablemente para evitar caminatas por la plaza y cumpleaños familiares, mientras los delincuentes se dedicaban a matar ancianos.

Para los gobernantes, la cuarentena habrá sido una maravillosa lección sobre cómo los ciudadanos argentinos no necesitan explicaciones coherentes para medidas y decretos que afectan letalmente sus vidas. En la postpandemia nadie se va a acordar que se abrieron las cárceles mientras la dureza estricta de la ley estuvo reservada para los verdaderos delincuentes: jubilados atacados en sus propias casas que osaron reaccionar como pudieron y como les dio el cuerpo, señoras que tomaron sol en la plaza, familias que se juntaron a comer asado, gente que salió a dar una vuelta en su auto, malditos viejos que no leyeron el código penal del que, los delincuentes, están exentos.

Pero todos sabemos que la excusa de la protección de los ancianos ha sido una farsa. Desde marzo están aislados, con menos plata, con menos salud, con más inseguridad. Llevan meses viendo esta degradación como los viejos de la novela de Bioy, sabiendo que están por las suyas. Por eso no debería llamarnos la atención la oleada de “jubilados” que han decidido protegerse solos. Lo que sí debería llamarnos la atención es lo envejecidas que están nuestras instituciones, lo anquilosado que está nuestro sentido ético, lo obsoleto de nuestro sistema de seguridad, lo vetusto de nuestra justicia y lo decrépito de nuestros corazones. 

“Cuando estamos planeando para la posteridad, debemos recordar que la virtud no es hereditaria”. Thomas Paine

Karina Mariani
@KarinaLMariani
Directora del CLUB DE LOS VIERNES Argentina 
@CdV_Argentina

Publicado por Gabriel Gasave
@ElIndependent 
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Estados Unidos

martes, 21 de julio de 2020

GABRIEL BORAGINA, LOS IMPUESTOS Y LA GUERRA, DESDE ARGENTINA

"Insistiendo en la importancia del impuesto para afrontar las obligaciones -del Estado moderno, consignamos en seguida algunas cifras oficiales vinculadas con el enorme esfuerzo bélico realizado por los Estados Unidos de América para afrontar a las dos terribles guerras en las que le ha tocado intervenir en el curso de los últimos cincuenta años. De los mencionados guarismos surgirá toda la trascendencia que asumen los impuestos para solventar necesidades ordinarias y extraordinarias, justificando así nítidamente el fundamento económico del impuesto, al que nos hemos referido en los comienzos de este párrafo."[1]

La única obligación del gobierno es la de respetar el derecho de los gobernados que -en suma- son sus mandantes, y el mandato que le han otorgado a ese gobierno no es -por cierto- para que este desfalque a su mandante, sino para que proteja sus bienes (vida, libertad y propiedad, en este mismo orden). El impuesto solo puede hallar cierta justificación en lo que señalamos, y no en otros motivos espurios.

En el ejemplo elegido, la intervención de los Estados Unidos en ambas guerras fue una decisión pura y exclusivamente gubernamental. En ninguna de ambas contiendas los Estados Unidos fueron un país ni agredido, ni invadido por las naciones beligerantes.

El ataque japonés a la base militar estadounidense de Pearl Harbor en modo alguno justificaba que los Estados Unidos entraran en la guerra que -ya iniciada- se estaba librando en Europa, toda vez que el tema se podría haber solventado con una contraofensiva contra el Japón en represalia que, en rigor, fueron los atacantes. En consecuencia, la elección del modelo es, desde todo punto de vista, desafortunada.

Con todo, podemos conceder que en caso de que una nación sea atacada, eche mano a impuestos extraordinarios para solventar su defensa. Pero la excepción no puede constituirse en regla como quiere presentarlo Goldstein en su artículo. Esto no es ningún justificativo económico del impuesto o, al menos, no lo es para situaciones fuera de una guerra. Pero, además, existe la posibilidad que el gobierno no usara eficientemente esos recursos extraordinarios, y el gasto hubiera sido -si bien necesario en parte- en su mayor proporción un derroche. Un buen estratega militar probablemente hubiera ganado la guerra con una menor carga fiscal, pero más eficientemente empleada.

Es verdad que en los Estados Unidos soportaron una carga fiscal brutal a los que fueron sometidos sus ciudadanos por parte de los gobiernos norteamericanos y que el autor se esmera en detallar numéricamente (no vamos a reproducirlo por su extensión y por ser un dato histórico sobradamente conocido) pero omite la pregunta fundamental ¿tenía opción el contribuyente americano para negarse a sufragar dichos costos fiscales astronómicos (como el mismo autor los denomina)? La respuesta es no. O pagaba o iba a la cárcel. Es decir, para combatir a un totalitarismo político (la amenaza nazi) se recurrió a otro totalitarismo (fiscal).

También pasa por alto otro dato no menos importante: para poder cobrar esos impuestos debió existir antes de que el gobierno los creara y aplicara una acumulación de capital tal que permitiera recaudarlos. Y para que ese acopio tuviera lugar la carga fiscal anterior debía ser y fue muy baja. El pueblo americano no recogía el dinero que "crecía en los árboles". Simplemente, el gobierno -antes de la guerra- no entorpecía con impuestos la provisión de capital o lo hacía en muy escasa medida.

"Los ingresos por concepto de impuestos durante los años 1941-1945 eran aproximadamente de 138,5 billones de dólares, de los cuales las entradas por diversos conceptos e impuesto a las ganancias individuales, llegó al 36,2 %; las asociaciones y sociedades, el 34,2 % y el 29,6 % restante procedía de otros recursos. Desde el 15 de mayo de 1941, en cuya fecha el presidente Roosevelt vendió el primer Bono de Ahorro de la serie "E", hasta que fue depositado en el Tesoro Nacional el último Bono del Victory Loan, el 3 de junio de 1943, se vendieron en todo el territorio de los Estados Unidos 185.700 billones de Bonos para financiar la guerra. Alrededor de dos tercios fueron adquiridos por sociedades y corporaciones y un tercio, por personas individuales o físicas "[2]

El autor, reiteramos, utiliza todos estos datos simplemente para justificar -según su punto de vista- lo que él llama el "fundamento económico del impuesto". Pero -como ya advertimos- emplear el patrón excepcional de una guerra (o de dos como en el caso) usando -para colmo- como muestra al país más poderoso económicamente del planeta no establece "fundamento" de nada. Roosevelt pudo aplicar un fuerte intervencionismo económico sencillamente porque fue presidente del país más capitalizado del mundo, que de no haber sido así le hubiera sido imposible recaudar ni un solo dólar.

Omite también que esos bonos deberían ser rescatados en su momento, para lo cual el gobierno tuvo que volver a subir los impuestos (ya sin guerra de por medio) castigando por partida doble al sufrido contribuyente americano.

Nada de lo que el autor comenta puede cambiar el hecho de que los impuestos descapitalizan la economía del país donde se recaudan, y esto sucedió tanto en Estados Unidos durante las dos guerras mundiales como después de ellas y hasta hoy ocurre, no solo allí sino en todas partes del mundo.

"Y este enorme esfuerzo consumado por una nación democrática, con la aquiescencia de sus poderes políticos en pleno funcionamiento a pesar de las difíciles circunstancias, no significó ni con mucho la ruina de los diversos sectores de la población, ni la injusticia para con alguno de ellos, ni el desequilibrio en la imposición que es característico de los regímenes oligárquicos o despóticos. El pueblo americano soportó la carga de los impuestos sin perder la serenidad, en la confianza de que todos los habitantes, sin excepción, colaboraban en un esfuerzo tenso en el que se hallaba comprometida la seguridad de su país y la libertad del ser humano."[3]

El esfuerzo no lo hizo la "nación" si con este término se quiere referir a lo que hasta ahora el autor ha denominado el "estado". Pero si, si con él quiere referirse al pueblo americano. Vamos a conceder el beneficio de la duda respecto de los "diversos sectores", pero no es tan seguro que muchos individuos no hayan terminado arruinados por la política fiscal.

[1] Mateo Goldstein. Voz "IMPUESTOS" en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.
[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.
[3] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

Gabriel Boragina 
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina  
http://www.accionhumana.com/2020/06/los-impuestos-y-la-guerra.html

martes, 26 de mayo de 2020

ENRIQUE G. AVOGADRO, ¡HARTO!, DESDE ARGENTINA

"Cuando los líderes declaran el estado de emergencia y lo convierten  en una situación normal, estamos ante el final de la democracia". Byung-Chul Han

Ante la insólita extensión del confinamiento (¿porqué no apelar, como Uruguay, a la responsabilidad personal para cuidarse?), que llegará ahora a los 80 días -el más prolongado del mundo, con sólo el 0,001% de los muertos globales- he resuelto decir ¡Basta! al pisoteo de la Constitución, a la tolerancia del H° Aguantadero frente a la prepotencia de Cristina y a la feria que ha paralizado al Poder Judicial, dejando a la ciudadanía sin defensa frente a los avances del Ejecutivo sobre los derechos individuales. A partir de ahora me declaro en desobediencia civil y, si quieren buscarme, saben dónde hacerlo. 

La prensa amarilla, que dedica al tema kilómetros de columnas en los diarios e infinidad de horas en radio y televisión, es la principal responsable del pánico que cundió en el planeta por la aparición del Covid-19, pero los líderes populistas de todos los signos, aupados al respaldo que surge del pavor generalizado, se subieron a ese carro triunfal que les permite gobernar sin contrapesos; el mundo está lleno de ejemplos. 

En la Argentina, el infundado terror ha permitido que nuestra democracia haya desaparecido y nos hayan encerrado para imponernos el silencio; hemos delegado el poder total en Fernández², y no nos movilizan siquiera los desvergonzados avances de Cristina Fernández (con el silencio cómplice de su mandado, el Presidente) sobre la República. 

El confinamiento ha permitido al Gobierno "aplanar" las curvas de inflación, del dólar y de la pobreza, y demorar la irrupción del hambre y la desocupación, mas la prioridad de la Vicepresidente sigue siendo obtener impunidad para sí misma, sus hijos y sus cómplices. Pero es insano ignorar que, tras la niebla de la pandemia, nos arrastra hacia los dorados paraísos del Grupo de Puebla y el Foro de São Paulo; es decir, pretende integrarnos a esa constelación de fracasos que integran Venezuela, Cuba, Nicaragua y apoyan Rusia e Irán. 

En ese sentido van la delegación de facultades legislativas en el Ejecutivo, la liberación de políticos presos y delincuentes peligrosos, la cesión de más poder a las "organizaciones sociales", la colonización de las "cajas" y organismos de control del Estado, la ideológica pelea con todos nuestros vecinos y socios, la quiebra de miles de empresas, y la centralidad del Estado, traducida en los proyectos de modificar la Constitución para instalar un nuevo "pacto social", "reformar" a las fuerzas armadas, confiscar acciones de las empresas que necesitan ayuda, expropiar las distribuidoras de energía, modificar la integración de la Corte y "legitimar" la Justicia, crear nuevos impuestos, castigar a los productores rurales para obligarlos a vender, realizar una reforma agraria, recrear la Junta Nacional de Granos, nacionalizar la banca y el comercio exterior, y todas las otras locuras anunciadas como meros globos de ensayo pero que, en el kirchnerismo, siempre se transforman en prontas realidades. 

Salga pato o gallareta en la extraña negociación de la deuda, la Argentina ya entró en mora y carecerá, en los próximos años, de financiamiento externo para el sector público; como defaulteadores seriales que somos, el mundo no confía más en nosotros y la falta de pago de los bonos entregados por Axel Kiciloff -cuando era Ministro de Economía- al Club de Paris impedirá también que obtengan crédito las empresas y, sobre todo, para las imprescindibles importaciones. 

Contra la opinión de los expertos -obviamente, no lo soy-, creo que Cristina Fernández no vería con malos ojos que cayéramos en mora con toda la deuda soberana; mi impresión es que, alocadamente, sueña con recostarse en China para obtener fondos que le permitirían sobrevivir a la crisis socio-económica que se viene y que, sin ese apoyo, se llevará puesto al Gobierno. Aunque ya es sabido que el gigante asiático no regala nada y que su ayuda siempre se transforma en cesión de soberanía y saqueo de productos primarios, eso no sería impedimento alguno para las intenciones de la Vicepresidente; basta con recordar la base militar china en la Patagonia. 

Es por eso que la sociedad no puede esperar a que la oposición, si pretende seguir siéndolo, se digne salir a ejercer su rol -no olvidemos que la votamos el 41% de los argentinos- y parar firmemente los pies al Gobierno, sin importar cuánto mida éste en las encuestas por la gestión de la pandemia; es imprescindible que las instituciones vuelvan a funcionar y que la Justicia cumpla con sus obligaciones constitucionales. Nuestros representantes deben recordar una frase de Juan Perón que viene hoy muy a cuento: "Con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes". 

Mientras tanto, ¡feliz Día de la Patria!, observe con atención la situación en el Caribe entre Estados Unidos, por una parte, e Irán y Venezuela, por la otra, y no olvide sumarse al cacerolazo del lunes 25, a las 1800, con el cual manifestaremos nuestro enérgico repudio a la impunidad y al "socialismo del siglo XXI".

Enrique Guillermo Avogadro
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Argentina