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jueves, 11 de junio de 2020

GABRIEL BORAGINA, EL "FUNDAMENTO" ECONÓMICO DEL IMPUESTO

El impuesto es siempre una confiscación mal que les pese a los juristas y -en particular- a los tributaristas, porque viola la propiedad privada, pero no sólo esta, sino que -además y por, sobre todo- la libre voluntad del obligado al pago.

No existe tampoco ningún "mandato de la colectividad ejercitado por medio de sus representantes legales y que importa la decisión colectiva de hacer entrega al Estado de la parte alícuota del patrimonio particular" salvo en un sentido romántico e idealista de la democracia. Pero, en su significado realista ese mandato es el de una mayoría sobre una minoría que es, en esencia, lo que constituye la base del sistema democrático (el gobierno de una mayoría sobre una minoría) excepto en el raro caso de un resultado por unanimidad.

Pero aun en caso de unanimidad hay derechos que no son votables. El derecho a la vida no puede ser objeto de votación y nadie -ni en democracia o fuera de ella- puede desconocerlo. Si una unanimidad parlamentaria decidiera que los blancos pueden -de aquí en más- esclavizar a los negros (o viceversa) tal ley seria nula por violar el derecho natural. De la misma manera, ninguna unanimidad democrática puede arrogarse derechos sobre lo que es propiedad de otros. Estas cosas no son fruto de elección colectiva, ni de decisión siquiera. La propiedad privada es un hecho que el derecho simplemente se limita a reconocer protegiéndolo. Si democráticamente se decidiera suprimirlo sería imposible, porque implicaría que lo que es de todos no es de nadie, apareciendo "la tragedia de los comunes" explicada por Garret Hardin. Involucraría volver a "la ley de la selva" del "todos contra todos", disputándose todos, la propiedad exclusiva de las cosas. La civilización es posible gracias al reconocimiento del derecho de propiedad. La barbarie es el resultado de su desconocimiento. Estos derechos -entonces- están mucho más allá de las elecciones y votaciones parlamentarias.

Si el gobierno fuera una necesidad real de la gente no sería necesaria compulsión alguna contra ella para crearlo y sostenerlo económicamente. Lo seria voluntariamente.

"En punto al fundamento económico del impuesto, no existe razón más valedera que la necesidad de mantener al Estado, y la consiguiente exigencia de que todo el mundo brinde su aporte al respecto. De otro modo, probablemente ocurriría el dramático vaticinio de Stuart Mill: "En ausencia de todo gobierno, los fuertes, los ricos, veríanse obligados a protegerse recíprocamente; pero los débiles, los pobres, no podrían escapar a la esclavitud"."[1]

Sucede que el vaticinio de Stuart Mill se cumplió con los gobiernos incluidos, con los cuales todos, ricos y pobres se han visto reducidos a la esclavitud gubernamental. No era algo difícil de vaticinar: ya estaba ocurriendo en su época, y había sucedido antes de la suya. La fortaleza de los ricos pasó a los gobiernos, volviéndose ricos estos y reduciendo a los antes ricos a la debilidad de la pobreza, excepto en aquellos casos en la que los ricos entraron en alianzas espurias con los gobiernos para obtener ventajas de parte de este. Hoy en día, ricos y pobres se encuentran obligados a protegerse del gobierno cuando tendría que ser al revés. La cita anterior no tuvo en cuenta que basta una ley del gobierno que decrete que los ricos deben entregar su fortuna al poder de turno para que su antigua riqueza pase a ser solo un melancólico recuerdo y su despojo una triste realidad presente. La fuerza la tiene el que hace la ley y la ejecuta. Y eso solo lo pueden hacer los gobiernos, no los ricos.

Véase la contradicción del autor analizado cuando cita a Mill (con quien acuerda) comparado con sus primeras reflexiones sobre los gobiernos de la antigüedad (Egipto, Grecia, Roma, etc..) de los que decía que reducían a la miseria a sus pueblos sin distinción de fortunas. Egipcios, griegos, romanos, etc. no eran pueblos sin gobiernos. Lo que dice Mill era lo que ocurría con los gobiernos antiguos y modernos. Los gobiernos no evitan la esclavitud, sino que esclavizan a sus súbditos apenas tienen la oportunidad de hacerlo. La esclavitud no aparece por la ausencia de gobierno sino por su exceso. En realidad, la esclavitud sólo ha aparecido en aquellos lugares donde primero brotaron los gobiernos.

En consecuencia, el "fundamento económico del impuesto" que da el autor no es tal.

"Es verdad que, a través de los tiempos, varió el carácter de la gravitación del impuesto sobre los diversos factores que incluyen a la sociedad: los magnates, los poderosos, los ricos, los pobres, los totalmente desheredados de fortuna. Es obvio que en los casos de pobres y desamparados, no se debían construir doctrinas jurídico-filosóficas para justificar su exoneración de impuestos. Los hechos de su propia impotencia para hacer frente a cualquier carga fiscal, los colocaban al margen. Pero existían modos muy violentos para hacer que tampoco los absolutamente despojados de bienes materiales se excluyeran de la obligación de contribuir al sostén del Estado y entre ellos, el más conocido, fue la reducción a la esclavitud, al trabajo forzoso, para que, de esta manera, solventara sus deberes."[2]

En realidad, raro es encontrar alguna época en el curso de la historia en que los gobiernos de cualquier signo que fueran excluyesen a alguien de la obligación de tributar en función de su escasa o amplia fortuna. Mas allá de las elucubraciones jurídicas que hace la cita, en el mundo real todos los gobernantes sometían a todos sus súbditos a la obligación de tributar. Recordemos que el mismo autor que estamos comentando comenzó su artículo exponiendo varios casos de lo dicho. Es más, los pobres eran el resultado directo del impuesto, que reduce la capitalización y -por lo tanto- la riqueza existente. No eran pobres por algún infortunio natural, sino que la causa de su pobreza era el impuesto, aspecto que los juristas -en general- desconocen por su falta de formación económica, lo que es palmario en el autor que analizamos ahora.

Si bien la pobreza es la condición natural del hombre, la riqueza en el pasado reconoce una historia de desfalcos y apropiaciones, cuyos autores eran los fuertes que eran -coincidentemente- los que ejercían el gobierno. Y es por esto que eran ricos, no porque compitieran en un mercado libre de regulaciones estatales, cosa que en no existió hasta bien entrado el siglo XVIII, y en forma germinal. Los ricos del pasado -como hoy- eran los gobernantes, sólo que actualmente se enriquecen de manera algo más sofisticada y menos brutal.

Gabriel Boragina 
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina  
http://www.accionhumana.com/2020/05/el-fundamento-economico-del-impuesto.html

domingo, 7 de junio de 2020

JURATE ROSALES: DESTRUCCIÓN EN LO HUMANO, ECONÓMICO Y ECOLÓGICO

¿En qué la destrucción de Venezuela supera incluso a las más devastadoras guerras que el ser humano sabe infligir a otros seres humanos? En este momento, temo que Venezuela sobrepasó lo que hasta ahora se consideraba “lo peor”.

El comunismo siempre fue destructor y lo conocí en Europa cuando existía la Unión Soviética. Uno de sus más constantes avatares –además de la destrucción del núcleo familiar disgregado por las presiones políticas y económicas– es la necesidad de escoger entre sumisión y rebelión. Siendo la primera plegarse a las exigencias del sistema, y la segunda enfrentar las consecuencias por haber intentado usar de la libertad individual.

Además, el comunismo siempre actuó acoplado con la destrucción del tejido económico que define la prosperidad de una nación y de eso lo que más tenemos cerca, es que Cuba destruyó sus campos de caña de azúcar y los de tabaco –que eran sus principales fuentes de exportación y de riqueza. Dentro de ese mismo sistema, Venezuela se despojó– como podemos verlo ahora –de su explotación del petróleo. En ambos casos jugó –ni siquiera la voluntad del gobierno– sino el sistema.

Recuerdo que Fidel Castro luchó por salvar los cañaverales cuando se dio cuenta de que perdía una importante fuente de ingresos, e incluso instauró la norma de mandar a las escuelas a trabajar en la zafra como último recurso para evitar la pérdida de lo que era la principal riqueza de la isla. Del mismo modo como ahora Maduro suplica a Irán echarle un cabo para producir gasolina. En ambos casos –ya sabemos– fueron y ahora son patadas de ahogado.

El sistema comunista siempre fue destructor más por su esencia que por voluntad –baste recordar que Ucrania, al principio del siglo pasado, tenía el apodo de “granero de Europa” por su extensa producción de trigo, que Stalin redujo a unas famosas hambrunas por destrucción de cosechas y finalmente acabó transformando en desierto enormes campos de siembra. (¿Les suena a algo parecido a la producción actual de los estados agrícolas venezolanos? Pues sí, es el método, más que la voluntad del hombre).

Insisto y repito: más que la voluntad del hombre e incluso de un gobierno en particular, es el sistema que por su esencia se transforma en destructor. Dejando la agricultura y ganadería que han sido en Venezuela sus principales víctimas, el sistema es destructor en muchos otros ámbitos en los que algunos países comunistas han podido resistir mejor que otros, si bien todos terminaron siendo emporios de pobreza.

Es cuando observo que Venezuela, nación que cerró el pasado siglo siendo ejemplo de creación de cultura y riqueza, es actualmente víctima no en un renglón, no en uno de los ámbitos, pero en todos al mismo tiempo en cuanto a la destrucción. En mi opinión, viendo los hechos, no encuentro ni un sólo ámbito en Venezuela, donde la destrucción –sobre todo de producción de cualquier tipo– no haya sido destruida diríamos que hasta sus cimientos.

Usted me dirá que no, que sobrevivió la fuerza armada, las policías, el gobierno de Maduro moldeado a la imagen de Hugo Chávez y existe un tejido cuidadosamente urdido de alianzas afines, amparadas por una igualmente sofisticada red de organismos internacionales, empezando por muchos albergados en las Naciones Unidas. Efectivamente, estos son los nexos que todavía mantienen vivo el sistema chavista en Venezuela.

Por supuesto que son entelequias, sostenidas por redes interesadas en que no desaparezcan. La pregunta es y ¿cuánto de eso todavía se sostiene en Venezuela? ¿Por cuánto tiempo más? ¿A qué precio humano, económico y ecológico?

Si bien la pandemia del virus chino ha congelado temporalmente el tiempo no sólo en Venezuela, sino en el mundo, con una pérdida de vidas humanas que en Venezuela apenas se empiezan a contabilizar, el porvenir de la nación no puede mantenerse congelado eternamente. Llegará el momento de retomar las actividades y aparecerá que ya no hay nada que activar. Que las refinerías son de Irán, el trigo viene de Rusia, siembra no hay ni tampoco agua corriente, no hay ni gas, ni luz eléctrica y por supuesto nada de transporte. Ya no será posible culpar de esas penurias a la pandemia del virus chino. ¿Y entonces?

Posiblemente habrá un suministro abundante de bozales chinos, que por defectuosos ya los rechazaron en Europa y aquí servirán para aparentar.

¿Es esto lo que les espera a los venezolanos una vez “finita” la pandemia?  Y finalmente una vez más ¿para qué sirve la fuerza armada? ¿Para proteger el país o hacerles carantoñas a chinos, cubanos, rusos y paren de contar? ¿Acaso no tienen bandera que honrar ni país, con su población, que desde hace tiempo debían haber defendido?

Jurate Rosales
www.enpaiszeta.com
@RevistaZeta
@enpaiszeta
Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

lunes, 28 de marzo de 2016

EDUARDO FERNÁNDEZ, LA CRISIS MORAL

En Venezuela estamos atravesando una pentacrisis. Es decir, una crisis que tiene cinco lados. Esos cinco lados son: político, económico, social, cultural y ético

Hoy quiero referirme a la crisis ética que tal vez representa la mayor y más preocupante de las manifestaciones de la crisis.

La crisis ética se pone de manifiesto por la ausencia de valores, de principios, de normas. El más grande y más importante de todos los derechos humanos es el derecho a la vida. En nuestro país, todos los días recibimos el impacto noticioso de cómo ese derecho tan fundamental que es el derecho a la vida es violado y vulnerado.

El acontecimiento más reciente es lo ocurrido en la humilde población de Tumeremo en el estado Bolívar. Una masacre que pone de manifiesto lo peor de la condición humana. El desprecio a la vida envuelve también un desprecio absoluto a la dignidad de la persona.

En la cultura cristiana creemos que cada persona, por humilde que sea su condición social, tiene una inmensa dignidad. Cada ser humano es hecho a imagen y semejanza de Dios. Es creatura de Dios. Es hijo de Dios. Todos somos hermanos porque compartimos el mismo padre. De allí surge el sentimiento de igualdad y de fraternidad universales, mucho antes de que en 1789 fueran proclamados los derechos del hombre y del ciudadano por la Revolución Francesa con su consigna de libertad, igualdad y fraternidad. Y mucho antes de la declaración universal de los derechos humanos que acompaño al nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas en San Francisco, California, en 1948.

Tampoco se respeta el derecho a la propiedad. En una sociedad moderna, organizada y civilizada, es indispensable que se respete la vida y se respete la propiedad.

En la Venezuela contemporánea existe un irrespeto total por el derecho a la propiedad. Prevalece el robo en todas sus manifestaciones, desde el robo que se perpetra desde las alturas del poder hasta los robos y atracos que afectan a toda la población, cualquiera que sea su nivel social o su condición económica.

Lo que debería ser un país de vida, de progreso, de respeto a los derechos humanos y a la propiedad, se ha convertido en el imperio de la muerte, del atraco, de la mentira y del desconocimiento de los derechos fundamentales de la persona.

El país necesita un rearme moral. Que prevalezca la honestidad, la verdad, la sinceridad, el respeto al derecho ajeno, la defensa del estado de derecho y la vigencia de las normas de una convivencia civilizada.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernandez
efernandez@ifedec.com
@EFernandezVE
Miranda - Venezuela

martes, 3 de noviembre de 2015

PEDRO SEGUNDO BLANCO, OPERACIÓN AGARRE

Tal como lo hemos dicho en anteriores oportunidades, en Venezuela está en marcha un MEGADAKASO político, económico, social y electorero, con miras a tratar de revertir el irrevertible y generalizado rechazo, del que es acreedor el Gobierno de Nicolás Maduro y la clase política que ejerce el poder en nuestro País desde hace casi 17 años.

Frente a este nuevo ardid oficialista, que recordamos se hizo por primera vez con la creación de varias "misiones sociales" entre 2003 y 2004 a propósito del referéndum revocatorio contra el fallecido presidente Chávez y que se ha repetido cada vez que hay elecciones, sean estas nacionales o regionales, los venezolanos y las venezolanas, tenemos que estar claros, en primer lugar que todo lo que se va a distribuir nacionalmente, adquiridos por el estado a precios de Dolar 6.30, sean electrodomésticos, alimentos, vehículos, canaimitas, repuestos, cauchos o cualquier tipo de productos, provienen de la RENTA PETROLERA que es propiedad de todos los venezolanos, lo que significa que nada de eso es un favor o una dádiva de la clase gobernante, porque ese dinero no es propiedad de ellos y porque es un derecho que tenemos todos, de tener acceso a los bienes y servicios, conforme a la Constitución Nacional que rige desde el 15 de diciembre de 1999, y en segundo lugar, porque es función y responsabilidad de quienes gobiernan, atender con eficacia los reclamos y las necesidades de todos los integrantes de la sociedad, sin distingo de raza, religión, clase social o afiliación político partidista.
En ese sentido quiero dejar claro esta situación,  para decirle a todos nuestros compatriotas, que en respuesta a esta misión de emergencia que está instrumentando Maduro y su combo, para tratar de hacerse de los votos necesarios para mantener una mayoría en la nueva Asamblea Nacional y seguir destruyendo la nación,  la respuesta generalizada de la población es, la OPERACIÓN AGARRE, que no es otra cosa que accesar y adquirir todos esos bienes y productos y en lo sucesivo salir a votar masivamente y en avalancha el 6 de diciembre, para producir el cambio político que requiere con urgencia la Nación, porque actuando de esa manera y alcanzando una mayoría democrática en el Parlamento,  podremos desde el 5 de enero del 2016, iniciar el proceso de reconstrucción institucional, política y moral de un País, que avanza hacia su definitiva destrucción, gracias a la ineptitud de los gobernantes y a un modelo económico impuesto,  que ha sido desastrozo en Venezuela y en todos los países donde se ha instaurado.
"Quienes defienden el derecho a la vida de asesinos, avalan la pena de muerte de ciudadanos inocentes" PSB
Pedro Segundo Blanco
petersecond1@hotmail.com
@pedrosegundoABP

Sucre - Venezuela