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jueves, 23 de julio de 2020

CARLOS BLANCO, VENEZUELA, ESCENARIO DE UNA GUERRA INTERNACIONAL

1.- Somos un país tomado por fuerzas extranjeras a las cuales se les ha hecho entrega de lo que un ejército de ocupación ansía más: territorio seguro. Incluso, la nacionalidad venezolana formal de muchos de los integrantes del régimen no oculta su función como agentes de la ocupación foránea.

2.- Los que sojuzgan el país son los miembros de diversos estamentos del régimen cubano, los militantes de la disidencia de las FARC, los cófrades del ELN, los piadosos de Hezbolá, la caravana de angelitos del narcotráfico, las depredadores del Arco Minero, los caritativos iraníes, los cleptómanos asociados a Daniel Ortega y Evo Morales, los devotos de Podemos, los carteles de militares en sus negocios multinacionales de drogas, armas, lavado de dinero y crimen, así como las bandas criminales que controlan espacios, cárceles, sectores, con mayor poder de fuego que las policías, varias de las cuales son policías de 8:00 am a 12:00 m y bandidos a tiempo completo. Por si fuera poco, Venezuela es hoy una de las más gigantescas lavanderías de dinero ilegal del planeta. La ayuda de Rusia y China no les sobra.

3.- La ocupación de Venezuela por fuerzas internacionales es un hecho que ha creado una nueva situación en la región. Los ocupantes no son visitantes sino codueños de una nación deshilachada: son accionistas de la corporación criminal que tiene el poder; se puede discutir sobre el porcentaje accionario pero no sobre la realidad de su posesión. Esta corporación internacional ha tomado posesión de un territorio que es algo que toda empresa delictiva necesita y que no va a soltar si no se le fuerza.

4.- Lo anterior indica que ya Venezuela es el escenario de un enfrentamiento con actores internacionales. El problema real es que los venezolanos han combatido muy solitarios a ese poder en términos de fuerza real. Es cierto que hay una gran solidaridad del mundo con los que luchan por la libertad dentro del país; hay manifestaciones políticas importantísimas; pero, en términos de fuerza, no hay acompañamiento doméstico.

5.- Es verdad que las sanciones a los personeros del régimen los cercan; es verdad que las operaciones militares en el Caribe los intimidan; sin embargo, esta política de cerco y asfixia opera a un plazo mayor que la descomposición interna, que la desolación de los ciudadanos, el desastre de los servicios y, ahora, los efectos de la pandemia.

6.- Si hay conciencia de que se desarrolla una ocupación del país por parte de fuerzas extranjeras criminales y si en su territorio se libra una guerra de cuarta y quinta generación simultáneas, donde hay fuerzas invasoras, no hay forma de recuperar la libertad que no sea con el apoyo de fuerzas extranjeras.

7.- La idea de que los venezolanos demócratas, con su decisión y arrojo, pueden derrotar a Maduro y su Alto Mando, a los cubanos, iraníes, narcotraficantes, ELN y FARC, colectivos, y a cuanto cófrade de mochila y fusil corretee por allí, es equivocada y lleva a consumir más vidas de ciudadanos valientes y generosos.

8.- Estas razones son las que abonan para que, al amparo del TIAR y de la OEA, se invoque el apoyo de una operación cuya finalidad sea rescatar el territorio, estabilizar la situación doméstica y comenzar la reconstrucción del país, bajo la inequívoca dirección de las fuerzas que dentro de Venezuela han de liderar el proceso pero que no cuentan con la fuerza suficiente para lograr los objetivos.

9.- Recordemos las legiones, británicas e irlandesa, al mando de Bolívar en Boyacá y Carabobo… digo, solo como referencia histórica.

Carlos Blanco
carlos.blanco@comcast.net
@carlosblancog

domingo, 24 de marzo de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO, EL ESCENARIO MÁS DESEABLE


Hemos venido analizando y debatiendo sobre las salidas políticas posibles, probables y deseables, a la crisis actual del país, sumido en un lamentable caos de todo tipo y que amenaza con profundizarse en forma mucho más trágica para la población venezolana, con excepción de la capa dirigente, la élite opositora y quienes con ellos mantienen negocios lícitos o ilícitos. Hemos colocado en estos análisis, como motivación por encima de cualquier otro elemento, el interés nacional. Es decir, nos mueve encontrar la mejor solución en este sentido. Esto, sin embargo, no significa que hayamos perdido objetividad en la observación y examen de la situación, pues los hechos sociales y políticos tienen su propia dinámica y su propia resolución, obedeciendo a las fuerzas de los distintos sectores enfrentados y participantes en las luchas.

Exponemos nuestras ideas de la manera más sincera y clara posible, enfrentando incluso las matrices de opinión existentes, yendo muchas veces contra la corriente, atendiendo sólo a los argumentos y hechos concretos que nos reafirmen o contradigan y resistiendo en forma vehemente las groserías, ofensas y descalificaciones, de quienes están tan visceralmente involucrados que perdieron toda forma de pensamiento racional y coherente. Y cuando me refiero a ellos, hablo de personas ubicadas en todos los niveles económicos, culturales, ideológicos e intelectuales, tanto de los partidarios del régimen de Maduro como de los seguidores de la oposición que dirige la Asamblea Nacional (AN). La tragedia que nos embarga es de tal nivel que la rabia, el odio, la desesperanza y la locura han invadido a una parte importante de la gente, afortunadamente sin llegar aún a ser mayoritaria.

Lo más deseable, y en eso está de acuerdo según las encuestas la mayor  proporción del país, es una salida política pacífica, democrática y nacional. Sería, sin lugar a dudas, la menos trágica para la nación y sus integrantes. Sin embargo, los extremistas presos de las pasiones más primitivas son incapaces de comprender esta verdad tan simple y, si llegaran a comprenderla, la rechazarían, pues están en el fondo empeñados en la erradicación total del adversario. Unos se imaginan una sociedad sin los chavecos, sin “tierrúos”, refinada, de “buenas costumbres” y buenos modales, “reino de la armonía”. Otros, una sociedad sin opositores, totalmente controlada, sin “encopetados” ni lo que ellos llaman burgueses. Ninguno cree en una sociedad plural o adaptan el término a sus propias conveniencias, en las que no caben los otros.

El mejor escenario, que no significa el más probable ni mucho menos, se produciría si la política de extremista de Guaidó pierde fuerza, al no poder presentar, en el corto plazo que muchos esperan, realizaciones concretas en el sentido de la salida de Maduro ya. Política que no es sino una variante actual de la que ha estado presente desde 2002, cuando se da un golpe de Estado contra un Chávez, que apenas llevaba tres años en el poder. Mayor desesperación e inmediatismo imposible. Política que continuó con el sabotaje petrolero, la huelga general, el referendo revocatorio de 2004, la abstención electoral en 2005, los distintos desconocimientos electorales, la sustitución de las movilizaciones multitudinarias de calle por acciones violentas aisladas de baja intensidad (guarimbas) y las decisiones políticas suicidas de la AN a partir de 2016.

Si las movilizaciones de calle se reducen en su número y en la cantidad de asistentes; si la presión internacional no va en lo inmediato más allá de las sanciones económicas y si se agudizan las contradicciones y enfrentamientos dentro de la dirección política de la AN, hasta ahora opacados por los éxitos internacionales obtenidos, podría aparecer un escenario donde el diálogo y la negociación tuvieran cabida. Una vez aislados los grupos extremistas en ambos bandos, y ante la existencia de las sanciones internacionales, la opción de una salida electoral a mediano plazo podría ganar el espacio que hoy aún no tiene. Una de las posibilidades sería la del referendo consultivo, muy fácil de organizar y que sería supervisado por la ONU, para que el pueblo, el soberano, decida sobre la necesidad de relegitimar los poderes públicos nacionales: presidencial y legislativo.

Esto sólo podría ser posible por una negociación entre el gobierno y la AN, que culmine con la designación constitucional de un nuevo CNE equitativo y que pueda actuar como poder soberano independiente. Esta proposición acabaría con la traba que significa pedir de primero la salida de Maduro, como está contemplado en el punto 1 de la propuesta de Guaidó, que es precisamente el punto que le da su carácter claramente inmediatista, con el cual se seduce a los oídos de buena parte de la población, pero que como en toda seducción termina controlando la voluntad del seducido.  

Luis Fuenmayor Toro
@LFuenmayorToro