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sábado, 25 de julio de 2020

JUAN GUERRERO, EL FRACASO HISTÓRICO DE LA IZQUIERDA, LECTURAS DE PAPEL

En escritos anteriores hemos afirmado que el comunismo/socialismo/progresismo es la ideología de la marginalidad. Esto resulta así, al menos en Latinoamérica y el Caribe, por varias razones que de manera sucinta expondremos. 

  Presentada a través de estos dos últimos siglos, los movimientos de la izquierda resultan todos consecuencia de ciertas reivindicaciones sociales. Estos reclamos de algunos sectores sociales, si bien son válidos y justos, al ser asumidos por los liderazgos de izquierda, formados como grupos de reclamos, en la práctica, afirman una de las características más oscuras de la mente humana: el resentimiento social.

  Por ello, la gran mayoría del liderazgo izquierdista latinoamericano es esencialmente resentido, por lo tanto, vengativo y para ello, resalta siempre en su hacer la búsqueda de la justicia social por la vía violenta. Para ello, utiliza la simbología de una historia, que, sólo ellos la poseen, de la victimización, el martirio y en consecuencia la construcción de una heroicidad que, manejada siempre por vía de la emocionalidad, lleva a la paranoia sobre la cual siempre surge el líder eternizado como un evangelizador, un tótem que formará una falsa sociedad igualitaria. 

  Ese es el sueño sobre el cual la humanidad ha visto desfilar maltratadores de oficio que han condenado a millones de seres humanos en nombre de una sociedad que sólo ha existido en la mente de unos izquierdistas que construyeron una doctrina en las mesas de recintos intelectuales, bares y cafés, en el siglo XIX. 

 El socialismo y sus varias nomenclaturas, sobre todo aliado al populismo, destruye todo principio y valor humano. Corrompe en nombre de una justicia que es venganza barbárica. La corriente izquierdista en América Latina y el Caribe ha ganado terreno porque encuentra en un alto porcentaje de la población, el caldo de cultivo para inocular el germen del resentimiento social. Insistir una y otra vez, sobre el trillado tema de crear la imagen del malo, quien te ha robado y marginado, en quien ha progresado, se ha educado y es un ser exitoso. Quien resulta ser un individuo que se ha esforzado en ser alguien en la vida, es visto como enemigo por un falso grupo de seres, que se juntan para sobrevivir en la miseria de sus frustraciones.  

  Por eso el socialismo/comunismo/progresismo rechaza la idea de lo individual (no individualismo), de quien afirma su identidad con rostro propio y se independiza y alcanza el ideal de ser ciudadano y abandona el espacio del mero ser habitante del “rancho mental” donde se iguala con sus pares marginales. 

  Porque la marginalidad es, fundamentalmente, un estado mental, una anomalía espiritual que debe ser superada. Ningún dios sobre la tierra, ningún maestro espiritual, ningún santo ni monje, han sido seres pobres ni mucho menos marginales. En todos ellos lo que sobresale son rasgos de riqueza: por formación, por gracia de alguna divinidad, por reconocimiento, por espiritualidad y pedagogía, y en menor grado, por acumulación de bienes materiales. 

  El socialismo, como pensamiento marginal, encuentra en el populismo la estrategia exacta para desatar la deshonestidad en la población latinoamericana y caribeña. El social populismo es un mal hábito, una mala actitud. Niega el esfuerzo individual y colectivo. Estigmatiza y condena el éxito individual. 

  Todo socialista-populista, en función de su promoción, busca disfrazarse de pueblo, asume conductas impropias de la tradición cultural y busca juzgarlas, en nombre de la justicia social. Vemos ahora como han surgido estos neo grupos que se dicen antirracistas, pro derechos de las minorías sexuales o de la mujer. En todos ellos, el sentido de la venganza es evidente. Se menosprecia y en el fondo, se envidia el logro del Otro-diferente. 

  El social-populismo crea estigmas sociales, rechaza las virtudes ciudadanas porque su interés es perpetuar su control sobre la población inculta e ignorante. El social-populista envidia la riqueza material y menosprecia la riqueza intelectual y académica. El ejemplo más ilustrativo de ello ha sido el despido, con pito en mano y por televisión, que en su momento ejecutó en militar, Hugo Chávez, siendo presidente de Venezuela, cuando dio la orden de despedir a poco más de 20 mil profesionales petroleros. Con un promedio de 10 años de experiencia, se barrió el cerebro de la industria petrolera venezolana. A la fecha, una de las primeras cinco industrias petroleras del mundo, se encuentra técnicamente paralizada. 

   Así funciona, en líneas generales, el llamado socialismo/comunismo/progresismo con el impulso populista. Esta pseudo ideología, creada por intelectuales/académicos, y sin piso social verdadero, es, realmente, el recinto de la mentalidad marginal y de marginales, quienes, como modernos bárbaros, andan por el mundo destrozando el esfuerzo individual y colectivo del progreso humano.

Juan Guerrero
camilodeasis@hotmail.com 
@camilodeasis    

sábado, 4 de julio de 2020

ARIEL PEÑA, EL TAN CACAREADO “CAMBIO” DE LA LLAMADA IZQUIERDA

Hasta ahora en la tierra no se conocen, sino dos sistemas políticos, que son la Democracia Liberal y el totalitarismo con sus diferentes dictaduras, en especial las comunistas; lo demás son acomodamientos, en donde se habla de una tercera vía que perfectamente se puede ubicar también en la Democracia Liberal; así que la mamerteria que vive proclamando el tan cacareado “cambio” en Colombia, debe de dejar de engañar a los incautos y como dicen en algunas regiones del país, ya es el momento para que “saquen la culebra”; porque no pueden seguir mintiendo eternamente sobre sus reales intenciones.

Es un contrasentido que sectores de la denominada izquierda, que abrazan al engendro marxista, se pronuncien a favor de la Social Democracia o admiren el sistema democrático de los países escandinavos en Europa, por los avances económicos y sociales de la población, porque tanto la Social Democracia como los gobiernos de los países mencionados, hacen parte de la Democracia liberal, quiérase o no, y esa admiración sospechosa de algunos grupos comunistas que se mimetizan con diferentes disfraces, es otra manera de timar al pueblo colombiano.

El comunismo totalitario o marxismo, históricamente ha perseguido a la Social Democracia, que hace parte de la Democracia Liberal; ya que el sátrapa ruso de Lenin fue despectivo con la Segunda Internacional de los trabajadores, dado que los sofismas de Karl Marx fueron cuestionados en esa organización, por eso el genocida ruso organizó su propia internacional de bolsillo en 1918.

Pero la persecución marxista a la Social Democracia, ha tenido otros acontecimientos, como la expulsión que hizo el partido socialista italiano a los socialdemócratas a principios del siglo XX, impulsada ni más ni menos que por Benito Mussolini, que era un marxista recalcitrante y quien más tarde para mostrarse como un “autentico revolucionario”, fundó el fascismo (de ahí que el fascismo es hijo del marxismo).

Para continuar con el acoso histórico del marxismo en contra de la Social Democracia, no se puede olvidar el vergonzoso papel que jugó el partido comunista alemán(KPD) a principio de los años treinta del siglo pasado, cuando apoyó a Hitler en contra de las aspiraciones de los socialdemócratas, contando con los aplausos y el respaldo irrestricto de lósif Stalin.

Y en Latinoamérica el comunismo ha sido verdugo de gobiernos socialdemócratas, siendo el caso más emblemático el de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, cuyo partido Acción Democrática, hacia parte de la Internacional Socialista y por supuesto que tenía un ideario Social Demócrata, pero las fuerzas totalitarias del comunismo encabezadas por Hugo Chávez y azuzadas por el tirano de Fidel Castro desde Cuba, comenzaron a empedrar el camino al infierno para el país vecino, desde el 4 de febrero de 1992, con un intentona golpista encabezada por orate de Chávez que en ese tiempo era Teniente Coronel.

La primera etapa de esa empresa criminal culminó en diciembre de 1998, cuando fue elegido presidente Hugo Chávez, continuado el calvario para el pueblo venezolano hasta nuestros días, espoleado por la banda narcoterrorista de Nicolás Maduro, quien convirtió a Venezuela en un país de pordioseros.

El comunismo además ha sido verdugo del pensamiento libre en donde se encuentra los libertarios, teniendo el ejemplo más patético el genocidio que cometieron los Bolcheviques en contra del pueblo ucraniano(1918-1921) defendido por el Ejército Negro, que dirigía Néstor Majnó; pero eso será tema de otra columna.

Entonces de acuerdo a lo expresado anteriormente, hay que preguntar, ¿cuál es el “cambio” que plantean los mamertos abiertos y ocultos en Colombia, si no han renegado del marxismo? Ninguno, porque siguen con los mismos dogmas para llevar al país a una esclavitud política similar a Cuba, Norcorea, Nicaragua o Venezuela, y por el hecho de que utilicen a veces discursos edulcorados, sus intenciones siguen siendo perversas, pues como dice el refrán oriental : “tienen miel en la boca, pero ponzoña en el corazón”.

Hemos escuchado lo que dicen sobre el país y los diferentes gobiernos que han habido en la historia republicana, tanto al senador Gustavo Bolívar como al profesor de la Universidad Nacional Fabián Sanabria, cuyas palabras están llenas de epítetos en contra de la nación a la que no bajan de patria boba, bruta,

estúpida, podrida, narcodemocracia y otros calificativos, muchas veces vulgares, especialmente en contra de los que han dirigido el Estado; en cuanto al señor Bolívar no habría mucho que decir, dado que es bastante elemental intelectualmente; pero del doctor Sanabria que está lleno de pergaminos y al cuál le hacen muchas venias y loas, si sería bueno conocer, cuando habla de defenestrar a una “ oligarquía” que lleva 200 años en el poder, ¿Cuál es el sistema político que quiere para Colombia?.

Es claro que solo tenemos la Democracia Liberal y el totalitarismo representado por dictaduras en donde están desde luego las comunistas; pero si el profesor Sanabria como tratadista, teóricamente creó un nuevo sistema político, es bueno que el país lo conozca, en razón a que esas tesis si de pronto existe, serian de suma importancia difundirlas, a consecuencia de que las agresiones verbales, no sirven para nada, ante los apremios que tiene el país.

Así que cuando nos hablan de “cambio”, hay que saber para dónde van los que lo plantean, porque no se puede pasar por alto, que Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, Fidel Castro en Cuba y Chávez en Venezuela, para no mencionar más, plantearon el “cambio” y claro que hubo alteraciones en esos países, pero para desgracia de los pueblos; en consecuencia la ciudadanía colombiana debe de poseer la suficiente capacidad de discernimiento para no dejarse llevar por los cantos de sirena de quienes maliciosamente buscan erradicar la “oligarquía”, mediante un “cambio”.

Ya que en varias oportunidades el remedio resulta peor que la enfermedad; porque quiérase no, Colombia en medio de todas sus vicisitudes y con múltiples problemas, tiene un sistema de gobierno que se encuentra dentro de la Democracia Liberal, así no sea óptimo, como el de otros países, en donde la cultura política es bastante avanzada.

Hace algún tiempo, el Señor Pablo Iglesias, Secretario General del partido Podemos (marxista) y segundo vicepresidente español, afirmó, algo que llama poderosamente la atención, en vista de que dijo: “No nos juzgan por lo que hacemos, sino por lo que somos”, y claro que eso debe de ser así, pues como lo planteó el apóstol San Pablo, en la Segunda Epístola de Corintios: “el mismo Satanás se disfraza como ángel de de Luz”.

En atención a lo cual, el tan cacareado “cambio” que proclama la denominada izquierda, es un embeleco, dado que los autenticas cambios se deben de dar dentro de la Democracia Liberal, que es la única alternativa real y factible, para enfrentar al totalitarismo en todas sus expresiones tóxicas, que en Colombia se manifiesta en la trampa comunista del marxismo leninismo con varios partidos políticos.

Ariel Peña
arielpena49@yahoo.com
@arielpenaG

jueves, 17 de octubre de 2019

ALFREDO M. CEPERO: LA IZQUIERDA SE QUITÓ LA CARETA. CASO CHINA

Estos señores sobre pagados sólo se atreven a actuar con valentía donde sus bolsillos no sufren consecuencias adversas.

A principios de este mes, el Gerente General de los Houston Rockets, Daryl Morey, cometió el error imperdonable de defender la libertad y condenar la violación de los derechos humanos como miembro de un medio deportivo plagado de hipocresía y gobernado por la avaricia. Morey publicó una imagen en Twitter que incluía un lema cantado con frecuencia en las protestas hongkonesas contra la dictadura de China Comunista. El lema en cuestión decía: "Lucha por la libertad apoyando a Hong Kong".

La respuesta del gobierno chino fue inmediata y categórica. Amenazó a la Asociación Nacional de Basketball con cerrarles el acceso a un lucrativo mercado chino que asciende a 4,000 millones de dólares al año. Con esta amenaza, Xi Jinping demostró que, a la hora de la libre expresión, China Comunista no son los Estados Unidos y que con él no pueden tomarse las libertades que se toma la NBA con Donald Trump.

En este caso, Daryl Morey se equivocó por partida doble, subestimó la naturaleza represiva de la dictadura china e ignoró la avaricia galáctica de la Asociación Nacional de Basketball. No se dio cuenta de que cuando denunció las acciones represivas de un régimen liderado por un dictador vitalicio como Xi Jinping habría de sufrir las consecuencias de su osadía. Olvidó el refrán de "poderoso caballero es don dinero". Y pensó que podría actuar en China Comunista con la  misma impunidad con que gerentes y jugadores de la NBA actúan en los Estados Unidos.

Porque, en este país, la NBA es considerada como la organización deportiva que concede mayor libertad a sus miembros para pronunciarse en cuestiones políticas sin temor a sufrir consecuencias. LeBron James ha atacado al Presidente Trump utilizando los adjetivos más insultantes. Le ha dicho a sus fanáticos: "Desde mi plataforma utilizaré mi voz, mi pasión y mi dinero para decirle a los jóvenes que hay esperanzas de una vida mejor. Que ningún individuo puede impedir que nuestros sueños se conviertan en realidad."

Pero LeBron James no está solo. Hay otros como Doc Rivers, Gregg Popovich, y Russell Westbrook que se han pronunciado en forma similar. Hasta el equipo campeón de los Golden State Warriors llegó al extremo de rechazar una invitación de Trump a la Casa Blanca y, en cambio, reunirse con el ex presidente Barack Obama. La prensa comprometida con la izquierda habría puesto el grito en el infierno si Donald Trump hubiera sido un presidente negro.

Volviendo al tema central de este trabajo, la NBA puso en marcha un plan acelerado para enmendar este error de 4,000 millones de dólares. Empezó por instruir a Daryl Morey que borrara su tweets de las redes sociales y ordenó a sus atletas más connotados que profirieran un "mea culpa" que aplacara la ira de Xi Jinping. James Harden, un jugador de los Rockets  y una de las estrellas más grandes del deporte del basketball hizo un acto de contrición desde un hotel de Tokio diciendo: "Pido perdón, amo a China y me encanta jugar allí."

Veamos, Harden y los magnates de la NBA piden perdón por defender la libertad y los derechos humanos de los habitantes de Hong Kong. Un total predominio de la avaricia sobre los principios. El destape absoluto de una banda de hipócritas, de cínicos y de cobardes que critican al gobierno de su país y se arrodillan ante un dictador que encarcela a millones de musulmanes en campos de concentración y vende en el mercado internacional los órganos de los reos que condena a muerte. Estos señores sobre pagados sólo se atreven a actuar con valentía donde sus bolsillos no sufren consecuencias adversas.

Al mismo tiempo, padecen de una total ignorancia en lo relativo a la relación del poderío entre las naciones y de su impacto sobre los acontecimientos mundiales. Después de todo, reciben compensaciones millonarias por el simple talento de pasar una pelota de cuero por el centro de un aro metálico. Quizás sería pedirles demasiado que estuvieran conscientes de las aspiraciones imperiales de China Comunista y de su plan para sustituir a los Estados Unidos como primera potencia del mundo.

En este sentido, Xi Jinping ha puesto en marcha un plan llamado "Un cinturón, un camino" a través del cual China Comunista invierte en proyectos de infraestructura en países de Europa y de Asia Central. El objetivo es crear una zona de influencia donde China Comunista sea el poder central. Según algunos expertos, en términos de escala y de alcance, este plan es doce veces mayor que el Plan Marshall, la iniciativa de los Estados Unidos para la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Con una economía cuatro veces la de Rusia, Xi Jinping es un adversario más formidable y peligroso que Vladimir Putin.

Por eso es importante tener presente que China Comunista ya no se conforma con superar a los Estados Unidos como potencia económica sino que se propone superarlos como potencia militar. Con un ejército superior a los 2 millones de soldados y 500 mil reservistas, China Comunista tiene hoy el tercer ejército del mundo, superados únicamente por los Estados Unidos y por la India. Al mismo tiempo, ha reafirmado sus aspiraciones territoriales en el Mar del Sur de la China con la construcción de 250 islas, atolones y cayos en una zona donde no existe población alguna. Los jerarcas chinos parecen estar decididos a demostrar el viejo adagio de que "la posesión es el 90 por ciento de la ley". Y hasta el momento, el mundo los ha dejado salirse con la suya.

Por otra parte, las potencias occidentales, comenzando por los Estados Unidos, cometieron el grave error de pensar que si aceptaban a China Comunista como socio igualitario en la Organización Mundial de Comercio, Pekín respetaría las normas comerciales y adoptaría la cultura de Occidente. Lo que ha ocurrido es totalmente lo contrario. Pekín no solo se niega a adoptar las normas comerciales occidentales sino insiste en un proteccionismo que está haciendo daño a las economías de países desarrollados.

Y más preocupante todavía, es el hecho de que los chinos están demostrando que no solo aspiran a dominar a Occidente en lo económico y superarlo en lo militar sino a imponer su cultura ancestral y milenaria sobre el resto del mundo. Cuando los indios americanos vestían con taparrabos y los guerreros europeos luchaban con ballestas ya los chinos habían descubierto la pólvora . Los chinos utilizaron la pólvora con fines militares a principios del Siglo X, trescientos años antes de que fuera utilizada en Europa en el  Siglo XIII.

Por lo tanto, los chinos no quieren parecerse a nosotros sino que nosotros nos parezcamos a ellos. Eso sería desastroso para estos izquierdistas que se han quitado la careta y puesto la avaricia por encima de la libertad. Se les acabarían los lujos y serian reducido a la condición de esclavos mal pagados de un estado insaciable, despiadado y todopoderoso.

Alfredo Cepero
Director de www.lanuevanacion.com
@AlfredoCepero

domingo, 17 de febrero de 2019

FERNANDO MIRES, LOS "PROGRES" Y "FACHOS" DEL MUNDO


La lucha por la democracia está plagada de peligros y hay veces -pienso inevitablemente en la Venezuela de Maduro- en las que los demócratas deben combatir contra dos frentes a la vez: los progres que ven en el dictador y su camarilla un baluarte en contra del imperialismo y los fachos que buscan cualquiera salida bajo la condición de que no sea política.

Progres y fachos, fachos y progres. No son por cierto categorías de tipo weberiano, provienen más bien del habla pública, de hilos comunicativos formados bajo el calor de la pasión política, allí donde la gente se nosotriza en contra de otros que los cuestionan en sus ideologías, en sus creencias, en sus modos de ser, en sus culturas, en sus identidades. Son palabras destinadas a estigmatizar al otro, a marcar diferencias, a constituir bajo la forma de un simple mote a un enemigo más imaginario que real. Se trata en fin de una relación de negatividad, destinada, como toda negatividad, a construir una afirmación de “un sí mismo”.

Denominaciones radicalmente excluyentes, sin duda. Pues para un facho un progre es todo quien no es facho y para un progre, facho todo quien no es progre. Pero a la vez -paradoja- ni progres ni fachos se consideran a sí mismos como progres o fachos. Nadie dice yo soy progre o yo soy facho con el orgullo con que en el pasado derechistas e izquierdistas proclamaban a los cuatro vientos sus identidades políticas. La razón parece ser la siguiente: progres y fachos son categorías destinadas a ridiculizar al depositario del deseo de agresión gramatical que habita en cada una de nuestras bocas. Fachos y progres son una creación negativa del otro por el otro.

Las palabras progres y fachos tienen, como casi todas las palabras, dos orígenes. Uno etimológico que es el que menos importa y otro histórico, que sí importa demasiado.
De acuerdo a sus orígenes etimológicos, las palabras progres y fachos son derivados de las palabras progresistas y fascistas. Sin embargo, no todos los llamados progres son progresistas ni todos los llamados fachos, fascistas. Muchos progres adhieren a ideologías del pasado, propias a la era del capitalismo industrial –el marxismo- leninismo, por ejemplo - y en ese sentido no solo no son progresistas sino reaccionarios. A la inversa, muchos fachos no son reaccionarios sino progresistas. La mayoría de ellos se declaran amantes del progreso tecnológico y económico y para ello están dispuestos a sacrificar al medio ambiente (Trump) e incluso a comunidades indígenas (Bolsonaro).

Ahora, desde el punto de vista histórico, las denominaciones progres y fachos pueden ser consideradas sucedáneas de las de izquierda y derecha. Y aquí salta la pregunta: ¿por qué el habla popular se ha visto en la necesidad de inventar significantes alternativos a los de izquierda y derecha? La respuesta es obvia: solo se usan nuevos significantes cuando los vigentes ya no están en condiciones de cubrir el significado de lo que intentamos significar.

Prueba semiótica de que los términos izquierda y derecha han ido perdiendo su transparencia. Sobre las razones de esa pérdida hay muchos escritos y no insistiremos aquí sobre el tema. Lo importante es que las palabras progre y facho no designan solamente a objetos políticos sino, además, culturales. No a enemigos de clase o a ideologías contrarias, sino a dos modos de concebir y vivir el mundo. De ahí que ambos términos no pueden ser definidos de un modo objetivo sino a partir del mundo subjetivo de los progres y de los fachos. ¿Qué es un progre para un facho y que es un facho para un progre? Esa es la pregunta.

Progre para un facho tiene un significado polisémico. En su sentido originario sirvió para calificar a los que mantienen posiciones de la antigua izquierda y por lo mismo están dispuestos a rendir pleitesía a dictaduras militares como la cubana, la nicaragüense y la venezolana. Pero después el término ha sido extendido hasta llegar a designar a quienes forman parte o simpatizan con movimientos sociales como los feministas, los ambientalistas y los pacifistas. Para los fachos de hoy los progres forman un arco que va desde Kim Jong Un, pasando por Maduro, hasta llegar nada menos que a Merkel, Macron u Obama, estos últimos, representantes del “pensamiento correcto” (así lo llaman progres y fachos). Un facho, en consecuencia, puede ser perfectamente reconocible por la mega-dimensión e indiferenciación de sus antagonismos.

Lo mismo sucede con los progres. En un comienzo el término facho fue usado por ellos solo para calificar a personas que rinden culto a siniestras dictaduras militares a la Pinochet o a la Videla o a aquellos que ven en cada reforma social una amenaza comunista. El término ha cobrado vigencia después del aparecimiento de los macro y micro nacionalismos europeos en los cuales conviven fachos con fascistas de tomo y lomo. No obstante, el término ha sido extendido aún más por los progres y hoy les sirve para calificar a todo aquel que no vea en los EE UU un imperio asesino, a todos quienes no estamos de acuerdo con los excesos del me too, o a todos quienes nos oponemos a cualquier fundamentalismo ideológico o religioso.

Puede pensarse entonces que los progres y los fachos son los dos extremos de la política. Geométricamente podría ser cierto. Sin embargo, al ser designados el uno por el otro y el otro por el uno, es inevitable que entre ambos tengan lugar entrecruces identitarios hasta el punto de que pueden llegar a confundirse en una simbiosis. ¿Qué es un progre sin un facho o un facho sin un progre? La respuesta ha sido dada por los propios progres y fachos. La encontramos en Europa, en la indisoluble alianza contraída por ambos alrededor de la figura del autócrata Putin: el padre de todas las dictaduras del mundo. Pues para nadie es un misterio que Le Pen del FN, Gauland de AfD, Salvini de LN y Orban de FIDESZ, son aliados de Putin. Pero no menos aliados de Putin son Pablo Iglesias de Podemos, Mélenchon de Francia Insumisa y Tsipras de Syriza.

¿Qué ven los fachos en Putin? Sin lugar a dudas, el hombre fuerte y autoritario, el restaurador de costumbres patrióticas y viriles, el defensor de la familia, de la religión y el garante en contra de la odiada UE. ¿Y qué ven a su vez los progres en Putin? El anti-imperio, el hombre que se las planta a EEUU, el restaurador geográfico de la URSS con otro nombre, y (otra vez) el garante en contra de la odiada UE.

Del mismo modo un castrista y un pinochetista ayer, un bolsonarista y un madurista hoy, comparten similares valores políticos. Están dispuestos a transgredir los derechos humanos, son enemigos del debate público -y, luego, del parlamento- rechazan las vías electorales, asumiéndolas solo cuando pueden ganar, y buscan soluciones inmediatas, sin compromisos ni diálogos con “el enemigo”. Todo en nombre de una supremacía moral que nadie les ha otorgado. Solo así se explica por qué los progres son a veces tan fachos y los fachos son a veces tan progres. En verdad, para referirnos a ellos deberíamos inventar otras palabras: fapros o profas, por ejemplo.

No obstante, siempre y cuando no sean mayoría o por cualquier vía alcancen el poder, progres y fachos pueden jugar bajo determinadas condiciones un rol positivo. Ambos, visto así, representan en sus extremos a los enemigos de la por Karl Popper llamada “sociedad abierta”. Por lo mismo, ambos nos alertan que en momentos políticos como los que atravesamos, a quienes no somos ni progres ni fachos no nos está permitido bajar la guardia ni dormir sin mantener un ojo abierto.

La lucha por la democracia está plagada de peligros y hay veces -pienso inevitablemente en la Venezuela de Maduro- en las que los demócratas deben combatir contra dos frentes a la vez: los progres que ven en el dictador y su camarilla un baluarte en contra del imperialismo y los fachos que buscan cualquiera salida bajo la condición de que no sea política.

¡Progres y fachos del mundo, unidos seréis siempre vencidos!

Fernando Mires
@FernandoMiresOl ‏

miércoles, 19 de abril de 2017

ARIEL PEÑA, EL SINDICALISMO, LA IZQUIERDA Y EL MARXISMO, DESDE COLOMBIA.

OPINAR SIN SABER

El atraso conceptual e ideológico de algunos pueblos latinoamericanos, conduce a echar en el mismo saco al sindicalismo, la izquierda y el  marxismo, claro que en  el caso colombiano la situación es todavía más confusa, pues en los llamados grandes medios de comunicación hay  “líderes de opinión”, cuyo desconocimiento en la materia es craso, promoviendo enormemente el desconcierto, con lo cual la falta de discernimiento no permite que estos temas se aproximen a la realidad.

En primer lugar al esperpento marxista no le podemos dar una ubicación especifica en el espectro político, ya que es un hibrido que se  viste de muchas maneras o se camufla  y mimetiza en organizaciones  democráticas, y asume un papel progresista o de izquierda cuando está en la oposición, pero  al tomarse el poder cambia la postura, y se vuelve ultraderechista creando monarquías  sanguinarias eternas como sucede con los Castro en Cuba o los Kim en Corea del  Norte.

 Con  lo cual hay que reiterar que  el marxismo leninismo es una logia, cuyos miembros se creen predestinados para esclavizar a los demás seres humanos, porque sus dogmas del materialismo histórico y la inevitabilidad los llevan a un mesianismo  enfermizo, como si al igual que los profetas judíos del Antiguo Testamento que menciona la Biblia, tuvieran un señalamiento divino.

En cuanto al sindicalismo, no se puede olvidar que el comunismo totalitario ha sido enemigo de la lucha de los trabajadores, y Lenin consideraba  a los sindicatos como una simple correa de transmisión del partido o sea que son un objeto que se usa  para la toma del poder. Precisamente   no hay que pasar por alto que lideres antimarxistas como Ronald Reagan  y lech Walesa quienes fueron presidentes de USA y Polonia respectivamente,  antes de asumir la más importante dignidad de sus naciones habían sido sindicalistas destacados, y al ser  enemigos acérrimos del comunismo totalitario,   se convirtieron junto al papa San Juan Pablo ll en los protagonistas de la caída del muro de Berlín, que condujo a la debacle de la Unión Soviética.

La izquierda  se  consideraba en la revolución francesa como una corriente que buscaba las transformaciones sociales y el cambio  de gobierno, luego el marxismo o comunismo totalitario que  siempre pretende  montar   camarillas perennes en la dirección  del estado, de acuerdo a las enseñanzas de la revolución  francesa  no se puede ubicar  específicamente en la izquierda, de ahí  hay que aseverar  que el marxismo por su ceguera y superstición es antihistorico y no tiene ni vigencia ni defensa, y lo único que le ha aportado a la tierra son grandes desgracias y sufrimientos.

Entonces en buen romance excluyendo al marxismo leninismo; para que exista una izquierda autentica, civilizada, democrática y pluralista, tendríamos que en el caso político colombiano esa  izquierda estaría conformada esencialmente por la social democracia, sectores del liberalismo, organizaciones sociales y sindicales (respetando el libre examen)  y  grupos libertarios, entre otros.

 Hay asuntos morales que se ventilan en la  mencionada  izquierda como el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, la adopción de niños  por parte de parejas homosexuales etc; cuestiones  que si las  miramos desde el punto de vista del liberalismo clásico, se  deberían de tomar como  comportamientos individuales en una actitud frente a la vida que la sociedad y el estado deben  de analizar, buscando no perjudicar a otros, ya que la libertad de la persona acaba en donde comienza la de los demás; haciendo énfasis en la responsabilidad propia del individuo y la sociedad en su conjunto; así que la conducta personal  solo se restringe cuando afecta a otros, y el respeto y la tolerancia deben de ser premisas fundamentales para no agredir ni material ni moralmente al ciudadano.

Otra situación frente al comportamiento ético y moral del individuo es el marxismo cultural, diseñado  por la escuela de Fráncfort a principios de  los años   veinte del siglo pasado del cual  como su  máximo exponente se puede considerar al comunista italiano Antonio Gramsci muerto en 1937, quien enseñaba a  desordenar y lumpenizar a las masas para volverlas más afectas a  un  Estado marxista.

 Teniendo en la actualidad ejemplos patéticos del marxismo cultural, en el caso del gobierno chavista venezolana quien estimula  la delincuencia, trayendo como consecuencia una enorme cantidad de homicidios, que son el patrimonio de los colectivos bolivarianos, y desde luego estos son agenciados por el régimen,  para que la población viva con miedo y en permanente zozobra y, así no se logre liberar de una dictadura que pasó de los  18 años.

 Pretendiendo la camarilla narcochavista en Venezuela perpetuar el sistema; y  al igual que el vecino país,  todos  los gobiernos comunistas han utilizado el marxismo cultural, para evitar que la ciudadanía pueda llevar una vida ordenada y decente, ya que ello atentaría en contra de la alienación marxista que busca  defender la nomenclatura que enajena a los  pueblos que han caído bajo su férula.

La incompatibilidad entre sindicalismo y marxismo es  inocultable, sin dar lugar a encuentros, porque desde la aparición del  comunismo totalitario, siempre este aspiró a tener el dominio de las organizaciones de los trabajadores, no para propiciar las reivindicaciones sociales y económicas de los obreros sino para utilizarlos como herramienta, buscando la toma del poder político para implementar una dictadura en donde a los primeros que  se atropella es a los trabajadores, por ello fue que se repudiaron las  tesis de Karl Marx en la primera y segunda internacional de los trabajadores en el siglo XlX. Así  que el  destino del marxismo  igual que el nazismo, el fascismo y el apartheid es  el basurero de la historia, pues  su carácter absolutista e inhumano no le da cabida  dentro de la civilidad, la ética y la lógica.


Entre la izquierda autentica y el sindicalismo si hay afinidades, eso sí respetando el pluralismo, porque la autonomía sindical es el centro de gravedad del accionar de los trabajadores, pues no se puede permitir que sectas como el marxismo manipulen la lucha obrera, por ello no deben existir vínculos entre las organizaciones de los trabajadores y el comunismo totalitario,  ya que eso encamina a una situación Kafkiana, o como se dice tradicionalmente es revolver  el agua con el aceite. Subrayando que partidos socialistas de Europa, renegaron del marxismo en la década de los setenta del siglo XX, para que fueran considerados como organismos democráticos. 

Ariel Peña
arielpena49@yahoo.com
@arielpenaG
Colombia

viernes, 25 de marzo de 2016

ANDRÉS HOYOS, DEBACLE A LA IZQUIERDA, DESDE COLOMBIA

Recuerdo que hacia el final del primer gobierno de Lula leí un artículo que me dejó perplejo. Contaba cómo Lulinha, el hijo del presidente, se había vuelto multimillonario durante el mandato de su padre.
Es posible, aunque altamente improbable, que algo así sea factible sin violar la ley, pero la ética del asunto es sencillamente escandalosa. Pese a que el artículo me dejó una espinita, me dije que si en Brasil les parecía normal que un antiguo monitor de Parque Zoológico de São Paulo se llenara de millones en un parpadeo, quién era yo para escandalizarme miles de kilómetros al norte. Pues bien, ahora sabemos que bajo aquel feo lunar se escondía un mortal melanoma.

Ocioso sería negar que la izquierda populista latinoamericana tuvo, con altibajos, su edad de oro y que tal vez falten episodios menores de la saga. Hasta teóricos posmodernos le surgieron: Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. El mensaje implícito de la gente iba algo así: mientras el mandatario me favorezca a mí y a los míos sin pedirnos nada a cambio, sobre todo no trabajo, pues que agarre su pedazo de la torta: ladrón o no ladrón queremos a Perón. Claro, para poder favorecer a grupos amplios de la población y al mismo tiempo llenarse los bolsillos y los de sus cómplices, el populista ha de tener acceso a dinero abundante. El contraste con la socialdemocracia es nítido. Esta financia con impuestos el Estado de bienestar en el grado en que la gente lo exige y cumple la ardua tarea de cobrarlos a la población, muy en especial a los ricos. Pero al populista le fastidia cobrar impuestos, tarea dispendiosa e impopular. Necesita alguna bonanza disponible en las arcas del Estado, plata fácil. ¿Que son fuentes no renovables? Pamplinas, a gastar se dijo.

Perón, si no el inventor sí el gran promotor de esta corriente en América Latina, entendió que el grueso de la ostentación debía hacerse a la luz del día, así los giros a cuentas cifradas permanecieran ocultos. Su mujer, Evita, se vestía como una princesa, siendo evidente que aquello era imposible de costear con el sueldo de su marido; Lula y sus compinches dispusieron de las grandes reservas de Petrobras, tasadas a más de US$100 el barril, y de los altos precios de los commodities; Chávez se apropió sin parpadear de la colosal renta petrolera de Venezuela y la suplementó con los crecientes ingresos del narcotráfico; los Kirchner le dieron un buen mordisco al boom exportador argentino y, para redondear, se apropiaron de los fondos de pensiones e imprimieron dinero a la lata; Evo echó mano del gas que sus antecesores en un acto vergonzoso vendían a Brasil por debajo del precio internacional. Colombia, en contraste, vio surgir el uribismo, un populismo de derecha, más raro, alimentado sí por las modestas rentas del país, pero sobre todo por los triunfos militares sobre una guerrilla delirante.

Lo que estamos viendo en Brasil es un corolario obvio: para funcionar, el caudillo tiene que emascular el sistema judicial, pues es imposible robar a manos llenas sin dejar rastro. Y, en efecto, si uno repasa la historia de la izquierda populista latinoamericana casi siempre ve a los jueces mirando para otro lado mientras los Lulinhas se forran los bolsillos. Ahora, lenta, muy lentamente la justicia ha empezado a reaccionar echando a la cárcel a políticos corruptos, incluidos varios mandatarios y exmandatarios. ¿Se acabó la guachafita? Ojalá.

 Andrés Hoyos
andreshoyos@elmalpensante.com,
@andrewholes
Colombia


lunes, 2 de noviembre de 2015

ANDRÉS SCOTT VELÁSQUEZ, LA MAL LLAMADA IZQUIERDA, EL OPIO DEL PUEBLO LATINOAMERICANO

Así lo veo y te doy mi visión para ver si compartimos la misma opinión. A mi entender creo tener la razón, ya que al hacer un breve análisis de lo que han sido las mal llamadas izquierdas para la Latinoamérica tanto haciendo oposición como gobernado, se puede concluir que han sido un desastre.

Cuando andan buscando el  poder, montan su parafernalia discursiva a través del engaño, la mentira, la falsedad, la demagogia y el populismo; ofreciendo villas y castillos. Cuando este discurso penetra en el pensamiento de personas humildes, bien intencionadas y sin malicia, la hacen depender de las fantasías de estas prédicas como si estuvieran sumergidas en el sopor del opio. Los mal llamados izquierdista hacen su trabajo de captación inspirados en la conducta de un encantador de serpientes.
Luego que toman los gobiernos de las naciones, se comportan de manera cínica y cruel, y solo piensan en su lucro personal montando cualquier tipo de sucio negocio a la sombra del poder, olvidándose de sus promesas y compromisos (por supuesto esto para ellos es natural), ya que el populismo y la demagogia son la estructura ideológica fundamental de su proceder.
La semilla originaria  del opio, como podríamos llamar a la ideología de  este movimiento de delincuentes políticos para Latinoamérica, lo ubicamos en Cuba y la fuente de irrigación en el Foro de Sao Paulo. En ambos puntos geográficos se concretaron lineamientos que fueron la base para definir la estrategia en la búsqueda para la asunción del poder en los países de América.
A la chita callando se adueñaron de Venezuela, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Nicaragua; no menciono a Cuba porque allí tuvo su origen este movimiento. Con la política del manejo del petróleo venezolano también  se adueñaron de los países isleños del Caribe, al comprar la voluntad de sus líderes.
Países como Uruguay, Paraguay, Colombia, Chile, Honduras y Perú aun cuando han estado tentados para  sucumbir ante este tipo de movimientos, se han mantenido firme por las fortalezas de sus democracias.
Los pueblos latinoamericanos que cedieron al encanto de las fantasías  de este opio, se la están viendo negra, sino pregúntenselo a los venezolanos, a los brasileños, a los argentinos, a los ecuatorianos, a los bolivianos y los nicaragüenses por mencionar a los más representativos.
Tú que me estás leyendo, te puedo asegurar que más temprano  que tarde todo se va a revertir, el 22 de Noviembre cae Argentina, el 06 de Diciembre comienza la recuperación de Venezuela, pronto será Brasil y así vendrán los demás. Fe y no perder la esperanza.
Andres Rafael Scott Velasquez
anscott25.11@gmail.com
@andresscott

Guarico - Venezuela