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viernes, 20 de septiembre de 2019

BEATRIZ DE MAJO: ¿QUIÉN ENTIENDE A EUROPA?

Parto de la suposición de que cuando la Alta representante para las Relaciones Exteriores de la Unión Europea se traslada en viaje oficial lo hace en nombre de organización de la cual es Vicepresidente. De allí que supongo, igualmente, que cuando Federica Mogherini acudió a Colombia a visitar sus autoridades y cuando lo hizo a Cuba en las pasadas semanas atendía propósitos relacionados con su función oficial. Si me equivoco, retiro de antemano, los comentarios que haré a continuación.   

En su discurso de partida la alta comisionada  hizo mención de los temas que unen a Colombia y a la Unión Europea y lo cierto es que si son muchos. Todo hace ver que se trata de una alianza que fortalece a los hermanos de al lado. Dos temas son notorios: desde el acuerdo comercial suscrito con la Unión, hace 6 años, las exportaciones agrícolas de Colombia han aumentado 45%. Este 45% alcanzó a más de 3000 millones de dólares  en el año 2018 y ello es un buen logro. También es notorio que los europeos son en la actualidad los mayores inversionistas extranjeros en Colombia en industrias productivas, lo que crea empleos y promueve riqueza.    

Europa, por otro lado, en palabras de su Vicepresidenta, donde se las juega a favor de Colombia es en el tema de la paz: “El proceso de paz sigue siendo el núcleo del compromiso de la Unión Europea en Colombia, tanto en términos políticos…, como financieramente”, dijo la jefa de la diplomacia del viejo continente. Hablando en números, de parte de Bruselas hay armado un Fondo para la Paz que tiene 137 millones de dólares y el Banco Europeo de Inversión ha puesto a disposición cerca de 575 millones de dólares. Ello es digno de encomio. Sobre la parte política del tema, por el contrario, antes de pronunciarnos sobre el irrestricto apoyo a la Paz de Santos, debemos esperar a que la misma haya rendido frutos, nada más justo.   

Pero veamos el resto. Son muchos países en el mundo los que se inquietan no solo por el reciente movimiento de la disidencia de las FARC que de nuevo le declara la guerra a Colombia, sino porque lo hace de la mano con el gobierno usurpador de Venezuela. Las palabras de Mogherini en torno a este tema, al despedirse de Colombia, le restaron importancia a tal exabrupto al afirmar que han “condenado enérgicamente el anuncio de un pequeño grupo de disidentes de las FARC de tomar las armas”. Ni una palabra de referencia a la concomitancia con el gobierno del país vecino.  

Y sí, Mogherini, se refirió al tema de Venezuela al terminar si visita y, es justicia destacarlo, comentó haber destinado fondos para la ayuda a Colombia con el drama de la diáspora venezolana. No son poca cosa 130 millones y otros nuevos 30 millones de euros dirigidos a la identificación de migrantes y su integración socioeconómica. Por ello va un aplauso. Pero era necesario ir mucho más lejos y armar para su continente una visión más integral de lo que se juega en ese eje geográfico, además de  poner de relieve el caos que la colaboración de Maduro con el terrorismo desatará en el continente. Para la emisaria de la Unión Europea, hasta ahora, el problema parece ser solo uno de carácter humanitario. Mientras celebramos la real apuesta por Colombia que hace la autoridad europea en cuestión y la ayuda financiera que ella anuncia, es preciso remarcar que su escasez de visión en otros terrenos no es explicable.  

¿Cómo entender esta concordancia total de Europa con los esfuerzos colombianos por labrarse un sólido futuro en paz y no percatarse de que la causa eficiente de medio siglo de guerra, mortandad  y droga en Colombia se ha trasladado a Venezuela?. ¿Cómo no percatarse de que el descalabro producido por el gobierno de Maduro es la causa única de una migración a suelo neogranadino que alcanza ya a dos millones de venezolanos?.  

Si alguien tiene la respuesta a esta posición de Europa en torno al eje colombo- venezolano, espero me lo pueda explicar, y que igualmente explique cómo es que la jefa de la Diplomacia europea  al poner pie en suelo cubano hizo gala de un irrestricto espíritu colaboracionista con  uno de los regímenes que más pisotea los derechos ciudadanos en el planeta y el artífice, en muy alta medida, del desastre humanitario que ella misma observó en Colombia.   

Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1

domingo, 21 de abril de 2019

BEATRIZ DE MAJO, LA PAZ NO SALE DE TERAPIA INTENSIVA, CASO COLOMBIA ,

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se acaba de expresar con angustia sobre el futuro del proceso de pacificación colombiano. No es poca cosa lo encomendado a Christoph Heusgen, presidente de la máxima autoridad en materia de seguridad de las Naciones Unidas. La formal carta colgada en la página web de la organización contiene un estado de situación del proceso de paz de Colombia que se inició en 2017 con la firma del Acuerdo de Paz de La Habana, rubricado por Juan Manuel Santos y la cúpula de la organización guerrillera FARC. 

El recuento contenido en el documento toma en consideración los obstáculos que pueden arriesgar su instrumentación y dos, entre todos, son particularmente dicientes. 

El primero tiene que ver con el régimen transicional de justicia para la paz, cuestionado en aspectos formales por el gobierno de Iván Duque. El mandatario no recibió hace pocas semanas el aval que esperaba del Congreso para sus múltiples objeciones a la JEP, todas ellas de carácter legal-constitucional y, por lo tanto, difíciles de entender para el ciudadano común. El agresivo pulso que hubo entre las fuerzas partidistas que representan a los colombianos lo que denota es una fractura importante del electorado frente al elemento más relevante del acuerdo que es el modelo de justicia que ha de aplicarse durante la desmovilización guerrillera y la vuelta del país a la paz. Porque las objeciones existentes no son legales ni formales sino de carácter político y porque, además, el mayor elemento de desacuerdo en el país es la severidad del trato penal a los criminales guerrilleros que la mitad de la población lo considera laxo, débil o injusto.        

Otro de los elementos de preocupación del Consejo de Seguridad está muy en línea con el anterior y tiene que ver con los asesinatos de ex combatientes de las FARC que se siguen produciendo en la geografía colombiana. En el documento los miembros del consejo piden a los colombianos acelerar los esfuerzos para asegurar la reincorporación socioeconómica, política y legal de los ex miembros de las FARC, cuando son más de 130 los ex combatientes guerrilleros asesinados desde la firma del acuerdo. 

Lo que ocurre, en el fondo, es que la Colombia sufrida, la que tiene historias cercanas que contar sobre la violencia que los castigó durante medio siglo a través de la criminal acción guerrillera, sigue sin convencerse de que hay que hacer un sacrificio en la justicia ordinaria a cambio de los beneficios de la paz. Estos beneficios, para el común de la ciudadanía, son conceptos vagos: verdad y reparación. Y la otra ventaja de la paz pactada, la que sus defensores proclaman a los cuatro vientos, aún sigue sin materializarse. Hablamos del silencio de los fusiles, nada hay más falso que las FARC hayan abrazado la dejación de las armas.  

De nada sirve que las Naciones Unidas una entelequia incomprendida por el grueso de la población– abogue por la reincorporación socioeconómica, política y legal de los ex miembros de las FARC-EP” y por el fortalecimiento de las garantías de seguridad a través de medidas preventivas y de protección, con vistas a la participación de todas las partes en las elecciones” de este año. Para el grueso de los colombianos tales compromisos no son sino adefesios imposibles de hacer andar cuando la sangre de las victimas aún está fresca y no se ve la voluntad real de los antisociales de reparar los daños causados ni de regresar sobre sus pasos mediante un desarme real y el abandono del negocio de la droga.   

Sea lo que sea, los acuerdos de La Habana y los instrumentos que los materializan deben ser respetados aun cuando un segmento importante de la población civil les tenga ojeriza o los rechace de raíz. La teoría que debe ser aplicada ante el fin de todo conflicto pactado entre partes enfrentadas es esa: es preciso estar dispuesto a ceder frente a los atropellos, a perdonar, a pasar la página ante los desafueros. 

Buena parte de la sociedad neogranadina no parece aún estar lista para ello. 

Beatriz De Majo 
@beatrizdemajo1