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domingo, 2 de junio de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: LA ESTAFA POLÍTICA DE BORIS JOHNSON

Boris Johnson el controversial líder del partido conservador, exalcalde de la ciudad de Londres  y otrora Ministro de  Asuntos Exteriores del gabinete de Theresa May, cargo al cual renunció el verano pasado por estar en desacuerdo con la manera en la cual la premier británica estaba conduciendo  las negociaciones sobre el Brexit con la Unión Europea, acaba de ser demandado, en el peor momento de su carrera, cuando  se ha convertido en el principal candidato a sustituir a May en el 10 de Downing  Street.

El polémico dirigente de los tories fue uno de los más conspicuos representantes del Brexit, con una posición sobre la salida de Europa  que lo llevó a hacer campaña a su favor, por todo el Reino Unido, con un bus rojo en el cual se podía leer en letras grandes: Nosotros enviamos 350 millones de libras a Europa, todas la semanas. Un dinero que según Johnson podría financiar el sistema nacional de salud británico conocido en inglés por sus siglas NHS. La cifra, que no era correcta, pues la verdad es que no llega a doscientos millones, tampoco tomaba en cuenta el reintegro que le hacía la Unión Europea al Reino Unido como socio de club. 

Su  cruzada  a favor de la salida de la Unión Europea fue tan exitosa, que influyó decisivamente, junto con la de otros conocidos  lideres del movimiento Brexit como el ultranacionalista Nigel Farage, para que los británicos votaran por abandonar Europa en junio del 2016, en un referendo que apenas se decidió por un estrecho margen del dos por ciento.

Que los dirigentes y lideres de un gobierno cualquiera e incluso de la oposición, sin importar el bando, hagan demagogia, manipulen datos y mientan descaradamente, es un comportamiento tan usual en política que cuando un ministro o un presidente lo hacen, nos hemos habituado a que sean las urnas las que decidan su suerte; lo cual casi nunca sirve para hacer justicia política. Guiados por  la fuerza de la costumbre, nos hemos conformado con eso por mucho tiempo; convirtiéndonos en ciudadanos incapaces de vislumbrar otras opciones. En la creencia de que  no se puede hacer nada más, lo consideramos imposible; cuando otro tipo de sanciones como, por ejemplo, una fuerte multa y la inhabilitación para la política  por un tiempo, podrían convertirse en mejores y más certeros aliados. 

Bajo esta óptica, las penas privativas de libertad  para el político que estafe a sus votantes, parecen impensables dentro de nuestra percepción de la política como una actividad de manos libres que solo pueden atarse y conducirle a la  cárcel  cuando roba los dineros púbicos  o recibe sobornos. Pero la corrupción es algo mas que eso, porque cuando un político miente intencionalmente al elector, solicitándole el voto bien para él o para un tercero, lo está estafando, es decir, engañándolo en su buena fe para obtener su voto. Y la estafa es un delito en cualquier parte del mundo.

Pero afortunadamente, siempre hay alguien, más tarde o más temprano, que ve las cosas de otra manera y con otra perspectiva. Es el caso de Marcus Ball un abogado y activista británico que acaba de interponer una demanda contra el líder del partido conservador, pero que tiene fuertes implicaciones sobre el Brexit. La misma se fundamenta en el mal uso hecho por Johnson de las estadísticas oficiales, mintiendo repetidamente y engañando a los británicos respecto al coste de pertenecer en la UE, al asegurar que el Reino Unido pagaba cada semana 350 millones de libras (casi 400 millones de euros).Una cifra que sabia no era cierta pero que sin embargo utilizó como eslogan de campaña.  Por lo pronto, la juez del caso le ha dado curso a la petición enviándola a una audiencia preliminar cuya fecha está por fijarse. Para financiar el juicio Ball también hizo su propia campaña, llegando a recolectar unas doscientas mil libras. 

Los abogados de Johnson que suponemos estarán  buscando alguna salida procesal que permita  apelar o demorar el asunto, ya han dicho que se trata de una estratagema con objetivos meramente políticos y que están tranquilos pues ninguno de los hechos reivindicados ante el tribunal se produjo cuando él era alcalde, ni como consecuencia del ejercicio directo de su representación parlamentaria; sino en el curso de una campaña política nacional, ajena a sus obligaciones propias como diputado. Es decir, que curiosamente tenemos, por una parte, a un demandante civil tratando de judicializar una actividad  política y, por la otra, a los defensores del demandado intentando politizar una reclamación judicial de naturaleza civil. 

No sabemos si después de esa vista preliminar la demanda pasará a juicio o será desestimada, pero el hecho de que sea esta la primera vez que alguien se propone ponerle coto legal a los excesos de los políticos a la hora de dirigirse a su público, nos parece sano y adecuado, pues a nuestro modo de ver no limita en nada la actividad y naturaleza de la política, que no queda de manera alguna en riesgo, ni comprometida en su libertad de expresión y acción. Cuántas guerras y calamidades en el mundo se hubieran evitado si  los líderes del momento no hubiesen mentido deliberadamente.

Pero, aunque es muy difícil que prospere el reclamo contra Johnson, probable primer ministro, debemos recordar que hablamos de Inglaterra, tierra de fuerte raigambre política y sólidas instituciones; cuna del parlamentarismo, de los derechos civiles, donde se decapitó un rey y se produjo una gran revolución un siglo antes que en Francia. Una tierra de magia y de magos, donde todo es posible.

José Luis Méndez La Fuente
@xlmlf

martes, 28 de marzo de 2017

BEATRIZ DE MAJO - LONDRES: TERROR QUE NO PAGA

SOBREDOSIS

Una muy cruel forma de terrorismo está siendo puesta en práctica desde hace ya algunos años y está dirigida al hombre de a pie. Ni a los gobiernos, ni a los líderes políticos que dibujan el destino de las naciones y lideran sus creencias. Al ser humano de la calle. Al que marcha o recorre las calles en total desaprensión, con su cabeza puesta en el cumpleaños del nieto o en los estudios de la hija, en la cena de la próxima noche o en la máquina de lavar ropa que se averió, sin pensar que la muerte violenta le acecha a la vuelta de la esquina. Al que no tiene culpa de nada de lo ocurre en su país o en su entorno. Al diminuto componente de la sociedad que solo reclama vivir en paz, tener un trabajo decente, dedicarse a su familia, salir de vacaciones de vez en cuando o darle un pequeño gusto a los suyos con los bien ganados ahorros.

Ya ni se trata de terrorismo organizado desde algún bunker de malpensantes y radicalistas que sienten que el asesinato de ciudadanos puede redituarle ganancias o adeptos a sus creencias extremistas. Cualquiera que pueda tener un volante en sus manos puede arremeter contra la sociedad desprevenida y hacerle pagar con sangre y con dolor las equivocaciones en las que no ha incurrido, o la fobia segregacionista que nunca ha experimentado. Cuesta entender cómo es que esta suerte de actuación de la parte de un individuo solitario puede ser la consecuencia del dogmatismo de otros, el que es abrazado por cualquier seguidor o por cualquier mente enferma y sembrar pánico, desconcierto o desazón entre los particulares. Porque hasta allí llega la planificación de quien usa al terrorismo como arma de convicción o de venganza: intranquilizar a toda la sociedad para validar la fuerza de sus propias convicciones. Castigar a cualquier pasante para demostrar la validez de sus creencias. 

Así ha sido en Madrid, en Bruselas, en Paris, en Londres, en Otawa, en los meses y años cercanos. En muchos lugares del orbe donde ya los seres anónimos no pueden pasear ni trasladarse de un lugar a otro sintiéndose tranquilos. Es la siembra de una percepción de zozobra generalizada, la que, además, obliga a las naciones a gastar en seguridad lo que debería destinar al mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos. 

Tal abyección se hizo evidente en el atentado de la capital británica de hace apenas unos días.  Las fotografías del cuerpo de una mujer, de una peatona desaprensiva debajo de las ruedas de un autobús es suficiente para pensar en los hijos, los hermanos, los padres de este ser desconocido cuya vida le fue arrancada sustentado en ideales mal entendidos- o la locura- de un desajustado al que se ha convencido de que el crimen anónimo paga.  La onda expansiva de tal asesinato alcanza a su entorno, a ciudadanos que nunca pensaron en la segregación racial, a hombres y mujeres que ignoran las creencias y la inspiración de religiones diferentes a la propia, a seres humanos que no conocen ni los postulados del Islam ni sus alcances.

El resultado de esta nueva forma de terrorismo va en sentido radicalmente inverso a lo que sus perpetradores propugnan y aspiran alcanzar en su batalla contra la islamofobia.  No es solidaridad sino rechazo lo que se genera en contra del criminal y, de igual manera, en contra de la propia religión dentro de la cual milita. 

Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@BeatrizdeMajo1
Internacionalista
El Nacional
Miranda - Venezuela