Mostrando entradas con la etiqueta POLARIZACIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta POLARIZACIÓN. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de febrero de 2020

MARYCLEN STELLING: LINCHAMIENTO EN LAS REDES

Las emociones y los afectos se entronizan en las redes, en tanto consecuencia y manifestación del contexto político que vive el país.

La afectividad es una construcción colectiva que no puede ser definida desde la racionalidad, sino desde el sentido y significado que individuos y grupos dotan a las experiencias socioculturales y políticas en las cuales participan. La afectividad es entonces un factor decisivo en la construcción de realidades.

En la coyuntura actual, la politización y polarización se apoderan de las redes, terreno fértil para los sentimientos exacerbados que desplazan e imposibilitan el discurso racional. La emotividad desbordada domina la política, la economía y la vida privada. La esfera íntima se desnuda y, sin pudor alguno, se expone y se convierte en esfera pública.

El absurdo, los insultos, las ofensas y las acusaciones inherentes al discurso del odio reinan en las redes. Se naturaliza el odio, ese sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno. Se nos hace familiar el deseo de dañar o destruir al “otro” y, en su defecto, se cultiva la esperanza de que le ocurra alguna desgracia. El odio desatado y la libertad de odiar campean a sus anchas.

Tribunales digitales realizan fulminantes acusaciones, enjuician y dictan sentencias incuestionables. Se naturalizan los linchamientos digitales, donde “masas enfurecidas” -presas de sentimientos exacerbados y desatados- proceden a la persecución y lapidación del enemigo. Se naturalizan las redes sociales del linchamiento en una suerte de movimientos sociales punitivos. Se entroniza la promesa del linchamiento infinito y se consolidan los roles de víctimas y verdugos. Estudiosos del fenómeno denuncian el fortalecimiento de una “pedagogía de la crueldad mediática” y alertan sobre la consolidación de “la dramaturgia del miedo”.

Un clima de censura predomina en las redes, suerte de poscensura entendida como un fenómeno anárquico de silenciamiento, cobijado bajo la cacareada libertad en tiempos de digitalización.

Es obligante denunciar el discurso del odio que se apodera de las redes sociales y alertar sobre la naturalización de los linchamientos transmediáticos.

Asistimos pasivamente a la derrota y lapidación digital del debate racional.

Maryclen Stelling
@maryclens
@UNoticias

lunes, 18 de noviembre de 2019

JOSÉ LUIS MÉNDEZ LA FUENTE: VERDADES Y MENTIRAS POLÍTICAS, CASO ESPAÑA

Las cosas no han cambiado nada desde que, no hace mucho, el término “posverdad” entró en nuestras vidas para revelarnos que la realidad no era como la creíamos, que nos movíamos entre noticias inventadas, verdades a medias o completamente falsas, y en un mundo de sombras, es decir, de mentiras y ficciones creadas por alguien. 

Una muestra de esto nos la acaba de proporcionar Bolivia país donde después de renunciar por escrito mediante una carta, un hecho indiscutible pues fue publicada en varios medios internacionales, Evo Morales dice ahora desde el exilio que la verdad verdadera es que a él le dieron un golpe de estado. Otra, la vimos en el pacto sellado con un abrazo, entre Pedro y Pablo, apenas unas horas después de conocerse los resultados de las elecciones del 10N, que no modificaron sustancialmente el cuadro politico existente antes de ellas. Una demostración evidente de que no hubo bloqueo alguno que impidiera a Pedro Sánchez formar un gobierno anteriormente, si realmente lo hubiese querido, y de que el acuerdo en cuestión pudo haberse cerrado meses antes.  

Mas allá de las falsedad o verdad de las premisas entre las que nos movemos y calculamos o planificamos nuestra existencia, en el plano ideológico y politico siguen apareciendo los mismos estereotipos, las mismas tautologías retoricas a la hora de elaborarse una mentira o establecerse una verdad. 

Las clasificaciones y las catalogaciones cada vez más frecuentes y extendidas, tratan de explicar la realidad exterior abriendo pequeñas casillas en nuestro cerebro y en nuestras emociones como si fueran archivos guardados alfabéticamente en una gaveta o insectos pegados con un alfiler a una etiqueta. Terrorista, fascista, comunista, golpista, extremista, sectario y hasta machista y racista son algunos de los rótulos que más se utilizan para desprestigiar al oponente politico dependiendo del país y coyuntura cultural. De entre ellos, el término fascismo es uno de los más usados hoy en día en países como España y Chile. 

La confusión sin embargo es grande entre la gente, sin mayor conocimiento, que se deja llevar por lo que le dicen sus dirigentes o las redes sociales sin que haya lugar a distinciones. Un ejemplo de lo complicado que puede ser esto para el gran público, sin tiempo para leer sobre estos temas, lo tenemos en Venezuela. En ese país, Chavez, aunque decía ser socialista y así fue y es considerado, pudo haber sido etiquetado tranquilamente como fascista si juzgamos, entre otros, por el hecho de que le gustaba que lo llamaran comandante en lugar de presidente, cargo para el cual había sido electo, que vestía como Fidel con atuendo militar y acostumbraba levantar los brazos y golpear con el puño cerrado la palma de la otra mano, en señal de choque. Es decir, lo mismo que Hitler, Mussolini o Franco, máximos exponentes del fascismo, quienes utilizaban uniforme y se hacían llamar Führer, líder; Duce, guía; o Caudillo, además de levantar igualmente el brazo para saludar con el puño abierto o cerrado dependiendo del caso y que, en vez de círculos bolivarianos o colectivos, crearon fuerzas de choque como las camisas pardas o negras.

Desde que la izquierda denominada ahora progresista y la derecha más conservadora, dejaron de ser una simple bancada o un lugar de referencia donde ubicar a las personas físicamente, para convertirse en dos puntos de vista distanciados por algo más que una calle, en los dos grandes credos con los cuales se trata de explicar el resto de las ideologías, doctrinas y corrientes políticas y hasta filosóficas existentes, el mundo moderno se ha expandido en esas dos direcciones. No hay la posibilidad de términos medios cuando esas dos referencias cardinales se estiran y tensan como si fueran los dos cabos de una cuerda que acaba reventada justo por la mitad. 

La prueba de esto último la acabamos de tener también en España donde un partido político bisagra como Ciudadanos creado para absorber el descontento y discrepancias de la gente que no se sentía a gusto con que la encasillaran en el este o en el oeste del mapa politico universal, prácticamente desapareció. Gente que a la hora de la verdad, de tener que tomar una posición de supervivencia ante los amenazantes embates de un lado y del otro de la cuerda, no le quedó más remedio que decidirse a tirar también de ella yéndose para el extremo que más se asemejaba a su causa. Pero las puntas de la cuerda ahora recargadas de tanto forzarlas se han alargado y alejado más de cualquier punto medio o intermedio, lo que explica el crecimiento de VOX al que la izquierda tilda ahora, como si fuera un pecado en plena inquisición de extrema derecha y de fascista, ignorando quienes repiten eso como loros su significado y olvidando que Podemos viene ocupando el lugar de la extrema izquierda española desde que nació en el 2014 sin que nadie los tache de estalinistas o bolcheviques que, se estará de acuerdo, es un insulto jerárquica e históricamente considerado mayor que el de chavistas, este último ganado a pulso. Y si alguien lo duda que les pregunten a los cinco millones de seres humanos que conforman la diáspora venezolana por el mundo, muchos de ellos en España.

Pero curiosamente en España no encontramos, a lo largo de todos estos años, abismales distingos ideológicos entre eso que llaman izquierdas y derechas. No al menos alrededor de políticas tales como el salario o las pensiones, educación, tecnología, impuestos, cultura y salud entre otras. Sus grandes diferencias básicamente sostenidas por atavismos históricos, tienen y han tenido que ver más bien con su postura frente al franquismo, utilizado como retorica política para entretenimiento del votante, junto con otros dos temas derivados con los cuales han envenenado la salud política de los españoles todo este tiempo: la monarquía y la república, puestos como antagonistas en un contexto que hoy en día carece de sentido. Un asunto, por lo demás, que sociedades como la británica o las nórdicas europeas superaron hace tiempo. 

Lo más preocupante, por la gravedad que encierra, es que esas diferencias tampoco las encontramos en la irresponsable posición frente a un delicado tema como el separatismo vasco o catalán, que tanto la izquierda progresista como la no progresista junto con la derecha, han venido manteniendo con algunas salvedades que dependieron más, en su momento, de las actitudes y posturas personales asumidas por sus gobernantes de turno, que de las decisiones partidistas, inexistentes para todos los efectos. Las consecuencias de esa irresponsable política de hacerse la vista gorda y dejar crecer a los partidos nacionalistas regionales, a los que se dio cabida en la Constitución vigente de 1978, así como a su dirigencia, haciéndoles concesiones insensatas y a veces delictivas a la hora de la conformación del gobierno nacional y corriendo la arruga para que el que viniera detrás se las apañara como fuera, han minado tanto la política española que solo una reforma constitucional mediante un gran pacto nacional entre la izquierda y la derecha que establezca un estado federal, un régimen presidencialista, no parlamentario como el actual, unas elecciones legislativas representativas y proporcionales a la  población de cada provincia, gobernadores estadales electos directamente al igual que los alcaldes y el presidente a dos vueltas y la regulación de las organizaciones políticas que tengan como fines la fragmentación del territorio y del estado, son la única salida posible si se quiere cambiar el escenario actual. 

Sin embargo, ahora mismo, esa posibilidad luce imposible para una España que entra en la tercera década del siglo veinte con la andadura de un caballero templario cansado y sin caballo en medio del desierto, dispuesto a pactar con los infieles del independentismo a cambio de un vaso de agua y renunciando al santo grial.  

José Luis Méndez La Fuente 
@xlmlf

sábado, 16 de noviembre de 2019

VLADIMIRO MUJICA: «EL BAILE DE LOS QUE SOBRAN»: CLAVES PARA EL ENIGMA CHILENO

Una fría madrugada de finales de 1973, salimos de Chile, después de estar casi un mes en la isla de la Quiriquina, en medio de los escupitajos e insultos de los milicos que vigilaban nuestra salida de Pudahuel en un avión militar enviado por el gobierno de Rafael Caldera para transportar a los venezolanos que se encontraban en la embajada de Venezuela en Santiago de Chile. “Andáte pues huevón culiao” fue la última frase que escuché saliendo de un país que llegué a amar entrañablemente. 

No regresaría a Chile hasta después del plebiscito de 1988, invitado a un evento científico, porque se me hacía demasiado duro y amargo el retorno. Cuando lo hice me llevé una sorpresa, esperada en buena medida, debo confesarlo, pero sorpresa al fin.

Pinochet ya no estaba en el poder, al menos no en la presidencia del país, pero seguía siendo venerado por una parte importante de la población. Hurgando en una librería me encontré con una profusión de libros elogiosos sobre un hombre que para nuestra generación se había convertido en el arquetipo de la traición y la represión encarnada por los militares suramericanos.

Aún en esos tiempos la polarización de la sociedad chilena era un elemento muy importante, y llegó a ser uno de los elementos definitorios de los últimos tiempos del gobierno de Salvador Allende. Por supuesto, como lo confesaría cínicamente Kissinger en sus memorias, la CIA estuvo detrás del golpe militar, pero el mismo se articuló con una participación importante de los militares chilenos y un respaldo considerable de una parte de la población. Mucho más importante para lo que sigue, es el hecho de que la polarización extrema que debilitó al gobierno de Allende fue, en buena medida, inducida por las fuerzas que lo apoyaban. En términos muy duros y muy reales: el golpe militar contra Allende fue, sin duda, un acto de traición contra el pueblo, y, a su vez, su gestación fue un daño auto-infligido de sectores extremos de la izquierda chilena. Complejidades de la historia, las cuales las versiones unilaterales y simplistas no ayudan a entender.

Sigue el tiempo: 1986, en medio de la dictadura militar, aparece un sencillo de la banda Los Prisioneros, “El baile de los que sobran”, que se hizo emblemático de una época. Se lee en el sitio web de la Biblioteca Nacional de Chile (http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-95716.html): “Esta canción, compuesta por Jorge González e incluida en el disco Pateando piedras de 1986, ha sido considerada por el grupo como su mejor tema y es, indudablemente, una de las más emblemáticas de la música popular chilena de los años ochenta.

Su letra ilustra de manera amarga y desesperanzada las diferencias de clases existentes entre la juventud chilena. Mucho antes de que en Chile se incorporara al debate público el problema de la mala distribución del ingreso, Los Prisioneros describieron de un modo dolorosamente certero lo que era pasar doce años en un liceo numerado para luego egresar a la cesantía:

«Oías los consejos, los ojos en el profesor
Había tanto sol sobre las cabezas
Y no fue tan verdad
Porque esos juegos, al final
Terminaron para otros en laureles y futuros
y dejaron a mis amigos
pateando piedras”

Para mi sorpresa, y la de muchos, la letra y la melodía de esta canción de otros tiempos y otros combates resurge como lema de millones de manifestantes en las calles de Santiago. Se escucha la versión interesada del castro-chavismo continental: se trata del “huracán bolivariano” que sopla por todo el continente. Se escucha la versión simplista de las redes sociales de los opositores a Maduro: los chilenos no entienden nada, los chavistas infiltrados están quemando las estaciones de metro del pueblo.

En algún sitio está la verdad y el análisis que permite entender los hechos de Chile, la democracia más moderna y pujante de Latinoamérica. Es indispensable meter en la ecuación los intereses continentales del castro-chavismo en desestabilizar a las democracias latinoamericanas, como lo ha señalado el Secretario General de la OEA. Pero es también vital tener en cuenta las carencias de la democracias, que en otras latitudes, verbigracia Venezuela, fueron esenciales para abrirle la puerta a Chávez, el encantador de serpientes.

Vladimiro Mujica
vmujica54@gmail.com
@MujicaVladimiro
Publicado en Acento News de Miami

lunes, 4 de noviembre de 2019

REINALDO AGUILERA: BOLIVIA O LAS ELECCIONES QUE EVO SE ROBÓ

El pasado 20 de octubre se llevaron a cabo Elecciones en Bolivia, para elegir al presidente y vicepresidente del llamado Estado Plurinacional, también 130 diputados y 36 senadores para el período gubernamental 2020-2025, todo esto luego de que el actual mandatario Evo Morales, obviara el hecho de que ya no debería ser candidato a la presidencia de ese país al perder un referéndum, con lo cual como ocurre en la Venezuela Bolivariana se activó el denominado reeleccionismo implacable, esta vez con apoyo del Tribunal Constitucional Plurinacional, quien falló por una repostulación indefinida, lo que genera un fenómeno que se hace presente en varios países de Latinoamérica.

Para el momento de la redacción del presente artículo, la Organización de Estados Americanos (OEA) realiza una auditoría para determinar si efectivamente hubo alteración de los resultados en el cómputo que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) hizo de los comicios, ante las denuncias de fraude adelantadas por la oposición.

La situación ha generado que definitivamente como resultado de lo que sucede, hay un país polarizado entre los que defienden al presidente y los que quieren su salida mientras denuncian su intención de eternizarse en el poder.

Lo que ocurre en Bolivia no es ajeno a otros países de la región, más aún con respecto al modo de actuar, tanto del referido mandatario como de la autoridad electoral, llama poderosamente que luego del referéndum celebrado en febrero de 2016el cual proponía reformar la Constitución Nacional para permitir un cuarto mandato al presidente y que fue rechazado por la mayoría de los votantes, el Tribunal Supremo Electoral de Boliviano en franco desacato a la voluntad popular, aceptara la postulación de Morales para las elecciones que estaban en ese momento por venir.

Ciertamente todo lo que rodea al proceso electoral Boliviano, al menos en cuanto al cargo de elección popular para Presidente, está muy turbio; en medio de la crisis surgida, el experto electoral de origen Mexicano Arturo Espinoza, jefe de la Misión de la OEA que audita las referidas elecciones, renunció sorpresivamente, el motivo sería no comprometer la imparcialidad de la misma, veremos qué sucede.
Por lo pronto en las calles se mantiene la protesta de miles que señalan el fraude cometido por Evo Morales y sus seguidores, ya hay fallecidos, para poner más aguda la situación, partidarios de Carlos Mesa, candidato opositor, han establecido un lapso de 48 horas para que se defina lo que ocurre, ante lo cual Morales indicó que de arrojar inconsistencias la auditoría está dispuesto a ir a la segunda vuelta.

Clima enrarecido y actuar similar en algunos aspectos de cuando se han celebrado elecciones en Venezuela, eso sí, la diferencia estriba en que aquí el CNE no ha permitido auditoría alguna y a causa de no poder comprobar mayor cosa, los resultados electorales se mantienen y punto, con las consecuencias que vivimos en éstos momentos, que se traducen en 21 años de Chavismo controlando, manipulando y destruyendo todo a su paso.

Es de destacar que, hacia finales del siglo XIX, el gran filósofo alemán Friedrich Nietzsche describió el socialismo como “un asunto desesperado y agrio” y señaló también que, en una sociedad socialista, “la vida se niega a sí misma”, sin embargo, a pesar de sus deficiencias inherentes, Nietzsche predijo que el socialismo se extendería; lo que ha ocurrido en las últimas décadas en múltiples sitios en especial en nuestra Venezuela lo demuestra.

Concluyendo y con los acontecimientos en pleno desarrollo, no es de extrañar que aun yendo a Segunda Vuelta los resultados terminen favoreciendo a Evo Morales, consumándose el robo de unas elecciones que podrían cambiar el rumbo de la nación consentida del Libertador, así de simple y sencillo.

Reinaldo J. Aguilera R. 
@raguilera68  

sábado, 24 de agosto de 2019

MERCEDES MALAVÉ: RECOMENZAR CON OPTIMISMO

En época de graduaciones, es frecuente escuchar discursos de los graduandos agradeciendo a sus padres el haber podido culminar esa importante etapa de su vida: “a mis padres que me dieron la vida, que me sostuvieron, que me animaron, que me cuidaron, que se sacrificaron tanto por mi educación”. 

Probablemente se trata del alegato más verídico de todo lo que se pueda decir en una disertación de fin de curso. Supondría un contrasentido casi inexplicable que un muchacho atribuya los inconvenientes, las malas calificaciones, los trasnochos, las peleas con los profesores, las calamidades del transporte, los asaltos, los accidentes y demás dificultades a sus progenitores. 

Se reconoce el origen del bien, se conoce la causa de haber llegado a la meta, pero resulta indescifrable el problema del mal: ¿Por qué ocurren cosas malas? ¿Es que Dios se ha olvidado de nosotros? ¿Es que la Providencia se olvidó de la nación?. La patria es el origen de todos los bienes. Ningún país está condenado al mal eterno, entre otras cosas porque el mal absoluto no existe. 

Hay una asimetría entre lo bueno y lo malo. Sin el bien no existiría el mal. En la práctica, parece que el mal abunda y hace más ruido que el bien; pero es, efectivamente, una cuestión de escándalo y dolor, algo coyuntural. Venezuela tiene un enorme potencial humano y en recursos naturales. Esa asimetría entre todo lo bueno que tenemos y los males que nos aquejan es la raíz de nuestro optimismo. Es imposible vivir en una guerra o atasco permanente. 
La corresponsabilidad del caos 

Sostiene Carlos Raúl Hernández que la experiencia histórica constata que, cuando el gobierno desata el caos y la destrucción, las fuerzas opositoras asumen representar la ley y el orden. Pero aquí ha ocurrido todo lo contrario: ambos extremos han sido promotores del caos. Desde el 2014 la oposición "cogió la calle", y no ha hecho más que destruir, incluso la Asamblea Nacional. 

Cuando todo está destruido toca volver a construir. Veinte años de revolución socialista acabaron con todo lo que podían acabar: instituciones, producción nacional, seguridad pública, moneda, salario mínimo, planes sociales, empresa petrolera, servicios básicos, meritocracia, generaciones de profesionales competentes, finanzas públicas, relaciones internacionales y pare de contar. Por su parte, la estrategia de “La Salida” y sus múltiples versiones, tiene dos características destructivas: la necesidad de salir de Maduro como sea –con guerra, invasión, quiebre militar, muertos, sanciones, huelga general, paro indefinido–, y la destrucción de los partidos políticos sobre la base de que dictadura no sale con votos, ni con organización, ni con liderazgos, ni nada de eso que llaman mecanismos democráticos. Llegaron a la Asamblea Nacional por los votos pero, una vez instalados en ella, desconocieron al CNE, llamaron a la calle sin retorno y emprendieron su agenda destructiva. 

Pero Venezuela tiene futuro porque el mal nunca tiene la última palabra. No es un problema de blanco y negro, de todo o nada, del yin o el yang. La realidad es la asimetría entre el bien y el mal. Empleando la sabiduría popular, el bien puede perfectamente traspasar la barrera de los cien años, en cambio “no hay mal que dure cien años”. 

Necesitamos un liderazgo inteligente, constructivo, patriótico, sensibilizado con los problemas de la gente, comprometido con la recomposición política del país, que surja de abajo hacia arriba, como fuerza realmente alternativa a la destrucción. El año que viene corresponden elecciones de Asamblea Nacional, y Venezuela está urgida de una dinámica política distinta. La gobernabilidad de la nación está en juego y el gobierno lo sabe. 

Mercedes Malavé
@mercedesmalave 
mmmalave@gmail.com

miércoles, 14 de agosto de 2019

DOMINGO ALBERTO RANGEL: QUE NADIE LO DUDE. ESTAMOS ANTE UNA DECISIÓN QUE ATAÑE NUESTRA INTEGRIDAD.

Y no vale escudarse señalando que el país está a punto de entrar en una transición porque nuestra sociedad se ha quedado en el siglo pasado. Eso es cierto pero también es secundario si se quiere.

Negarse a ver la realidad implica usar subterfugios para gente que no ve más allá de las narices y que no se da cuenta de lo que entraña el bloqueo decretado por el presidente Trump contra nuestro país… contra el gobierno de nuestro país… y contra nosotros.

Por un lado y para la memoria hemos de formar un muro quienes en medio de la mayor campaña de estupidizaciòn que haya visto nuestra historia… y me refiero a la polarización que todo lo ve a través del prisma de los intereses políticos que todo lo bueno lo ven de un lado… y lo malo en el otro… para enfrentar la amenaza ilegal, criminal y estúpida del gobierno estadounidense que entraña el bloqueo.

A nuestro país y aquí sí vale recordar que estamos en un siglo caracterizado por la globalización que entraña libertad… lo han puesto a recordar dogmas de la guerra fría… en la categoría de los estados que un presidente yanqui calificó como eje del mal.

Ante este abuso y sin meterme en la política de otros yo me pregunto ¿qué tenemos en común los venezolanos y nuestro gobierno con las austeras dictaduras y gobierno electos que mandan esos países aunque Nicaragua es caso aparte?

Pero de eso no se trata: El quid del momento que implica una decisión “de integridad” estriba en si un venezolano ha de aplaudir o no medidas arbitrarias, criminales y estúpidas -porque no creo que propicien cambios de gobierno y si así fuese lo que puede venir sería peor… vistos los robos perpetrados por la banda del autojuramentado ocurridos en El Cucutazo y Citgo-… con que Donald Trump pretende incidir en nuestro destino.

Si no enfrentamos este abuso no solo nos ira peor porque seremos más pobres, perderíamos territorios en caso de invasiones militares… sangre venezolana porque ni somos mochos ni tan mansos… sino que nuestra descendencia nos vería con justo desprecio.

¡Que celebren quienes venden armas o roban supuestas ayudas humanitarias… y que los escupan los patriotas!

Domingo Alberto Rangel
@DomingoAlbertoR 

sábado, 13 de julio de 2019

MERCEDES MALAVÉ: TRANSICIÓN YA

Con el acierto e intuición propias de las madres, Fernando Mires sugiere, a propósito de la ola iracunda desatada contra la visita/informe de Bachelet, repasar la teoría mimética de René Girard, “el Albert Einstein de las ciencias del hombre” según Pierre Chaunu, y del consecuente chivo expiatorio generado cuando las dinámicas de violencia se apoderan de sociedades enteras. Paradójicamente, los análisis iniciales del francés no provienen de las ciencias sociales ni políticas, sino de la literatura. 

Obsesionado por encontrar qué es lo que hace tan atractiva la literatura universal, Girard concluye que la verosimilitud viene dada por el deseo mimético de apropiación, esto es, por la composición triangular de dos rivales (protagonista-antagonista) que se disputan un mismo objeto de deseo: “Las relaciones interpersonales están marcadas por el conflicto, la rivalidad y la violencia. La rivalidad escala hasta el conflicto, el conflicto hasta la violencia, la violencia hasta el derramamiento de sangre, el derramamiento de sangre hasta la venganza y la venganza amenaza con desbordar todo límite y hacer imposible la convivencia entre los hombres”. 

La teoría girardiana concibe que los deseos humanos no son autónomos ni espontáneos; son imitaciones de los apetitos de otro. Las personas, en su experiencia de insatisfacción permanente e insaciable –no soy lo que quisiera o me gustaría ser, me falta algo, etc.– suelen buscar modelos a imitar. El modelo es el referente y el detonante de los propios deseos y aspiraciones: “El hombre busca hacerse un ser (autoretrato) que esté esencialmente fundado sobre el deseo de su semejante” explica el filósofo. Cervantes inmortalizó el deseo mimético del Quijote, caricaturizando su aspiración de ser un gran caballero como el Amadís de Gaula; Madame Bovary encarna el deseo mimético y solitario de los arrebatos de amor de las heroínas de las novelas románticas que leía fanáticamente en su cuarto. 

Mímesis y política: el chivo expiatorio 

Dijimos que el modelo triangular de la mímesis conlleva a que no deseemos directamente los objetos sino a través de otro que lo posee. Por ejemplo, el poder político es deseado siempre y cuando lo hayamos visto en ejercicio de otro que, automáticamente, se convierte en modelo. 

Esto explica la pérdida de la cultura democrática en Venezuela, luego de 20 años de hegemonía cuasi-caudillista en pleno siglo XXI, donde el mediador que suscita el ansia de poder, se presenta como un mandón capataz que dirige bruscamente, agrede y dispone arbitrariamente de los demás y de su pequeña parcela atrasada y descuidada. 

Como la experiencia del deseo es de sujeto-deseante, mediador y objeto deseado, se tiende a disimular tanto el deseo como el modelo a imitar: «Hay que disimular el deseo que se siente, hay que simular el deseo que no se siente. Hay que mentir» El deseo de ser poderoso incrementa el disimulo y la vergüenza de parecerse a quienes están en ejercicio del poder, pues nadie puede afirmar “yo quiero ser como él”, sino “admírame”, “sígueme”, “yo tengo lo que te falta”, “confía en mí”. 

Rivales se presentan cargados de súper poderes, soluciones mágicas, mega planes, los mejores equipos, presumiendo claro está de lo que carecen, y precisamente por eso constituye el objeto de su deseo. Adicionalmente, hay que diferenciarse del mediador pues de lo marcadamente distinto pende el contraste, la rivalidad o conflicto que conduce al desenlace. 

En tiempos convulsos de polarización, el deseo mimético de poder desemboca en una crisis sin término. Como el acercamiento al objeto deseado aumenta la intensidad del deseo, se genera un proceso de retroalimentación que alimenta la espiral de violencia infernal, propagada de manera difusa con consignas, gritos de guerra, programas de odio y propaganda disfrazados de opinión, infotainment y demás hostilidades hasta con el Papa. Semejante dinámica requiere con urgencia de una válvula de escape: emerge el chivo expiatorio como la víctima sobre la que se vierte todo ese odio social. El disimulo, la vergüenza ante el desastre causado, lleva a cargar sobre una víctima inocente las culpas de todo y de todos. Dicen que los aztecas sacrificaban mujeres jóvenes para apaciguar la ira del Dios Sol. La tradición judeocristiana enfatiza en el imperativo de Yaveh-Dios, que no quiere sacrificios, ni ofrendas, ni animales, ni cosechas: quiere el corazón humano, es decir, la conversión del deseo mimético: la superación de la violencia, de los chivos expiatorios, de todo lo que oculta el verdadero origen de los males: “Lo que ofrece la tradición judeocristiana es la posibilidad de formar una nueva sociedad que no necesite víctimas ni exclusiones para encontrar su identidad”. 

Conversión ya 

Hay quienes quieren apropiarse del objeto deseado sin pasar por el trance de la conversión o elevación del deseo mimético; sin superar la táctica infantil del disimulo y acabar con los chivos expiatorios, emprendiendo una nueva relación con el otro, con el deseo y con uno mismo, en el ámbito de las aspiraciones miméticas de apropiación y ejercicio del poder. 

Proust recupera el tiempo perdido cuando acoge su conversión: Según Girard, “recuperar el tiempo es acoger una verdad que la mayoría de los hombres pasan su vida rehuyendo, es admitir que siempre se ha copiado a los otros a fin de parecer original tanto a sus ojos como a los propios. Recuperar el tiempo es abolir una pequeña parte del propio orgullo”. 

La transición democrática pasa por la determinación de acabar con una serie de diferencias brutales, complejos históricos de resistencia indígena, de libertadores y próceres de la patria, de víctima, de clases, de chavistas, de antichavistas y pare de contar, que dominan el imaginario colectivo político del venezolano. 

Para Girard la garantía de los derechos humanos es fundamental para poner cese a la violencia; es decir, los derechos de las víctimas potenciales constituye la médula de una auténtica transición. Si no, seguiremos como los lobos de Hobbes, devorándonos mutuamente. 

Mercedes Malavé
@mercedesmalave

martes, 25 de junio de 2019

LEANDRO RODRIGUEZ: SE SOLICITA LÍDER CON MOTO PROPIA

Maduro ejerce coercitivamente el liderazgo y es una desgracia para la nación, Guaidó concentra legítimamente el liderazgo popular, pero no puede ejercerlo. De otros liderazgos, podemos mencionar:

Enrique Capriles, nunca comprendió que el chavismo no existe, en su lugar ha existido el castrismo, por eso, aún cuando era favorito en las presidenciales contra Chávez y Maduro en 2012 y 2013 respectivamente, perdió, fue presa de la desinstitucionalización y toda su aciaga telaraña. Ahora bien, el que no haya combatido al chavismo en la forma correcta ha sido un error transversal en estos lúgubres 20 años en todas oposiciones que han desfilado.

Henri Falcón quiso jugar a la tercera vía en un país radicalmente polarizado, se convirtió en enemigo de los pros y los contras. También tenía un grave problema de linaje, esa misma radicalización nunca le perdonó que fue chavista, los rojos rojitos lo vieron (ven) como un traidor y los opositores como alguien no digno de confianza. Por sí fuera poco, Falcón trató de jugar a la sindéresis, a la mesura, en un país arrastrado accidental e intencionalmente a la visceralidad, tampoco quiso comprender el venezolano hoy no cree en el voto… craso error.

De Rosales y Cardenas ni hablar, el tiempo ha sido suficientemente claro en delatar sus condescendientes posturas a favor del régimen, al primero le perdonaron todo (como a Bertuci) para que regresase al país a complicar la oposición, al segundo, es más que obvio, después de ser “candidato opositor” volvió al gobierno como hombre de confianza, fiel, compadre del mentor de Sabaneta.

Pero eso no es todo, tenemos un liderazgo del Mas y de Copei a quien la historia los juzgará, prestándose para pantomimas electorales, declarando a favor de artificiosos diálogos, tratando de apaciguar la contundencia de la comunidad internacional contra el castrismo venezolano, lo hacen sin empacho alguno, a pesar que ese 85% de pueblo que rechaza al chavismo los rechaza también a ellos por su colaboracionismo.

Por lado del chavismo el protagonismo lo copó exclusivamente Chávez, quien al ver alguna sombra inmediatamente la apartaba. En 2012 cuando la muerte tocó su puerta, sacó debajo de la manga a Maduro, como todas sus decisiones, ha costado sangre, sudor y lágrimas al país. El castrismo venezolano debe también morir con Maduro porque fue ungido con su comandante eterno, supremo e insustituible, quitar a Maduro sería anular la última voluntad de Chávez, o sea, darle fin a una historia alargada innecesaria e injustamente en contra de los venezolanos. No hay otro líder que brille con luz propia, ni Diosdado a quién sí le quitan la forzada tarima “constituyente” se hunde en el olvido.

Llegamos a Guaidó ¡Todo un tema! Debemos reconocer su titánica labor, sin embargo, estos meses transcurridos son más que suficientes para comprender debe dejarse ya de pendejadas, saber no se enfrenta al chavismo sino al castrismo, que no se enfrenta a demócratas sino a un  pedigrí de dictadores globales de altísima alcurnia, saber el castrismo jamás cederá ante diálogos ni elecciones limpias, debe saber no hay que dar oportunidades a quien cuando las tiene no las desperdicia, debe saber ya que al que a hierro mata a hierro muere.

En 20 años ha existido un solo líder. Al segundo año de su mandato, como era de esperarse, Chávez se desinfló, pero la suerte le dio la cara, utilizó el boom petrolero más alto y sostenido de la historia para fomentar pobreza manipulada a través del populismo salvaje… así como Fidel lo hiciera, se autovanaglorió, autoengrandeció, auntoendiosó. 

Solo Guaidó se alza con un liderazgo que, aunque circunstancial, es propio porque le tocó a él y punto, pero falta poco para saber si continúa la búsqueda de un líder verdadero o ya lo encontramos, Guaidó dixit. 

Leandro Rodriguez 
@leandrotango