Mostrando entradas con la etiqueta PRESIDENTE SANTOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PRESIDENTE SANTOS. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de febrero de 2016

DARIO ACEVEDO CARMONA, LA RENDICIÓN DE COLOMBIA EN POCAS PALABRAS

Una guerrilla casi derrotada sin capacidad de tomarse el poder y sin apoyo popular recibió trato de contraparte del Estado.

Las Farc, ni tontas que fueran, han sabido sacar jugosas ventajas económicas, políticas y jurídicas de la posición blandengue del gobierno Santos.

El presidente Santos contará con poderes especiales –estilo Chávez- en una ley habilitante con la que llevará a cabo los compromisos asumidos en La Habana.

Eso significa torcer el espíritu y el contenido de la Constitución Nacional. Serán irrespetados los acuerdos, pactos y organismos de justicia internacional que hacen parte de nuestra legislación.

Las Farc no entregarán las armas, tendrán bajo su control vastas áreas agrarias o Zonas de Reserva Campesina, se creará una nueva jurisdicción electoral a su exclusivo servicio, se les asignarán puestos en el Congreso y demás organismos de elección popular de nivel departamental y municipal.

Los jefes guerrilleros responsables de crímenes de lesa humanidad no comparecerán ante un juez de la república sino ante tribunal especial de paz conformado entre las partes. No pagarán cárcel, no pedirán perdón pues según alias Timochenko ellos no tienen nada de qué arrepentirse pues sus acciones fueron motivadas por el altruismo.

Para las Farc, es posible que haya una sola verdad, la de ellos. Como no pudieron obtenerla de la comisión de especialistas, tendrán una Comisión de la Verdad conformada por las partes que dirá, al fin de cuentas, que las Farc son producto de las injusticias sociales y de la persecución política. El relato sobre el conflicto versará sobre la justeza de “su levantamiento” mientras los voceros del gobierno y la intelectualidad obsecuente reniegan de la guerra, consideran que la respuesta del Estado fue militarista y violenta.

Este gobierno y sus plumas embadurnadas de mermelada con jugosos contratos sufren del síndrome de Estocolmo, piensan que no hay nada que defender de este Estado, no creen en nuestra democracia y repiten como loros el mismo discurso descalificador que las guerrillas sostienen sobre las instituciones y el Estado colombiano.

El presidente Santos, sus ministros y sus escribanos incondicionales así como las elites centralistas padecen de baja autoestima pues actúan como si no valiera la pena pararse firmes en la defensa de principios de justicia.

Por eso piensan que la lucha armada tuvo justificación, por eso le hacen concesiones a placer a las guerrillas.

Y aceptaron crear la Jurisdicción Especial de Paz que desconoce a la Justicia colombiana y en esencia es un golpe de estado.

Las Farc han renegado toda su existencia de la democracia,  pero, es claro que la van a utilizar para acercarse a la población y tratar de ganar el respaldo que no lograron por la vía armada.

Para los impúdicos ingenuos, ahí está el nefasto ensayo del chavismo en Venezuela: aprovechó el exceso de confianza de los gobernantes y de la candidez de sus dirigentes.

Los pazólogos no ven problema en que la guerrilla mantenga su ideología marxista-leninista, como si esta no fuese la inspiradora de los grandes crímenes de la humanidad en el siglo XX cometidos por Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, la dinastía Kim, el presidente Gonzalo, el Ché, dirigentes que sostenían que cualquier sacrificio era válido para liberar a la humanidad del yugo capitalista.

Santos y sus áulicos creen, contra toda evidencia, que las guerrillas representan la justicia social y los intereses del campesinado y que las elites dirigentes tienen una deuda histórica, deuda que no pagarán a los campesinos pobres sino a sus presuntos representantes.

Santos dictará una ley que permite a criminales de guerra ser elegidos y competir por la presidencia como si no hubiesen cometido delitos atroces.

Santos vendió a Isagen, incrementará el IVA y aprobará una nueva reforma tributaria para cubrir los costos del posconflicto ya que aceptó, en aras de la paz, que la guerrilla no tiene dinero para resarcir o reparar a sus miles de víctimas y para financiar las incontables comisiones que se instalarán de forma paralela al Estado, su soñado poder dual.

Santos puso en marcha una política de debilitamiento de las Fuerzas Armadas descabezándola de sus mejores y más combativos oficiales, impulsando la condena de militares por parte de su fiscal de bolsillo y comprometiéndose a rediseñar su doctrina militar.

Santos ha mentido de manera flagrante pues todo aquello que prometió no hacer ni ceder lo ha hecho y ha cedido a una guerrilla empoderada que está a punto de ser borrada de su prontuario terrorista sin pagar un peso ni un día de cárcel.

Las Farc no serán responsables de secuestros, narcotráfico, reclutamiento de menores, destrucción de pueblos, sembrados de minas antipersonal, masacres de civiles, y otros crímenes de lesa humanidad, porque el presidente Santos y las altas Cortes por él controladas consideran estos estropicios como conexos al delito de rebelión.

Santos dividió el país, persigue a la oposición y estimuló la corrupción para darle poder a una minoría violenta y atrabiliaria.

Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co
@darioacevedoc
Colombia


sábado, 7 de noviembre de 2015

JUAN CARLOS BERMÚDEZ REYES , PRESIDENTE SANTOS COLOMBIA NO ES SUYA,

RUBEN D. ACEVEDO C. 
En teoría un país democrático no puede ni debe ser gobernado ni a las patadas ni como se le venga en gana al presidente. Juan Manuel Santos pertenece a esa estirpe de la oligarquía capitalina y centralista que piensa y actúa como si Colombia fuese un objeto de su propiedad.

Se queja de que buena parte de la opinión pública y la Oposición no validen su forma de gobernar siendo que el disenso es normal en cualquier democracia. En el tema de la paz, por ejemplo, en los tres años largos que han durado los encuentros con las FARC, en vez de hacer caso a las observaciones y críticas que se le hacen a su actitud débil y entreguista, responde reafirmándose más y más en el absurdo empeño de ceder sin consideración a las exigencias de las FARC.

Después de mucho insistir que no se tratarían temas de la Agenda Nacional, de que no habría impunidad, que habrá entrega de armas, que no se modificaría la Constitución, que su gobierno respetaría los convenios internacionales sobre Justicia, termina dándole la espalda a esa opinión crítica al poner en marcha propuestas como, firmar acuerdos incompletos y comprometedores como el que firmó torpemente en La Habana dejándose llevar por la vanidad de la gloria, o los proyectos de reforma constitucional con los que pretende alterar la separación y la composición de los poderes públicos y dotarse de poderes sin control y sin límites.

Los gremios del país hicieron público la semana pasada un documento serio, bien escrito, respetuoso y sobre todo, bien argumentado, sobre los asuntos en los que al parecer se debe tener sumo cuidado en las negociaciones de paz. Advierten que el Estado no se debe poner en plano de igualdad con las guerrillas porque eso significaría deponer su legitimidad y otorgársela a los grupos irregulares.

A los empresarios del país les preocupa con razones de peso, que el gobierno, en aras de la paz, termine poniendo en peligro el principio de la propiedad privada, que se negocie el modelo económico, la integralidad de nuestra Justicia y la anulación del Congreso en su función legislativa. El Consejo Gremial Nacional llama la atención sobre la pretensión de las guerrillas de enjuiciar a más de medio país incluyendo a empresarios, gobernantes, dirigentes políticos, oficiales de las Fuerzas Armadas, y que ellas terminen imponiendo su versión sobre el conflicto. Se equivoca en grado superlativo el presidente Santos al declarar ante los medios que recibía con agrado el respaldo de los gremios con el ánimo de enturbiar y disolver el espíritu crítico del documento.

Asusta sobre manera y deja muy mal sabor que los medios, de consuno, hayan omitido informar con la debida amplitud sobre el contenido del documento en cuestión. Tal parece que lo expresado en ese texto no vale la pena que sea conocido por la sociedad, peor aún, que el silenciamiento de los medios sea una expresión de un grosero y cínico control de los medios por parte de un gobernante que ha dado pruebas fehacientes de sus artes y mañas para engañar, cambiar el sentido de las nociones y de las palabras, manipular los resultados electorales con altas dosis de “mermelada”, y ahora con su total indiferencia ante el oso protagonizado en La Habana el pasado 23 de septiembre.

El control de los medios con publicidad oficial de verdad que es una de los peores legados de este doble mandato. Representa el peligro de entrar en la onda chavista que destruye su misión con garrote o con zanahoria según las circunstancias, y justificando la anulación de la libertad de prensa con el peregrino argumento de defender la libertad de prensa “juiciosa y responsable”.

Estamos pues, ante un mandatario y un gobierno sordo al clamor nacional mayoritario para  que se firme la paz pero sin caer en el entreguismo subyacente en la filosofía del filósofo Sergio Jaramillo. Estamos ante un presidente que ha convertido el ideal de la paz en un tema personal como si estuviera jugando su billetera en un casino y no la suerte de un país que mira con temor que por satisfacer a una guerrilla prepotente su jefe de gobierno produzca el quiebre de la institucionalidad y una división irreparable de las fuerzas políticas y sociales que han defendido la institucionalidad.
http://ventanaabierta.blogspirit.com/archive/2015/10/25/presidente-santos-colombia-no-es-suya-3058591.html

Enviado a nuestros correos por
Ruben Dario Acevedo Carmona
rdaceved@unal.edu.co

@darioacevedoc
Colombia

Juan Carlos Bermúdez Reyes,