Mostrando entradas con la etiqueta REENCUENTRO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta REENCUENTRO. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de febrero de 2020

MARYCLEN STELLING: EL RETO

Es imperante la edificación de un mayoritario consenso ciudadano en torno a la convivencia y la legitimidad del diálogo, que promueva e impulse el salto de enemigos a aliados, como principal vía para construir una cultura de paz.

La coyuntura política nos reclama con carácter obligatorio la reconstrucción del tejido social y, además, nos confronta con la urgente necesidad de promover y legitimar la convivencia en la sociedad.

Desde diversos flancos requiere la elaboración de una narrativa del reencuentro, reconocimiento y, por consiguiente, de un discurso de reconciliación con miras al futuro. Nos invita a la obligante labor de búsqueda de la paz política, económica, social, cultural y afectiva.

En suma, nos enfrenta al reto histórico de construcción de un amplio proceso de legitimación que requiere de importantes recursos simbólicos. Aquellos elementos susceptibles de evocar en las personas significados que dotan de sentido y contexto a la realidad en la que viven y las experiencias que confrontan.

Proceso de legitimación que pasa por la ardua tarea de desmontar un arsenal simbólico, profundamente arraigado y alimentado por intencionales narrativas que, descarada e impunemente, apuestan a la destrucción del contrario, en tanto enemigo histórico supuestamente aferrado a su voluntad confrontacional pasada, presente y futura.

Empresa de gran magnitud por cuanto nos hemos habituado y adaptado a la confrontación y al conflicto en todos nuestros espacios vitales. De allí que se plantee la necesidad de emprender un proceso de deshabituación del conflicto y, por ende, de reconocimiento del beneficio simbólico de la reconciliación. Adaptados y habituados al conflicto, emergen una serie de interrogantes a las que debemos hacer frente.

¿Cómo desmontar el arsenal simbólico que juega a favor de la confrontación? ¿Cómo convertir nuestros enemigos en aliados para construir conjuntamente la cultura de paz? ¿Cómo generar confianza y dotar de legitimidad a todo el proceso? ¿Cómo erigir un nuevo edificio simbólico a favor de una cultura dialogante y de paz? ¿Cómo impulsar un cambio que legitime el dialogo como salida al conflicto político actual? Enfrentamos el reto histórico de construcción de legitimidad de un proceso que supondrá el beneficio simbólico del reencuentro, reconocimiento, del diálogo y la paz.

Maryclen Stelling
maryclenstelling@gmail.com
@maryclens
@UNoticias

martes, 19 de abril de 2016

VICTOR RODRIGUEZ CEDEÑO, REENCUENTRO, RECONCILIACIÓN, JUSTICIA, PAZ Y PROGRESO

En su infundada y contradictoria decisión de la semana pasada, el Tribunal Supremo de Justicia declaró inconstitucional la Ley de Amnistía aprobada por la Asamblea Nacional. En su decisión, el TSJ se refiere de manera equivocada a los crímenes de lesa humanidad, a las violaciones de derechos humanos y a los crímenes de guerra para fundamentar la inconstitucionalidad de la Ley. Más grave aún, el Tribunal Supremo o más bien los redactores externos de la decisión consideran, al justificar políticamente su decisión, desvirtuando el sentido y el alcance de su función judicial, que “las amnistías son manifestaciones de la justicia transicional que se refieren a verdaderos momentos de ruptura y a la necesidad de instaurar una comunidad política (…) lo que invalida (…) la ley bajo examen.”  

Paradójicamente y al mismo tiempo, al negar el TSJ la posibilidad de un proceso de justicia transicional, Maduro anuncia otro de sus mecanismos, a través de la creación de una Comisión de amigos que lejos de buscar la verdad, no es más que otro brazo del régimen para perseguir y amedrentar, en la que lamentable y penosamente participan personalidades como el ex Primer Ministro español José Luis Rodriguez Zapatero, una vez respetable dirigente social demócrata, defensor de la democracia y de los derechos humanos.

Independientemente de lo que podamos pensar de la decisión del  TSJ y de las aberraciones en la que incurre un régimen en etapa terminal, todos somos conscientes de que estamos en momentos muy difíciles que sólo con inteligencia y buena voluntad podríamos superar. No es fácil, por supuesto, encontrar espacios comunes, en pocas palabras, un mínimo común denominador, que permita un acercamiento básico en medio de una polarización de la sociedad antes nunca vista, cuando tenemos a un régimen que irrespeta la Constitución, desprecia las libertades y viola de manera sistemática y generalizada los derechos humanos de los ciudadanos, no solo opositores, perseguidos por su manera de pensar y por la osadía de protestar en contra de los abusos, sino de todos los venezolanos a los que se les impide el ejercicio de sus derechos igualmente fundamentales, el de alimentación y el de la salud por delante.

Para muchos estamos en una situación que supera la simple confrontación y que, lamentablemente, parece conducirnos a la ingobernabilidad y peligrosamente hacia conflictos mayores cuyas gravísimas consecuencias, las sociedades, esperanzadas en las soluciones, no perciben en sus inicios.

De la manera más irresponsable, las instituciones del régimen insisten en desconocer la realidad y en despreciar los mecanismos pacíficos que pueden permitir la salida de la crisis y el inicio del camino hacia la construcción de la Venezuela que todos, sin distinción política ni de ninguna otra naturaleza, queremos.

Mientras haya presos políticos y no se abran espacios de diálogo y de consenso no habrá el reencuentro, menos aún la reconciliación y la paz que todos aspiramos . Y sin ello, mucho menos habrá soluciones a la crisis integral que atraviesa el país. Hablar de justicia transicional, en definitiva, favorece al país y no solamente a un grupo de la sociedad. Habrá que recurrir a este mecanismo y en ese contexto habrá de crearse una auténtica Comisión  de la Verdad, independiente e imparcial, integrada por gente seria y responsable que con autonomía pueda decirnos lo que realmente ha pasado estos años y por qué ha pasado.

La sociedad venezolana quiere que se determinen las responsabilidades de los autores y responsables de las violaciones de los derechos humanos y por la realización de una serie de delitos que afectan el funcionamiento del Estado, lo que lejos de significar venganza, expresa justicia.  Las víctimas y sus familiares, la sociedad entera, exigen que se les reconozca y que se les acuerde la reparación debida ante los daños causados.

Vendrán tiempos de cambio y se reestablecerá el orden y las libertades. Negar la transición es negar la crisis y las soluciones, es despreciar al pueblo, irrespetar a la nación y destruir el Estado.

Victor Rodriguez Cedeño
vitoco98@hotmail.com
@vitoco98
internacionalista
Caracas - Venezuela

domingo, 24 de enero de 2016

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN, VENEZUELA, TIERRA DE GRACIA

Venezuela es  un país privilegiado,  lleno de encantos y prodigios, que Dios lo debió crear en una tarde en que andaba  especialmente feliz. Cuando en 1498, Cristóbal Colón llegó a  las costas de Paria quedó tan impresionado que creyó que había llegado al Paraíso Terrenal. Sus ojos trataban en vano de captar toda la hermosura, Y de su asombro y admiración,  brotó el primer nombre de Venezuela: Tierra de Gracia.

Realmente, Venezuela tiene enormes potencialidades, y  no sólo cuenta con inmensas riquezas de materias primas: petróleo, hierro, oro, aluminio, pesca, agua, productos agrícolas y ganaderos…, sino que es un país realmente bello. Cuenta con un sol inapagable, playas exquisitas de aguas cristalinas sobre lechos de coral (Morrocoy, Los Roques, Mochima, Playa Colorada,  Margarita, Choroní, Cata,  Adícora, Villa Marina, Neima…); desiertos y medanales que avanzan sin descanso con sus pies  movedizos de arena; llanuras inmensas pobladas de  corocoras  y garzas, donde los horizontes se van alejando  a medida que uno los persigue; ríos caudalosos que van culebreando  entre selvas infinitas; lagos y lagunas encantadas,  pobladas de leyendas y de magia; islas paradisíacas que parecen estrellas caídas en el inmenso cielo azul de nuestros mares;  tepuyes, castillos de los dioses pemón, que levantan sus frentes para asomarse al espectáculo increíble de la Gran Sabana; saltos, cascadas y raudales   que  entonan  con sus labios de agua el himno del amanecer de la creación; pueblitos montañeros que, abrazados a su iglesia protectora, se trepan a las raíces de la niebla y del frío; una enorme serranía habitada por el frailejón, el silencio y la soledad donde el tiempo va madurando sus cosechas de rocas; una colosal montaña  que agita contra el cielo su blanca bandera de  nieve. En marzo y abril, Venezuela llamea en los brazos de sus araguaneyes. Todas las tardes Dios se despide de nosotros en los crepúsculos de Lara y en los atardeceres de Juan Griego, y acuna nuestros sueños con el guiño sublime del relámpago del Catatumbo.

Pero en Venezuela, hoy  enfrentamos un triple reto para convertir todas sus inmensas potencialidades y belleza en vida abundante para todos: 

El primer reto es el  del reencuentro  y la convivencia, de modo que profundicemos la democracia, entendida como un poema de la diversidad, con poderes autónomos que se vigilen y regulen unos a otros,  e instituciones eficientes, que resuelvan problemas; y todos los venezolanos nos constituyamos en genuinas personas y auténticos ciudadanos, sujetos de derechos y deberes, iguales ante la ley. 

El segundo reto es cambiar el modelo estatista y rentista por un modelo eficiente y productivo, que asuma el trabajo y la producción como medios esenciales de realización personal y de garantizar a toda la población bienes y servicios de calidad. Resulta cínico que, después de haber destruido el aparato productivo y haber promovido la cultura limosnera y la dependencia absoluta de la renta petrolera, ahora el Gobierno se presente como el adalid de la productividad, pero manteniendo las políticas que llevaron al país al abismo.   

El tercer reto es  lograr un desarrollo humano, con justicia y equidad, que combata con fuerza la pobreza, la miseria y todo tipo de violencia. Es vergonzoso que, junto con Honduras, seamos los países más violentos del mundo No podemos seguir permitiendo  que la delincuencia robe la vida a miles de venezolanos y que todos vivamos en una especie de toque de queda por miedo a salir a la calle.  

La retórica épica del gobierno repite que la revolución es pacífica pero armada,  y alardea de estar dispuestos a enfrentar al imperio cuando no es capaz de derrotar la delincuencia ni el bachaqueo. A pesar de los graves problemas, los venezolanos no hemos renunciado  a la esperanza y debemos seguir trabajando con tesón, ilusión y pasión, por superar los gravísimos problemas y constituirnos en una república moderna, eficiente y solidaria,  en la que todos podamos vivir con dignidad y en libertad. 

Antonio Pérez Esclarín
pesclarin@gmail.com
@pesclarin    
Zulia - Venezuela