martes, 9 de febrero de 2016

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN, LA CONSTRUCCIÓN DEL SUJETO POPULAR

La  supuesta democracia protagónica en modo alguno ha fomentado  en el pueblo la conciencia de la necesidad de constituirse en un sujeto autónomo y  productivo, sino que ha agigantado su dependencia y la convicción de que Papá Estado debe dárselo todo para resolver los problemas. Bajo las proclamas de convertir al pueblo en sujeto de la revolución, solo se ha exacerbado el populismo, que hasta ahora fue posible por los altos precios del petróleo. Con su baja, parece venirse abajo todo el edificio organizativo y conceptual levantado sobre la renta petrolera.

La formación de la conciencia crítica fue  sustituida por la ideologización y por la propaganda machaconamente repetida de que el   Gobierno ama al pueblo más humilde y que  si llegan  al poder los de la Oposición que “desprecian y odian al pueblo, le quitarán los beneficios y bienes adquiridos”.  El Ministerio de Comunicación funciona como un excelente Ministerio de Propaganda y personas y medios que sigan empeñados en mostrar la realidad y enseñar a pensar, deben atenerse a las consecuencias. Nunca como hoy, hemos transformado el principio cartesiano de “Pienso luego existo”, en “Pienso, luego soy una amenaza”  o en “¡Existo, luego me piensan otros!”.
A la ausencia de formación política o a la perversión de sustituir la política por la ideología, habría que añadir que el desabastecimiento, la escasez, la inflación, la  criminalidad e inseguridad están destruyendo  las organizaciones sociales. El pueblo tiene bastante  intentando sobrevivir a la violencia y haciendo colas interminables para adquirir los alimentos de primera necesidad, las medicinas  y los repuestos y objetos imprescindibles.
Por otra parte,  los liderazgos y las organizaciones tradicionales están siendo superadas  por los dinamismos y pujanzas de las organizaciones que se mueven en los corredores de la irregularidad, la ilegalidad, las mafias,  la violencia, el crimen y la delincuencia.  De ahí la necesidad de reinventar la  política que, entre otras muchas cosas,  va a exigir  políticos  honestos, coherentes y desprendidos, muy  cercanos al pueblo, que comparten sus  dolores, necesidades, luchas y esperanzas,  capaces de interpretar y convertir en proyecto las necesidades y aspiraciones del pueblo.
Urge, en consecuencia,  abocarse a la construcción de organizaciones sociales y políticas desde  nuevas lógicas de poder, de relaciones de género, de  relaciones con la naturaleza y sus bienes que, entre otras cosas, van a exigir vidas más trabajadoras y productivas, más austeras y más solidarias.
Los políticos deben abandonar sus discursos acartonados y  escuchar mucho más al pueblo pobre y entender que,  a pesar de la violencia y violaciones, de la corrupción y de la impunidad, de las armas y de la criminalidad organizada, la mayoría de la gente que habita en la marginalidad de la sociedad pasa haciendo el bien. Ese heroísmo cotidiano es una reserva espiritual, mística y ética que ha de alimentar las luchas sociales y populares y la refundación de la política.
Antonio Pérez Esclarín
pesclarin@gmail.com
@pesclarin    

Zulia - Venezuela      

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