Todavía no he leído ni
escuchado ni un solo argumento de peso que me convenza que sin negociación
vamos a llegar a parte alguna. Y miren que lo busco por todas partes. Yo leo a
todos, escucho a todos.
Lo voy a decir sin
medias palabras: tenemos que presionar a políticos, organizaciones,
influenciadores, consultores y ciudadanos para que entiendan y acepten que,
unidos, en bloque, hay que iniciar un proceso de negociación. No de diálogo, no
de intercambio de ideas, no de tertulia o conversadera. Negociación.
Cada día
que pasa sin que se emprenda un proceso de negociación, el país y la ciudadanía
de cualquier color político (si acaso quedan colores aún) se perjudican más y
más y el gobierno se atrinchera y atornilla más. El gobierno (o régimen), en
una estrategia costosa y desgastante para él, hace lo que le da la gana, la
mayor sarta de errores y estupideces imaginables, porque no necesita de mayor
cosa para atrincherarse.
Todavía no he leído ni
escuchado ni un solo argumento de peso que me convenza que sin negociación vamos
a llegar a parte alguna. Y miren que lo busco por todas partes. Yo leo a todos,
escucho a todos. Al gobierno, a los revolucionarios, a las oposiciones, a los
analistas, a los liderazgos de todas las tendencias. Los sigo muy de cerca en
sus declaraciones. Radio, televisión, Facebook, Twitter, páginas web, blogs.
Analizó discursos, intervenciones, planteamientos, opiniones. Quiero que me
persuadan. Nadie me ha ofrecido razones lo suficientemente sensatas para
suponer que existe otro camino salvo el de la negociación para darle un parao
al desastre que ya, está clarísimo, tiene todas las características de rumbo al
colapso.
Ya no es cuestión de lo que queremos oír, de lo que nos gustaría.
Estamos mucho más allá de largas o cortas letanías. No se trata de recitar
deseos como si fuera una carta al Niño Jesús, y menos de decir lo que la gente
en su desesperación quiere oír. Es entender lo que está pasando (horroroso) y
lo que puede pasar (todo se puede poner mucho peor). Y a los que se lanzan a
distribuir por todos los medios promesas edulcoradas y maquilladas de
colorinches heroicos, de esas que despiertan esperanzas vanas, hay que
preguntarles, así, directamente, sin ambages, qué día, a qué hora, integrada
por quiénes, con qué y cómo va a venir una fuerza liberadora internacional al
rescate de Venezuela.
Maduro está metido en un
pozo de impopularidad. Es cierto. Tiene el rechazo más alto que ha
contabilizado presidente de Venezuela alguno. Pero no está ni derrocado ni
derrotado. Cada semana se atrinchera más y nos hunde más. Y ha entendido que no
necesita ser popular o tener aplauso internacional para seguir pegado como
garrapata en el sillón de Miraflores. No le importa en lo absoluto el costo que
para el país supone su gobierno. Y eso tampoco le importa a quienes le
garantizan que siga ahí, porque esos, pocos pero muy poderosos, también están
muy bien en medio del desastre. Pero hay más. La estrategia de dividir a la
oposición ha sido extraordinariamente efectiva, eficiente y eficaz y fue
ejecutada con precisión. Hoy la percepción y la sensación del país de a pie es
que los dirigentes de oposición se dividen en inútiles, oportunistas,
colaboracionistas y mangasmeás. No hay un solo líder que llegue a números de
apoyo popular que siquiera se asemejen a los que llegaron a tener. El gobierno
instaló una molienda y le dijo al país que la usara para destruir a la
oposición. Y la ciudadanía siguió la pauta, con el coro de muchos que creyeron
que así se hacían de prestigio o que pensaron que era una estrategia correcta y
productiva.
¿Estamos a tiempo de
evitar que el colapso se convierta en destrucción total? Sí, mil veces sí. Pero
se requiere coraje, no ridícula gritadera. Es imprescindible
"cantarle" las verdades al país y dejar de "llorarse las
mentiras". Y es imperativo dejar la narrativa idiota de etiquetas
políticas y económicas que, a los ojos de los millones que sufren, no hacen
sino pintar de banalidad y frivolidad el debate. Pero si bien estamos a tiempo,
hay que apurarse. El país no aguanta mucho más. Dejen de mirarse el ombligo
.
Soledad Morillo Belloso
Soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob
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