viernes, 22 de mayo de 2020

GABRIEL BORAGINA, ¿SON NECESARIOS LOS IMPUESTOS?, DESDE ARGENTINA

Se dice, que los impuestos son la retribución de los servicios prestados por el gobierno en materia de seguridad. Pero aceptado esto reaparece, en tal caso, la cuestión ya planteada antes: si la seguridad es una necesidad de la población ¿Por qué debería prestarla un ente llamado "gobierno" y -por, sobre todo- porque debería además este monopolizarla? ¿qué es lo que "hace" que los particulares no puedan prestar este servicio si es realmente esencial para todo ser humano?

 "Son necesidades imaginarias, prosigue, las que crean las pasiones y debilidades de los gobernantes, el atractivo de un proyecto extraordinario, el frívolo deseo de vanagloria y cierta impotencia del entendimiento contra los caprichos. A menudo, personas de ánimo inquieto, que estaban bajo el principio, al frente de sus negocios, pensaron que eran necesidades del Estado las de sus almas mezquinas."[1]

Las palabras de arriba son de Montesquieu a quien nuestro autor (Goldstein) sigue citando en su artículo. Dada su concepción organicista del "estado" (de la que participa el articulista que lo menciona) el filósofo francés diferencia las necesidades del "estado" de las de los gobernantes. Estos últimos -aclaramos nosotros- no son más que personas que se desigualan del resto por poseer poder político otorgado por si o por el pueblo. Como personas humanas, naturalmente, poseen necesidades, y la circunstancia de encontrarse en posesión de poder político les hace -según Montesquieu- "confundir" sus necesidades personales con unas supuestas "necesidades" del "estado" a las que llama "imaginarias". Para Montesquieu, entonces, habría dos tipos de necesidades del "estado", a saber: las reales y las imaginarias, siendo estas últimas -en realidad-personales de los gobernantes y que estos hacen pasar por "reales" del "estado" y no de ellos.

Es cierto que el gobernante, apenas tiene la oportunidad, abusa de su poder. Ya dijo Lord Acton: "El poder tiende a corromper. El poder absoluto corrompe absolutamente", máxima que también se ha cumplido en el pasado y se observa en el presente. Y, también, es verdad que ese mismo gobernante se ampara en aquellas supuestas "necesidades" de "estado" para proceder arbitrariamente como lo hace a menudo.

Pero ya sea que el gobernante -de buena o de mala fe- crea que sus propias necesidades personales son las de un supuesto "estado" por el que el debería velar, o bien participe del error de pensar que el hipotético "estado" tendría necesidades que le son "propias" a la ficción, no convierten dichas necesidades personales en las de esa entelequia llamada "estado", y eso, no porque el "estado" tuviera "necesidades", que no las tiene, ni imaginarias ni reales.

Sigue diciendo Montesquieu:

"No hay nada que la sabiduría y la prudencia deban regular con tanto cuidado como la porción que se quita y la que se deja a los súbditos. No han de medirse las rentas públicas por lo que el pueblo pueda sino lo que deba dar; y si las mide por lo que pueda dar, ha de ser, al menos, por lo que pueda dar siempre"[2]

En una visión que luce bastante paternalista, parece presumir Montesquieu en el gobernante sabiduría y prudencia, mito que es común, aun en la mayoría de nuestros contemporáneos, y que como tal no cuenta con ninguna base ni lógica, ni histórica, ya que lo que esta última enseña es que cada vez que han podido los gobiernos del mundo han expoliado hasta el máximo posible a sus indefensos súbditos (mal llamados ciudadanos en tal sentido). Pero el tinte totalitario se encuentra en el segundo párrafo, donde alude que las rentas públicas no han de medirse "por lo que el pueblo pueda sino lo que deba dar".

En este último caso, suponiendo que la producción total de la economía de un lugar sea de 100 y el burócrata decide que el pueblo "debe dar" 110, fácil es de advertir que el pueblo se queda sin nada. Y encima quedaría como "deudor" de ese fantasma llamado "estado" por una cantidad de 10. Pero parece que Montesquieu advirtió seguidamente el absurdo de lo que había escrito y añadió rápidamente que "y si las mide por lo que pueda dar, ha de ser, al menos, por lo que pueda dar siempre".

Lo que se le escapó al ilustre pensador francés es que "lo que pueda dar siempre" está condicionado por lo que se le ha sacado antes y se le sacará después, es decir, el fuerte papel que juegan los incentivos y desincentivos que traen como consecuencia ineludible los impuestos. Es que para quien lo paga, el impuesto es siempre un costo, y los costos -cuando son fijos o progresivos en relación a los ingresos- operan como desincentivos a la producción y constantemente tienden a disminuirla.

No obstante, Goldstein celebra las palabras de Montesquieu en estos términos:

"Sabias y previsoras palabras las del filósofo francés, que ha inspirado a tantos hombres de Estado. Ellas dan al mismo tiempo, el fundamento político del impuesto y el fundamento filosófico, ya que nos hace prever que un régimen de equilibrio social, lo que entendemos por liberalismo y democracia, imponen el máximo cuidado a la tarea de las capitaciones y de las imposiciones."[3]

Podemos coincidir que Montesquieu da los fundamentos políticos y filosóficos del impuesto desde su propio punto de vista, pero de mayor importancia son los económicos que -como no podía ser de otra forma- están totalmente ausentes, al menos en lo transcripto.

Resulta curiosa, y no queda debidamente aclarada, la relación que el autor hace entre liberalismo y democracia a la que define como régimen de equilibrio social. Es probable que se refiera a lo que muchos tildan como liberalismo político pretendiendo una separación con otro liberalismo (económico). Ciertamente liberalismo y democracia no son sinónimos, sino que se tratan de dos cosas disímiles, aunque no necesariamente incompatibles entre sí. Parece que el autor extiende ese "equilibrio social" que supone ínsito en lo que él entiende "por liberalismo y democracia" "a la tarea de las capitaciones y de las imposiciones" o bien subordina estas a aquel. No queda claro.

Gabriel Boragina  
gabriel.boragina@gmail.com 
@GBoragina  
Argentina 

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