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sábado, 23 de noviembre de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO: ¿DÓNDE ESTAMOS Y HACIA DÓNDE VAMOS? CASO VENEZUELA

Ha transcurrido casi un año desde que la oposición de la Asamblea Nacional presentó a los venezolanos la ruta del cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Para ello se llamó a manifestaciones públicas de calle, se organizaron acciones puntuales de grupos violentos (guarimbas) y actividades golpistas y se trabajó en función de lograr apoyo internacional, principalmente de EEUU y sus gobiernos adláteres en la región y de la comunidad europea. Hubo inicialmente nutridas marchas en todo el país, que sin embargo nunca fueron como las ocurridas en 2001 y 2002. También se produjo la violencia de baja intensidad ejercida por grupos juveniles  dirigidos por mercenarios, pero lo que avanzó mucho más fue la acción internacional, con el reconocimiento a Juan Guaidó como Presidente de la República de más de 50 países, la creación del grupo injerencista de Lima y sobre todo la imposición de sanciones económicas por parte de EEUU. 

El gobierno respondió convocando a las calles a sus partidarios, para lo cual utilizó su control de la administración pública y los recursos del Estado; reprimiendo fuertemente las acciones violentas de calle e interfiriendo y limitando también las protestas pacíficas, militarizando las principales ciudades, judicializando la represión contra sus adversarios y desatando una costosa acción propagandística digna de mejores causas. Adicionalmente, fue tomando medidas de liberación del mercado, que lo han llevado al extremo de permitir y defender una dolarización anárquica de la economía y un mercado prácticamente sin ningún control estatal. Ha reducido la emisión de circulante y ha tratado, con muchas dificultades, de mantener algunos programas sociales, principalmente los de ayuda alimentaria a la población, para los cuales está muy lejos de tener las divisas que tuvo, y ha manejado intensamente sus relaciones internacionales. 

Luego de casi un año de lucha los adversarios no han podido acumular suficientes fuerzas para derrotar al contrario. Las marchas opositoras se han venido reduciendo, lo cual también le ha pasado a las movilizaciones gubernamentales, situación que indica un resquebrajamiento de los apoyos y de la obediencia. El golpe de Estado no se ha producido, a pesar del insistente trabajo interno y externo efectuado para seducir a la FANB, y la anunciada invasión militar extranjera tampoco y está hoy aparentemente más lejos que nunca. Hay que responsablemente señalar que esa política está hoy totalmente fracasada. El gobierno, por su parte, tampoco ha sido exitoso. Su respaldo popular sigue muy disminuido, no ha podido conjurar la crisis ni ha logrado derrotar a la oposición extremista, hecho más que evidente si vemos la libertad total con la que se mueve Juan Guaidó en todo el territorio nacional. 

Hay un empate técnico entre estas fuerzas polarizadas y la única derrotada ha sido la nación venezolana, arruinada por ambos sectores y sin futuro claro a la vista, con excepción de la valiente iniciativa tomada por cinco partidos de la oposición democrática, que asumieron la constitución de una mesa de diálogo nacional con el Ejecutivo. Ésta, a pesar de la lentitud gubernamental en la toma de sus decisiones, ha ido avanzando positivamente en forma constante y, guste o no guste, quiérase o no, tiene resultados cualitativamente mayores que los diálogos de Santo Domingo y de Barbados. “No terminarán en nada”, dicen algunos iluminados. Puede ser. Está dentro de lo posible. Pero prefiero trabajar para que termine con la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral más equilibrado, el establecimiento de la representación proporcional constitucional y la realización de las elecciones venideras dentro de un marco de equidad, participación total y transparencia.   

Luis Fuenmayor 
lft3003@yahoo.com
@LFuenmayorToro    

sábado, 14 de enero de 2017

BERNARD HORANDE, ¿HACIA DÓNDE VAMOS?

CUIDAR LA UNIDAD

De acuerdo a un conocido relato, el piloto de un avión le anuncia en pleno vuelo a sus pasajeros que tiene dos noticias que darles. Una mala y una buena.

"Comienzo por la mala...", dice, "hemos perdido el rumbo y no sabemos hacia dónde vamos...".

Por supuesto, todos los pasajeros entran en pánico, y sólo esperan escuchar la noticia positiva.

En tono tranquilizador, el piloto continúa:

"Y ahora la buena noticia: a pesar de qué no sabemos adónde vamos, lo cierto es que lo estamos haciendo rapidísimo, es más... ¡este avión ya ha superado su record histórico de velocidad!".

Así parece estar andando Venezuela. Sin rumbo, y velozmente hacia una catástrofe total.

El año 2016 fue, en lo político, frustrante. Las enormes expectativas creadas sobre la salida de Nicolás Maduro de la Presidencia de la República y la convocatoria a elecciones, se vieron anuladas.

Se juntaron la imposición de decisiones ilegales, ilegítimas e inconstitucionales del Tribunal Supremo de Justicia - TSJ, y del Consejo Nacional Electoral - CNE, con una pléyade de pésimas decisiones por parte de la oposición venezolana organizada en la Mesa de la Unidad Democrática - MUD.

Obviamente, la crisis social y económica no hizo sino agravarse hasta llegar a niveles nunca vistos en nuestra historia republicana.

¿Qué pasa de ahora en adelante?

El régimen ha decidido, con sus últimos nombramientos, acentuar su rostro radical. Ya no les quedan fichas. Sólo enroques y cambios insustanciales. Echan mano de Diputados de la Asamblea Nacional. Puro "bate quebrao".

Siguen apelando a Gobernadores. Ahora el designado es el de Aragua. Personaje funesto envuelto en mil y un juegos de poder, dinero, corrupción, narcotráfico y terrorismo.

Afecto a Maduro, maneja las finanzas subterráneas. Representa un disuasivo por si Maduro debe dejar el poder... ¡qué joya quedaría para los dos últimos años!

Por supuesto, de este teatro no saldrá ni una nueva solución efectiva ni un paliativo que permita aminorar siquiera uno de los gravísimos problemas que sufre el venezolano de a pie.

La comparsa de Maduro no da más. No tiene con qué. Se sostiene porque no existen incentivos que los haga salir del poder sin enormes consecuencias personales, para sí mismos y sus allegados.

A la cúpula militar poco le importa el pueblo. Así como tampoco le importa la situación en la que se encuentra la enorme mayoría de los efectivos castrenses. Estos viven junto a sus familias el desastre venezolano. Sin embargo, no hallan cómo expresar su descontento sin asumir grandes riesgos.

El chavismo-madurismo-diosdadismo juega a que pase el tiempo. Correr la arruga. Que ocurra de pronto un milagro y que aparezcan soluciones mágicas que les permitan tomar aire y seguir en el poder. Muy difícil.

En el lado de la oposición, las cosas no se ven precisamente mejor.

La desmovilización de la calle después del 20 de Octubre del año pasado fue una decisión que a estas alturas no está uno claro de cómo calificarla. Como un apresuramiento, como un error, como una estupidez... ¡o como todos juntos! A menos que haya sido algo sospechosamente meditado...

Sea lo que sea, esta dirigencia de oposición nos dejó con los crespos hechos y con Maduro en el poder no se sabe hasta cuándo. Desde entonces, viene dando tumbos, no acierta. Y el comienzo del 2017 no augura algo distinto.

Ahora más que nunca, el aspecto socio-económico puede tomar una importancia enorme en un desenlace.

Después del Diciembre más triste que se recuerde, los venezolanos se encuentran con un Enero/Febrero terrible. Además de la escasez, que continua, ahora se suma una inflación desorbitada.

¿Cómo puede llegar a pagar un compatriota los precios actuales de los productos? ¿Puede desencadenar esto una ola de protestas masivas y violentas que lleve a una solución obligada?

La oposición, representada en la MUD y fuera de ella, debe detenerse y plantearse una estrategia coherente y sobre todo llena de acciones continuadas, que le haga recobrar la confianza de la gente. Debe cuidar la Unidad como parte de esa estrategia.

Y debe crear para sí un alto grado de credibilidad en todos los sectores que la lleve a ser identificada por una aplastante mayoría de venezolanos, incluidos los chavistas, como un potable, conveniente y apropiado sustituto del nefasto régimen actual.

Sólo así, podremos ver con mayor esperanza este 2017.

Bernard Horande
bhorande@gmail.com
@bhorande
@APlumazoLimpio
Miranda – Venezuela

miércoles, 13 de abril de 2016

VLADIMIR VILLEGAS, ¿HACIA DÓNDE VAMOS?

Es difícil responder una pregunta como esa en un país como este, en el cual es muy fácil caer en los extremos de negar la magnitud de las dificultades o pronosticar que vamos hacia el mayor de los cataclismos sociales. Pero esa pregunta nos la formulamos todos los días ante cualquiera de las situaciones que ya se vuelven cotidianas en la Venezuela de hoy.

La interrogante tiene relación directa con el escenario de choque de poderes que se está desarrollando por capítulos  en nuestro país, como una novela que cada día trae episodios que generan la angustia del televidente o el lector. La diferencia es que todos somos actores.

Unos protagonizan y otros están en el reparto. Pero todos tenemos nuestro papel asignado.

Todos, gobierno y oposición, saludan que el papa llame al diálogo. ¿Cómo no hacerlo y salir movido en esa foto? Pero el libreto va en la dirección opuesta. Nadie, en verdad, da hoy ni un bolívar “fuerte” por el diálogo en nuestro país. No hay ni ganas de escucharse ni voluntad de aflojar ni mucho menos dar el brazo a torcer. Seguimos pegados a la melcocha de la confrontación. ¿Será posible al menos que se promueva y se logre un acuerdo para que esa confrontación encuentre cauce en la vía electoral, bien sea enmiendas, referéndum, elecciones de gobernadores e incluso renovación total de todos los poderes y cargos de elección?

Ojalá así sea. Porque corremos el riesgo de que a alguien se le ocurra la idea de que hay que cerrarle el paso a cualquier consulta popular y eso sería un boleto en primera clase hacia la locura. Es imprescindible darle curso electoral a la confrontación. En medio de esta pelea no se puede ignorar al soberano. La voluntad de la mayoría es la que debe expresarse si no existe fórmula de acuerdo. Cualquier atajo nos llevaría a episodios tal vez mucho peores que los ya transitados en abril de 2002.

Ninguna insurrección, ninguna pirueta golpista, de signo que sea, se traducirá en nada bueno para el país. Por eso preocupa que el jefe del Estado vuelva a insistir con el planteamiento de que “si la derecha gana vamos a llamar a una insurrección cívico-militar”. Esa es la misma receta del “Maduro vete ya” que tanta cola trajo. Eso de hacer una pausa entre el cerebro y la lengua es válido para todos, incluido, por supuesto, el presidente de la República. La democracia se basa fundamentalmente en el respeto a la voluntad de las mayorías.

Si eso no se respeta, ¿entonces de cuál democracia estamos hablando?

La Constitución de 1999 contiene los mecanismos para dirimir democráticamente las diferencias. No hay que inventar el agua tibia. Ahora desde el gobierno, con la vocería del doctor Hermann Escarrá, se ha propuesto una enmienda constitucional para acortar el mandato a la Asamblea Nacional. Desde la oposición le han respondido que se vaya a una doble consulta para ver si se recorta el mandato de la Asamblea o del presidente Maduro. Y sigue la diatriba en torno a si la oposición cumplió o no con los requisitos para activar el referéndum revocatorio. Pero también sigue en agenda que este año deben realizarse las elecciones de gobernadores.

Es decir, todos los caminos constitucionales conducen hacia una consulta popular. Es lo que toca, lo que corresponde de acuerdo con la Constitución que nos dimos en diciembre de 1999. Cerrar esos caminos es jugar con candela, en una Venezuela que, como ya hemos dicho, tiene dos agendas, la política, que marcha a un ritmo, y la de la gente, la agenda social, que marcha al doble de la velocidad y usa como combustible la angustia. Ojo con eso.

Vladimir Villegas
vvillegas45@gmail.com
@Vladimirala1_gb
El Nacional
Caracas - Venezuela