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martes, 19 de mayo de 2020

VICENTE QUINTERO, DESPUÉS DE ACUSARLA DE NARCOTERRORISMO DURANTE VARIAS DÉCADAS, ESTADOS UNIDOS NEGOCIÓ CON CUBA. ¿POR QUÉ?

Los pueblos no siempre tienen buena memoria. Y uno de los grandes dilemas de la historia, reside precisamente en la cuestión de la memoria. La memoria se encuentra en constante evolución. Debido a que la memoria se redefine a partir del movimiento constante, no hay que descartar repetir la misma entrevista, en distintos horarios y contextos, con el fin de obtener distintas perspectivas y respuestas. No son muchos los latinoamericanos que recuerdan que, durante el siglo XX, Cuba fue también acusada de narcoterrorismo. De hecho, se alegaba que los cubanos estaban detrás de las operaciones criminals de Manuel Noriega, en Panamá. Muy probablemente, debido al sentimiento anti-estadounidense de la época, algunos desestimaron las acusaciones.

Cuba y las acusaciones de narcotráfico

La memoria es un archivo que se transforma a lo largo de la vida. La historia depende del tiempo, el contexto, la escritura, lo tangible, y sobre todo, la memoria. Se reconstruye el hecho a partir de la memoria. El proceso cognitivo de recordar es limitado y cambiante; la memoria se encuentra entre la realidad y una constante reinterpretación. Muy pocas veces, se examina exhaustivamente la memoria en la búsqueda de todo el conocimiento accesible, acumulado y relevante sobre un tema. En realidad, recuperamos y usamos solo un pequeño fragmento; lo más impactante y lo más destacado.

Como se ha señalado anteriormente en otros artículos, las acusaciones de narcoterrorismo han tenido una importante presencia en la política internacional desde mediados del siglo XX. El estigma generado por este tipo de señalamientos no ha sido poca cosa. De hecho, como consecuencia de estas acusaciones, a la República Popular de China se le aisló diplomáticamente, siendo incluso excluida de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Estas acusaciones han generado controversias. A lo largo de la historia del uso del término narcoterrorista como un arma de guerra comunicacional, se ha demostrado que muchas de estas acusaciones terminaron siendo infundadas; sustentadas en medias verdades.

Más allá de que los datos expuestos por el ex-director adjunto de la CIA Joseph D. Douglass en ‘Red Cocaine: The Drugging of America’ han sido cuestionados y hasta refutados por su falta de precisión, cabe resaltar la necesidad de contextualizar la obra de Douglass en el marco de la obra de Harry J. Anslinger, quien actuó en calidad de ‘comisionado estadounidense para la lucha contra el narcotráfico’ y fue el primer director de la Federal Bureau of Narcotics. Anslinger denunció con firmeza la participación de China en la proliferación de drogas y estupefacientes a lo largo y ancho del mundo. Desde entonces, el peligro que representa el tráfico ilícito de drogas para la estabilidad de la sociedad norteamericana ha sido una cuestión que ha persistido en el discurso político.

La fuerte retórica comunicacional de la China narcoterrorista y narcocomunista duró alrededor de unas dos décadas, hasta que, a partir del año 1971, comenzaron a mejorar las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos y la República Popular de China. Aunque no necesariamente existió una relación causal entre los hechos, el descongelamiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países y el cambio del discurso de los medios occidentales sobre la involucración sino-asiática en el problema del narcotráfico fueron factores que coincidieron, en términos temporales y contextuales, con la publicación en 1972 del libro ‘The Politics of Heroin in Southeast Asia: CIA Complicity in the Global Drug Trade’ por parte del entonces joven erudito Alfred McCoy, graduado en la Universidad de Yale. A lo largo de su investigación, el señor McCoy desmonta y cuestiona las afirmaciones de Anslinger sobre el papel de China en el narcotráfico internacional; ante la opinión pública quedó en evidencia que los organismos de inteligencia son capaces de mentir, manipular y hasta desinformar, por más loables y nobles que sean los motivos que encuentren para justificar sus operaciones mediáticas.

El argumento central de la investigación de McCoy — quien actualmente es profesor de Historia en la Universidad de Wisconsin-Madison — se puede resumir en tres puntos básicos: primero, los agentes de inteligencia habían trabajado en complicidad con grandes redes de narcotráfico en el Sudeste Asiático; segundo, estos cubrieron conscientemente las actividades de estos grupos, incluso en los casos más notorios y evidentes; tercero, tuvieron una participación importante y destacada en el tráfico de opio y heroína; cuarto, la CIA se había financiado con dinero proveniente del narcotráfico. Al igual que el libro publicado por Joseph D. Douglass, esta investigación no estuvo exenta de controversias.

La CIA hizo todo lo que estuvo a su alcance para impedir la publicación de ‘The Politics of Heroin in Southeast Asia: CIA Complicity in the Global Drug Trade’, llegando incluso a ejercer presión sobre la casa editorial. Esto queda evidenciado a través del material desclasificado de la misma CIA, que como es bien sabido, no digitaliza el material más sensible que aún se conserva en el seno de sus instalaciones. Por parte de la CIA, las afirmaciones de McCoy fueron percibidas como sesgadas, no solo por el enfoque de criminalizar las actividades de los servicios de inteligencia estadounidenses, sino además por ignorar y omitir algunas fuentes que, si bien no negaban completamente los hechos demostrados por McCoy, al menos sí habrían ayudado a balancear y contextualizar más la cuestión. El hecho de que algunos funcionarios estadounidenses participaran en el negocio del narcotráfico tampoco hacía a la CIA, y mucho menos al país, narcotraficantes. Sin embargo, también podría decirse que este argumento puede ser usado a favor de los gobiernos e instituciones que son acusados, por parte de Estados Unidos, de narcoterroristas.

Pero hablemos de América Latina; el caso de China ya ha sido desarrollado en otra oportunidad. En el siglo XX, fueron varios los países latinoamericanos que fueron acusados de narcotráfico. Los gobiernos no solo estaban al tanto de la situación, sino que se beneficiaban de ella. El libro de Douglass (1999), recientemente digitalizado, resume las más importantes acusaciones de narcoterrorismo. Los casos más sonados fueron los de Panamá, Nicaragua, Colombia y Cuba.

El archipiélago de Cuba, estratégicamente ubicado muy cerca de los Estados Unidos, en donde este país todavía mantiene una base militar (Guantánamo), en la que sigue invirtiendo cuantiosos recursos, es uno de los casos más fascinantes para estudiar el alcance de las acusaciones de narcoterrorismo en la historia. Mientras que algunos de los grandes enemigos de los Estados Unidos terminaron humillados y sodomizados públicamente — como fue el caso de Muammar Gaddafi — , otros murieron tranquilamente. Ese fue el caso de Fidel Castro, quien a pesar de haber sido acusado de narcoterrorista, logró que los estadounidenses se sentaran a negociar con él, luego de los reiterados fracasos en propiciar un cambio político en La Habana.

‘Bush negotiates with Cuban drug dictatorship’ (Bush negocia con la narcodictadura cubana), titula una noticia publicada por Cynthia Rush el día 24 de enero de 1992, en el polémico Executive Intelligence Review, conocido por la difusión de teorías conspirativas que, de vez en cuando, terminan siendo demostradas por los hechos — en donde, por cierto, se publicó una interesante reseña del libro Narcotráfico S.A., publicado en Venezuela durante los años noventa. En la obra se denunciaron los presuntos nexos de una importante familia venezolana con el narcotráfico internacional — .

Justificadamente, la opinión pública estadounidense se mostró estupefacta; indignación fue lo que ocasionó el anuncio de las negociaciones. Estados Unidos, el país que lidera la lucha contra las drogas en Iberoamérica e invadió a Panamá para derrocar a un “narcodictador”, se sienta a negociar con los cubanos, también señalados de narcoterroristas, mucho antes de que Noriega se volviera una figura relevante en Panamá. Fidel Castro y Raúl Castro, aquellos que tenían la reputación de dirigir las redes del narcotráfico en Cuba, se sentaron a negociar con los estadounidenses. Y no negociaron para concretar los términos de su salida del poder, sino para mejorar las relaciones entre ambos países. Apenas recientemente, es que se ha enfriado el proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

La acusación de narcoterrorismo contra Cuba debe ser evaluada en su dimensión regional. Según los señalamientos, hayan sido estos infundados o no, la supuesta mafia narcotraficante gubernamental de Cuba trabajaba con las de Panamá, Nicaragua, Colombia, y hasta Venezuela. Según el ex-director adjunto de la CIA, Joseph D. Douglass (1999, p. 3), el general cubano Juan Rodríguez, agente de inteligencia, dijo que las drogas eran el mejor recurso para destruir a los Estados Unidos. A través de estas, se minaba la juventud sin la necesidad de un solo tiro. Y llama la atención que, en su libro, Cuba es mencionada 366 veces, mientras que Panamá es mencionada apenas 105 veces. Colombia sigue muy de cerca, con 98 menciones. El apellido Castro, usado para referirse a los hermanos de la élite gubernamental cubana, es mencionado 79 veces.

Los servicios de inteligencia estadounidenses alegaron que, más o menos desde la década de los sesenta, los cubanos ayudaron a construir la red de narcotráfico latinoamericana, con la ayuda de los soviéticos, a través de la extinta Checoslovaquia — hoy República Checa y Eslovaquia — . Los hermanos Castro jugaron un papel fundamental en este proceso. En 1963, por primera vez, llegaron al Congreso de los Estados Unidos reportes sobre la participación del gobierno cubano en el narcotráfico regional. Ya el 20 de noviembre de 1963, en el Miami Herald, se había publicado un informe filtrado de la DEA, en el que se indicaba que el año 1961 había sido el inicio del rol activo de Cuba en el narcotráfico. El informe llevaba por titulo ‘El narcoterrorismo y la conexión cubana’.

Décadas más tarde, en 1988, el General Antonio Rodríguez Menier, ex-jefe de inteligencia cubana y ex-director de Seguridad de la Embajada de Cuba en Budapest (Hungría), declaró, luego de cesar sus funciones, que el gobierno cubano había participado directa e indirectamente en el narcotráfico. El Ministerio de Interior y Justicia era usado para las operaciones. Nada se hacía, según el señor Rodríguez Menier, sin la aprobación de Fidel y Raúl Castro.

Recientemente, el Departamento de Justicia ha emitido una acusación formal de narcoterrorismo contra Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, así como otros funcionarios y ex-funcionarios de la administración venezolana. Para algunos, esto es interpretado como una señal de que los estadounidenses han decidido acabar finalmente con Maduro. No solo es acusado de narcoterrorismo, sino que además se ofrece una recompensa de 15 millones de dólares para aquellos que suministren información que permita capturarlo. La recompensa puede fomentar la traición en el círculo de Maduro.

Pero la historia muestra que, con frecuencia, los estadounidenses cambian de opinión. El caso de Cuba, muy en particular, es el que mejor lo evidencia. Con una base militar en Guantánamo, a escasos kilómetros de Miami, los estadounidenses no capturaron a Fidel Castro. Supuestamente, en su poder habían tenido, desde los años sesenta, pruebas que demostraron el rol ejercido por los Castro en el narcotráfico regional. Aún así, Castro permaneció en el poder hasta el día de su muerte.

Ciertamente, los estadounidenses han llegado lejos en su tarea de presionar a la administración de Maduro, con el fin de que este abandone el cargo de presidente y permita la realización de nuevos comicios generales, bajo supervisión internacional. Pero la suerte todavía no está echada. Menos aún, cuando en la situación de Venezuela influyen tantos factores transnacionales. A última hora, los estadounidenses han demostrado que son hombres de sorpresas. El caso de la Cuba acusada de ‘narcoterrorista’, sin haber sido nunca invadida satisfactoriamente como Panamá, más allá de la fracasada operación en Bahía de Cochinos en los sesenta, deja mucho para el análisis y la reflexión. Sobre la posibilidad de una intervención militar o bloqueo naval, debe tomarse en cuenta que Estados Unidos ha tenido importantes razones para no llevar adelante esos planes, como señala el analista David Axe (2020) en The National Interest. Estas razones no solo fueron históricas y económicas, sino también logísticas. La recientemente anunciada operación naval en las aguas del Caribe, cerca de las costas venezolanas, es considerada, por los mismos funcionarios de la administración Trump, un intento para distraer a la población local estadounidense de la crisis del coronavirus, señalan O’Connor y Jamali (2020).

Cuba es, probablemente, el mejor ejemplo del fracaso de la política exterior estadounidense en América Latina, más allá de las justificaciones que se quieran dar. Todo se ha intentado, sin éxito alguno. ¿Quién puede asegurar, entonces, con un grado de probabilidad del 100 por ciento, lo que ocurrirá en Venezuela? La acusación de narcoterrorismo, como recurso para presionar y estigmatizar, no siempre da resultados. En Cuba, por ejemplo, esa estrategia fracasó. En Venezuela, aún no se sabe. Pero lo que sí se sabe es que los estadounidenses se han sentado a negociar con quienes acusaron de narcoterroristas; negociaciones que no necesariamente implican la salida de la élite gobernamente, sino lo contrario. La historia de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos así lo enseña. Son hechos públicos y notorios. Una cosa es el dato, y otra, muy distinta, la matriz de opinión.

Vicente Quintero Príncipe
vicentequintero@outlook.com
@vicenquintero

domingo, 16 de junio de 2019

JOSÉ FÉLIX LAFAURIE RIVERA: ENTRE LA REALIDAD Y LA MENTIRA

Maquiavelo recomendaba no buscar por la fuerza lo que pueda ganarse con mentiras. Es la estrategia de distorsionar la realidad como arma política, que hoy mueven “las redes”, los medios y algunos “deformadores de opinión”, en la oposición y “el tibio centro”, esparciendo pesimismo para hacer sentir que el país va mal y para “disminuir” al presidente, porque –dicen– el país está “desgobernado”.

Que se obsesionó con las objeciones; que la economía está estancada; que le falta norte y “tono”; que obedece a Uribe y al CD, que es lacayo de Estados Unidos; que quiere acabar con la JEP y, por cuenta de unos expertos de la ONU, que incita a la violencia contra los ex Farc, desprecia su derecho a la vida e incumple el Acuerdo.

La cosa no para ahí. Un caricaturista lo pinta como niño con banda presidencial prestada, otro como cerdito ingenuo, y una revista lo muestra solitario. Es el mensaje subliminal de “pobretear” al presidente, con mucha doble moral y mezquinos intereses políticos.

En el reciente especial de Caracol, construido sobre esa percepción negativa, yo vi a un presidente diferente, a un Duque empoderado, rebatiendo con cifras, con hechos y sin titubear, los argumentos de los arúspices de la calamidad nacional, que solo está en las intenciones de opositores y oportunistas.

La doble moral es patética. Los que ayer se aglutinaron para descalificar al ministro de Defensa, son los mismos que enterraron la moción de censura. Botero salió fortalecido.

Los que hoy reconocen validez en las inquietudes presidenciales y proponen “ley interpretativa” para buscar lo mismo que las objeciones: claridad; ayer las combatían anunciando la destrucción del Acuerdo si se le tocaba una coma a la JEP.

Los que defendieron las competencias de la JEP en el caso Santrich, se sumaron a la teoría del complot para extraditarlo y condenaron la indignación del presidente ante la posesión, son los mismos que, para no quedar mal, se unieron afanosos al rechazo.

Los que dicen que Duque no tiene agenda legislativa, aprobaron la ley de financiamiento, el Plan Nacional de Desarrollo y la Ley TIC, entre otras; y claro, hundieron la reforma política porque no les conviene; y otra vez la reforma a la justicia, como lo han hecho desde hace más de diez años.

Son los mismos que, bajo el argumento de la gobernabilidad, mandan mensajes extorsivos para que vuelva la mermelada y se reparta el botín burocrático y presupuestal, según ellos, la única manera de gobernar.

Mentiras; el país puede recobrar la dignidad política; la economía no está mal, como lo confirma el Banco Mundial; a Duque lo acompañan sus principios y millones de colombianos; y tiene el norte de construir futuro desde la legalidad, el emprendimiento y la equidad.

Quienes le apuestan a la mentira contra un gobierno decente, juegan con candela de cara al 2022.

Félix Lafaurie Rivera
@jflafaurie

domingo, 7 de abril de 2019

ROMÁN IBARRA, PAREDON


Ver y oír a una  ̈constituyentista ̈ del oficialismo en el seno de la fraudulenta ANC, llamando a calificar a la mayoría democrática, como  ̈traidores a la patria ̈, y acto seguido escuchar a los miembros de ese cuerpo maligno pidiendo repetidamente como castigo paredón de fusilamiento, al mismísimo estilo de Fidel, y su dictadura, sinceramente producen asco, estupor.

Es difícil precisar en el  ̈pensamiento ̈ de los oficialistas qué significa traición a la patria, pues lo usan de manera recurrente contra cualquier cosa que haga la oposición unitaria, sin importar de qué se trata.
Es una reiteración para intentar descalificar a la mayoría, usando siempre los medios del estado de manera exclusiva, y excluyente sin importar el derecho a réplica, o a la defensa.
Esta acción refleja de cuerpo entero el carácter dictatorial; totalitario, y homicida de unos comunistas hipócritas que le dicen al mundo que son  ̈humanistas ̈!
Provoca preguntarle a esa constituyentista, si acaso comporta traición a la patria haber entregado a nuestro país para ser colonizado por una dictadura feroz, corrupta, y asesina como la cubana, por parte de Chávez, y Maduro?
Será traición a la patria, haberse robado los recursos de los venezolanos y no haber hecho las inversiones en los sistemas de electrificación; hidrológicos; infraestructura hospitalaria; escolar; vial, sistema agropecuario de alimentación?
Será traición a la patria haber destruido el aparato productivo privado y público para arruinar la economía, y la moneda de nuestro país?
Será traición a la patria que nuestro niños y ancianos mueran en los hospitales por falta de medicinas, y alimentos suficientes?
Será traición a la patria que los paramilitares pagados con dinero público (colectivos) asesinen impunemente a la población civil, y la Fiscalía de la usurpación no mueva un dedo?
Será traición a la patria que Venezuela esté invadida por el ejército cubano y nuestros militares no abran la boca para rechazarlos?
Será traición a la patria que los militares venezolanos sean unos corruptos metidos en toda clase de negocios, tales como: banca, seguros, petróleo, gasolina, construcción, contrabando de gasolina, y hasta narcotráfico?
Será traición a la patria que los oficialistas sepan que ocurre todo lo narrado anteriormente, y mucho más y se hagan los imbéciles?
Será traición a la patria haber creado la más espantosa hiperinflación de que se tenga memoria en todo el mundo?
Será traición a la patria imponer en el TSJ a  ̈magistrados ̈ sin calificación académica y moral para esos cargos, y peor aún, con amplios antecedentes penales por homicidio?
Hay que ser bien ruin y cobarde de espíritu para acusar a los demás por cosas que no han hecho, y al propio tiempo intentar con ello esconder su incompetencia, y corrupción.
Debemos seguir luchando para no dejarnos vencer por conductas delictivas como las que exhibe el régimen, y que cada día se hacen más dramáticas y exageradas, tales como el encarcelamiento sin derecho a la defensa de dirigentes sociales y políticos; el asesinato de la población civil a cargo de los colectivos paramilitares, y de cuerpos policiales como el SEBIN; FAES; DGCIM; GNB, y las Milicias?
Todo esto tiene como propósito amedrentar a la población, e inhibir a la dirigencia política para que cese en su afán de cambiar este sistema corrompido y asesino. Por ello, apuntan a lo más alto para escarmentar. Metieron preso a Roberto Marrero; a Juan Requesens, entre otros. Intentan de manera ilegal allanar la inmunidad parlamentaria de Juan Guaidó con la intención de meterlo preso, o asesinarlo. No podrán!
Todos tenemos que cuidar al Presidente Guaidó; es nuestra obligación, y a él que no se exponga tanto.
La unidad necesita un líder, no un mártir.

Román Ibarra
@romanibarra