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jueves, 26 de enero de 2017

ALFREDO CORONIL HARTMANN, CATALINA O PEDRO EL GRANDE

PERO Y LOS CHINOS, NUESTROS ACREEDORES PRINCIPALES
 ¿QUE PINTAN?
  
Soy especialmente medido en opinar sobre política internacional, fundamentalmente porque algo -no mucho- sé de ella, de su naturaleza relancina, compleja cambiante y simultáneamente descarnada, brutal, avasallante. En estos tiempos de la politique spectacle, los legos en la materia se empeñan, con una terquedad pueril, en asociarla con un estereotipo decimonónico o mejor dicho, de un siglo XIX visto a través de la deficiente visión de Chamberlain y de unos burócratas de gabinete, que poco o nada conocen de como se resolvían las cosas, entre los verdaderos diplomáticos del siglo de las luces, ni el príncipe de Metternich ni Carlos Mauricio de Tayllerand Perigord creían en esas bolserías ni, décadas más tarde, Benjamín Disraeli, aquel judío insólito que creó el moderno imperialismo británico.

No, la política internacional no es solo "eso", es un mar proceloso, difícil, complicado, en el cual el cuerpo doctrinal es muchas veces un recurso de utilería para enmarcar, en una apariencia presentable, las más feroces ambiciones y justificar, cuando es preciso, horrendos crímenes.

La real politique tan manoseada hoy, supuestamente de factura germánica, fue precedida, en varios siglos por la raison d´Etat, nombre que le dieron un devoto monje franciscano, un Cardenal taimado y un Rey de Francia que podríamos calificar de avaro del poder absoluto, desdibujado por Dumas y por Holliwood, pero que dejaron en herencia el siglo de Luis XIV y 200 años de preponderancia francesa.

Este introito histórico no es caprichoso, menos aún prolijo, me lo dictó la perplejidad que yo mismo he sentido, tratando de digerir el indigesto comunicado de la Cancillería rusa, hecho al parecer con el propósito de apuntalar a Maduro. Texto a todas luces desproporcionado y absurdo, que algo más tiene que ocultar, pero que además de ello  viene acompañado de un despliegue militar rimbombante, además secundado también -aun les pareció poco- por una fuerza naval china. Todo este disparatorio a 24 horas de la toma de posesión de Donald Trump, como 45 presidente de los Estados Unidos.

Necesito un traductor, los libros se me perdieron, cuando se reconciliaron, al extremo de lanzar una expedición "colonial" contra el pueblo de Venezuela China y Rusia, el novel presidente americano ¿les dió permiso para agarrarle las níveas posaderas a su amigo -según los demócratas- Putin y al gigante amarillo?

Las piezas no cuadran, Trump no puede, a escasas horas de asumir el poder, permitir que le tomen el pelo. No lo volverían a respetar jamás, ni fuera ni dentro de su país, ya resulta inédita la resistencia de amplios sectores de la sociedad americana a un resultado electoral definido, elecciones relativamente polarizadas hemos visto antes, pero nunca, después de realizado el escrutinio y juramentado el Jefe del Estado continuaba un estado revoltoso y amotinado en la sociedad.

No hay sino dos posibilidades, o Trump está en el juego -lo que no parece probable- o el señor Putin y su régimen, de nada ortodoxos procederes, autoritario si no abiertamente dictatorial, plagado de mafias troqueladas en la vieja KGB, de la cual el mismo procede, pero de un imperialismo agresivo sin ser Romanov, asi se sienta Pedro El Grande o Catalina, haya resuelto oficiar en un purismo constitucional absolutamente arbitrario.

No es solo que el régimen ruso disfrazado de hiperdemócrata sea el menos llamado a expedir los diplomas de buena conducta democrática y de apego a una juridicidad intangible y declare ilegitima a una Asamblea Nacional que, aún luchando contra el abierto ventajismo y el fraude continuado del chavismo, dueño de todos los poderes del Estado, pudo reflejar una clara mayoría de los 2/3...

Pero y los chinos, nuestros acreedores principales ¿que pintan?

El cuadro es delirante, tanto, que parece hijo de la huera imaginación de un libretista chavista, pero me asombra que se hayan atrevido a ponerlo en escena. En pelea de burros no se meten los pollinos, de algún lado, aun no sé dé cuál, vendrá una coz mayor, estruendosa y certera. No le arriendo la ganancia al audaz libretista. Pluga a Dios que la controversial oposición venezolana le vea las costuras a este paquete chileno y no dé ningún paso en falso.


Alfredo Coronil Hartmann
acoronil@yahoo.com.mx
@coronilhartmann
@Alfredo43
Miranda - Venezuela

viernes, 29 de enero de 2016

KITTY SANDERS, "LA HISTORIA SE REPITE DOS VECES, LA PRIMERA COMO TRAGEDIA, LA SEGUNDA COMO FARSA", DESDE ARGENTINA,

En la década de 2000 nuevas alarmas empezaban a sonar en el espacio euroasiático. China se fortalecía, Rusia comenzaba a invertir fondos en la industria de defensa con el objetivo de restaurar la esfera de influencia soviética en Asia, África y América Latina. El bloque BRICS (que comprende a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es en realidad un proyecto “neo-soviético” y el principal distribuidor de la idea del “socialismo del siglo XXI”.
Los países del BRICS comparten un deseo común, el de dominar en el mundo y vengarse de esas cosas que, en su particular visión de la realidad, son las causas de “sus quejas” (esos “agravios”, esas “ofensas”, provenientes de los países de occidente). Durante la década de 2010 los países del BRICS experimentaron un impresionante crecimiento económico, al tiempo que Rusia y China afirmaban sus pretensiones de dominación mundial. Rusia comenzó a aumentar su presencia en América Latina, trabajando en el viejo estilo de la Unión Soviética. Abasteció con armas y créditos a la Venezuela chavista (lo que recuerda las pasadas buenas relaciones con la Nicaragua sandinista), reabrió las relaciones con Cuba perdonándole una deuda multimillonaria. Rusia también llevó a cabo una expansión financiera en la Argentina aprovechando el hecho de que Cristina Kirchner está dispuesta a regirse por el principio de “vender el país a cualquiera con el fin de molestar a los Estados Unidos”.
Sin embargo, las afirmaciones de Rusia sobre su liderazgo marchan directo al fracaso, simplemente porque tiene un poderoso competidor: China, un inmenso y totalitario país que comenzó su expansión en América Latina durante el siglo pasado. Un claro ejemplo es la organización terrorista peruana Sendero Luminoso, la que obtuvo su “inspiración” en la experiencia maoísta. En aquellos años China actuaba en forma brutal en casi todos los aspectos, mientras que la Unión Soviética, con más experiencia, dominaba la región mediante la instalación de sus regímenes títeres. Hoy la situación ha cambiado. China supera a Rusia en lo que supo ser “la tradicional esfera de influencia soviética”. Concretamente China ha instalado una verdadera bomba económica en la región centroamericana al construir el Canal de Nicaragua. China, con su particular terquedad, está desplazando a Rusia en sus relaciones con Brasil y Venezuela. Hasta Ollanta Humala, el presidente peruano, también se encuentra en constante coqueteo con Beijín. Como resultado de lo cual la dependencia financiera de Perú con China ha aumentado en forma pronunciada. Rusia y China actualmente compiten por el dominio de América Latina, procurando establecer en la región regímenes autoritarios títeres (como son los casos de Bolivia y Venezuela). Y así utilizarlos para chantajear a sus competidores y, lo que es aún peor, para explotar inescrupulosamente las riquezas naturales del continente.
Sin embargo, una relación con cualquiera de estas dos potencias no constituye de ninguna manera una victoria para América Latina. Una relación así simplemente no va a ser buena para nadie en la región. Tanto China como la Rusia moderna son estados corruptos, autoritarios y cerrados. Ya sea que vengan con sus “persuasivas” ideas acerca de un “mundo multipolar”, del “socialismo del siglo XXI”, o lo que sea que fuere… Con Rusia y China siempre prevalecerán la corrupción, la censura y el terrorismo de Estado.
Kitty Sanders
kitty@kittysanders.com
@kisanders

Argentina

miércoles, 9 de diciembre de 2015

BEATRIZ DE MAJO, PRIMERA POTENCIA EN CONTAMINACIÓN, CASO CHINA,

Las deliberaciones sobre los temas ecológicos que aún están en discusión en el foro COP21 de Paris han puesto de relieve cual es el tamaño del componente que aporta China a uno de los más acuciantes problemas que enfrentan los gobiernos del mundo: el deterioro ambiental. El tema a escala global luce casi insoluble dentro de lo inmediato ya que todas las soluciones ideadas para reducir las emisiones de gases susceptibles de estimular el calentamiento global chocan con las políticas decrecimiento económico de cada país grande o pequeño.

Sin embargo la talla de este gigante no puede ser deleznada porque la velocidad de su expansión económica y la tasa de crecimiento de su población tienen un determinante peso en los problemas ambientales globales. No afectan solo a China, impactan a todo el mundo. China ha superado a Estados Unidos en las emisiones acumulativas de dióxido de carbono. China exhibirá 151.000 millones de toneladas para 2016 y los 147.000 millones.
China no ha estado de espaldas a la problemática y sus autoridades presentes en la reunión de la capital francesa se han esmerado en presentar los instrumentos introducidos en sus políticas ambientales para ir al encuentro de ella.  No hay razones para dudar de ello, lo que ocurre es que no son ni serán suficientes.
 De acuerdo con lo que han sostenido sus líderes la meta de la reducción de la contaminación interna que establecieron hace 5 años fue, en efecto, alcanzada.
Aun así, el ministro del ambiente Chen Jining, fue franco al informar en Paris que para que el país alcance un significativo mejoramiento en los niveles de envenenamiento de su aire, de su suelo y de sus aguas sería imprescindible que la reducción de los diferentes elementos contaminantes sea de un 30 a 50% mayor que la actual.    
No entraremos a discutir lo que se ha hecho y dejado de hacer en cada uno de los campos que aportan elementos contaminantes en el país asiático. Lo que sí es claro, es que aunque hay soluciones para cada uno de ellos, el proceso de su atención y resolución es lento en extremo, es costoso y genera consecuencias políticas.  
Cualquier programa estratégico de reducción de los efectos contaminantes, requiere de su incorporación en los planes de desarrollo, necesita desplegar un superlativo esfuerzo de coordinación entre los diferentes agentes gubernamentales y los actores privados y transnacionales, tienen un impacto presupuestario que a su vez se traduce en mayores impuestos a las clases medias  que vienen sustentando el desarrollo del país.
Las medidas de protección ambiental tienen que ver con el sector agrícola, el energético, el industrial, la inversión hidráulica, el tema alimentario, el comercial, cada uno de los cuales contribuye al mantenimiento de la tasa de crecimiento que los gobernantes estiman ideal para el progreso económico y social del país. Y estas metas son irrenunciables.  
Y allí es donde el tema se torna más complejo. Porque lo que se está poniendo de bulto es que es el crecimiento global del país lo que tendría que ser controlado sustantivamente para que el tema climático se logre meter en cintura.
Cuando Beijing devalúa su signo monetario, sin duda que no lo hace pensando en la limpieza de su atmósfera sino en un estímulo instantáneo para su economía. Y sin embargo, los daños para el medio ambiente no se hacen esperar. 

Beatriz De Majo
bdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo

Miranda - Venezuela