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domingo, 10 de noviembre de 2019

ISABEL PEREIRA PIZANI: LUIS ALBERTO MORENO Y LA DESIGUALDAD

América Latina es la región con menor crecimiento. La economía global crecerá en 3,2%; Asia, cada vez más poderosa, 6,2%; África subsahariana 3,4%; Medio Oriente 3,4%; América Latina un pobre 0,6%. Cálculos realizados antes de los incidentes en Chile, lo cual significa que puede ser aún peor. Explicaciones sobran, nuestra gran falla educativa, la incertidumbre en el trazado de política públicas, los restringidos límites del Estado de Derecho, la ausencia del valor productividad, el gasto superando los ingresos y de allí la poca inversión que afecta directamente el crecimiento y como consecuencia, la expansión de la pobreza. Otros señalan que el núcleo del problema es la desigualdad, tal como refiere Luis Alberto Moreno, echando mano a los estudios del BID sobre nuestra región:

“Lo que sucede en Latinoamérica es que ha venido cayendo (el crecimiento) de la mano de los problemas tradicionales que hemos tenido de desigualdad, que es un tema muy grave”.

Cuál universo  encierra la desigualdad que menciona Moreno y cuán determinante. Surge la inquietud: la desmesura del gasto público, las violaciones del Estado de Derecho están ligadas a la desigualdad, si hacemos caso a Moreno.

Cuando se habla de desigualdad en América Latina se está utilizando un concepto de la ideología marxista, es el fenómeno de la desigual distribución del ingreso, la concentración de la riqueza y la propiedad de clases dominantes. La igualdad se transmuta en un problema material, como dice Erich Fromm: “Marx solo quería el mejoramiento económico de la clase trabajadora y quería abolir la propiedad privada para que el obrero pudiera tener lo que ahora tiene el capitalista”. La fórmula para eliminar la desigualdad material sería anular la propiedad privada como se ha intentado en Venezuela, acabar con la separación de los individuos en dos clases: poseedores y desposeídos. Idea que engendra el camino de la lucha de clases como motor de la historia, concepción causante de grandes genocidios universales.

Hablamos de desigualdad sin profundizar en el tema. Si es material, la solución sería expropiar, confiscar la riqueza de otros y repartir. Solución -caso Venezuela- que constituye la raíz de la violencia, el odio y la agudización de la pobreza. Es improbable que alguna persona o entidad acepte por las buenas ser despojado del fruto de su trabajo; segundo, lo expropiado queda en manos del Estado, el real sujeto expropiador y por último, el Estado es incapaz de sustituir la empresa privada, arruina y destruye como hemos vivido en nuestro país y en todas las experiencias socialistas. Después de las revoluciones socialistas indefectiblemente viene el hambre y la represión, verbigracia Cuba, URSS, China, Camboya y nosotros.

Es imperativo afinar las ideas para que ellas propicien nuevos cambios. Cuando se habla de desigualdad en general se alude al reparto y expropiación como solución. Camino que ha sido la causa del empobrecimiento masivo, de la imposibilidad de crecimiento y del conflicto social. Ante esta circunstancia es ineludible, la pregunta por el ser humano, no como exquisitez filosófica sino como fundamento de nuestras acciones. Imposible obviar la definición que nos enseña Martin Heidegger: “El ser humano es una posibilidad de ser, un continuo proyectarse hacia el futuro desde un pasado, un continuo hacer planes e intentar cumplirlos”. Asumir esta concepción obliga otras preguntas: ¿Qué posibilidad de ser tiene un latinoamericano, a qué mundos vincula sus expectativas, qué y cuántos caminos existen en su vida real, cuál es la contribución de la política en la definición de su existencia, qué valor tiene el individuo y cuánta responsabilidad asume en respaldo de sus derechos? La reflexión es imprescindible porque de ello depende la orientación de los esfuerzos de la sociedad.

La desigualdad material no se resuelve con violencia, represión, expropiación y reparto, se soluciona velando por la existencia de oportunidades. Se trata de la igualdad de oportunidades, el ámbito hacia el cual deben orientarse nuestras políticas públicas y nuestras instituciones políticas. Este tema nos lleva a una confrontación con la hegemonía cultural del socialismo, ideología  que ha impuesto el dogma de la solución en Latinoamérica como un inevitable enfrentamiento de clases que logre la igualdad “poseedores contra desposeídos”. Ni la educación, ni el crecimiento económico importan para los socialistas, solo el enfrentamiento social, la lucha de clases y la extinción de la propiedad como pregona el Manifiesto Comunista, el cual aplican sin contemplaciones donde se logran imponer.

El tema central por el cual debemos luchar es por la existencia de igualdad de oportunidades, que las aspiraciones y sueños de cada persona permitan recorrer caminos que lleven hasta donde ansía llegar. En nuestros países nunca se han valorado las oportunidades como posibilidades sino como donaciones del Estado, concesión de grupos políticos con poder o victoria atribuible al socialismo. 

Hoy nuestra lucha tiene que centrarse en hacer valer la igualdad de oportunidades, fruto de las responsabilidades con nuestra existencia, no un regalo, sino reflejo de nuestro esfuerzo y uso pleno de nuestras potencialidades. El BID y otros organismos multilaterales hacen inmensos esfuerzos en estudiar la economía, pero muy poco se fijan en valorar, medir, profundizar las oportunidades de existencia de los nacidos en estas tierras. Cuáles valores animan a los individuos, a los políticos. 

Harán falta golpes, muertes y violencia para entender que la igualdad de oportunidades es el único camino posible para transitar a una vida mejor. A ese mundo hay que devolver la mirada si queremos crecer como seres humanos.

Isabel Pereira Pizani  
@isapereirap  

jueves, 26 de enero de 2017

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LA DESIGUALDAD COMO EXPRESIÓN DE DICTADURA

VENTANA DE PAPEL

Aunque existen muchas formas forma de robar y de abusar, muchas de ellas son legales. Las leyes permiten y amparan delitos cometidos bajo condiciones especiales. Los mismos legisladores son parte interesada y por tanto, juegan a la impudicia amparando fechorías que disfrazan para suponer actos de legítima facturación. Con base en tan absurdos criterios pero ciertos y contundentes, se consolidan estados-naciones. Sobre todo, aquellos política y económicamente encarecidos por el despotismo, la arbitrariedad y el autoritarismo propio de regímenes que se suscriben a modelos políticos intransigentes.

Por muchos valores políticos y morales que exalte la Constitución de un país, no necesariamente el ejercicio de su gobierno es significado de solidaridad, tolerancia y dignificación de la persona. Generalmente, las realidades son demostrativas de condiciones bastante alejadas de la teoría que registra la ciencia política o la ciencia administrativa.

A pesar de protestas que objetan la indebida apropiación de la economía por parte de un Estado retorcido por la obstinación, incapacidad y resentimiento de sus artífices, ha venido fortaleciéndose la idea de consolidar un Estado absoluto. De un Estado en manos gubernamentales pues en el propósito de centralizarlo y dominarlo todo, está la razón de un gobierno suspendido sobre los fundamentos que le proporcionan el manejo del Estado desde una perspectiva que abarque la mayor parte de lo que puede fungir o ser declarado de interés estratégico. Sólo que los criterios para calificar el carácter estratégico de algún elemento público-nacional, es potestad de una sola parte y que no es otra que la representativa del gobierno.

Es el caso específico de cuanto sucede en Venezuela provocando la degeneración de procesos fundamentales para la vida de la nación. Sobre todo, a consecuencia de ambiciones de gobernantes que siguen viviendo sin escrúpulo alguno. Sólo, atendiendo intereses personales obviando todos aquellos que configuraron promesas de campaña electoral. Ha sido así como el concepto de igualdad que suscribe la Constitución Nacional, ha resultado tristemente un “saludo a la bandera” para no decirlo con la beligerancia que merece el hecho de repudiar tanta desvergüenza asentida en cada decisión gubernamental.

El concepto de “igualdad” pareciera no comprenderse en su exacta acepción. No solamente ha sido descontextualizado en su ámbito político. Igualmente, social y económicamente lo cual trastocó la naturaleza de la democracia pretendida habida cuenta de ser un valor que en principio asistió la necesidad que vieron los griegos hace más de dos mil quinientos años para validar el sentido y composición de la democracia.

De manera que resulta incomprensible utilizar el término “igualdad” para rellenar frases que exaltan libertades y derechos humanos y que luego se tornan huecas en su aplicación por cuanto su interpretación es vulgar y alevosamente manipulada. El “quítate tú para ponerme yo”, tal como suena, es consecuencia de la manera demagógica como es traducido el concepto de “igualdad” cuando se impone la arbitrariedad como recurso de dominación. O cuando se actúa según el crudo aforismo de: “lo ancho para mí, lo angosto para ti”. De ahí que las tiranías buscan someter sus pueblos con el manejo perverso de situaciones coloreadas con el valor “igualdad” sin siquiera considerar el talante moral y semántico de su contenido filosófico. Por eso, en cualquier régimen autocrático, y es la patética realidad que se asoma en Venezuela, se tiene la desigualdad como expresión de dictadura. 

Cuando un gobierno actúa al margen de fundamentos de teoría económica dirigidos a reordenar la vida nacional en función a objetivos que impulsen la calidad de vida, le toca actuar contrariamente a la lógica. Así justifica el gasto realizado sin posibilidad de garantizar resultados loables.

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

sábado, 16 de abril de 2016

LUIS PAZOS, ALTOS IMPUESTOS, DESIGUALDAD Y DESEMPLEO

En 2014 el gobierno socialista francés aumentó los impuestos a los ricos para cumplir sus compromisos con la izquierda radical, que apuntaló su triunfo en las elecciones. Justificó ese aumento de impuestos con las tesis de los teóricos de la “nueva izquierda”, como Thomas Piketty, quien sostiene en sus libros que a través de altos impuestos a los ricos se reduce la desigualdad y la pobreza.

En 2015 Francia fue el país del mundo con la mayor salida de millonarios: 10,000 (New Word Wealth Report). Esa fuga de capitales agravó el desempleo, a tal grado que el gobierno de izquierda francés derogó el aumento de impuestos a los ricos a un año de implantado. En 2016 inició una reforma laboral para reducir y flexibilizar las cargas laborales a los creadores de empleos. Esa reforma desató una huelga de los sindicatos, afectados en sus intereses, que antes habían apoyado al candidato socialista en las elecciones. La reforma ayuda a los desempleados y trabajadores al facilitar la creación de más empleos, pero reduce el poder de líderes sindicales.

Lo sucedido en Francia, que narro brevemente en el libro “Desigualdad y distribución de la riqueza” demuestra, junto con experiencias similares en otros países, que altos impuestos a los ricos productivos, lejos de reducir la pobreza la empeoran y aumentan el desempleo.

En el libro pruebo con cifras y un análisis de los resultados de la distribución de la riqueza por el Estado, que en la mayoría de los países donde se ha practicado, aumentó la pobreza, el populismo, el desempleo, la corrupción, los ricos parásitos, ligados al gobierno y se engendraron programas “sociales” que alargan la pobreza y crean las condiciones para utilizar a los pobres con fines electorales. Enumero políticas económicas que se deben implementar para reducir estructuralmente el número de pobres y convertirlos en clase media.

Agradezco al ex presidente de México, Felipe Calderón, su participación como comentarista en la presentación del libro en la Escuela Libre de Derecho y a Esperanza Aguirre, ex ministra de educación y Ciencia y ex presidenta del Senado de España, el fungir como comentarista en la conferencia- presentación del libro en Madrid.

Luis Pazos
lpazos@prodigy.net.mx
@luispazos1
Mexico



Gabriel Gasave
@ElIndependent