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jueves, 21 de marzo de 2019

ÁNGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCÁN, ODISEA DEL ENANO


“Odio y detesto a ese animal que se llama hombre”. Jonathan Swift

El desprecio de los tiranos por el pueblo es palpable. Saben los déspotas que basta la zanahoria junto al garrote, sobretodo, éste último para mantenerlo a raya y sumiso. La mansedumbre es la marca del “bravo pueblo”, una ficción alentada por himnos y símbolos nacionales para que las elites mantengan sus privilegios mal habidos: el crimen glorificado ata los nudos de una autoridad acatada sin protestas, y si éstas últimas las hay, pues se reprimen a sangre y fuego. A su vez, la indiferencia del pueblo sobre sus mandamases es ya legendaria porque se saben rebaño obediente de las circunstancias miserables de la existencia, y porque el Jefe les mima como chula clientela, cuando puede o le interesa. El mito del pueblo y del héroe es tan falaz que Jorge Luis Borges (1899-1986), con delicada y portentosa inteligencia, lo alcanza a desmontar con elegante prosa en su cuento: “Tema del traidor y del héroe” (1944).

Jonathan Swift (1667-1745), nos ofrece, en “Los Viajes de Gulliver” (1726), como unos insignificantes enanos logran todos juntos anular al portentoso gigante. La metáfora no sólo es gráfica sino básicamente conceptual, filosófica. Así como en la vida, unos muchos tontos, anulan la virtud de unos pocos elegidos por sus talentos. La democracia cuestionada, porque la dictadura de la mayoría, puede terminar siendo el gobierno de los más bobos e incapaces en nombre de un ideal populista y pendenciero, tal como nos ha sucedido, trágicamente, a los venezolanos durante la hegemonía chavista.

El verdadero “Élan vital” que mueve a la humanidad es el rencor de los ególatras. En el Eclesiastés, un sabio libro bíblico cuyas incongruencias son coherentes con lo que representa el misterio humano, no se anda por las ramas: todo es vanidad y no hay nada nuevo bajo el Sol. Quién vino a contracorriente a defenestrar esos supuestos egoístas y viles que se hacen presente en el barro de muy mala calidad que utilizó el Creador para constituir la simbiosis del cuerpo/alma fue Jesús de Nazaret y su prédica imposible de amor al prójimo. El atrevimiento por cuestionar al hombre modelado por la insumisa Eva y el envidioso Caín le costó el suplicio y la muerte. Los Evangelios son el testimonio de la cruz, un símbolo de terror, que nos recuerda todo el tiempo que los corderos son siempre sacrificados por lobos.

Otro tanto ocurre con el elogio a la pobreza, otro derivado del enanismo antropológico. La Historia es una paridora de ejércitos de la noche: de gente que hace de la pobreza una existencia infeliz. La Iglesia cristiana católica desarrolló un populismo doctrinal para hacer de la pobreza, la mayor parte de la feligresía, una poblada resignada cuya salvación, imposible en los espacios terrenales, se concretaría en el difuso más allá (“Dios responde: —Bien, hijo mío, entrarás en el cielo; mas no tendrás nunca la certeza de hallarte en él”): un lavado mental perfecto. Los protestantes a partir del siglo XV decidieron romper con esa doctrina, triste y sombría, y empezaron a reivindicar valores como el ahorro, la laboriosidad y la producción de riquezas: Dios ayuda y acompaña al hombre sí éste se ayuda también así mismo. Y desde entonces no les ha ido nada mal. Lamentablemente la natalidad monstruosa siempre está un paso por delante de la economía más productiva. Finalmente, como sostiene, una vez más, Jorge Luis Borges: “Ni la riqueza, ni la dicha, ni el lujo, ni la vida mundana son barreras para entrar en el Cielo. Ser pobre no es una virtud, como tampoco lo es ser desventurado”.

El triunfo de los enanos en la historia es obvio: la injusticia en el mundo reina junto a la banalidad e indiferencia ante el mal. La hegemonía chavista ha devenido en una agonía existencial para toda su población. Hoy Venezuela está en los escombros para satisfacción de una elite mediocre y resentida que se atrincheró en el poder. Sí la venganza hacia los ricos hubiese significado la elevación de los pobres, el ideario incendiario de estos supuestos redentores sociales, merecería algún tipo de respeto. Hoy los pobres de Venezuela son mucho más pobres y miserables que antes del arribo de la actual horda destructiva. Y los ricos de antes y los nuevos ricos del chavismo acrecentaron sus fortunas, la inmensa mayoría desde la corrupción más obscena. La Historia siempre termina siendo predecible y aburrida.

El enanismo no es un asunto de tamaño o altura sino de déficit de grandeza de espíritu. Y en estos tiempos de una Venezuela en pleno cataclismo histórico el envilecimiento y la desgracia han sido esparcidos sin compasión.

Ángel Rafael Lombardi Boscán
@lombardiboscan

martes, 5 de marzo de 2019

NOEL ÁLVAREZ, TIRANOS Y CENSORES

"A ningún periodista se le dice lo que debe escribir, pero se le prohíbe escribir lo que en nuestra opinión pueda ser malo para la moral o el progreso del país". Esto dijo el dictador Marcos Pérez Jiménez en una entrevista publicada por la revista Time, en febrero de 1955. Así piensan y actúan los tiranos en contra de quienes respetan y defienden las libertades públicas.

El dictador tenía un censor nacional, llamado Vitelio Reyes, quien controlaba todos los medios de comunicación de Caracas. Este personaje contaba con un grupo de acólitos que replicaba sus desmanes, en las regiones. Ese comité decidía lo que se podía, o no, publicar. De esa dura tiranía quedó esta frase pronunciada por el censor que fue publicada por algunos medios de la época: “General Pérez Jiménez, hoy le censuré tres artículos a El Nacional. A ese Otero Silva, hay que sacarlo del país, porque tiene a la prensa embochinchada”.

El diario La Esfera intentó publicar una broma sobre Pedro Estrada, y Vitelio se lo impidió, luego se lo reportó al dictador: “Figúrese mi general, esos comunistas mamándole gallo a Don Pedro Estrada con este chiste: esos restos que encontraron en una casa que demolieron para construir la avenida Bolívar y que los pendejos de la Academia de la Historia dijeron que podían ser los de Diego de Lozada, alrededor del tema se armó una discusión y algún enemigo del régimen dijo, que se los enviaran a Don Pedro, que con tan buenos métodos que tiene para hacer hablar a los adecos, seguro que en menos de una hora, hace que los huesos confiesen”.

Los regímenes tiránicos lo primero que hacen es controlar todo el aparato comunicacional. La censura es su instrumento para tapar las violaciones a los derechos humanos. La persecución a los medios de comunicación y la restricción de la información conforman una degradante ecuación que les permite ocultar la violación de los derechos más elementales. Así actuó Pérez Jiménez cuando su régimen estaba herido de muerte. Hoy, además de la persecución directa utilizan otros mecanismos, tales como: demandas ante tribunales serviles, control de asignación de papel a través de corporaciones censoras, hasta llegar a los mecanismos más sofisticados que permiten bloquear el acceso a redes sociales.

Pareciera que los tiranos tienen un patrón común de actuación, cuenta la historia que cuando Hitler ascendió al poder, le preguntó al ministro de información y propaganda, Paul Josep Goebbels ¿Cuántas emisoras de radio hay en Alemania? 350, Führer, fue la respuesta. A partir de mañana, hay una sola, sentenció Hitler. Y ¿cuántos periódicos y revistas circulan en el país? 90, apreciado líder. “A partir de mañana circulará un solo medio de comunicación controlado por nosotros. Los demás no tendrán papel, tinta, ni anuncios y si se atreven a salir a la calle, asalten sus talleres, destrocen su maquinaria, quemen sus oficinas y a los dueños y periodistas llévenlos presos y si se resisten, mátenlos”.

Napoleón Bonaparte acuñó esta frase: “Tres diarios adversos son más temibles que mil bayonetas”. El problema de la libertad de expresión es una epidemia mundial con una cantidad de países en los que no hay libertad de prensa. En el siglo pasado, cada político tenía su periódico, ahora cada Gobierno tiene sus propios medios de comunicación y a los demás, solo los dejan vivir en una “pseudolibertad”, en donde el control es total. La censura suele ser el recurso más utilizado por las naciones que viven bajo los designios de una tiranía, por eso, todo lo que tiene que ver con el ejercicio del periodismo y las distintas formas que adopta el arte, son el foco de atención de los organismos que tienen asignada la tarea de controlar sus contenidos.

Durante la dictadura de Pérez Jiménez, las rockolas que funcionaban en casi todos los botiquines de Venezuela, tenían un disco 45 rpm, “especie de bambuco”, enviado por la Seguridad Nacional, cuya letra comenzaba diciendo: “Coronel Marcos Pérez Jiménez, presidente constitucional, elegido por el pueblo…”. Al régimen usurpador no se le han ocurrido ideas como esta, pero, debido a su escasa popularidad, no dudo que seguirá implementando mecanismos diversos para penetrar el subconsciente de los indecisos.

Noel Álvarez
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv 

lunes, 31 de diciembre de 2018

NOEL ÁLVAREZ, NO TODOS LOS TIRANOS MUEREN EN SU CAMA


Las expectativas que demuestra mi tía Filotea por lo que pudiera ocurrir en nuestro país, el nuevo año, aderezadas con la lectura que hizo de la novela “El otoño del Patriarca”, me impulsaron a leer con detenimiento esta obra del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Este excelente trabajo literario vino a representar para mí, un importante acontecimiento intelectual que hoy, más que nunca, se encuentra vigente su contenido temático porque en él se pueden encontrar personajes que registran mucha similitud con algunos autócratas actuales, lo cuales se aferran al poder como si este fuera su último hálito de vida.

La novela, considerada como una fábula sobre la soledad del poder, se desarrolla en un país ficticio a orillas del Mar Caribe. Este territorio es gobernado por un anciano dictador que recrea el prototipo de las dictaduras latinoamericanas. Se le considera un largo poema en prosa y la obra que mejor representa al mítico tirano contemporáneo. En sus páginas reverbera el realismo mágico que García Márquez supo imprimir en gran parte de sus obras.

El Otoño del Patriarca, se llama así, porque la muerte le sobrevino al dictador durante esa estación del año. En esta historia se nos habla sobre un autócrata, en la que el escritor hace una especie de compendio entre muchos tiranos de toda la historia latinoamericana y la resume en un relato de un solo personaje: el Patriarca. El dictador o Patriarca es un anciano general que no recuerda su edad y no dispone de educación escolar. Se instaló en el poder tras varias contiendas y golpes de estado. El pueblo lo ve como una leyenda. Utiliza métodos violentos para hacer que se cumpla su ley. Su poder llegó a ser tan grande que una vez preguntó ¿qué horas son? y alguien le contestó: las que usted ordene mi general

La madre del tirano, Bendición Alvarado, vivía en la pobreza y se ganaba la vida pintando pájaros y vendiéndolos en el mercado, sin saber que era una de las mujeres más ricas del planeta, ya que, su hijo registraba a su nombre todo cuanto adquiría con los negociados del gobierno. Al morir su madre, el General proclama su canonización civil y la nombra patrona de la nación, curadora de enfermos y maestra de los pájaros. También decretó como feriado nacional, el día de su nacimiento. Desde allí en adelante fue conocida como: Santa Bendición Alvarado de los pájaros. Fíjense ustedes cómo cambian las cosas, en Venezuela no es necesario pintar pájaros para aparecer en la revista Forbes. Solo se necesita vender productos de belleza por catálogos para entrar en la élite donde militan los grandes millonarios del mundo.

Señalan algunos que este trabajo del Gabo podría tratarse de alguna dictadura real de la Sudamérica de cualquier siglo. En el otoño del Patriarca el escritor colombiano consigue atrapar al lector con su mensaje de denuncia social. El dictador es constantemente atacado por una sociedad que no lo quiere. Su poder tiránico conlleva al odio incluso de sus hombres más fieles. En los últimos años del dictador en el poder, el país entra en una crisis que le obliga a vender hasta su propio mar y los pata en el suelo entran en pánico, por algunas consideraciones

del Gabo, tal es el caso de una frase que desliza en la novela: "El día en que la mi… tenga algún valor los pobres nacerán sin c…".

Por el contenido de esta novela, el lector puede apreciar que el poder siempre corre aparejado con la violencia y requiere de periodos de inestabilidad para consolidarse. Todos los autócratas requieren crisis para justificar su afán de ser reconocidos como salvadores, ya que, en la paz, ellos no juegan ningún papel. Por consiguiente, las naciones regidas por este tipo de gobernantes, viven de conflicto en conflicto. Estos delirios autocráticos los viven a diario algunos países latinoamericanos y este dictador los potencia, a través de su actitud maquiavélica e inhumana, cuando ordena, sin que le tiemble el pulso, homicidios individuales, genocidios, magnicidios brutales, que luego manipulará a través de hábiles artificios para no ser considerado responsable de ellos.

Al final, íngrimo y solo, el dictador perecerá de muerte natural y será encontrado, medio comido por los gusanos, en su cama. En esta obra, Gabriel García Márquez transmite a sus lectores el sentimiento de soledad que embarga a todos los tiranos y evidencia las atrocidades a que puede conducir el uso y abuso de un poder sin límites.

Noel Álvarez
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE 
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv

jueves, 20 de diciembre de 2018

EUGENIO MONTORO, SHEBA


“El libro de las revelaciones o el Apocalipsis de San Juan es el final de todas las Biblias. Este libraco de 2000 años de edad se puede aplicar a nuestro tiempo. No hay duda que describe bien a nuestro monstruoso régimen, el cual inevitablemente caerá frente a una figura (o movimiento) cuyo nombre no se conoce”

El libro de las revelaciones o el Apocalipsis de San Juan es el final de todas las Biblias cristianas. Muchos lo aceptan como parte integral de los textos sagrados y otros dudan de que Juan, el Evangelista, hubiese sido su autor. Se estima se escribió a finales del siglo I en plena persecución de los cristianos por los romanos, pues los emperadores exigían adoración a sus estatuas como “hijos de dios” y a eso se oponían unos irreverentes que solo aceptaban llamar así a Jesús.

El apocalipsis posiblemente recoge mucho de este período de lucha entre los “malos” romanos y los “buenos” cristianos, pero lo hace a través de una extraña y curiosa simbología, de tal manera que el apocalipsis es interpretativo y tan maleable que se puede adaptar a diversas situaciones.

Para leer el apocalipsis es muy importante meterse previamente varios tequilas o cualquier bebida espirituosa de las fuertes, pues el mollejero de cosas raras que salen solo pueden ser toleradas con buen mareo. Un ejemplo: “El quinto ángel vació su copa sobre el trono del monstruo, y su reino quedó en oscuridad. La gente se mordía la lengua de dolor”. Otro más:” Tomé el rollito de la mano del ángel, y me lo comí; y en mi boca era dulce como la miel, pero una vez que me lo comí, se me volvió amargo en el estómago”.

Como muchos conocen, en la Biblia el número siete (7) está asociado a lo bueno y a lo celeste y el apocalipsis lo usa a montón. Comienza con siete cartas a igual número de Iglesias, sigue con siete sellos en donde aparecen los muy famosos jinetes, luego con las siete trompetas, las siete visiones de la mujer y el dragón, las siete copas, los siete cuadros de la caída de Babilonia y las siete visiones del fin. Así que, casi obligados, elegimos el hebreo SHEBA (siete) para titular estas líneas

Aunque las figuras malignas del libro posiblemente iban dirigidas como crítica encubierta a los romanos, también se han utilizado para asociarlas con Mao, con Hitler, con Stalin o con cualquier malquerido. De manera que nos fue fácil aplicar estas visiones angelicales al caso venezolano pues hay poca duda de que aquí tenemos unos demonios gigantescos y grotescos que, además, nos tienen pasando calamidades bíblicas.

Van entonces algunas copias textuales del libro.

“Allí vi una mujer montada en un monstruo rojo, el cual estaba cubierto de nombres ofensivos para Dios…. aquella mujer iba vestida con ropa de colores púrpura y rojo, y estaba adornada con oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en la mano una copa de oro llena de cosas odiosas y de la impureza de su prostitución y llevaba escrito en la frente un nombre misterioso”. (Clarísimo que se trata de los malos del régimen vestidos de rojo)“Después de esto, vi otro ángel que bajaba del cielo; tenía mucha autoridad, y la tierra quedó iluminada con su resplandor. Con fuerte voz gritaba: ¡Ya cayó, ya cayó la gran Babilonia!¡Se ha vuelto vivienda de demonios, guarida de toda clase de espíritus impuros, nido de toda clase de aves impuras y de fieras impuras y odiosas! (Sin duda se trata de la oposición cantando y ya cayó y ya cayó).

“Los comerciantes del mundo también llorarán y harán lamentación por esa ciudad, porque ya no habrá quien les compre sus cargamentos de oro, plata, piedras preciosas, perlas, telas de lino fino y de seda, de color púrpura y rojo”. (se refiere a los ladrones del tesoro público y a los traficantes que abundan).

“Tú, oh cielo, alégrate por causa de esa ciudad y alégrense ustedes, los del pueblo santo y los apóstoles y los profetas, porque Dios, al condenarla, les ha hecho justicia a ustedes”. “Vi el cielo abierto; y apareció un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, porque con rectitud gobernaba y hacía la guerra. Sus ojos brillaban como llamas de fuego, llevaba en la cabeza muchas coronas y tenía un nombre escrito que solamente él conocía”.

Como se nota, este libraco de 2000 años de edad se puede aplicar a nuestro tiempo. No hay duda que describe bien a nuestro monstruoso régimen, el cual inevitablemente caerá frente a una figura (o movimiento) cuyo nombre no se conoce (aunque los adecos estarán muy animados por lo del caballo blanco).

La caída del malo poderoso frente a las fuerzas del bien, siempre ha ocurrido en la historia y seguirá ocurriendo y eso es lo que va a pasar en nuestra tierra de gracia. No somos adivinos, pero huele tremendamente que va a ser pronto.

Eugenio Montoro
montoroe@yahoo.es