lunes, 11 de mayo de 2020

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, ENTRE CONSPIRACIONES, TRAICIONES Y UTOPÍAS

La política, aparte de concebirse como una serie de procesos atados al asunto público en su relación con el poder, también se comprende como aquel dilema bajo cuyos problemas pueden incitarse no sólo nuevos problemas. También, pueden reavivarse aquellos que fueron acumulándose sin que alcanzaran a ser advertidos en su exacta realidad. Sobre todo, los que emergieron  producto de retaliaciones que insumen al hombre hasta obligarlo a desprenderse de valores que permitieron su ascenso social y político. Así ocurre, generalmente por causa de intereses que ni siquiera entiende. O porque tampoco termina de reconocer su procedencia, razón, incidencia o implicaciones que se tornan en conflictos de toda naturaleza.

Es ahí cuando asoman presiones y tentaciones que, en su afán por hacerse de mayores cuotas de poder político, se convierten en razones que tienden a configurarse en pretensiones que rayan en proyectos autoritarios o totalitarios. Inclusive, en algo más reactivo y que, como práctica política, se pasea por los ámbitos de la conspiración. 

De manera que la conspiración (admitida por la teoría política) o conjuración (término acogido por la teoría jurídica) son contubernios trazados por quienes buscan desesperadamente tramar condiciones que permitan, por la vía más inmediata posible y sin medir consecuencia alguna, tomar el poder político. Tan reaccionaria forma de desplazar a quienes detentan el poder instrumentando la fuerza como recurso de escalada, es un abierto delito de connotación penal. Así lo asiente el ordenamiento jurídico. 

Para la ciencia política, es un delito de rebelión o sedición que en el fondo incurre en un mismo daño. A fin de cuentas, la agresión termina conjurando hechos capaces de revertir alguna situación imbuida bajo un interés o postura que enarbola un propósito político comprometido con una realidad en particular.

Pero indistintamente de lo que su concepto conjuga al momento de acusar causas políticas, el problema que contrae el evento abate con fuerza sobre una determinada situación. Y el caos surge tan inmediato como insidioso que de seguro así se tornará.

Y en lo específico, es lo que desde el ejercicio de una política obstinada y opresora se hace con el propósito de degradar la democracia arrasando con todo lo que las circunstancias hacen posible. Es el guión que describe todo proyecto ideológico dirigido a alcanzar el poder sin que intermedien méritos, sapiencia y ecuanimidad. Condiciones necesarias éstas para arrogarse el liderazgo necesario sobre las cuales fundamentar la justicia y la libertad como pivotes de la democracia. 

En ausencia de tan dignas virtudes, la politiquería basa su periplo en alegorías que escasamente buscan soportar el activismo politiquero en la adulancia entendida como raudo y veloz recurso de ascenso social y político. Al final de tan aguzado recorrido, se cimenta un sistema político en el que las palabras contradicen los hechos. Un sistema político en el que la conciencia se corrompe. 

Por eso luce en demasía complicado, lograr que la política supere tan retorcido problema. De ahí que en medio de sistemas políticos oscurecidos por los vicios que van cuajándose con el paso del tiempo, la noción de política estará siempre sujeta a lo que determina una consciencia igualmente ensombrecida.

Es ese el ámbito justo en que el ejercicio de la política oscila entre equivocaciones, caprichos y barbaridades. Lo que es casi igual a decir, que fluctúa entre conspiraciones, traiciones y utopías.

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

LUIS FUENMAYOR TORO, RECAPITULEMOS SOBRE EL EXTREMISMO OPOSITOR

1. 2001. A sólo 3 años de la elección inicial de Chávez, la oposición (única entonces) llama a una huelga general indefinida de carácter insurreccional, sin tomar en cuenta que el Presidente había salido victorioso en las elecciones de 1998, en los referendos conducentes a la aprobación de la nueva Constitución y en las elecciones posteriores de relegitimación. El llamado fracasa, pero deja en evidencia el inmediatismo, la impaciencia, el voluntarismo y el espíritu antidemocrático de la dirección opositora. 

2. 2002. Manifestaciones de calle gigantescas de la oposición y del gobierno. Una de estas, las más grande, es utilizada para dar un golpe de Estado sangriento en abril, profundizándose así una conducta opositora que no variará en las próximas dos décadas. Luego de pocas horas de éxito, el golpe termina en total derrota al no lograr el apoyo de las Fuerzas Armadas ni movilizaciones populares de respaldo. Chávez aprovecha la ocasión para efectuar una “limpieza” de las fuerzas militares y lograr su total control. 

3. 2002 e inicios 2003. La industria petrolera es paralizada por su directiva (lock out), para provocar la caída del régimen democrático de Hugo Chávez. El gobierno resiste, se sobrepone y retoma el control de la industria. Pasa a la ofensiva y efectúa una “limpieza” política de toda su gerencia, que incluso extiende en forma inconveniente a profesionales no involucrados en la sedición. Controla totalmente a partir de entonces la industria fundamental para el país. Adicionalmente, hubo un nuevo llamado fracasado a una huelga general insurreccional. Los errores continúan. 

4. 2004-2005. Chávez vence en el revocatorio presidencial impulsado por la oposición y ésta decide inmolarse y no participar en las elecciones de la Asamblea Nacional de 2005, en un intento fallido de deslegitimarlas y al cuerpo legislativo resultante. Se permite así el control del Poder Legislativo por el chavecismo, que lleva adelante, sin oposición, las reformas legales requeridas para controlar el país. De nuevo, la política suicida opositora permite el avance hegemónico del gobierno de Chávez. 

5. 2007. La unidad opositora, junto con fuerzas disímiles del país pensante, derrotan electoralmente el intento de Hugo Chávez de modificar la Constitución Bolivariana en función de sus intereses hegemónicos. 

6. 1999 – 2014. Como las fuerzas de izquierda en la segunda mitad del siglo XX, la oposición inmediatista y violenta no acepta sus derrotas y grita fraude en cada elección, desdeñando los importantes triunfos obtenidos en gobernaciones y alcaldías y organizando protestas aisladas de grupos violentos. Por su parte, con acciones cada vez más arbitrarias, autoritarias y anti democráticas, el gobierno estimuló la generación de esta conducta. 

7. 2015. La oposición, ya no única, pues desde 2010 participan otras fuerzas opositoras, obtiene una victoria que le otorga, en virtud de la ley electoral de carácter mayoritario, la mayoría calificada de 2/3 de la Asamblea Nacional. El inmediatismo de nuevo se impone y el equipo político legislativo decide dedicarse a destituir al Presidente de la República por cualquier medio. Se desdeñan así los comicios de estados y municipios. 

8. 2015-2018. Manifestaciones violentas (guarimbas) en pocos municipios, con contadas movilizaciones grandes de la población en 2016, dominan la escena política de calle, con muertos, heridos y detenidos. La misma oposición, que en los diálogos con el gobierno en República Dominicana había exigido adelantar las elecciones presidenciales, decide no participar en las mismas en mayo de 2018, en las que compitieron cuatro candidatos y votó casi la mitad de los electores. Desconocen al Presidente electo, pues sería la base del desarrollo de su política ulterior.

9. 2019 y 2020. El diputado Juan Guaidó se auto juramenta como Presidente de Venezuela y es reconocido por EEUU y poco más de 50 países. Pasa a retar al gobierno con la entrada sí o sí de “ayuda humanitaria”, lo que termina en un desastre por acciones vandálicas de su gente. Genera un golpe de Estado bufo en un distribuidor vial y amenaza diciendo que las opciones están arriba y “debajo” de la mesa. Su última acción, la contratación de una empresa mercenaria gringa, que incursiona militarmente en el país para derrocar al gobierno de Maduro, es bufa, pero perversa e inquietante, y ha dejado hasta ahora 8 muertes y más de cien detenidos. Ahí estamos. 

Luis Fuenmayor Toro
lft3003@gmail.com
@LFuenmayorToro
Caracas-Venezuela

OSCAR ARNAL , LÓPEZ CONTRERAS Y HERRERA CAMPINS

Un 5 de mayo de 1883 nace en Táchira el presidente Eleazar López Contreras. Al morir Gómez, era ministro de guerra y marina, equivalente al hoy ministro de la defensa. López fue del grupo de los 60 andinos que llegó al poder con Castro en 1899.  

En un país donde predominaba el nepotismo, el gabinete ejecutivo de la época, al fallecer Gómez lo designó presidente encargado, para luego recibir el respaldo del congreso. Había sido electo para 7 años, pero el parlamento en la reforma constitucional recortó el período a 5 sin reelección inmediata. Durante su mandato se hizo popular el lema “calma y cordura”. Una de sus primeras medidas fue liberar a los presos políticos, permitir el regreso de los exiliados y relevar a la vieja guardia gomecista de los más altos cargos. También lanzó el “plan de febrero” de 1936 para tranquilizar a un pueblo que exigía cambios después de la larga dictadura gomecista. Más tarde en 1937, decreta la expulsión de 47 líderes políticos acusados de comunistas. Designó como su sucesor al general Isaías Medina Angarita. Luego, trató de retornar al poder sin éxito. Fue muy diferente a Gómez. No impuso la fuerza, ni trató de perpetuarse. Fue el tercero de los andinos en ejercer el poder y su cercanía con Castro y Gómez lo había familiarizado para la tarea que asumió.  

Para los que creen en fechas que se parecen o se repiten, el día anterior al nacimiento de López Contreras, un 4 de mayo, pero de 1925 nace Luis Herrera Campins en Portuguesa. Fundador del partido Copei en su estado, es el segundo presidente socialcristiano, después de Rafael Caldera. Perseguido político durante la dictadura de Pérez Jiménez, tiene que culminar sus estudios de abogado en España al salir de prisión. Desde muy temprano demuestra sus dotes periodísticas, buen escritor y orador. Tenía la habilidad de encajar refranes y frases acordes con el acontecer nacional. Continuó la labor de Caldera, lanzó la tesis del estado promotor, el metro, el teatro Teresa Carreño, entre muchas otras. Sabía mucha historia patria, y era un hombre culto y universal. Tuvo un carácter afable, sencillo y cordial. Murió sin bienes de fortuna.  

Venezuela recuerda a estos dos presidentes que nacieron un día tras otro, con admiración y respeto.  

Oscar Arnal oscar.arnaln@gmail.com@OscarArnal 

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ, GUAIDÓ, MADURO Y MARÍA CORINA

No ha habido etapa más agría en toda nuestra historia, tampoco un divorcio más acentuado entre políticos y pueblo. Incluso, los españoles resguardaban el sostenimiento de lo que en ese momento era Venezuela, pero hoy día no se deja piedra sobre piedratodos sus cimientos están siendo destruidos… lo que se ha saqueado al país en los últimos 20 años es más de lo que la Compañía Guipuzcoana pudo extraer en sus tiempos. 

Son muchos los factores inmersos, uno de los principales es que Guaidó llega al poder accidentalmente. Llega sin experiencia necesaria, con una organización política que exhibe mismas condiciones que él, con un líder (LL) al que idolatran al igual el chavismo lo hace con los suyos. En más semejanzas con los rojos, enroca al mismo liderazgo opositor al que la población no le tiene ninguna fe, al contrario, ¡repudia!  

Por lado del régimen nada sorprende, día a día agrava su condición retencionista del poder a pesar que dentro de nuestras fronteras controla férreamente a la población a través de la violencia institucionalizada y la generación de necesidades/dependencia. Una de sus grandes debilidades (entre tantas) es que, a parte del impopular Maduro, no hay otra figura, ni siquiera Diosdado (dedicado a su programa televisivo de asistencia constituyente) que sea capaz de aglutinar al remanente chavista obstinado por tantas penurias, tanto más que a los que tildan escuálidos. 

Los otros actores no vale la pena mencionarlos, una falsa oposición cuya contratación busca desviar los ataques dirigidos a los verdaderos culpables del oscurantismo reinante hacia la oposición orgánica, sus señalamientos son más incisivos que los del mismo régimen, uno de sus apostillados, en días recientes, trató de culpar a Guaidó de la escasez de gasolina y no al chavismo amo y señor de Pdvsa en los últimos 20 años ¡Absurdo! Son autoproclamados líderes nacionales, con partidos liliputienses, carentes de legitimidad que se prestan para las tretas del régimen. 

Otro factor interviniente, sin componente orgánico de peso, pero sí con respetable influencia internacional, es María Corina Machado, quien particularmente apreciamos como la más ecuánime en el mundo político actual. Atacada por criticar con antelación las decisiones de la MUD y por su radical postura contra el régimen, le ha sumado enemigos en ambos bandos, sin embargo, es la única figura del momento que ve incrementar su apoyo en la opinión pública. 

En resumen, la Venezuela política se encuentra dividida en tres lotes: La oposición liderada por Guaidó, el oficialismo liderado por Maduro y un tercer continente que lidera María Corina Machado, todo lo demás que orbita a estos tres son escombros políticos. 

Esta realidad afecta como nunca antes a los venezolanos. Guaidó, reconocido mundialmente, no tiene radio de acción dentro de la nación. Maduro, desconocido internacionalmente, es quien ejerce control dentro del territorio. Cuando el chavismo tuvo la oportunidad para realizar cambios que amerita la patria no los hizo, al contrario, profundizó los errores, creó otros peores y terminó convirtiéndose en el principal problema de la nación.  

Sigue reinando la incertidumbre en un país cada vez más insostenible, los recientes acontecimientos Macuto y Chuao desafían la lógica, al parecer, es una guerra en la que un bando está subestimando gravemente al otro. Lo único cierto es que el país, en cada segundo, se hace más insostenible en todos los sentidos.  

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango