viernes, 28 de febrero de 2020

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: ¿UNIVERSIDADES SIN UNIVERSITARIOS?

Cada tiempo, tiene sus problemas. Estos están por doquier. Aunque el problema no está en atenderlos, tanto como si en entenderlos. Justamente, con miras a dominarlo para así superarlo. Aunque luego habrá que enfrentarse a otro. Y así, sucesivamente. Sin embargo en el fragor de tal sucesión, no siempre se halla la solución del problema más inmediato o mediato a la situación en cuestión. Pero de no comprenderse que la vida se pasea por parajes así cundidos de dificultades, está concibiendo más problemas aún. O dándole forma a otro de mayor magnitud. Tanto es así que, Charles Chaplin, celebrado comediante del cine mudo, decía que “Nada es permanente en este mundo, ni siquiera nuestros problemas”. 

Así se desarrolla la vida. Pero no sólo la vida personal. También, la de instituciones y organizaciones de todo tenor. Especialmente, de aquellas cuya configuración funcional se basa en el manejo del pensamiento cuyas cuotas de sensibilidad y emotividad se hallan profundamente apegadas a las capacidades y potencialidades del ser humano. Vale decir, la Universidad.  

Desde su creación, la universidad se afianzó en la espiritualidad de quienes hacían de ella su pasión para convertirla en la fortaleza que mejor sirviera de escudo contra la opresión y represión que blandían desde aquellos espacios que pudieran sentir amenazados sus fueros de intemperancia, arrogancia y poder. O como dice el himno de la Universidad Central de Venezuela, “la Casa que vence las sombras(…)” 

El autoritarismo, valiéndose del tapujo que le ha permitido actuar desde la dictadura y la tiranía, ha sido, entre otros estamentos de la política, al factor que más ha urdido complicidades, intrigas y ataques contra la libertad de ideas. Incluso, con la libertad de conciencia. Libertades éstas que se pregonan en todo recinto universitario que se precie de la autonomía para criticar cualquier modelo o esquema de gestión que pretenda reducir y agredir la naturaleza del hombre en términos de su condición biopsicosocial en el plano de su contribución al crecimiento de las naciones y desarrollo de la vida.  

Cuando la universidad venezolana ha sobrevivido más de dos largos siglos, entre problemas de distinta índole, los mismos se repiten. No siempre, obviamente, con las mismas excusas. Pero si, por las mismas razones. O sea, de evitar que las verdades encontradas en las investigaciones procuradas, o en la conciencia moldeada por la docencia universitaria en quienes egresan con el compromiso de servir a las libertades, se tornen en factor de incomodidad a los procesos fraguados a fuerza de refinación y enquistamiento del poder político y de sus correspondientes enredos encubiertos, taimados y socarrones.  

La imperiosa necesidad de conjurar cualquier acción de violencia mampuesta o solapada, con el fin de transformar la universidad en bastión de pillerías y tramposerías para entonces justificar las felonías que requiere el régimen autoritario venezolano para engrosar su dominio, además soportado en el uso inconveniente de las armas de la República, es la razón para ordenar a su justicia amañada y subordinada, confinar la autonomía universitaria mediante imposición a la fuerza, vía decreto judicializado.  

Independientemente del procedimiento formalizado en el decreto 0324, emitido el pasado Agosto (2019) por el tribunal supremo de justicia, el régimen usurpador busca lo que por elecciones libres y democráticas le resulta imposible conseguir. O sea, ganar en buena lid cargos de autoridades rectorales y decanales de las universidades nacionales autónomas venezolanas. De esa manera, el régimen oprobioso no sería molestado por universitarios formados para actuar con capacidad crítica del análisis. Por universitarios preparados para trabajar con la curiosidad irrespetuosa de dogmas, necedades o credos absurdos. Por universitarios moldeados para proceder con el sentido de razonamiento lógico frente a las adversidades incitadas por el resentimiento y el odio de funcionarios envalentonados y advenedizos. El régimen injurioso no sería importunado por universitarios dispuestos a conducirse con la visión de conjunto ante el panorama del saber o de la producción de conocimientos.  

En fin, el régimen se ha empeñado en desembarazarse de universitarios formados para ejercer sus profesiones con el sentimiento necesario para valorar las más elevadas realizaciones del espíritu humano. Por eso, la Ley de Universidades define a la Universidad como “(…) comunidades de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre” (Artículo 1°) 

Y que un régimen autoritario, dada su pretensión de dominio sobre todo (aunque capacidad de destrozar igualmente todo) admita tan significativo e íntegro cuerpo de realizaciones y compromisos, no es probable. Mucho menos, creíble y realizable. La historia universal, lo corrobora. Igual, la historia nacional.  

Cabría preguntarse ¿cómo hacer que quienes buscan valerse de la prepotencia que el régimen se arroga por el poder que ha secuestrado, comprendan que el problema que busca generar su absurda pretensión consignada bajo el número 0324, lo único que puede causar es más horror y decadencia que la que hasta ahora ha resistido Venezuela? Y que de lograrse semejante barbaridad, además atentatoria de las libertades que necesita la academia universitaria para cumplir su misión Rectora en la educación, la ciencia y la cultura, inspirada en el espíritu de la justicia social, la solidaridad humana y la dignidad que pauta el desarrollo del hombre, sería atrasar más todavía el crecimiento y progreso del país tal como lo merece por antonomasia y derecho de vida nacional y regional.  

No hay pues razón alguna, ni excusa válida, para aceptar que el régimen pretenda arrebatarle al tiempo, circunstancias que si bien pueden configurar un problema determinado, no es tampoco la vía expedita ni propia para presumir de resolverlo. Menos, por la vía de la violencia judicial y política. O acaso, Venezuela podría estar en medio de la desvergonzada situación de exhibir, luego de la fecha establecida por la arbitraria e importunada sentencia 0324 ¿universidades sin universitarios?

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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