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domingo, 29 de septiembre de 2019

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ: PENSAMIENTO PALEOLÍTICO

Lejos de ser la política, aperturas económicas o economías de mercado, lo que amenaza la sociedad actual desde varios grandes países y viene a la ofensiva, son anti política, nacionalismo parroquial, diferencialismo y populismo, que bajaron de la academia a la tierra. Y esta realidad revocó el equilibrio complejo, dinámico de las relaciones globales, incluso en EEUU. Con gobernantes políticos de oficio, el mundo pudo mantener bajo control la letal combinación entre Guerra Fría y peligro nuclear. 

El teléfono rojo, símbolo de la política pactada y políticos pactistas, exorcizó peligros inminentes. Los políticos saben que hay líneas no traspasables pero un antipolítico, un match político –o político contaminado de esto- soslayan ese principio, hasta aprenderlo a palos, lo que en época del equilibrio nuclear no daba tiempo. Gracias a eso el planeta pudo tragar y digerir el comunismo y el fascismo, luego sus caídas, las de otros colectivismos, y la gigantesca reorganización global que tuvo que emprender la humanidad para sanarse. 

Los políticos salvaron el mundo de ideólogos y académicos porque lograron imponer el sentido de la realidad. La política y la globalización han producido la más brillante era de prosperidad y bienestar de la historia, pese a las matizadas nostalgias, errores y anacronismos autoritarios de Negri, Thomas Piketty, Stigltiz, Alexander Duguin, Paul Gottfried, Serge Latouche, Naomi Klein, Judith Butler y otros paleopensadores, pruebas vivientes de que la fuerza de la ideología puede doblegar al talento y la teoría científica. 

Obama superó la crisis financiera de 2008, que el izquierdismo global vaticinaba “definitiva”, según Stiglitz el final del “capitalismo”, fórmula semiológica de marxistas y sus primos para denigrar la sociedad abierta, pluralista, isonómica, liberal, democrática. Hoy la antipolítica desde EEUU impulsa la desglobalización propuesta por la izquierda y la derecha de los noventa. Se materializa el programa de las marchas anti FMI y de los riots antiglobalización, el nacionalismo económico y el pasadismo. 

¿Triunfa la parroquia?

Los esfuerzos de la humanidad por rehacerse de los estragos producidos por comunistas, socialistas, intervencionistas, populistas y nacionalistas económicos fueron bautizados por izquierda y derecha como neoliberales o neoconservadores. El gobierno norteamericano (y el británico brexit) ejecuta fielmente el programa de los 90 contra la globalización y el “neoliberalismo”: fija aranceles de 25% a los productos chinos, lo que hará subir sus precios para los consumidores norteamericanos. 

Eso enfriará la actividad económica en EEUU y China, que espera un bajón en su crecimiento de consecuencias mundiales. Sin contar que abrumadoramente los productos “norteamericanos” se producen parcial o totalmente en China y otros países asiáticos. Decía un diplomático de Pekín: “el celular más vendido en el mundo es Wawuei, que es chino y el segundo es Iphone, también chino” (para Apple lo produce Foxconn en la provincia de Shenszen, empresa que da empleo a un millón 300 mil trabajadores).

Aparte de propiciar la caída del producto mundial al atacar a China, con las nuevas sanciones a Irán, en un acto tolondro, el gobierno norteamericano logró lo contrario de lo que se proponía. Los ayatolas llevan 40 años en el poder a pesar de las sanciones ahora, y ante las nuevas retoman su plan nuclear ofensivo y de un manotazo destruyen gran parte de la producción petrolera saudita, una severa advertencia de lo que pueden hacer. 

Con esa operación, los embargados, que transan petróleo con dificultades, valorizan el poco que venden. Corea está sancionada desde hace 68 años sin cambio de régimen y los únicos resultados fueron dos hambrunas y tres generaciones de los Kim en el poder. Como respuesta al paquete de sanciones de 2019, Kim Yon Un retoma su plan nuclear ofensivo y surge la amenaza de otra hambruna. 

Nuevos cubanos

En Venezuela la polarización antipolítica-colectivismo causó efectos igualmente desastrosos. La oposición despalilló el poder político conquistado en 2015 y solo cuenta con apoyo internacional porque no consigue como actuar internamente en una secuencia de desengaños. La acción norteamericana convirtió al gobierno en dependiente de Rusia y China y la oposición está paralizada a la espera de que “pase algo”. La última invocación impotente, sucedánea de la política real es el TIAR. 

Este se resume en dotar a los países de la región para aplicar sanciones al Estado venezolano, las mismas que han chasqueado. Un aislamiento económico estilo Cuba, de consecuencias perfectamente conocidas. Pero en el plano global el paleopensamiento no debería ocultar un factor clave como se lee en sus metafísicas obras. Los países derrotados por la pobreza como Argentina, Venezuela y los estados fallidos asiáticos africanos son los que no pudieron superar el socialismo. 

No los tocó la ola de reformas económicas de los años 80 y 90. China e India, que juntas concentran un tercio de la población mundial, a su vez contienen la mayor concentración de pobres en el planeta. Y la disminución sistemática y milagrosa de la pobreza se debe a que ambos países abandonaron esquemas económicos desvencijados que proponen autores de izquierda y derecha como los mencionados arriba. 

Carlos Raúl Hernández
@CarlosRaulHer

lunes, 29 de abril de 2019

MOISÉS NAÍM, LAS FIERAS COME-POLÍTICOS

La mayoría de los animales no comen carne humana. Sin embargo, hay tigres, leones, leopardos, osos y cocodrilos que, una vez que la han probado, la incorporan a su dieta y, activamente, cazan seres humanos para comerlos. Son los llamados “devoradores de hombres”. Una vez que han probado carne humana no pueden dejar de comerla.

Algo parecido está sucediendo con la política. En algunos países, una vez que el sistema político aprende a defenestrar al jefe de Estado, se acostumbra a hacerlo periódicamente. Los elimina a través de un sacrificio ritual que, generalmente, ocurre en tribunales, parlamentos y medios de comunicación, así como en plazas y calles. La conflictividad social, el revanchismo, la polarización y la antipolítica que hoy caracteriza a muchas sociedades crean el caldo de cultivo que conduce al despido, la cárcel y, a veces, hasta la muerte de sus presidentes. 

Como sabemos, ese difuso pero feroz animal come-políticos ahora cuenta con las redes sociales como potente arma para acorralar a sus presas. También sabemos que la exasperación y frustración de los votantes contra sus políticos no es ni artificial, ni gratuita: la precariedad económica, la desigualdad, la corrupción y el mal desempeño de los Gobiernos son la causa última del enardecimiento de la fiera come-políticos.

Es obvio que a veces es sano salir de un mal jefe de Estado antes de que termine su periodo. Eso hay que aplaudirlo, no censurarlo. Brasil, por ejemplo, le debe mucho a los jueces que se enfrentaron a algunos de los políticos y empresarios más poderosos y lograron mandarlos a prisión. Cientos de miles de brasileños indignados por la corrupción reinante tomaron las calles y crearon el ambiente que condujo a la salida de la presidenta Dilma Rousseff antes de terminar su mandato. La fiera política brasileña que, sin darse cuenta, le abrió paso al ahora presidente Jair Bolsonaro, podría también devorarlo a él.

En Centroamérica el hábitat natural de uno de cada dos expresidentes es la cárcel. Según el diario mexicano El Universal , de los 42 presidentes que entre 1990 y 2018 gobernaron Guatemala, el Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, y Panamá 19 han estado, o aún están, en la cárcel.

Lo mismo sucede en Perú. El presidente Pedro Pablo Kuczysnki se vio obligado a dimitir en 2018 y recientemente, un tribunal ordenó su prisión preventiva por tres años. El expresidente Ollanta Humala también estuvo encarcelado, al igual que su esposa Nadine Heredia. Alejandro Toledo, quien fue presidente del 2001 al 2006 es prófugo de la justicia peruana y desde 2017 las autoridades han solicitado al Gobierno de Estados Unidos su extradición. Su esposa, Eliane Karp, tiene orden de arresto y está fuera del país. Keiko Fujimori, la líder de la oposición, ha sido condenada a tres años de prisión preventiva, mientras que su padre, el expresidente Alberto Fujimori, sigue purgando una larga condena. La cárcel también hubiese sido el destino de Alan García, el dos veces presidente, de no ser porque hace unas semanas se suicidó de un disparo en la cabeza cuando la policía llegó a su casa a detenerlo.

Este no es solo un fenómeno latinoamericano, es una tendencia mundial. La fiera come-políticos esta activísima en Europa. Y Asia no se queda atrás. Park Geun-hye, de 67 años, acusada de corrupción, se vio obligada a dimitir como presidenta de Corea del sur y cumple una condena de 24 años de cárcel, lo que en su caso equivale a cadena perpetua. Lee Myung-Bak, uno de sus predecesores, fue juzgado por corrupción y condenado a 15 años, mientras que otro expresidente, Roh Moo-Hyun, también implicado en un escándalo de corrupción, se suicidó. En Tailandia, Malasia e Indonesia hay situaciones parecidas.

Una de las sorpresas de todos estos derrocamientos es el reducido rol que han jugado los militares. En el pasado, los generales eran protagonistas centrales. Ya no. Ahora es la gente en la calle y los magistrados en los tribunales. El problema es que, a veces, la presión de la calle desborda a los jueces y los tribunales, en vez de hacer justicia, ceban la fiera mata-políticos.

¿Qué pensar de todo esto? Primero, que la impunidad no es tan común como se cree; muchos políticos corruptos terminan en prisión. Segundo, esto no parece hacer mella en la corrupción. Nada parece indicar que haya disminuido. Tercero, en estas cruzadas judiciales contra funcionarios corruptos, potenciadas por la indignación de la gente en la calle, seguramente se cometen injusticias. Cuarto: las acusaciones de corrupción forman parte del arsenal que usan los políticos contra sus adversarios.

¿Qué hacer? No hay que limitar el activismo judicial contra los corruptos, sino despolitizarlo. La más potente arma contra la corrupción son políticas públicas que no la incentivan. Las políticas públicas deben aumentar la transparencia de las decisiones de los funcionarios y disminuir su discrecionalidad. Y mejorar el escrutinio por parte de entes de vigilancia, medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales.

Esto es más aburrido que ver a la fiera come-políticos en acción. Pero también mucho más sano. 

Moisés Naím
@moisesnaim

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ, EL CADÁVER ARTILLADO

Vale sospechar que cuando algún personaje emprende campañas moralizadoras, estamos más bien ante un redomado bribón con fines distintos al bien público, como lo vivimos con los notables en Venezuela y los gobiernos antipolíticos desde 1993. Las cruzadas éticas recuerdan demasiado la turbidez de la inquisición. Los jueces se quedaban con las propiedades de las enjuiciadas por brujas y se ha analizado la perversidad sexual en los procesos y las sesiones de tortura. En Perú hoy ha aparecido un tribunal de inquisición que confiesa “No nos enfrentamos solo al poder del dinero, sino… a la clase política peruana” (El País, 21/04/19). Prepárese que viene la revolución. 

La ofensiva de terrorismo judicial es mucho peor que la que tuvimos aquí hace 28 años. El Torquemada de turno, el fiscal Rafael Vela, explica claramente su plan. Lo mismo planteaban Escovar Salom, Uslar Pietri, Maíz Vallenilla y otros de aquellos repúblicos que demolieron el prestigio del liderazgo, a los que debemos la destrucción de la democracia y el ascenso del chavismo. Cuenta el Santo Oficio del Virreinato Perú con la esencia del procedimiento inquisitorial, anterior al derecho acusatorio moderno: la prisión preventiva, nada menos que por tres años, es decir, una sentencia previa por sospecha, sin juicio y sin derecho a la defensa. 

Así están presos el expresidente PPK, enfermo cardíaco, a sus 82 años una condena a muerte, y su anterior rival, Keiko Fujimori, también hasta ahora sin pruebas. Estuvo año y medio en la cárcel el matrimonio Humala Heredia. Pensaban hacer lo mismo con el expresidente Alan García, pero ocurrió lo imprevisible. El kamikase blandió como arma blanca su muerte y se las clavo en la garganta. Tal vez el escándalo mundial amaine ese terrible peligro de un país donde los presidentes desde Fujimori a nuestros días, todos los de los últimos 27 años están acorralados por el sistema judicial, menos el que voló sobre el nido del cucú. 

Los tribunales del odio

El terrorismo judicial logró que Fujimori siga preso para que se muera, después de pagar larga pena y recibir un indulto legítimo. La carta de Alan García estremece, sobre todo porque la escribió semanas antes, y su decisión y serenidad recuerdan a Getulio Vargas cuando hizo lo mismo en 1954. También Salvador Allende se suicidó en la ruina política, la destrucción y curiosamente varios Allende lo hicieron: su hermana y una de sus hijas. La diferencia es que García reivindica con razón su triunfo, en el segundo periodo tal vez el mejor presidente que tuvo Perú. 

Clava una frase de bronce, shakespereana, en su testamento. Dejo mi cadáver en señal de desprecio. El fiscal Rafael Vela se queja de no haber podido encerrar más indiciados porque tienen dinero y pueden contratar buenos abogados, un contratiempo. Dice el héroe que “estamos enfrentando no solamente a toda la clase política del país (toda) sino… espaldas financieras muy grandes… personas de alto perfil tienen mucho dinero para pagar defensas técnicas muy calificadas” (idem). 

Si el fiscal es capaz de decir que toda la clase política es corrupta, ya sabemos de qué se trata. En la misma página de semejante testimonio apareció el artículo habitual de Vargas Llosa, quien tan merecidamente tiene ganado respeto universal y por eso esperamos de él sensatez y sentimiento. Pero esta vez Don Mario se olvidó del Premio Nobel, se bajó del caballo y declaró como un peruano sacudido por la política de su país, del que sabemos que nunca ocultó su ojeriza a García. Por eso afirma cosas que no cuadran con las dimensiones del escritor. 

Voto de pobreza

La estructura subyacente del artículo es esta: ciertamente al sospechoso, pese al alud de investigaciones, no le han podido comprobar nada… pero intuyo su culpa, porque no es como Belaúnde que salió más pobre de la Presidencia que al entrar. Don Mario despoja el acto final de García de cualquier dignidad y lo atribuye al remordimiento o la culpa. Otelo y no Antonio. Es incomprensible que alguien como él, un cultor de Tirante el blanco la novela de caballería de Joanot Martorell, y de Don Quijote, reste importancia al sacrificio supremo, caballeresco de dar la vida por una causa, por la honra. 

Entregar el físico no es cualquier cosa como sabemos todos, pero nadie mejor que Don Mario que ha leído todas las novelas y dramas. Desconcierta que un liberal moderno y culto acepte que hay culpables sin pruebas. Tanto como exigir voto de pobreza a un político exitoso con cincuenta años de carrera y dos veces Presidente de la República. Tal vez los peruanos, y su Premio Nobel, deberían comenzar a preocuparse por el destino de esta marcha de la locura judicial y por el rumbo del país impulsado por la Vela del fiscal. 

Una experiencia memorable y que debiera servir de ejemplo, en la que un juez en la lucha contra la corrupción se sintió ungido y quiso cambiar el mundo fue la de Antonio Di Pietro, el mani puliti, protagonista de la razzia contra dirigentes políticos y empresariales a comienzos de los 90 en Italia que se llamó la tangentópolis. El resultado no fue un nuevo sistema político de manos limpias sino la liquidación de los partidos históricos y el advenimiento de la antipolítica, que tomó cuerpo nada menos que en Berlusconi.

Carlos Raúl Hernández
@CarlosRaulHe