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viernes, 22 de marzo de 2019

ENRIQUE CONTRERAS RAMÍREZ, LAS MATRICES NEUROLINGÜÍSTICAS EN EL CONTROL SOCIAL


El uso de los modelos mentales con matrices de análisis sobre plataformas cognitivas y metacognitivas, permite modelar la conducta y la capacidad emocional de los seres humanos en diversos escenarios. Se trata de utilizar las ciencias que estudian la conducta humana para idiotizar y enajenar a los pueblos.

Si algo viene avanzando de manera vertiginosa es el estudio del cerebro humano, pues allí se encuentra ubicado todo lo relativo a las diferentes expresiones de la conducta humana.

Mucha gente de nuestro pueblo desconoce estos teatros de operaciones, construidos en laboratorios comunicacionales para manejar, orientar y manipular la conducta de los ciudadanos, de esta manera hacen de los seres humanos tontos útiles, sin que se den cuenta de los intereses ajenos que hay detrás de quien domina. Entender esta realidad es comprender todo el proceso colonizador angloamericano que han desarrollado los impulsores del capitalismo y del llamado socialismo, que han materializado a través de sus mensajes subliminales en discursos políticos llenos de falacias, para tener una población en contextos enajenantes. 

Hay que entender que el mensaje subliminal es aquel que se ubica por debajo del umbral de la conciencia. El término subliminal se aplica a un estímulo (mensaje), que no se recibe de forma consciente, sensata y cuidadosa, pero penetra en el inconsciente y su objetivo, propósito y fin es la de influir en la conducta sin que el individuo o grupos de individuos lo perciban. De esta manera se construye en las personas el discurso de la falsa conciencia. Es allí donde tenemos que ubicar la guerra de baja intensidad de la doctrina militar que la globalización en el campo ideológico-político viene ejecutando de manera solapada, con la complicidad de los que administran y controlan el llamado ESTADO, pues ellos también forman parte del engranaje que mantienen a nuestros pueblos llenos de esperanzas y promesas incumplidas.

Ese paradigma del mundo globalizado, trajo consigo el llamado estado mundo, donde los medios de comunicación y sus respectivos laboratorios, moldean la conducta de los seres humanos, sobre todo de aquellos que se

encuentran desinformados de estas acciones tan malévolas que neutralizan el pensamiento y la razón.

Vance Packard (1950) fue el primer intelectual norteamericano que reveló las técnicas de manipulación mental y psicológica con su libro “Las formas ocultas de la propaganda”. En el mismo planteo y señalo con especial interés sobre los nuevos métodos de manipulación cerebral encajadas por la televisión con los mensajes subliminales tales como « Beban Coca-Cola », tal publicidad ejecutada de manera repetitiva dentro de un contexto social, elevaron las ventas para ese entonces de manera agigantada en los Estados Unidos de Norteamérica.

MATRICES NEUROLINGÜÍSTICAS

Hoy, el uso de los modelos mentales se construye con matrices de análisis sobre plataformas cognitivas y metacognitivas, que permiten modelar de manera profunda la conducta y la capacidad emocional de los seres humanos en diversos escenarios. Se trata de utilizar las ciencias que estudian la conducta humana para dominar, idiotizar y enajenar a los pueblos. La cognición o las funciones cognitivas son los procesos sistemáticos mentales que se aplican en los individuos y que permiten recibir, procesar y elaborar una información inducida, interesada y sobre el cual hay que mantener la atención y la metacognición. Es la capacidad de autorregular los procesos de amaestramiento, control y regulación de los mecanismos cognitivos que intervienen en que una persona recabe, evalúe y reproduzca información, que en términos más concretos no es otra cosa: que aprenda el discurso del que lo domina.

Este proceso de desarrollo cognitivo y metacognitivas en el que se enmarca la investigación, requiere la planeación del entendimiento, dando cuenta de muchos factores constituidos que intervienen desde los actos del habla, lenguaje, gramática, fonética, sintaxis, semántica, ortografía y demás, para plasmar y comunicar eficientemente lo que se va hacer, estableciendo y fomentando una serie de criterios metodológicos de la investigación para evaluar el estudio en cuestión acerca de un tema determinado.

La investigación como elemento de interacción de la sociedad se apuntala en su etapa inicial de los saberes populares, de esos saberes populares se extraen palabras para camuflarse y hacer aparecer el mensaje como parte

del saber del discurso público de la sociedad, atribuido a la retentiva social, aquel que mantiene arquetipos sociales y generales de amplio conocimiento para definir algo de libre entendimiento, pero es impreciso, dirigido y consensuado, identificando la forma de expresión que caracteriza las circunstancias informales de las sociedades. El mensaje se equipara por dar a entender de una manera sencilla, desde las diversas características del público, lo que se dice para colocar el discurso del que domina en movimientos y actos sociales, políticos y culturales en contextos locales. Allí entra a jugar la formula aristotélica, para el análisis de contenido sobre quién-dice qué- por que canal- y con que efecto.

Es en el marco de este contexto, en una estructura psico-social donde se elabora la programación neurolingüística (PNL), técnica que le cambia a la persona su mapa mental y las representaciones mentales para imponerle una manera de pensar, darle un discurso para que cambie su cosmovisión del mundo y lograr así tener una persona manejable. Esto contribuye al empoderamiento de patrones mentales condicionados, impuestos e inducidos, facilitando la manipulación y el manejo del individuo y de su conducta a plenitud.

De toda esta situación, podemos afirmar y llegar a la conclusión, que nuestros escenarios políticos están llenos de matrices neurolingüísticas, es parte del panóptico para el control social, que la industria comunicacional desarrolla al servicio del gran capital y donde las clases dominantes las utilizan en función de mantener el poder

Enrique Contreras Ramírez
@enriqcontrerasr

lunes, 7 de enero de 2019

ELINOR MONTES, ES HORA


Como todo, los socialismos totalitarios también evolucionan, adaptan a los nuevos tiempos las tácticas para quebrar la voluntad y el espíritu del enemigo -quien aspire ser libre-, los surgidos en el Siglo XXI adoptan una apariencia de democracia, no necesitan crear guetos amurallados custodiados por guardias, basta dejar a la oposición algunas alcaldías y gobernaciones que, vaciadas de presupuesto y competencias, son incapaces de mantener la calidad de vida y brindar seguridad a sus habitantes quienes son controlados mediante el Estado policial conformado por los servicios de inteligencia y los cuerpos armados oficiales y paramilitares del régimen, que incluyen la delincuencia común; apoyados por los fiscales, los defensores públicos y los tribunales. Tampoco necesitan bombardear las ciudades para destruirlas junto con su población, basta con crear una hecatombe económica mediante el control total de la economía, -divisa, importación, exportación, producción, precios, otros-; expropiar-expoliar bienes de la población; desmantelar el servicio de salud pública y ahogar el de salud privada; arruinar las vías de comunicación y la infraestructura de servicios básicos por falta de mantenimiento o mantenimiento con materiales de la peor calidad, otros; para sumir a la población en la incertidumbre, el abatimiento y la desesperanza, por la carencia de seguridad, recursos económicos, alimentos, medicinas, agua, electricidad, transporte público y privado, empleos no relacionados con el régimen, otros.

La guerra convencional es sustituida por una que, no por ser no convencional, es menos cruenta que aquélla, los relatos de las innumerables personas encarceladas, torturadas, perseguidas, discriminadas, arruinadas o sus familiares asesinados por el régimen o fallecido por inanición, o por ausencia de medicinas o falta de atención médica adecuada no son menos aterradoras que los ocurridos durante la II Guerra Mundial, solo que, no se conocen en su dimensión real por haber sido la libertad de expresión aplastada por el miedo, la desaparición de medios de comunicación independientes y la propaganda del régimen que crea una realidad virtual, donde el odio y la mentira dan paso al pensamiento único. En la medida en que se incrementa el espionaje-delación-represión y se profundiza la miseria moral y material se intensifica el éxodo.

La legitimidad del régimen se sustenta en las sistemáticas elecciones no democráticas, la arbitrariedad y el poder represivo del Estado-partido que lo ejerce con extrema crueldad para anular cualquier disidencia o intento de restituir la democracia. En caso de que algún Órgano del Poder Público estuviere en manos de la oposición, sería un Poder sin poder, sin capacidad de que sus actos sean acatados y ejecutados por las instituciones del Estado-partido, construido con el adoctrinamiento y la corrupción que aseguran la lealtad de sus integrantes, que sólo atienden a la nomenclatura totalitaria que sin límites ni moral exhibe su poder de fuego, en especial cuando se siente amenazado. A lo anterior se adiciona el narcotráfico y las relaciones con grupos terroristas.

En un contexto como el descrito pretender el restablecimiento de la democracia por medios democráticos, exhortaciones al régimen a respetar el Estado de Derecho, o la aplicación de sanciones que contribuyan a depauperar más la población que no se libera, no porque no quiere sino porque no puede, es una utopía. Es hora de que los criterios y mecanismos para garantizar el respeto de la dignidad de la persona humana también evolucionen y que la comunidad internacional democrática, para detener la expansión totalitaria del Siglo XXI que amenaza la democracia en el mundo entero, en vez de pretender que la población sojuzgada se inmole inútilmente, enfrenten el poder totalitario con un poder capaz de derrotarlo. 

Elinor Montes
@Elinormontes

miércoles, 2 de enero de 2019

PEDRO ELÍAS HERNÁNDEZ, LA REBELIÓN DE LOS PERNILES


El gobierno de Nicolás Maduro, desde el punto de vista de su estabilidad, tiene un buen lejos. No pareciera tener en el horizonte nada ni nadie que pueda quebrantar su permanencia en el poder. Inicia un segundo período sin tener por delante ninguna inquietante alcabala política o electoral que esté obligado a trasponer, salvo un eventual referéndum revocatorio presidencial en el año 2022. Sin embargo el régimen no ha podido construir a su alrededor, como sí lo supo y pudo hacer Hugo Chávez en su momento, una hegemonía cultural en los términos en que ésta es definida por el marxista Antonio Gramsci. Nos referimos a los mínimos consensos de opinión y de ideas que le doten de un relato poderoso con el cual se identifique una porción lo suficientemente significativa de la población que le sirva como fuente de legitimidad. El poder en Venezuela carece de encanto y sólo le queda el control social y la coacción que supone el ejercicio de todo poder.

Este asunto es un aspecto crucial para entender la realidad política venezolana del presente. Las bayonetas, como decía Napoleón, no sirven para sentarse a gobernar. Los regímenes por más autoritarios y opresivos que sean requieren establecer un acuerdo general y tácito con la población según el cual las personas reciben o tienen una razonable expectativa de recibir algo de estabilidad y de bienestar para sus vidas, a cambio de las restricciones a su libertad. Así sucedió en la Alemania Nazi, en la Italia fascista, en la Europa socialista soviética, en la Cuba de Fidel Castro, en Chile durante Pinochet y ocurre hoy por ejemplo en países con una fuerte inclinación autoritaria como Rusia, China, Vietnam, Irán Turquía, Nicaragua y en algunas monarquías teocráticas del Medio Oriente. En Venezuela hay un régimen que intenta calificar para alinearse junto a ese grupo de naciones mencionadas, pero ese acuerdo general, tácito e imprescindible no existe o está seriamente quebrantado.

El gobierno de Maduro en los años por venir deberá orientar sus esfuerzos en restablecer ese mínimo acuerdo tácito de convivencia recíproca con la población que permita al país ser viable desde el punto de vista funcional. De no hacerlo, lo que sobrevendrá será la ingobernabilidad. “La rebelión de los perniles”, o las protestas ocurridas por la deficiente distribución a las comunidades de las piezas de cerdo prometidas por el gobierno durante las pasadas navidades de 2018, por deleznables y poco edificantes que parezcan sus motivaciones, es una primera señal que se asoma como síntoma de un fenómeno que tal vez acompañe en los sucesivo a la sociedad venezolana. Los vacíos tienden a llenarse. La ausencia de una oposición orgánica y articulada al gobierno es terreno fértil para la proliferación de eventos de esta naturaleza. ¿Cuán amplios y masivos serán. ¿Cuáles serán sus alcances? Eso estará por verse. Sin embargo, de algo estamos seguros, son un claro indicio del nivel de anomia social y política que vivimos.
Pedro Elías Hernández     

Pedro Elias Hernández
@pedroeliashb