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viernes, 7 de junio de 2019

ALFREDO M. CEPERO: LA RESURRECCIÓN DEL NACIONALISMO

Un nacionalismo orientado hacia el desarrollo y el mantenimiento de una identidad nacional basada en características compartidas como la cultura, el idioma, la etnia, la religión, los objetivos políticos o la creencia en un ancestro común.

Desde el año de 1864, en que Carlos Marx creó la Asociación Internacional de Trabajadores, a la que se adhirieron marxistas, anarquistas y sindicalistas, el globo terráqueo ha dado muchas vueltas. El objetivo fue unir esfuerzos para erradicar las diferencias sociales y crear un mundo sin fronteras dominado por la clase obrera. Ese matrimonio entre el comunismo y el internacionalismo terminó en fracaso porque estaba en total contradicción con la naturaleza humana. Los seres humanos somos diferentes en inteligencia, energías y aspiraciones. No podemos ser elevados en nuestras excelencias sino igualados en nuestras deficiencias. La única forma de lograr ese ficticio "hombre nuevo" habría sido creando una raza de hombres mediocres, al mismo tiempo sometidos y dependientes del estado todopoderoso. De ahí el rotundo fracaso de todos los totalitarismos comunistas desde la Unión Soviética hasta sus expresiones más recientes en Cuba y Venezuela.

Por otra parte, ante la imposibilidad de lograr sus metas de despersonalizar a los hombres por el convencimiento, han optado por doblegarlos por la fuerza. Hasta la pequeña Cuba actuó como potencia imperialista en la lejana África utilizando como argumento el internacionalismo proletario. En su calidad de condotiera de la Unión Soviética la tiranía cubana mandó a millares de soldados a imponer el comunismo en Angola. El número de muertos nunca lo sabremos porque las estadísticas de estos miserables son tan  mentirosas como sus promesas. Pero un personaje que conoció el sistema desde sus entrañas antes de cambiar casaca como el novelista Leonardo Padura nos ha dado una idea. Según Padura: "Las cifras oficiales de 2,200 cubanos muertos en los conflictos bélicos de Angola y Sudáfrica es ridículamente baja para una guerra que se prolongó por 15 años."

Sin embargo, estas agresiones y fracasos son negados por internacionalistas de la izquierda como el Papa Francisco y el ultraizquierdista George Soros. Francisco ha derramado su vitriolo contra Donald Trump diciendo que "los cristianos construyen puentes y no cercas". Ha llegado a decir que "los gobernantes que proponen el nacionalismo traicionan su misión". Luego, para Francisco, Trump es un judas que ha traicionado a su pueblo. George Soros, por su parte, financia con millones de dólares el Proyecto Europeo y acusa a sus dirigentes de ser demasiado débiles a la hora de castigar a los gobiernos que violan sus principios. El resultado es que, a pesar de todos los millones de Soros y otros como él, esta Unión Europea tiene un gran parecido con la Unión Soviética de 1991 en los umbrales de su desaparición como imperio.

En tal sentido, el frente político sufre un deterioro acelerado. La Alemania de Ángela Merkel ha visto drenadas sus reservas como resultado de la decisión de dar asilo a millones de refugiados musulmanes. La Francia de Emmanuel Macron confronta una rebeldía interna causada por su intento de reducir beneficios de un gigantesco sistema de bienestar social. Los partidos escépticos a una integración europea crecen en fortaleza en todos los estados miembros. Y las democracias de la Europa Oriental que sufrieron por años el yugo comunista quieren ser dueñas de su propio destino y se rebelan contra las políticas de la Unión Europea.

La realidad incontrovertible es que, ante la crisis del internacionalismo, el viejo continente está despertando de su pesadilla. La vanguardia de este despertar parece encontrarse en Gran Bretaña. Líderes del movimiento por el Brexit como Nigel Farage afirman que hay una crisis política, económica y financiera que amenaza a Europa. Para ellos, la Unión Europea es incapaz de ofrecer soluciones y está tratando de crear lo que llaman un Imperio Europeo. Farage lo ha dicho con claridad meridiana: "Nuestra situación actual es la de una colonia dependiente de un imperio en proceso acelerado de desintegración. Tenemos que salirnos ya de la Unión Europea porque se nos acaba el tiempo".

Sin darle más vueltas, esta situación precaria demanda una solución drástica e inmediata. La resurrección del nacionalismo parece ser la única tabla de salvación. Un nacionalismo orientado hacia el desarrollo y el mantenimiento de una identidad nacional basada en características compartidas como la cultura, el idioma, la etnia, la religión, los objetivos políticos o la creencia en un ancestro común. Un nacionalismo abierto a la inmigración siempre que los inmigrantes compartan valores y acepten los principios de la sociedad a la cual emigran. Si vienen a cambiarla no serán bienvenidos.
Este el tipo de nacionalismo que se extiende por estos tiempos por toda Europa. En Italia, el Ministro del Interior Matteo Salvini se ha aliado con otros tres partidos conservadoras en las elecciones para miembros de la Unión Europea. En Francia, la líder conservadora Marine Le Pen y su partido superaron por medio millón de votos al Presidente Macron en las recientes elecciones para la Unión Europea.

En Alemania, el líder conservador Frank-Walter Steinmeier y su Partido Alternativo Alemán  se han convertido en el mayor partido de oposición en la Asamblea Legislativa (Bundestag). Los mismos progresos en captación de votos se han visto en los partidos conservadores y nacionalistas de Austria y de Finlandia.

Y rompiendo todos los records, el primer ministro húngaro Viktor Orbán, del gobernante partido conservador nacionalista Fidesz-Unión Cívica Húngara, ganó hace varias semanas sus terceras elecciones consecutivas bajo la promesa de continuar anteponiendo la soberanía nacional a cualquier otra cosa. Los húngaros no necesitan lecciones de nacionalismo porque fueron víctimas del "internacionalismo" y el comunismo soviéticos. Según Orban, Europa está siendo invadida por inmigrantes musulmanes que amenazan con cambiar radicalmente su cultura y hasta poner en peligro su propia existencia.

Pero, cuando hablamos de nacionalismo, sería un pecado mortal ignorar al Presidente Donald Trump. El hombre que puso fin a un arrodillado internacionalismo que durante años ha tratado de comprar amigos a los Estados Unidos. El resultado ha sido la ingratitud de sus amigos y el desprecio de sus enemigos. Su política de "America Primero" no busca privilegios sino igualdad en los términos de negociación. No suplica afecto sino exige respeto. Propone una comunidad internacional integrada por muchas naciones respetuosas de las otras, defensoras de sus intereses y servidoras de sus pueblos.

Alfredo M. Cepero
La Nueva Nación alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero

jueves, 3 de enero de 2019

ROMÁN IBARRA, CUBA Y VENEZUELA, FRACASO COMUNISTA


Con la llegada del nuevo año, se conmemoran –desgraciadamente- seis décadas de la llegada al poder de los Castro en Cuba, luego de la huida de Batista, y también 20 desde que en nuestro país, otros alucinados encabezados por Chávez, ganaran las elecciones celebradas en Venezuela, producto del sobreseimiento otorgado –política y jurídicamente- de manera injustificada por haber incurrido en la felonía del golpe de estado asesino del 4F/92, contra el gobierno legítimo de la República.

60 años en Cuba, y 20 años en Venezuela de uno y otro evento, son harto elocuentes en la medición de los resultados catastróficos y desproporcionadamente calamitosos para los ciudadanos de ambas naciones.

El resultado en ambos casos se reduce a: retórica patriotera hueca; denuncias contra un enemigo externo (¨imperialismo norteamericano¨; Judíos; Colombia; Oligarquía), cualquiera resulta útil para encubrir sus incumplimientos, y corrupción.

La verdad es que el caso de Cuba es profundamente lamentable, toda vez, que se convirtió en una estafa y humillación permanente para sus ciudadanos, y una afrenta contra el resto de los países del hemisferio por el intento de exportación de su proyecto bárbaro con la aquiescencia de no pocos en nuestras naciones.

Pero si el proyecto antillano se convirtió en una burla, y estafa contra las libertades y las posibilidades de desarrollo de ese pueblo hermano, el caso venezolano es un emblema de todo lo peor, de todo lo que no se debe hacer sin que ello comporte la degradación, y entrega miserable al servicio de una dictadura extranjera.

Haber entregado a nuestro país para ser colonizado por unos asesinos, chulos, ladrones y narcotiranos como los Castro, no tiene otra calificación posible, sino la de traidores a la patria. Haber arruinado a uno de los países con mayor potencialidad económica de la región como Venezuela, aparte de un acto miserable, demuestra una conducta cobarde y ruin.

La dictadura empobreció a la sociedad cubana hasta extremos inaceptables, pero en nuestro país no ha sido mejor el cuadro. Hoy somos casi los más pobres de la tierra, sumidos en una hiperinflación que cerró el año 2018, según los expertos, por encima de 1.200.000 %, lo cual convierte en ¨sal y agua¨ los menguados bolsillos de nuestros compatriotas.

Familias que solo comen una vez al día; niños que abandonan la escolaridad por incapacidad económica para alimentarse, o para adquirir zapatos, uniformes y libros. Padres subempleados, o desempleados; inseguridad incontrolada por los cuerpos policiales, cuyos miembros padecen las mismas penurias que el resto de la sociedad.
La Corrupción generalizada en todas las instancias de la administración pública; persecución y expropiación de empresas del sector privado; asfixia presupuestaria de las universidades públicas; el secuestro de las instituciones; la destrucción de los servicios públicos como: telefonía; electricidad; agua; internet, en fin, un rosario de problemas creados y no resueltos por el régimen que hacen de la vida de los venezolanos una completa tragedia.

Bajo este difícil escenario comienza el año para nosotros los venezolanos, y sin embargo se observa una intención de corregir y seguir luchando para intentar vencer de manera democrática los obstáculos que tenemos por delante.

Ya es hora de que los venezolanos de la oposición con sentido unitario superemos nuestras diferencias, y nos acerquemos a una fórmula que nos permita reagruparnos, y presionar muy fuerte al régimen de Maduro, cuya ilegitimidad lo tiene contra la pared, y el descrédito internacional.

Aprovechemos la coyuntura y sin complejos presionemos una negociación en la que se puedan producir cambios significativos y alcanzar unas elecciones generales (ejecutivo, y legislativo nacional, regional y municipal), para el rescate de La República. Es hora!    

Román Ibarra
@romanibarra