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miércoles, 7 de agosto de 2019

BEATRIZ DE MAJO: DUQUE EN CHINA UNA PRIMERA PIEDRA,

La parte más destacada de la visita de Iván Duque a Pekín no fue la corona de flores que el Presidente colombiano llevó al mausoleo de Mao Tse-Tung durante su permanencia en ese país, tal como algunos articulistas en Colombia han comentado con el fin de descalificar al Jefe del Estado. Ello es apenas un gesto protocolar usual en visitas oficiales. Todas empiezan o terminan por un acto simbólico de reconocimiento- que no de apoyo ni de simpatía- a la historia del país que se visita. 

Duque no dijo palabra que represente una loa a la figura de Mao, ni a los logros de la Revolución, lo que sin duda habría sido un enorme despropósito de negativa trascendencia.

La visita de Duque a la segunda potencia mundial tiene una destaca relevancia, aun cuando las visiones de ambos mandatarios no sean coincidentes en temas de política ni de manejo del Estado. La diplomacia moderna ha instaurado modos de interacción eficientes entre países que no comparten principios coincidentes en lo atinente a la conducción de su política interna.

El crecimiento del comercio bilateral, la cooperación en materia de manejo de puertos,transporte, el estrechamiento de las relaciones en materia tecnológica y los acuerdos en materia de inversiones de nacionales chinos en Colombia fueron los ejes de las reuniones oficiales que tuvieron lugar. Son estos sectores los que aportarán un valor agregado en lo económico y en lo estratégico a Colombia, en la medida en el vecino país le dedique un importante esfuerzo a materializarlo.

Es Colombia quien tiene mucho que ganar en el desarrollo de relaciones comerciales estrechas y de estructura diferente a la actual con el gran gigante de Asia y segunda potencia económica mundial. Así lo han entendido otros países ribereños del pacífico, como Chile, otro gran adalid de la democracia, quien está extrayendo un ingente provecho de sus crecientes intercambios con China, del financiamiento de proyectos internos y de la cooperación en el terreno de la tecnología. 43.000 millones de dólares en comercio bilateral entre los dos países, en el año pasado, dan cuenta de ello. De ellos 25.300 son exportaciones chilenas. Colombia apenas colocó en China en 2018 unos 4.000 millones de dólares, de los que un 98% fueron commodities.

Lo que tiene sentido es percatarse de que una relanzada relación de Colombia con China podría redundar en el despegue definitivo de uno de los proyectos más retrasados y a la vez más determinantes para el fortalecimiento de su economía que es el de la habilitación de la costa pacífica colombiana para el comercio internacional.

La nueva ruta de la Seda, proyecto bandera de Xi Jinping, encaja con los planes de infraestructura del presidente Duque en materia de vialidad, transporte y puertos, al igual que con su política de industrialización nacional y de posicionamiento creciente en los intercambios mundiales. Si bien es cierto que China apunta a una influencia creciente en el mercado latinoamericano que cuenta con 600 millones de consumidores para sus productos, no es menos cierto que Colombia necesita, con desespero, echar mano de recursos internacionales para poder impulsar su propia economía. Atraer capitales foráneos orientados a incrementar el componente nacional de las exportaciones colombianas destinadas a Asia es una de las vías a ser exploradas y explotadas a raíz de este encuentro. Los flujos de inversiones chinas en Colombia en los últimos 5 años apenas participaron en 0,2% del total. El espacio para el crecimiento es grande.

Así que aún es temprano para cuantificar los beneficios que Colombia puede extraer de un relanzamiento de sus relaciones con China. Darse a la tarea de criticarlos con fines políticos en esta etapa, es realmente mezquino.

Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1

viernes, 7 de junio de 2019

ALFREDO M. CEPERO: LA RESURRECCIÓN DEL NACIONALISMO

Un nacionalismo orientado hacia el desarrollo y el mantenimiento de una identidad nacional basada en características compartidas como la cultura, el idioma, la etnia, la religión, los objetivos políticos o la creencia en un ancestro común.

Desde el año de 1864, en que Carlos Marx creó la Asociación Internacional de Trabajadores, a la que se adhirieron marxistas, anarquistas y sindicalistas, el globo terráqueo ha dado muchas vueltas. El objetivo fue unir esfuerzos para erradicar las diferencias sociales y crear un mundo sin fronteras dominado por la clase obrera. Ese matrimonio entre el comunismo y el internacionalismo terminó en fracaso porque estaba en total contradicción con la naturaleza humana. Los seres humanos somos diferentes en inteligencia, energías y aspiraciones. No podemos ser elevados en nuestras excelencias sino igualados en nuestras deficiencias. La única forma de lograr ese ficticio "hombre nuevo" habría sido creando una raza de hombres mediocres, al mismo tiempo sometidos y dependientes del estado todopoderoso. De ahí el rotundo fracaso de todos los totalitarismos comunistas desde la Unión Soviética hasta sus expresiones más recientes en Cuba y Venezuela.

Por otra parte, ante la imposibilidad de lograr sus metas de despersonalizar a los hombres por el convencimiento, han optado por doblegarlos por la fuerza. Hasta la pequeña Cuba actuó como potencia imperialista en la lejana África utilizando como argumento el internacionalismo proletario. En su calidad de condotiera de la Unión Soviética la tiranía cubana mandó a millares de soldados a imponer el comunismo en Angola. El número de muertos nunca lo sabremos porque las estadísticas de estos miserables son tan  mentirosas como sus promesas. Pero un personaje que conoció el sistema desde sus entrañas antes de cambiar casaca como el novelista Leonardo Padura nos ha dado una idea. Según Padura: "Las cifras oficiales de 2,200 cubanos muertos en los conflictos bélicos de Angola y Sudáfrica es ridículamente baja para una guerra que se prolongó por 15 años."

Sin embargo, estas agresiones y fracasos son negados por internacionalistas de la izquierda como el Papa Francisco y el ultraizquierdista George Soros. Francisco ha derramado su vitriolo contra Donald Trump diciendo que "los cristianos construyen puentes y no cercas". Ha llegado a decir que "los gobernantes que proponen el nacionalismo traicionan su misión". Luego, para Francisco, Trump es un judas que ha traicionado a su pueblo. George Soros, por su parte, financia con millones de dólares el Proyecto Europeo y acusa a sus dirigentes de ser demasiado débiles a la hora de castigar a los gobiernos que violan sus principios. El resultado es que, a pesar de todos los millones de Soros y otros como él, esta Unión Europea tiene un gran parecido con la Unión Soviética de 1991 en los umbrales de su desaparición como imperio.

En tal sentido, el frente político sufre un deterioro acelerado. La Alemania de Ángela Merkel ha visto drenadas sus reservas como resultado de la decisión de dar asilo a millones de refugiados musulmanes. La Francia de Emmanuel Macron confronta una rebeldía interna causada por su intento de reducir beneficios de un gigantesco sistema de bienestar social. Los partidos escépticos a una integración europea crecen en fortaleza en todos los estados miembros. Y las democracias de la Europa Oriental que sufrieron por años el yugo comunista quieren ser dueñas de su propio destino y se rebelan contra las políticas de la Unión Europea.

La realidad incontrovertible es que, ante la crisis del internacionalismo, el viejo continente está despertando de su pesadilla. La vanguardia de este despertar parece encontrarse en Gran Bretaña. Líderes del movimiento por el Brexit como Nigel Farage afirman que hay una crisis política, económica y financiera que amenaza a Europa. Para ellos, la Unión Europea es incapaz de ofrecer soluciones y está tratando de crear lo que llaman un Imperio Europeo. Farage lo ha dicho con claridad meridiana: "Nuestra situación actual es la de una colonia dependiente de un imperio en proceso acelerado de desintegración. Tenemos que salirnos ya de la Unión Europea porque se nos acaba el tiempo".

Sin darle más vueltas, esta situación precaria demanda una solución drástica e inmediata. La resurrección del nacionalismo parece ser la única tabla de salvación. Un nacionalismo orientado hacia el desarrollo y el mantenimiento de una identidad nacional basada en características compartidas como la cultura, el idioma, la etnia, la religión, los objetivos políticos o la creencia en un ancestro común. Un nacionalismo abierto a la inmigración siempre que los inmigrantes compartan valores y acepten los principios de la sociedad a la cual emigran. Si vienen a cambiarla no serán bienvenidos.
Este el tipo de nacionalismo que se extiende por estos tiempos por toda Europa. En Italia, el Ministro del Interior Matteo Salvini se ha aliado con otros tres partidos conservadoras en las elecciones para miembros de la Unión Europea. En Francia, la líder conservadora Marine Le Pen y su partido superaron por medio millón de votos al Presidente Macron en las recientes elecciones para la Unión Europea.

En Alemania, el líder conservador Frank-Walter Steinmeier y su Partido Alternativo Alemán  se han convertido en el mayor partido de oposición en la Asamblea Legislativa (Bundestag). Los mismos progresos en captación de votos se han visto en los partidos conservadores y nacionalistas de Austria y de Finlandia.

Y rompiendo todos los records, el primer ministro húngaro Viktor Orbán, del gobernante partido conservador nacionalista Fidesz-Unión Cívica Húngara, ganó hace varias semanas sus terceras elecciones consecutivas bajo la promesa de continuar anteponiendo la soberanía nacional a cualquier otra cosa. Los húngaros no necesitan lecciones de nacionalismo porque fueron víctimas del "internacionalismo" y el comunismo soviéticos. Según Orban, Europa está siendo invadida por inmigrantes musulmanes que amenazan con cambiar radicalmente su cultura y hasta poner en peligro su propia existencia.

Pero, cuando hablamos de nacionalismo, sería un pecado mortal ignorar al Presidente Donald Trump. El hombre que puso fin a un arrodillado internacionalismo que durante años ha tratado de comprar amigos a los Estados Unidos. El resultado ha sido la ingratitud de sus amigos y el desprecio de sus enemigos. Su política de "America Primero" no busca privilegios sino igualdad en los términos de negociación. No suplica afecto sino exige respeto. Propone una comunidad internacional integrada por muchas naciones respetuosas de las otras, defensoras de sus intereses y servidoras de sus pueblos.

Alfredo M. Cepero
La Nueva Nación alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero

viernes, 26 de febrero de 2016

LEONARDO MONTILLA, DESARROLLO Y PNUD 50 AÑOS

(A mi hijo Carlos Eduardo que hoy cumple años)
                  
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) celebrará su 50º aniversario. Establecido en 1966 como la fusión de dos predecesores: el Programa Ampliado de Asistencia Técnica y el Fondo Especial de las Naciones Unidas. Un esfuerzo para proteger las nuevas generaciones.
Hoy, cincuenta años después, el PNUD tiene mayor pertinencia que nunca: dirige el sistema de las Naciones Unidas para el desarrollo en cerca de 170 países y territorios y conecta a los países con los conocimientos, la experiencia y los recursos para ayudar a las personas a construir una vida mejor. Una importante reunión mundial se realizó  ayer  para conmemorar esta ocasión, a la que se invitó a participar a ministros de todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas. El PNUD es hoy día el instrumento más idóneo de desarrollo con centralidad humana que tienen los pueblos para buscar su emancipación y bienestar.
En este sentido el PNUD ha elaborado un documento, sustentado en la aplicabilidad y viabilidad de la agenda 2030, cuyos objetivos, diecisiete en este caso,  buscan superar las dificultades del mundo, siempre en democracia y buscando la equidad y la justicia social.
Alianzas para el éxito, es la denominación que tiene este nuevo esfuerzo de la civilización para enfrentar dramas que la corrupción, la pobreza y la desigualdad han contribuido a establecer en los actuales tiempos.
 Estableciendo algunos parámetros, se propone, “A nivel mundial, la humanidad nunca ha gozado de un nivel de vida más alto ni ha tenido más recursos a su disposición para encontrar soluciones a los problemas. Sin embargo, persisten considerables privaciones y muchos problemas a los que se hace frente hoy son profundos, de carácter estructural y de difícil resolución. No es sorprendente, pues, que proliferen los riesgos y aumente la inestabilidad, como resultado directo de la acción, o inacción humana a lo largo del tiempo.
 Por medio de la participación sustantiva en la transformación durante 50 años, el PNUD ha demostrado su capacidad de ser una organización estratégica y adaptable, y su valor como un asesor y aliado responsable, fiable, imparcial y de largo plazo. En última instancia, el desarrollo es un maratón, y no una carrera corta.
La Agenda 2030 es oportuna. Los problemas serios y las grandes oportunidades requieren una agenda ambiciosa. Nadie debería subestimar la labor de aplicar esta Agenda o de llegar a la conclusión de que no puede cumplirse.
El PNUD puede hacer mucho por impulsar la Agenda 2030, haciendo causa común con sus aliados. El PNUD ayudará a garantizar la conexión y la coherencia. Prestará apoyo a una gran diversidad de ODS, según su experiencia y mandato, entre ellos la erradicación de la pobreza, la reducción de las desigualdades, la gobernanza, el medio ambiente y el cambio climático, y los determinantes sociales de la salud. El apoyo de este programa para el mundo civilizado se basa en todo que abarcará desde la ayuda para la aplicación de ambiciosos programas nacionales hasta el establecimiento de alianzas y la vinculación de países con los conocimientos técnicos y la financiación, el apoyo al seguimiento y evaluación de los resultados y el aprendizaje, y la detección de soluciones basadas en la experiencia”. Documento 50 años PNUD
Una visión compartida de Desarrollo, sobre todo para combatir la pobreza como proceso que limita el avance individual y el bienestar colectivo. El funcionamiento adecuado de las instituciones  en nuestros Estados democráticos tiene una alta responsabilidad, Venezuela tiene un gran compromiso consigo misma, nuestras instituciones no pueden continuar siendo expresión de una visión parcelada y hegemónica de control social. La pluralidad y el cambio de gobierno son importantes.
Leonardo Alfredo Montilla Delgado
montillaleoa@gmail.com
@LeoMontilla

Trujillo - Venezuela

jueves, 14 de enero de 2016

CESAR GUILLEN CITTERIO, EL PETROLEO VENEZOLANO EN EL DESARROLLO.

El petróleo ya no será capaz de sostener el consumo derivado de la necesidad de las naciones más desarrolladas y de las llamadas emergentes. La posición de Venezuela a pesar de sus reservas energéticas y su rol en la OPEP, no es muy relevante. Un nuevo orden energético avanza inexorable a través de la exploración de nuevas fuentes de energía y de la racionalización de las ya existentes.

Los expertos indican que se está atravesando la etapa final de la civilización energética sustentada en  los combustibles fósiles y que podía llegar hasta el 2030. En el mercado petrolero manda la economía política, que es el dominio de los espacios geográficos, tanto de reserva como de explotación, así como las rutas para el tráfico comercial. Es ella una compleja articulación de intereses desde la disponibilidad del abastecimiento hasta las rentas de la exportación. No hay espacio para improvisaciones.
El análisis sobre la disponibilidad de fuentes energéticas concentradas en el sur y del consumo de energía por el norte industrializado, indican que para el 2025, los países desarrollados con solo el 14% de la población, consumirán el 43% de la energía disponible. En la actualidad, la mayor parte de la energía que se consume proviene del petróleo y del gas.
Los países del Norte dan cuenta del 63% de las importaciones. EEUU, consume 20 millones de barriles diarios, de los que el 65% son importadas. Europa consume 16 millones, de los que importa el 81%. En el gas, EEUU. No tiene tanta dependencia pues produce para abastecer el 80% de su consumo. Europa en cambio debe importar el 80% del gas que consume (Desde Rusia principalmente)
Otra relación, nos indica que los países del norte solo producen el 15% de la producción mundial, pero consumen el 40%. Los países del medio oriente producen el 48% pero solo consumen el 7%. En América latina, México y Venezuela consumen apenas el 3% del petróleo mundial. Índices de su bajo desarrollo. El no haber aprovechado esos ingresos para diversificar nuestra economía, es un error que pagaremos muy caro.
Cesar Guillen Citterio
cesarguillencittrerio@gmail.com
"Adhuc Stantes"
“Todavía en Pie”

Caracas- Venezuela