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sábado, 29 de agosto de 2020

AURORA LACUEVA, INICIO DE CLASES, OPCIONES

Para el nuevo año escolar conviene plantearse diversas opciones de manera flexible, según la evolución de la pandemia. Y es necesario diferenciarlas por localidad. Un primer escenario, que parece poco probable, es el de un agravamiento de la covid-19 en muchas regiones del país. En ese caso, puede ser recomendable posponer el inicio del año escolar hasta enero. Solución que, de paso, permitiría alcanzar lo que siempre se ha dicho es una buena idea: que el año escolar coincida con el fiscal. 

Pero si los contagios se mantienen en número estable o bajan, es factible comenzar este mismo 2020. Sugiero dar un poco más de tiempo al mejoramiento de la situación y así contemplar el inicio de clases en la educación primaria para el lunes 5 de octubre y en la media para el miércoles 14 de octubre. El tiempo perdido se puede recuperar alargando un poco el final del año escolar.

El propio Maduro ha hablado de la posibilidad de combinar clases presenciales y a distancia. Esta alternativa podría resultar, pues significaría buscar más calidad del acto educativo de manera prudente. 

Sin embargo, creo que el modelo a seguir no debería ser el mismo en todo el país, sino habría de diferenciarse por municipios o por sectores. En aquellos municipios donde la incidencia de la covid-19 sea alta, se trabajaría solo a distancia. Y en los que sea moderada o baja se podrían incluir sesiones presenciales que abarcaran en cada lugar un número menor o mayor de horas semanales. Cada estudiante iría, según el caso, uno o dos días por semana. Para trabajar unas cuatro horas académicas, es decir, tres horas de reloj. No son recomendables las aglomeraciones en patios o pasillos, por lo que las y los discentes deberían posiblemente dirigirse de forma inmediata a su salón y permanecer en él hasta su salida. Entre las cuatro horas habría un pequeño receso que transcurriría en ese mismo recinto. El uso de mascarilla y gel de manos a la entrada resultarían indispensables. En cada salón se encontraría simultáneamente un tercio o la mitad del curso, según las condiciones de enfermedad y ambiente. Los pupitres sobrantes deberían protegerse con cuerdas o cintas, asegurando su no ocupación. De primer orden la desinfección y la ventilación. 

Aurora Lacueva
lacuevat@hotmail.com
Aurora Lacueva
@AuroraLacueva
@UNoticias

sábado, 21 de septiembre de 2019

ROMÁN IBARRA: LA MARCHA

El 16 de septiembre de 2019, fecha marcada como el inicio de las actividades académicas en Venezuela para todos los niveles de la educación formal, fue opacada por la barbarie comunista una vez más.

Con motivo del inicio del año escolar, y vista la profundización de la crisis socioeconómica que destruye la vida ciudadana, se organizó una protesta con fundamento en la Constitución vigente, y en pleno desarrollo fue agredida por los cuerpos paramilitares al servicio de la tiranía, denominados ¨colectivos¨.

En medio de la realización masiva y pacífica de la protesta de los profesores y maestros venezolanos, a punta de disparos en la vía pública frente a los ojos de todo el mundo, actuando bajo el auspicio de la impunidad que les garantiza el poder mal habido y abusivo de Maduro y su equipo de salvajes y cretinos, los agredieron de forma miserable como es su costumbre en estos veinte años.

El sector educativo, como todos los otros de la vida nacional, abusados y humillados por la incompetencia y desidia del régimen, no aguanta más. El decaimiento y destrucción de la economía hacen imposible la vida para todos.

Hoy los venezolanos en su mayoría son incapaces de proveer los recursos económicos para sufragar los gastos para vestir, calzar, y alimentar a la familia y eso lo sabe toda la ciudadanía porque lo sufre en carne propia, y sienten que los efectos son inmediatos y mediatos.

Si bien es cierto que el daño inmediato es muy fuerte, mucho peor es el daño hacia el futuro, toda vez, que nuestros muchachos estarán fuera de la escolaridad y la formación por la incapacidad económica de padres y representantes para ofrecerles las herramientas básicas para su educación.
Es imposible enviar a un hijo al colegio sin desayuno, sin uniformes, sin zapatos, y sin libros. Eso es exactamente lo que ha logrado el comunismo de Chávez-Maduro en Venezuela con su régimen de odio y destrucción.

De seguir por ese camino, nuestros muchachos serán los más pobres y manipulables del conjunto latinoamericano. Se ha dilapidado la fortuna que ha producido el petróleo venezolano en estas dos décadas, y solo ha servido para enriquecer de manera grotesca los bolsillos de una claque malandra y corrompida que se apropió de todo, y que además es absolutamente insensible ante el dolor y la necesidad ajena.

No hay derecho a que un país como el nuestro con tantas potencialidades naturales, no sean aprovechadas en el desarrollo y la formación del recurso humano que necesitamos para progresar como nación.

Con Chávez todo fue retórica vacía para encandilar a unos incautos, y servir en bandeja de plata a otros vivos el plato de la venganza para la destrucción de un buen país que, aunque tenía problemas, podía vivir y trabajar para avanzar en la consecución del bienestar general.

Su discurso de odio (disfrazado de humanismo y falso amor por el pueblo), fue la excusa para esconder su vocación de ambicioso y corrupto hasta los huesos; facilitador de la riqueza exagerada y grotesca de toda su familia, sus amantes, y sus socios partidistas nacionales e internacionales.

La riqueza abismal que exhiben estos hampones, va en relación  directa con la pobreza atroz de la mayoría de los venezolanos, impedidos hoy de alimentar a sus familias respectivas, con la seguridad de convertirnos en una de las sociedades más paupérrimas del mundo actual.

Ya no solo está garantizada la pobreza de la mayoría de la población, sino que tampoco se podrá manifestar para decirle al mundo que el comunismo es corrupción, y miseria porque esas protestas son repelidas por paramilitares pagados con el dinero de los venezolanos.  

Román Ibarra
@romanibarra