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jueves, 11 de junio de 2020

HANA FISCHER, LOS LIBERALES Y EL DOGMATISMO

El liberalismo es una corriente de opinión cuya esencia es la defensa de las libertades individuales. Su piedra angular es la autonomía espiritual. En consecuencia, no admite el pensamiento único, ni tiene un “libro sagrado” ni un “sumo pontífice”, como por ejemplo sí lo tiene el comunismo moderno con Karl Marx. De ahí deriva que en su seno convivan múltiples convicciones porque el espíritu crítico es -o debería ser- la base de las afirmaciones que defienden sus diferentes integrantes.

No es un dogma de fe sino una doctrina que evoluciona a medida que van variando las circunstancias. Hay una tendencia, muy humana por cierto, que nos inclina hacia la generalización. Es decir, una vez que descubrimos una verdad con respecto a algo en particular, tendemos a englobar en ella a todo aquello que se encuentran en una situación análoga. Nosotros la denominamos “tendencia a lo absoluto”. Un liberal debería tenerlo muy presente y luchar permanentemente contra ella. ¿Por qué? Porque es una de las fuentes más importantes que conducen al error y a cometer graves injusticias.

El liberalismo es -o debería ser- lo opuesto al dogmatismo. Su norte es comprender la compleja realidad con el fin de incentivar aquellas tendencias positivas que residen en el seno de las personas y las sociedades. No procura crear un “hombre ni un mundo nuevo”. Por el contrario, se esfuerza por acompasar los cambiantes escenarios para tratar de preservar lo que está bien en una comunidad y modificar lo que está mal. Discernimiento que no siempre es fácil.

En función de lo anteriormente dicho, cuando gobiernan los liberales no pretenden “refundar” al país. Además, como diría José Ortega y Gasset, “nobleza obliga” a reconocer las cosas buenas que hicieron gobiernos anteriores, aunque hayan sido de un signo opuesto. Ese rasgo es -o debería ser- lo que los distingue de otras modalidades políticas.

En Uruguay, durante quince años gobernó la izquierda agrupada en el Frente Amplio. Durante dicho lapso, hicieron muchas cosas cuestionables. Entre ellas, haber llenado al Estado de funcionarios públicos innecesarios y malgastado los dineros públicos extraídos a los contribuyentes. La consecuencia fue que legaron al nuevo gobierno encabezado por el liberal Luis Lacalle Pou un déficit fiscal de 5% y una abultada deuda pública.

Por consiguiente, la tarea primordial de Lacalle Pou era bajar el déficit fiscal, ordenar la administración estatal y enderezar las políticas públicas con el fin de encauzar al país hacia un desarrollo sostenido.

Por otra parte, Lacalle Pou es un presidente joven y moderno, que tiene claro que el mundo dejó atrás a la “segunda revolución industrial”, a la economía “fordista”, y que la “carrera” en estos tiempos se desarrolla en “la pista” del conocimiento y la información. En esa competencia, la “medalla de oro” la ganarán aquellos países que mejor se desenvuelvan en el universo digital. Él es consciente de ello, por algo eligió como ícono que lo identifica al signo “me gusta”.

Hacía unos pocos días que la nueva administración había asumido, cuando le “cayó” arriba de las espaldas el “regalo” del coronavirus. No solo el gobierno sino también la sociedad ha debido amoldarse a ese inusual contexto, con cuarentena voluntaria incluida. La experiencia -por lo menos hasta ahora- ha sido exitosa y el Uruguay es uno de los países que mejor se ha desenvuelto en dicha situación. Pero eso fue posible debido a dos factores primordiales: el liderazgo de Lacalle Pou y a una serie de fortalezas con que la nación contaba, algunas de las cuales fueron desarrolladas por el Frente Amplio.

Lo que está pasando es una muestra de la complejidad de las realidades y de que no se puede ser dogmático; mucho menos, al encarar asuntos de gobierno que atañen al futuro de la nación.

Por ejemplo, lo relacionado con Antel, la empresa estatal de telecomunicaciones. Hay mucha bronca con la construcción del Antel Arena, un estadio multifuncional que llevará más de 100 años pagar. Fue construido por capricho del Frente Amplio con fines promocionales. Una “pirámide” personal de los gobernantes izquierdistas de aquel entonces.

Pero gracias a Antel, en gran medida la gente pudo seguir relacionándose, trabajando y estudiando debido a la gran expansión de Internet, incluso en las zonas carenciadas. Desarrolló el proyecto “Fibra óptica” mediante una densa red que democratizó el acceso a internet, dado que el 80 % de los hogares está conectado a la web mundial: el 49 % dispone de conexión por fibra óptica, lo que ubica a Uruguay entre los primeros 10 países con más hogares conectados con este sistema; en las empresas, la cifra equivale al 100%. El resultado ha sido que Uruguay lidera en América Latina con la mayor penetración y mejor velocidad máxima promedio de acceso a Internet. A nivel mundial, se ubica alrededor del séptimo lugar.

Otras muestras de la realidad compleja mencionada: El Estado uruguayo está lleno de organismos que no benefician para nada a los habitantes sino únicamente a sus funcionarios y cuyo único fundamento es el clientelismo. Por ejemplo AFE (ferroviaria estatal que carece de trenes desde hace décadas), Alur (para plantar azúcar en un país en el cual ese cultivo no se da), la deficitaria producción de portland y otra larga lista más. En esas empresas se han despilfarrado paladas de recursos públicos.

Pero por el otro lado tenemos a Agesic (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento), un organismo al servicio de los ciudadanos. Ha digitalizado muchos de los trámites burocráticos, lo que evita la pérdida de tiempo de tener que concurrir a las oficinas públicas. Asimismo, se encarga de la cyberseguridad de la nación, rubro cuya relevancia se percibe con mayor nitidez en momentos como los que se están viviendo con esta pandemia. Se sabe que las catástrofes y los accidentes se producen sin previo aviso; por eso, más vale estar bien pertrechados ante esas contingencias.

Agesic es un organismo que proyecta al país hacia el futuro y que corre en las “grandes ligas” con muy buenos resultados. La prueba es que está a la vanguardia como referente regional y mundial en gobierno digital y desarrollo digital. Como si eso fuera poco, integra el D9, organismo formado por los países que lideran a nivel mundial el avance digital, un selecto grupo compuesto por Corea del Sur, Estonia, Israel, Nueva Zelanda, Reino Unido, Canadá, México, Portugal y Uruguay.

Los miembros del D9 asumen el compromiso de ayudarse mutuamente a ser cada vez mejores gobiernos digitales, más ágiles y eficientes, a través del intercambio y el aprendizaje conjunto. Sus principios orientadores apuntan al “desarrollo de la conectividad, la ciudadanía digital, la programación desde la niñez, el gobierno abierto, los estándares y códigos abiertos y el gobierno centrado en las personas”.

Estos principios encuadran dentro de lo que los liberales aspiran para sus naciones. Además, apuntan al mundo moderno, al de las industrias sin chimeneas que contaminen el medio ambiente.

Por tanto, las autoridades deberían hilar muy fino para ser capaces de distinguir el trigo de la paja y no ser presa de dogmatismos. Está bien que cuiden los dineros públicos y bajen el gasto estatal. Pero deberían tener cuidado de no cortar grueso. No sea que movidos por buenas intenciones –como obviamente tienen- amputen las mejores herramientas con que cuenta el Estado para lanzar al Uruguay y sus habitantes hacia el desarrollo sostenido.

Hana Fischer es uruguaya. Es escritora, investigadora y columnista de temas internacionales en distintos medios de prensa. Especializada en filosofía, política y economía, es autora de varios libros y ha recibido menciones honoríficas.

Hana Fischer 
iec@imcanelones.gub.uy
@hana_fischer 
Hana Fischer's blog
Desde Uruguay
https://independent.typepad.com/elindependent/2020/06/los-liberales-y-el-dogmatismo.html

domingo, 28 de abril de 2019

DOMINGO ALBERTO RANGEL: DOS DEBATES

Dos debates tienen lugar en el diminuto mundo de los partidos polarizados.

Recalco lo de “diminuto” basándome en el estudio reciente de Jhon Magdaleno, reconocido analista de la opinión pública, quien sostiene con datos en la mano que solo el 14 por ciento de los venezolanos se identifica con algún partido.

A esa minoría el 11 por ciento le corresponde al PSUV y el restante 3 por ciento se lo reparten los demás partidos, incluyendo en esa categoría los aliados del gobierno nacional y todo el universo opositor.

Sin embargo esos debates tienen importancia, comenzando por el que libran los llamados “chavistas originarios” que tarde critican la corrupción de sus antiguos compinches

Dedicarse al análisis de tal debate entre chavistas es perder tiempo.

Sucede que la discusión de los originarios es un imposible de resolver toda vez que siendo la corrupción un fenómeno que se da hasta en El Vaticano … Sin embargo donde mejor florece esta llaga es en regímenes estatistas, socialistas y autoritarios… En los que por norma abundan recursos que siendo del estado carecen de dolientes

Peor, como en el caso nuestro, el estado bolivariano intenta controlar todo lo que hace el ciudadano (a) desde que nace hasta la muerte. Y sin control real.

El otro debate, como el billar que juegan los expertos, es a 3 bandas: Una, la que aparenta ser mayoría, afecta apenas el al 2 o 3 por ciento de la ciudadanía que se reconoce en los partidos de la ex mud o de los muchos frentes que se han formado.

En ese grupo y específicamente entre quiénes se definen opositores hay una brecha o división semejante a la que separa liberales, libertarios y pro capitalistas en general… del resto de la oposición.

Sobre la ruptura necesaria, patriótica y valerosa de este grupo pro mercado, del cual formó parte, no escribiré más en este artículo porque ya lo he hecho anteriormente.

Y más específicamente lo hice en la entrevista que me hizo Vladimir Villegas en su muy visto programa Vladimir a la 1 por Globovisión.

Comento entonces el otro debate o brecha que a veces nos afecta por falta de organización a quienes somos liberales: En ese grupo pequeño y variopinto de opositores hay una diminuta minoría, gritona y vocinglera, que curiosamente porque se quejan de la situación económica, aparentemente no trabajan ya que pasan el día navegando en las redes… Como si tuvieran garantizado el sustento.

A ellos les basta con autodenominarse “radicales”… Para sentirse mejores al resto de la humanidad.

Esta gente pide invasiones extranjeras, explosivos , atentados y fusiles que desdicen del supuesto talante democrático bajo el cual como manto sagrado se cobijan.

Por lo general son personas de la tercera edad que vayan a ver si “bachaqueaban” productos regulados o “raspaban cupos” de pasajes al exterior. También los hay jóvenes tan groseros como ignorantes.Muchos viven en el extranjero.

El otro grupo de este debate a 3 apoya al autoproclamado y prefieren el diálogo o las elecciones a pesar de que el diputado Guaidó varias veces ha llamado fuerzas extranjeras para que vengan a conquistar territorio mientras asesinan soldados venezolanos… Y todo bajo el pretexto de ayudarnos a resolver nuestros problemas.

El grupo de los autonombrados “radicales”, pretende tener ese calificativo en exclusiva.. como si ser tolerante, capitalista y liberal no lo sea…

Ellos se desbandarán y algunos terminarán militando en el fascismo… Eso sucederá cuando caigan en cuenta que otros “radicales” los han usado para aumentar sus cuentas en Miami, Madrid o Bogota’.

A los integrantes del tercer sub grupo nos toca convencerlos para que juntos organicemos un grande y robusto frente pro mercado… Capaz de dialogar y ganar elecciones… Y cobrar a quien sea

Domingo Alberto Rangel 
@DomingoAlbertoR

domingo, 5 de marzo de 2017

ALBERTO MANSUETI, FUSIONISMO

CONSERVADORES Y LIBERALES

Hay dos corrientes de la derecha, que a menudo se enfrentan, lamentablemente: liberalismo económico por un lado, y por otro conservatismo moral y político.

Por lo común la derecha pierde cuando se escinde en dos campos separados y opuestos, conservador y liberal; ahí es cuando gana la izquierda. La “fusión” de las dos vertientes casi siempre da el triunfo a las derechas; así se explican los éxitos de Thatcher y Reagan en los ‘80. Ronald Reagan siguió la enseñanza de Barry Goldwater, e hizo “fusionismo” en todas sus campañas electorales victoriosas, cuatro veces en total: primero para la Gobernación de California, en 1966 y reelecto en 1970, y luego para la Presidencia de EE.UU., en 1980 y reelecto en 1984.

La gente conservadora adhiere a los valores tradicionales de orden social, familia y trabajo duro, por lo general en un marco religioso. Pero casi siempre se abraza al intervencionismo estatista, en economía sobre todo, que equivocadamente cree algo bueno y esencial para la preservación de los principios que desea conservar, o restaurar. Es el caso de Donald J. Trump.

Esta política errónea lleva a la clase media conservadora a apoyar a las cerradas oligarquías, que conspiran contra el libre mercado, y por tanto contra sus propios y mejores intereses de prosperidad y bienestar; y a los políticos “de centro”, con frecuencia aliados de la izquierda. Es una posición inconsistente, porque Adam Smith tenía razón: el estatismo en economía la arruina, obstaculiza la creación de riqueza y empleo, y debilita la base material de sustentación de las familias, y por tanto de las iglesias, que dependen de la generosidad y solvencia de las familias cristianas.

Por otro lado, parte de las clases intelectuales y profesionales quiere “libre mercado” en economía; pero en materia de principios y valores tradicionales, su posición es de indiferencia o de hostilidad. Y apoya el aborto y el “suicidio asistido”, que es eutanasia disfrazada, el “matrimonio gay” y la “ideología de género”. Es el caso de la mayor parte de los auto-llamados “libertarios”.

Esa actitud les une con la izquierda “progresista”, que es intervencionistas en la economía; y les separa de la clase media conservadora. Es inconsistente también, porque Marx y Engels tenían razón, y el capitalismo está indisolublemente unido al Gobierno limitado, al matrimonio y la familia, y a los valores morales y religiosos.

“Fusionismo” es la reunión de las dos alas de la derecha: liberal y conservadora. Esto es: libre mercado con principios y valores. Pero hay muchos malentendidos que la impiden, por lo general relacionados con la religión. Veamos tres de ellos.

(1) “Al César lo que es del César”. Probablemente esta sea la más malinterpretada de las frases de Jesús, y de la Biblia entera. Y son muchas los textos bíblicos que se interpretan mal, en favor del socialismo y del estatismo, en sentido precisamente contrario a lo que las palabras dicen en los textos, tomando en consideración los contextos.

Esa declaración, en Marcos 12:17 y Lucas 20:25, sobre “dar al César” sus impuestos, es una de las bases bíblicas del sano y factible principio de la separación de “iglesia y estado”. Pero en la lectura más popular, fuera de contexto, se ve como separación de “política y religión”, algo imposible, porque para mal y/o para bien, ambas andan siempre unidas. Para mal, cuando la religión cristiana favorece la creciente expansión del Estado, si la frase sobre el César se interpreta de modo permisivo; para bien, cuando pone freno a esa expansión, si la misma se lee de manera restrictiva.

Mal entendido, el dicho sobre “lo que es del César”, sirve para justificar todo impuesto que se le ocurra decretar al Estado, y toda ley o decreto que se le ocurra dictar, no importa si justo o no; y la frase se hace una de las bases de toda forma de despotismo.

Creyentes y no creyentes deben admitir un hecho histórico: la religión bíblica, bien entendida, ha demostrado ser una valla muy eficaz ante el abuso del poder. Por eso, toda falsa religión quiere quitarle al poder los estrechos límites que Dios le ha dictado en Su Palabra.

(2) El Reino de Dios es “para” este mundo. Siempre se cita “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36), como si el cristianismo fuese algo esotérico, parecido al ocultismo, y que “este mundo” es del César y para el César.

Sin embargo, el diálogo de Jesús con Pilato nos muestra que el “reino” es el Reino de Dios, por eso viene de Dios, y no procede “de” este mundo; pero no obstante sí es “para” este mundo. Solo así se puede entender la oración “Venga a nosotros tu Reino” (Mateo 6:10) enseguida “Hágase tu voluntad”, ¡no la del César!

Del César no es todo lo que reclame como suyo: toneladas de impuestos, monopolio en la emisión de dinero, y poder absoluto sobre los negocios, haciendas y familias, educación de niños y jóvenes, salud de los enfermos y cuidado de los desvalidos. Eso es “cesarismo”, o sea: estatismo.

(3) ¿Y qué es “lo del César”? “Del César” es lo que Dios dice a lo largo de toda la Biblia que cabe al Gobierno Civil: solamente la defensa y seguridad, justicia pública, infraestructura física, y el derecho a ejercer el poder público y a cobrar impuestos limitados, sólo para estos fines, y nada más.

Educación, cultura, arte, economía, banca, deporte, hospitales, y asistencia a los pobres son tareas voluntarias, actividades privadas que caben a las familias, a las empresas, a las entidades privadas, a las iglesias; no al Estado. Así enseñaba la tradición cristiana hasta el s. XIX.

La expresión “lo que es del César” es restrictiva en su sentido real; por eso, lejos de hacer campo al estatismo, por siglos ha sido uno de los fundamentos del Gobierno limitado, en la línea de John Locke, “el Padre del Liberalismo Clásico”, y otros tratadistas cristianos anteriores y posteriores, tales como Henry Bracton y Tomás de Aquino, “el Primer Whig” en el siglo XIII, los poetas Dante Alighieri en el XIII también, John Milton en el XVII, el jurista William Blackstone en el XVIII, entre tantos otros.


Ahora se me acabó el espacio pero en nuestra Web amarilla del Foro Liberal de América Latina hay más sobre estos temas. Puedes consultar. ¡Felicidades y hasta la próxima si Dios quiere!

Alberto Mansueti
albertomansueti@aol.com
@MansuetiAlberto
@alberman02
Bolivia