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martes, 25 de agosto de 2020

CARLOS E. AGUILERA A., EL SALVAJISMO DEL CAPITALISMO CHAVISTA

El doble discurso es la monserga con la que quienes detentan el poder desde hace 21 años, mantiene engañado a un parte de la población del país, que aún cree en las bondades de la llamada revolución del siglo XXI , cuyo mentor Heinz Dieterich Steffan –asesor del finado Chávez – se alejó hace ocho años del régimen, por considerar que la misma estaba totalmente divorciada de los principios para los cuales había sido concebida, pues no ha sido sino un trampolín para alcanzar canonjías desde las alturas del poder.

Y es que desde un principio la política económica y social implementada desde el gobierno de Chávez, y ahora con Maduro, mantiene al país en vilo y en el centro de un debate internacional que pone en duda la viabilidad del llamado proyecto socialista bolivariano del siglo XXI, pues a lo largo de 21 años su ineficiencia ha generado un déficit con una hiperinflación sin límites, en una sociedad víctima de la improvisación de un régimen en el que la impunidad, la corrupción, el nepotismo, la inseguridad, el desabastecimiento de alimentos y medicinas, crisis hospitalaria, deuda interna y externa, el narcotráfico y un sin fin de males, la aquejan día a día y hacen insoportable su sostenimiento.

El título del presente artículo es por la sencilla razón de la evidente contradicción de quienes desde el poder atacan el capitalismo salvaje como prefieren llamarlo, copiando la célebre frase del fallecido Papa Juan Pablo II, pero toman sus vacaciones en el vecino país del norte, al cual atacan a diestra y siniestra en sus demagógicos y populistas discursos (¿) en la Asamblea Nacional Prostituyente y en cuanto acto público a diario realizan sus huestes en plazas, parques y recintos, criticando groseramente a la oposición, en tanto ellos habitan en mansiones ubicadas en urbanizaciones exclusivas, vale decir, Country Club y La Lagunita, por citar solo dos..

Entonces ser rico no es malo, como profería a menudo “Su Comandante Supremo” y “Padre de la Patria junto a Bolívar” (que cinismo y falta de respeto a la memoria del Libertador y del pueblo venezolano), pues no hay duda de que estos seudo revolucionarios, hoy devenidos en socialistas, bolivarianos, marxistas y por ende comunistas y a mala hora autodenominados “bolivarianos”, usan el doble discurso para engañar cínicamente a sus acólitos seguidores.

Conviene recordarles a estos dizque socialistas, que desde la caída de la URSS (1989) y del comunismo (1991), se inició la debacle del dogma y en consecuencia el fracaso del comunismo. Pero los revolucionarios chavistas hacen caso omiso de esta página de la historia contemporánea y despotrican del libre mercado, para acomodarlo de acuerdo a sus intereses. Es necesario comprender este nuevo abecedario, para saberlo deletrear y comprender al nuevo capitalismo rojo, rojito….

No solo se han extendido los compromisos y acuerdos con China, Rusia e Irán, sino que se copian por esta vía del capitalismo rojo, pues saben que la política de bajos salarios y la prohibición de organización, autonomía y protestas sindicales y sociopolíticas, les asegura lo que los especialistas denominan la “acumulación forzada” y un nuevo tipo de explotación del comunismo capitalista rojo. Los chinos hacen que Marx, Adan Smith y Mao, el mercado, el Estado intervencionista y la alta burocracia sean socios en los negocios, y sus pupilos de la patria del Bolívar no necesitan de “chuleta” para copiar al pie de la letra esta nueva fase del libre mercado, que lo han convertido en un “mercado libre” para llenar sus alforjas de millones de dólares.

La situación que atraviesa Venezuela, expropiaciones, racionamiento eléctrico aún en algunas regiones del país, escasez de alimentos y medicinas y la inseguridad,

entre otros, han permitido que el Índice Global de Paz (GPI), por sus siglas en inglés), elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, haya colocado a Venezuela en el lugar 141 (8 peldaños arriba) de 149 naciones a nivel mundial como las menos pacíficas en el globo terráqueo.

El socialismo del siglo XXI, es un concepto ideado por A.V. Buzgalin , como una práctica socio-política-económica. Posteriormente, Heinz Dieterich en su libro “El Socialismo del Siglo XXI planteo a la democracia participativa, nuevo socialismo o Nuevo Proyecto Histórico, como tres términos que convergen en la nueva acción que serviría como salida al neoliberalismo, responsable de haber ampliado la brecha entre ricos y pobres del mundo.

El hijo de….Sabaneta, desde que llegó al poder destruyó el aparato productivo, y las importaciones de productos alimenticios pues alcanzaron la bicoca de más de un 70% . Se inventaron negocios de importación de alimentos a diestra y siniestra con dineros de PDVSA y muchos de ellos, toneladas como lo recogió la prensa en varias ocasiones, se pudrieron en los puertos de La Guaira y Puerto Cabello, pero los beneficios de dichos negocios benefició a gente estrechamente ligada al régimen y al partido oficialista, con incalculables y millonarias cifras en dólares. La corrupción campea y hoy abundan los llamados “boliburgueses chavistas”, que arropados con el manto de la impunidad, pasean sus cuantiosas fortunas por Europa y países árabes, pese a que el inquilino ilícito de Miraflores, en su doble discurso amenaza con severas sanciones penales a los corruptos, muchos de ellos escondidos debajo de las alfombras de Ministerios, Institutos Autónomos y empresas del estado.

Que se sepa, aún no ha sido detenido ninguno de estos millonarios boliburgueses, que orondos pasean en lujosas Hammers, exhibiendo impúdicamente ropa y calzado de marca, lujosas joyas, algunas de ellas escondidas debajo de la camisa roja que luego visten en los actos públicos. El derroche de dinero y de lujos es asqueroso, sencillamente asqueroso. Y nadie, nadie sabe nada. Por eso el empeño del régimen en silenciar a los medios de comunicación, que de una u otra forma se enteran por boca de chavistas honestos, que por cierto son pocos, que la crisis que atraviesa el país obedece a la falta de políticas públicas que eviten la debacle en la que se halla sumido el país, y que desespera al pueblo que no está dispuesto a tolerar tanta ineficiencia.

El sabio Albert Ainstein en una de sus famosas frases que tiene hoy por hoy mucha vigencia, señaló: “Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”. Nada más cierto, y ¿como superarla?, sencillamente enfrentando con hidalguía, valor e inteligencia a este régimen empeñado en mantener viva la imagen del hijo de…… Sabaneta, para que sus seguidores sigan creyendo en pajaritos preñados, uno de ellos revoloteando la cabeza de Nicolás Maduro.

¿Ser rico es malo? Cuéntenme una de vaqueros chavistas socialistas, bolivarianos, marxistas, y por ende comunistas.

Carlos E. Aguilera A. 
careduagui@gmail.com 
@_toquedediana
Miembro fundador del Colegio Nacional de Periodistas (CNP-122)

miércoles, 13 de marzo de 2019

GUILLERMO RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, VENEZUELA, OTRO EJEMPLO DE CÓMO EL SOCIALISMO CONDUCE AL COLAPSO DE LA CIVILIZACIÓN


La civilización es emergente, de orden espontáneo, resultado de la acción pero no de la voluntad de los hombres. Y está bajo amenaza.

El socialismo que se declara el heraldo del futuro nos regresó a la noche de los tiempos.

Al socialismo, se le detiene le tiempo o conduce al colapso de la civilización. La civilización es frágil. Es emergente, de orden espontáneo, resultado de la acción pero no de la voluntad de los hombres. Nos adaptamos al orden impersonal civilizado y a sus ventajas materiales y morales sin entenderlo, cooperando con personas a las que ni siquiera llegaremos a conocer. Pero toda civilización está bajo la amenaza del salvaje que subsiste en cada hombre civilizado, de sus atávicos anhelos de primitivismo tribal, su ignorante confianza en que los frutos de la civilización existirían sin respetar las reglas morales del orden emergente del que surgieron. El salvaje es envidia y resentimiento.

La civilización puede colapsar y ha colapsado en diversos tiempos y lugares. Una gran civilización de la edad del bronce colapsó en el mar Egeo cuando un volcán con la fuerza de varias bombas atómicas hizo erupción en la isla hoy llamada Santorini. Gran parte de la civilización maya colapsó en dos desastres que todavía se discute cuanto tuvieron de climáticos, sobreexplotación de recursos o colapso político y económico. Modestas civilizaciones colapsaron por cambios naturales a los que no pudieron adaptarse. Avanzadas civilizaciones han colapsado principalmente por su rechazo al orden espontáneo del que dependían, como el imperio romano occidental (destruido por el intervencionismo y destrucción de su moneda). El imperio romano oriental con una economía algo más sana, resistió varios siglos más.

Reciente fue el colapso de la totalitaria civilización soviética: una superpotencia global con los pies de barro de una inviable economía socialista. Inolvidable fue el acelerado colapso civilizatorio en la Camboya de Pol Pot. Pero todo socialismo está avocado a negarse a sí mismo –de una u otra forma– o colapsar.

De ello hablaba con mis vecinos, en medio del colapso del sistema eléctrico nacional en el socialismo venezolano. Teníamos ya más tres días sin electricidad, sin teléfonos fijos o móviles, sin agua corriente y sin combustible en las estaciones de servicio. Apenas recibíamos la limitada información que en radios de pilas daban escasas estaciones de radio independientes que transmitían lo poco que sabían. Operaban con plantas de autogeneración y limitado combustible. Sacábamos agua del tanque de nuestro edificio con un balde atado una larga cuerda; tendríamos agua a la luz de las velas. Nos sentíamos a medio camino entre una vieja película post-apocalíptica y otra de la remota antigüedad. Muy atrás, nuestro improvisado pozo que se secaría muy pronto carecía de rudimentario cabrestante. El socialismo que se declara el heraldo del futuro nos regresó a la noche de los tiempos.

La propaganda del socialismo en el poder habla de sabotaje (algo que pocos creen). Casi todos recuerdan que alguna vez atribuyeron apagones a iguanas, que sus ineptitudes las atribuyen a boicots fantasmas. Alguien comentó que los verdaderos saboteadores fueron los millones que hace 20 años votaron por Chávez. Razón no le falta. Otro respondía que no, que los saboteadores eran los que los engañaron, con Chávez a la cabeza. No los engañados. Respondía una joven que creer que el socialismo funciona no es inocencia sino de estupidez. Alguien comentó que el socialismo no llegó con Maduro, ni Chávez. Que estaba aquí, en las empresas del estado, los privilegios y corruptelas de una economía cada vez menos productiva. El mal tiene al menos cinco décadas entre nosotros. Tiempos de inflación, devaluaciones y controles de cambios. De esperar todo del Estado. De mentiras de nuestros intelectuales. El mal se enseñaba en la escuela y la universidad. El chavismo es el totalitarismo surgido del fracaso de aquello entre gentes que no entendían las causas, pero sufrían las consecuencias.

Quienes así razonan no se han librado completamente del socialismo en sentido amplio. Pero algo han aprendido de la desgracia. Un colapso nacional del sistema eléctrico es un síntoma de lo que seguirá fallando en manos de ineptos empeñados en un imposible. Los socialistas se limitan a racionar lo que son incapaces de producir en las cantidades que la civilización exige. Alguien que recordó que hace una década trabajé con un par de grupos interdisciplinarios en estudios sobre la caída de la producción petrolera y el peligro de colapso del sistema eléctrico –se producía petróleo con aparente normalidad y no se habían hecho multimillonarios jóvenes “empresarios” y sus socios en el poder importando con estratosféricos sobreprecios lo que no funcionó– y me pregunta que puede haber pasado realmente.

No soy experto en la materia. Pero escucho a los expertos. Sobre termoeléctricas muy por debajo de su capacidad. Crecientes problemas de generación y distribución. Falta inversión y mantenimiento. De sustitución de la ciencia y la técnica por la consigna y el voluntarismo. Del eventual colapso, del que los irresponsables a cargo tardarían mucho más tiempo del técnicamente necesario en salir a medias.

Temían que cualquier evento difícil de manejar afectara una línea crítica, tras lo que lógicamente las plantas térmicas que medio funcionan se desconectarían automáticamente. Pasó, y las plantas de generación distribuida no funcionaron. O apenas algunas pequeñas que no apoyan al sistema sino exclusivamente a instalaciones críticas. Después se supo que empezó con un incendio de subestación una próxima a grandes hidroeléctricas. Tuvimos electricidad inestable y con picos finalizando el cuarto día de apagón. La falta de mantenimiento acumulado se evidenció al incendiarse una subestación local y varios transformadores. En mi rincón de Caracas, me temo seguiremos en la obscuridad –sea sin energía en absoluto, o con inestable racionamiento eléctrico– cuando usted lea esto con retraso. Luego, regresaremos a una normalidad que no es tal. Al racionamiento de cada vez menos.

El mal es el socialismo, que está haciendo colapsar la civilización en mi país. Una falla eléctrica catastrófica en una economía capitalista es posible. La diferencia con una socialista es la capacidad de recuperar rápidamente el sistema. Tiempo y capital. Viabilidad del propio sistema. Con gran retraso regresaremos a una normalidad que no es tal. El socialismo es un colapso lento, inevitable y cruel.

Guillermo Rodríguez González
@grgdesdevzla