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miércoles, 17 de junio de 2020

OSCAR ARNAL, PARTIERON LOS PARTIDOS

 Los últimos acontecimientos indican que no habrá elecciones creíbles. Que hayan cambiado las directivas de A.D. y Primero Justicia anuncia que no hay ninguna intención de rectificación. Ya son 7 los partidos a los que les han cambiado sus directivas en estos últimos años. Judicializar a los partidos acaba con la posibilidad de elecciones legítimas.  

 Con la intervención de los partidos, la crisis política se profundiza. Las posiciones antagónicas seguirán alimentando una polarización que no ha conducido a nada sino a la destrucción nacional. Unas instituciones divididas son prueba fehaciente del estado fallido.  

 Por mucho tiempo pensé que la lucha había que darla en todos los terrenos. Sin embargo, sin garantías mínimas concurrir al proceso electoral sería un error. Los acontecimientos están en pleno desarrollo. De cualquier manera, que se nombrara a alguien con la experiencia de Rafael Simón Jiménez para vicepresidente del CNE me parece interesante. Vamos a ver qué hace. Ya ha dicho que si no hay condiciones electorales, no está dispuesto a permanecer en el cargo. Rafael Simón Jiménez es una esperanza. Tiene con su liderazgo y sus conocimientos históricos con que imponerse en el C.N.E.. Por ello, no todo está perdido. A él le damos como se dice en derecho “el beneficio de la duda”. El país reclama liderazgo y pocas veces hay alguién en una posición tan importante para demostrar que todavía no hay que descartar por completo la opción electoral.  

 Lo grave es que esta historia de las elecciones parlamentarias está empezando mal. Ha debido ser el parlamento el que nombrara a los rectores del C.N.E. y que en vez de ser un tres contra dos, buscar a un tercero acorde para ambos bandos.  

 “Por sus obras los conoceréis” dice la biblia. Observemos en detalle qué hace este nuevo C.N.E. aunque nace con plomo en el ala. Es la última rendija para que renazca el sueño de unas elecciones competitivas y que se imponga la voluntad popular. La esperanza es lo último que se pierde.  

Oscar Arnal
oscar.arnaln@gmail.com
@OscarArnal

lunes, 16 de septiembre de 2019

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: VENEZUELA, UN ABRUPTO EMBROLLO

Por donde se vea Venezuela, la crisis la cubre por cualquier lado. Quizás, la forma más inmediata de comprender la dimensión de su problema, es reconociendo la tozudez de quienes la han gobernado. No sólo en lo que va de siglo XXI. Incluso, desde que intentó independizarse del Imperio Español. O sea, desde el mismo 19 de abril de 1810. Más aún, desde el 5 de Julio de 1811. 

En consecuencia, la historia política venezolana no es otra que la descripción de una serie de hechos que no terminaron de imbricarse entre sí. Particularmente, por causa de la incongruencia que caracterizó la degradación y contracción que vino afectando su dinámica política. Siempre confundiéndose con determinaciones que no encontraban forma ni sentido pues no encajaban con el concepto de República que requería utilizarse al momento de constituirse en “Estado” bajo el influjo de la autonomía institucional. Y ésta, implicaba asumir dicha categoría, apoyada en la consabida y debida soberanía política. Asimismo, en la separación de poderes públicos. 

Tan serio problema, afectó el discurrir político venezolano. Al extremo que por todo ello, careció de la hilaridad que demandaba la construcción de una nación comprometida con conceptos tan solemnes como los que implicaban su crecimiento, desarrollo, democratización e institucionalización. Por eso, la retahíla de Constituciones que conocieron vida política desde 1811 hasta 1999, no pudieron cimentar los valores y principios que sus preceptos referían cada vez que se sancionaba una Constitución Nacional. 

Tales vacíos, hicieron que emergieran graves incoherencias que, en el tiempo, fueron acumulándose. De esa manera, agudos y sustanciales problemas que lejos de evitarse, agrandaban más el tamaño de las numerosas crisis que se venían encima. Crisis tanto del tipo de acumulación, como del tipo de dominación. Pero también, crisis de organización, producción, planificación, administración y de evaluación de lo alcanzado. 

La concentración social y territorial de la riqueza y del poder, distorsionaron y consumieron oportunidades que nunca más pudieron resarcirse. Fue así como a todo ello se agregó una crisis de identidad que desalentó capacidades y absorbió recursos que finalmente, terminaron creando un estado de confusión, descomposición y resignación que, históricamente, vino insumiendo al país en un marasmo del cual no ha sido posible escapar. 

Por lo contrario, cada cierto tiempo, la crisis de valores y principios que viene arrastrando desde el siglo decimonónico, ha hundido más a Venezuela. Tanto que ahora, al término de la segunda década del siglo XXI, le ha resultado imposible encarar la falta de conciencia histórica que le impide fraguar un proyecto histórico del tipo socio-político y socioeconómico que articule su razón de ser. Fundamentalmente, como Estado democrático y social de Justicia y de Derecho, a la esencia de lo que exige el sentido y sentimiento de nacionalidad y ciudadanía. 

Como resultado de tan abrupto, desordenado y desproporcionado crecimiento geopolítico, Venezuela se estancó. Su relativo o escaso desarrollo fue tan traumático, que nunca superó los objetivos que, cada discurso político, pregonaba. Ahora, cuando el país se halla sumergido en un mundo cambiante determinado por verdaderas revoluciones que en su entorno se han dado, sus limitaciones han empeorado su devenir. 

El desespero de la cúpula política por vincularse a una élite internacional que no atiende su alaridos, es tan escandaloso y desvergonzado, que terminó pervirtiendo la moral pública al exponer una serie de criterios que no se ajustan a los requerimientos de lo que traza un modelo de desarrollo económico y político realmente democrático. 

A fuerza de represión, el régimen actual, ha pretendido hacer que el país se degrade para así justificar sus equivocaciones con pretextos infundados. Sin importar que hayan conducido a que, ante los ojos del mundo y propios, sea Venezuela: un abrupto embrollo.

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Merida - Venezuela

lunes, 12 de agosto de 2019

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ: SOCIEDAD DEPAUPERADA LEGADO DE CHÁVEZ Y MADURO.

En atención al presente artículo, asumimos como sociedad depauperada haciendo referencia implícita a una situación de miseria, carencia, empobrecimiento, paro forzoso (los trabajadores no pueden emplearse en las empresas), ruina e indigencia, entre otras. Es en síntesis, un escenario que muestra una marcada reducción en el nivel y calidad de vida de los ciudadanos con obvia caída en la satisfacción de las necesidades crecientes tanto materiales como espirituales, como consecuencia de un brusco descenso del salario real entendido como el salario expresado en medios de vida y servicios que dispone el ciudadano, e indica al propio tiempo la cantidad de artículos de consumo y de servicios que puede comprar el ciudadano con su salario nominal (en dinero); y de su correlación con la asistencia social, servicios médicos, condiciones habitacionales, etc; todo lo cual se agudiza durante la denominadas crisis económicas.

Sea oportuno señalar, que al momento de asumir N. Maduro el poder en abril 2013 venia de ejercer como “coordinador económico” (¿?) del gobierno de H. Chávez durante un año y tres meses; lo cual deja en evidencia su profunda responsabilidad en la depauperación de Venezuela durante estos últimos ¡7 años y 7 meses!; como complemento de los 14 años y 2 meses de H. Chávez , periodo durante el cual se establecieron las estrategias para acabar con la economía de mercado (y el sector privado) muy especialmente luego del paro petrolero (2/12/2002-3/2/2003) propósito que ha venido materializando el madurismo; siendo que para julio 2014 (1 año y 3 meses luego de iniciado el mandato) ya se observaban graves desequilibrios macroeconómicos tales como: elevado déficit fiscal (14,9% del PIB), alta inflación, caída de las reservas internacionales, sistemática devaluación de nuestro signo monetario (tipos de cambio sobrevaluados), declinación de la producción petrolera, significativa reducción en la generación de riqueza y una considerada deuda pública (52,5% del PIB). Los desequilibrios continuaron su tendencia creciente, y para el 2016 se evidenció una devastadora hiperinflación en mucho inducida, básicamente, por la emisión continuada de dinero (con obvia perdida de su poder adquisitivo) y por la ausencia de una objetiva política económica y descontextualizadas políticas monetaria y fiscal; al igual que la elevación del déficit fiscal, del peso de la deuda y de una caída de las reservas internacionales (11 mil millones US$). Durante 2017 y 2018 la situación brevemente descrita se magnificó, con especial énfasis en el movimiento migratorio que llegó a ubicarse entre 3 y 5 millones de personas, equivalente a un 10% y 15% de la población, el mayor volumen migratorio en la historia del continente americano. Para 2019, por manifiesta obviedad, el contexto empeorará; es decir aumentará la depauperación nacional. Al punto que desde febrero 1999 cuando H. Chávez llegó al poder, pasando por N. Maduro y hasta el presente se calcula que han desaparecido unos 12.500 establecimientos industriales, y los que subsisten (héroes económicos) están trabajando por debajo del 30% de su capacidad instalada.

El marco descrito, puede ser calificado en el lenguaje común como una crisis: un cambio brusco o una modificación importante en el desenvolvimiento de un suceso; mientras que en el lenguaje económico se identifica como una crisis económica: la fase más depresiva que experimenta una economía en recesión, habida cuenta que la economía es cíclica y como tal transita por fluctuaciones que pueden ser de recuperación y prosperidad (evoluciones positivas) o de recesión y depresión (evoluciones negativas).

Una recesión es, básicamente, el decrecimiento de la economía de un país que se traduce en un crecimiento negativo del PIB (conjunto de bienes y servicios producidos en un país durante un año); siendo que cuando la recesión está presente de manera prolongada y continua (más de tres trimestres consecutivos) se entra en una depresión; es de acotar que Venezuela ya tiene ¡18 trimestres de decrecimiento! siendo dicha depresión 15 veces más profunda que la Gran Recesión 2007-2008 de EEUU, casi el doble que la gran Depresión 1929-1933 (el PIB cayó un 28%), tres veces más grande que la mayor recesión en la historia de Argentina, y cuatro veces más grande que la mayor recesión en la historia de Chile. Es de resaltar, que el PIB per cápita venezolano (PIB entre el número de habitantes) cayó un 45,3% entre 2012 y 2017, mientras que el PIB en 2017 se situó un 35% por debajo de los niveles de 2013; al tiempo que se estima que la economía caerá un 62% para finales de 2019. La recesión venezolana en comento, sucedió a pesar de la bonanza petrolera (2004-2014), e igualmente en el marco de una disminución de la producción petrolera de un 69,4% desde 1998; y en consecuencia cuando la naciente dictadura se quedó sin ingresos y con una gran deuda externa, decidió financiarse mediante la emisión de dinero inorgánico propiciando de tal modo la mayor hiperinflación de América Latina, y posiblemente ¡del mundo! (se estima superará el 1.000.000%).

Reflexión final: Iniciemos haciendo referencia a un trabajo de Datanális (julio 2019), enfocado a la percepción que tienen los venezolanos que viven en el país acerca de la situación nacional: 93,4% considera que la situación es mala; 67,5% considera a N. Maduro como responsable (1,5% a EEUU y 0,5% a la guerra económica); 85% considera negativa la gestión de Maduro. A tan mala calificación, debe añadirse la muy poca credibilidad que tienen los ciudadanos sobre las expectativas económicas (Milton Friedman) y sobre la eficiencia y honestidad de la burocracia nacional, en momentos cuando Venezuela requiere, según cálculo de expertos, unos 100.000 millones de US$ solo para fortalecer las reservas internacionales y liquidar divisas al aparato productivo para bienes finales, insumos y repuestos.

La depauperación de la sociedad venezolana se debe, sin duda alguna, a la mala gestión interna del país con un efecto complementario, de poca significación, inducido por las sanciones impuestas por EEUU. Siendo así, y como referirnos a Maduro en un papel de depauperador resulta “sumamente elegante”, basta mencionarlo como uno de los principales empobrecedores de Venezuela en intima armonía con H. Chávez; al extremo de haber provocado el holocausto de millones de personas bajo distintas modalidades en lo que pudiera denominarse la Gran Recesión Venezuela.

Permítasenos concluir citando a Maquiavelo: Hay dos maneras de sacar a un mal gobernante, una es por la razón otra por la fuerza. La primera es para los hombres, la segunda es para las bestias. La diferencia es que la opción segunda jamás ha fallado. 

Jesús Alexis González 
@jesusalexis_gon      

miércoles, 13 de marzo de 2019

GUILLERMO RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, VENEZUELA, OTRO EJEMPLO DE CÓMO EL SOCIALISMO CONDUCE AL COLAPSO DE LA CIVILIZACIÓN


La civilización es emergente, de orden espontáneo, resultado de la acción pero no de la voluntad de los hombres. Y está bajo amenaza.

El socialismo que se declara el heraldo del futuro nos regresó a la noche de los tiempos.

Al socialismo, se le detiene le tiempo o conduce al colapso de la civilización. La civilización es frágil. Es emergente, de orden espontáneo, resultado de la acción pero no de la voluntad de los hombres. Nos adaptamos al orden impersonal civilizado y a sus ventajas materiales y morales sin entenderlo, cooperando con personas a las que ni siquiera llegaremos a conocer. Pero toda civilización está bajo la amenaza del salvaje que subsiste en cada hombre civilizado, de sus atávicos anhelos de primitivismo tribal, su ignorante confianza en que los frutos de la civilización existirían sin respetar las reglas morales del orden emergente del que surgieron. El salvaje es envidia y resentimiento.

La civilización puede colapsar y ha colapsado en diversos tiempos y lugares. Una gran civilización de la edad del bronce colapsó en el mar Egeo cuando un volcán con la fuerza de varias bombas atómicas hizo erupción en la isla hoy llamada Santorini. Gran parte de la civilización maya colapsó en dos desastres que todavía se discute cuanto tuvieron de climáticos, sobreexplotación de recursos o colapso político y económico. Modestas civilizaciones colapsaron por cambios naturales a los que no pudieron adaptarse. Avanzadas civilizaciones han colapsado principalmente por su rechazo al orden espontáneo del que dependían, como el imperio romano occidental (destruido por el intervencionismo y destrucción de su moneda). El imperio romano oriental con una economía algo más sana, resistió varios siglos más.

Reciente fue el colapso de la totalitaria civilización soviética: una superpotencia global con los pies de barro de una inviable economía socialista. Inolvidable fue el acelerado colapso civilizatorio en la Camboya de Pol Pot. Pero todo socialismo está avocado a negarse a sí mismo –de una u otra forma– o colapsar.

De ello hablaba con mis vecinos, en medio del colapso del sistema eléctrico nacional en el socialismo venezolano. Teníamos ya más tres días sin electricidad, sin teléfonos fijos o móviles, sin agua corriente y sin combustible en las estaciones de servicio. Apenas recibíamos la limitada información que en radios de pilas daban escasas estaciones de radio independientes que transmitían lo poco que sabían. Operaban con plantas de autogeneración y limitado combustible. Sacábamos agua del tanque de nuestro edificio con un balde atado una larga cuerda; tendríamos agua a la luz de las velas. Nos sentíamos a medio camino entre una vieja película post-apocalíptica y otra de la remota antigüedad. Muy atrás, nuestro improvisado pozo que se secaría muy pronto carecía de rudimentario cabrestante. El socialismo que se declara el heraldo del futuro nos regresó a la noche de los tiempos.

La propaganda del socialismo en el poder habla de sabotaje (algo que pocos creen). Casi todos recuerdan que alguna vez atribuyeron apagones a iguanas, que sus ineptitudes las atribuyen a boicots fantasmas. Alguien comentó que los verdaderos saboteadores fueron los millones que hace 20 años votaron por Chávez. Razón no le falta. Otro respondía que no, que los saboteadores eran los que los engañaron, con Chávez a la cabeza. No los engañados. Respondía una joven que creer que el socialismo funciona no es inocencia sino de estupidez. Alguien comentó que el socialismo no llegó con Maduro, ni Chávez. Que estaba aquí, en las empresas del estado, los privilegios y corruptelas de una economía cada vez menos productiva. El mal tiene al menos cinco décadas entre nosotros. Tiempos de inflación, devaluaciones y controles de cambios. De esperar todo del Estado. De mentiras de nuestros intelectuales. El mal se enseñaba en la escuela y la universidad. El chavismo es el totalitarismo surgido del fracaso de aquello entre gentes que no entendían las causas, pero sufrían las consecuencias.

Quienes así razonan no se han librado completamente del socialismo en sentido amplio. Pero algo han aprendido de la desgracia. Un colapso nacional del sistema eléctrico es un síntoma de lo que seguirá fallando en manos de ineptos empeñados en un imposible. Los socialistas se limitan a racionar lo que son incapaces de producir en las cantidades que la civilización exige. Alguien que recordó que hace una década trabajé con un par de grupos interdisciplinarios en estudios sobre la caída de la producción petrolera y el peligro de colapso del sistema eléctrico –se producía petróleo con aparente normalidad y no se habían hecho multimillonarios jóvenes “empresarios” y sus socios en el poder importando con estratosféricos sobreprecios lo que no funcionó– y me pregunta que puede haber pasado realmente.

No soy experto en la materia. Pero escucho a los expertos. Sobre termoeléctricas muy por debajo de su capacidad. Crecientes problemas de generación y distribución. Falta inversión y mantenimiento. De sustitución de la ciencia y la técnica por la consigna y el voluntarismo. Del eventual colapso, del que los irresponsables a cargo tardarían mucho más tiempo del técnicamente necesario en salir a medias.

Temían que cualquier evento difícil de manejar afectara una línea crítica, tras lo que lógicamente las plantas térmicas que medio funcionan se desconectarían automáticamente. Pasó, y las plantas de generación distribuida no funcionaron. O apenas algunas pequeñas que no apoyan al sistema sino exclusivamente a instalaciones críticas. Después se supo que empezó con un incendio de subestación una próxima a grandes hidroeléctricas. Tuvimos electricidad inestable y con picos finalizando el cuarto día de apagón. La falta de mantenimiento acumulado se evidenció al incendiarse una subestación local y varios transformadores. En mi rincón de Caracas, me temo seguiremos en la obscuridad –sea sin energía en absoluto, o con inestable racionamiento eléctrico– cuando usted lea esto con retraso. Luego, regresaremos a una normalidad que no es tal. Al racionamiento de cada vez menos.

El mal es el socialismo, que está haciendo colapsar la civilización en mi país. Una falla eléctrica catastrófica en una economía capitalista es posible. La diferencia con una socialista es la capacidad de recuperar rápidamente el sistema. Tiempo y capital. Viabilidad del propio sistema. Con gran retraso regresaremos a una normalidad que no es tal. El socialismo es un colapso lento, inevitable y cruel.

Guillermo Rodríguez González
@grgdesdevzla

jueves, 31 de enero de 2019

TRINO MÁRQUEZ, ¿CÓMO SE RESOLVERÁ LA CRISIS?


Estamos en presencia de la crisis institucional y política más grave desde abril de 2002. Llegamos a un punto de ruptura. La mayoría del país desea que el nudo se desate de forma pacífica, pero los factores del gobierno acaudillados por Diosdado Cabello buscan un desenlace violento. Debemos imaginar escenarios sólo a partir del cuadro actual.

El régimen intenta demostrar una fortaleza de la cual carece. El Psuv es un partido útil para intimidar y chantajear votantes en períodos electorales, pero sin arraigo popular.  Algunos de los miembros de la cúpula militar-civil que sostienen a Maduro tratan de convertirse en héroes. Intentan reeditar a los líderes de la revolución cubana cuando se produjo la invasión de Bahía de Cochinos. La diferencia reside en que los guerrilleros bajados de Sierra Maestra apenas tenían dos años gobernando. Carecían de recursos financieros para comprar lealtades. Apelar a la mística y al sacrificio era posible porque aún encarnaban una esperanza para numerosos cubanos y para la izquierda mundial. No habían tenido tiempo de destruir y esclavizar la isla, como lo hicieron poco después. Los rojos venezolanos pretenden recrear la historia 60 años después, pero sin ningún encanto. Perdieron desde hace años la admiración popular.

Existe un núcleo duro comandado por Cabello que, al parecer, prefiere salir a la fuerza, que los decapiten, antes que negociar lo único negociable para la nación: la salida de Nicolás Maduro, la formación de un gobierno provisional y la convocatoria en un plazo razonable de unas elecciones transparentes con supervisión internacional. Con ese sector extremista resulta imposible llegar a acuerdos. Consideran que no tienen escape. Este grupo militar-cívico bloquea cualquier opción basada en la restitución del orden constitucional roto por Maduro. Su fortaleza reside en la presión que ejerce la cúpula militar sobre lo que queda de la destartalada Fuerza Armada y en su alianza, hasta ahora indestructible, con la élite civil del Psuv. Allí se encuentran atrincherados Maduro, Padrino y Cabello. Reproducen el esquema de Noriega en Panamá. Creen que esa sociedad es suficiente para sobrevivir y retomar el control de la situación.

Los apoyos internacionales recibidos por el régimen muestran el talante autoritario de su postura. Sólo dictadores, tiranos y grupos terroristas lo han respaldado. Putin, Xi Jinping, Erdogán, Ortega, Díaz-Canel y Hezbollá son algunos de sus socios. Ninguno de ellos, desde luego, está dispuesto a asumir el costo financiero y militar de apoyar la pandilla venezolana. El respaldo militar de Putin es incierto. Venezuela queda demasiado lejos de Rusia. Esta no cuenta con una base logística en América Latina desde la cual elevar la eficacia del esa eventual ayuda. El costo económico de ese operativo resulta demasiado alto para esa economía tan maltrecha.

El apoyo internacional le sirve a Maduro para vociferar y torpedear una salida concertada. Afincado en ella y en control de los aparatos represivos, reprime. Viola los derechos humanos de los niños y adolescentes. Agrede. Comete excesos. Sanciona tímidamente a Juan Guaidó. Usa a los criminales del Faes y de los colectivos para masacrar y atemorizar. Pero no se afianza en el poder. Está rodeado por las fuerzas internas e internacionales que se desataron de forma súbita e inesperada.

La oposición vive su mejor momento desde 2002. Una nueva primavera. Se ha reconectado con la gente. La explosión popular del 23 de enero fue majestuosa. El optimismo se convirtió en un factor movilizador que se expresa a diario.  El respaldo internacional ha aumentando en cantidad y calidad. Gobiernos ambivalentes, como el de Pedro Sánchez, ahora llaman tirano a Maduro. La Internacional Socialista se deslindó de él. El único país importante de la región que no ha reconocido a Guaidó es México. López Obrador  resultó peor de lo que imaginábamos. La estrategia adoptada por la Asamblea Nacional está dando resultados. La comunidad internacional ha pasado del apoyo retórico a acciones concretas. Las sanciones  a Pdvsa son letales. Dejaron al régimen sin su músculo financiero. Esa fibra será trasladada al gobierno de Guaidó.

El nivel alcanzado por la oposición es muy alto, pero aún no logra producir la fractura de las Fuerzas Armadas que inicie una nueva fase. El gobierno no puede aplastar a la oposición. No puede entronizarse. La invasión militar, aunque aparece como opción en la mesa de Trump, nadie la quiere, empezando por los gringos. Maduro y su camarilla se hallan cada vez más acosados, aislados y débiles. El cuadro general favorece a la alternativa democrática. La caída del régimen luce posible y cercana.

Lo más importante consiste en combinar las jugadas políticas   -como el nombramiento de representantes en países y organismos internacionales y de la nueva junta directiva de Citgo- con la movilización de la gente. Los ciudadanos tienen que sentir que el cambio está ligado a su compromiso y presencia en la calle. Todo indica que el retorno a la democracia será pronto.

Trino Márquez Cegarra
@trinomarquezc.

martes, 29 de enero de 2019

NELSON CASTELLANO-HERNÁNDEZ, ¡LIBERTAD!


Al grito de ¡Libertad! el pueblo venezolano se ha volcado a la calle. Del centro al oriente, del norte al sur, del oriente al occidente, no ha quedado ciudad o pueblo, que no salió mayoritariamente a las calles para gritarle al títere cubano, que se vaya.

El ala militar corrupta anuncia que le causa risa la situación que vivimos. Hace ya tiempo que ríen del ciudadano venezolano, se han creído eternos; como si solo fuese necesario el poder de las armas, para mantenerse mandando.

Ciertamente el chavismo se ha destacado por burlarse de todo; ríe Chaderton con las balas que atraviesan la cabeza de los opositores, ríe Diodado de los EEUU. Ríen y bailan Cilia y Maduro, porque confían en que sus jefes cubanos no los abandonarán… deberían leer la historia del héroe cubano Ochoa, ejecutado en el altar de la revolución, para garantizar su permanencia.

Quizás deberían enterarse mejor, de como fue “el suicidio” de Allende. Que se necesitaba como mártir del proceso marxista cubano.

Solo que ahora la risa parece una mueca congelada en sus rostros; como en el de los hermanos Rodríguez, Iris, Aristóbulo o Tarek.

Le crispada expresión facial refleja la incertidumbre y el temor, ante la indignación, que se expresa contra ellos en el pavimento. Frente a la decidida respuesta nacional e internacional, que declara a Maduro usurpador y reconoce como legitimo Presidente de transición al líder opositor Juan Guaidó.

La paciencia llegó a su límite; el pueblo se cansó de que se rían y roben, de que mientan y destruyan, de que prometan y arruinen. Se cansó también el mundo, de presenciar violaciones de derechos humanos, de permanecer a la expectativa, mientras el proyecto bolivariano financia la desestabilización de los países vecinos, reprima le libertad y cercene la democracia.

Fueron muchas las propuestas de diálogo y negociación, fueron muchos los mediadores (honestos y deshonestos). Para terminar confirmando, que este régimen dictatorial solo buscaba tiempo, para reprimir, desmantelar las instituciones e imponer su régimen totalitario.

El tributo humano ha sido demasiado alto, delitos que claman al cielo. Venezuela está decidida, sabe que es ahora y ya no hay vuelta atrás.

Es también la última oportunidad para un sector de las Fuerzas Armadas, para demostrar que no están vendido al invasor castrista. Para cumplir su juramento de respetar la Constitución y la Soberanía y para nunca más, ser malditos por el Libertador Simón Bolívar… por haber volteado sus armas contra su pueblo.

El tiempo es corto, la indignación puede convertirse en ira y la ira en venganza. Cualquier error puede desbordar el vaso y terminar con la espera… es tiempo de hacer el equipaje y llevarse sus trapos rojos a cualquiera de sus países cómplices.

No hay mucho que escoger: Irán, Rusia, Turquía, Nicaragua, Bolivia, China o Corea del Norte. A menos que prefieran esos de pequeñísimo perfil chavista como México u Osetia del Sur.

La otra alternativa es el ejercicio de la violencia, que si el régimen la inicia obtendrá la respuesta inmediata de la comunidad internacional, que no aceptará que Venezuela se convierta en un “Gulag del Caribe”.

El régimen creía haber aplastado la sociedad venezolana; el pasado 23 de enero, en el país no hubo ciudad o pueblo que no pidiera libertad. Pero también el mundo, se vio sacudido por la inmensa masa de venezolanos en el exilio, que pidieron lo mismo al unísono.

Dentro del país ese día se venció la desesperanza y fuera de él al lobby internacional chavista, regado por años con petrodólares. Integrado por manipuladores y oportunistas, que sostienen la revolución cubana, los gobiernos bolivarianos de América Latina y los grupos radicales de izquierda; compartiendo los principios de la lucha armada y haciéndose voceros de “la justicia revolucionaria”.

Los recursos negados a hospitales y universidades venezolanas, sirvieron a ese coro de incondicionales con las revoluciones. Quienes aportaron las voces de la propaganda financiada, ediciones periodísticas, películas, foros y la “fête de la humanité” no son más que panfletarios y activistas aferrados al sueño revolucionario marxista, que temen perder lo único que les queda, su utopía comunista.

Hoy es el momento de la prudencia, que no es lo mismo que la inacción. La libertad implica responsabilidades, adhesiones, respeto, autenticidad, renuncias y compromisos; nos presenta diferentes opciones, frente a las cuales no tenemos más alternativa que responder.

De manera honesta, valiente y decidida; valorando percepciones y razonamientos. Separando y distinguiendo entre lógica y sentimientos, pulsiones y deseos, lo permitido de lo prohibido.

El líder está consciente, ejecuta los pasos sin errores. Identificado con valores y principios que le permiten acertar en su toma de decisiones.

Los marinos hablan de que tenemos viento en popa, a nuestro favor. Todo marcha bien según lo planificado.

Le toca representarnos y reivindicarnos, frente a un régimen aterrorizado por entregar; conocen la dimensión de los delitos cometidos. Toca negociar la salida más ventajosa a los intereses superiores del País, no debemos olvidar que, sea como sea, la libertad no escapa a la ley de la causa y del efecto.

Esa materia tan delicada debe ser bien sopesada; para lograr el acuerdo que permita el consenso nacional a la solución del conflicto, con el menor número de víctimas.

Eso que llamamos consenso, es algo en lo que todos no estamos de acuerdo totalmente, pero que reconocemos que es el mejor acuerdo posible dentro del desacuerdo. Necesario para brindarle al país la posibilidad de salir de esta pesadilla … de recuperar la Democracia y la Libertad.

Para que por fin nos encontremos, de nuevo juntos, en nuestra Patria. 

Nelson Castellano-Hernández
Ex Cónsul de Venezuela en París
nelsoncastellano@hotmail.com
@venezuelafutura

jueves, 17 de enero de 2019

TRINO MÁRQUEZ, EL 23 DE ENERO: A DESBORDAR VENEZUELA


El 23 de enero los venezolanos estamos obligados a demostrar ante los países, instituciones y personalidades del mundo que han sido solidarias con Venezuela a lo largo de todos estos años,  que el conflicto actual no se reduce al enfrentamiento entre Nicolás Maduro y su camarilla, con un reducido grupo de dirigentes opositores, sino que la lucha la libra una nación que se niega a seguir siendo arrasada  por la banda que asaltó el poder para usufructuarlo con morbosidad y enriquecerse de forma obscena. La marcha debe asumirse como un mensaje a la comunidad internacional, a los militares y a los venezolanos mismos, quienes cerramos 2018 y abrimos 2019 abatidos por el pesimismo.

            Juan Guaidó ha sido una grata sorpresa. Un cisne negro. Nadie esperaba que un joven de 35 años, de la generación de 2007, encarnase la esperanza de cambio democrático y se convirtiese en el líder  que el país estaba esperando, una vez  encarcelado Leopoldo, inhabilitados Capriles y María Corina, y escapados Ledezma y Borges. Guaidó representa  la posibilidad de volver en un plazo relativamente breve a la normalidad que ofrece el sistema democrático.

            El régimen creyó que podía, impunemente, seguir subestimando y arrollando a la oposición. Se imaginó que podía desconocer los acuerdos preliminares alcanzados con los representantes opositores en República Dominicana a finales de 2017. Que podía violar  todas las veces que le diese la gana la Ley del Sufragio y la Constitución, tal como ocurrió cuando abortaron el referendo revocatorio, convocaron de forma fraudulenta ese adefesio que es la constituyente y convocaron de manera apresurada las elecciones del 20 de mayo. Que podía dejar en el CNE a Tibisay Lucena y al resto de señoras que la acompañan. Creía que podía despreciar a la oposición, y especialmente a la Asamblea Nacional, sin que su arrogancia tuviese ningún costo para ellos. 

La soberbia resulta mala consejera. La comunidad internacional tomó debida nota de sus desplantes y abusos. Se convenció de que las elecciones de mayo no habían sido justas, equilibradas, ni transparentes. No habían sido democráticas. En ella se habían vulnerado  las cláusulas suscritas por el propio gobierno en diferentes acuerdos internacionales, entre ellos la Carta Democrática Interamericana. La insolencia del gobierno estuvo basada en su control total de todas las instituciones del Estado, a excepción de la Asamblea Nacional.

            El gobierno desestimó la fecha del 10 de enero. Maduro pensó que organizando un acto bufo en su bufete, el TSJ, podía cubrir las apariencias legales. La Constitución lo obligaba a juramentarse en la sede del Poder Legislativo. El disfrute morboso del poder muchas veces se paga. La desmesura de haber convocado las elecciones para el 20 de mayo, casi ocho meses antes de la toma de posesión, y de haber perpetrado todos los atropellos cometidos, los está pagando ahora. Se encuentra más aislado que nunca. Antiguos aliados, como Haití y República Dominicana, lo han abandonado. La presión de Estados Unidos, la Unión Europea y el Grupo de   Lima, aumenta. Hasta el discreto Japón descalificó el mandato de Maduro. Al paupérrimo desempeño al frente del gobierno, se  agrega la falta de legitimidad de origen. No fue electo en unas elecciones libres.

            En este ambiente de crisis institucional y, de paso, económica y social sin precedentes, surge Juan Guaidó, quien aparece como el alter ego del confundido y desprestigiado  Maduro. Al principio los jerarcas del régimen se burlaron de él. Dijeron que era un desconocido. Ahora lo consideran una seria amenaza. El joven ha conseguido el respaldo de gobiernos, instituciones y figuras mundiales. Se convirtió en un adversario formidable. Además, ha logrado cohesionar a  la oposición que se encontraba extraviada, dispersa y desmoralizada a fines de 2018.

            Guaidó tiene que cuidarse del régimen, acosado por todos los flancos. También tiene que protegerse de algunos factores opositores quienes consideran que la política no es un arte, sino un torneo de guerra, en donde no hay que demostrar habilidad, paciencia y mucho juicio, sino coraje y, sobre todo, hablar en un lenguaje exaltado en el que las palabras son ordenadas por el hígado, no por el cerebro. De esos grupos y personajes extremistas tiene que cuidarse. Pueden ser más letales que el régimen. En nombre de la valentía, la dignidad y todos esos valores  abstractos -y, fuera de contexto, fatuos- puede incurrir en errores garrafales. Si se ve obligado a asumir la Presidencia de la República porque las circunstancias lo determinan, tendrá que hacerlo ajustado a la Constitución. No debe apresurarse para satisfacer a la galería.

            Juan Guaidó y la AN cuentan con amplio apoyo internacional. El próximo 23 de enero los ciudadanos les darán su respaldo masivo y entusiasta. En este ambiente, los militares tendrán que decidir si se suman a la corriente democrática, o continúan siendo el único soporte real del usurpador.

Trino Márquez C.
@trinomarquezc

miércoles, 14 de noviembre de 2018

LEONARDO MORALES P., NEGOCIACIÓN POLÍTICA

La crisis venezolana no parece acercarse a su fin, por el contrario, se acentúa y sus efectos golpea severamente a la sociedad; la tragedia económica que se deriva de las erráticas políticas adoptadas por el gobierno de Maduro no anuncian cambios significativos de las circunstancias actuales. 

La hiperinflación sigue su camino y los especialistas estiman que entraremos en una fase mucha más severa y agresiva. Las perspectivas de recuperación económica son escasas e imposibilitan que el gobierno pueda atender los compromisos futuros. 

La devastación ambiental que en la actualidad se desarrolla en el Arco Minero no proveerá los recursos suficientes, además, la caída sistemática en la producción petrolera, que algunos estiman que para fin de año estará por debajo del millón de barriles diarios, configuran un panorama terrible para la nación. 

¿Caerá? Algunos ilusos y quiromantes anunciaron el fin de Maduro luego del 20 de mayo. La hiperinflación, esa que nos golpe diariamente, hora tras hora, haría el trabajo que la oposición no pudo hacer. Otros imaginaron al portaaviones USS George H. W. Bush entrando a aguas territoriales para poner orden. Nada de eso ha ocurrido ni ocurrirá. No hay sirenas en Macuto. 

Lo que sí ocurre es el aumento del costo de la vida; la reconversión de la moneda solo sirvió para enredar la existencia a la gente común y no tan común, no son pocos los comercios que sin mayor recato ofrecen sus servicios en divisas. Si no tiene dólares los euros son bien recibidos: Nada de yuanes, rupias ni rublos, mucho menos petros, cosa “cripto-algo”, cuya existencia produce hilaridad. 

Todo está dolarizado menos el salario. Nonadas opositoras Frente a esa realidad la oposición dedica su tiempo en nimiedades. Su último duelo lo libraron declarando persona non grata a Zapatero, cuya utilidad no tiene sentido analizar, a no ser que el gobierno de Pedro Sánchez se sienta ofendido por esa afrenta en contra del exjefe del gobierno español 

Pero la Comunidad Internacional ha hablado, ha enrumbado su curso. Ha sido clara. No habrá suspensión de las medidas que hasta ahora han tomado en Europa ni en Estados Unidos contra funcionarios del gobierno de Maduro. Las medidas tienen un objetivo: 

Borrell desde España señala su parecer: " la única vía que permitirá a Venezuela retornar a un escenario de respeto democrático es una solución democrática, pacífica y negociada entre los venezolanos.” 

Luego el representante de Francia, Romain Nadal, en la misma dirección del español afirma: “para que los actores tengan el coraje y la valentía de reunirse, hablar, respetarse y negociar una solución política…” 

Y luego, para rematar la faena, dejando claros mensajes al gobierno y a la oposición, la jefe de la diplomacia europea, Federica Mogherine afirma que: “no piensa “suavizar su posición” pese a estudiar la creación de un “grupo de contacto” para “facilitar” una solución política.” 

Los mensajes de diversos actores internacionales han sido nítidos y contundentes. No hay razones para descaminarse de la ruta, tantas e insistentemente señalada: una negociación política que coloque el cesto de la basura las posiciones existencialistas. 

Quienes entonan himnos de guerra, salivan de solo imaginar intervenciones militares y promueven la sustitución de una dictadura por otra, siempre desde tierras lejanas, se han quedado recibiendo trompetillas, apenas acompañado de un atolondrado Almagro. 

Los sectores democráticos de Venezuela tal como lo que describe y prescribe el buen sentido político, y que ahora lo exigen actores internacionales, deben establecer las formas y modos de una negociación política, y los aspectos sustanciales que deberían ser abordados en términos inmediatos.

Leonardo Morales
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP

Caracas - Venezuela

sábado, 30 de enero de 2016

JULIO PORTILLO, YA NO VIENEN, LAS HUELLAS DEL TIEMPO

El Zar de Rusia Pedro I, el Grande, recomendó a su país, antes de la revolución bolchevique, que su destino era unirse a Europa, donde estaba la civilización y el progreso y desprenderse de una serie de republiquetas que vivían parásitas de Rusia.

Cuando narraba esta historia a mis alumnos militares de geopolítica, más de uno, aun a riesgo de que el régimen autoritario chavista lo execrara, no aguantaban y decían: “eso es lo que nosotros tenemos que hacer con Nicaragua, Cuba, Argentina, Bolivia, Ecuador, Granada, que viven parasitas de Venezuela”.

El prepotente Presidente del Ecuador Rafael Correa, se dedica a llamar a la oposición venezolana golpista y en discursitos a sus compatriotas que Venezuela prácticamente no existía antes que Chávez llegara al poder. Que era un país pobre, hambriento, con el dinero de sus oligarcas invertido en mansiones en Miami.

A este caciquito hasta hace poco con la manía de relegirse hay que recordarle que en los cuarenta años de república civil que tuvo  Venezuela desde 1958 a 1998, hubo el mayor progreso y desarrollo de esta nación, donde la oposición ganó el poder varias veces, con una PDVSA modelo en el mundo, reservas internacionales cuantiosas, país sin emigraciones de sus nacionales,  supermercados llenos de comida, becarios en el exterior, militares en los cuarteles, separación de poderes, un bolívar verdaderamente fuerte.

Es notable que ya no vienen a Caracas, Evo Morales, Daniel Ortega, Raúl Castro, Rafael Correa, los ex Cristina Fernández, José Mújica, Manuel Zelaya, aduladores de todo pelambre, lisonjeros, pilletes, que colmaban a Chávez de toda clase de alabanzas, para arrancarle los dólares del petróleo que ahora no nos devuelven, ante la crisis, ni en caraotas, arroz, café, azúcar y otros productos de los cuales escasean los venezolanos. Era lo que el célebre periodista Pedro María Morantes, Pío Gil, llamaba los felicitadores. Apuntando que “Si no hubiera déspotas, no hubiera serviles”.

Nadie puede ocultar la crisis humanitaria y moral que atraviesa Venezuela. No hay alimentos, medicinas, buenos hospitales, escuelas excelentes y hasta se duda si las reservas internacionales en oro, están en las bóvedas del Banco Central de Venezuela y no se las han llevado para Cuba. Es la época donde un Presidente que debiera renunciar por incapaz, vale más que un letrado.

Julio Portillo
julioportillof@gmail.com
@julioportillof

Zulia – Venezuela