jueves, 14 de enero de 2021

LUIS A. RAPOZO, HACER OPOSICIÓN EN EL PARLAMENTO VENEZOLANO.

Más de doscientos setenta diputados apiñados en el hemiciclo. Tan pegados unos de otros, que parecía una sala de cine de pueblo, mal calculada para meter más gente. Deberían ponerse de acuerdo para respirar todos juntos y bajar el roce de los hombros. Naturalmente, algunos diputados podrían ser beneficiados con una femenina al lado, con menos contextura. Los gordos tendrán problemas; necesariamente deben adelgazar con urgencia, porque sencillamente no caben con holgura en el parlamento. Lo bueno, es que dormirse durante las plenarias, es una cosa muy incómoda y hasta penosa, esa de que un diputado termine roncando en el hombro del compañero inmediato.

I

Ese segundo día de sesiones, los nuevos diputados se estrenaban, allí estaban algunos diputados que venían de la constituyente y que no tenían experiencia  oratoria, ya que nunca habían tomado la palabra para decir algo; nunca habían hilado un pensamiento y expresarlo en una Constituyente que solo hablaban de cuatro a cinco diputados. Era como para mandarlos a las escuelita de formación de diputados. También estaban los diputados nuevos de la oposición, que parecían potros antes del rodeo; antes de saltar a la cancha, a lucirse con su bravura. Allí estaban también,  un grupo de diputados bravucones, mal formados civilmente y que son blancos útiles para armar cayapas, ser galería de los que quieren implantar un interés, son focas de circo que nunca faltan en cualquier jolgorio. ¿Cómo puede haber dialogo, en un encuentro tan complicado de entusiasmos y controlados no por la libertad de pensar, sino “por lo que yo quiero que se decida”? 

Definitivamente, en la nueva Asamblea Nacional, hay poquísimos diputados con calidad oratoria, que sepan exponer un tema; una denuncia con brillante manejo de la palabra y por el contrario, sobran diputados de rabal, que fácilmente pueden llegar a mentarle la madre a cualquiera, enseñarle el dedo medio de la mano como lo ha hecho la primera vicepresidenta en ese escenario, en otras oportunidades, que llaman “La fosforito”. Darle la oportunidad a la  fosforito a que dirija una plenaria, es apostar a que imponga su ley de odio y eche al suelo, cualquier logro de dialogo posible.

II

En ese escenario tan lindo, se encuentran los 20 diputados de oposición, que han recibido la palabra de Jorge Rodríguez, de conducir el dialogo, el respeto, la participación inteligente para buscarle soluciones a los distintos problemas que tiene el país como ante un barco que se hunde.

Entrar al hemiciclo con esa jauría de rojos, es una cosa desagradable.  Nada más ese inicio, requiere de una fortaleza enorme para encontrarse con una mayoría aplastante de diputados con mal aspecto, trato y comunicación. Recuerdo claramente la asamblea pasada del año 2005. La cosa era similar. Teníamos una representación baja de diputados: varios rostros de oposición vienen a mi mente como la diputada Medina del movimiento ecológico, a diputados de Carabobo, y otros que tuvieron cinco años de censura, maltrato, acoso, hostigamiento, burlas permanentes, etc. Al frente estaba la singular Cilia Flores con su actitud déspota de cortarle el micrófono a un diputado y gritarle que se callara. Una cosa vergonzosa, que no se desea en ningún parlamento del mundo.

III

El primer día de instalación del parlamento, los diputados andaban como en graduación de la escuela primaria. Auto-fotos para todos lados, que recogían el momento histórico, con diputados enfluxados y zapatos nuevos; Con diputadas recién salidas de peluquería, con sus tintes renovados, que resaltaban sus vestimentas coloridas como en una fiesta de quince años en El Yagual.

IV

No pasó mucho tiempo. En el segundo encuentro del parlamento, el diputado Luis Romero de Avanzada Progresista, pidió la palabra para abogar por los presos políticos. Como si fuera un sapo de charco, el Presidente de la Asamblea le bloqueó el camino y le pidió suspender su intervención, aduciendo que estaba en fuera de orden. Nos hizo recordar los mejores tiempos de la presidencia de Cilia Flores, que vulgarmente, mandaba a callar a los diputados y hasta le apagaba los micrófonos. Fue inevitable caer en un negativismo anunciado. Por una simple exposición callaron al diputado. Cuando vengan las discusiones de asuntos más coyunturales, no dudo que veremos aplastamientos inmisericordes y evidentemente, harán valer su superioridad numérica, que no se merecen y que no representan la realidad del país.

Luis Alfredo Rapozo

luisalfredorapozo@gmail.com

@luisrapozo

Venezuela

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