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martes, 18 de agosto de 2020

JESÚS ALEXIS GONZALEZ, ACUERDOS DE ABRAHAM VS RUTA DE LA SEDA, (CHINA VS EEUU, EN EL MEDIO ORIENTE)

El Medio Oriente (MO), ubicado en el Continente Asiático entre el Mar Mediterráneo y el Mar Índico, está integrado por un grupo de países y territorios ubicados en la región comprendida entre Eurasia y África: Baréin, Irán, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Catar, Arabia Saudita, Siria, Emiratos Árabes Unidos, y Yemen.

Sea pertinente acotar, que el MO no es propiamente una unidad sino que tiene distintos centros de poder conectados al mundo, que le confiere marcada influencia en la conformación de una política regional con gran poder de presión; más aún cuando es el centro del Reino Islámico (diferenciado del mundo musulmán). De igual modo, el Canal de Suez es una ruta importante de salida de los buques de guerra del Mediterráneo hacia el Océano Índico, mientras que el Estrecho de Ormuz es paso obligatorio de los buques de los países productores de petróleo del Golfo Pérsico, y por donde transitan millones de barriles diarios; en el entendido que el MO posee un aproximado del 60% de las reservas de petróleo mundial, y un 35% de las reservas de gas natural.

Vale recordar, que el denominado Conflicto del Medio Oriente se activó con la creación del Estado de Israel un 14 de mayo de 1948, lo cual motivó que 24 horas más tarde los ejércitos de Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak invadieran el naciente Estado, a la luz de un conflicto que había germinado un año antes cuando las Naciones Unidas acordó la partición de Palestina en dos Estados: uno Judío y uno Árabe. Se ha de tener presente, que a pesar que Israel esta localizado en el MO no es una nación de de él; y aún así su desenvolvimiento pasado, presente y futuro es de elevada importancia para la paz mundial y para la supervivencia de occidente con apenas 8,550 m2 de territorio.

Israel y los Emiratos Árabes Unidos, suscribieron este 13 de agosto 2020 un Acuerdo denominado Acuerdos de Abraham (con manifiesta oposición de Turquía e Iran), donde asumieron, entre otros compromisos,“la plena normalización de las relaciones” entre ambas naciones pro de la materialización de una vía para desbloquear el gran potencial de la región; lo cual en la practica constituyó el rompimiento de décadas de unidad árabe en torno a la causa palestina, al tiempo de significar el primer Estado árabe en reconocer a Israel y la tercera nación en mantener vínculos diplomáticos (junto a Egipto y Jordania) en un ámbito geográfico donde existen manifiestas tensiones geopolíticas entre tres poderosas naciones: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Israel.

Paradójicamente, la suscripción de los Acuerdos de Abraham coincide con el momento cuando China e Irán firman también un Acuerdo (lo venían discutiendo desde hace 5 años) por unos US$ 400 mil millones de inversiones en el área militar, así como en carreteras, trenes, ferrocarriles, modernización de la flota comercial marítima y de las telecomunicaciones, al igual que inversiones en el sector de petróleo y gas a cambio de obtener concesiones en dichos sectores, aunado a ser autorizado para tener presencia militar con el valor agregado que Irán proporcionará a China combustible por 25 años (en la actualidad experimenta un embargo por parte de EEUU). Adicionalmente acordaron que los cálculos se harán en la moneda de cada país eliminando el US$ como instrumento monetario para las transacciones; en lo que pudiéramos denominar como la Ruta de la Seda Irani visualizada como otra fase alcanzada por China en procura de asumir un liderazgo en un venidero Orden Económico Mundial.

En simultaneidad de acontecimientos mientras se firmaban los Acuerdos en comento, EEUU confiscó la carga de 4 tanqueros petroleros bajo el argumento que el combustible

era una fuente de influencia para la Guardia Revolucionaria iraní catalogada como una organización terrorista. Por su parte, este viernes 14 de agosto 2020 el Consejo de seguridad de Naciones Unidas no aprobó la propuesta estadounidense de extender el embargo de armas impuesto a Iran desde el año 2015 en razón al activo apoyo del régimen iraní al terrorismo; e igualmente se había solicitado no permitir el acceso de Irán a armas avanzadas, aviones de combate, helicópteros, tanques militares, sistemas de misiles, buques de guerra, etc. La propuesta de EEUU fue vetada por China (obviamente) y Rusia. Sea propicio destacar, que el embargo en comento que restringe a Irán la compra-venta de armamento expira el venidero 18 de octubre 2020, fecha que ahora facilitará el inicio de la Ruta de la Seda en Irán.

En fin, estamos presenciando la apertura de otro “campo de batalla” en la guerra sin armamentos entre China y EEUU; o lo que es lo mismo entre el globalismo y el nacionalismo económico.

Jesús Alexis González
jagp611@gmail.com
@jesusalexis_gon

P.D. Temas como el presente, serán abordados en una Conferencia Virtual que estamos preparando bajo el titulo: Una visión de la economía mundial mas allá del 2022

sábado, 25 de julio de 2020

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, LA RUTA DE LA SEDA, UNA DEPREDACIÓN CHINA

La Nueva Ruta de la Seda, presentada en 2013 por el partido comunista chino bajo la figura de grandes proyectos de infraestructuras en muchas partes del mundo (Europa, Asia, Pakistan, África, Sri Lanka, América Latina), que en la actualidad supera los US$ 450.000 millones, lo formularon haciendo semejanza con la antigua Ruta Comercial Marítima; a diferencia de ahora cuando su intención subyacente está vinculada con la pretensión de aumentar su influencia geopolítica y estratégica, al tiempo de aspirar cambiar a su favor el mapa de la economía mundial. En tal sentido, China no oculta su conducta “depredadora” equivalente al adjetivo utilizado para calificar al animal que se dedica a la caza de otras especies para obtener su alimento.

En efecto, bajo la excusa de contribuir a solventar las grandes deficiencias de infraestructuras presente en los “países socios” y que requieren de fuentes de financiamiento, China anunció en marzo 2018 la instrumentación del denominado Cinturón y Ruta de la Seda conjuntamente con la autorización de la emisión de bonos corporativos en su moneda, para atraer inversionistas que ofrezcan un financiamiento estable a largo plazo lo cual implícitamente está dirigido a empresas publicas chinas; ocasión cuando invitaron a América Latina y el Caribe a sumarse a su iniciativa asegurando que se trata de una “nueva plataforma para la cooperación mutuamente beneficiosa”, teniendo como objetivo primario desarrollar una franja de corredores terrestres entre países y de una ruta de navegación para uso comercial desde Asia hasta África, pasando por Europa Oriental.

En lo atinente a América Latina (con la visión puesta en Venezuela), el acuerdo se formalizó en un encuentro con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cuando acordaron que dichos países formarían parte de la “extensión natural” de la Ruta de la Seda Marítima integrado internacionalmente con el proyecto Cinturón y Ruta, incorporando contratos de empresas chinas por unos US$ 300.000 millones; en el entendido que no constituía un programa de subvenciones sino un programa de prestamos. Vale acotar, que antes de haberse suscrito la Ruta de la Seda en comento, ya algunos bancos públicos chinos habían concedido prestamos por unos US$ 150.000 millones en 12 años; al punto de convertirse en el “banquero de América Latina”, soportado en los denominados “memorandos de entendimiento”.

Sea pertinente destacar, que dichos prestamos directos y créditos comerciales, evolucionaron desde 0 en 1998 a mas de US$ 1,6 billones en 2018, provenientes especialmente de los superávits comerciales con EEUU; o lo que es lo mismo una cifra equivalente al 2% del PIB mundial canalizados en su mayoría a través de empresas o entidades financieras controladas por el Estado chino, lo cual les permitía restar importancia a la rentabilidad en favor de generar endeudamiento externo, habida cuenta tanto de su intención depredadora como de disponer desde el 2016 con la mayor reserva de divisas del mundo, en el orden de unos US$ 3,21 billones (millones de millones).

Los compromisos financieros de unos 6 países de Latinoamérica: Venezuela, Chile, Bolivia, Costa Rica, Cuba y Perú; mediante endeudamiento con entidades publicas chinas supera los US$ 133.000 millones de los cuales casi la mitad corresponde a Venezuela con unos US$ 67.200 millones, seguido de Brasil (US$ 28.900 mill), Ecuador (US$ 18.400 mill), Argentina (US$ 16.900 mill) y Bolivia (US$ 2.500 mill); un flujo de dinero

que forma parte de una estrategia de penetración china y de expandir su presencia en el comercio global, al igual que en las tecnologías, finanzas y materia militar, y en simultáneo asegurarse el suministro de recursos y materias primas a la luz de contratos firmados para la explotación conjunta de petróleo y minería en toda la región, además de incorporar nuevos mercados para sus propias mercancías en respuesta a las inversiones en infraestructuras en pro de mejorar las vías del Océano Pacifico para sus fines comerciales, al abaratar costos para las empresas chinas.

En lo especifico de Venezuela, China ha institucionalizado una modalidad de préstamos ligados a recursos naturales que, entre otros aspectos, facilita devolver una parte del crédito a través de la venta de petróleo lo cual es denominado “prestamos por petróleo” ; modalidad que obviamente le asegura tanto el suministro del vital recurso como garantizarse el pago del crédito en caso de crisis económica; siendo que en 2018 uno de los bancos públicos chinos destinó prestamos a Venezuela por unos US$ 5.000 millones para desarrollos en el sector petrolero, en el entendido que tal operación incluía la obligación de comprar materiales a empresas chinas (satélites, maquinaria, equipos de telecomunicaciones, etc); y de igual modo obras de infraestructura a ser ejecutadas por entes chinos (carreteras, túneles, y un largo etcétera).

A tenor de lo señalado emana, por manifiesta obviedad, cual es el “interés” de China por Venezuela cuyo inicio se remonta a los años 2000 cuando en el país existía abundante petróleo (y China lo necesitaba), en un escenario que impulsó una relación basada en “acuerdos de financiación por petróleo” que tomó vigor a partir del 2007 al punto que en 11 años China prestó los ya mencionados US$ 67.000 millones (se estima que Venezuela debe unos US$ 20.000), situación que induce una preocupación permanente de china en cuanto a un potencial cambio de gobierno y las consecuencias que ello tendría sobre el reconocimiento de tal magnitud adeudada (a lo cual debe sumarse otros US$ 5.000 millones recientemente concedidos para ser destinados a “mejorar la producción de petróleo”). En fin, resulta una perogrullada señalar que la “terca defensa china” hacia Venezuela se fundamenta solo en proteger sus activos y “vigilar” el cobro de la deuda, o lo que es lo mismo no constituye un apoyo político más aún cuando la economía de America Latina se estima caerá en 2020 un -9,1% ; aunado a que Venezuela en los 2 últimos años ha experimentado un decrecimiento de su PIB por un -15%, su producción petrolera retrocedió a niveles del año 1934, en un escenario que el costo de la canasta alimentaria se situó para mayo 2020 en más de 41 millones de bolívares que con el salario mensual (unos US$ 5)apenas se puede cubrir un 0,0012%.

PD:Temas de este enfoque, estarán integrados en una Conferencia Virtual que estamos diseñando bajo el titulo: Una visión de la economía mundial mas allá del 2021.

Jesús Alexis González 
jagp611@gmail.com
@jesusalexis_gon  

martes, 24 de septiembre de 2019

BEATRIZ DE MAJO: EL MODELO DE PENETRACIÓN CHINA

China se ha estado convirtiendo en un actor financiero mundial importante con un especial énfasis en aquellos países que tienen limitado acceso a los mercados internacionales. Una importante concentración de ellos se encuentra en América Latina donde la tónica histórica ha sido su dependencia de los Estados Unidos para el comercio y para la captura de capitales de riesgo y de financiamiento a la inversión. 

Pekín había anunciado, antes de la formulación de su Estrategia de la Ruta de la Seda  que para el año 2025 sus inversiones en el subcontinente deberían haber sobrepasado los 250.000 millones de dólares. Pero la agresividad china en este terreno llevaba ya bastantes lunas en aplicación para 2013, cuando Xi dio a conocer su magno plan de expansión. De hecho solo en los últimos  12 años sus bancos habían invertido en el financiamiento de proyectos latinoamericanos montos superiores a los US$ 200.000 millones.  Llegar a alcanzar 250.000 en solo 6 años es cosa de cantar y coser. La realidad es que un indudable protagonismo chino se ha evidenciado en los años en que Estados Unidos y Europa venían de regreso en la región.   

Favorece este propósito estratégico chino su presencia ya alcanzada en las relaciones comerciales con América Latina. No es un secreto que ella es la segunda fuente de las importaciones regionales  detrás de Estados Unidos y la tercera en destino de sus exportaciones , luego de Estados Unidos y la Unión Europea. Solo que la política de concentrarse en alcanzar una presencia influyente solo en aquellos países susceptibles de ser buenos compradores de manufacturas y exportadores de bienes poco procesados o materias primas no contribuye a construir una relación sólida.      

En naciones que se encuentran en un proceso de consolidación de sus economías, las inversiones directas o los préstamos -no así un comercio creciente pero inestable y con términos de intercambio desequilibrados- es lo que fragua solidaridad e influencia.  

Dos tercios de lo que China importa de nuestras tierras son productos básicos o materias primas. La capacidad importadora del gigante asiático será siempre creciente aun cuando su economía acuse una desaceleración como es el caso actual. Lo que no se da de manera inercial o espontánea es el mejoramiento de la productividad en países en proceso de desarrollo, lo que resulta ser el factor determinante del incremento de su capacidad exportadora.  

¿Entonces qué es lo que en fondo buscan en Pekín con ese modelo nuevo de penetración? Puede que haya un trasfondo político que extraiga satisfacción de ganarles espacios a los gringos. En verdad lo que buscan es asegurarles oportunidades a las firmas chinas de infraestructura, que son muy numerosas, a la vez que incursionar en la producción de soya, petróleo y cobre para asegurarse su suministro. Esto segundo se puede alcanzar también por la vía de la importación, pero se logra un mayor beneficio siendo inversionista principal y financista de proyectos en esas vitales áreas.  

Es así como de un tiempo a esta parte las inversiones directas fueron dirigiéndose de los sectores extractivos a los de servicios: transporte, electricidad,  información y comunicación y energías alternativas. Solo en estas áreas para fin de 2018 la inversión directa superaba los US$ 200.000 millones. 

El juego de esta presencia silenciosa continúa y está reforzada por el financiamiento a empresas locales, gobiernos regionales. El futuro pinta igual o mejor para los amigos de Asia.  

Los socios chinos ya tienen para este momento 16 países de Latinoamérica y del Caribe jugando el juego de menos comercio y más inversiones incrementales a través de su adhesión a la Ruta de la Seda.     

Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1

miércoles, 7 de agosto de 2019

BEATRIZ DE MAJO: DUQUE EN CHINA UNA PRIMERA PIEDRA,

La parte más destacada de la visita de Iván Duque a Pekín no fue la corona de flores que el Presidente colombiano llevó al mausoleo de Mao Tse-Tung durante su permanencia en ese país, tal como algunos articulistas en Colombia han comentado con el fin de descalificar al Jefe del Estado. Ello es apenas un gesto protocolar usual en visitas oficiales. Todas empiezan o terminan por un acto simbólico de reconocimiento- que no de apoyo ni de simpatía- a la historia del país que se visita. 

Duque no dijo palabra que represente una loa a la figura de Mao, ni a los logros de la Revolución, lo que sin duda habría sido un enorme despropósito de negativa trascendencia.

La visita de Duque a la segunda potencia mundial tiene una destaca relevancia, aun cuando las visiones de ambos mandatarios no sean coincidentes en temas de política ni de manejo del Estado. La diplomacia moderna ha instaurado modos de interacción eficientes entre países que no comparten principios coincidentes en lo atinente a la conducción de su política interna.

El crecimiento del comercio bilateral, la cooperación en materia de manejo de puertos,transporte, el estrechamiento de las relaciones en materia tecnológica y los acuerdos en materia de inversiones de nacionales chinos en Colombia fueron los ejes de las reuniones oficiales que tuvieron lugar. Son estos sectores los que aportarán un valor agregado en lo económico y en lo estratégico a Colombia, en la medida en el vecino país le dedique un importante esfuerzo a materializarlo.

Es Colombia quien tiene mucho que ganar en el desarrollo de relaciones comerciales estrechas y de estructura diferente a la actual con el gran gigante de Asia y segunda potencia económica mundial. Así lo han entendido otros países ribereños del pacífico, como Chile, otro gran adalid de la democracia, quien está extrayendo un ingente provecho de sus crecientes intercambios con China, del financiamiento de proyectos internos y de la cooperación en el terreno de la tecnología. 43.000 millones de dólares en comercio bilateral entre los dos países, en el año pasado, dan cuenta de ello. De ellos 25.300 son exportaciones chilenas. Colombia apenas colocó en China en 2018 unos 4.000 millones de dólares, de los que un 98% fueron commodities.

Lo que tiene sentido es percatarse de que una relanzada relación de Colombia con China podría redundar en el despegue definitivo de uno de los proyectos más retrasados y a la vez más determinantes para el fortalecimiento de su economía que es el de la habilitación de la costa pacífica colombiana para el comercio internacional.

La nueva ruta de la Seda, proyecto bandera de Xi Jinping, encaja con los planes de infraestructura del presidente Duque en materia de vialidad, transporte y puertos, al igual que con su política de industrialización nacional y de posicionamiento creciente en los intercambios mundiales. Si bien es cierto que China apunta a una influencia creciente en el mercado latinoamericano que cuenta con 600 millones de consumidores para sus productos, no es menos cierto que Colombia necesita, con desespero, echar mano de recursos internacionales para poder impulsar su propia economía. Atraer capitales foráneos orientados a incrementar el componente nacional de las exportaciones colombianas destinadas a Asia es una de las vías a ser exploradas y explotadas a raíz de este encuentro. Los flujos de inversiones chinas en Colombia en los últimos 5 años apenas participaron en 0,2% del total. El espacio para el crecimiento es grande.

Así que aún es temprano para cuantificar los beneficios que Colombia puede extraer de un relanzamiento de sus relaciones con China. Darse a la tarea de criticarlos con fines políticos en esta etapa, es realmente mezquino.

Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1

miércoles, 1 de mayo de 2019

BEATRIZ DE MAJO, LATINOAMÉRICA, FOCO DE LA RUTA DE LA SEDA. (I)

Hace dos mil años cuando la seda era el producto estrella de los mercados, la ruta de los buques que la transportaban, fue un espacio de acción comercial que conectaba a China, el único productor, con Mongolia, el subcontinente indio, Persia, Arabia, Siria, Turquía, Europa y África. La Nueva Ruta de la Seda, el proyecto emblemático del gobierno de Xi Jinping formulado en el 2013, y el que labrará su nombre en la historia de las relaciones externas de China, es, en la realidad, un gigantesco fondo de recursos financieros para ser invertido en obras de infraestructura en el mundo entero. 

Como una inmensa telaraña, la nueva ruta tiene un espectro de acción bastante más amplio y tiene como propósito final conectar eficientemente al país asiático con Europa, Medio Oriente, África y América Latina con la finalidad de generar, a través de la interacción entre los países, una inmensa y poderosa área de influencia china en prácticamente todo el globo terráqueo. 

En nuestra área geográfica latinoamericana la tentacularidad china se inició bastante antes de la formulación de este proyecto y revestía, antes del 2013, la forma de un creciente y masivo comercio de exportación con algunos de nuestros países al igual que adquiría la forma de importantes inversiones bilaterales en proyectos de interés común con el país receptor. 150.000 millones de dólares en poco más de una década. 

El entramado de relaciones que se ha creado entre China y países del entorno geográfico nuestro, como Perú, Ecuador, Argentina, Chile. Uruguay, Bolivia, Costa Rica, Cuba y Venezuela no es deleznable y lo propio es considerar que el país asiático ha estado construyendo esta área de influencia estratégica y geopolítica de gran envergadura de manera planificada. Lo novedoso del asunto es que, en el presente, ya el gobierno chino admite de manera explícita su interés y su intención de estrechar sus lazos con áreas pujantes como las que existen en todo el Continente nuestro y hasta anuncia los montos que pudiera estar interesado en destinar a este propósito. Para esta hora son ya 115, según el gobierno de Pekin los países que han manifestado su respaldo a la iniciativa.  

Pero mientras a cada día que pasa las naciones del mundo encuentran más ventajas en aliarse a China para conseguir un beneficio financiero, la crítica norteamericana se vuelve más ácida en torno a ella. El Presidente Trump parecería haber instruido a sus más connotados representantes y voceros para torpedear lo que se considera una abierta incursión en lo que, hasta nuestros días, ha sido un área estratégica de influencia de Norteamérica.  

No cabe duda de que el financiamiento de proyectos como puentes, ferrocarriles, carreteras, aeropuertos y otras obras de infraestructura comporta un beneficio para los aportantes de fondos y sería necio creer que se trata de iniciativas filantrópicas.  La meta no es solo la de expandir el comercio sino de generar un repago beneficioso para el prestamista. Nada más justo. Tampoco es equivocado aspirar a compartir liderazgos con otras potencias.  

Estados Unidos, sin embargo, no termina de digerir que el mandatario chino, Xi Jinping, haya verbalizado un nuevo llamado el sábado pasado para que más países se unan al vasto proyecto de infraestructuras de Pekin. Pareciera que un nuevo choque de trenes esta por producirse en un horizonte temporal cercano.  

Mike Pompeo acaba de calificar estos flujos de dinero para las naciones al sur del Rio Grande como “prestamos corrosivos”. 

Beatriz de Majo 
@beatrizdemajo1