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martes, 17 de septiembre de 2019

OMAR ÁVILA: VENEZUELA DEMANDA UNIÓN

Venezuela vive momentos de mucha incertidumbre. Esa incertidumbre nace de la ausencia de políticas claras para conducir al país por la senda del desarrollo. ¿Cómo entendemos desarrollo en términos de nuestro pueblo? 

Primero que todo, queremos un ciudadano que gracias a su esfuerzo, a su trabajo, a su emprendimiento y a su compromiso consigo mismo y con su familia sea capaz de obtener ingresos suficientes para mantener una calidad de vida con buena alimentación, acceso a servicios de salud excelentes y posibilidad de disfrutar de momentos de recreación. 

A ese ciudadano se le facilita alcanzar esos niveles de calidad de vida cuando el Estado se centra en aspectos fundamentales: Promover la inversión de los privados, tanto nacionales como extranjeros, en la producción de todo aquello que necesita nuestra población.  

Dedicar buena parte de los recursos del estado al desarrollo de un excelente sistema educativo, un óptimo sistema de salud, seguridad ciudadana y el fomento de una infraestructura de comunicaciones, carreteras, electricidad y agua que lleven a una calidad de vida a nivel de los países desarrollados. 

Promover mecanismos que permitan una óptima explotación de nuestros recursos naturales para que los recursos producidos ayuden a darle piso a nuestro desarrollo. 

Por ello, proponemos la realización de un Congreso Nacional de la Sociedad Democrática, el mismo pudiera estar integrado por la directiva de la Asamblea Nacional, los representantes de las Universidades, de los partidos políticos, de los gremios profesionales y empresariales de carácter nacional, las federaciones sindicales nacionales, las ONG´s de mayor representatividad y lucha en favor de los derechos humanos, los gobernadores y alcaldes que desean el cambio en Venezuela. 

Que de este congreso salga designado un equipo estratégico y ejecutivo que sea la voz autorizada de la sociedad democrática, que pueda ser la instancia legítima para entablar los procesos de conversaciones y acciones políticas de cara a las nuevas realidades políticas por venir. 

Que se establezcan las bases tácticas para una acción política verdadera en la búsqueda de soluciones al conflicto venezolano y sea un vocero calificado para establecer contacto con los países en disputa sobre el control sobre Venezuela. 

Por ahora corresponde al presidente Juan Guaidó impulsar ese llamado, tal cual se lo hemos venido planteando, en lo que desde Unidad Visión Venezuela hemos denominado Encuentro Nacional de la Oposición. 

Para que finalmente se pueda establecer la unión nacional para enfrentar la crisis venezolana, dando respuestas a un pueblo atormentado con tanta diatriba y subsumido en los grandes padecimientos nacionales.  

Omar A. Ávila H.
dip.omaravila@gmail.com
@OmarAvilaVzla

miércoles, 7 de agosto de 2019

BEATRIZ DE MAJO: DUQUE EN CHINA UNA PRIMERA PIEDRA,

La parte más destacada de la visita de Iván Duque a Pekín no fue la corona de flores que el Presidente colombiano llevó al mausoleo de Mao Tse-Tung durante su permanencia en ese país, tal como algunos articulistas en Colombia han comentado con el fin de descalificar al Jefe del Estado. Ello es apenas un gesto protocolar usual en visitas oficiales. Todas empiezan o terminan por un acto simbólico de reconocimiento- que no de apoyo ni de simpatía- a la historia del país que se visita. 

Duque no dijo palabra que represente una loa a la figura de Mao, ni a los logros de la Revolución, lo que sin duda habría sido un enorme despropósito de negativa trascendencia.

La visita de Duque a la segunda potencia mundial tiene una destaca relevancia, aun cuando las visiones de ambos mandatarios no sean coincidentes en temas de política ni de manejo del Estado. La diplomacia moderna ha instaurado modos de interacción eficientes entre países que no comparten principios coincidentes en lo atinente a la conducción de su política interna.

El crecimiento del comercio bilateral, la cooperación en materia de manejo de puertos,transporte, el estrechamiento de las relaciones en materia tecnológica y los acuerdos en materia de inversiones de nacionales chinos en Colombia fueron los ejes de las reuniones oficiales que tuvieron lugar. Son estos sectores los que aportarán un valor agregado en lo económico y en lo estratégico a Colombia, en la medida en el vecino país le dedique un importante esfuerzo a materializarlo.

Es Colombia quien tiene mucho que ganar en el desarrollo de relaciones comerciales estrechas y de estructura diferente a la actual con el gran gigante de Asia y segunda potencia económica mundial. Así lo han entendido otros países ribereños del pacífico, como Chile, otro gran adalid de la democracia, quien está extrayendo un ingente provecho de sus crecientes intercambios con China, del financiamiento de proyectos internos y de la cooperación en el terreno de la tecnología. 43.000 millones de dólares en comercio bilateral entre los dos países, en el año pasado, dan cuenta de ello. De ellos 25.300 son exportaciones chilenas. Colombia apenas colocó en China en 2018 unos 4.000 millones de dólares, de los que un 98% fueron commodities.

Lo que tiene sentido es percatarse de que una relanzada relación de Colombia con China podría redundar en el despegue definitivo de uno de los proyectos más retrasados y a la vez más determinantes para el fortalecimiento de su economía que es el de la habilitación de la costa pacífica colombiana para el comercio internacional.

La nueva ruta de la Seda, proyecto bandera de Xi Jinping, encaja con los planes de infraestructura del presidente Duque en materia de vialidad, transporte y puertos, al igual que con su política de industrialización nacional y de posicionamiento creciente en los intercambios mundiales. Si bien es cierto que China apunta a una influencia creciente en el mercado latinoamericano que cuenta con 600 millones de consumidores para sus productos, no es menos cierto que Colombia necesita, con desespero, echar mano de recursos internacionales para poder impulsar su propia economía. Atraer capitales foráneos orientados a incrementar el componente nacional de las exportaciones colombianas destinadas a Asia es una de las vías a ser exploradas y explotadas a raíz de este encuentro. Los flujos de inversiones chinas en Colombia en los últimos 5 años apenas participaron en 0,2% del total. El espacio para el crecimiento es grande.

Así que aún es temprano para cuantificar los beneficios que Colombia puede extraer de un relanzamiento de sus relaciones con China. Darse a la tarea de criticarlos con fines políticos en esta etapa, es realmente mezquino.

Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1