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viernes, 21 de febrero de 2020

NOEL ÁLVAREZ: LA PLANTA DE BARTOLO

La literatura es un hecho cultural que no ha sido ajeno a ningún tiempo en la historia de la humanidad. Por ser un tópico fascinante, me he sentido atraído por ella desde que la descubrí, llevado por la sabia conducción de mi maestro de 5to y 6to grado: Luis Alirio Arriaga. Los estímulos positivos que me suministraba mi tutor, me ayudaron a desarrollar el hábito de la lectoescritura, desde temprana edad. Esas inquietudes serían reforzadas en mi hogar paterno, allá en el lar trujillano.

La literatura trabaja desde la ilusión y la metáfora. Los tiempos, en los que las palabras están prohibidas por los autócratas, son lugares propicios para la búsqueda de intersticios, de espacios de resistencia desde donde poder expresar las opiniones vetadas por los ejecutores del terror. El campo de la Literatura Infantil y Juvenil, siempre ha estado muy permeado por el adoctrinamiento para la construcción de la personalidad del individuo. Esto es tan cierto que, cuando un padre elige un libro para su hijo, quiere que este le sea útil, que le enseñe a cuidar la naturaleza, a portarse bien, entre otras cosas. Sin embargo, la literatura como todo arte lo que hace es invitar al sujeto a jugar, lo lleva a preguntarse sobre sí mismo y no necesariamente tiene un fin moralizador o ejemplificador.

En días recientes, la generosidad de unos vecinos de parroquia, quienes me regalaron un estridente y variado repertorio musical, hasta las cuatro de la madrugada, la ausencia de sueño provocada y hábilmente dirigida por los secuaces del régimen, me permitió encontrar un espacio de reflexión y lo enfoqué sobre el afán que muestran los dictadores para sacar de circulación algunos textos de literatura infantil como es el caso de La planta de Bartolo, un cuento que pertenece al género literario narrativo, que forma parte del libro la “Torre de Cubos” de la escritora argentina Laura Devetach. Este folleto se editó por primera vez en 1966 y fue prohibido durante la dictadura militar entre los años 1976 y 1983.

No es fortuito el hecho que, el tema de los vetos literarios venga a mi memoria, cuando está próximo a cumplirse un aniversario más del golpe de Estado que dio al traste con la democracia argentina y cuando en otras latitudes se replican los gérmenes que parieron dictaduras, las cuales dinamitaron los senderos democráticos a través de la persecución, cárcel, destierro o muerte de quienes se opusieron a sus autocráticas derivas.

La planta de Bartolo, refleja toda la riqueza poética de la autora, nutriendo el relato fantástico con hechos y vivencias reales, permitiendo a los niños entablar una relación entre el mundo real y el imaginario. En esta fábula se refleja el mensaje de solidaridad, dignidad, amistad y la acción colectiva, incentivando a los niños a la libertad, la utopía y a la lucha por un mundo mejor.

El cuento dice que un niño gaucho llamado Bartolo plantó un cuaderno en la tierra y al tiempo creció una planta que daba cuadernos. Esos que les gustan a los muchachos en edad escolar. Eran hermosísimos. De tapas duras con muchas hojas muy blancas que invitaban a hacer sumas, restas y dibujitos. El jovencito salió a la calle con las libretas para regalarlas a los niños que no podían comprarlas. Pero el vendedor de cuadernos, personaje antagónico, que representa a los líderes militares controladores del poder, se opuso a la libre circulación de las libretas.

El vendedor de cuadernos, intentó persuadir a Bartolo con todo tipo de maravillas, dulces y juguetes para que le vendiera su planta, pero el niño no cedió porque su deseo era que todos pudieran aprender, escribir y dibujar sin límites. Es un libro plagado de personajes impredecibles que sortean situaciones de manera creativa, asegurando giros inesperados y mucha aventura. Este y otros libros fueron prohibidos por la dictadura, según ellos, por su ‘exceso de fantasía’ hecho considerado peligroso porque llevaba la mente a pensar otro orden del mundo. Según la dictadura estos libros atentaban contra la moral, pero, pese a la prohibición, los textos siguieron circulando de mano en mano, entre las maestras.

Próximo a cumplirse 44 años del golpe que instauró la persecución y el Terrorismo de Estado en la etapa más oscura de Argentina, relatos censurados como La planta de Bartolo” se vuelven imprescindibles y pueden servir como puertas de entrada para trabajar en las escuelas, en los barrios, en las familias, en las comunidades. Lo cual permitirá construir una sociedad que, sobre la base de la memoria, la verdad y la justicia, no vuelva a repetir sus etapas más oscuras.

Noel Álvarez 
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv 
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

miércoles, 17 de julio de 2019

NOEL ÁLVAREZ: DICTADOR PARAGUAYO ORDENÓ LA MUERTE DE FIDEL CASTRO

“En nuestro país reina una democracia de fachada porque vivimos al margen de la ley. Las autoridades no respetan la Constitución, ni las leyes. Tenemos un Estado incapaz de garantizar la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, la seguridad de sus habitantes y un salario justo”. Esto lo expresó el profesor paraguayo, Martín Almada, quien fuera acusado de terrorista, preso y torturado, durante 3 años, por el régimen dictatorial de Alfredo Stroessner.

Almada promovió la creación de una cooperativa de vivienda bajo el nombre de: Villa del Maestro, pero para Stroessner el cooperativismo era sinónimo de comunismo. La cooperativa logró el apoyo de algunos artistas argentinos quienes ofrecían festivales. A través de esta ayuda lograron la proyección, en Paraguay, de la película: “El Profe” de Cantinflas. El filme gustó tanto que decidieron enviarle una carta de felicitación al mexicano.

Tres meses después, por intermedio de la embajada de México, recibieron la noticia de que Cantinflas vendría al Paraguay a ofrecer un festival a beneficio de los maestros. El ministro de Educación de entonces, Raúl Peña, convocó a Martín Almada de urgencia a su despacho para comunicarle que el gobierno paraguayo, jamás permitiría que Cantinflas pisara esa tierra, porque era comunista. Además, el ministro advirtió a Almada que dejara de practicar la democracia en el aula y le prohibió continuar la divulgación del libro de Paulo Freire: La Pedagogía del oprimido.

El anticomunismo del dictador paraguayo Alfredo Stroessner quien gobernó Paraguay entre 1954 y 1989, se tradujo en una feroz represión contra sus opositores, fueran o no comunistas. Esta situación llegaba hasta un grado esperpéntico, como lo fue la orden de sacrificar un toro, por el nombre que le habían puesto. Este hecho lo narra Martin Almada en sus "Retazos de mi testimonio carcelario", un proyecto de libro que recoge sus vivencias en la cárcel, entre 1974 y 1977. Cuenta que le tocó asistir al interrogatorio de un campesino de apellido González, propietario de un toro al cual había nombrado "Fidel Castro". Era un semental bovino reconocido por sus dotes reproductivas.

Relata el maestro paraguayo que a partir de entonces se ordenó la ejecución del "subversivo animal" y la detención del campesino. Debía rendir declaración del porqué del nombre del toro. También para que admitiera su simpatía con Castro, cuyo nombre era anatema en el Paraguay de Stroessner. En ese interrogatorio, en la "sala de tormento" del Departamento de Investigaciones, en Asunción, dos policías golpearon al campesino mientras que este aseguraba que ni siquiera sabía quién era Fidel Castro. Según el campesino, había puesto el nombre al toro por sugerencia de un amigo, quien le dijo que el animal se comportaría como el dictador cubano, en materia de fecundación. Almada fue testigo de ese interrogatorio, mientras esperaba ser interpelado en la misma sala.

Los testimonios de Almada reflejan la catadura moral y cultural de una dictadura que "presumía de ser el país de la democracia sin comunismo" y también la de algunos de sus protagonistas como Pastor Coronel a quien define como un monstruo. “Era un nazi fascista. Me hizo comer excremento y tomar orina durante los interrogatorios. Es responsable de la tortura y muerte de mi esposa”. Señala Almada.

En documentos descubiertos por Almada en 1992, en una dependencia policial de Asunción, queda expuesto el virulento anticomunismo de Stroessner. A decir de los organismos de derechos humanos de Paraguay, Coronel sistematizó los procedimientos de tortura y terror político de la dictadura. Por sus manos y métodos pasaron miles de paraguayos, muchos de los cuales jamás volvieron a ser vistos. Así mismo este torturador había bautizado a sus prácticas como: "constitución nacional". A los cables trenzados terminados en bolas metálicas y al agua fétida con excrementos y orina, en la que los presos eran sumergidos hasta que perdían el conocimiento, el verdugo los calificó como “derechos humanos”. Además, llamó "democracia" a toda clase de cachiporras.

Durante el régimen dictatorial de Stroessner se persiguió inmisericordemente a los adversarios ideológicos: "Stroessner era el líder espiritual del anticomunismo y su Gobierno fue el de la paz y progreso. Era el país de las maravillas” dijo un dirigente del Partido Colorado, organización que apoyaba al dictador. Este relato nos demuestra que los dictadores siguen siendo tan sanguinarios como siempre y que los métodos de torturas se siguen aplicando, a pesar del avance de los pueblos en materia de derechos humanos. Los procedimientos sanguinarios de tortura siguen siendo los mismos, solo han variado los actores.

Noel Álvarez
@alvareznv 
Noelalvarez10@gmail.com
Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

domingo, 16 de junio de 2019

MOISÉS NAÍM: ¿QUÉ TIENE MÁS IMPACTO, LAS ELECCIONES O LAS PROTESTAS?

La mayoría de movilizaciones logra concesiones menores o fracasa. Pero algunas provocan cambios importantes

¿Qué tienen en común Corea del Norte y Cuba? La respuesta obvia es que ambas son dictaduras. La menos obvia es que, este año, ambos países han celebrado consultas electorales. En Corea del Norte, el Gobierno informó de que el 12 de marzo el 99,99% de los ciudadanos votaron y que el 100% de los votos fue para los 687 diputados que fueron postulados por el régimen. No había otros. Semanas antes, los cubanos también se habían expresado a través de un referendo en el cual se les preguntó si aprobaban una nueva Constitución. El 91% de los votos fue a favor.

Esta propensión de las dictaduras a llevar a cabo elecciones fraudulentas es muy curiosa. Se basa en la suposición de que una elección, aunque sea solo teatro, puede compensar en algo la ilegitimidad de un Gobierno autocrático. De hecho, ahora hay más eventos electorales que nunca antes, en democracias y en dictaduras. Este año, 33 países tendrán comicios presidenciales y 76 naciones, elecciones parlamentarias. Pero hay otra forma de expresión política que está mucho más de moda que las elecciones: las protestas callejeras. Además de las marchas, los bloqueos a la circulación de vehículos se han convertido en un frecuente instrumento de expresión política.

Tan solo la semana pasada hubo masivas protestas populares en varios países. En Moscú, por ejemplo, la policía detuvo a más de 400 manifestantes que protestaban contra las autoridades que arrestaron a Ivan Golunov, un periodista que investiga la corrupción en el Kremlin. La policía lo acusó de tenencia y tráfico de drogas, cargos que periodistas y políticos denunciaron como espurios. Al mismo tiempo, en Hong Kong, más de un millón de personas tomaron las calles para protestar contra una ley de extradición que facilita la represión de Pekín en este territorio. Gracias a las protestas, Golunov ha sido liberado y en Hong Kong la ley de amnistía fue retirada.

En Sudán también hubo protestas. El Gobierno las reprimió brutalmente y murieron más de cien manifestantes. Desde diciembre, los sudaneses exigen el cese del Gobierno autocrático, elecciones limpias y libertades democráticas. Lo mismo que, al otro lado del mundo, piden los venezolanos liderados por Juan Guaidó.

Esto no es nada nuevo. La política y las actividades de calle siempre han ido de la mano. Pero, en su versión de este temprano siglo XXI, tienen varias peculiaridades.La primera es su frecuencia. Thomas Carothers y Richard Youngs, dos de los principales expertos en el tema de las protestas políticas en el mundo, han investigado esto a fondo y concluyen que las protestas de calle han aumentado en frecuencia y tamaño. El uso de teléfonos móviles y las redes sociales facilitan la organización. También ayuda que en muchos países ahora existen clases medias más numerosas, conectadas y activadas. Los motivos que impulsan las protestas son variados: algunas tienen objetivos genéricos como el repudio a la corrupción, por ejemplo. Otras, como las de Hong Kong, son concretas: impedir la aprobación de la ley de extradición. Otras comienzan con reclamos específicos pero, rápidamente, agregan demandas más ambiciosas.

La gran pregunta es si las protestas tienen éxito. No está claro. La mayoría logran concesiones menores o fracasan por completo. Pero algunas han provocado cambios políticos importantes. ¿Qué caracteriza a las que tienen éxito? La combinación de nuevas tecnologías con antiguos métodos de organización política es indispensable. Las redes sociales, por sí solas, no bastan. Para ser exitosas, las protestas deben involucrar a gran parte de la sociedad y no solo a través de Internet. En algunos casos, la presión internacional y de las fuerzas armadas ha sido determinante. Pero, como siempre, lo más importante es el liderazgo. El éxito requiere que haya jefes y jefas. La ilusión de un activismo político basado en decisiones colectivas y sin líderes claros suele terminar siendo eso, una ilusión.

Moisés Naim
@moisesnaim