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jueves, 10 de septiembre de 2020

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, VENEZUELA EN TOTAL INCERTIDUMBRE ECONÓMICA,

Reconstruir la confianza sobre las posibilidades de “refundación” de una Venezuela deseable y posible, pasa por la obligante necesidad de un rescate de las bases de la institucionalidad perdida entendido como el conjunto de principios que sirven de soporte sobre el cual se organiza la Sociedad. En tal sentido, no se necesita formular un modelo totalmente nuevo sino definir innovadoras y originales perspectivas enfocadas en reducir al máximo posible la incertidumbre económica, asumida como una impredictibilidad de la futura situación económica que induce una falta de seguridad o certeza y crea una elevada inquietud.

Es una manifiesta obviedad, que cuando un país está en una situación de incertidumbre económica se pueden producir efectos inesperados y no deseados, y por ende las predicciones tienen un alto contenido de sesgo analítico; que se complica para el caso Venezuela ya que el país se encuentra en una depresión económica como consecuencia de una caída de la demanda que se ha traducido en una disminución de la inversión y del salario nominal y real; hasta configurar un circulo vicioso que reduce la capacidad adquisitiva y, por tanto, el nivel de consumo; lo cual sin duda alguna propicia un dramático pesimismo en relación a la potencial recuperación económica, la cual en cualquier caso será muy lenta e incluso la recuperación del PIB y el empleo puede tardar un largo tiempo en años para que el crecimiento económico vuelva a la situación precrisis.

A tenor de lo expresado, surge una interrogante: Cómo disminuir la incertidumbre económica y rescatar la confianza perdida sin la existencia de un pensamiento político sobre la urgencia de la situación? Hecho que se complica, en razón de vivir en un autoengaño como sociedad soslayando permanentemente el problema. En razón de ello, y para rescatar la confianza perdida se debe, en primer término, reconocer la magnitud del problema, en segundo término se ha de creer en nuestras posibilidades para salir de la crisis al tiempo de admitir nuestras culpas, es decir hacernos responsables de nuestras malas decisiones a la luz de aceptar responsabilidades. Es así, que se hace vital la reorganización del sector público en general y en lo particular del sistema político (conjunto de interacciones estables formado por instituciones, organizaciones, creencias, normas, actitudes, ideales y valores) para hacerlo más eficiente; como condición psicológica para recuperar la confianza de los ciudadanos para volver a endeudarse lo cual se haría viable luego de verificar sobre el futuro comportamiento del Estado y “examinar” si el país está marchando por buen camino a un ritmo adecuado; muy especialmente en lo atinente a las políticas públicas especialmente económicas.

Vale acotar, que a nivel mundial se han suscitado cinco crisis de trascendencia:

A.- Año 1929. Desplome de la bolsa de valores de Nueva York (Martes Negro), desatando la denominada Gran Depresión al punto que en 1933 el desempleo alcanzó el 25% de la población. Se instrumentó el New Deal, como un programa de gasto público en pro de recuperar el sistema financiero y el fortalecimiento de la empresa privada; en función a un plan de construcción de grandes obras públicas.

B.- Año 1947. Se instituyó el Plan Marshall, a la luz de la reconstrucción de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial; el cual se fundamentó principalmente

en la producción de materias primas, alimentos, fertilizantes y vehículos. Su ideólogo George Marshall recibió el Premio Nobel de la Paz en 1953.

C.- Años 80. Crisis de la Deuda Externa o Década Perdida, impulsada por el alza de los precios del petróleo y por las bajas tasas de interés, que motivó a varios países latinoamericanos hacia un endeudamiento con el propósito de industrializar sus economías; pero cuando cayeron los precios se les hizo imposible pagar la deuda. Según la CEPAL, la pobreza aumentó considerablemente entre 1980-1990, se produjo un deterioro en la distribución de ingresos, aumentaron los indices de desigualdad, se disparó la inflación y disminuyó significativamente el poder adquisitivo de los ciudadanos generando graves problemas políticos y sociales. En cuanto a Venezuela, hubo igualmente liberación de precios, privatizaciones, control del gasto público, nuevos impuestos e incremento del precio de la gasolina,

D.- Año 2008. Se manifestó con la denominada Burbuja Inmobiliaria y de Crédito, en conjunto con la creación de instrumentos de alto riesgo que se inició en EEUU para luego afectar gravemente la economía global. En septiembre 2008, explotó la crisis de las “Hipotecas Subprime” cuyo efecto cascada impulsó que los índices bursátiles se derrumbaran e igualmente el sistema financiero colapsó. El PIB mundial se contrajo un 3,9% en las economías avanzadas y entre 2007-2009 se perdieron 27 millones de empleos.

E.- Año 2020. La crisis económica del Coronavirus no tiene precedentes, aun cuando puede inferirse que el nivel de pérdidas será similar a la crisis de 1929 pero más rápido; por tanto se hará necesarios instrumentar un rebrote actualizado del New Deal fundamentado en un incremento del gasto público estratégicamente orientado a un reforzamiento del sistema sanitario global.

La crisis de Venezuela del 2020, cuyo arranque puede ubicarse a finales de 1984, es fundamentalmente una crisis de oferta que puede conducir a una crisis de demanda; una situación donde una disminución de las tasas de interés tendría poco efecto habida cuenta de la presencia de una economía congelada la cual está claramente reflejada en una reducción de un 80% del tamaño de su economía, y por ende en una brutal caída de los indicadores socioeconómicos básicos. Ante tal angustiante situación, las acciones primarias han de orientarse a enfrentar la paralización o congelamiento económico como requisito combatir la incertidumbre; tales como: promover la estabilidad económica (ausencia de grandes variaciones en el nivel de producción, renta y empleo aunado a una poca variación de precios), la estabilidad financiera (capacidad para cumplir con sus obligaciones, actuales y futuras dentro de los plazos pautados), el crecimiento económico sostenido (patrón de crecimiento caracterizado por una marcha persistente y poco volátil ), promoción del empleo y trabajo productivo (condición para la reducción de la pobreza y el fomento del desarrollo equitativo, inclusivo y sostenible), cooperación monetaria internacional (algunos bancos centrales a nivel mundial pudieren comprar parte de la deuda pública en favor de incrementar el gasto público), y obviamente la instrumentación de un muy bien perfilado Plan Venezuela Posible de gasto público; entre un largo etcétera.

Finalmente, resulta pertinente destacar que mientras Venezuela fue país miembro del Fondo Monetario Internacional (se retiró en el año 2007), apenas solicitó en 1989 Asistencia Financiera para intentar estabilizar su economía y reestructurar la deuda; y en 1996 firmó un Plan para recuperar la economía bajo la denominación de la “Agenda Venezuela”. Recientemente (ya retirada del FMI), Venezuela solicitó mediante una formal carta US$ 5.000 millones en el marco del denominado Instrumento de Financiación Rápida del Fondo; lo cual no fue ni siquiera considerado ya que el país no cumple con las exigencias del FMI en cuanto, entre otras cosas, de hacer público los datos económicos lo cual es una exigencia incluida en el Convenio Constitutivo del Fondo,

Jesús Alexis González 
jagp611@gmail.com
@jesusalexis_gon 

miércoles, 27 de mayo de 2020

EDUARDO MARTINEZ, LLEGÓ LA HORA DE LAS SOLUCIONES

Los venezolanos llevamos varios lustros en un crisis caracterizada por agravamiento creciente.

En todo este tiempo, nos hemos acostumbrado a oír y repetir diagnósticos; a leer declaraciones de expertos donde se enfatiza el deterioro de los indicadores económicos; a asistir a foros, conferencias y conversatorios.

En todos estos eventos y publicaciones, los foristas nos han hablado de un colapso inminente.

En este punto de nuestra crisis, ya no hay que convencer a los venezolanos de un colapso. Ya los venezolanos vivimos en colapso.

Es errática la prestación de los servicios públicos: agua, electricidad, gas, y las comunicaciones. Todos los días fallan estos servicios en toda la geografía nacional.

La atención hospitalaria ha quedado reducida a letreros en las paredes de los hospitales.

El abastecimiento de los productos de la cesta básica es insuficiente, y los precios aumentan todos los días.

El transporte urbano y extra urbano es inexistente en muchas localidades, por la escasez de combustibles –gasolina y gasoil.

Los servicios financieros que debiera prestar la banca han desaparecida. Son cajas de depósitos, no entregan la cantidad de efectivo que requiere la ciudadanía. El crédito, no existe.

En fin, si revisamos cada sector de la economía nacional, encontraremos que están afectados por la escasez, la falta de infraestructuras, y la inexistencia de condiciones favorables para satisfacer las necesidades de la nación.

No hay que perder más el tiempo en la “diagnosticología”.

Hay que empezar a aportar soluciones.

Los llamados a ejercer el liderazgo en el país, es hora que lo asuman.

Si al venezolano se le explica cuáles son las soluciones para esta multiplicidad de problemas, la próxima vez que le falle el suministro eléctrico, saldrán a la calle a exigir esas soluciones. Serán contundentes en su protesta. Y alguien deberá actuar con responsabilidad para que esas soluciones se ejecuten.

Porque hasta el momento, en su impotencia, los venezolanos nos hemos acostumbrado a cacerolear en la oscuridad de nuestra tragedia.

Eduardo Rafael Martínez 
ermartinezd@gmail.com
eduardopmartinez@eastwebside.com
@ermartinezd
Editor www.eastwebside.com
https://www.eastwebside.com/editorial-llego-la-hora-de-las-soluciones.html

lunes, 9 de diciembre de 2019

RAFAEL ALBERTO MARTINEZ: LA REBELIÓN DE LOS PAJÚOS

Pido disculpas por la palabra usada en el título, pero es la que mejor describe la semántica del artículo.

“Nunca subestimes la estupidez humana, es una de las fuerzas más poderosas en la historia”. Yuval Noah Harari.


ANTECEDENTES DE LA TEORÍA ECONÓMICA

En el mundo occidental, durante siglos, las enseñanzas cristianas postulaban que el bienestar social dependía de las acciones altruistas de los individuos, acciones por amor al prójimo. Esta percepción cambio cuando el teólogo Adam Smith en su obra “The Wealth Of Nations” demostró como desde el egoísmo, con cada quien buscando su bienestar personal y actuando de una forma racional, la sociedad podía alcanzar altos niveles de bienestar. 

Según Smith, “el interés individual conduce a los seres humanos, como si fueran guiados por una mano invisible, hacia la consecución del bien común”. Su obra pasó a ser la idea fundamental y el pilar de la economía clásica. 

En los 40 y 50 Von Neumann, Morgenstern y John Nash postularon la “Teoría de Juegos”, que explicó las limitaciones de la teoría de Smith y modificó el modo en que los economistas interpretaban la toma de decisiones y la consecución del bienestar común. Esta teoría nos muestra que el interés individual, el egoísmo y la racionalidad con las que suelen ser tomadas las decisiones pueden volverse en contra del propio interés individual y del interés conjunto de estos sujetos. Estas situaciones en donde las decisiones individuales racionales no necesariamente conducen al mutuo bienestar, ni al individual se les dieron el nombre de “el dilema del prisionero”, el cual es el primer caso en el cual la teoría de Smith falla. Esta teoría nos demuestra que el bien individual y común no se logra cuando el valor de la opción de actuar “falso” (en contra del grupo) sobrepasa el valor de la opción de actuar “correcto”. O dicho de otra forma, si actúo en contra del grupo, si gano, puedo ganar mucho, y si pierdo, no pierdo mucho. Esta teoría también nos enseña que para evitar el dilema del prisionero se necesita comunicación, o experiencia (repeticiones fallidas del juego), o un ente superior que “ponga orden” en el grupo. 

En 1988 Carlo Maria Cipolla, un historiador económico italiano, formuló por primera vez su famosa y controvertida “Teoría de la Estupidez”. Cipolla describe a la gente estúpida como un grupo muy poderoso que sin reglamentaciones, líderes o manifiestos, consigue ejercer un gran efecto con una coordinación increíble. De acuerdo a sus postulados, una persona es estúpida sí causa daño a otras personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso. Para Cipolla, desde el punto de vista estrictamente económico, un malvado, que es aquel que perjudica a los demás y se beneficia a sí mismo, es preferible a un estúpido, puesto que las actividades del malvado a la postre significan que algunos bienes cambian de manos, mientras que las actividades de los estúpidos no representan beneficio para nadie. 

En Venezuela abunda un tipo muy específico de estúpidos, que en nuestra jerga nacional llamamos “pajúos”, refiriéndonos a esos individuos que piensan que son más astutos que los demás, o en su nivel más alto, esos que piensan que ellos son los únicos astutos y los demás son tontos. Este grupo ha causado muchas desgracias a nuestra nación porque como decía el gran historiador Manuel Caballero, “con estos vivos no hacen falta bobos para embaucar”.

DE LA REBELIÓN DE LOS NÁUFRAGOS A LAS REBELIONES DE LOS PAJÚOS

En 1993 Carlos Andrés Pérez llamó “la rebelión de los náufragos” a esa conspiración que lo sacó del poder y que culminó con la llegada del chavismo a Miraflores cinco años más tarde. A CAP lo habían tumbado los dos más grandes grupos empresariales del país, a quienes CAP les había entregado a cada uno la mitad del país, pero para cada uno de los cuales la mitad del país era muy poco porque cada uno quería la totalidad del país para sí solo. Algunos de esos “astutos empresarios” venezolanos hasta le prestaron sus aviones, sus periódicos y televisoras a Hugo Chávez en su campaña presidencial 1998 para luego verlos expropiados, confiscados y cerrados años más tarde. Después del 98, por la ambición desmedida de poder de ciertos grupos, fuimos de derrota en derrota hasta que finalmente en 2015 parecía que, como nos enseñaba la teoría de juegos, luego de muchas repeticiones fallidas, en la oposición venezolana habíamos aprendido a cooperar y trabajar juntos. 

Pero lo que ha sucedido desde noviembre 2017 contradice todo lo postulado en la Teoría de Juegos y afirma las leyes de la teoría de Cipolla: Hemos visto como muchos líderes políticos en sus intentos por llegar a la presidencia, pensando que son más astutos que los demás, han lanzado su futuro político a la basura. En 2017 vimos como un gobernador electo del Zulia, el estado más grande del país, prefirió regalar la gobernación para luego intentar ser el precandidato presidencial de la “dignidad”, olvidando que desde que en Venezuela se escogen a los gobernadores del Zulia en elecciones directas, todos han sido automáticamente candidatos presidenciales. 

Hoy debe de mirar con envidia como en el otro lado, Héctor Rodríguez, solo por ser gobernador de Miranda, el segundo estado más grande del país, se volvió “presidenciable”. En 2018, otros en su mezquina estupidez también se opusieron a unas primarias presidenciales para evitar una candidatura específica. Uno incluso llegó al chantaje de que si el candidato no era él, no habría candidato único. Luego, como los otros no se lanzaron, terminó siendo el único candidato, pero sin unidad. Así terminaron regalando la reelección a Maduro. 

En 2019 después de la destrucción de los liderazgos políticos en 2018, hubo un sorpresivo resurgimiento de la oposición con un joven diputado que estuvo en el momento preciso en el sitio correcto, en la presidencia de la AN 2019. El “fenómeno” Guaidó abrió una esperanza y una oportunidad de lograr unas elecciones presidenciales con la oposición unificada bajo su liderazgo. Pero los “pajúos” de siempre lograron manipular al inexperto diputado para lograr que no se dieran unas presidenciales mientras ellos no pudieran ser los candidatos. Lo llevaron a ponerle un “preservativo anti elecciones” a la lucha política. A esta barrera mata elecciones le pusieron un nombre espectacular, “cese de la usurpación”, para disimular sus intenciones. 

La amenaza creíble, el TIAR y el 30 de abril fueron condimentos de esa receta de fracaso que ha arrastrado al joven diputado también a la fosa común de promesas políticas quemadas. La guerra por el poder en estas semanas dentro de la oposición es tan patética que solo se puede describir con dos palabras: pena ajena. 

Si bien en el 2018 en la primera rebelión habían destruido los liderazgos políticos, en la rebelión reloaded del 2019 les tocó el turno a sus partidos políticos. Cabe destacar que actualmente todos los partidos políticos opositores suman entre 14 y 16 porciento de simpatía y entre 7 y 8 porciento lo tiene un solo partido, Acción Democrática, todos los otros se reparten el resto. 

Dos lamentables años de destrucción política que le han regalado una reelección a Maduro y lo han atornillado en el poder, solo porque unos malcriados no pudieron aceptar que otro llegara a la presidencia y no ellos. Prefirieron seguir siendo líderes de oposición que no pueden llegar a ser gobierno por la falta de unidad, en vez de pactar para ser flamantes ministros de un gobierno unitario de transición. Así, algunos en vez de ser el flamante ministro de relaciones exteriores que reinsertó a Venezuela en la comunidad internacional, devolviéndola a su sitial de honor de las democracias del continente, o el ministro de economía responsable del milagro económico, que lleve al país a romper records de tasas de crecimiento, o el ministro de interior y justicia que acabó con la criminalidad en el país, todos automáticos candidatos presidenciales en un futuro cercano, ahora son solo promesas políticas quemadas. 

A todo esto solo se puede decir la frase de Henry Ramos Allup: “De inteligencia no se van a morir”. Al final de toda esta destrucción, la oposición quedó casi toda en ruinas, como estaba a comienzos de la década pasada, con una sola y gran diferencia, esta vez AD está de pie y con los guantes puestos esperando que suene la campana para empezar la lucha electoral.

RECOMENDACIONES DE LA TEORÍA ECONÓMICA

La teoría económica nos deja varias recomendaciones a los ciudadanos para actuar y resolver este grave problema político que nos ha traído a esta desgracia. 

De la Teoría de Juegos podemos tomar sus tres conclusiones básicas para romper el dilema del prisionero. El primero es la comunicación, la cual es la tarea principal de cualquier político. Debemos terminar de comprender que no podemos buscar políticos que digan frases como “no me siento con fulano y no hablo con el régimen”, porque simplemente están incapacitados para la política. El segundo es la experiencia. Los ciudadanos debemos dejar de lado esa frase desgraciada que nos ha causado tanto daño, “queremos caras nuevas, gente joven”. La teoría de juegos resalta la importancia que se le dan en todos los grandes campos de la vida y las profesiones a la experiencia, o como decimos popularmente en Venezuela, más sabe el diablo por viejo que por diablo. La tercera recomendación de la teoría de juegos es la creación del Ente Superior. Esto aunque parece muy difícil, en la realidad no lo es, si logramos entender que los ciudadanos organizados en partidos políticos somos el ente superior. Si no nos organizamos en nuestros respectivos partidos no podremos hacer la presión necesaria sobre nuestros “líderes políticos” y estos podrán seguir actuando equivocadamente porque no tienen ningún incentivo de perdida (castigo). 

De la teoría de la estupidez podemos aplicar varias enseñanzas: Lo primero es buscar la inteligencia ante todo en nuestros políticos. Incluso un malvado es preferible a un estúpido o pajúo. Debemos internalizar la frase del arte de la guerra: “un capitán valiente y estúpido es una calamidad, la valentía es solo una cosa más entre muchas otras cosas”. Por eso debemos abandonar esa permanente búsqueda de caras nuevas con muchos cojones y ovarios, que no logran ponerse de acuerdo para ser ministros. 

Tenemos que buscar políticos que sepan crear o liderar partidos políticos, que cuiden los votos en primarias o en unas elecciones contra el régimen. Todo aquel que no tenga un partido político nacional es un mentecato que no podrá ganar unas primarias y mucho menos una elección contra el régimen, o es un gran un pajúo que cree que las otras organizaciones le van a cuidar los votos sin haber pasado por unas primarias para ser candidato de toda la oposición. 

También debemos alejarnos de esos políticos que dicen que no son políticos y que no quieren ser gobierno, pero hacen política todo el tiempo, porque son grandes pajúos que piensan que los demás somos gafos. Otros que debemos evitar a toda costa son esos “avispados” que piensan que los militares van a dar un golpe de estado (como lo del 30 de abril), que llaman a guerras para que las peleen los hijos de otros, o que piensan que los marines vendrán a salvarnos, obviamente con el resultado que los militares, las milicias, o los marines los van a poner a ellos de presidentes. Como decía Manuel Caballero: “con estos vivos no hacen falta bobos para embaucar”. 

Por último debemos buscar políticos que respeten los acuerdos firmados en las buenas y en las malas y no sean de esos pajúos que solo los acatan cuando les conviene porque piensan que ellos son los únicos astutos y los demás son tontos. Esos son los más grandes pajúos que abundan en este país

Rafael Alberto Martinez
rafamartinez@gmail.com
@rafamartinezad

viernes, 21 de diciembre de 2018

DAVID UZCÁTEGUI, ¿MONTAÑA RUSA O RULETA RUSA?

El año que termina ha desafiado la capacidad de asombro de los venezolanos ante las inéditas situaciones que hemos presenciado en nuestro país. Específicamente en lo económico, hemos llegado a cosas jamás imaginadas cuando de adversidades se trata.

Sin duda hay que comenzar hablando de la reconversión monetaria, la segunda en una década, que lamentablemente cumplió con los más nefastos presagios.

Alguna vez dijimos que la medida en sí era correcta, de cara a los montos inmanejables de dinero que había que gastar para comprar los más elementales recursos de subsistencia. Había que convertir esas cantidades insólitas en montos manejables.

Pero también dijimos que, si no se saneaban numerosos aspectos errados del manejo económico nacional, la nueva moneda sería sal y agua en meses. En realidad, sucedió a velocidad de montaña rusa.

Demás está decir que a estas alturas del partido, la ciudadanía ha perdido la confianza en el bolívar soberano, el nuevo signo monetario; tanto o más que en su predecesor, el ya fallecido bolívar fuerte.

Y por si fuera poco, ya tampoco se consigue a alguien que crea en la capacidad de quienes administran actualmente nuestra nación, para conjurar la crisis y colocarnos nuevamente en la senda del añorado crecimiento.

El Fondo Monetario Internacional, organización financiera de referencia mundial, ya no prevé una caída del Producto Interno Bruto de Venezuela del 15%, como hace medio año, sino del 18%. Y otra del 5% para 2019; y otra del 1,5% para 2020.

Sabemos que las cifras emitidas por ese organismo no suelen ser del agrado de quienes hoy ostentan el poder. Y se podrán hacer muchas críticas a esa institución, algunas acertadas, otras no tanto. Pero lo cierto es que sus mediciones referenciales son de aceptación mundial y difícilmente refutables.

De hecho, el Banco Central de Venezuela había dejado de publicar los índices referenciales en una cantidad de asuntos en los cuales debe hacerlo. No sabemos si esta actitud se debió a lo inmanejable de las cifras o a que era mejor no hacer públicos unos números tan sombríos.

Sin embargo, ante la presión internacional, las cifras reaparecieron. Y superan los peores temores. Efectivamente, es el mismo BCV quien reconoció, el pasado mes de noviembre, una contracción del 17% para este año en nuestra economía.

Y lo hizo porque no podía permitir que la falta de información sobre nuestras finanzas cerrara las líneas de crédito a la nación, en momentos en los cuales al gobierno le urge mantener abiertas todas las fuentes de financiamiento, ante los crecientes reveses de nuestra economía.

En el mismo informe, las cifras oficiales del BCV ubican la inflación al cierre de 2017 en 860%, una cifra conservadora, si se considera que el pronóstico del FMI la contabilizó en 2.818%, y la agencia de información financiera Bloomberg proyectó un 1.718%.

Sea cual sea la cifra que tomemos como cierta, quedamos del mismo modo en el limbo de las espirales inflacionarias más notables de la historia y cumplimos con el dudoso honor de estar entre las cifras de inflación más altas del siglo XXI, cuando el fenómeno parecía estar cada vez más relegado a la centuria pasada, producto de guerras y de pésimos manejos económicos que se han superado con estudio y conocimiento, y que cada vez son menos frecuentes en el planeta.

Como dato adicional, el organismo señala que la inflación cerrará en 1.370.000% este año, pese a que ellos mismos habían calculado en julio que sería de un millón por ciento.

Para poner la guinda a la torta, el FMI, en su informe de perspectivas económicas globales que se difundió recientemente, indica que prevé que Venezuela tendrá en 2019 una inflación de 10.000.000% con una reducción del Producto Interno Bruto de un 5% y proyecta que la economía caerá en un 18%.

Agregan que “se espera que la hiperinflación de Venezuela empeore rápidamente, impulsada por el financiamiento monetario de grandes déficits fiscales y la pérdida de confianza en la moneda”, según reseña la agencia de noticias española EFE.

Sin embargo, mucha gente dice que para qué sirven estas cifras, que no se sienten reflejados en ellas. Y tienen su buena parte de razón. Las urgencias, las carencias, las necesidades y las frustraciones no se pueden pintar en números.

En lo que sí coinciden cifras y sentimientos, es en la grandilocuencia. Los números son absurdamente altos, como también lo es la rabia y la impotencia ante la inacción de quienes ocupan puestos de poder, cuyo deber es sacar a la nación de este agujero sin fondo, de esta ruleta rusa en la cual sabemos que cada decisión errónea en materia económica puede traer la detonación fatal contra cualquier posibilidad de salir adelante y hundirnos en abismos mucho peores.

David Uzcátegui
@DavidUzcategui