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viernes, 11 de enero de 2019

BEATRIZ DE MAJO, REMESAS: APRENDER EN CABEZA AJENA, COLOMBIA EN CÁPSULAS


Colombia nos pisa los talones en materia de expatriados. Venezuela hace rato que sobrepasó la cifra de 5 millones de compatriotas emigrados aunque Nicolás Maduro se esmere en afirmar que el éxodo de los nuestros no pasa de ser una falaz y perversa estrategia de parte de los enemigos de la revolución. La gran diferencia radica en que hacen años que el número de los neogranadinos fuera de las fronteras del vecino país se detuvo y la nuestra no parará de crecer hasta que el país se haya vaciado.

El tema es importante porque sus nacionales se han convertido en una significativa fuente de ingresos para el país. La cifra quita el habla. Para fines de 2018 Colombia recibió un monto de remesas provenientes de los suyos que sobrepasó los 6.000 millones de dólares. Ello es más 500 millones de dólares más elevado que lo que los colombianos enviaron al terruño en el año anterior de 2017.

Dos cosas nos animamos a observar. La primera es que aunque la cifra es abultada, ella no es, ni de lejos, el más importante ingreso colombiano. Los dólares que reciben en la patria de al lado de sus connacionales representan a esta fecha apenas poco menos del 2% del PIB del país.

La segunda es que los colombianos han pasado a ser una masa laboral de importancia relativa en los países a donde han acudido a refugiarse en masa. Ellos son Estados Unidos y España, en menor medida. Estados Unidos es conocido por el bajo desempleo que exhibe la masa de trabajadores inmigrantes siendo los colombianos una de las nacionalidades favorecidas de esta situación. Su tasa de desocupación está en 4,1%.  

Así pues, el crecimiento del empleo de los colombianos en el mundo debe estar contribuyendo sensiblemente a la expansión del volumen de las remesas. Hasta allí podríamos pensar que una comparación con el caso de Venezuela tiende a favorecernos por la preparación técnica y profesional que exhibe el expatriado nuestro, por el carácter trabajador de nuestros nacionales y porque nuestros criollos, en un número considerable, están teniendo la inteligencia de asentarse en países con economías o bien sólidas, o con tendencias expansivas.

Una de las primeras cosas que es posible concluir de la comparación entre los dos países es que Venezuela pudiera estar siguiendo el camino de Colombia en aquello de que a los emigrados la vida de trabajo en el exterior les permite transferir al terruño sumas de dinero que sirven para el sostén de los suyos en la patria que dejaron atrás. En el caso venezolano esto es mucho más elocuente ya que la paridad del bolívar con respecto al dólar se ha deslizado de una manera tan brutal que, hasta el presente, con pocas divisas giradas desde el exterior resulta posible no ayudar, sino mantener, a las familias que permanecen en Venezuela.

La gran diferencia radica en que mientras en Colombia las divisas entran por los caminos regulares de la banca o de empresas para-bancarias como Western Union entre otras, en Venezuela de las operaciones de cambios no quedan registros por que ingresan por los “caminos verdes”. Los entendidos aseguran que 2.000 a 3.000 millones de dólares han sido cambiados en 2018 para este fin de mantenimiento familiar. 

Datanálisis ha asegurado que ya casi el 10% de la población recibe dinero proveniente de otros países y algunos expertos observadores de la dinámica económica ubican este porcentaje en el doble. El caso es que los órganos de medición internacional son del criterio que Venezuela se convirtió y sigue siendo el primer país tenedor de divisas privadas de Latinoamérica en el exterior.   
  
El gran problema para Colombia viene del hecho de que en los últimos tiempos los expertos en migraciones masivas consideran que las cifras de remesas que exhibe Colombia deben estar seriamente contaminadas con actividades “non sanctas”, ya que su crecimiento y su volumen está bastante por encima de montos razonables. Dice un artículo publicado en la Revista colombiana Dinero que “en efecto, las cifras del Banco Mundial indican que el crecimiento de remesas de 15,7% esperado para este año en Colombia supera el promedio de América Latina, que sería de 9%.

Y a esto sí que debemos tenerle un pánico reverencial. A que los flujos de dinero para un aparente fin familiar válido escondan dineros mal habidos como el tráfico de narcóticos o la repatriación de montos productos de la corrupción. El caso es que las remesas de los colombianos a su país contienen elementos dignos de observación y de estudio porque las cifras se van exponenciando, año a año, por razones no particularmente ortodoxas.

De esa evolución tenemos bastante que aprender. Una lupa debe ser puesta sobre las remesas de los nuestros porque ellas se mueven en el terreno de lo subrepticio. Este hecho puede ocultar cualquier género de indeseables desviaciones.

Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1

martes, 15 de marzo de 2016

HUMBERTO SEIJAS PITTALUGA, NADIE ESCARMIENTA EN CABEZA AJENA, CASO ESPAÑA

Esta verdad de Pero Grullo  fue lo que me vino a la mente cuando leí un titular que preguntaba: “¿Por qué cinco millones votan a Podemos?”.  Se la hacía Joaquín Vila en un artículo reciente publicado en “El Imparcial” de España, el diario que preside el académico Luis María Anson.  El autor se queja de que “los programas basura (rosa o política) arrasan en televisión (…) la inmensa mayoría de la audiencia está atrapada por esos programas donde impera el griterío, los navajazos o los lagrimones (…) eligen esos espacios, pese a que la parrilla televisiva actual tiene mejores programas (…) sirven para explicar lo inexplicable: que cinco millones de españoles hayan votado a Podemos. 

Y ha ocurrido porque esos cinco millones de españoles se han quedado en la cáscara de lo que supone este partido para el futuro de todos. Están hipnotizados por el inteligente marketing político que han inyectado desde las televisiones, por los gestos desafiantes al poder, por la chulería al Estado, por el olor a revolución romántica, por los puños en alto en el Hemiciclo (…); esto es, se han tragado la demagogia”.  Vale decir, que los ibéricos están empezando a sufrir lo que nosotros tenemos padeciendo 17 años y pico.

Cuando estos rojos accedieron al poder en 1999 fue porque la esclerosis y la corrupción de los partidos tradicionales dieron pie para que apareciera la antipolítica azuzada por un histrión mentiroso y amenazante que logró obnubilar al gran grueso de la población con mensajes que iban desde la redención social de los más necesitados hasta el freimiento de las cabezas de los adecos.  Supo muy bien ocultar bajo un ropaje romántico el comunismo galopante que lo movía.  Porque no hay nada mejor para esconder algo que dejarlo bien visible.  Y lo que se veía a todas luces es que había sido embelesado por el valetudinario dictador cubano.  

Hoy, como resultado de ese enamoramiento, ha tocado aguantarnos un régimen donde abundan los ignorantes que han acabado, no solo con las reservas monetarias, sino con la armonía social y el comercio ordenado y abundante y los ha reemplazado con el odio entre paisanos, la escasez, la ruina y los asesinatos por motivos fútiles.  Aquí, para ponerlo en las palabras de Vila, hay unos mangoneantes que “están en el pleistoceno político y se creen la vanguardia intelectual”.

Lamento que en el futuro de España, si se da el chantaje que intenta Pablo Iglesias, todo lo que se ha adelantado en recuperación económica, disminución del desempleo y buenas relaciones internacionales se vaya al traste.  Porque la receta populista, admitámoslo, es tentadora: vivir de las riquezas del erario, sin trabajar; con todos los derechos y ningún deber; adueñándose impunemente de lo que es ajeno.  A la larga, como nos ha sucedido aquí, vienen: el relajamiento general, el desconocimiento de las obligaciones cívicas, el decaimiento empresarial que lleva a la devastación económica, al aumento del desempleo y a la pérdida de las libertades de todo orden, no solo las económicas.  

Al mismo tiempo que nosotros, en Argentina se montó un populismo desenfrenado que quebró al país, primero con Kirchner y luego con la viuda —por cierto, al igual que con el “sembrado” de por aquí, por allá no está clara la causa de la muerte del bisojo; asegún dicen, fue de una plomonía.  Parece mentira que, en uno de los países más avanzados de Suramérica, por su cultura más que bicentenaria, por sus buenas instituciones educativas de tercer nivel, se haya llegado tan bajo en política.  

Al igual que aquí (y lo que sucederá en España si los asesores de Chiabe logran su extorsión), en la Argentina bajo los K se empezó a repartir la riqueza antes de haberla producido; todo por obtener los votos de la gente que más abunda: la más sencilla de mente, la menos instruida, el populacho que ellos llaman “el pueblo”.  Y como buenos herederos de Perón, al igual que los de aquí, los argentinos hacían (hacen) ostentación de las fortunas que sisaron desde el poder.  Evita le hablaba a sus “descamisados” adornada con gargantillas de diamantes y tapados de pieles.  El descaro más absoluto por la creencia que tienen de que nunca los alcanzará la justicia.  Tipo Pedro Vuitton Carreño, por ejemplo.

Lo que llama la atención es que la hipnosis populista televisiva apuntada hacia las masas sirve a izquierdas y derechas.  Por ella, uno se encuentra con lo que ha avanzado en la carrera hacia la Casa Blanca un prejuicioso como Trump, la expresión más jingoísta que ha producido el Partido Republicano; y que en Polonia ya impera un derechismo de uña en el rabo.  Pero donde es más notorio es en las extremas izquierdas: en Grecia gobierna Tsipras, otro alumno (al igual que Boves II y el ilegítimo) de Iglesias; en nuestro continente abundan los desmandados como Ortega, Correa, Morales, Rouseff.  Se ve que no es solo en Venezuela que los truhanes analfabetos pero con exceso de audacia —recuerden: “la ignorancia es atrevida”— son capaces de triunfar.

Remato con otra frase de don Joaquín: “Pues no hay otra explicación a lo dicho. España, como el mundo, está llena de idiotas”.

Humberto Seijas Pittaluga
hacheseijaspe@gmail.com
@seijaspitt

Carabobo - Venezuela