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sábado, 29 de febrero de 2020

SOLEDAD MORILLO BELLOSO: UN DOLOR QUE NO PUEDO RESISTIR

Craso error cometen quienes a voz en cuello exigen que en unas elecciones presidenciales Maduro no pueda ser candidato. No solo porque vencer electoralmente a Maduro sería un logro enorme, sino porque no es lo mismo enfrentar a Maduro que a figuras jóvenes y frescas como Héctor Rodríguez o Rafael Lacava. Esos no serían huesos blandos de roer. Quizás hoy algunos argumenten que "esos ni siquiera están en el radar, ni pintan en las encuestas". Y, sí, eso es cierto. Pero tampoco están en el radar del rechazo y la impopularidad. Un equipo de fútbol que va ganando por varios goles puede perder en el tiempo reglamentario o en el de descuento porque el contrincante saque a la cancha un jugador fresco, con los músculos calientes, sin el desgaste de los largos minutos de partido y con feroces ganas de triunfar.

Además, exigir que Maduro no sea candidato es arrinconarlo, forzarlo a negarse a negociar. Si en la negociación (y claro que hay tal proceso aunque no sea en la forma tradicional) hay tozudez y empecinamiento en que solo haya presidenciales y sin Maduro como candidato -o boto tierrita y no juego- pues Maduro se enconcha y ya. Y claro que la temperatura del conflicto aumentará, pero eso no es garantía de nada. Quizás suene a juego de palabras, pero tenemos que hacer un juego que no le haga el juego a Maduro, pero tenemos que montar un juego en el que Maduro juegue.

Que Guaidó exija presidenciales está bien, es lo correcto. Y debe insistir en ello tanto en el escenario internacional como aquí en casa. Porque nunca hay que olvidar la tremebunda ilegalidad e ilegitimidad de esa roncha de elección que montaron en 2018. Y eso es una carta en la negociación y una pieza para la campaña. Pero hay que estar preparados y trabajar para ambas elecciones. No para el desopilante escenario que pinta Henry Falcón, en un acto de la más mediocre impostura y de oportunismo político que francamente da grima. Esa agendita de Falcón hace que el pueblo cante "es un dolor que no puedo resistir". 

Hay que insistir en ambas elecciones, ligaditas. Y no hay que dar por ganadas ni las parlamentarias ni las presidenciales. Para triunfar en ambas hay que fajarse, duro. Es muy bueno ver ya en las calles (y no solo en las redes) a los partidos. Estos días en todo el país se desplegaron los equipos, con sus banderas e insignias, como debe ser. Bien, muy bien.

El nuevo CNE es el "kick off"

Todo indica que va a ser designado por la AN, con la participación del chavismo. Que se apliquen Hirudoid y tomen Ibuprofeno los que intentaron que fuera elegido por otra vía. Será en la AN por muchas y variadas razones, entre ellas una muy importante: los diputados rojitos no están en lo más mínimo dispuestos a dejarse ningunear por el TSJ, porque eso, además de ser para cada uno "un dolor que no puedo resistir", debilita a cada rojito frente a los próximos comicios en los que quiere ser reeelegido. Que el CNE sea designado por el TSJ dejaría a los parlamentarios rojitos pública y abiertamente como peleles.

Está, por supuesto, el asunto nada accesorio de la restricción para el voto en el exterior, que es algo que está en la ley, no en la Constitución. Eso tiene remedio y, no importa cuánto dramaticen algunos, no es para nada complicado. Es fácil hacer una reforma en la ley; un cambio que propondría el nuevo CNE, sería discutido y aprobado por la AN. Y a seguir ese CNE hace también los cambios reglamentarios ad hoc.

Y eso no tiene por qué ser un cambio temporal.

Hay muchísimos países cuyos nacionales que viven en el extranjero eligen parlamentarios.

Es relativamente fácil, porque se puede hacer rezonificando por internet y votando por correo. El Saime y el CNE tienen suficientes instrumentos tecnológicos para ello. Y con una sana auditoría (nacional e internacional) se puede evitar truculencias.

No habría ni tan siquiera necesidad de centros de votación como tales en el extranjero. Esos votos se envían por correo (si Ipostel no puede, pues que contraten un "courrier", como se hace para mil otros trámites). Y esos sobres con los votos de venezolanos en el exterior se empiezan a recibir unos días antes, para que se pueda verificar que ese voto fue emitido por una persona que está efectivamente registrada como elector en el extranjero en x país, x ciudad, x población, y asegurar que ese elector no esté duplicado.

La verdad (puestos aparte los intereses turbios que hoy existan), para Venezuela jamás fue importante lo del voto en el exterior por la sencilla razón que nunca en toda nuestra historia tuvimos tan abismal cantidad de emigrantes. De hecho, el número de votantes (potenciales) en el exterior hasta hace poco era "estadísticamente despreciable". Aducir que la ley no permite el voto de venezolanos en el exterior para elegir parlamentarios y plantearlo como un sino cincelado en piedra es de una simpleza intelectual insoportable, "un dolor que no puedo resistir". Más allá que ahora sí esa enorme cantidad de electores en el exterior es importante para los partidos, lo realmente relevante es entender que cuando se tiene unos tres millones y tanto de ciudadanos en edad de elegir en el exterior, eso no es "estadísticamente despreciable" y nos tiene que hacer entender que el concepto tradicional de Nación no va más, no aplica, pues hay nación fuera de los linderos del territorio. No me digan que no se puede hacer. 5.600.000 italianos que viven fuera de Italia tienen derecho a votar. Y lo hacen por correo. 2.1 millones de españoles lo hacen; 1.3 millones de franceses también.

Nosotros (tirios y troyanos) tenemos que entender que esto que tenemos no es un país, es la coincidencia geográfica de un gentío fuera o dentro de las líneas territoriales. Y eso no le sirve sino a unos dos mil y tantos vagabundos pendencieros a quienes no les interesa tener un país, les interesa tener un negocio. Pero el resto, los millones (tirios y troyanos), vivamos en Venezuela o en el exterior, necesitamos tener país. Y para eso requerimos tener institucionalidad. No se puede ser huérfano de país.

Aquí, en la cortedad de miras, hay muchos que dictan cátedra y pontifican, pero que parece que no ven lo que podría ocurrir si continúa esta situación: la desintegración de la nación, la ruptura en pedazos. Un trozo se une a Colombia, otro a Brasil, otro a Guyana, y un paisito en el medio. ¿Que no? Caray, vean África, vean los Balcanes, vean parte de Asia.

Tiempos de urgencia

Maduro está urgido. Necesita una asamblea que le apruebe las negociaciones de PDVSA, porque de lo contrario las empresas participantes (con fuerte contenido oficial de sus países) no van a cerrar unas negociaciones que eventualmente podrían ser retadas en su validez. Negocios son negocios. Y a los hombres de negocios no les gustan los papeles escritos a lápiz.

Por supuesto que está bien criticar que en la comisión reestructuradora de PDVSA hayan puesto a esos tres que nada saben de petróleo. Pero hay que entender que esas son las caras políticas de una negociación con Rusia, China y otros países cuyos emisarios en la negociación sobre PDVSA también van a ser políticos, aunque tras bastidores haya quien les haga los números, como es de suponerse tengan también los tres venezolanos.

Maduro quiere deshacerse de la ANC, porque no le sirve para nada. Sabe que las aprobaciones del TSJ también son más inútiles que cenicero en moto. El invento ese de los diputados Clap llegando como corsarios a pretender apropiarse de la AN simplemente no cuajó. Y la Mesa de Acuerdo Nacional (o de la Casa Amarilla, o la mesita, como la quieran llamar) es un experimento fallido, un mamotreto rechazado por los ciudadanos y sin ningún tipo de reconocimiento nacional e internacional; no pasa de ser una caimanera con ínfulas de grandes ligas. Así sea porque crea que de este sofocón puede levantarse (tiene derecho a soñar) o porque la presión de sus panas rusos, chinos, cubanos, nicas, etc. para que "arregle el lío" es intensa, Maduro necesita a la AN, ésta de ahora. No puede esperar a tener una nueva que él supone puede ganar (de nuevo, soñar es gratis).

Pero no es menos importante entender que por muchos y poderosos que sean los países que reconocen a Guaidó y por mucho y creciente apoyo popular que tenga su figura, el interinato no puede ser eterno. Y Venezuela no puede estar en esta zozobra permanente de estar bajo la égida de un régimen que no es reconocido por un montón de países y al cual su situación de ilegitimidad e ilegalidad le resulta cada día más farragoso.

Todo entonces exige "volver a la Asamblea", es decir a un Poder Legislativo, sin el cual ni tirios ni troyanos sobreviven.

Y eso nos trae del vuelta al punto crucial del nombramiento de un nuevo CNE, designado por la AN, por todas sus fracciones, por acuerdo ojalá unánime, siguiendo al pie de la letra las indicaciones constitucionales. Si privare la pésima conseja de la repartidera de "tantos pa ti y tantos pa mí", que produjo este desastre, un nuevo CNE en esos términos no solucionaría ninguno de los desmadres en materia electoral y sumaría unos cuantos nuevos.

Los pasos están dándose. La comisión preliminar está haciendo su trabajo. Recibió 73 nominaciones para los diez puestos que se requiere para, junto con los 11 diputados ya nombrados, integrar el Comité de Postulaciones. Que dejen la chilladera desafinada los que quieren un nuevo CNE de hoy pa mañana. Hay lapsos que se deben cumplir, que se tienen que cumplir. Y hay normas constitucionales muy específicas sobre los rectores a ser designados. De hecho, la Constitución (aprobada en 1999 y refrendada en 2007) basa la escogencia de las autoridades electorales en la aprobación de la mayoría calificada. Tiene toda la lógica. Así obligó a las diferentes fracciones a tener que ponerse de acuerdo; no dice en ninguna parte que la selección de los rectores es una fiesta en la que hay que repartirse unos puestos como si fueran tequeños.

El pueblo no quiere a ninguno de los rectores actuales. Ya les pasó cartica de despido y aviso de liquidación. No quiere caras viejas. Los nuevos no pueden ser fotocopias del pasado. Abundan venezolanos de ley, preparados, con altura intelectual y moral, conocedores de la materia electoral, capaces y con el guáramo necesario para ponerle un parao' al más pintao' si se pone con cómicas. Decantarse por el "peoresnada" es algo que el "soberano" rechazaría sin miramientos. Malandros, oportunistas, babiecas y demás especies favor abstenerse. Para el pueblo son ustedes "un dolor que no puedo resistir".

Soledad Morillo Belloso
soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob

domingo, 29 de septiembre de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO: LA REINCORPORACIÓN DE LOS DIPUTADOS PSUVISTAS

Uno no sabe si dar respuesta seria a una cadena de circunstancias ocurridas, desde que cinco partidos políticos osaron firmar unos acuerdos con el gobierno, que finalizaron la parálisis expectante generada luego del cierre del diálogo de Barbados. Y digo seria, porque los argumentos y críticas oídos parecen pura guasa. Pero vamos a seguir siendo serios por respeto a la mayoría sufrida del pueblo venezolano, que exige seriedad, objetividad y consecuencia de quienes están en la política y en sus inmediaciones. 

Desde el 5 de enero de 2019 hasta hoy, para no ir a las mamarrachadas  ejecutadas por la franquicia opositora de la Asamblea Nacional (AN) desde enero de 2016, no ha ocurrido el cese de la usurpación, pese a todo el apoyo internacional habido, en particular de EEUU; pese a las sanciones contra altos dirigentes gubernamentales y el bloqueo financiero impuesto luego a todo el país, que nos ha hecho la vida cuadritos a los venezolanos de a pie. El gobierno, sin embargo, no ha dado su brazo a torcer en ningún aspecto de los solicitados. 

Cinco partidos, que no se han presentado como representantes de la mayoría del pueblo venezolano, negocian con el gobierno unos acuerdos que son firmados y dados a conocer públicamente. El elemento central de los mismos es la designación de un nuevo CNE imparcial e independiente, algo que todo el mundo ha venido exigiendo por años. Los acuerdos han comenzado a instrumentarse: se reincorporaron los diputados del PSUV a la AN, un paso esencial en la reinstitucionalización del país, fue excarcelado el Vice Presidente de la AN y otros partidos se han adherido a los acuerdos. 

La instrumentación de la incorporación de la fracción del PSUV a la AN se vio entrabada por la mayoría parlamentaria dirigida por VP, PJ, AD y UNT. Varios diputados no fueron incorporados por haberse desempeñado en cargos oficiales o de elección popular, lo cual según la Constitución Nacional impide su reincorporación. Surgen interrogantes en este aspecto, la primera sobre el desempeño de estos diputados en la ANC, pues en condiciones normales no podrían ser al mismo tiempo diputados de la AN y la ANC.  

Ahora. Asumir que un diputado del PSUV no puede reincorporarse a la AN pues es diputado de la ANC, claramente significa un reconocimiento de la “espuria” ANC. Pues si ésta no es reconocida, el diputado en cuestión no está desempeñando ninguna diputación legal y por tanto puede incorporarse a la AN. Lo mismo ocurre con quienes hayan sido ministros o funcionarios del gobierno de Maduro. Si Maduro es un usurpador, no tiene la potestad de nombrar funcionarios, y si éstos no fueron designados por Guaidó pues no ejercieron ningún cargo y pueden regresar a la AN. 

Lo mismo se debería aplicar a Julio Borges y otros diputados designados por Guaidó en determinadas posiciones. Se pudiera también argumentar que de hecho los ministros, otros funcionarios y los diputados constituyentes, así como los nombrados por Guaidó, sí ejercieron esos cargos, no reconocidos pero reales, por lo que no podrían incorporase. Con los gobernadores no habría problemas porque éstos no han sido desconocidos por la AN, ni con los exalcaldes producto de las elecciones anteriores. Con los exalcaldes de los últimos comicios se presentaría la situación descrita para los diputados de la ANC, pues esas elecciones fueron desconocidas por la AN, lo que haría que un exalcalde no haya sido alcalde legal sino usurpador. Y como usurpador sí podría reincorporarse a la AN.  

Todo este embrollo se debe a decisiones políticas tomadas, luego, son problemas a resolver políticamente y no legal o constitucionalmente. No es el TSJ quien va a decidir. La decisión depende de un acuerdo político entre las partes: el Ejecutivo y la AN. Ésta última debe tener en cuenta que no puede repetir posiciones tomadas en el pasado que la llevaron a dónde hoy está. Lo crucial es lograr que la AN retome sus funciones constitucionales y actúe dentro de la Constitución. El gobierno está alerta y no olviden que sigue teniendo el mango de la sartén. 

Luis Fuenmayor Toro 
@LFuenmayorToro 

viernes, 10 de marzo de 2017

FERNANDO FACCHÍN, LOS ERRORES POLÍTICOS

“Lo peor no es cometer errores, ni tampoco combatirlos, sino ocultarlos” 
Bertold Brecht

Para luchar en favor del rescate de Venezuela, debemos sacar lecciones de los errores pasados para evitarlos en el futuro, es necesario aceptar y poner al descubierto, con sinceridad, todos los errores cometidos a lo largo de la historia reciente, hacer análisis y autocrítica en forma sincera de lo malo que se ha hecho y se sigue haciendo, para que en lo adelante actuemos más cuidadosamente, un “acto de contrición” se requiere ya, un esfuerzo serio para la motivación política de la sociedad.

Los políticos al denunciar y criticar los errores, deben hacerlo como lo hacen los médicos, para salvar al paciente y evitar su muerte, el paciente es Venezuela, quien oculte sus errores y se empecine en seguir cometiéndolos, dejándose llevar por un impulso personalista, obstaculizan la posibilidad de éxito.

Con relación a la crítica que debemos hacernos ante la situación que enfrentamos no podemos dirigir nuestra atención a las mezquindades, sin comprender que la tarea principal de la crítica es indicar y reconocer pública y objetivamente los errores políticos cometidos, apartando el subjetivismo, todo ello banaliza la autocrítica la cual es un arma para fortalecer la unidad de la sociedad y así aumentar su potencial de combate creando confianza en el activismo social, cuando la actuación de algunos políticos, se enrumba por la descalificación y la crítica subjetiva le hacen un débil favor a quienes somos la mayoría y creemos que aún por la vía democrática del voto podemos intentar salvar al país, debemos desprendernos de las mezquindades e intereses personalistas y estar dispuestos a aceptar la crítica constructiva, desprendernos de las ideas nocivas y de los puntos de vista y métodos contrarios a la realidad nacional que no se correspondan con la necesaria e importantísima unidad. Me pregunto: ¿Habrá interés personal alguno que no podamos sacrificar o error que no podamos superar en aras del bien colectivo?

Es necesario que el “acto de contrición” se realice ahora, el examen de conciencia debe hacerse a tiempo; hay que perder la mala costumbre de criticar y reconocer los errores sólo después de consumados los hechos, como ha sucedido en la MUD, ya debiéramos estar suficientemente aleccionados por los reveses sufridos, comprendo que es difícil no errar, pero es necesario tratar de cometer menos errores y si se cometiera alguno reconocerlo y corregirlo de inmediato.

Hoy tenemos un problema de urgente solución para lograr la confianza casi perdida en los partidos, falta una Visión de País, que se enfrente al pernicioso oficialismo, una Visión que se enfoque desde el punto de vista de la cosmovisión o intuición de las realidades socioculturales y políticas que se nos presentan actualmente, en especial, ante la ausencia de un liderazgo cierto, lo que ha permitido un vergonzoso culto a la personalidad y las reiteradas violaciones a la legalidad, arbitrariedades,  represión y rapiña, como podemos notar los desafíos son de gran magnitud y por ello no basta que un grupo se una, mientras otro disocia, requerimos una unidad sincera sin pérdida de identidad, reconozcamos que hay errores políticos que no se entienden, son tan obvios, que resulta incomprensible que políticos avezados no los hayan evitado, lamentablemente los políticos de oficio son incomprensibles, generalmente toman decisiones contrarias a la lógica y la razón y esto no es una novedad en Venezuela.


Los venezolanos demócratas tenemos la obligación de luchar por una vida mejor, con equidad, justicia e igualdad, en donde las verdades éticas esenciales e innegociables del ser humano conformen el núcleo que indique el camino a seguir para que el bienestar general sea una realidad y no un espejismo que aparece difuso y difícil de alcanzar. Espero que alguna vez superemos la perniciosa demagogia y el populismo que nos lleva a creer que ser pobre da carta blanca para vivir mejor. Sinceremos la política, basta de ocultar los errores.

Fernando Facchin Barreto
ffacchinb@gmail.com
@fernandofacchin
Carabobo - Venezuela