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jueves, 5 de diciembre de 2019

ALBERTO BENEGAS LYNCH (H): EL PAPEL DE LA NUEVA OPOSICIÓN, CASO ARGENTINA

Es una verdad de Perogrullo que todas las personas de bien desean lo mejor para su país. En nuestro caso venimos de fracaso en fracaso desde que se estrenó el populismo en nuestro medio y se revirtió el formidable éxito que hizo que fuéramos un ejemplo de progreso moral y material en el concierto de las naciones civilizadas, debido a la aplicación de recetas compatibles con la sociedad abierta. Luego vino la avalancha de estatismos que bajo diversas denominaciones nos empobreció bajo la ficción de que recursos gubernamentales operarían de la nada, como si no fueran producto del saqueo al fruto del trabajo ajeno.

En el actual contexto, sería lamentable que el gobierno saliente estime que el apoyo logrado en distintas manifestaciones y marchas proselitistas y el respaldo obtenido en las urnas se deben a un apoyo a su gestión, puesto que ha sido como expresión de la imperiosa necesidad de preservar las instituciones republicanas, de modo muy especial la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia. Este apoyo, así concebido, permitió establecer una oposición de peso en ambas cámaras, si bien resulta mucho más notoria en Diputados que en el Senado.

A esta altura debe recordarse que el sistema republicano se basa en cinco columnas fundamentales en el contexto del reaseguro de la libertad de expresión, sin límite de ninguna naturaleza. Estas cinco bases son la igualdad ante la ley anclada en la Justicia como "dar a cada uno lo suyo", la responsabilidad de los gobernantes ante la ciudadanía por lo realizado, la nítida división de poderes, la transparencia de los actos de gobierno y la alternancia en el poder a través de elecciones confiables.

Esto es lo que debe defender a capa y espada la nueva oposición durante la próxima gestión gubernamental, para lo cual, desde luego, resulta primordial poner en claro que la gestión hoy en funciones ha fracasado rotundamente en cuanto a lo más acuciante, es decir, a la incapacidad para reducir el tamaño elefantiásico de un Leviatán desbocado. De esta situación se sigue la presión tributaria, la deuda exponencial, el adiposo déficit total y el haber generado una inflación mensual equivalente a la anual en naciones normales.

No caben pretextos y el relato de anécdotas irrelevantes, solo importan los resultados. Está en juego la supervivencia de la República, antes de que se promulgue una "ley de medios" como subterfugio para amordazar la libertad de expresión, antes de reformas constitucionales nefastas, de modificaciones en el esquema judicial y de revocar, frenar y revertir fallos que quitan sustento a la corrupción administrativa.

El comienzo del gobierno macrista estuvo adornado con el bailecito del presidente en la Casa Rosada con la banda presidencial, lo cual dista mucho de un gesto republicano. La primera medida en el plano económico fue la irrupción de nuevos ministerios y la primera medida en el terreno institucional fue la pretensión de designar por decreto a dos ministros de la Corte Suprema.

Es perentorio consolidar la nueva oposición, alejada de los personajes que contribuyeron al referido fracaso. Sería del todo impropio que pretendan constituirse en referentes de la oposición a partir de la asunción del gobierno recién electo aquellos que cargan las pesadas mochilas de la deplorable administración que, entre muchas otras cosas, termina con cepos cambiarios y otras múltiples regulaciones dignas del estatismo más exacerbado.

Además de lo aludido sobre las fallas del gobierno que termina (que es lo principal para descartar la idea de mantener la misma dirección), como una nota a pie de página debe tomarse en cuenta que es probable que la actual cabeza del Ejecutivo esté obligada a acudir a Tribunales en varias causas en su contra, que por más que resultaran injustas debilitan y desgastan la capacidad de maniobra de un referente en la oposición.

Se requiere la suficiente cintura y reflejos políticos para proceder sin demora en el sentido señalado. A nuestro juicio, quienes podrían asumir las nuevas responsabilidades son políticos de la Unión Cívica Radical más cercanos a la tradición inaugurada por su fundador, Leandro Alem, desviada a partir de la Declaración de Avellaneda de 1945. Esto no solo debido al extraordinario ideario en su tramo original, sino a que se trata de una expresión de lo que hasta ahora ha sido una coalición electoral que debería apuntar a ser en el futuro una coalición de gobierno que recoja la mencionada tradición original.

En este contexto debe tenerse muy presentes pensamientos de gran trascendencia de Alem. En el debate sobre la federalización de Buenos Aires, en 1880, expresó: "Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades". Recomendaba además "una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades" y concluía: "gobernad lo menos posible porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad".

En igual línea argumental, Alem, a contracorriente de la sandez de "vivir con lo nuestro", patrocinaba la completa apertura de las fronteras al comercio en "El Argentino", en 1894, en un texto titulado "El proteccionismo y el pueblo" y en 1891 en el "Manifiesto Radical" se refiere a los peligros de la inflación monetaria que firma Alem como presidente y lo secundan Joaquín Castellanos, Carlos Estrada, Daniel Tedín y Abel Pardo. Allí se resume el cuadro de situación al sostener que "Es un axioma ante la conciencia argentina que el mal se ha producido por exceso de oficialismo."

Lo dicho no es óbice para la necesaria tarea de trabajar en otros espacios para contribuir a la difusión y ejecución de plataformas liberales y las faenas que se vienen desarrollando al efecto de dar la batalla cultural. Pero insistimos que para que esto último tenga lugar y se amplíe su radio de acción es menester conservar los principios esenciales del sistema republicano. No es responsable poner la carreta delante de los caballos. Primero hay que asegurar lo esencial de la República, para lo cual debe fortalecerse la nueva oposición gracias a la oportunidad que le brindaron las urnas en las elecciones del 27 de octubre. No debe confundirse el plano académico con el político, pues son dos esferas sustancialmente distintas.

Ahora bien, si las bancadas de la nueva oposición van a competir por la promulgación de las medidas estatistas que nos han asfixiado hasta el presente, para eso es mejor evitar disimulos y asociarse a la alianza del gobierno recién electo.

Por último, hago votos para que no se recurra a las absurdas y contraproducentes expresiones de "ajuste" o "shock" si es que se quiere liberar recursos atrapados en las pesadas telarañas estatales al efecto de engrosar los bolsillos de la gente. Ya bastantes ajustes y shocks padecen cotidianamente los argentinos desde hace mucho tiempo para soportar nuevos embates de ese calibre.

Alberto Benegas Lynch (h): 
@abenegaslynch_h 
Autor del libro El poder corrompe (2019).

miércoles, 24 de abril de 2019

ORLANDO AVENDAÑO, LA PELIGROSA FANTASÍA DEL QUIEBRE MILITAR EN VENEZUELA Y SUS PROMOTORES

Es improbable que se produzca un alzamiento militar que deponga a Nicolás Maduro.

El 23 de febrero de este año estuve en el Puente Internacional Las Tienditas, cerca de Cúcuta. Unos días antes me había llegado la información, de fuente confiable, sobre supuestos acercamientos que había tenido el comandante general del Ejército, Jesús Suárez Chourio, con Gobiernos del extranjero. La información era confidencial, partía de un informe y la fuente era muy buena; no parecía pertinente publicarla. Pero ese día, en Tienditas, se la comenté, quizá siendo ingenuo, a un diputado de la Mesa de la Unidad Democrática. Él, con un dejo de soberbia, me apartó, bajó la voz y me dijo: “No sé si con Gobiernos en el exterior; pero te puedo asegurar algo: con nosotros sí está hablando Suárez Chourio. Estamos en contacto y te digo otra cosa: esto es cuestión de horas. Esto está listo. Viene el quiebre”. Todos sabemos qué fue lo que ocurrió.

Recuerdo, en la mañana de ese 23 de febrero, haber visto al mayor general retirado del Ejército, antiguo miembro del régimen chavista, Clíver Alcalá Cordones. Yo lo conocí, en la investigación para Días de sumisión, hace varios meses. No me generó confianza, aunque ahora posa de disidente. Pero allí estaba, en Cúcuta, guiando a varios militares que acababan de desertar en la frontera. Clíver, de alguna forma, los comandaba. Junto a él estaba el mayor Parra, un oficial que acababa de huir de Venezuela. A las horas, Parra se reunió con el presidente Juan Guaidó y otros militares en un edificio en Tienditas.

Dos días antes, el 21 de febrero, yo estaba hablando con David Smolansky justo cuando nos enteramos: Hugo Carvajal, ese temible y peligroso militar chavista, director por muchos años del aparato de inteligencia del régimen, reconocía a Juan Guaidó como su presidente. Parecía el preludio de lo inminente, ese quimérico quiebre militar que se vende como la salvación. Le dije a David: “Esto es buenísimo, Hugo tiene mucho peso en el chavismo”. Ambos lo vimos como un guiño a lo que viene.

Desde entonces, Hugo Carvajal se ha mantenido, claro que en el exilio, muy activo en las redes sociales. De acérrimo chavista, también narcotraficante, al mayor disidente. Cada mensaje en su cuenta de Twitter parecía una estocada al régimen de Maduro. “Aquí está un soldado más por las causas de la libertad y la democracia, para ser útil en la consecución del objetivo de restablecer el orden constitucional”, dijo en un video publicado el 21 de febrero.

“Este momento histórico requiere del verdadero patriotismo de nuestros soldados. De que hagan lo que tengan que hacer por defender a nuestro pueblo”, escribió el 23 de febrero en Twitter. Luego, en un hilo en su cuenta, cargó contra la posibilidad de una intervención militar foránea y blandió la premisa de que los militares venezolanos están a poco de apartarse del régimen y que, además, ellos tienen la capacidad de pacificar el país en una eventual transición.

“Es cierto que alrededor del 90% de la FAN quiere cumplir con sus deberes constitucionales (…) El Ejército, la Armada y la Aviación no se han visto envueltos en crímenes de manera generalizada (…) Para controlar grupos paramilitares no se requiere de asistencia militar de Estados Unidos. Este aspecto es mucho más fácil de lo que imaginan (…) La Fuerza Armada Nacional sana (mayoría del Ejército, Armada y Aviación) puede y estaría dispuesto a limpiar nuestro territorio de las FARC, ELN, narcotráfico y demás grupos irregulares”, aseveró.

Hugo Carvajal aseguró, también en su cuenta de Twitter, que le estaría compartiendo información a Juan Guaidó sobre la estrategia para lograr que se produzca, finalmente, el quiebre militar; para evitar, además, la posibilidad de llegar a una intervención militar.

Un paso, a vuelo rasante, por su cuenta de Twitter, da muestra de un intento insistente por parte de Hugo Carvajal para impulsar varias ideas: la Fuerza Armada respalda a Guaidó, pero es prisionera de los cubanos; una intervención militar extranjera solo generaría un mayor desastre; el apoyo de Rusia a Nicolás maduro no existe y la Fuerza Armada tiene el potencial y los recursos para enfrentar a grupos irregulares.

Finalmente, el 9 de abril, pocos días antes de su captura en Madrid, Carvajal escribió en Twitter: “No tengo la menor duda. Maduro saldrá por decisión de la Fuerza Armada Nacional”.

Curiosamente, Clíver Alcalá Cordones, quien desde que se apartó del chavismo ha sido bastante discreto, anda de gárrulo por los medios. No utilizaba su cuenta de Twitter desde el 29 de julio del 2017, pero el cuatro de marzo la retomó con un tuit: “La democracia cada vez más cerca. Pronto tendremos justicia en Venezuela”.

Tres días después escribió: “La rebelión popular y militar incontenible es la salida más patriótica”. “La juventud militar, aquella que ha estado al margen de los ilícitos cometidos por la cúpula militar, debe convencerse del rol histórico que cumple en este momento. El futuro de los venezolanos depende del cese de la usurpación”, agregó.

Clíver no tantea alternativas en sus declaraciones. A la periodista Vanessa Davies, en el medio Punto de Corte, le ratificó: “La juventud militar es nuestra reserva moral para deponer a la tiranía”.

Por último, en una entrevista al medio EVTV, Alcalá dijo: “No hace falta una coalición internacional. La propia Fuerza Armada puede sacar a Maduro. Esa puede ser una salida importante en Venezuela. Y no solo la Fuerza Armada a lo interno sino la Fuerza Armada desplegada por todo el mundo”.

La piedra angular de la estrategia del presidente Juan Guaidó para lograr el cese de la usurpación fue, por varias semanas, el proyecto de Ley de Amnistía. Enfocada en los militares activos, buscaba captar su apoyo para deponer a Nicolás Maduro. Muchos esfuerzos se hicieron en ese sentido y ninguno derivó en algo determinante. Pocas deserciones, muy pocas de trascendencia.

Múltiples mensajes se difundieron por las redes sociales. Guaidó encabezó una campaña para solicitarle apoyo a cada uno de los funcionarios. Se pidió a los ciudadanos imprimir y difundir, en cuarteles militares, cada copia de la Ley de Amnistía. Ante ello, los militares respondieron con apatía y hostilidad. Algunos quemaron, en las caras de los ciudadanos, la Ley.

El 20 de febrero, poco antes de que Clíver Alcalá pisara Cúcuta, y un día antes del anuncio de Carvajal, la fiscal general de Venezuela en el exilio, Luisa Ortega Díaz, quien por mucho fue una de las cabecillas del proyecto de Hugo Chávez, envió un mensaje a la familia militar: “A ustedes, hombres y mujeres de armas, es una decisión patriótica facilitar el ingreso de la ayuda humanitaria. Salven el honor militar que está siendo ultrajado y mancillado”.

Unas semanas después, el 14 de marzo, entrevisté a Luisa Ortega Díaz en Bogotá. Con respecto al tema de solicitar una posible intervención militar en Venezuela, la fiscal me dijo: “¿Realmente eso va a solucionar el problema de Venezuela? ¿Realmente eso es lo que quiere la población? Yo creo que cualquier situación que lleve a más tragedia a los venezolanos sería bien doloroso para la población ya sufrida”. Asimismo, al margen, Ortega Díaz me insistió en la necesidad de integrar a toda la población, unificarla, para lograr la salida de Maduro.

Y, al preguntarle sobre Suárez Chourio y el rumor de que tanteaba la posibilidad de apartarse de Nicolás Maduro —al margen de la entrevista que se publicó—, Luisa Ortega Díaz me confirmó que está en contacto constante con el comandante del Ejército.

Rafael Ramírez, el director de PDVSA de Hugo Chávez, hoy también camina campante con el parche de disidente. Dicen que parte de su fortuna está regada entre bolsillos de chavistas-no-maduristas, que por cierto viven en el exilio también, y de presuntos opositores. Puras especulaciones, aunque bastante racionales. Pero la verdad es que Ramírez pontifica desde el exilio e impulsa su tesis, la que, para él, es la única que podrá sacar a Nicolás Maduro: “Estoy convencido de que solo la unión cívico-militar ha demostrado ser efectiva para desbloquear situaciones políticas de conflicto y permitir que sus pueblos decidan su propio destino”.

En un artículo publicado este 13 de abril y titulado Argelia, Sudán y el 13 de abril, Ramírez empieza escribiendo que “sin lugar a dudas, tres eventos o conmociones políticas de características distintas, diferente signo ideológico, espacio geográfico, historia y tiempo, pero un elemento en común: la Fuerza Armada junto al Pueblo”.

Ramírez, el chavista disidente con más poder y recursos fuera de Venezuela, es uno de los principales promotores de esa fantasía del inminente quiebre militar. También, de los que desestima la posibilidad de una intervención foránea, entendiendo el supuesto potencial doméstico que reside en el mundo castrense.

“En mi mensaje a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, no tenemos otra opción que optar por una alternativa patriota al lado del pueblo (…) Solo la actuación decidida de ustedes, a favor de la Constitución (…) permitirá sacar al país de este caos, evitar una guerra o una intervención extranjera”, escribió Ramírez en su artículo.

La retórica, hasta hace poco compartida por el Gobierno de Juan Guaidó, esbozada en torno a la posibilidad de un quiebre militar —y a la necesidad de ello— no es nueva. No es la primera vez que se ensaya ni es la primera vez que trazan estrategias políticas en torno a ella. Al blandirla, se olvida, primero, que a la Fuerza Armada, toda, plena, fue la primera institución desmontada y pervertida por el chavismo; que el aparato de espionaje cubano es altamente eficiente y que las oportunidades anteriores —como la crisis política del año 2013 con el fraude a Capriles; la crisis política del año 2014 con decenas de muertes; la crisis política del año 2016 con el referendo revocatorio; la crisis del año 2017 con más muertos; y la reciente crisis, con un intento de ingresar ayuda humanitaria— solo han ratificado la inviabilidad de la estrategia del quiebre militar.

Desde el 2002 solo ha habido expresiones aisladas en el mundo castrense. El reciente goteo de deserciones, que ya cuentan más de mil unidades, ratifica lo improbable de un movimiento interno, articulado en Venezuela, para deponer a Nicolás Maduro.

“La estructura piramidal de las Fuerzas Armadas está fracturada. La organización orientada a la defensa de la patria y de sus instituciones fue rota a través de varios mecanismos: primero, el Plan Bolívar 2000, donde se desnaturalizó la Fuerza Armada; segundo, y lo relata muy bien Emili Blasco, empieza a penetrar en varios sectores de la Fuerza Armada el narcotráfico. Esa institución fracasó”, dijo al PanAm Post el estratega político, consultor y conferencista venezolano Pedro Luis Pedrosa.

Una fuente interna en la oposición venezolana confirmó al PanAm Post lo que había llegado como rumor de pasillos —y lo que había sugerido el mismo general arrestado hace días en Madrid—: Clíver Alcalá y Hugo Carvajal han asesorado, en cuanto al tema militar, al Frente Amplio Venezuela Libre —o la antigua Mesa de la Unidad Democrática, a la que pertenecen la mayoría de los que rodean al presidente Juan Guaidó—. Con respecto a esto, Pedrosa comentó al PanAm Post: “Parece que entre los que asesoran a Juan Guaidó están los que llaman «Los militares 4F» (por el golpe fallido de Hugo Chávez el 4 de febrero)”.

El Grupo de Lima y, particularmente, Estados Unidos, se enmarcaron dentro de una estrategia bosquejada por quién sabe quién —dada la participación de varios actores—. Las ninguneadas de John Bolton y el senador Marco Rubio se transformaron en ofertas y propuestas. El mismo Rubio, en un mensaje de Twitter, sin que antes haya sido soleado por algún otro funcionario estadounidense de alto perfil, escribió el cinco de febrero: “Líderes militares como Vladimir Padrino López pueden jugar un rol importante en restaurar la democracia en Venezuela. Y si lo hacen, Estados Unidos y la comunidad internacional deberán honrar la amnistía ofrecida por el Gobierno legítimo [de Juan Guaidó]”.

A las horas, Rubio volvió a subrayarlo, diciendo que “el tiempo se acaba para que los líderes militares defiendan la Constitución, reconozcan a Juan Guaidó y apoyen la salida de Maduro”. Más de un mes después, el 19 de marzo, todavía el reloj seguía corriendo: “Aún hay tiempo para que los líderes militares en Venezuela: mantengan su rango; se favorezcan de la amnistía; les remuevan las sanciones; participen en un Gobierno de transición”.

Las ofertas se ensancharon a medida en que la estrategia de un quiebre militar fracasaba. Aquello jamás llegó a ser blandido por la Casa Blanca, pero el Departamento de Estado la mantuvo como su ruta para rescatar a Venezuela. Quizá por información que desconocemos, o por la insistencia de factores venezolanos en esa posibilidad —entre los que están militares del alto mando y funcionarios del Gobierno de Juan Guaidó, como publicamos el 26 de marzo de este año—.

(Hay que recordar, también, como reveló en New York Times en septiembre de 2018, que funcionarios militares se le han aproximado al Gobierno de Trump proponiéndoles la posibilidad de ejecutar un coup d’Etat en Venezuela. La Casa Blanca no continuó por falta de confianza).

El 23 de febrero fue el gran día de las líneas rojas y los ensayos. Ese día se creía que pasaría A y ocurrió, en cambio, Z. Lo opuesto. La sensación ese día, se percibía a kilómetros, era de espontaneidad. Improvisaban. A los líderes mundiales, como Piñera y Duque, que estaban reunidos ese sábado en una especie de situation room con Juan Guaidó, los habían convencido de que la ayuda humanitaria pasaría a Venezuela gracias a un quiebre militar. Aquello no ocurrió, surgió la tensión entre los mandatarios, y quedó desaprobada una idea: los militares venezolanos son confiables.

“Los eventos del 23 de febrero fueron un desastre”, comentó al PanAm Post un experto en seguridad cercano a Washington que prefirió mantenerse bajo el anonimato. “Toda la coordinación entre Estados Unidos y la oposición venezolana fueron un desastre”.

Y los resultados están a la vista. El experto no es el primero que lo comenta. Ese mismo día, entre quienes estaban allí y vieron en primera persona las discusiones en la situation room, se hablaba a cada rato sobre el gran error cometido y la candidez de Estados Unidos.

“Yo creo que Estados Unidos se está metiendo en la cama con sus peores enemigos en América Latina. Algunos voceros de la oposición en Estados Unidos han engañado a la Casa Blanca descaradamente. Son los operadores del Gobierno de Juan Guaidó hoy en Washington. Engañaron a Estados Unidos y a sus aliados”, dijo al PanAm Post el estratega Pedrosa.

Quizá lo más mezquino es el verdadero propósito de la corriente que insiste en mantener la quimera del quiebre militar y la mercadean como la panacea. La intención, revelada sin timidez por todos aquellos que insisten en hablar a los militares, es sacar del debate la posibilidad de una incursión militar extranjera, escudada en, por ejemplo, el Principio de Responsabilidad de Proteger, para deponer a Nicolás Maduro. Muchos, de hecho, lo han puesto como punto inamovible en sus discusiones con altos funcionarios del mundo: no es necesaria una intervención, porque tenemos la certeza de que los venezolanos con armas lo resolverán.

Estados Unidos, de amenazar directamente a Nicolás Maduro en la víspera de la juramentación de Juan Guaidó con acciones “que no está preparado para encarar”, pasó a hacer ofertas odiosas que jamás trascendieron. Incluir a militares violadores de derechos humanos en una eventual transición se empezó a tantear como una posibilidad sensata y manejable.

Dijo Pedrosa al PanAm Post que el Gobierno de Donald Trump está al tanto de su error con los factores venezolanos internos. Como ciertos gestos han demostrado en los últimos meses, la postura de la Casa Blanca choca con la del Departamento de Estado y el Pentágono. Suplantar moderados por halcones, habla de cuán en serio se toma Trump el caso venezolano. Luego de las inoportunas declaraciones del envoy  Elliot Abrams sobre la posibilidad de que los venezolanos soliciten intervención militar, ha sido la misma Casa Blanca, en voz de Mike Pence, John Bolton y el almirante Craig Faller, comandante del Comando Sur, los que han dado el giro al timón en la retórica americana ante Maduro.

En Washington saben bien quiénes son los vendedores de humo. Esa corriente, póngale usted el nombre, que vende a todos la solución que no llegará para que todos olviden la solución que sí puede llegar —la única, más bien—.

Orlando Avendaño
@OrlvndoA
PanAm Post

lunes, 30 de enero de 2017

ENRIQUE G. AVOGADRO, CON LA BOCA ABIERTA, DESDE ARGENTINA

SUR AMÉRICA, INGLATERRA, ESTADOS UNIDOS 

“Decidí no hacerme el gil y enfrentar la responsabilidad de no minimizar mis pequeños actos. La historia la hacemos entre todos, aunque no declaremos guerras ni firmemos la paz ni decretemos nada”. Enrique Pinti

Esta semana el mundo entero, y nuestra región en especial, recuperó su capacidad de asombro, ya que Occidente está cambiando a una velocidad no imaginada hasta hace escaso tiempo.

Donald Trump, desilusionando a muchos que confiaban en que se convertiría en un Carlos Menem rubio, probó que está dispuesto a cumplir, una a una, todas sus extremas promesas electorales. A golpes de Twitter (al mejor estilo de Cristina Kirchner), continuó su guerra a muerte contra la prensa, insiste en desmantelar el “obamacare”  (con lo cual dejará a la intemperie sanitaria a varios millones de sus compatriotas), avanzó en sus propósitos de impedir la inmigración de musulmanes y de expulsar a los indocumentados, autorizó la tortura de prisioneros, dio marcha atrás con el cierre de Guantánamo e hizo saltar por el aire la tan pacientemente construida relación con México; su ratificación del propósito de construcción del muro y la exigencia de cargar su costo al país vecino, constituyó una grave humillación para el Presidente azteca, Enrique Peña Nieto, y la programada visita de Estado fue cancelada.

En Gran Bretaña, la Primera Ministra Theresa May ha visto congelado su calendario de salida de la Comunidad Europea –apoyada fuertemente por Trump- por resolución de la Corte Suprema de Justicia, que la obliga a someter el proceso a la decisión del Parlamento; y la Primera Ministra de Escocia, Nicola Surgeon, ha vuelto a poner sobre el tapete la independencia de su nación, que rechaza el Brexit.

De Venezuela, donde Nicolás Maduro y Diosdado Cabello han suprimido hasta al Poder Legislativo y han convertido al país en víctima de una dictadura genocida, es imposible decir algo más. Bolivia está dando una nueva muestra de los límites que está dispuesto a romper el populismo en la región: Evo Morales, derrotado en un referéndum para habilitar una nueva reelección, anunció que se postulará de cualquier modo.

En Brasil, se ha desatado una nueva tormenta, esta vez por un Juez de Rio de Janeiro que ordenó la detención -no concretada por su fuga del país- de Eike Batista, un empresario que, cual estrella fugaz, apareció hace unos veinticinco años en el escenario local y, ya en 2011, figuraba entre los veinte más ricos del mundo. Mientras tanto, continúa la saga que comenzó con la muerte del miembro del Supremo Tribunal Federal que tenía a su cargo la supervisión de las investigaciones del “Lava-jato”, que lleva adelante otro Juez, de Curitiba; su fallecimiento ha puesto en vilo la homologación de los acuerdos firmados por los arrepentidos 77 ejecutivos (entre ellos, su Presidente) de la gigantesca constructora Odebrecht; de concretarse, la libertad de Luiz Inácio Lula de Silva y hasta la permanencia en su cargo del Presidente de la República, Michel Temer, entrarán en zona de alto riesgo.

Los argentinos –hay muchos vinculados a ese escándalo, como Roberto Dromi, Julio de Vido, Gerardo Ferreyra (Electroingeniería), etc.- debemos sentir vergüenza al ver la imagen que proyecta hacia el mundo Brasil: la corrupción verificada es infinitamente menor –tanto en términos relativos como absolutos- que la registrada en nuestro país durante los gobiernos de ambos Kirchner; sin embargo, ya se dictaron allí 1.200 condenas y 80 políticos y empresarios se encuentran tras las rejas. ¡Qué comparación triste con nuestros escasos cuatro presos (Lázaro Báez, José López, Milagro Salas y Ricardo Jaime), detenidos sólo por la impúdica exhibición de sus propias torpezas!
La viuda de Kirchner continúa burlándose de sus conciudadanos utilizando Twitter (ignoro por qué me bloqueó como seguidor), mientras los jueces federales de Comodoro Py, salvo honrosas excepciones, han puesto nuevamente a trabajar su principal sentido: el olfato. Tanto como los empresarios, que dicen estar esperando el resultado de las elecciones legislativas de octubre para decidir inversiones, los magistrados parecen estar también a la expectativa; ¡no sea cosa que una victoria de Cristina Elizabet Fernández la ponga otra vez en carrera hacia la Presidencia y, de triunfar, comience nuevamente a perseguirlos!

Nadie comprende por qué no acelera sus procedimientos el Consejo de la Magistratura que, a esta altura, ya hubiera debido eyectar de sus cargos a personas tan indignas de ejercer como magistrados –y, como tales, disponer sobre la libertad y el patrimonio de todos- como Eduardo Freiler, Daniel Rafecas o Ernesto Kreplak, por poner sólo algunos nombres.

El otro hecho asombroso fue la confirmación de una nueva asociación ilícita, integrada por Amado Boudou, Gabriel Mariotto y Fernando Esteche, que abandonaron a Luis D’Elía y su partido Miles para formar una nueva organización (PPT), por estar teóricamente en desacuerdo con una candidatura de la Abogada Exitosa, también jefa de estos gangsters. La foto de todos ellos lavándose las patas en una fuente de Plaza de Mayo, ahora recordada, fue una excelente noticia para Mauricio Macri.

El Gobierno, que en general está haciendo bien las cosas en materia económica, pero puede exhibir pocos logros en el control del espacio público, ha decidido avanzar en el control de las fronteras para impedir la inmigración de indeseables y el contrabando de drogas. Rápidamente, aparecieron las voces disonantes de algunas politizadas pseudo organizaciones de derechos humanos, que califican las lógicas e indispensables medidas como persecutorias y discriminatorias.

Pero muchos seguimos con la boca abierta de asombro por un tema en el cual Cambiemos no ha cambiado nada: la permanencia en las cárceles de miles de presos políticos, muchos sin condena y soportando ilegales y prolongadísimas prisiones preventivas, cuyo promedio de edad es de 75 años. En un ejemplo que muestra claramente la delincuencial militancia de los jueces que allí los mantienen, la Cámara de Casación ordenó otorgar el beneficio de la detención domiciliaria del Dr. Jaime Smart, de 81 años, pero un ¿magistrado? de La Plata desconoce impunemente la decisión y lo mantiene tras las rejas.

En el penal de Ezeiza, concretamente, hay decenas de ancianos con gravísimas dolencias, que incluyen cuadriplejias, cardiopatías severas, amputaciones de miembros y hasta cegueras, que esperan la muerte (ya le llegó a más de 400) envueltos en el silencio cómplice de una sociedad que ha optado por olvidarlos después de haber clamado por su intervención cuando los criminales asesinos terroristas –ahora fastuosamente indemnizados y glorificados- pusieron en jaque la existencia misma de la nación en los 70’s y los 80’s. Seguramente, la Argentina pagará con creces, sobre todo en indefensión, su cobarde y rastrera conducta desde 2003. 

Enrique Guillermo Avogadro
ega1avogadro@gmail.com
@egavogadro
Argentina