miércoles, 21 de octubre de 2015

EUGENIO MONTORO, EL BURRO Y LA CARRETA

Desde hace muchos siglos los hombres inventaron una forma de transportar cosas de un lugar a otro con facilidad. Hicieron un cajón de madera le colocaron dos y a veces cuatro ruedas y con un arnés pusieron a un burro o varios caballos a tirar del cajón. Este sencillo artefacto es parte de la civilización. Aún se usa sobre todo en el campo y las modernas gandolas tienen el mismo concepto.
Al igual que las carretas las sociedades requieren ser movidas para que progresen. Muchos piensan que lo hacen los gobiernos, otros creen que lo hace la educación, otros los valores, otros las leyes y muchos olvidamos cual es su real motor: la empresa privada.
Basta con que miremos a nuestro alrededor. Un semáforo, un carro, un autobús, una cafetera, una cocina, una cuchara, una mesa, una sábana, un televisor, un celular, una lámpara, una ventana, una nevera. Prácticamente todo lo ha construido la empresa privada, pero su función no solo se concentra en hacer peroles y servicios sino que para hacerlos requiere de personas y es la gran generadora de empleo. También le da sentido a la educación, pues los ingenieros encuentran su razón de ser en la producción y la construcción, los médicos en los hospitales, los economistas en los bancos  y así por el estilo. Es como un engranaje social en donde la empresa privada jala y mueve las cosas.
Así que promover la creación de empresas, apoyarlas y protegerlas es la mejor y más sencilla forma de desarrollar un país. Lo contrario es  paralizar la sociedad y condenarla a la miseria progresiva. No hay opciones. Ninguna nación sobre este planeta puede mantenerse por mucho tiempo sin el vigor de la empresa privada. Los países en donde mejor viven sus habitantes tienen eso en común. Hasta la comunista China se dio cuenta del truco, les abrió los brazos a los empresarios y ya ha sacado a millones de sus ciudadanos de la pobreza.
Una pregunta frecuente es que es lo mejor, que las empresas sean privadas o las maneje el gobierno. Algunos razonan que los  privados tienden a aumentar los precios, pero si las maneja el gobierno se controlan. La experiencia mundial dice que los gobiernos son malazos como empresarios y los fracasos son frecuentes. Por su parte, en el mundo actual, es falso que los empresarios solo busquen ganar dinero. La mayoría tienen buena conciencia social y los que se las tiran de vivos tienen a los productos importados, en competencia, como el mejor control de sus precios.
Ofrezco disculpas a mis amigos empresarios por compararlos con un burrito, pero en mi descarga sepan que es casi un plagio de lo que mucho antes había dicho Churchill: “Algunos creen que la empresa privada es un tigre al que hay que matar, otros una vaca que hay que ordeñar, pocos la ven como lo que es, un robusto percherón que jala una carga muy pesada”.
Eugenio Montoro
montoroe@yahoo.es

@yugemoto67

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