viernes, 5 de febrero de 2021

LUIS A. RAPOZO, OTRO 4F, SIN CHÁVEZ, EMPOBRECIDOS Y EN CRISIS.

Eran las cinco de la mañana en punto y se escuchan cañonazos que se disparan desde algún lugar de Caracas. Son ruidos espaciados. Supuse inmediatamente, que venían del 23 de Enero; del cuartel de la montaña, donde reposa Chávez. Entonces, me levanto y monto mi café, prendo la radio de costumbre y me asomo a la ventana para recibir una cachetada de frío, que viene del este, de la cota mil. Echo para atrás como lo haría un gallo a esa hora y me quedo observando el panorama. Ya no hay fuegos artificiales, ni los escandalosos Bim Laden.

No hay jolgorio, ni franelas rojas deambulando de un lado para el otro. Este 4 de febrero comienza frío, quizás sea por la pandemia en una semana radical, quizás, quizás. Pero, me parece que no hay entusiasmo… Ni siquiera los “cobra-bonos” gritaron una consigna. Me vuelvo a asomar a la ventana y miro a la distancia algunos bloques del 23 de Enero, y siguen durmiendo, en una penumbra extraña. Todo estaba oscuro. Hace 20, 10 y hasta 5 años, una fecha como esta, generaba una furia de plomo al aire de gente del 23 de Enero. Para mí, era como un indicador. Puede ser que una bala esté muy cara, solo disponible para bolichicos, gente con real.

Son 29 años transcurridos desde aquel  4 de febrero de 1992, Chávez y su gente se alzaron contra la Constitución para derrocar al gobierno democrático e incluso dirigieron sus armas sobre la Casona, en La Carlota. Y allí salió una primera dama con cojones democráticos... Un magnicidio frustrado con más de 300 muertos entre civiles y militares. Esa historia, la hemos echado varias veces, en esta, casi treintena de años. Lo que si observo, es que los alzados mejoran cada año su forma de ver el acontecimiento. Ya se parece a la gesta de la batalla de Carabobo. Ustedes saben, que el vencedor cuenta la cosa; la escribe, la canta, la deforma y hasta los cobardes que se mearon los pantalones en esos actos, terminan como héroes y haciendo cosas increíbles que jamás hicieron. No me extrañaría, que un alzado terminaría contando una historia donde él solito hubiera cambiado los resultados, por un pelito más de heroísmo rojo. Al que le pique, que se rasque.

II

¿Qué pasó con la revolución? Eso será analizado en el término de la distancia, pero no precisamente por sus aduladores. No tendría valor alguno. Han pasado 22 años continuos sentados en Miraflores, o en algún bunker, escondidos,  por temor a un atentado descubierto por la inteligencia cubana. Pero, han estado con el poder en la mano. Han perdido apoyo popular, han tenido resistencia a su manía de querer meternos a juro, cucharadas de comunismo mal estudiado.  Han sido corroídos por una gigantesca corrupción. Y quizás, una de las cosas más grave, han destruido  la industria petrolera, que de ser una de las cinco empresas más importantes, en su rublo; la han puesto a nivel de indigencia. Y con ella, a todo un país. Han fracasado. Y siguen con el poder, gracias a una oposición desarticulada, errática. Pero, su tiempo, ya pasó.

Perdieron la oportunidad de lograr importantes avances, con la bonanza petrolera. Solo financiaron los viajes de Chávez por el mundo, en su frenética creencia que llevaba la espada de Bolívar por el mundo y persiguiendo afanosamente, un puesto como líder mundial y propiciador de revoluciones, en el tercer mundo. ¿De qué pueden vanagloriarse? ¿Cuáles han sido sus logros? Ellos tienen la palabra. Hay que preguntarle a la rata peluda de Rafael Ramírez, un choro inteligente;  tipos como Herman El Troudy, otro ladrón de siete suelas, que robó en las narices de Chávez con su cara de pendejo, bien administrada; y a todos esos babosos que han estado y siguen en Miraflores con sus cuentas repletas de dólares. Hoy, pienso que Chávez murió, hizo lo que le dio la gana. Y dejó a su familia millonaria, en un país destrozado, aniquilado, paupérrimo.

III

Se mantienen en el poder con 4 millones de votos, que asistieron a soportar su Asamblea y ante una ausente oposición, que cantaba con pajaritos preñados, con pajaritos en el aire, revoloteando alegremente. Sin embargo, mantener la AN con 249 diputados falsos, que no deberían estar allí y con un pueblo que no respalda esa Asamblea realmente, es un asunto que tiene sus consecuencias. No reflejan la realidad. En la calle, todo hiede a desgaste. ¿Quién quiere revolución? Ustedes saben, que la juventud ha cruzado fronteras; que la gente no está comiendo bien aquí. No digo, que come perra-harina, porque ese alimento es muy caro. Pero si digo que no come las proteínas necesarias. Entonces, el nivel de vida de los venezolanos está por debajo al de aquel venezolano de 1989, 1992, 1998. Cuando consiguieron los elementos, que soportaron su alzamiento. Es decir, estamos peor, en revolución.

Cualquiera podría imaginarse fácilmente, un gobierno que quiere mantenerse 500 años-como dicen-, pero secándose, envejeciendo con su caparazón y haciéndose añicos con el transcurrir del tiempo. Eso es la revolución. Un triste espectáculo, digno de ser retratado por Steven Spilberg, para que haga una película de cómo se cae una revolución sola.

Los revolucionarios, están pegando gritos en la AN, en cualquier parte, pero su fracaso se lee claramente en el mal estado de los servicios; en la ausencia de empleos dignos, en empresas famélicas como perro moribundo, en un estado general de deterioro, que parece un cáncer demoledor. Hoy me atrevo a decir, que la revolución se tiró tres pedos, falta que expire. Los gritos de Maduro en Miraflores, frente a una cámara de TV., no despiertan a la gente del 23 de Enero; no van a parar su caída inexorable, y tampoco podrán justificar su incapacidad en el bloqueo, por siempre. No.

-¿Qué opinas de la revolución ,poeta?-me pregunta un vecino en la esquina de Guanábano, mientras me tomo un cafecito-. Le miro a los ojos y le digo como le respondería un militar en desgracia: ¡Es una mierda!

 

Luis Alfredo Rapozo
luisalfredorapozo@gmail.com
@luisrapozo
Venezuela

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