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jueves, 20 de diciembre de 2018

GIOCONDA CUNTO DE SAN BLAS, EL BAÚL DE LA NONNA, AL COMPÁS DE LA CIENCIA


En 1926 mi papá llegó a Caracas desde Tórtora, un pueblecito agreste del sur de Italia, cuando apenas tenía 14 años. Turbada por la miseria de entonces en su tierra natal, su madre tomó la dolorosa decisión de aventarlo solo a estas latitudes, océano de por medio, para que cobijado por parientes en esta orilla, pudiese “hacer la América” y ayudar desde aquí a quienes habían quedado atrás. 

No volvió más hasta los años posteriores a la segunda guerra mundial (viajar era privilegio para pocos) cuando, alarmado por las historias de penuria que le llegaban, decidió visitarlos para constatar la situación de su familia en ese país arruinado por la guerra y el fascismo. De allí volvió un par de meses más tarde, cargando con un baúl de flejes en cuya tapa destacaban en bronce las letras A M. Cual Melquíades, el gitano que periódicamente visitaba Macondo con su baúl lleno de maravillas que atrapaban invariablemente a José Arcadio Buendía, así mi papá abrió su baúl de donde salió como por arte de magia un acordeón más grande que yo, la niña de 4 años que era entonces, y con el cual comencé a hacer pininos en educación musical. No fue lo único. Del baúl inagotable salieron regalos para mi mamá, mi hermano y otros familiares. Y delicias: higos rellenos con nueces, orejones de frutas diversas, charcutería, quesos, también lencería, todos hechos por las laboriosas manos de mi abuela, la nonna, y mis tías italianas. No faltó el gustoso panettone de navidad, una exquisitez milanesa que entonces comenzó a marcar todas nuestras navidades, al lado de la hallaca y el dulce de lechosa que salían de las manos de mi mamá, con esa sazón oriental típica de su Anzoátegui natal. 

Las iniciales, luego supe, eran las de mi nonna: Anna Marsiglia. En el baúl ellas eran centinelas de tradiciones centenarias calabresas, muy propias de finales del siglo XIX cuando la nonna nació. A cada niña se le proveía al nacer de un baúl para que allí, desde sus primeros días en este mundo, sus padres fuesen llenándolo con vestidos, lencería y demás detalles primorosamente hechos y bordados a mano, que constituirían  parte de la dote cuando la niña llegase a la edad de casar y formar hogar. Armada con su baúl, sus padres tendrían algo que ofrecer al novio como promesa de intercambio para asegurar el desposorio y llegar a un acuerdo satisfactorio entre las familias. ¡Cuántas veces mi papá presenció la ruptura de un compromiso porque lo ofrecido por la familia de la novia no fue considerado adecuado por la del novio! 

Las niñas, por tanto, llegaban al mundo con su vida programada: prepararlas para casarse y casarse bien. Desposarse previa negociación entre familias, más allá de los sentimientos de los enamorados. Además del baúl y su contenido, de cualquier otro valor de recambio pecuniario o en especie, la joven debía tener una condición imprescindible, sin la cual nada valía: ser virgen. A él, por el contrario, se le exigía experiencia… 

Hoy el baúl de la nonna está en mi habitación. Mis padres no tuvieron que llenarlo con un ajuar matrimonial, ni negociar mi boda, ni pensar que mi única misión en la vida era casarme. Los tiempos han cambiado para bien en cuanto al valor de la mujer en sociedad. Lo que sí ha cambiado para mal es la vida en Venezuela. Esa que hizo a mi nonna empujar a su hijo en travesía transoceánica desde Italia no existe más. Tanto ha cambiado que ahora mis hijos han hecho el camino inverso al de su abuelo, en búsqueda de un futuro amable y de posibilidades en tierras lejanas. 

Quién sabe si cualquier día uno de ellos me pida el baúl de la nonna para recorrer con él la ruta emprendida en busca de su destino, lejos de la patria que lo vio nacer, con la misma motivación de aquel jovencito de 14 años, su abuelo, que noventa años antes hizo lo mismo en reverso al embarcarse en trayecto trasatlántico a esta tierra de gracia, persiguiendo ese futuro que su propia tierra le había negado. 

Mientras tanto, yo seguiré aquí, con el baúl de la nonna a mi lado, como mudo testigo de ese pasado que toca en sus ausencias a mi presente, cofre que a la vez asumo como fuente matriz de donde van brotando deseos y sueños por un porvenir auspicioso para todos en 2019.

Gioconda San-Blas
gsanblas@gmail.com
@davinci1412

ANDRÉS OPPENHEIMER, EL PELIGRO DE UN ÉXODO DE 8 MILLONES DE VENEZOLANOS


Un nuevo estudio de Brookings Institution según el cual el número de refugiados venezolanos se disparará a 8 millones debería estar causando alarma en Estados Unidos y América Latina. Sería el mayor éxodo masivo del mundo en los últimos tiempos, más grande que la crisis de refugiados sirios, y podría desestabilizar la región.

El estudio, del economista venezolano-israelí de Brookings, Dany Bahar, y del investigador Douglas Barrios, dice que la proyección de 8 millones incluye a los 3 millones de venezolanos que según las Naciones Unidas ya han abandonado su país debido a la crisis humanitaria. La mayoría de los refugiados han huido a Colombia.

El estudio no especifica el marco de tiempo en que se llegaría a la cifra de 8 millones, por lo que llamé a Bahar y le pedí que fuera más específico. ¿Estamos hablando de una década, o de dos o tres décadas ?, le pregunté.

“No, estamos hablando de un período de tiempo mucho más corto, de unos dos o tres años”, me dijo Bahar.

El estudio toma en cuenta la tasa de pobreza del 87 por ciento de Venezuela, el colapso económico del país, los pronósticos mundiales de precios del petróleo y tambien las remesas familiares de los venezolanos que ya están enviando dinero desde el exterior.

Cuando le pregunté si la cifra de 8 millones de refugiados es el escenario más optimista o pesimista de su estudio, Bahar me respondió que “es un escenario con suposiciones bastante realistas. Si erra, erra para el lado conservador”.

Si el estudio es correcto, es difícil prever cómo Estados Unidos y América Latina podrían lidiar con este éxodo masivo. Colombia ya está pidiendo ayuda internacional, pero está recibiendo mucho menos de lo que necesita.

Cuando recientemente le pregunté a la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez, si su país podría aceptar a un millón adicional de inmigrantes venezolanos en 2019, como lo ha proyectado la Oficina de Migración de su país, me dijo: “No, no podríamos realmente”.

De hecho, las ciudades colombianas en la frontera con Venezuela ya están desbordadas. Sus escuelas y hospitales están repletos, y difícilmente podrían recibir más inmigrantes.

Y el presidente Trump, a pesar de su retórica de línea dura contra la dictadura de Venezuela, no ha sido muy bondadoso con los inmigrantes venezolanos, probablemente porque tenderle una mano a los refugiados venezolanos socavaría su falsa demagogia de que Estados Unidos tiene una crisis migratoria.

De hecho, el número de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos ha disminuido significativamente en los últimos 10 años, según el Centro de Investigación Pew. La semana pasada se presentó en el Senado un proyecto de ley bipartidista para otorgar el estatus de protección temporal (TPS, por sus siglas en inglés) a los refugiados venezolanos, pero el esfuerzo fue liderado por un demócrata, el senador Bob Menéndez.

Entonces, ¿qué pasaría si el exodo venezolano crece a 8 millones, como lo pronostica el estudio de Brookings?

Algunos especulan que el presidente-electo ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro lideraría una intervención militar respaldada por Estados Unidos para derrocar al dictador venezolano Nicolás Maduro.

Quienes creen en ese escenario señalan que Bolsonaro ya se ha comprometido a ser un aliado cercano de Trump, y que la última vez que Brasil y Estados Unidos fueron aliados cercanos, en la década de 1960, las fuerzas brasileñas y estadounidenses invadieron República Dominicana.

Pero Bolsonaro va a estar demasiado concentrado en tratar de resucitar la economía de Brasil para gastar su capital político en una intervención extranjera.

Y lo mas probable es que Trump esté demasiado ocupado tratando de defenderse de cargos cada vez más serios de que habría cometido varios delitos antes y durante su campaña electoral de 2016. Aunque tambien es cierto que Trump —acorralado por sus propios errores— también podría iniciar una guerra para desviar la atención pública de sus problemas domésticos.

En cualquier caso, este nuevo estudio de Brookings debería tomarse muy en serio.

La comunidad internacional debería escalar sus sanciones diplomáticas a Maduro antes de que asuma el cargo el 10 de enero por un nuevo período de seis años. Si el mundo mira hacia otro lado, pronto estaremos ante una crisis regional mucho más grave.

Andres Oppenheimer
@oppenheimera

miércoles, 19 de diciembre de 2018

CARLOS PADILLA, SALTADO DE UN IMPERIO A OTRO Y/O ENTRE IMPERIALISMOS TE VEAS


Se entiende por imperialismo a un régimen de dominación política en el cual una potencia militar o económica extiende sus dominios sobre otros pueblos o Estados por medio de la fuerza o a través de la influencia económica, cultural o política.

En realidad, Venezuela estaba inserta en lo que se ha llamado occidentalismo pues nuestra cultura tuvo sus bases en la forma de ser heredadas de la cultura hispánica, no muy idónea, por cierto, que desde la conquista predominó sobre lo indígena y lo africano. Los conquistadores vinieron en representación del imperio español y los libertadores fueron españoles criollos de la más rancia cultura europea tanto española como francesa e inglesa,

El imperialismo español ocasionó la pérdida de identidad de los pobladores indígenas e implantó los patrones de conducta, la educación y la mentalidad de los colonizadores. La lengua y religión de los dominadores fue impuesta, conduciendo a un fuerte grado de aculturación.

El petróleo nos occidentalizo aún más pues el desarrollo de la industria estuvo en manos de las empresas petroleras norteamericanas cuya raigambre cultural se asentó en nuestro pais generando una cultura de confort que abarco no solo lo petrolero sino a la sociedad toda.

Es decir que pasamos de ser súbditos del imperio español a depender del imperio norteamericano fundamentalmente desde lo económico y lo cultural. Largo fue ese periodo en que el consumismo de los bienes importados desde el norte nos influenció en comportamiento y hábitos de consumo..

Poco a poco nos fuimos deslastrado de ese dominio hasta que logramos independizar la industria petrolera, pero mantuvimos el modo de ser occidentalizado heredado del norte. 

En épocas recientes, por obra y gracia de las tendencias socialistas, nos convertimos en súbditos de la metrópoli cubana quien nos dominó políticamente y a la cual pagamos tributos que merman los recursos propios para el disfrute de los venezolanos hasta que el desastre económico causado por el llamado Socialismo Del Siglo XXI, aupado por el Foro de Sao Paulo, no permitió la continuidad regular del tributo pagado a la metrópoli cubana ni de la disposición de los capitales obtenidos de la renta petrolera nacionalizada despilfarrados por una administración corrupta e incapaz.

Aquí entran de pleno, y no sin competencia entre ellos, los imperios ruso y chino que se han convertido en los dueños de Venezuela que depende de los préstamos que otorgan dichos países que garantizan la continuidad del gobierno madurista y han sido encargados de la administración directa de las empresas básicas de Guayana, del Arco Minero del sur del país y de la actividad petrolera en general.

Venezuela debe deslastrarse de esos tutelajes que desmejoran la calidad de vida  de los que tenemos que permanecer en el pais y nos sustraemos, por variadas razones, de integrar la inmensa diáspora poblacional que causa problemas a nuestros vecinos latinoamericanos y a otros países del mundo. Venezuela debe ser libre y soberana para alcanzar los niveles de vida que nos merecemos por la abundancia con la cual Dios y la naturaleza nos han dotado por la única razón de haber nacido en esta tierra de gracia hoy gestionada por manos inescrupulosas sin eficiencia, ni eficacia ni efectividad para el manejo de un devenir con libertad y bienestar.

Saludos libertarios

Carlos Padilla
@carpa1301

MIGUEL HENRIQUE OTERO, LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA EN TIEMPOS DE POLARIZACIÓN


En los últimos años, una preocupación ha venido tomando cuerpo entre muchas voces expertas: la crisis en que se encuentra sumido, ese mundo diverso al que comúnmente se agrupa bajo la categoría de “izquierda democrática”. Ella, aproximadamente, incluye a socialistas, a la denominada centro izquierda, a socialdemócratas y a otras corrientes similares.

Las razones que explican este fenómeno son verdaderamente complejas. En distintas aproximaciones se repite, como explicación y también como acusación, que no han sabido reaccionar a tiempo, a los cambios que se han producido en el mundo. En una época donde los discursos políticos se han radicalizado y se expresan bajo formas altisonantes, las posiciones y modos de la izquierda democrática se han tornado, en alguna medida, inaudibles e invisibles.

La caída del Muro de Berlín y el fracaso general de los comunistas en Rusia y Europa Oriental -que dejó un horroroso balance de muerte, violación de los derechos humanos, aniquilación de la libertad y un escenario de economías devastadas-, produjo un efecto: obligó a una parte considerable de la izquierda a tomar distancia y asumir posiciones críticas, a veces muy severas. Pero no fue solo el inmenso campo de ruinas que dejó el socialismo real tras su paso. También, la izquierda más apegada a los derechos humanos, debió enfrentarse a otra problemática que, otra vez, la impulsó a un distanciamiento político-moral de la ultraizquierda: la violencia guerrillera y terrorista, a menudo mezclada con el narcotráfico y con otras prácticas inaceptables como el secuestro, que fue el camino que tomaron grupos armados en varios países de América Latina.

Configurada por el desencanto, luchando por cortar cualquier vínculo que la asociara con las políticas de la muerte -el GULAG y Sendero Luminoso compartían, a fin de cuentas, la lógica de la aniquilación de la vida-, la pluralidad de la izquierda democrática dio inicio a una etapa, aproximadamente desde los años ochenta, marcada por el intento de sintonizar con las nuevas realidades que se habían instaurado durante los años en que el comunismo de derrumbaba: el Estado de bienestar, el auge de la globalización, la creciente influencia y poderío de las grandes trasnacionales en el planeta. El ataque a las Torres Gemelas, agregó otro elemento significativo: empujó a la izquierda democrática a alinearse con todos los factores, especialmente con aquellos ubicados significativamente hacia la derecha, en su repulsa al terrorismo del islamismo radical.

La irrupción de discursos basados en la identidad y en el nacionalismo; la propagación de arengas y leyes que miran hacia el pasado; la dificultad de los mecanismos de la democracia representativa para responder a las convulsiones sociales; las corrientes del miedo que han penetrado a la opinión pública, producto de los movimientos migratorios, de la violencia racial y el terrorismo; el desarrollo cada vez más acusados de políticas basadas en la disyuntiva de amigo-enemigo; la pretensión de la izquierda radical de ejercer una especie de superioridad moral, según la cual todo aquel que no sea afín a sus planteamientos es fascista; la multiplicación incesante de discursos que no afirman sino que niegan y socavan la autoridad, el marco legal, las instituciones, los partidos políticos y las figuras públicas; frente a todas estas enormes corrientes, las izquierdas moderadas se han mostrada, en lo esencial, sin capacidad de enunciar estrategias que aglutinen a los ciudadanos.

A estas dificultades cabría añadir otras: a lo largo de las décadas, no siempre supo conectar con los intereses de la mayoría. Refiriéndose, en concreto, a la socialdemocracia, César Antonio Molina escribía: “A la socialdemocracia, que tendría que erigirse como muro de contención de los populismos de izquierdas, le queda por defender los derechos humanos, la igualdad de género, la libertad individual, los servicios públicos, el trabajo digno, el futuro de los jóvenes. Es decir: proteger al individuo frente a cualquier tipo de agresión política o económica y también tecnológica”.

Un análisis posible necesario, debería preguntarse con cuánta diligencia y eficacia reaccionó la izquierda moderada a la dictadura de los Castro, a la violencia homicida de Ortega-Murillo, y de Chávez y Maduro. O ante las corruptelas de los Kichner o de Lula, o ante las pretensiones de Evo Morales de gobernar Bolivia por los siglos de los siglos. Que la izquierda democrática se encamina hacia un punto cada vez más improbable de la política, lo sugieren dos hechos. Uno, lo que ocurre en España: el PSOE no se atreve a formular una firme política anti dictaduras en América Latina, porque sus posturas las dicta el temor a Podemos. Esta ausencia de compromiso con lo real se reproduce en los moderados que, sobre Venezuela, proponen dialogar con un poder que desprecia y burla toda forma de intercambio que no sea reprimir y perseguir.

Hay quienes sostienen que las izquierdas, democráticas o no, han sucumbido a la tentación de lo políticamente correcto. Se han vuelto especialistas en recusar o denunciar lo que otros dicen. A quienes se asumen como izquierdistas y demócratas, les apasionan las precisiones. Más que proponer lineamientos para la política real, han asumido el papel de comentaristas. Mientras tanto, el espacio público se polariza, las dictaduras se hacen más siniestras, la lucha se intensifica, sin que la izquierda democrática muestre alguna capacidad para afrontar estas realidades.

Miguel H Otero
@miguelhotero

martes, 18 de diciembre de 2018

ORLANDO VIERA-BLANCO, EL CORONEL TIENE QUIEN LE ESCRIBA…


Recientemente participé en un evento en la Universidad Internacional de Miami (FIU). Perspectivas Venezuela-2019. Deseo agradecer la invitación que nos extendió el buen amigo, abogado y académico Luis González Del Castillo a cargo de la cátedra Francisco de Miranda. A continuación lo que alcancé decir a un miembro del panel, Coronel de los EEUU nacido en Venezuela

¿EEUU no intervendrá a Venezuela?

Nos comenta el Cnel. Americano de sangre guara: "A los malandros solo se les expulsa del poder a patadas... Pero no será EEUU quien se ocupe de hacerlo. Los venezolanos tendrán que organizarse en una estructura disciplinada y vertical que obedezca a una línea de mando". Al tiempo de escuchar estas válidas sugerencias caladas de buena voluntad, pero también de cierta injusticia histórica, me vino a la cabeza aquella frase que sentencia a quienes no conocen la historia o se resisten a comprenderla porque están condenados a repetirla. Pensé en varias conversaciones -muy sentidas y dramáticas- que he sostenido en los últimos meses con líderes de la resistencia cubana, octogenarios que le han dado contenido a una producción de lujo de América TV Miami, Leyendas del Exilio… De cómo jóvenes cubanos al inicio de los 60 se lanzaron a la aventura de revocar a Fidel Castro. Historia de pequeños pelotones que salían en pequeños botes desde los cayos de Miami rumbo al sueño de liberar a su patria. Montoneras de sangrientos enfrentamientos en las sierras de una Cuba ocupada. Leyendas de ajusticiamientos sumarios, torturas, frías mazmorras; cuentos de horror, de fusilamientos y forcejeos sobre obedecer o resistirse hasta sobrevivir o morir.

Cuenta uno de ellos: "Llegué a acumular tanto miedo, tanto vacío y tanto dolor que después de 28 años preso a nada temía, nada me dolía, y nada importaba. Solo un evento me quebró. En 28 años nos dice Agapito ‘guapo’ Rivera me rompieron varias veces mis piernas, mi brazo izquierdo y mi clavícula. Jamás mi voluntad. Me metieron en celdas aisladas en calzoncillos echándome baldes de agua fría, dejándome semidesnudo. Pero el día que prohibieron las cartas de mi esposa y de mi hija (que no conocía físicamente), donde imaginaba cómo era mi hija y las palabras de orgullo que ella sentía por mi aún sin conocerme, no pude controlar más mi soledad". Acepté irme lo cual negué por años por ser fiel a mis compañeros. Agapito aún no conoce personalmente a mi hija…

Y rompí mi silencio. En medio de mi propia tempestad pude hipar a corazón roto mis propias frustraciones…

Un mito: América para los americanos

Mi querido y respetado Coronel. Ud. es americano, pero lleva sangre y prosapia venezolana en sus venas. Siendo militar norteamericano podría ser muy útil para derribar muchos mitos y desenfadados paradigmas en EEUU. La historia demostró que dejar al pueblo cubano a merced de Fidel Castro fue un colosal error. Subestimarlo [Castro] produjo grandes dolores de cabeza a EEUU y al mundo. Profundas heridas no cicatrizadas en América Latina como las que dejó Pol Pot y sus Jemeres Rojos en Camboya, el Viet Cong en Vietnam o Mao en China. Nadie duda que si Richard Nixon hubiese sido presidente de EEUU en 1962 no se hubiese sometido al chantaje de Nikita Khrushchev durante la crisis de octubre de ese año. Tampoco hubiese dejado al garete a aquellos valientes muchachos que se lanzaron al desafío de Bahía de los Cochinos. La historia ha demostrado que aplicar el cortapicos, "Cuba no es amenaza a la seguridad de los EEUU" y dejar viva a esa camiseta llamada revolución cubana, significó una desgarradora displicencia que permitió a todos los poetas de mano izquierda de Benedetti a Galeano o de Borges o Neruda, cargarse el discurso liberal, si acaso su prosa.

En Venezuela no hay estructura ni organización vertical obediente capaz de sacar a patadas a Maduro y sus camarillas. Si EEUU piensa que la Venezuela paria y criminal que tiene secuestrado a un pueblo indefenso no justifica intervenir porque no pone en peligro su seguridad pues no dude por un segundo que el precio que pagará -tanto EEUU como Venezuela- será muy superior que al que históricamente se ha pagado por no haber expulsado en su momento al Castro de Cuba como se hizo con Allende en Chile o Noruega en Panamá. Y por eso hoy Cuba es lo que es, y Panamá y Chile, lo que son.

Venezuela está a tiro de convertirse en la Ruanda, Somalia o Libia de Suramérica. Su devastación será la devastación del continente del resto del mundo. Subestimar a Maduro y su mafia rusa, turca e iraní es abrir un boquete de pronóstico reservado Los venezolanos ni tenemos las armas ni la maledicencia necesaria para desalojar del poder a estos sujetos que Ud. ha llamado malandros.

Lo dijo Bolívar

El pueblo de América Latina, dijo Bolívar con cierta exageración en el mismo Discurso de Angostura, estaba destinado "al triple yugo de la ignorancia, tiranía y vicio”. Y agregó: “Las instituciones norteamericanas son demasiados perfectas. Pienso que sería mejor para América del Sur adoptar la forma de gobierno del Corán antes que la de los Estados Unidos, aunque la última es la mejor en la tierra". Ojalá no sea palabra cierta. Estamos apunto…

Orlando Viera-Blanco
@ovierablanco.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

CARLOS ALBERTO MONTANER, ¿CÓMO Y CUÁNDO TERMINARÁ EL EXPERIMENTO CUBANO DE FIDEL ALEJANDRO MAGNO?


El 1 de enero de 2019 se cumplen 60 años de iniciada la Revolución Cubana. ¿Hasta cuándo durará ese engendro?

El viernes 7 de diciembre de 2018, D. Luis Almagro, Secretario General de la OEA, puso el acento donde debía. Dijo que la Cuba de los Castro es el origen de todos los desórdenes políticos de América Latina y así había sido desde 1959.
Adviertan que yo dije la Cuba de los Castro y no la Cuba comunista. El comunismo es una expresión de la desdicha política, pero puede ser de puertas adentro. Fidel y Raúl, en cambio, le agregaron un violento espasmo imperial que no ha cesado. 

¿Por qué sucedió este fenómeno? Cuando Fidel Hipólito Castro tuvo la edad legal para cambiarse el nombre se convirtió en Fidel Alejandro Castro. 

Su modelo era el enérgico macedonio que construyó muy rápidamente uno de los mayores imperios de la historia.

La primera juventud de Fidel Alejandro Castro fue la de Cayo Confite en 1947, una expedición organizada por la Legión del Caribe y, fundamentalmente, por los cubanos. 

Ya estaba en marcha, ya se había movilizado, el Alejandro Magno cubano, aunque nadie lo advirtiera.

Aunque abortado por el Departamento de Estado, fue un esfuerzo descomunal que incluía 2,700 hombres, donde predominaban los dominicanos y los cubanos (casi el doble de Bahía de Cochinos) y 27 aviones y avionetas. 

Por cierto,  cuando tuvo el mando de Cuba, Fidel hizo matar a dos de los jefes de esa expedición, sus enemigos jurados Eufemio Fernández y Rolando Masferrer. 

A Eufemio lo fusiló en 1961, y a Masferrer le dinamitó el auto en Miami en 1975. También lo han acusado de participar en el atentado a un tercer jefe de Cayo Confite, a Manolo Castro, con quien no tenía parentesco. Manolo Castro fue asesinado en febrero de 1948.  

Semanas después, en abril de 1948, le tocó el turno al Bogotazo. Ahí Fidel Castro vio alguna acción y le tomó el pulso a la muerte. Todo eso reforzó su vocación, como me expresó alguna vez un comandante nicaragüense, de “nido de ametralladora en movimiento”. 

En 1952 Fulgencio Batista dio un golpe militar contra el gobierno legítimo de Carlos Prío y se desató para siempre Fidel Alejandro Magno. La violencia era la atmósfera que le convenía. 

En 1958, en la Sierra Maestra, se lo dijo en una carta a su amante, secretaria y amiga íntima Celia Sánchez: tras la derrota de Batista pensaba dedicarse a combatir a Estados Unidos. 

Fidel Alejandro deliraba con sus planes de conquista planetaria. Se lo repitió al historiador venezolano Guillermo Morón en 1979. 

Cuando se convirtió en el amo de Cuba, utilizó la Isla para lanzar a sus guerrillas y a sus agentes  a docenas de países, hasta convertirse en el más audaz condottiero revolucionario de la segunda mitad del siglo XX. 

Pero más grave aún es que le impuso a su gobierno y a la sociedad cubana su propia naturaleza aventurera, de la cual es difícil sacudirse, aunque la infinita mayoría de los cubanos piense que fue y es una locura persistir en esas locas tareas. 

El intervencionismo de Fidel Castro llegó a su apogeo durante su invasión a Angola, en África: la más larga operación militar que recuerda la historia de América: de 1975 a 1991. Fueron los soviéticos los que, contra la voluntad del cubano, lo forzaron a dejar su presa africana. Quedó muy molesto por ese abandono de Gorbachov.

Por eso, tras tres décadas de intensa colaboración con Moscú, cuando desaparecieron la Unión Soviética y el comunismo europeo, Fidel Alejandro siguió batallando solo. Continuó, como un obseso, “haciendo la revolución” a tiros. 

Fidel Alejandro no creía en el descanso o en el abandono. La “luta continua”, como decían los mozambiqueños. 

Pero no estuvo solo mucho tiempo. Buscó a Lula da Silva y, con los escombros del comunismo destrozado, más la potencia del Partido de los Trabajadores, armó el Foro de Sao Paulo. Lo hizo para protegerse y para continuar luchando. 

Los españoles tienen una expresión entre humorística y barroca para describir esa conducta: Fidel era inasequible al desaliento. 

No le importaba que el marxismo-leninismo hubiera sido desacreditado. Le seguía sirviendo de pretexto para continuar su incesante contienda. 

Tampoco le interesaba el destino económico de los cubanos, ya sin el amparo de los subsidios soviéticos. 

Unos cuantos millares de cubanos se quedaron ciegos como consecuencia de la neuritis óptica producida por la desaparición de la magra ración de proteína que los protegía. 

Era el “periodo especial”, del cual ni siquiera hemos salido tras casi treinta años de penurias inútiles.

Fidel, estaba dispuesto a “sostenella, pero no enmendalla”, como reza la divisa de los peores empecinados españoles, esa pobre gente que confunde la terquedad con el carácter.

Así las cosas, en 1994 apareció Hugo Chávez en el panorama isleño y Fidel lo conquistó para sus planes delirantes. A Fidel Alejandro le pareció una variante del idiota útil.
  
No lo quería demasiado, al extremo que desvió las relaciones del venezolano hacia su entonces Canciller, Felipe Pérez Roque y hacia su segundo al mando, Carlos Lage –luego ambos fueron defenestrados- porque a los ojos racistas y encumbrados de Fidel Alejandro, Chávez le parecía (y lo dijo en privado) un “negrito parejero”. 

Se colocaba “parejo” a él y eso era intolerable. 

Tampoco era difícil seducir a Chávez. En ese momento el teniente coronel Hugo Chávez estaba bajo la influencia de Norberto Ceresole, un fascista argentino que provenía del peronismo de izquierda. 

Ese asesor fue bien pagado y se retiró a rumiar su molestia. Luego optó por morirse alejado del mundanal ruido. 

A principios de 1999 los agentes y operadores políticos de la Seguridad cubana lograron hacer presidente de Venezuela a Hugo Chávez. Cuando asumieron su causa apenas tenía el 2% de apoyo popular. 

Como la suerte le acompañaba en su periodo presidencial, hasta que apareció el cáncer cono un ladrón silencioso, el precio del petróleo subió escandalosamente y Fidel Castro pudo financiar su nuevo juguete imperial: el Socialismo del Siglo XXI (Cuba, Venezuela,Nicaragua, Bolivia y el Ecuador de Rafael Correa),más un espacio económico llamado la ALBA, la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América, que era la alternativa comunista al ALCA, el Área de Libre Comercio de América. 

La ALBA funcionaba como un mecanismo para dispensar favores y petróleo. Venezuela era la gran anfitriona “pagana”, mientras el ALCA ofrecía, fundamentalmente, acceso al mercado norteamericano, así que muchos islotes caribeños optaron por subordinar su política exterior a los caprichos y estrategias de Fidel Castro y Chávez. 

Los miembros de la ALBA son los mismos del Socialismo del Siglo XXI, menos Ecuador, que no necesitaba el petróleo venezolano, más Surinam, a los que se agregan los islotes caribeños: Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, y Haití como observador. 

Quien pechaba con las responsabilidades económicas del grupo era Venezuela, pero el Estado que trazaba la estrategia era Cuba. 

Los venezolanos pagaban la factura, que enriquecía a algunos gobernantes, como era el caso de Daniel Ortega por medio de ALBANISA, un conglomerado de sociedades, que le servían para recibir cuantiosos subsidios chavistas de los cuales utilizaba cierto porcentaje para sostener a su clientela política nicaragüense. 

La única condición que se les imponía a los miembros de ALBA era que suscribieran los dictados de La Habana-Caracas en materia diplomática, como, por ejemplo, la elección del chileno José Miguel Insulsa al frente de la OEA, un hombre que se prestó irresponsablemente al juego antidemocrático de Chávez y Castro, pese a los improperios que más de una vez le propinó Chávez. 

Ese mundo, como sabemos, ha llegado a su fin, al menos por ahora. La elección de Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile y Jair Bolsonaro en Brasil lo demuestran, aunque la presidencia de Andrés Manuel López Obrador en México es de signo diferente. 

Eso lo sabe La Habana, pero el mensaje y el ejemplo que emana de Cuba es muy negativo. Raúl Castro les dice, con su ejemplo, y seguramente con sus palabras en el terreno privado, que resistan hasta que el péndulo se mueva en la otra dirección, algo que sucederá aproximadamente en una década si se repiten los patrones históricos habituales. 

En todo caso, ¿cómo terminará la aventura castrista? Para abordar ese asunto me acogeré al ejemplo y los razonamientos del gran periodista inglés Bernard Levin. 

En 1977, cuando la URSS estaba en auge y Leonid Brezhnev mandaba en Moscú, mientras Jimmy Carter comenzaba su tembloroso gobierno en Estados Unidos, el diario The Times de Londres le pidió a su mejor columnista, a Levin, que especulara sobre el fin del comunismo en la URSS. 

Levin explicó que un día llegaría a la jefatura de la Unión Soviética una cara nueva que comenzaría a cambiar el destino del país. ¿Por qué? Porque los soviéticos no eran diferentes a los checos que en 1968 se habían levantado contra los atropellos y excesos de los comunistas. Tenían las mismas ansias de libertad y la misma íntima decencia.

Ese nuevo dirigente comunista fracasaría en sus reformas y sería sustituido por una oposición que no tomaría venganzas, que no ahorcaría a los responsables de la dictadura en los postes de la luz, y el comunismo desaparecería sin cataclismos históricos.

Hasta ese punto, Levin acertó el quién y el cómo, pero lo más asombroso es que también acertó en el cuándo. 

En su famoso artículo, escrito, repito, en 1977, se atrevió a predecir que ello ocurriría en el verano de 1989, año, por cierto, en el que Jaruzelski tuvo que ceder el gobierno polaco a Solidaridad. Año en el que en el mes de noviembre los alemanes derribaron el Muro de Berlín y el comunismo comenzó a derrumbarse como un castillo de naipes.

El comunismo cubano terminará de la misma manera. ¿Cómo lo sabemos? Porque quienes gobiernan tienen moral de derrota y, salvo a los psicópatas, a nadie le gusta pertenecer al bando de los canallas.

Los castristas perciben que por el camino elegido por los Castro no hay posibilidades de redención. Saben que serán más pobres y los cubanos más infelices cada día que pase. 

Es verdad que hay unos cuantos centenares al frente de la banda que se benefician del “modelo” cubano del Capitalismo Militar de Estado, pero no son suficientes para detener el curso de la historia. No creo que falte mucho tiempo antes de que el sistema y el gobierno comiencen a desmoronarse. Tal vez tendrán que desaparecer Raúl Castro y la generación del Moncada. Ya todos andan cerca de los noventa años. De manera que, al menos para la oposición, “la luta continua”.---

Palabras pronunciadas en el Center for a Free Cuba, organismo presidido por el embajador Jmes Cason y por el activista Frank Calzón. Washington, 8 de diciembre de 2018.    

 Carlos A. Montaner
@CarlosAMontaner

lunes, 10 de diciembre de 2018

NOEL ÁLVAREZ, EL HOBBY DE LOS AUTÓCRATAS


La prisión es un instrumento de abuso de poder con el cual los tiranos encierran a sus enemigos, a sus opositores y a veces también es un medio para obtener los bienes del preso, como lo encontramos en la historia antigua, pero también en la moderna. Nació como pena muchos siglos después de que el poder, “religioso y político la utilizara como un medio preventivo para evitar que se fugara, el supuesto violador de la norma social. En tanto la autoridad, cualquiera que fuera en ese momento, la autorizada por el grupo social, decidiera si el reo era culpable y cual pena le debería ser aplicada.

En las antiguas naciones paganas “los castigos se caracterizaban por la crueldad”, se señala en el libro de los Jueces, y los lugares de encarcelamiento a veces se diseñaban como para privar a los prisioneros de toda comodidad. La pena más cómoda en los grupos primitivos era la pena de muerte ya que los recursos económicos no eran suficientes para mantener con vida al transgresor de la ley. En otros casos los prisioneros eran sacados a barrer las calles y así se evitaban de pagar costosos honorarios.

Estos criterios de castigo, permitieron que la lapidación se usara en las sociedades primitivas como medio de ejecución, y de esta forma multitudinaria, todos los miembros del grupo social podían participar en el linchamiento, ejerciendo venganza. En los tiempos bolivarianos, se combate la protesta con disparos a la cara como lo recomiendan los manuales de los peores sanguinarios de la historia.

Antiguamente se usaban las cisternas vacías o con poca agua para poner en ellas a los prisioneros. Dado que el calabozo o la mazmorra era la parte más oscura y pésima, por lo general ubicados en una cueva subterránea, como la que está en Plaza Venezuela, es fácil comprender que una persona no podía subsistir mucho tiempo en un confinamiento tan inhumano. En la cárcel filistea, Sansón fue engrillado y forzado a hacer un trabajo humillante. Algunos de los profetas sufrieron prisión a manos de los dictadores y de los colectivos, rebeldes y enfurecidos.

Tal como van las cosas en nuestro país, con las cárceles llenas de opositores, y con el anuncio de elevar la pena capital a 50 años, es posible que los “inconstituyentistas” piensen en esto para desviar la atención. En tiempos de revolución, la pena de muerte no se ha planteado ¡por ahora! Lo que no dijo el litigante era si esto tenía efecto retroactivo, ya que, comenzando desde la época de “Petróleo Crudo” y llegando hasta muchos de los que hoy gobiernan, tienen prontuario por quema de carros, saqueos, atracos a bancos y asesinatos de militares y policías.

Cristo enseñó a sus discípulos a socorrer a los que están en la cárcel. Los presos de Maduro, no reciben los beneficios de las recomendaciones de Jesús: pasan hambre y no se les permite recibir visitas. Tampoco reciben su ración de alimentos muchos de los militares encargados del orden público. Los primeros cristianos con frecuencia sufrían prisión no solo a manos de los paganos, sino también ante la ira de los judíos. Los presos eran encadenados a soldados asignados para cuidarlos.

Cuando los verde oliva enfrentan la incertidumbre de la represión en busca de opositores, a menudo sus mentes se vuelven hacia pensamientos de muerte. Ellos buscan la forma de hallar tranquilidad espiritual para sí mismos y la de suministrar la paz perdida a sus seres queridos. Asiduamente escriben cartas a sus familiares, solicitándoles su comprensión y apoyo e instándolos a que mantengan incólumes sus principios, a fin de que la dignidad y el espíritu de lucha sean sus fieles compañeros.

Noel Álvarez
Noelalvarez10@gmail.com
@alvareznv

jueves, 6 de diciembre de 2018

GABRIEL BORAGINA, LA IMPORTANCIA DEL G-20


La “cumbre” del G-20 que convoca a los principales líderes políticos (aclaramos lo de políticos porque hay muchos otros tipos de líderes que no son de esta clase) y que se realiza en la República Argentina concentra la atención de los medios de todo el mundo. En muchos casos por admiración y en otros por rechazo a este tipo de conclaves.

No voy a explicar aquí que es el G-20, ni cuáles son sus fines declarados, porque dicha información abunda en todos los medios de comunicación, sean nacionales o internacionales. Sino que voy a abordar mi propia impresión de este tipo de invitaciones.

La verdadera importancia de estas convocatorias entre jefes de estado (y por la cual creo que hay que prestarles mucha atención) reside en el hecho de que estas personas son las que manejan el fruto del trabajo de millones de otras que son las que verdaderamente producen la riqueza que los gobiernos redirigen hacia otros sectores, o que directamente consumen por sí mismos. Lo que decidan -por muy diversa que sea su agenda- tendrá siempre uno u otro efecto, o ambos.

La suerte de los destinos económicos mundiales está en sus manos, porque poseen la fuerza legal para captar sus recursos sin que nada (o muy poco) podamos hacer para evitarlo.

La presencia física de los jefes de estado de las diversas naciones que lo componen es -a mi juicio- un dato irrelevante que sirve no más que para atraer la atención e impresionar a las personas del llano alejadas de los entornos políticos. Digo esto, porque en la era que vivimos donde la informática y las telecomunicaciones tiene un desarrollo tal que no hace falta como antaño la reunión física de personas para trabajar o concretar negocios, los que hoy en día pueden realizarse sin mayor esfuerzo ni necesidad de desplazarse de un lugar a otro a través de internet y las demás formas de ciber-comunicación, tornan -de alguna manera- superfluos los múltiples desplazamientos geográficos que antaño resultaban necesarios.

De hecho, las economías de los países intervinientes no estarán ni más ni menos controladas por la circunstancia de que los jefes de estado se reúnan en un salón físico o no lo hagan. Los mismos efectos se acusarían si la “cumbre” se celebrara por teleconferencia o similares. Lo relevante son las resoluciones que estos políticos toman y no los medios (presenciales o a distancia) en que lo hagan. Es indistinto se están realmente próximos o distantes, en tanto existen formas de comunicación simultáneas y perfectamente sincronizadas. Pero no es en estos plenarios (donde todos se muestran juntos para las fotos) donde se toman las determinaciones relevantes que afectan a la economía mundial, sino que es mediante los acuerdos internacionales previos que tampoco requieren la presencia corporal de los contratantes por las mismas razones dadas antes y que normalmente se firman a través de representantes diplomáticos con mandatos suficiente, lo que pocas veces justifica el desplazamiento de los "líderes" máximos del mundo político.

Pero, por otro lado, los acuerdos comerciales que pretendieran efectuarse en esas "cumbres" ya vienen condicionados por tratados internacionales previos, a los que hay que agregarles el cúmulo de sus legislaciones internas propias de cada país miembro, que determinan y reducen a un punto muy menor el margen de maniobrabilidad que tengan los actuales jefes de estado como para permitirles incorporar grandes innovaciones, que luego podrían llegar a correr el albur de no poder imponer, total o parcialmente, modificando sus respectivas legislaciones internas.

Estas circunstancias le quitan mucha de toda esa espectacularidad con la que las personas comunes (y la prensa en general) suele rodear estas "cumbres" mundiales. Lo que queda después es, esencialmente, escenografía pura.

Esto no minimiza -no obstante- el enorme poder que tienen tales personajes sobre nuestras economías domésticas. Las que aun contando con las limitaciones señaladas pueden manejar casi a su antojo.

Lo trascendente -con independencia de la forma y el lugar donde se lo haga- es que estas personas son las que -en definitiva- decretan como se gastarán las producciones que millones de otras personas, que no pueden y ni siquiera desearían participar de estas “cumbres", han elaborado mediante su propio esfuerzo.

Es que parece que el mundo se ha acostumbrado a que los grandes desafíos empresariales no los tomen ya los empresarios sino los políticos. Esto se ve como algo normal y aceptable a los ojos de la gran mayoría de las personas. Y, desde mi propio punto de vista, me parece altamente preocupante. Se considera como "normal" que lo privado sea manejado por lo público o -más precisamente- por lo estatal, y que soluciones que, en una economía sana, serían tomadas por consumidores y proveedores (léase empresarios, comerciantes, etc.) lo sean por el estado-nación o cualesquiera que fueren sus representantes de turno. Es -ni más ni menos- la sustitución del mercado libre por el más puro estatismo. Y esto se refleja en ocasiones como las que ahora ocupan estos comentarios.

Pero, como decimos, es lo expuesto lo que nuestras sociedades actuales aceptan. Los que se oponen a estas “cumbres" no lo hacen por los motivos que estamos esgrimiendo, sino alentados por imponer -también desde el gobierno- una orientación ideológica diferente (sea denominada de izquierda, de derecha o de centro) pero siempre teniendo al gobierno como protagonista y agente activo, es decir, con exclusión del individuo y de la iniciativa privada en sí misma.

Lo positivo de todo el asunto puede resultar de efectos colaterales que la publicidad de estos encuentros puede generar. Algunos empresarios privados, hipotéticamente, ajenos por completo a los vínculos con el poder, pero fácilmente dependientes emocionalmente de la publicidad que los medios le otorguen a aquel, podrían ser influenciados por la difusión que se les dan a estos actos burocráticos, y los decida a invertir en los países anfitriones. Esto podría ser un rasgo positivo y no querido (o sí) por parte de los jefes mundiales al autoconvocarse de esta manera, cuando, el verdadero propósito -podemos sospechar- es el de qué manera beneficiar a las empresas dependientes o vinculadas al gobierno miembro participante.

 Con todo, el efecto psicológico que tienen estos sucesos políticos para la población en general resulta verdaderamente impactante, por la corriente actitud de genuflexión ante el poder que inspiran las imágenes de autoridad que dan los gobernantes.

Gabriel S. Boragina
gabriel.boragina@gmail.com
@GBoragina ‏

lunes, 3 de diciembre de 2018

BEATRIZ DE MAJO, POPULISMOS DE NUEVO CUÑO, SOBREDOSIS


Dos nuevos gobiernos populistas se inauguran en la escena latinoamericana: el de Andrés Manuel López Obrador en México y el de Jair Messias Bolsonaro en Brasil. Es prudente mirar de cerca las condiciones en que estos dos nuevos presidentes han accedido al poder.  

Ni en un caso ni en el otro el electorado ha votado por los partidos políticos como solía ocurrir hace unos años, cuando los credos de las instituciones políticas tradicionales y la orientación principista de sus propuestas enamoraban al electorado.

Estos dirigentes populistas de nuevo cuño están asentando sus liderazgos sobre el descontento creciente de la población de pocos recursos - la verdaderamente numerosa-  y en la clase media debilitada, quienes se acerca a las urnas no a manifestar apegos sino a evidenciar su ira y su descontento.
  
No es casualidad que lo que anima su virulencia es en cada caso lo mismo: la corrupción rampante, la inseguridad y el crimen desbordado, el fracaso de los valores esenciales, la indiferencia de los gobiernos y de los políticos frente a los malestares sociales, las condiciones de vida que se tornan inmanejables para el hombre de la calle.  

Por eso se producen virajes tan determinantes como los que están por ocurrir en dos inmensos países del nuestro continente. 

También ocurría así cuando en la Venezuela de hace más de dos décadas los votantes se acercaban a las urnas a respaldar los programas de gobierno de los partidos de su elección, hasta que voto iracundo de protesta por Hugo Chávez y su anti-polìtica cambió el rumbo del país con el resultado que hoy conocemos. 

Esta nueva forma de populismo que se inaugura en Mexico y Brasil, que se asienta sobre el desengaño y el malestar del votante y   que atrae a las poblaciones a virar hacia experimentos políticos novedosos, contienen dentro si el germen de situaciones en extremo complejas si los nuevos líderes en el poder no logra muy temprano en el ejercicio de su cargo enderezar los entuertos que la población airada reclama.  

Estos dos países hermanos tienen ambos en su interior una verdadera bomba de tiempo.. Provocar cambios instantáneos y radicales en sociedades tan desiguales y en economías tan   complejas como las dos que nos ocupan es una cuesta inmensamente empinada. La paciencia del colectivo harto de engaños, decepcionados e iracundos por el olvido de sus necesidades más primarias, las clases medias empobrecidas, no tardarán en mostrar su desencanto a través del desaguadero de la violencia callejera lo que es la antesala del caos. Lo estamos viendo en el caso de los chalecos amarillos que han paralizado a la capital de Francia los dos últimos fines de semana.   
             
Cuando la revuelta popular enciende las calles y la violencia sustituye la calma, cuando ya nadie cree en nadie, los retos de los gobernantes se tornan distantes.  El carisma de los nuevos líderes, tan inmensamente útil en la etapa electoral, no resulta suficiente para atacar los males de los países y producir resultados al paso que se necesita. Es en ese momento cuando desde el gobierno la palabra “dialogar” pierde su fuerza porque se transforma en “ceder”. Y la alternativa de la represión se vuelve la única vía posible
 
Esa y no otra es la razón por la cual los populismos demagógicos irracionales e irresponsables no son capaces de llevar a los países a derroteros plausibles. La rebelión social y el fracaso terminan siendo la regla. 

Beatriz de Majo
@beatrizdemajo1