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sábado, 12 de octubre de 2019

ANTONIO JOSÉ MONAGAS: LA JUGADA (POLÍTICA) QUE NO FUNCIONÓ…

Tuvieron razón quienes fustigaron la política cuando demostraron la futilidad que, casi siempre, acompaña sus ejecutorias. Sobre todo, en momentos en que sus operadores presumen de la fuerza de su gestión para rebasar las discreciones propias de las formalidades que se configuran bajo la praxis de la economía y del devenir del desarrollo social y cultural. Incluso, muchas veces, las pachotadas de individuos de tan reducida condición política, imponen sus intereses. Aunque algunas veces, a través de negociaciones, que bajo conveniencia forzada, imperan en contextos donde la palabra poco o nada se acata y respeta. Particularmente, cuando las mismas se trazan en terrenos de poder político donde se acostumbra a conceder espacio a la violencia. Ya sea por la fuerza, la amenaza o por la siembra del miedo. 

Desde hace décadas, el populismo devenido en abierta demagogia viene aprovechando oportunidades para hacerse del mayor número de condiciones posibles con las cuales articular mecanismos de usurpación y falsificación política. En ese fragor, su praxis ha pervertido la moral pública tanto como ha trastornado situaciones propias de la funcionalidad administrativa y de la dinámica del poder político. En el curso de esas determinaciones, entra la sumisión en el sucio juego que su desenfreno bien sabe animar. 

Es ahí cuando emergen circunstancias que incitan confusiones a instancia de oscuros intereses manipulados desde los mismos cenáculos del poder político. Sobre todo, en coyunturas en que los intríngulis del poder quedan al descubierto o desenmascarados dada la ristra de traiciones, detracciones, complicidades y transgresiones cometidas en desacuerdo con leyes públicas o acuerdos instituidos o reconocidos. 

Es el problema que ocurre en ambientes que simulan el ejercicio de la política. Pero de una política disfrazada a duras penas de “democracia”. Es justamente el problema que se suscita cuando se juega equivocadamente con las libertades y los derechos consumados éstos con la impudicia que puede concebirse desde el sarcasmo, el revanchismo y el resentimiento. Es el problema que acompaña toda realidad política dictatorial. 

Es, nada más y nada menos, lo que describió la farsa que acababa de jugarle el régimen usurpador venezolano al proceso de negociación que venía asintiendo el gobierno de Noruega en pos de conciliar criterios que, supuestamente, buscaban dirimir la grave crisis política venezolana. Sin embargo, lo que recién se advirtió con la reunión de los presuntos negociadores del régimen y advenedizos en nombre de la oposición venezolana, reveló lo que se venía venir. Y fue que más pudo la avaricia del régimen dictatorial, que lo que pesa bajo su supuesta administración de gobierno. Es decir, el soterrado y abultado caos que vive la salud, los servicios públicos, la alimentación y la calidad de vida del venezolano.  

Tan obscena trastada, puso de relieve no sólo la grosera avaricia del régimen por seguir obscenamente enquistado al poder. Sino también, la descarnada voracidad  de una oposición minoritaria que mejor pareció ser la representación más indigna de adláteres del oficialismo en situación de pesadumbre. O de quienes por padecer la distancia de las apetecidas y tentadoras mieles del poder, se atrevieron a saltar con el mayor  descaro la barrera del pudor político (talanquera), trasponiendo los límites de la vergüenza. Sólo que la jugada intentada con la incursión de estos personajes, arrogándose la representatividad de la legítima oposición democrática, le salió al revés. 

Es lo que dio cuenta el desarrollo de los hechos que vivió el país político, cuando la desfachatez retrató a reconocidos personajes del activismo político nacional en abierto perjurio. O mejor dicho, en el curso exacto de una traición no más a la patria, que a los valores de la democracia y a las esperanzas de una población acontecida por la soberbia de un régimen represivo, traidor, corrompido y abusivo. Lo que quedó evidenciado del  fracasado encuentro, de facciones de la politiquería rastrera con agentes opresores del régimen urticante, fue un acto de cruda torpeza propio del más suspicaz oportunismo. 

Pero igualmente, propio de cual montaje de teatro sacado de una novela manchada de sangre. Propio de algún juego deshonesto, viciado y contaminado de un fraudulento poder. Propio de un absurdo obligado a ser convertido en desastrosa realidad sujeta a la insidiosa y traicionera incertidumbre. Propio de cual iniciativa desviada por el carácter despreciable que inmediatamente alcanzó. Esa gente no contó que en política la avaricia funciona al revés de lo que en otra situación puede generar. O sea, causa más ruina que la ganancia perseguida. En síntesis, fue, grotescamente, la jugada (política) que no funcionó…

Antonio José Monagas
@ajmonagas

domingo, 17 de febrero de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LOS HOMBRES BUENOS DEL INDEPENDENTISMO


Las recientes declaraciones de Elsa Artadi, portavoz del gobierno de Cataluña región autonómica de España, con motivo de la convocatoria a elecciones de Pedro Sánchez para el próximo 28 de Abril, como consecuencia del rechazo a los presupuestos presentados para su aprobación a las Cortes, no dejan de tener algo de razón.

"España será ingobernable mientras no afronte el problema de Cataluña. No puede vivir ignorándolo" ha dicho la política catalana, afirmando que el problema de Cataluña,es un problema de Estado y que un cambio de gobierno no lo resolverá como lo acaba de demostrar Sánchez, haciendo referencia a que la salida de Rajoy no sirvió de nada. Artadi acusó al lider del PSOE de  ́ ́falta de coraje ́ ́ para afrontar el problema
soberanista y de haber cedido a las  ́ ́presiones de la derecha ́ ́.

Creer que la solución a ese problema de Estado depende de la coacción que pueda ejercer o no la derecha, es confundir a todas luces el quid del asunto, pues el separatismo, como tal, no es una categoría ideológica de naturaleza izquierdista o derechista específicamente; como tampoco lo es la soberanía de un Estado después de varios siglos ejerciéndola sobre un mismo territorio. 

Lo que le debe suceder a todos los secesionistas en España y más concretamente a la señora Artadi, es que tras escuchar durante un buen tiempo, el discurso desplegado tanto por Pedro Sánchez como por Pablo Iglesias sobre dicho problema de Estado, han quedado confundidos, o peor aún, con la impresión de que de llegar al poder la
izquierda española, se le daría luz verde a las pretensiones secesionistas. Un equívoco, si se quiere, al cual contribuyó aun más, Pedro Sánchez, en su fugaz pero nefasta actuación como presidente de España, con los coqueteos y devaneos, casi de adulterio, que tuvo con los representantes del secesionista catalán, no obstante encontrarse varios de ellos en la cárcel y estar ahora mismo enfrentado un proceso judicial.

Pero quien siembra vientos recoge tempestades y así como Sánchez llegó al poder empujando finalmente a Rajoy a la calle con el voto decisivo de los partidos independentistas, él mismo acaba de recibir, con ocasión igualmente de la presentación del presupuesto anual, una cucharada de su propia medicina al no ser apoyado por aquellos. 

Si algo ha quedado claro para el independentismo es que no se puede fiar ahora de la izquierda española, como tampoco lo hacia antes de la derecha, pues la posición con esta última gobernando ya se conoce, y la de la izquierda, después de Sánchez, también; no importa los cuentos de hadas ofrecidos o el discurso populista utilizado. Del mismo modo, le debe haber quedado claro al secesionismo catalán que escudarse en un discurso artificial contra el franquismo, la monarquía o la derecha para justificar sus actuaciones, ya no es suficiente para engañar a todos quienes no son franquistas, monárquicos o simplemente derechistas, tratando de ganarse su simpatía. 

Amén de que resulta insultantemente ingenuo pensar que si el cambio de gobierno, por si solo, no solucionará el problema independentista, éste se vaya a arreglar quitando simplemente la figura decorativa del rey o enterrando a Franco mil metros mas abajo o cambiándolo de tumba. 

Por su parte, a la tradicional izquierda y derecha de la política española, mas ahora cuando se encuentran repartidas en varios partidos políticos, les toca aprender que si no hay unidad de criterios frente a ese crucial problema de Estado, la ingobernabilidad de España puede ser un hecho mas que cercano. 

Pero ni ingenuidad, ni perplejidad, ni confusión, ni nada que se les parezca. Tácticas de guerra política si. Un recurso, el de echar mano de conceptos tales como democracia, república o legalidad, por solo tomar tres de los muchos que el separatismo viene frecuentemente utilizando como propios, contra el Estado español, desde hace ya tiempo, en una estrategia por legalizar su postura transgresora, creando instituciones y un orden paralelo que desconcierte al colectivo, pero en particular al ciudadano común y corriente. Todos los dirigentes y portavoces del separatismo catalán desde Artur Mas para acá los han venido utilizándo de una manera o de otra. Se trata de poner en práctica algunos de los 198 métodos de acción no violenta ideados por el politólogo

Gene Sharp en su libro de finales del siglo pasado “De la dictadura a la democracia”.El último en hacer uso de algunos de aquellos conceptos después de la señora Artadi, ha sido Oriol Junqueras, precisamente en la audiencia judicial donde se ventila su caso, al autocalificarse como un preso político, perseguido por sus ideas y no por sus acciones. En ningún momento se refirió a los hechos señalados dentro del escrito acusatorio de la fiscalía; algunos tan concretos como lo son las desviaciones de partidas presupuestarias destinadas al gobierno de Cataluña, en gastos no autorizados del ilegal proceso de votación del 1-O, algo que es delito en cualquier parte del mundo. 

En su apología a la causa separatista ha dicho que «Antes que independentistas, somos republicanos; antes que republicanos, somos demócratas; y antes que  demócratas, somos buenas personas»

Lo que parece que se le olvidó al señor Junqueras, o simplemente no lo sabía, es que
las buenas personas también violan la ley.

José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf

martes, 31 de enero de 2017

RAMON PEÑA, NUESTRO DERECHO CONSTITUCIONAL

EN POCAS PALABRAS
OPORTUNISMO Y RAPACIDAD

Estoicamente la sociedad venezolana sufre el rigor impuesto por una pandilla cuya fuerza descansa en la punta de las bayonetas. Pasan los días y crece el hambre ante la indiferencia, la muerte ante la impunidad. 

Hasta el presente, el aguante ha predominado frente al abuso, frente a la brutalidad que asalta academias y universidades, frente al garrote que se agita sobre la disidencia. Carujo redivivo embiste impunemente contra el espíritu de Vargas.

La barbarie gobernante ya ni siquiera apela a la ideología que le sirvió de bandera. El espacio de las ideas ha sido asaltado por el oportunismo y la rapacidad. Sería interesante saber cuánto saben de Marx o Gramsci los jefes militares que se declaran revolucionarios socialistas. Si les preguntan, seguramente reirán y confesarán que son más aventajados en materia pecuniaria que en política o historia. Eso se lo dejan a los pocos pendejos que todavía abrevan en la teoría de la justicia social revolucionaria.

Pero los abusadores son cobardes por antonomasia. Solo se enfrentan cuando tienen todas las ventajas. Como los matones de barrio que cayapean en pandilla. De igual a igual rehúyen la contienda. Por eso sueltan las plumas eludiendo como patarucos la obligación de medirse en elecciones. No les basta la prerrogativa de contar con las comisarias oficialistas en el órgano electoral. Ahora pretenderán burlar la obligación de realizar los comicios para gobernadores de los estados, cuyo plazo venció el pasado diciembre.


Es una oportunidad para una reacción concreta y obligada de los ciudadanos: cortarles la huida y, por todos los medios a nuestro alcance y con creatividad, no descansar hasta llevar hasta su fin la batalla por este derecho constitucional, haciendo respetar, además, todos los atributos para la representación electoral de la oposición democrática.

Ramon Peña
ramonpen@gmail.com
@ramonadrian42
Caracas – Venezuela