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martes, 1 de septiembre de 2020

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LIBERTADES INDIVIDUALES Y PANDEMIA


Con el recrudecimiento de la pandemia en el mundo, que según todos los pronósticos se va a prolongar indefinidamente, las manifestaciones públicas principalmente en Europa, contra las políticas adoptadas por los gobiernos para aumentar las restricciones a la ciudadanía, se han exacerbado y recrudecido, al igual que el Covid-19, encendiendo, nuevamente, todas las alarmas sociales.


Lo que llama la atención es que haya sido en Alemania, país con uno de los gobiernos más eficientes en el manejo de la crisis provocada por el coronavirus, donde se produjo, hace apenas unos días, la que para nosotros es la marcha de protesta más significativa de todas las que se han dado, hasta ahora, relacionada con la pandemia. La acción, fue promovida por iniciativas como Pensamiento Lateral 711, a la que se unieron espectros ultra y antisistema entre los que se encuentran los ya conocidos movimientos antivacunas, anti europeos o anti extranjeros, así como los negacionistas, esos mismos que son capaces de desconocer tanto la existencia de Dios como la del propio coronavirus.

Y decimos que es las más significativa debido al asunto de fondo que plantea, tácitamente, a través de la reivindicación de derechos y libertades individuales como el de salir a la calle cuando quiera o reunirme con quien quiera en plana pandemia. Nos referimos al problema de si deben ser eliminados de los textos constitucionales, con el objeto de evitar abusos de los gobernantes de turno, figuras como las de los estados de excepción, de alarma, de emergencia, de catástrofe o de calamidad pública, dependiendo del nombre que hayan adoptado en el respectivo país, y los cuales pueden conllevar la suspensión de garantías constitucionales como la libertad de circulación o de reunión, entre otras. Además, la hace tan especial el aval recibido de las autoridades judiciales de Berlín al rechazar los tribunales de la capital alemana, contra lo que indicaba el sentido común, el recurso de última hora presentado por la policía, fundamentado, precisamente, en el riesgo de contagio que conllevaba, para que la marcha no fuera permitida. Una advertencia que el tribunal desestimó y que en la práctica quedó comprobada al no guardarse ninguna medida de protección elemental como el uso de mascarilla o distanciamiento entre los asistentes a la concentración, la cual se desarrolló durante dos horas aproximadamente, antes de ser disuelta por las fuerzas del orden público.

No estamos diciendo con ello que la letra de alguna constitución vaya a ser modificada, simplemente, por las protestas de un grupo minoritario de ciudadanos de algunos países europeos, ni mucho menos que tengan razón en sus planteamientos. Pero en un mundo como el actual donde las minorías agrupadas alrededor de un interés común cualquiera, social o ideológicamente permeable, tienden a cobrar fuerza diariamente con el apoyo de los partidos políticos de izquierdas o derechas, da lo mismo, que solo ven en aquellas, nichos de votantes potenciales, los derechos de las mayorías en situación de calamidad, por ejemplo, como la del Covid-19, se encuentran en peligro. Y no nos estamos refiriendo a votos, sino a vidas humanas expuestas a riesgos que no deberían correr y que en la actualidad están protegidos por esas mismas constituciones que se pretenden derrumbar. Mayorías convencidas, por ejemplo, de que la ciencia y la vacunación nos han sacado de la ignorancia y el oscurantismo de la Edad Media, o que el uso de medidas excepcionales por los gobiernos es a veces necesario para manejar adversidades colectivas como las sanitarias, las causadas por las fuerzas de la naturaleza o incluso las guerras. Hasta en la gloriosa Republica romana se acostumbraba concentrar, con la autorización del Senado y por un tiempo limitado, todo el poder posible en la figura de un dictador, con el fin de afrontar una guerra o una crisis social que requiriese medidas excepcionales.

Si en lugar de Alemania, donde las limitaciones a los derechos de los ciudadanos han sido mínimas, se hubiese efectuado en países como Venezuela o España, la protesta seguramente hubiese tenido más sentido. En Venezuela, debido a que con un régimen autocrático en toda la extensión de la palabra como el de Maduro, el Estado de Alarma va ya para seis meses y no se sabe cuándo tendrá fin. En España, porque tratándose de un país de la Unión Europea como Alemania, el Estado de Alarma se prolongó innecesariamente por tres meses, sin que las recomendaciones sanitarias impulsadas en su ínterin, resultasen del todo exitosas. De haber sido así, la manifestación hubiese encajado mejor, y hasta pareciera más entendible que fuesen los españoles y no los alemanes quienes pretendiesen reformar su constitución temerosos de que los volviesen a encerrar en sus casas por tanto tiempo. Mas ahora, cuando la pandemia resurge con nuevos bríos y el gobierno de Sánchez les ofrece a los españoles, que apenas empezaban a respirar el aire de la calle, un confinamiento autonómico a la medida, absurdo, además de irresponsable.

José Méndez
xlmlf1@gmail.com
@xlmlf 

viernes, 26 de junio de 2020

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, ME ENCANTAN ESOS ITALIANOS

Si en algo ha sido coherente el presidente de los Estados Unidos Donald Trump durante los tres años y medio que lleva de mandato, es en su constante decir y desdecirse. En su contradicción permanente, casi siempre envuelta en una nube de declaraciones explosivas, sensacionalistas y atípicas dentro de la compostura que debe guardar un jefe de estado. En este sentido, las últimas sobre Venezuela, dadas hace apenas un par de días, no defraudan a nadie. A nadie, quiero decir, que después de ver como ha venido manejando la política exterior en el resto del mundo, no contase con que el señor Trump, finalmente, se cansaría de entretenerse con ese juguetito en que se ha convertido Venezuela; en ese país de maletín, portátil, más “portátil” que nunca, no obstante el medio siglo transcurrido desde que Adriano González León publicase su célebre novela.

Pero a quien seguramente sí defraudó Trump, fue a la diáspora de más de cuatro millones de venezolanos que andan por el mundo esperando un mejor país para volver, así como a esa gran mayoría que permanece aún en él por diferentes motivos y que desea, igualmente, recuperarlo para sus hijos y nietos, no obstante las fracasadas intentonas de dar al traste con el régimen de Maduro del 30 de abril del año 2019, y de la más reciente de mayo pasado, un verdadero bodrio, bautizado como Operación Gedeón,

Resultaría lógico, pensar que esas declaraciones, en las cuales le quita peso al interinato de Guaidó y oxigena la posición de Maduro a quien convoca prácticamente a una reunión, en la cual lo único que puede perderse es tiempo, pudieran obedecer a una estrategia de último momento, para convencer a Maduro, a quien puso precio de quince millones de dólares por su cabeza, de que se vaya. Sobre todo, luego de que en el pasado, Trump ha sido capaz de reunirse con Kim Jong Un, de quien llegó a decir que es un tipo con el que se puede hablar y con el que va a mantener una magnifica relación, o con Xi Jinping, el presidente de China, país al que ha amenazado y desamenazado en varias oportunidades, en tan solo cuestión de horas.

Lamentablemente, para los venezolanos que habían depositado buena parte de su confianza en la “habilidad de la diplomacia norteamericana” y en la embestida frontal con la que Trump aparenta llevarse a todo el mundo por delante, la última posición del presidente del país más poderoso de la tierra sobre Venezuela, asegurando que apoyó a Guaidó, no obstante su juventud, porque le gustaba a algunas personas, entre ellas a John Bolton su exasesor en asuntos de seguridad nacional, obedece mayormente, al desborde de una rabieta similar a la de un niño aburrido, al que ya no le interesa seguir con el juego que va perdiendo. A un desesperado intento reconociéndolo él primero, de quitarle hierro y adelantarse de alguna manera, a la aparición oficial y masiva en las librerías, donde ya es un “best seller”, del libro “The room where it happened” escrito, precisamente, por su otrora consejero, y en el cual al tocar algunos aspectos relativos al caso venezolano, deja muy mal parado a quien fuera su jefe; caprichoso, cambiante y hasta ignorante, a la hora de tomar decisiones.

Una crítica que es una constante en el texto, donde destacan, además, las implicaciones de China y Ucrania, entre otros temas, en los asuntos internos norteamericanos y que explicaría porque Trump intentó detener primero su publicación ante un tribunal federal, aunque sin éxito, pues tal como argumentó el magistrado en su decisión, buena parte de la información clasificada como confidencial, así como determinados secretos e intimidades de esa habitación donde ocurrió todo, ya habían sido filtrados a la opinión pública, razón por la cual no había manera de evitar cualquier posible daño a la seguridad nacional. Daño que, por otra parte, no estaba especificado en la demanda por restricción a la distribución del libro.

Afortunadamente, no todas las declaraciones emitidas por el presidente Trump el pasado fin de semana, donde los estragos de la “pandemia” y “la cuestión racial” han estado ausentes de manera expresa, han sido del mismo calibre o, al menos, en nuestra opinión, no tan contradictorias o frustrantes como las de Venezuela, por lo que debo reconocer mi coincidencia con alguna de ellas y con su significado, más allá de cualquier otra intención que las haya motivado. Me refiero, concretamente, a unas que pronunció en su mitin de Tulsa, ante una gran concurrencia, a la que por cierto pidió firmar una exoneración de responsabilidad en caso de posible contagio por Covid-19, cuando al condenar la destrucción de que han sido objeto varias estatuas en los Estados Unidos, hizo una referencia expresa a la forma en como un grupo de personas de origen italiano en Nueva York, impidió que la figura de Colón fuese derribada. “Me gustan esos italianos, los quiero”, fue lo que dijo Trump en más o menos palabras.

Y, a mi, también me encantan esos italianos, así como en general, todos los que se atreven a defender la historia de quienes pretenden destruir nuestra memoria y la de nuestros antepasados, de la anti historia, y de los que buscan construir el futuro borrando el pasado escrito con sangre, tratando de reemplazarlo por otro escrito con tiza.

JOSE MENDEZ  
xlmlf1@gmail.com
@xlmlf 

viernes, 6 de septiembre de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE: CON HAMBRE Y SIN DINERO CON CHÁVEZ …


Si pudiéramos resumir las últimas dos décadas de la historia político

-social del país y de los venezolanos en una sola frase de esas que ha dejado el chavismo para la posteridad, a falta de algo mejor, que explicara al mismo tiempo donde estábamos ayer cuando Chávez era el presidente y donde estamos ahora con su sucesor Nicolas Maduro, nos parece que la más representativa sería la de: “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”. Un eslogan que fue compartido como consigna política-electoral en las barriadas populares, junto con su variante: “Con hambre y sin dinero con Chávez me resteo”; que para el caso es lo mismo.  

La frase, producto de la maquinaria propagandística de Chávez, ha venido siendo usada en todo este tiempo, aun durante el gobierno de Maduro con la correspondiente sustitución del nombre, como un grafiti sin pared; como el argumento implícito, más emocional que racional, de que Chávez encarna al colectivo y que serviría para demostrar, en una especie de reducción al absurdo, la fe ciega y absoluta por parte del pueblo, así como su grado de lealtad y sacrificio hacia Chávez. 

En ese lema “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”, primo hermano de aquel otra posterior “Con Chávez todo, sin Chávez nada”, podemos encontrar dos mensajes principales, entre otros varios. El primero, encerrado en dicha versión original, va dirigido indirectamente a la oposición, a los “escuálidos” como Chávez solía llamar a todos sus integrantes, incapaces como eran de ganarle una elección. Su soporte estaría en el saber popular. En ese conocimiento profundo que tendría el pueblo, proveniente de su mala experiencia con esa oposición política de adecos y copeyanos durante cuarenta años, razón más que suficiente para no dejarlos volver. Un conocimiento, que le hace a ese pueblo proclamar en la calle una consigna como aquella; pues, aunque Chávez no lo esté haciendo bien, la oposición en todo caso lo haría peor y no hay confianza en ella. Chávez se puede equivocar y cometer errores; pero no engaña como lo hace la oposición.

El segundo mensaje de la frase, más subliminal si se quiere no obstante su lenguaje tan crudo y directo, va dirigido al pueblo mismo, es la consecuencia ya asumida, concretizada, de todo lo anterior. Una concientización del individuo concebido como masa, que lo conduce al extremo de aceptar cualquier circunstancia de carestía, estrechez económica o de penuria social y familiar como lo seria estar sin trabajo y pasando hambre, antes de reconocer que nadie puede gobernar mejor que Chávez, ni nadie puede reemplazarlo, porque el de Chávez es el único camino posible y su brújula la que marca el destino del país. 

Unos significados que quedaron patentizado en varias ocasiones, la última en el discurso de Chavez en Monagas, durante el cierre de su campaña presidencial del 2012, cuando delante de una gran concurrencia anunció que en la elección de ese próximo 7 de octubre no estaba en juego cualquier cosa. Que no se trataba de si me asfaltaron o no la calle, o me pusieron la luz, o de si no me dieron la casa que me prometieron, o si perdí el empleo. Que él asumía los errores cometidos, la autocrítica, comprometiéndose, eso sí, a que su nuevo gobierno sería mucho más eficiente. Pero que tuvieran en cuenta que lo verdaderamente importante, lo que estaba en juego en esta ocasión era mucho más que eso, era la vida de la patria lo que se arriesgaba ese próximo 7 de octubre y los venezolanos se la estaban jugando ese día.

La idea de dicha consigna, no es en sí misma original pues tiene algún antecedente, como ya ha sido señalado, en aquella otra del peronismo de los años cincuenta: "Puto o ladrón, queremos a Perón" y de la cual Cristina Kirchner también posee su propia adaptación. Sin embargo, funciona muy bien cuando se trata de utilizar el populismo como instrumento electoral y de manipular al pueblo. Su versión venezolana, mucho más idealista pues lo permitían las circunstancias del momento diferentes a las del líder argentino, fue echada a correr en las calles venezolanas por allá por el 2003, el mismo año en que Chávez pronunció aquel abigarrado discurso ante los miembros de la FAO, en Roma, en el cual refiriéndose al tema propio del evento como lo era la alimentación, llegó a decir que “Todo ser humano antes de ser parido, desde el momento en que es gestado en el vientre de una madre tiene derecho a la alimentación”. 

Palabras sin duda hermosas, sublimes, como aquellas otras comentadas hasta aquí, del “…con Chávez me resteo”, perfiladas a emocionar a los venezolanos y a quien no lo sea, incluso durante mucho tiempo; pero las emociones engañan, qué duda cabe, como le ocurrió a los de la FAO que en el 2015 le dieron un premio al gobierno de Maduro por haber eliminado prácticamente el hambre en Venezuela.

Después de veinte años e ido Chávez de este mundo, esas emociones han sido reemplazadas por otras más angustiantes, y aunque las palabras quedan ya no engañan a nadie, no al menos a los venezolanos en su gran mayoría que han visto como la frase en cuestión era en realidad una profecía que se hizo realidad antes sus ojos. Sin embargo, aunque ya nadie dice restearse, algunas de esas creencias, como resabios del pasado, permanecen en el subconsciente de algunos que parecieran conformarse con la situación actual de Venezuela cuando pregonan a los cuatro vientos que la oposición sigue no siendo confiable. 

De donde estábamos antes a donde nos encontramos ahora, da la impresión a veces de que nada ha cambiado; no al menos en el estado de confusión que sigue envolviendo al país en la búsqueda de una solución que solo tiene un final valedero: el cese de la usurpación y la erradicación del chavismo del poder.

José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf1

lunes, 29 de abril de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, EL SUICIDIO DE UN PRESIDENTE


El suicidio de quien fuera dos veces presidente del Perú, Alan García, ha dejado estupefacta a buena parte de la sociedad peruana, indiferente a otra parte y seguramente contenta a la que reúne a muchos de sus enemigos. 

Buscar adjetivos para calificarlo como un acto de  heroicidad  o  cobardía, no tiene mayor sentido y, en todo caso, debemos dejarle esa tipificación a los sociólogos que, como Durkheim, por ejemplo,  estuvieron años estudiando el suicidio desde el punto de vista de las causas externas de desequilibrio social,  más que de otras internas relativas al desequilibrio psíquico. Principalmente ahora, cuando ido de este mundo Alan García, hay quienes insinúan, sin ser  siquiatras o psicólogos, que  el hombre tenia problemas mentales. Como igualmente carecen de sentido, las voces que confunden el respeto al hombre en vida, con el que se le debe al hombre muerto, y piden detener la investigación que la fiscalía peruana lleva en contra de todos los expresidentes y demás funcionarios involucrados en el caso  Odebrecht. 

El suicidio fue una práctica común de la nobleza en  la Grecia y Roma antiguas, mediante la cual la persona sentenciada a una sanción de ejecución pública, podía optar suicidarse.  Con ello ganaba, dependiendo del caso y la época, no ser deshonrado públicamente e incluso el derecho a que su familia heredase su patrimonio. Tal vez debido  a que  pasó ya el tiempo de los viejos patricios romanos y la clase política actual abandonó esa vieja costumbre, es que se dificulta encontrar, hoy en día, ejemplos de suicidio como consecuencia de alguna acusación penal, entre nuestros políticos latinoamericanos, algo que es extrapolable a otras latitudes. De hecho la conclusión más resaltante es que los políticos actuales no suelen suicidarse por causas de ese tipo y cuando lo han hecho es debido principalmente a  una enfermedad o una coyuntura política, en todo caso. 

Con excepción del suicidio delante de las cámaras del legislador de Pensivania, Budd Dwyer, en enero de 1987, un día antes de que se dictara la sentencia en el juicio que se le seguía por corrupción, similar por lo mismo, en su motivación y la forma pública en  que  lo hizo, al de Alan García, no encontramos otro caso  parecido en el continente americano.  Por otros motivos no relacionados con la corrupción o las enfermedades, sobresalen en América latina, por su impacto político, al tratarse de presidentes que ocupaban el cargo,  los casos de Salvador Allende en Chile, aunque una pequeña parte de la opinión publica aún piensa que fue asesinado, y el de Getúlio Vargas, el 24 de agosto de 1954, un suicidio en extrañas circunstancias, dentro de un conato igualmente singular, de golpe de estado, que ha  dado pie a la leyenda urbana de que no se suicidó. Una teoría conspirativa que también ha estado presente en el suicidio de García, cuando  algunos  medios  peruanos y  redes sociales se han prestado,  para explotar la posibilidad  de que no esté muerto y todo haya sido un acto trucado al mejor estilo de Houdini.

Lo que no cabe duda es de que se trató de una decisión consciente, pensada, y planificada, como también lo fueron los suicidios de Dwyer y Vargas, no obstante como ya se aclaró, que el de este último no estuvo envuelto en investigaciones o acusaciones por corrupción y lo llevó a cabo en privado.

El contagio en el suicidio, como instrumento, como respuesta personal o, incluso, la imitación del medio a utilizar o de la ceremonia que lo ejecuta son corrientes. En un mundo como el actual, es más que probable, aunque no lo podamos asegurar, que Alan García estuviese en conocimiento de lo que hizo Dwyer; pero  de lo que no cabe duda  es  de que conocía el caso de Getúlio Vargas, el líder mas popular del Brasil después de gobernarla cuatro veces y uno de los mas reconocidos del continente. Si la determinación de suicidarse delante de terceros fue copiada del primero, no es posible, por lo mismo, comprobarlo, aunque si quizás suponerlo. De  lo que si podemos estar completamente seguros es que la carta que escribió, fue inspirada en la aquella otra que dejara Getúlio Vargas, hace sesenta y cinco años, como testamento político. El estilo, el tono, la intención del lenguaje utilizado y hasta el contenido son semejantes.

En la misma, Vargas hace una especie de recuento breve de la situación en la cual encontró el país y de su lucha contra intereses económicos y fuerzas nacionales e internacionales opuestas al pueblo, para impulsar su  desarrollo. Que lo atacan a él porque él es la voz del pueblo que quieren apagar,  pero que lo hacen insultándolo, difamándolo, pero sin combatirlo, ni acusarlo, para que no pueda defenderse. Dice que no ha hecho más que seguir lo que el destino le ha impuesto; que lo ha dado todo por los desposeídos, por los humildes  y que lo único que le queda es dar su sangre a las aves de rapiña y no continúen, de ese modo, chupando la del pueblo. A quienes piensan que le derrotaron les responde con su victoria. Concluye, afirmando que luchó con el pecho abierto para acabar con las privaciones en el Brasil. Que las calumnias y las infamias no doblegarán  su ánimo; que les dio su vida y ahora les ofrece su muerte y se despide asegurando que sale de la vida  sereno, sin miedo, para entrar en la historia.

José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf

domingo, 21 de abril de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LA CRISIS DE LIDERAZGO DEL PRESENTE SIGLO

El siglo XX se caracterizó, entre otras muchas cosas, por la impronta que dejaron algunos de sus líderes en el plano tanto político, como artístico, religioso, científico y social. En Europa, de entre los mandatarios, podemos recordar a Churchill o Margaret Thatcher en Inglaterra, a Charles de Gaulle o Mitterrand en Francia, a Felipe González en España, a Adeanauer o Helmut Schmitd en Alemania, y por supuesto a Kruschev o Gorbachov en la desaparecida Unión Soviética. En América del Norte, por su parte, sobresalen las figuras de Roosevelt  o de  Kennedy. A pesar de ello, ha sido notable, de un tiempo a esta parte, la falta de un verdadero liderazgo en el ámbito de la política internacional.   
Un breve recorrido por el escenario de la política mundial de loa últimos años nos lleva a esa conclusión irremediablemente. Putin en Rusia, Berlusconi en Italia, Sarkozy en Francia o Zapatero en España son un buen ejemplo de lo que decimos. Busch o el propio Clinton en el continente americano, no distan mucho de sus pares europeos, a pesar de su preponderante papel como presidentes de los Estados Unidos. Las figuras públicas son, hoy en día, más un producto mediático que otra cosa. Un desmesurado afán por imponer su imagen personal, más que la de su propio país, sobresale en casi todos estos personajes de alguna u otra manera. La política exterior de los estados se maneja actualmente, como si fuera más un asunto personal que otra cosa y hasta el comercio exterior va de la mano con los negocios de algunos de estos seudo líderes que no esconden o disimulan lo que hacen. Lo vimos, por ejemplo, durante el gobierno de Busch con la forma en cómo se manejó la política y el comercio petrolero de los EEUU hacia el Medio Oriente y donde los intereses del vicepresidente Cheney o del propio presidente eran más que evidentes. Lo mismo pasó en la Italia de Berlussconi o en la Rusia actual donde el hierro del personalismo de sus dirigentes lo marca todo. La famosa diplomacia personal de la que antes hacían gala algunos presidentes norteamericanos, como atributo excepcional que complementaba la del Estado, pasó a ser hoy en día, el instrumento del que echan mano todos los gobernantes, sean jefes de estado o no, para mostrarse en publico y anunciar su liderazgo.  

En lo que va del siglo XXI, el asunto no ha cambiado mucho, no obstante que algunos nuevos mandatarios como Barack Obama en USA o Angela Merkel en Alemania, fueron vistos por muchos, como las grandes promesas de la política mundial. Que hoy en día, tenemos  una crisis de liderazgo global es algo que no se puede negar. Sobre todo, por que no hay nadie que pueda asumirlo con el carisma, la solvencia moral y la capacidad política necesarias. La caída del muro de Berlín y con él de la URSS, hizo que en cierta forma se rompiera el equilibrio que la tensión soviético-norteamericana mantuvo aun más allá de la guerra fría. Los bloques desaparecieron como consecuencia de ello y como si de un río que estaba represado se tratara, las aguas ahora libres de cauce, se desbordaron y cada quien tomó su propio derrotero. Eso explica como gobiernos personalistas al estilo de los de Turquía o Venezuela surgidos en un momento dado, pretenden alcanzar el estrellato, en un contexto político internacional como el actual. Son satélites sin rumbo que perdieron su centro de gravedad, pero que en estos últimos años se han venido de alguna manera realineando, no obstante que el factor ideológico ya no esté presente, bajo el primado de objetivos personalistas, estrictamente pragmáticos y de interés común, que recuerdan de alguna manera el conglomerado feudal de la Edad Media.  

Personalismo, más no liderazgo colectivo, es lo que este siglo ha heredado del anterior. Donal Trump es sin duda el representante mas conspicuo de lo que le ha tocado recibir en ese legado al gigante del norte; mientras que Putin sigue su gesta particular, de todo lo que va de siglo, en la Rusia actual. Atrás quedaron los Berlusconi en Europa y los Busch  y los Chávez en América, aunque siempre hay otros. En la actualidad tanto la señora Theresa May en Reino Unido y el señor Pedro Sánchez en España son unos claros ejemplos de como ese personalismo puede prevalecer sobre los intereses del colectivo nacional; de cuando mantenerse en el poder es lo más importante de todo y el único objetivo político  que interesa.   

De ninguno de los dos podemos esperar que salven el mundo, pero si al menos  que reflexionen, que hagan a un lado el egocentrismo que los ha venido caracterizando en el manejo, dentro de sus respectivos países, de asuntos públicos que afectan a todos sus ciudadanos como el Brexit en Reino Unido o el separatismo en España, so pena de que  terminen recortando sus fronteras y destruyéndolos del todo. 

José Luís Méndez La Fuente 
@xlmlf 

domingo, 7 de abril de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, EL POPULISMO DE TRUMP Y VENEZUELA


Las inconsistencias del populismo y la demagogia electoral han vuelto a quedar expuestas, en los últimos días, con las decisiones, en vaivén, del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica  Donald Trump.

Después de una campaña de desprestigio contra quien fuera su rival en las presidenciales pasadas  Hillary Clinton; versus el también excandidato presidencial de su propio partido John McCain, fallecido a mediados del año pasado; así como contra varios abogados y ex asesores de su entorno por haber dado declaraciones incriminatorias en el affaire que involucra a los rusos, por su supuesta injerencia en las elecciones del 2016 que lo llevaron a la  presidencia, Trump amenazó con enfilar  sus baterías contra el expresidente Barack Obama.  Así, a finales del mes de marzo pasado, declaró que eliminaría el conocido programa de seguridad social “ObamaCare”, por resultar, entre otros motivos, muy caro para los ciudadanos que ni siquiera pueden pagar el deducible.

Al mismo tiempo, la incansable mente del señor Trump ha venido amagando, no sin cerrar primero, en par de oportunidades, la administración central de su gobierno y presionar así la aprobación de fondos por el Congreso que le permitan financiar el muro mexicano, con clausurar la frontera sur, si el gobierno de López Obrador no toma medidas para detener el contrabando de drogas dentro del territorio norteamericano. Esto, sin renunciar a seguir anunciando la construcción de ya famoso muro,  dentro de cuyo programa acaba de efectuar una visita a la frontera californiana con el objeto de tomarse una foto, así como evaluar los diferentes materiales y prototipos de cerca fronteriza. Mientras, en paralelo, Trump pone en marcha su campaña de recaudación de fondos para su reelección el próximo año, para la cual aprovechando su viaje  a California por lo del muro, o posiblemente al revés, cenará con un centenar de pudientes ciudadanos en Beverly Hills que pagarán treinta y cinco mil dolares por cubierto.

Pues bien, así como las iniciativas han venido, se han ido, y toda esa vorágine de propuestas que siguen teniendo finalidad electoral, solo que ahora con meta en el 2020, se han desvanecido, modificado o simplemente pospuesto. Ya la valla con México no es tan prioritaria, pues dicho país esta efectuando según las propias declaraciones del mandatario estadounidense, una tremenda labor frenando la inmigración ilegal. Lo que interesa ahora, más bien, es  detener el narcotráfico y para ello ha dado plazo de un año al gobierno de López Obrador. Si en ese tiempo no lo para; entonces,Trump impondrá un impuesto para cada vehículo que entre a Estados Unidos, junto con otras medidas. Lo mismo ocurre con el ObamaCare, cuya sustitución o supresión, sera pospuesta hasta pasadas las presidenciales venideras; de modo que si  los  americanos no podían costearlo, según palabras textuales de Trump, tendrán que seguir sufriendo hasta que Trump sea reelecto. 

Si Obama fue un político populista con la apariencia y el estilo de un  presidente serio tanto a la hora de hablar como de actuar, su sucesor es todo lo contrario. No solo no es serio, sino que tampoco lo parece; no solo es populista cuando lo dice, sino también cuando no lo hace. Pero el principal problema de Trump es que sufre del síndrome de ilegitimidad que aqueja o a aquejado a otros presidentes en el resto de países americanos por razones distintas; bien por haber trampeado las elecciones descaradamente, haber manipulado la ley o el sistema electoral, o bien por haberlas ganado inmerecidamente o, lo que es lo mismo, por defecto del sistema.

La presidencia de Trump es consecuencia de esto último, pues aunque él ciertamente resultó electo dentro de las reglas de juego establecidas por el obsoleto sistema de sufragio indirecto norteamericano, no pudo evitar que la llamativa diferencia de casi tres millones de votos que le sacó la señora Hillary, algo así como el 1% de la población norteamericana, dejara en entredicho su representatividad y, por ende, su legitimidad. Para curarse de esa enfermedad no se le ocurrió otra idea que prender el ventilador y poner a volar la sospecha de que esa diferencia se debía posiblemente a un fraude, que obviamente sin necesidad de acusar a a su oponente, apuntaba hacia la derrotada señora Clinton. De paso, cualquier acusación de intromisión de los rusos a su favor, en las elecciones, se devolvía igualmente contra ella.

En cierto modo, el Donald Trump no reconocido por casi tres millones de personas más de las que votaron por él; el líder populista y demagogo, el mismo que promete esto y lo otro, pero que luego no lo cumple; el que se burla de sus oponentes o los acusa de fraude u otros delitos y los metería presos si lo dejaran; ese Donal Trump, no está tan distante de otros presidentes del continente más al sur del Rio Bravo, como  Daniel Ortega,  Nicolás Maduro o el mismísimo Chávez.

Está  claro que el viento que mueve la veleta del presidente norteamericano sopla en dirección a Noviembre del 2020   y que cualquier circunstancia política con capacidad de afectar su reelección será diferida, apartada o menospreciada, pues no solo desea ganar sino hacerlo, esta vez, sin ninguna mácula que empañe su investidura. Solo esperemos que en el caso de Venezuela, el apoyo a Guaidó y, sobre todo, al sufrido pueblo venezolano, no se vea comprometido por dicha causa en esta segunda mitad que todavía le queda de mandato y caiga en el saco de las promesas incumplidas u olvidadas, en la agenda del candidato Trump.

José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf  

domingo, 24 de marzo de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, VENEZUELA: ESPAÑA, MÁS UN PREMIO QUE UN CASTIGO


Elliot Abrams, el enviado especial de los Estados Unidos para lidiar con la crisis venezolana, ha dicho en días pasados que en algunos aspectos España luce como el destino lógico para todos aquellos miembros y colaboradores del  gobierno de Nicolás Maduro que opten por desconocerlo y soliciten amnistía. Abrams en su análisis asegura que el idioma y otras facilidades, como el que mantengan cuentas bancarias  allí, además de algunos otros intereses, convierte al país ibérico en un objetivo ideal para quienes abandonen el barco, por encima de otros países que políticamente considerados pudieran parecer mas seguros como Cuba o Rusia actualmente aliados de Maduro.

También Juán Guaidó Presidente de la legítima Asamblea Nacional, a quien el país del norte y buena parte de la comunidad internacional han reconocido como presidente interino, en rechazo al régimen de Maduro, ha coincidido con Abrams, al asegurar a la  prensa que ciertamente España sería un lugar ideal por cultura e idioma, para aquellos funcionarios que huyan de Maduro y colaboren con la transición hacia la democracia; aunque asegura que en Colombia y el sur de la Florida también podrían sentirse cómodos.

Basta, sin embargo, hacer una pequeña encuesta entre los venezolanos de cualquier comunidad, o revisar la redes sociales, para darse cuenta que la mayoría de ellos tiene otra postura  con respecto al tema y no por que tengan algo contra España; sino porque en  general estiman que los funcionarios vinculados al régimen de Maduro responsables, por acción u omisión, de crímenes contra personas y bienes, deben pagar por sus fechorías; esto es, ir a la cárcel con la confiscación de sus cuentas y propiedades cuando sea el caso. Incluso para muchos, estas medidas que suponen la aplicación de las sanciones establecidas en las leyes no serian suficiente castigo. 

Tal vez pensando en ello, es que el propio Abrams ha dicho que hay varias consideraciones y puntos a tomar en cuenta con respecto a este espinosos asunto, en el marco de las conversaciones preliminares que se han venido sosteniendo con el gobierno español. La primera, saber cual es la posición del gobierno español que querrá conocer los casos en particular y las condiciones en las cuales los recibiría. La segunda, si los casos que se quieran acoger a la amnistía tienen o no alguna acusación o denuncia, bien formulada o en trámite, ante alguna instancia internacional, pues en tal situación a esas personas les convendría, mas bien, un país que no sea España, como tal vez Rusia, Turquía o Irán, donde es casi seguro que no serán entregados a la justicia internacional. El funcionario norteamericano puso como ejemplo de esto último a Maduro, quien aseguró preferirá a alguno de esos países, en el supuesto de que deje el poder. 

Es por esta circunstancia, que los venezolanos sienten que España se parece mas a un premio que a un castigo, por lo cual la impunidad pudiera ser la que gane al final de estas dos largas décadas de chavismo, si el éxito de la transición queda condicionado al sacrificio del poder punitivo del Estado y de la ley y, por ende, a que prevalezca la injusticia. Mas aún, cuando se tiene conciencia de que hay un tercer punto de atención, pero que no entra en la agenda actual del señor Abrams encauzada a forzar la salida de Maduro, relativo a aquellos funcionarios que antes del 2019 en curso, se escabulleron del gobierno de Maduro y del de los catorce años anteriores de Chávez. Se trata igualmente, en su mayoría, de ex funcionarios que disfrutan su existencia, hoy en día, en países como Estados Unidos, Panamá, Costa Rica, Colombia o la misma España, pero que ejercieron cargos, algunos muy altos, en el poder judicial, el ministerio publico, la  contraloría o en empresas del estado e institutos autónomos, llegando a  cometer graves delitos directamente o en colaboración con otros, contra personas inocentes. El caso de  PDVSA, años 2002, 2003 y siguientes, es un buen ejemplo de esto, dentro de una extensa lista de sucesos. Ello, además, de los casos de delitos contra el patrimonio público cometidos durante ese periodo y que están impunes. 

El odio y la venganza son tan nefastos como la tiranía misma, sobre todo, cuando esta última proviene de aquellos, que es el caso, precisamente, de estos primeros veinte años de siglo en Venezuela, y de lo cual aún encontramos vívidos ejemplos en una ley fascista, neo-nazi, como la que dictó la Constituyente de Nicolás Maduro para perseguir los “crímenes de odio”, o con sentencias abominables, que condenan a los enemigos del régimen por delitos no tipificados en ninguna legislación, como lo sería la “corrupción espiritual”.

Pero, si por otra parte, no llega a haber un átomo de justicia, entendida como simple consecuencia de la aplicación de la ley, el odio seguirá emponzoñándose en el corazón de los venezolanos pero ahora con cambio de bando. Y con odio y un sentimiento profundo de injusticia, nunca habrá verdadera paz en Venezuela.

José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf

domingo, 17 de marzo de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LAS MENTIRAS DEL CHAVISMO


“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.” Esta conocida frase  atribuida al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Abraham Lincoln, podría resumir muy bien lo que han sido estos  últimos veinte años de gobiernos chavistas en Venezuela. Esto es, una larga secuencia de falsedades, algunas de ellas increíbles.

Si bien la demagogia o el populismo como prácticas políticas,  pudieran servirnos para explicar por qué la clase política dirigente no cumple con sus promesas o programas electorales, o por qué a veces dice una cosa y después hace otra; ninguna de ellas nos permite entender como se pueden decir mentiras gordas, de esas  que van en contra del sentido común, de la sensatez e incluso de la ciencia y de la historia.

Pero la verdad sea dicha, esos embustes en forma de artimañas dialécticas  y cambios camaleónicos, no empiezan con ninguno de los gobiernos de Chávez, sino desde el momento mismo en que él es candidato a la presidencia de la república y hace sus primeras apariciones públicas vendiendo ilusión a la gente y cubriendo las apariencias. Aún no habla de socialismo ni de revolución y aunque sus biógrafos aseguran que su nuevo evangelio lo empieza a predicar en el 2005, debemos recordar que en alguna entrevista televisiva como la que le realizó, un día antes de las elecciones de 1998, el polémico periodista Jorge Ramos, llegó a reconocer expresamente que Cuba si era una dictadura; lo cual no explica como se alió mas tarde con Fidel Castro, salvo que la justificación fuese que deseaba lo mismo para Venezuela.

En aquella interviú también aseguró que nunca confiscaría un medio privado de comunicación, pues bastaba con el que tenia el Estado, como tampoco nacionalizaría la empresa privada y que dejaría el poder si era un fiasco o cometía un acto de corrupción en sus primeros cinco años. En otra entrevista anterior, en octubre del 2018 con Marciel Granier, justificó el golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez por su nefasto gobierno y haberle ordenado disparar al  pueblo durante los saqueos del Caracazo. Estos eventos, mas tarde, se convertirían en actos revolucionarios.

Después vendría la mentira de la constituyente y sus dos nuevos gobiernos, con la supuesta lucha contra la pobreza y la corrupción, que contuvo la primera por un tiempo mientras hubo dinero , y llevó a una dimensión internacional la segunda; la reforma de la Constitución para un tercer mandato y la  acentuación de la estructura comunal para el socialismo del siglo XXI.

Con Maduro, el embaucamiento de Chávez pasó a ser calumnia y falsificación burda. Una seguidilla que se inició con la forma en como se manejó la información  sobre el estado de salud de Chávez, a partir del año 2011 y que se continuaría hasta el día del anuncio de su muerte el 5 de  marzo del 2013. Como a  Chávez la estrategia  de echarle la culpa a la oposición, no solo nacional sino también internacional, de todo lo malo que ocurriese en el país le había dado tan buenos frutos, a Maduro no se le ocurrió nada diferente, convirtiéndola en receta diaria. De ese modo, los efectos desdichados de las políticas internas, ya sea alto costo de la vida, inflación, escasez de alimentos y medicinas, destrucción de los servicios públicos, baja producción de PDVSA, devaluación del bolívar, inseguridad en las calles y apagones, entre otros, les fueron automáticamente achacados  a terceros, sin importar si se trataba de algún personaje nacional o internacional. Los actos de sabotaje pasaron a ser una constante, sin que nunca se mostrase a los responsables, así como los intentos de magnicidio frustrados, una particularidad dirigida al pueblo sentimental que Chávez igualmente supo explotar y que mejora el curriculum de un jefe revolucionario. 

Adicionalmente, si Chávez  tuvo la desfachatez, en el 2007, de  nacionalizar la Faja Petrolífera del Orinoco y más tarde, en el 2009, las empresas contratistas petroleras que prestaban servicios en el Lago de Maracaibo, sin que nadie dijera nada sobre aquella farsa, pues la industria petrolera había sido ya nacionalizada por Carlos Andrés Pérez en 1975, haciendo imposible volver a repetir aquel acto de ejercicio de la soberanía sobre alguna de sus partes; ¿que le impedía entonces a Maduro seguir representando todo tipo de patrañas y fingimientos?. Si algo había quedado demostrado en todos estos años es que al pueblo y al no-pueblo, se le puede engañar fácilmente una vez seducido.

Por eso, que después de tener por más de tres días a todo un país sin electricidad, la culpa venga a ser de Trump, de Guaidó y de alguien mas en Colombia, como consecuencia de un ataque cibernético, electromagnético, digital, o cósmico, no debería tener nada de raro y los venezolanos se lo tragarían. Además, nunca faltará alguien como el señor Morales, el dictador electo de Bolivia, o Juan Carlos Monedero en España, que apoye la versión, pues como dice este último, eso es típico de los americanos. 

Particularmente, después de escuchar la exposición del señor Maduro sobre la agresión sufrida con alta tecnología que solo posee los Estados Unidos, creemos que es preferible la excusa de la iguana dada anteriormente, para justificar alguno de los otros múltiples cortes de  luz que vienen afligiendo al pueblo venezolano desde hace ya años .

José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf

domingo, 3 de marzo de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, A SEIS AÑOS DE LA MUERTE DE CHÁVEZ


Cuando este artículo se publique, se estarán cumpliendo el próximo 5 de marzo, seis años  del anuncio oficial de la muerte de Hugo Chávez. Un anuncio que se veia venir, después de  una serie de hechos noticiosos provenientes, en su mayor parte, del propio gobierno, los cuales desde el mes de diciembre del 2012 tenían al mundo en ascuas, llenando los  noticiarios y las redes sociales de habladurias, insinuaciones tendenciosas, y mucho escepticismo. Fue su sucesor, Nicolás Maduro, designado así por el propio Chávez el 8 de diciembre del 2012, en la que sería su última aparición pública, quien dio la noticia.

De toda la crónica sobre la enfermedad de Chávez en la cual no hubo un solo parte médico dado por quienes lo atendieron, como tampoco lo hubo de su deceso, pues siempre fueron fuentes gubernamentales las que se encargaron de hacerlo, cabe destacar la manipulación pólitica, con fines electorales, que se hizo de la misma, en función de una estrategia ganadora a corto y mediano plazo. Fue así como se decidió adelantar la elección presidencial del 2012 dos meses; de Diciembre, que era lo usual, a Octubre; lo cual indica, a todas luces, que algo se temía sobre un más que posible empeoramiento de su estado de salud.

Por razones idénticas se hacia necesario cubrir el periodo de transición que iba desde el 10 de Enero 2013 cuando Chávez, reelecto para un nuevo período, debia juramentarse ante la
Asamblea Nacional como lo dispone el Artículo 231 de la Constitución, hasta la fecha de los
nuevos comicios para elegir un presidente en caso de que Chávez no pudiera asumir el cargo, como efectivamente ocurrio. Esta última, una posibilidad a la cual el propio Hugo Chávez se refirió expresamente, como si supiese lo que le ocurriría, en su alocución del 8 de Diciembre del 2012. En este sentido, personajes venidos del chavismo, como Luisa Ortega Diaz, han asegurado que murió dos meses antes, el 28 de Diciembre 2012 para ser exactos, cuando recibieron por teléfono la noticia de que Chávez habia fallecido, informacion que fue, horas mas tarde, revertida.

De ese escenario, surgió la inconstitucional e incoherente decisión del TSJ del 9 de Enero 2013 señalando que Chávez podía juramentarse en otra fecha y que había continuidad administrativa, circunstancia por la cual Nicolás Maduro, en su caracter de vicepresidente, debía seguir en el cargo, como si nada hubiera pasado, hasta que Chávez se reincorporara. Un absurdo, desde cualquier punto de vista y una verdadera arbitrariedad jurídica, que colocaba a Maduro, contrariando descaradamente lo establecido en la Constitución, como Presidente del país por unos meses. Enero, cuando Chávez debio asumir el cargo; Febrero, cuando supuestamente regresa a Caracas para ingresar en el Hospital Militar; Marzo, en el cual se notificó finalmente su fallecimiento y convocaron elecciones; hasta la mitad de Abril, cuando el dia 14 se llevó a cabo la votación para cubrir la vacante de Chávez. Un tema al cual nos referimos en dos artículos publicados en Enero del 2013.

Sobre el origen de la enfermedad de Chávez, también se hizo un manejo destinado a crear
dudas sobre el mismo con el objeto de crear un sentimiento en el gran pueblo, contrario a la
oposición; el propio Maduro lo volvió a plantear unas horas antes de anunciar la muerte de
Chávez. Esta corriente conspirativa le atribuye a un tercero, enemigo histórico, la muerte de
Chávez, mediante la inoculación de un agente patógeno o, posiblemente, utilizando un dispositivo radiactivo a distancia, capaz de producirle una alteración en las células tal, que provoca el cáncer. Este tercero, por supuesto, seria los Estados Unidos, para el que la figura de Chávez suponía una piedra en el zapato. Una hipótesis que científicamente considerada no tiene fundamento alguno según lo han asegurado varios especialistas, pues se necesitarían, en todo caso, muchas dosis de radiación o de dicho agente contagioso o infeccioso, lo cual requiere tiempo, para tratar de causar un cáncer.

Por esta razón, hay quienes se suman a dicha maquinación pero señalando a otros protagonistas, quienes si tuvieron tiempo y la ocasión permanente de aplicarle cualquier sustancia o contaminante al líder venezolano. Si todo su grave cuadro de salud se detectó en Cuba, realizándose allí todas las cirugías y tratamientos del caso; si todo se inicio en aquella isla y todo terminó allí, por que no atribuirle a los Castro el papel principal en esa corriente conspirativa. La oportunidad la tuvieron, de hecho mas que nadie; al igual que el móvil, como lo sería impedir que la figura de Chávez, siguiese creciendo internacionalmente en popularidad y sobrepasase la del propio Fidel. No son acaso los celos y el poder dos de los principales motivos de asesinato en el mundo.

Adicionalmente, habría antecedentes. Otras teorías no tan conspirativas, le atribuyen a Fidel Castro la muerte, en la selva boliviana, del Che Guevara, ícono de las jóvenes generaciones de los 60s y los 70s en el siglo pasado y convertido posteriormente en un mito; así como el fusilamiento en 1989, sin justificación alguna, del General de División Arnaldo Ochoa, jefe militar al frente de las operaciones en Angola, el más condecorado de los oficiales y héroe de la revolución cubana.

A seis años de la muerte de Chávez, manipulaciones o no, la verdad exacta aún no la conocemos, pero podemos presumirla. Quizás tengamos que aguantar algún tiempo a que el gobierno de Washington o el de La Habana, por que no, desclasifiquen algunos documentos; o simplemente, aguardar a que a alguien del régimen se le vaya la lengua.

José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf

domingo, 17 de febrero de 2019

JOSÉ LUÍS MÉNDEZ LA FUENTE, LOS HOMBRES BUENOS DEL INDEPENDENTISMO


Las recientes declaraciones de Elsa Artadi, portavoz del gobierno de Cataluña región autonómica de España, con motivo de la convocatoria a elecciones de Pedro Sánchez para el próximo 28 de Abril, como consecuencia del rechazo a los presupuestos presentados para su aprobación a las Cortes, no dejan de tener algo de razón.

"España será ingobernable mientras no afronte el problema de Cataluña. No puede vivir ignorándolo" ha dicho la política catalana, afirmando que el problema de Cataluña,es un problema de Estado y que un cambio de gobierno no lo resolverá como lo acaba de demostrar Sánchez, haciendo referencia a que la salida de Rajoy no sirvió de nada. Artadi acusó al lider del PSOE de  ́ ́falta de coraje ́ ́ para afrontar el problema
soberanista y de haber cedido a las  ́ ́presiones de la derecha ́ ́.

Creer que la solución a ese problema de Estado depende de la coacción que pueda ejercer o no la derecha, es confundir a todas luces el quid del asunto, pues el separatismo, como tal, no es una categoría ideológica de naturaleza izquierdista o derechista específicamente; como tampoco lo es la soberanía de un Estado después de varios siglos ejerciéndola sobre un mismo territorio. 

Lo que le debe suceder a todos los secesionistas en España y más concretamente a la señora Artadi, es que tras escuchar durante un buen tiempo, el discurso desplegado tanto por Pedro Sánchez como por Pablo Iglesias sobre dicho problema de Estado, han quedado confundidos, o peor aún, con la impresión de que de llegar al poder la
izquierda española, se le daría luz verde a las pretensiones secesionistas. Un equívoco, si se quiere, al cual contribuyó aun más, Pedro Sánchez, en su fugaz pero nefasta actuación como presidente de España, con los coqueteos y devaneos, casi de adulterio, que tuvo con los representantes del secesionista catalán, no obstante encontrarse varios de ellos en la cárcel y estar ahora mismo enfrentado un proceso judicial.

Pero quien siembra vientos recoge tempestades y así como Sánchez llegó al poder empujando finalmente a Rajoy a la calle con el voto decisivo de los partidos independentistas, él mismo acaba de recibir, con ocasión igualmente de la presentación del presupuesto anual, una cucharada de su propia medicina al no ser apoyado por aquellos. 

Si algo ha quedado claro para el independentismo es que no se puede fiar ahora de la izquierda española, como tampoco lo hacia antes de la derecha, pues la posición con esta última gobernando ya se conoce, y la de la izquierda, después de Sánchez, también; no importa los cuentos de hadas ofrecidos o el discurso populista utilizado. Del mismo modo, le debe haber quedado claro al secesionismo catalán que escudarse en un discurso artificial contra el franquismo, la monarquía o la derecha para justificar sus actuaciones, ya no es suficiente para engañar a todos quienes no son franquistas, monárquicos o simplemente derechistas, tratando de ganarse su simpatía. 

Amén de que resulta insultantemente ingenuo pensar que si el cambio de gobierno, por si solo, no solucionará el problema independentista, éste se vaya a arreglar quitando simplemente la figura decorativa del rey o enterrando a Franco mil metros mas abajo o cambiándolo de tumba. 

Por su parte, a la tradicional izquierda y derecha de la política española, mas ahora cuando se encuentran repartidas en varios partidos políticos, les toca aprender que si no hay unidad de criterios frente a ese crucial problema de Estado, la ingobernabilidad de España puede ser un hecho mas que cercano. 

Pero ni ingenuidad, ni perplejidad, ni confusión, ni nada que se les parezca. Tácticas de guerra política si. Un recurso, el de echar mano de conceptos tales como democracia, república o legalidad, por solo tomar tres de los muchos que el separatismo viene frecuentemente utilizando como propios, contra el Estado español, desde hace ya tiempo, en una estrategia por legalizar su postura transgresora, creando instituciones y un orden paralelo que desconcierte al colectivo, pero en particular al ciudadano común y corriente. Todos los dirigentes y portavoces del separatismo catalán desde Artur Mas para acá los han venido utilizándo de una manera o de otra. Se trata de poner en práctica algunos de los 198 métodos de acción no violenta ideados por el politólogo

Gene Sharp en su libro de finales del siglo pasado “De la dictadura a la democracia”.El último en hacer uso de algunos de aquellos conceptos después de la señora Artadi, ha sido Oriol Junqueras, precisamente en la audiencia judicial donde se ventila su caso, al autocalificarse como un preso político, perseguido por sus ideas y no por sus acciones. En ningún momento se refirió a los hechos señalados dentro del escrito acusatorio de la fiscalía; algunos tan concretos como lo son las desviaciones de partidas presupuestarias destinadas al gobierno de Cataluña, en gastos no autorizados del ilegal proceso de votación del 1-O, algo que es delito en cualquier parte del mundo. 

En su apología a la causa separatista ha dicho que «Antes que independentistas, somos republicanos; antes que republicanos, somos demócratas; y antes que  demócratas, somos buenas personas»

Lo que parece que se le olvidó al señor Junqueras, o simplemente no lo sabía, es que
las buenas personas también violan la ley.

José Luís Méndez La Fuente
@xlmlf