domingo, 17 de mayo de 2020

RAUL AMIEL, VENEZUELA: ¿QUÉ PASA DESPUÉS? EL ASCENSO Y LA CAÍDA DE UN PETROESTADO

No voy a caer en la tentación de hacer crónica del affaire de la Operación Gedeón. No tengo elementos de juicio para tal cosa. Solo me voy a limitar a citar al Presidente Trump: “Si quisiera entrar a Venezuela, no lo ocultaría. En ese caso mandaría al Ejército y la misión no fallaría”.

Es diferente el tema de mi mayor interés. Otro día más del ya muy largo confinamiento que nos ha impuesto el degobierno. Lo que aun no entendemos es que se llenan la bocota con el cuento de que tiene todo controlado con lo de VirusChino. Dicen que somos el país con la menor incidencia de casos y muertes. Sin embargo nos decretan otro mes más de reclusión e inmovilización ciudadana. Estoy por creer que es cierto lo que todo el mundo ya comenta. Es el espanto de un país que no se puede movilizar por falta de gasolina. Que no hay electricidad. Que no terminan de solucionar lo del agua. Dos tercios de los venezolanos han experimentado escasez de agua o pérdida total de agua. Que hay poblaciones que cocinan a leña porque tiene meses que no reciben gas. Que el problema es ese. Y no otro.

El país está sumido en conflictos políticos y continúa sufriendo de hiperinflación, altos niveles de violencia criminal, servicios públicos desmoronados, pobreza severa y desnutrición. Pobreza epidémica.

9 de cada 10 personas están atrapadas en la inanición. El 64% de las personas ha perdido entre 15 kilos y 20 kilos, en promedio, debido a la desnutrición. Los médicos dicen que están viendo un aumento en los casos de diarrea, fiebre tifoidea y hepatitis A, despunte de malaria. Más de cinco millones de venezolanos deambulando por el mundo. Algunos miles regresando para pasarlo peor. Pero el desgobierno presenta buen balance del problema del VirusChino. Pura propaganda. 21 años de propaganda. Y cero eficiencias y efectividad para resolverlos.

La situación económica de Venezuela es impensablemente mala, especialmente para lo que una vez fue la Nación más rica de Sudamérica. La severa crisis económica continúa agotando los salarios y ahorros de los venezolanos. El salario mínimo solo vale lo suficiente para comprar un kilo de queso al mes. Los suministros de alimentos y médicos son escasos y, a medida que los recursos disminuyen, los precios se disparan.

Venezuela necesita un liderazgo reflexivo que tenga credibilidad personal para llevar a las personas y tomar decisiones aún más duras para corregir el desastre. El enfrentamiento político de Venezuela parece estancado.
Los esfuerzos para alcanzar una resolución pacífica hasta ahora han demostrado ser intermitentes y en gran medida infructuosos.

¿Cómo resolver el problema? En primer lugar, lo que hay que tener en claro es que una crisis sistémica no representa un problema sencillo. Si queremos construir un buen sistema relacional, tenemos que conocer la diferencia entre lo urgente y lo importante; tenemos que saber qué debe hacerse primero y qué debe hacerse después; tenemos que saber qué está bien y qué está mal y, por último, también tenemos que saber por qué está bien lo que se acepta y por qué está mal lo que se rechaza.

¿Qué hacer? ¿Por dónde empezar? Habiendo dicho lo precedente, la pregunta inmediata es: ¿por dónde empezaríamos? ¿Cómo comenzaríamos a construir un nuevo "modelo", distinto del actual, con reales posibilidades de funcionar en forma satisfactoria? La enorme mayoría de la gente seguramente nos contestaría: "Hay que empezar por la economía."

Gran error: la economía es lo urgente. La política es lo importante. En Venezuela la economía anda mal porque la política anda peor. No es la política la que anda mal porque la economía es un desastre. La economía Venezolana no arranca porque no hay decisión política para hacer lo necesario a fin de que arranque o, mejor dicho, no hay ni suficiente Poder político ni suficiente voluntad política para tomar las medidas que la hagan arrancar y funcionar decentemente. Peor todavía: ni siquiera hay una estructura política institucional medianamente satisfactoria a través de la cual eventualmente podría canalizarse una voluntad política orientada a recuperar la capacidad económica del país.

Consecuentemente, lo primero que Venezuela necesita es una estructura de poder político correcta que permita tomar las medidas necesarias para restaurar a la economía. En otras palabras: la recuperación del poder político es la condición necesaria que forzosamente debe preceder a la reconstrucción económica. De otro modo, las decisiones políticas tomadas carecerán de credibilidad; la falta de credibilidad inevitablemente se traducirá en falta de confianza y no hay economía en el mundo entero capaz de funcionar sobre la base de la desconfianza y la incertidumbre.

Desde el momento en que el órgano del Poder político por excelencia es el Estado, la primer propuesta tiene que ser, pues, la de restaurar al Estado. Y restaurarlo no significa ni desmantelarlo para tener un Estado ineficaz pero barato; ni significa tampoco inflarlo hasta dimensiones elefantiásicas para tener un Estado muy benefactor pero ineficiente y, por añadidura, carísimo. Lo que necesitamos es un Estado correctamente dimensionado que cuente con:

* El poder necesario para superar las divergencias internas y lograr una síntesis de las fuerzas y los intereses contrapuestos que desgarran a la sociedad.
* La capacidad de planificar a largo plazo en función de un futuro positivo para el país, con planes estratégicos coherentes que no resulten tergiversados después a propósito de cada coyuntura electoral.
* La autoridad moral y el prestigio necesarios para conducir a la Nación construyendo consensos alrededor de objetivos concretos y viables.

La restauración del Estado implica, así, tres grandes metas:

1.- Restaurar las estructuras del Poder político para que las decisiones necesarias se puedan tomar en tiempo y forma; y para que, una vez tomadas, se las pueda hacer cumplir de un modo efectivo y persistente.

2.- Realizar el planeamiento estratégico para establecer un nuevo Proyecto de Nación con metas, objetivos, cronogramas, recursos y responsabilidades.

3.- Poner la ejecución en manos de personas capaces y honestas, cuya personalidad, cuyo comportamiento y cuya idoneidad profesional generen la certidumbre necesaria para recuperar la confianza y la fe en el futuro.

Y en este orden de premisas consideramos que: El Ideario Republicano es el más favorable a la garantía de los derechos individuales, la vida, la libertad, la seguridad, la igualdad, la reputación y la condición domestica; como la protección y el goce efectivo de estos derechos es el gran fin con que se establecen los gobiernos; el gobierno republicano es el mejor de los que conocen los hombres.

El hecho concreto es que resulta perfectamente posible demostrar que nunca ha habido un gran líder sin un extendido ambiente cultural previo que le abone el camino y, viceversa, nunca han llegado al Poder aquellas iniciativas culturales que no terminaron siendo encarnadas por buenos líderes operativos con verdadera vocación y voluntad política de conquistar el Poder.

Para poner en marcha esta iniciativa de construcción política, las fuerzas sociales para emprenderlas están políticamente disponibles. Hacen falta la lucidez, el coraje y la voluntad política necesarios para asumir este desafío.
Creemos que la historia de la Venezuela de hoy nos presenta un momento preciso para nuestra oportunidad. Las puertas de la historia están abiertas y debemos entrar con decisión.

Pronto, muy pronto. Será el evento más importante del acontecer nacional después de salir de la coyuntura del VirusChino. El Conversatorio Liberal de Caracas. Lo hemos reprogramado para el SÁBADO 27 DE JUNIO.
Y recuerda… ciudadano en Acción. ¡Juntos es mejor!

Raul Amiel
raulamiel@gmail.com 
@raulamiel

VÍCTOR ANTONIO BOLÍVAR CASTILLO, ¿PODEMOS LOS VENEZOLANOS DEJAR LA SUMISIÓN, PARA MARCAR LA DIFERENCIA?

¿Existe la mínima posibilidad de que la icónica disidente cubana Yoani Sánchez  –como quisiéramos– pueda hoy moverle el piso a la dictadura castrista, liderando a un pueblo sublevado dispuesto a rescatar definitivamente la dignidad perdida en la patria de Martí? Seguro coincidiremos en asumir ese escenario como supuesto negado; suena cruel, pero hoy es una dolorosa verdad. Ella, valiente y decidida, seguirá dando una lucha desigual, asimétrica diríamos. Ese testimonio nos pone de bulto la dimensión del problema cubano, pero también la del atolladero en el que nos encontramos los venezolanos.

Más de 30 años han pasado desde que estuve en la isla en una actividad académica; pude percatarme –ya para entonces– del verdadero estado de deterioro material y espiritual del pueblo cubano. Mercado negro de divisas, contrabando, robo de vehículos, caos de transporte, ruina urbana, esclavitud laboral, prostitución y un anestesiante y controlador Estado policial, fueron suficientes taras de la nomenclatura para constatar la naturaleza perversa de la revolución cubana que contaba para ese momento con la ayuda de la Unión Soviética.

Dos años después caía el Muro y luego se desintegraba la URSS. Se les acabó el chuleo a los soviéticos y les sobrevino una profunda crisis económica y financiera dando pie al período especial. Todo esto terminó agravando las condiciones ya precarias del pueblo cubano; pero no al privilegiado círculo gobernante, que nunca llegó a comer cáscaras picadas de plátanos o bistec de toronja, ni tomar agua de azúcar o comer gatos para mitigar el hambre. Estaba claro que esa sumisión del pueblo cubano ante el riesgo represivo, la carencia de lo elemental y los problemas ya mencionados le habían vaciado su alma. El descontento de ese pueblo impotente subyace en lo más profundo de sus entrañas.

Pasó más de una década para que le lloviera maná del chavismo, tenían de nuevo a quien chulear. La historia corta: petróleo por servicios de médicos (cuya actividad esconde una forma de esclavitud moderna, muy rentable), por respaldo político propio y de aliados internacionales. También a cambio de servicios de inteligencia y apoyo militar.

Cuba recibía en ese extraño trueque más de 100.000 barriles diarios de petróleo, a precio subsidiado, que luego revendía en el mercado mundial a precio internacional, obteniendo miles de millones de dólares. (igual se hizo con otros gobiernos de izquierda, con claros fines geopolíticos  en América Latina). Terminamos siendo una suerte de colonia del Foro de Sao Paulo, en este caso operada por el nuevo mestizaje castrochavista, que se abrió paso para quedarse entre nosotros por largos años.

Pero vinieron las sanciones, ahora fue Trump y no el comandante el que mandó a parar. También vino el derrumbe del mercado petrolero y una severa disminución de las remesas. Como señaló un estudio del español Real Instituto Elcano, sobre el insuperable problema estructural de la economía cubana, atada al comunismo: con estos hechos se ratificaba así la histórica dependencia económica cubana de otra nación y la necesidad de subsidios y ayuda sustanciales para poder subsistir económicamente.

En una especie de variable del síndrome de Estocolmo, a Venezuela la lanzaron políticamente a los brazos de la Cuba secuestradora, con un régimen chulo, que dependía económicamente de nosotros. En todo lo demás nuestra semejanza abruma; pareciera que hemos calcado lo peor de ella.

Hoy el pueblo venezolano, reprimido al igual que el cubano, no puede hacer valer sus derechos que le permitan cambiar de gobierno democráticamente. Somos pares en la miseria, abandono y destrucción,  con idénticos regímenes totalitarios que han causado grandes diásporas. De hecho, ya estamos sufriendo por igual horrendos  períodos especiales. ¿Podemos los venezolanos dejar la sumisión, para marcar la diferencia?

Víctor Antonio Bolívar Castillo 
vabolivar@gmail.com
@vabolivar

FREDDY RIOS RIOS, LA SALIDA DEL DESASTRE: UNIDAD SIN LA OPOSICIÓN MERCENARIA

«Disponemos de nuestros propios códigos morales y sistemas de valores. Sin embargo, a veces llevamos a cabo toda una serie de “piruetas” mentales para integrar comportamientos totalmente opuestos a nuestros principios, hasta el punto de ver como “correcto” lo moralmente “inaceptable”.» Angel Bandura y La desconexión moral.

El sistema internacional está seriamente afectado por las consecuencias del Covit 19. Pensadores de todas las tendencias sostienen que el mundo cambiará y que nada será igual. Excelente discusión para la Academia, y El Mister todopoderoso nos obsequié lo mejor de los cambios por venir, empero permítaseme aterrizar en este bendito, pacífico y bello lugar de la tierra, hasta que hace 21 años la mayoría del país decidió elegir Presidente a un arriero con flauta de Hamelín. 

Ahí empezó la peor epidemia que haya sufrido país alguno de la tierra desde que El Mister echó a Adán y Eva del Paraíso. El primer palo a la piñata fue lograr una fraudulenta sentencia del TSJ que permitiera la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente en contravención y violación de la normativa de la Constitución vigente que permitió la instauración de la Dictadura Constitucional chavista, la cual cooptó a los demás poderes públicos para perfeccionar el Golpe de Estado contra la democracia liberal y régimen de partidos. 

Se derogó la Constitución del 61 y comenzó el largo camino de destrucción sistemática del país y sus instituciones. Posteriormente y con ahínco se inició la destrucción del Estado de Derecho, que tiene su guinda en un Tribunal Supremo de Justicia cuyas sentencias modifican la Constitución a la medida de las necesidades del hegemón. A ello es necesario añadir el pecado original, la destrucción del Poder Judicial que se inició con una razia masiva que llevó a cabo la recién creada Comisión de Emergencia Judicial, por la Asamblea Nacional Constituyente, fue la puntilla, toda vez que en 1999 había intervenido todos los Poderes Públicos.

El empeño destructor no fue solo institucional, el Proceso, como se denominó en sus orígenes, era una logia militar acompañada de civiles variopintos, que en 18 años acabó sistémica y sistemáticamente, con intervenciones, invasiones, y expropiaciones toda la actividad agropecuaria privada reduciéndola a menos del 20% de la existente en 1998, dando fin de paso la seguridad alimentaria.
Por 17 años, sin capacidad alguna de establecer una política agropecuaria, el chavismo creo un cerco de barreras arancelarias y paraaracenlarias, controles administrativos de todo género e inspecciones y alcábalas para impedir el comercio y el libre tránsito por el territorio nacional de las mercaderías y vehículos de transporte.

Estas medidas desbastadores afectaron igualmente a las industria del cluster, donde la multinacionales ha migrado y cerca del 80% de las nacionales han cerrado sus operaciones. Es de notar que toda la actividad sectorial está en manos y por ende son responsable de su fracaso los militares que han dirigido el proceso, que ya como Socialismo del Siglo XXI, mantiene completamente destruido al sector agrícola, y seriamente comprometido el abastecimiento nacional, el último índice de desabastecimiento publicado por el BCV en 2014 fue de 29.4%. Alimentos no hay y existen claros sesgos de especulación.

Por otra parte el sector industrial ha sufrido la política de acoso derribo propia de los facho-stalinismos. El industrialicidio acabó con más del 80% de las empresas y las sobrevivientes utilizan solo el 16% de su capacidad instalada por la represión económica. Fue el sector industrial más moderno de LATAM. Por su crasa ignorancia el chavismo desapareció al sector ensamblador automotor, y el golpe fue traumático para la industria farmacéutica, metalmecánica, alimenticia, y química. 

La pseudopolítica industrial fue una desatada e intensiva persecución con objetivos estatistas y centralizadores de control, acompañados de las mismas medidas aplicadas al sector agropecuario: intervenciones, expropiaciones, ocupaciones, y fiscalizaciones. Compartiendo con el resto de la economía privada el cerco del control de precios e importaciones, que finalmente dinamitó el control de cambios, lo cual se tradujo en la carencia de insumos, materias primas, partes-piezas-respuestos, SKD yPKD, y bienes de capital indispensables en y para el proceso productivo.

Un desatino inconmensurable y dañoso a Venezuela fue sustraerla del ámbito de la integración y globalización, incrementado la pobreza y la pobreza crítica, al mismo tiempo que impulsaba la inflación, el desempleo y desabastecimiento.
Desde sus inicios el régimen se dedicó sistémicamente a controlar el Comercio Exterior. Primero con la prohibición del transbordo de carga en frontera, salida del G3 y Comunidad Andina, el ingresó a Mercosur, la Alba como instrumento político subregional y la fallida Unasur fueron hechos que marcaron la ideologización sectorial en clara violación de los Acuerdos suscritos por el país en el marco de la OMC y ALADI.

Vale la pena hacer notar que el diseño, conducción y ejecución de estas políticas nunca ha estado en manos de especialistas de la áreas referenciadas, sino de burócratas de la Nomenklatura y Militares pseudoidelogizados, lo cual es una característica común a todos los fracasos del régimen.

El chavismo desde sus inicios ha carecido de Política Comercial, Aduanera y Arancelaria, lo cual tiene como consecuencia agregada, la ausencia de políticas sectoriales. Estás fueron sustituidas por la antipolítica del control absoluto de todas las actividades económicas aplicadas al margen de la Ley y con absoluta discrecionalidad.

Estás consideraciones hacen inaceptables considerar siquiera que las extremas devaluaciones han conducido a la economía nacional por el camino de apertura comercial, que la audacia de algunos ‘influencers’ llego a calificar como la ‘chinalizacion’, vía Bodegones.

La Venezuela dolarizada no tiene hoy importaciones privadas, 5.216,6M€ en 2.019 son un cadaver económico al borde de la tumba, el Decreto de Exoneraciones vigente desde 2018 no ha tenido efecto alguno sobre las actividades productivas, ni incremento de las importaciones, y las pocas mercaderías extranjeras (principalmente confitería y productos de higiene personal) en el mercado son producto de una interpretación laxa de la Resolución sobre Courier, vigente desde 1997, con el aditamento de posible legitimación de capitales.

Si se adjunta a lo señalado las restricciones ocasionadas por la Pandemia al transporte internacional y la restricciones voluntarias de los países exportadores con el objeto de garantizar el abastecimiento de sus mercados internos, la condiciones nacionales se hacen más extremas por la incidencia -como señaláramos supra- de estás medidas en la producción interna agrícola e industrial, lo cual lleva necesariamente al desabastecimiento por falta recursos propios para las operaciónes productivas.

La repuesta de la Dictadura a los problemas señalados solo han agravado la crisis y más aún con la manipulación maligna de la pandemia. La repuesta a las crisis es sistemática, siempre la mentira-propaganda estructurada en base a la hegemonía mediática, a la ‘truthiness’ de Colbert: «Solo lo que yo digo es verdad, y nada de los que los demás digan podría ser verdad», y ello en plena armonía con la ‘posverdad’ que definió David Roberts como «una cultura política en la que la política (la opinión pública y la narrativa de los medios de comunicación) se han vuelto casi totalmente desconectados de la política pública (….)», con la tremenda desventaja que la oposición solo puede responder en las redes, limitando su acción difusora, contralora y pedagógica.

Como si lo anterior no fuese suficiente este además es un régimen en manos del Crimen Organizado, no es solamente un Estado Fallido, donde despliega una actividad permanente y protegida el narcotráfico y demás Tráficos Ilícitos. En este entorno miles de millones de US$ desaparecieron sin dejar obra hecha, por el contrario la infraestructura construida hasta 1998 por la Republica Civil está deshecha, en ruinas, inoperante, cerrada o en franco proceso de deterioro. 

Autopistas, Carreteras, Vías de Penetración, Represas, Plantas Eléctricas, Agua, Gas y como colofón de la depredación un total desabastecimiento de gasolina.

Para salir del chavismo hay que empujarlo y duro, hasta con zancadillas. La responsabilidad de los políticos es la orientación y conducción del pueblo. Es necesario crear una Unidad de Propósitos y Acción. Es la única estrategia que permitirá salir del chavismo y derrotarlo en la calle. Lo único que no cabe en la Unidad es la Oposición Merceneraria. Solo la Transparencia alumbrará el camino. La Junta Patriótica fue resultado de la autocrítica y de la voluntad de vencer.

Freddy Rios Rios 
friosrios@gmail.com 
@doserre 

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, ¿LIBERTADES POLÍTICAS EN CUARENTENA?

El ejercicio de la política, pareciera no tener contemplaciones frente a nada. Menos, a un universo de individuos capaces de evaluar y objetar cuanta decisión pueda tomarse. Sobre todo, aquellas elaboradas entre “gallos y medianoche”. O sea, en la oscuridad.  En aras de afianzar un sistema político. Sobre todo, en aquellos formulados a instancia de intereses disfrazados con principios y valores “democráticos”.  

Es lo que confunde a quienes esperan algo mejor de una gestión política que ha ofertado objetivos trazados ante un horizonte, supuestamente, despejado de imprecisiones. Sólo que en política, cualquier propuesta puede recibirse o rechazarse. Acogerse o impugnarse. El problema se suscita cuando los derechos que exaltan libertades, no son siempre acogidos como argumentos políticos válidos por quienes ejercen el poder. 

Es ahí donde comienzan a crearse discrepancias que se convierten en razones políticas a partir de las cuales se enquistan tendencias representativas de posturas. Que si bien pudieran comulgar propósitos comunes, se apostan en colocaciones diferenciadas. Muchas veces, con base en propuestas ideológicas conflictivas dado el carácter enjundioso que asumen. Y que defienden, repetidos momentos, sin el debido conocimiento de causa que podría reivindicar el proyecto político. Aunque, la falta de evidencia se convierte en la evidencia de lo que se carece. 

El proyecto político soportado sobre la charada ideológica de “socialismo del siglo XXI”, sólo ha servido para esconder postulados políticos que fundamentan valores morales y principios de ética y ciudadanía. Pero como hasta ahí llegó la gestión política del “revolucionario” gobierno militarista venezolano, solamente le quedó valerse del impulso inicial para cubrirse de cuantos pretextos fueron posible. Tanto, que le permitieran, en el largo plazo, justificarse ante la insensatez de una población cuya incultura política le ha servido de argucia para ganar el espacio necesario que demanda su codicia como criterio de mezquindad y egoísmo político. 

Sin embargo, el oprobioso régimen no calculó los avatares por los que atravesaría en medio de sus atropelladas andanzas. No sólo ante el factor tiempo, pues los hechos se dieron sin mayor objeción. Tampoco previó los problemas que su mismo proyecto político, de razón cívico-militar, generó. Todo ello se condensó en las crisis que derivaron de la torcida suerte que se fijó a la oferta electoral que vendieron los partidos y movimientos políticos, en diciembre 1998. Y que trece años luego, forzó mediante trampa elaborada para continuar sosteniendo el proyecto político-militar gubernamental. Y que seguramente, terminará de dar al traste el remedo de gobierno que ahora se encuentra atrapado. Esta vez, bajo los estertores causados por crisis tan letales como las que han abollado a Venezuela. Y que, sin duda, serán razones de innegable defenestración de “gobernantes” perseguidos por la justicia internacional. 

He ahí el detalle a partir del cual puede entenderse la razón del serio conflicto que tiene hundida a Venezuela. Primeramente, se hace difícil inculcarle a quienes no reconocen en la política la más excelsa filosofía de vida. Es el caso de militares cuyo uniforme es más un disfraz, que el signo de una institucionalidad al servicio de los más elevados intereses de una sociedad. En política, esto se resume en lo que se define como “la pluralidad de los hombres”. Es decir, en la convergencia entre individuos que comparten una geografía. O que se hallan sujetos a los dictados de las circunstancias. El hecho de actuar al margen de lo que esto implica, ha desatado agudos problemas en la convivencia humana. Y que han terminado, despotricando el concepto de política. Peor aún, su ejercicio. 

En segundo lugar. Este problema que se ha armado ante un concepto de política y su perturbada praxis, es razón para advertir otras complicaciones de igual o mayor trascendencia. Y tienen que ver con otro concepto también de significativa ascendencia ética y moral. Es el concepto de “igualdad”. Término éste bastante manido por todo discurso político. Pero sucede que la diferencia que establece el escalafón económico, aviva un distanciamiento político y social que no se corresponde con lo que la “política” asoma desde esa perspectiva. Entonces, sigue sin conocerse que el ejercicio de la democracia, basa su fundamento en el reconocimiento de la “igualdad” como condición suprema para su construcción. 

El régimen, aparte de no contar con el conocimiento específico que demandan contingencias de tan rigurosas exigencias, no cuenta tampoco con la coherencia necesaria para coordinar responsablemente el tamaño de dicha tarea. Porque tampoco cuenta con políticas públicas en la escala del abordaje requerido. Todo esto, es consecuencia de la soberbia e intolerancia de engreídos y usurpadores gobernantes. Esta situación, ha dificultado que actores y organizaciones no gubernamentales especializadas en el manejo de problemas con tan delicado fondo, puedan prestar su mejor aporte. 

No se trata de una crisis política, ni económica. Tampoco sanitaria. Es humanitaria. Por lo  que necesita una escalada de la respuesta humanitaria específica ante el escenario en cuestión. Así que lejos de asumirla por mera voracidad polítiquera, y estúpida gula,  o para rivalizar con la oposición en el plano de las impugnaciones internacionales que recaen sobre el régimen venezolano, es menester que esta pandemia sea minimizada. Y sólo podría lograrse, con la ayuda de entidades que han desarrollado fortalezas frente a emergencias de esta índole. Capaces de actuar apegadas a razones de moralidad, criterios operativos y métodos científicos, técnicos y éticos.  

Antes de finalizar el correspondiente recorrido, podría entonces inferirse que no hubo mayores daños porque en medio de la crisis se movilizaron factores de respaldo que manejaron la emergencia con sentido humanitario. Y no político. Lo contrario, infundiría más razones para cuestionar que lo que se habría realizado fue –tristemente- a costa de truncar los derechos humanos. Aunque asimismo, a condición de tener las libertades políticas en cuarentena.

Antonio José Monagas 
antoniomonagas@gmail.com 
@ajmonagas  

sábado, 16 de mayo de 2020

ACTUALIZACIÓN, NACIONALES, EL REPUBLICANO LIBERAL II, DOMINGO 17/05/2020

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, ÉPICOS FRACASOS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 5 minutos
“Hay una historia por escribir en Venezuela” -dice el historiador Naudy Suárez- “que podría tener como designio esencial investigar (…) cómo han hecho acto de presencia en ella dos modos contrapuestos de conducta política y social: la concertación y el enfrentamiento”. Los preliminares del estudio que aborda (2006, “Punto Fijo y otros puntos: los grandes acuerdos políticos de 1958”) apuntan a una desoladora conclusión: desde 1830 y “para desgracia de muchas generaciones de venezolanos”, ha dominado la segunda, un lapso que el autor compara con un ancho cementerio que acoge a los ca... más »

CARLOS PADILLA, PRINCIPALES NORMAS DE REDACCIÓN PARA FACILITAR EL ENTENDIMIENTO POR PARTE DEL LECTOR

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 16 minutos
En edición anterior nuestra apreciada amiga Soledad Morillo Belloso, afirmaba con mucha certeza que "Lo más importante en el asunto de escribir y hablar es lo que cualquiera puede entender como básico. Es decir, es comunicación. Eso significa que hay un "emisor" que quiere enviarle un "mensaje" a través de un "medio" a un "receptor". https://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/2020/05/soledad-morillo-belloso-que-dijo-harry.html La afamada revista Selecciones Reader´s Digest que publica opiniones de destacados escritores en su edición es español, les recomendaba a sus posibles ... más »

LEONARDO MORALES: ALZADOS E INSURRECTOS

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 24 minutos
La amenaza de una guerra civil en Venezuela ha estado en boca de sus principales líderes políticos; desde los tiempos de Chávez la amenaza estuvo en los principales diarios y discursos de los dirigentes de lado y lado (del gobierno y de la oposición: aquellos para anunciarlo y los otros para descartarlo). En agosto de 2012, en el marco de la campaña presidencial, Chávez advirtió sobre una eventual guerra civil de ganar Capriles: Luego de un par de meses, volvió a insistir: "hasta las familias ricas, piénsenlo bien, deberían votar por Chávez". Siempre -parafraseando a Bobbio- se ha ... más »

MARÍA ALEJANDRA DÍAZ MARÍN, DURMIENDO CON EL ENEMIGO INTERNO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 37 minutos
Los liderazgos de los estados nacionales soberanos deben tener claro porqué, para qué y contra quién resistir y combatir. La perspectiva sistémica supone subsistemas, organizaciones y funciones que frente al entorno hostil le permitan perseverar en su ser, ralentizar, eliminar, neutralizar todo desorden o incertidumbre. Los subsistemas de defensa deben producir efectos contrarios. Se debe disponer de un subsistema de contrainteligencia que genere soberanía e independencia, proteja lo tangible e intangible como sustracción excepcional inmune, y detecte inteligentzia que igual a un... más »

LEANDRO AREA, BOCHORNO

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 44 minutos
No son tan solo la dictadura, la pandemia, el hambre, los presos políticos, el calor sin electricidad, la sequía sin agua y la calima, las tribulaciones mayores que sumadas a otras patrañas, que da vergüenza reseñarlas de tan propias y rancias que ya son, las que constituyen las exclusivas calamidades de nuestro presente interminable. Este breve menú de realidades apuntadas no hace sino ayudar a comprender, retratándonos en secuestro espero que forzado, así cueste hasta el asco mirarnos y admitir que eso somos en ese espejo empañado de fiebre que encandila, el perfil del ruinoso pa... más »

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN (I)

Unknown en EL REPUBLICANO LIBERAL II - Hace 56 minutos
La era de la democracia civil venezolana que va desde 1958, hasta 1998, sin duda, ha sido la de mayor desarrollo en todo sentido. Ello no quiere decir que estuviera exenta de errores, o vicios. Sin embargo, el hecho de su instauración en medio de toda clase de dificultades políticas; económicas, y sociales, y luego de largos años de dictadura, la convierten en un hito histórico. Asedios internos y externos, hacían de la incipiente democracia venezolana, un sistema frágil y proclive al decaimiento, la cual, sobrevivió gracias a la fortaleza de su liderazgo, y la lealtad de los facto... más »

MIBELIS ACEVEDO DONÍS, ÉPICOS FRACASOS

“Hay una historia por escribir en Venezuela” -dice el historiador Naudy Suárez- “que podría tener como designio esencial investigar (…) cómo han hecho acto de presencia en ella dos modos contrapuestos de conducta política y social: la concertación y el enfrentamiento”. Los preliminares del estudio que aborda (2006, “Punto Fijo y otros puntos: los grandes acuerdos políticos de 1958”) apuntan a una desoladora conclusión: desde 1830 y “para desgracia de muchas generaciones de venezolanos”, ha dominado la segunda, un lapso que el autor compara con un ancho cementerio que acoge a los cadáveres de “oportunidades perdidas para el diálogo, el acuerdo y la cohesión”.

Crónica de conatus que no tuvieron chance de desarrollarse en país “secularmente signado por la guerra y las dictaduras”. De fallidos intentos por sintonizar los ímpetus de rivales como Páez y Juan Crisóstomo Falcón. De absurdas movidas de supresión de toda disidencia por parte del auto-mentado liberal Antonio Guzmán Blanco. De rendición de élites intelectuales que tras impulsar posturas de claro talante democrático, aceptaron “el trueque de paz por libertad”, la bota que Gómez hundió en sus pescuezos. De buenos pujos por implantar un ambiente de paz social sin represión, atisbos de reformas que al no contar con el espaldarazo decidido de gobernantes como López Contreras o Medina Angarita, se licuaron en la desesperación. De expectativas volcadas en la Revolución de octubre, la luminosa promesa de Gallegos de convertirse en “el Presidente de la Concordia” y la desilusión que sobrevino con el golpe militar, la dictadura que Pérez Jiménez atornilló a punta de sangre y miedo. Todo ese ejercicio que anticipa la forja del “espíritu del 23 de enero” habla de vuelos truncos y aterrizajes forzosos en predios del desencuentro, de la propensión no a consolidar voluntades y condiciones para la unidad nacional, sino más bien a frustrarlas.

Tras la digresión de 40 años de esa democracia que se inaugura en 1958, “el año de la concertación en Venezuela” -época cuyos saldos, definitivamente, arrojan más luces que sombras- volvemos a topar con similares atascos. El presente lanza una mueca triste que se agrava en virtud de la emergencia humanitaria compleja, la tragedia de base agudizada a su vez por el avance del coronavirus, la parálisis económica que promete tragarse con apetito pantagruélico lo poco que queda en pie mientras la cuarentena sigue alargándose. Motivos sobran para explorar la pertinencia de un acuerdo mínimo, una articulación básica, un arreglo institucional que nos salve de ser arrollados por la estadística que va dando cuenta del estrago de la pandemia en Latinoamérica, y cuyo avance en ciudades como Lima, Manaos o Guayaquil ya “compite con los peores brotes del mundo” según reporta The New York Times. Pero a contrapelo del ultimátum, la disposición a entendernos brilla por su ausencia.

Sumando a la ristra de malogradas oportunidades para apelar al sentido común y promover el ganar-ganar, las élites políticas siguen aferrándose a sus inamovibles posiciones. El enfrentamiento marca el pulso de una relación que, antes que evolucionar para al menos dar alivio puntual al daño, sólo abona al indetenible, agotador, estéril escalamiento del conflicto.

Los abusos y la ineptitud el gobierno, cabal generador del derrumbe que sabemos, lucen más obvios en la medida en que el encierro forzoso se hace insuficiente para contener y gestionar el impulso más básico: comer y dar de comer. La oposición hegemónica, por su parte, lejos de ofrecer contrastes que subrayen las diferencias de forma y fondo que la separan de su adversario e inexplicablemente desconectada de la realidad, recurre a los mismos atajos que en 2002, 2014, 2017 ó 2019 demostraron su nulidad. ¿A alguien podrá sorprender que civiles sin poder fáctico, competencias ni ejércitos fallen redondamente al intentar contrapuntear con un gobierno militar en un terreno que este domina naturalmente, y con amplias ventajas?

Difícil no advertir allí los mohines de una “marcha de la locura”, la decisión una y otra vez tomada a espaldas de la evidencia; “política contraria al propio interés”, como bien la retrata Tuchman. Luego del bochorno y los moretones que dejó el 30A (cuando este grupo de dirigentes ansiosos por demostrar que la vía de la abstención era la correcta, decide “tomar el cielo por asalto" azuzando un enteco motín de soldados), ¿cómo entender esta nueva irrupción del síndrome del sí-o-sí, la renuncia a hacer política, el ominoso trato con mercenarios? ¿Cómo excusar la porfía infantil, el vulgar trámite de la impotencia, la incapacidad para reconocer las fortalezas propias, las debilidades y las verdaderas zonas de oportunidad; para saber dónde, como plantas carnívoras, prosperan las tentaciones del chacumbelismo?

Esa deriva autodestructiva a la que alude la reflexión de Naudy Suárez parece estar haciendo fiesta hoy, efectivamente. El impulso de cambio se pervierte en momentos en que planes como el descrito en el contrato que involucra a figuras del interinato, tienden no sólo a regalar coartadas a un régimen entrenado para sobrevivir “como sea”, sino a deslegitimar la razón de los demócratas. Y a erosionar, por ende, la cualidad del apoyo que el mundo libre nos brinda.

En medio del naufragio, no obstante, cobra peso la idea de que sólo un acuerdo forzado por la amenaza global pudiese ayudarnos a ver alguna luz. Al recordar las negociaciones entre EEUU y Vietnam, o las que hubo en Sudáfrica, a pesar del apartheid; las de Irlanda del Norte, Guatemala, El Salvador o Colombia, Joaquín Villalobos lo pone así: “en un conflicto negociar no es rendirse, sino luchar en otro terreno que demanda paciencia, persistencia y pragmatismo”.

A sabiendas de que a Maduro quizás no le urge una solución pactada, pero al país sí, habrá que ver cuánta capacidad tenemos para vigorizar esas voces pacientes, persistentes, pragmáticas y responsables que reconocen que acompañar los desbocamientos del extremismo no puede sino pagarnos con el más épico de los fracasos.

Mibelis Acevedo D.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis

CARLOS PADILLA, PRINCIPALES NORMAS DE REDACCIÓN PARA FACILITAR EL ENTENDIMIENTO POR PARTE DEL LECTOR

En edición anterior nuestra apreciada amiga Soledad Morillo Belloso, afirmaba con mucha certeza que "Lo más importante en el asunto de escribir y hablar es lo que cualquiera puede entender como básico. Es decir, es comunicación. Eso significa que hay un "emisor" que quiere enviarle un "mensaje" a través de un "medio" a un "receptor". https://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/2020/05/soledad-morillo-belloso-que-dijo-harry.html   

La afamada revista Selecciones Reader´s Digest  que publica opiniones de destacados escritores en su edición en español, les recomendaba a sus posibles autores algunas normas para facilitarle al lector la comprensión de sus artículos y aplicaba esos criterios para aceptar la publicación.   

Algunas de esas normas las presentamos de seguida de forma y manera sucinta.  

EL TÍTULO  

Es la primera noticia que tiene un lector por ello debe ser atrayente sin caer en el amarillismo sensacionalista, grosero o morboso, este espanta al lector pues la experiencia nos indica que casi nunca anuncia verdaderamente el contenido del escrito.    

Debe ser lo más breve posible de una sola oración principal que funcione para atraer al lector y realmente lo introduzca de una vez en el tema.    

Por otra parte, es recomendable, cada vez que se pueda, utilizar números ya que está probado que funciona para llamar la atención del lector, Por ejemplo, es más atrayente para el lector escribir “Los 10 errores cometidos por la oposición” que “Los errores cometidos por la oposición”.    

También ayuda el uso de los adjetivos interesantes Por ejemplo “Los 10 errores increíbles cometidos por la oposición”     

Si se trata de una lista proponga una lógica única de secuencia por ejemplo “Los 10 errores increíbles cometidos por la oposición y sus razones”     

Prometa algo factible e interesante. Por ejemplo “Los 10 errores increíbles cometidos por la oposición, sus razones y como evitarlos”   

Llegado hasta aquí, solo nos resta preguntarnos si nuestro título, si aplica, contesta a las siguientes preguntas: Qué, quién, porqué, cómo y cuándo.   

En el desarrollo de nuestro ejemplo debimos haber contestado dichas preguntas:  

¿Qué?: Los 10 errores cometidos  
¿Quién?: La oposición, sus razones y como evitarlos  
¿Porqué? Son Increíbles  
¿Cómo?: Las razones   
¿Cuándo?; En el pasado   

Si es necesario se puede agregar un subtítulo en beneficio del título.    

Pruebe esta fórmula: NUMERO O DISPARADOR + ADJETIVO + PALABRA CLAVE + PROMESA DE VALOR.   

LOS PÁRRAFOS, LAS ORACIONES Y LAS PALABRAS  

Cada párrafo debe ser breve, máximo cinco oraciones. Compuesto de una oración principal que presenta la idea principal seguida de oraciones subordinadas que deben estar conectadas con la principal mediante nexos que las enlacen.    

Las oraciones subordinadas, siempre explicativas, pueden ser sustantivas que nombra o designa a personas, animales, cosas, lugares, sentimientos o ideas, También adjetivas las cuales suministran más información puntualizando cualidades generales o que lo circunscriben a una clase determinada, o bien detallando una característica en particular que le es inherente. Las hay adverbiales relativas al modo, lugar, tiempo, certeza, de lo expresado en la oración principal como modificadores o complementos Desde luego no hay que utilizarlas todas tan solo las necesarias al tema que estamos tratando.     

Las palabras deben ser breves, máximo cinco silabas y siempre deben ser concretas y no abstractas. Deben evitarse las siglas y las fallas ortográficas     

Así mismo evitar el peso muerto de aquellas palabras que si las quitamos no varía el sentido de lo que estamos escribiendo. La redundancia en palabras hay que eliminarla y más aún la redundancia de ideas que solo se acepta cuan queremos reforzarlas,     

EL CIERRE   

Un párrafo de agradecimiento al lector por haberse interesado en el tema, incluir algo de lo tratado y por el privilegio que no da al leernos.   

Por ejemplo: “Agradecemos el haberse interesado en el tema de una buena redacción, dándonos el privilegio de llegar hasta ustedes, en la seguridad de que nos permitirá leer sus excelentes trabajos con mayor asiduidad”    

Carlos Padilla 
carpa1301@gmail.com 
@carpa1301 

LEONARDO MORALES: ALZADOS E INSURRECTOS

La amenaza de una guerra civil en Venezuela ha estado en boca de sus principales líderes políticos; desde los tiempos de Chávez la amenaza estuvo en los principales diarios y discursos de los dirigentes de lado y lado (del gobierno y de la oposición: aquellos para anunciarlo y los otros para descartarlo). En agosto de 2012, en el marco de la campaña presidencial, Chávez advirtió sobre una eventual guerra civil de ganar Capriles: Luego de un par de meses, volvió a insistir: "hasta las familias ricas, piénsenlo bien, deberían votar por Chávez".

Siempre -parafraseando a Bobbio- se ha invocado el termino fuerte, la guerra, para lograr el débil, la paz. En el año 2017 el gobierno impuso, abusando del control obsceno que ejerce sobre los demás poderes públicos, una ANC, excluyente e ilegítima, con el fin de “conseguir la paz”, pero los tambores de la guerra interna nunca dejaron de sonar, sino que redoblaron su intensidad.

Con el nombramiento de la junta directiva de la AN y la autoproclamación de Guaidó como presidente encargado escalaron las amenazas del conflicto interno. 

Los peligros de una confrontación no pueden ser descartados: por un lado, el gobierno sigue sin dar señales de querer avanzar hacia un acuerdo que permita, a través de las instituciones, todas severamente debilitadas, superar las diferencias políticas para conducir la país hacia la recuperación social y económica. Por el otro, el extremismo opositor sigue tejiendo su política sobre sus antiguos y persistentes fracasos, construyendo escenarios donde el “término fuerte” es protagonista: el conflicto y la violencia.

Vía confrontacional

Los sucesos de Macuto y otras localidades revelan, de acuerdo a tesis ortodoxas de la guerra civil, que se vienen dando los pasos para una confrontación existencial. Un sector opositor que, aun cuando lo nieguen, no puede ocultar que las redes y ayudas externas están fuertemente establecidas. Para éstos la obtención y conquista del poder pasa por la generación de violencia horizontal, siempre dirigidas a sus adversarios y actuaría, según John Keane, sobre “el sistema nervioso de la estructura de poder del enemigo, es decir, las élites gobernantes, los centros de comunicación y transporte y las industrias de mayor importancia estratégica.”

No fue acaso la Operación Gedeón vinculada con el fracaso del desembarco en Macuto y Chuao - ¿fracasó? – esa fase dos que culminaría con una serie de levantamientos en distintas zonas del país, desarrollándose un conflicto armado que permitiría el objetivo principal: la toma del poder. Esa carta jugada por el extremismo, de esas que se resguardan bajo la mesa, puede no ser la última, otros ases hay dentro del mazo que pueden estar tentando a sus promotores.

Los diseñadores de la Operación Gedeón, tropezaron con una complejidad que no estuvieron presentes en otras intervenciones extrajeras. Aquí no estamos en presencia de una fuerza social levantada en armas contra el gobierno de Maduro, sino de un “presidente encargado”, que ni gobierna ni manda, pero es reconocido por un número importante de países y, por otro, un gobierno que cuenta con el respaldo de los poderes públicos y de algunos otros países cuyo peso e influencia no son deleznables. Así, la intervención militar extranjera en auxilio al presidente reconocido termina estando repartida en naciones con intereses diversos en Venezuela. Ya había advertido Michael Waltzer que: “…tan pronto como una potencia exterior viola las normas de neutralidad y no intervención, queda la vía libre para que otras potencias hagan los mismo”.

Esquivar la violencia

Fumar la pipa de la paz siempre será más provechoso y menos doloroso para ambos bandos: el primero, el gobierno, siempre será el responsable ante el orden interno y externo de lo que ocurra en el país. Su fama como gobierno maula, represor y violador sistemático de los derechos humanos son tan enormes que no podrá justificar más derramamiento de sangre. Y, el segundo, el extremismo guaidocista, dispone de muy pocos efectivos nacionales, adiestrados y entrenados, para promover una insurrección y, además, la contratación de empresas y mercenarios para que le hagan la tarea resulta chocante y poco atractiva para muchos de los países que hasta ahora le han brindado respaldo.

A los venezolanos les interesa que sus dirigentes actúen atendiendo al interés nacional y no al interés foráneo. Desde distintos sectores, Oslo, Barbados, Unión Europea, hasta el mismísimo y desaparecido Grupo de Lima, partidos y dirigentes nacionales, Mesa de Diálogo Nacional, han llamado a la búsqueda de una salida, negociada, pacífica y cívica.

Cada fracaso, cada tropiezo en las negociaciones o diálogos son signos de que las cosas no se hicieron bien. En modo alguno significa que el método fuera malo. La democracia no es perfecta, pero es la mejor forma que la humanidad ha conseguido para dirimir sus diferencias y cada vez se insiste en perfeccionarla. El diálogo y la negociación, difíciles, largos y tediosos, siempre será preferible que estar compadeciéndose por el dolor de centenares de familias que pierden a seres queridos en insurrecciones irresponsables.

Leonardo Morales P.
leonardomorale@gmail.com
@leomoralesP

MARÍA ALEJANDRA DÍAZ MARÍN, DURMIENDO CON EL ENEMIGO INTERNO

Los liderazgos de los  estados nacionales soberanos deben tener claro porqué, para qué y contra quién resistir y combatir. La perspectiva sistémica supone subsistemas, organizaciones y funciones que frente al entorno hostil le permitan perseverar en su ser, ralentizar, eliminar, neutralizar todo desorden o incertidumbre. Los  subsistemas de defensa deben producir efectos contrarios.

Se debe disponer de un subsistema de contrainteligencia que genere soberanía e independencia, proteja lo tangible e intangible como sustracción excepcional inmune, y detecte inteligentzia que igual a un virus pretende penetrar ideas, doctrinas, conceptos estratégicos, tácticos y técnicos, replicándose infectarlo y reiniciarlo con valores contrarios.

Un ejemplo de ello, la extensión de la lógica carcelaria territorializada en el barrio, las comunidades, la sociedad, permeando sus códigos, sus órdenes, y sus contravalores. Grupos criminales proyectan miedo y terror, sus nomenclaturas y palabras, dinamizan el lenguaje nuestro de cada día resemantizándolo: carros, pranes, luceros, gariteros, reos, población común, jerarquía de poder que funciona y se distribuye por orden ascendente/descendente cuya base sociológica ha sido justificada por el “nacimiento de una nueva especie”, que sigue proliferando en los lugares de miseria, “sin miedo a matar ni a morir”, la especie “post miseria” (Karina Biondi)

El plan mayor de infiltración es inocular doctrinas de pacificación foráneas y destruir nuestra Doctrina de Seguridad y Defensa integral, convertir la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en fuerza instrumentalizada, inhibida, inactiva, sin poder de decisión, generar la obsolescencia de su función de escudo protector de la Nación.

Debe imponerse el interés general sobre intereses de bandas criminales actuando con espíritu de cuerpo. No es un simple problema de orden público o interno, la vida de la República está en juego. Sin mostrar debilidad el Estado debe ejercer la autoridad, AUCTORITAS que le asiste para actuar decididamente. Es ingenuo suponer que se puede negociar con el diablo, o engañarlo. Sólo se puede ganar. 

Esta es la ley de la guerra espiritual (Duguin). Estamos durmiendo con el enemigo. Actuemos en consecuencia, no vaya a resultar que un día ese enemigo  interno, el unheimlich, nos degüelle y no amanezcamos.

María Alejandra Díaz Marín
mariaalejandradiazredessociales@gmail.com.
@MariaesPueblo
@UNoticias
Constituyente

LEANDRO AREA, BOCHORNO

No son tan solo la dictadura, la pandemia, el hambre, los presos políticos, el calor sin electricidad, la sequía sin agua y la calima, las tribulaciones mayores que sumadas a otras patrañas, que da vergüenza reseñarlas de tan propias y rancias que ya son, las que constituyen las exclusivas calamidades de nuestro presente interminable.

Este breve menú de realidades apuntadas no hace sino ayudar a comprender, retratándonos en secuestro espero que forzado, así cueste hasta el asco mirarnos y admitir que eso somos en ese espejo empañado de fiebre que encandila, el perfil del ruinoso país que nos dibuja

Aunque suene absurdo insistir, aburrido contar e incomprensible, todo este aparente y caótico mazacote de realidad que padecemos, cuando se observe con la perspectiva que otorgan el tiempo y los distanciamientos cicatrizantes, podremos entender que fueron eventos, no todos previstos es verdad, aunque en su gran mayoría calculados que, enhebrándose en sus detalles y capítulos, dieron luz verde finalmente, ¿fatalmente?, a tan abruptas subidas y bajadas de telón. Parafernalias rocambolescas y saltos de guion y talanqueras adquirieron sentido y ritmo en el aparatoso transcurrir de los días y en el sonar de instrumentos y voces que creíamos percibir como ruido lo que era partitura.

A este tiempo tal vez se lo defina en su conjunto por avezados investigadores del futuro como “pandémico”, lo que no sería precisión pertinente ni científica para explicar la especificidad de nuestra frustración venezolana que no puede cobijarse, compararse o diluirse escuetamente, en esa otra que es mundial, ojalá pasajera, mientras que la nuestra propia es ya una plaga bíblica parecida en tanto a la eternidad.

Y es que con ese tapabocas que hemos llamado, rimbombante, “perspectiva”, nos daríamos cuenta y cobraría sentido de totalidad el entramado y difuso conjunto amorfo de partículas y particulares señas, que como señuelos parecen de escalas desiguales o pertenecientes a intereses contradictorios, o utensilios distintos de fuerzas en pugna y excluyentes que pudieran ser económicas, políticas, ideológicas o geoestratégicas, o ninguna, o todas juntas a la vez.

Todo se resolvería explicativamente aduciendo una síntesis cuasi perfecta de contradicciones en armonía donde unos factores y actores no son posibles sin la existencia de sus negativos complementarios, como lo son el bien y el mal o como si el color negro pudiera existir sin la presencia del blanco. Lo uno en dependencia de lo otro en una relación de pervivencia, convivencia y connivencia existencial. O que esa aparente contrariedad excluyente, amigos-enemigos, no fuera si no el guiso argumental separativo y artificial que diera congruencia a la unidad de dos apellidos de distintas familias en una sola persona; plural en singular.

Sería, en resumen, como una máquina que funciona cabalmente a partir de piezas, mecanismos y junturas, que se contradicen, rechazan y repelen entre sí dando origen y propósito de sustentación, razón de ser y movimiento, a lo que hoy padecemos.

Sería pertinente, insisto en las probabilidades, para estos historiadores del mañana que escribirán sobre estas ruinas de país que somos hace tiempo, que informen con cuidado y matiz que el argumento anterior, si fuese valedero, no quiere indicar, no implica malintencionadamente o solapadamente que todos fuimos culpables, cómplices de la misma calaña, aquí la necesaria clasificación, ya que el juicio de la historia invalidaría pues de responsabilidades, culpas y castigos, a asesinos, torturadores y hambreadores de tanta gente durante tanto tiempo, y a destructores aviesos de unas formas de vida medianamente civilizadas, de sociedad ambiciosa de paz y democracia aunque sin particulares rasgos proclives al respeto por los derechos humanos, amantes también sea dicho de paso de rebatiñas populistas y de caudillos hablachentos, sin olvidar a todas estas el peso del excelso clima que nos mece y que influye tanto en nuestras dificultades por conseguir lo que natura no regala.

Es que este tiempo que se nos ha echado encima, más allá de pandemias y otras sombras chinescas, es tan cruel y de elaborada maldad, que no tiene perdón, menos olvido, y reclama justicia, aunque a veces a uno a pesar de sensible come flor y buena gente le ronque desde las vísceras y desde el corazón la palabra venganza, para que veas hasta donde es capaz de llevarnos el mal huracanado que el bochorno provoca.

Hasta esa esquina de hiel nos han empujado estos rufianes que nos acogotan a todos, casi, sin que las reacciones en contrario al fin cobren fuerza y nos encontremos tantos, quiénes, dónde y aún, con una sola agenda y transparente en el barco común con el que atravesar el río de nuestras podredumbres que bien aspiro a que alguien narre la historia de esta historia que un día terminó como un volcán ahora dormido.

Y que se escuche, y los hijos por venir sepan a su vez, incluyamos a nietos por si acaso y bisnietos también, que en esta tierra de Dios y de desgracias hubo algunos que no quisieron llorar del todo la ignominia que llevamos por dentro y no nos deja, y se encontraron en plazas, calles, casas y demás rincones extraviados, por encima de pandemias y cuarentenas de chantaje inducido, a decir sus pesares y verdades, y a exigir y lograr a voz una, ojala que sea pronto, lo que la mayoría necesita y reclama, que antes que nada es pan, dignidad y energía compartida para imponer y lograr respeto en libertad, historia ambicionada de la Venezuela reiterada de siempre.

Leandro Area Pereira
leandro.area@gmail.com
@leandroarea

ROMÁN IBARRA, AUTODESTRUCCIÓN (I)

La era de la democracia civil venezolana que va desde 1958, hasta 1998, sin duda, ha sido la de mayor desarrollo en todo sentido. Ello no quiere decir que estuviera exenta de errores, o vicios.

Sin embargo, el hecho de su instauración en medio de toda clase de dificultades políticas; económicas, y sociales, y luego de largos años de dictadura, la convierten en un hito histórico.

Asedios internos y externos, hacían de la incipiente democracia venezolana, un sistema frágil y proclive al decaimiento, la cual, sobrevivió gracias a la fortaleza de su liderazgo, y la lealtad de los factores comprometidos en su establecimiento.

El Pacto de Punto Fijo, modelo de alianzas políticas de las élites dirigentes para la construcción de un sistema de gobierno estable y alternativo, que auspició la apertura para la construcción de una sociedad moderna con la participación del sector privado de la economía, y la dirigencia organizada de los trabajadores en sus sindicatos y federaciones.

Aun en medio de la suspensión de garantías económicas en el gobierno de Betancourt, hubo participación del sector privado de la economía en libertad. Del mismo modo, se abrió la posibilidad de desarrollo para la clase obrera; se masificó la educación pública, y se comenzó la construcción de la obra civil en todo el país.

El quinquenio del presidente Betancourt, sometido a toda clase de ataques desde distintas posiciones ideológicas internas e internacionales. Los golpes de Estado, y alzamientos militares, fueron derrotados afortunadamente, poniendo a prueba la solidez del liderazgo político, y el interés ciudadano en el establecimiento de un sistema de libertades.

En el del presidente Leoni, consolidación paulatina de la democracia, pero también la continuación del asedio de los comunistas nacionales, auspiciados por la dictadura cubana y la URSS, período dentro del cual, promovieron –entre otras afrentas- la invasión por Machurucuto en 1967, por fortuna derrotados por el entonces glorioso ejército venezolano. Quinquenio difícil, pero que logró derrotar política y militarmente a los enemigos de la democracia venezolana, y comenzar a partir de allí con el proceso de pacificación.

Luego vino el primer gobierno del presidente Caldera, hecho político importante habida cuenta de que con la división del partido Acción Democrática, nació el Movimiento Electoral del Pueblo, dirigido por el maestro Prieto Figueroa, cuya candidatura presidencial dividió la votación de AD, y permitió el triunfo de Copei por breve margen. Continuación de la consolidación de la democracia como sistema, y culminación del proceso de pacificación para la integración mayoritaria de las fuerzas desleales a la democracia, hasta integrarse en la sociedad partidista con amplia participación.

En el 73 se produjo el triunfo arrollador de Carlos Andrés Pérez, marcando un nuevo estilo de liderazgo, signado por el dinamismo. El país accede a la explosión de los precios internacionales del petróleo, y lamentablemente no se cumplió con el mensaje que el propio presidente Pérez había anunciado: ¨Administrar la abundancia con criterio de escasez¨. Por el contrario, esa riqueza súbita pervirtió la forma de gobernar, y comenzaron los más sonados casos de corrupción. Pero también hay que admitir, que se crearon instituciones que fortalecieron y desarrollaron nuestro sistema, tales como el plan de becas Gran Mariscal de Ayacucho; el sistema nacional de orquestas infantiles y juveniles. Además, se nacionalizó la industria del petróleo y el hierro, entre otras obras.

Luego vino el quinquenio del presidente Herrera, y el país vivió una nueva bonanza petrolera, que tampoco fue aprovechada para el desarrollo del país. La honestidad indiscutible del presidente Herrera, contrastaba con la voracidad y afán de riqueza de buena parte de sus funcionarios. Un hombre vinculado de verdad con la cultura y el deporte, y solidario ampliamente con la lucha de los pueblos centroamericanos por la democracia.

Continuará.

 Román Ibarra:  
romanibarra@gmail.com
@romanibarra