domingo, 17 de enero de 2021

ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ LUNES 18/01/2021


 


BEATRIZ DE MAJO, BIDEN: ¿ COLOMBIA O CUBA?, COLOMBIA EN ESTADOUNIDENSE CAPSULAS

¡Menuda herencia la que le deja Donald Trump a los demócratas que se inauguran en el poder la semana que viene, en lo referente a la relación de la gran potencia norteamericana con Colombia!. 

Esta semana que termina los funcionarios encargados de los asuntos de seguridad estadounidense consiguieron motivar al presidente saliente para que éste incluyera de nuevo a Cuba en la lista de “países patrocinadores del terrorismo” dentro del contexto de una simple pero sólida argumentación: “Cuba , de manera repetida, provee sustento al terrorismo internacional cuando les garantiza un enclave seguro a los terroristas”. 

Esta declaración en la boca de Mike Pompeo establece una realidad de la que no puede desasociarse la nueva administración por tratarse de temas de seguridad nacional. El Departamento de Estado no podrá desconocer este acto formal del gobierno saliente por lo que Joe Biden se verá atado de manos si quisiera replicar hoy las política de ex presidente Barack Obama que fue quien, dentro de una estrategia de acercamiento con el régimen de los Castro, había decidido sacar en 2015 al régimen cubano de la Lista que existe desde hacen 39 años. Gracias a esta iniciativa e reanudaron las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. 

Al encontrarse Cuba de nuevo dentro de la mencionada lista, se hace acreedora de sanciones para con el régimen comunista. Su exclusión suspendería las sanciones. 

Pero vayamos un poco más lejos: si el asunto es de enorme importancia dentro de la bilateralidad cubano-estadounidense no lo es menos para la relación de Washington con Bogotá. Es muy protuberante el hecho de que Colombia resulta ser el principal país afectado por la actuación de núcleos terroristas dentro de nuestro Continente, por la colaboración prestada por La Habana a actores terroristas dentro del país neogranadino. Fue gracias a esta actividad terrorista que fueron asesinados 22 efectivos de la policía de Bogotá en un atentado de bomba que tuvo lugar en enero del año 2019. Y es en Cuba donde se han refugiado los criminales .fichas del ELN, hoy solicitados en extradición por la Justicia colombiana. 

Colombia, como es notorio, ha desarrollado con los Estados Unidos una relación preferida que se traduce en una presencia activa de Norteamérica dentro los asuntos domésticos de combate a las drogas y combate al terrorismo que afectan a los Estados Unidos de manera directa. La cooperación de Colombia en estos dos terreno ha sido irrestricta y solidaria. Además, el país vecino en virtud de la colaboración activa del Régimen de Maduro con el ELN y la FARC se ha estado convirtiendo en un enclave de extrema peligrosidad para el vecindario. Hoy, más que nunca, una cooperación incondicional de los Estados Unidos es imperativa. La Casa de Nariño ha querido ir más lejos y sus estrategas en política exterior y seguridad llevan ya muchos meses en tratativas con el gobierno norteamericano para promover la inclusión de Venezuela en la lista de países que colaboran con el terrorismo. 

Así pues, todo parecería indicar que Joe Biden se inaugura con una papa caliente entre las manos en el terreno de sus relaciones con América Latina: la de la redefinición de una estrategia de seguridad hemisférica. Ella pasa por sancionar a La Habana, por aliarse estrechamente con Bogotá y por facilitar la eyección de la dictadura en Caracas.

Beatriz de Majo
beatrizdemajo@gmail.com
@beatrizdemajo1
España-Venezuela

CARLOS A. MONTANER, EL SEGUNDO IMPEACHMENT DE DONALD TRUMP

A Donald Trump le han incoado un segundo impeachment. ¿Ganarán sus adversarios? No importa. Nathaniel Rakich, un notable estadígrafo, afirma que el 52% de los estadounidenses respalda que Donald Trump deje inmediatamente el poder, mientras el 42% opina lo contrario. Se basa en nueve encuestas que él ha diseccionado. Ha hecho las sumas y las restas y esos son los promedios que obtuvo. Sospecho que por ahí andan los tiros. 

El problema es que no se trata de estadísticas, sino de creencias, y muchas personas están dispuestas a matar o morir por lo que creen. Creen, además, cualquier cosa: creen en extraterrestres que nos visitan a menudo y se dedican a abducir a los incautos. Creen en los fenómenos paranormales, incluidos los fantasmas y la güija. Creen en el carácter único y real de sus dioses, como la diosa Durga del hinduismo que posee varios brazos y cabalga un león, o como el Espíritu Santo de los cristianos, representado por una paloma que forma parte de la triada máxima de esa religión. Creen en el zodíaco, la astrología, el espiritismo y todo tipo de extravagante superstición, especialmente si ha sido predicada por una persona “carismática”.  Por ejemplo, Donald Trump. 

Los demócratas, en general (menos el 18%), y con ellos una buena parte de los independientes, están convencidos de que no hubo fraude en las elecciones del 3 de noviembre del 2020. Pero un porcentaje notable de los republicanos (un 62%) piensa que decenas de miles de muertos votaron, o que millones de indocumentados acudieron a las urnas, o que las máquinas alteraron los resultados, o que las boletas fueron cambiadas por unos malvados funcionarios. 

Aunque Trump, finalmente, aceptó la victoria de Biden, no ha dicho (y nunca dirá) que no hubo fraude. No sé, siquiera, si lo cree realmente. A veces pienso que sí, pero otras supongo lo opuesto. En todo caso, admitir que ha mentido sería un balde de agua fría para sus seguidores. (Aunque a estas alturas dirían que lo hizo para evitar un baño de sangre, o porque lo ha amenazado la congresista afroamericana Maxine Waters, o por una variante de cualquier teoría conspirativa). 

Ni siquiera se ha atrevido a acogerse a la tesis de Tucker Carlson (Fox News), mucho más inteligente, pero muy discutible. Carlson -alega el presentador en su afán de defender a Trump-, que sí hubo “fraude”, pero ocurrió previamente a las elecciones, y después de ellas, y consistió en el ataque personal a Trump desde el mismo momento en que tomó posesión, a cualquier medida republicana, o a todos sus nombramientos, sin siquiera concederle los 100 días de gracia que supuestamente se les otorgan a los nuevos inquilinos de la Casa Blanca. 

En realidad, las elecciones, como es la costumbre en EE.UU, fueron limpias y transparentes, pero apasionadas. Así ha sido desde que George Washington abandonó el poder en 1797, primer y único presidente al que tirios y troyanos le rindieron pleitesía. A partir de ese punto, como suelen decir los españoles en su lengua rica en coloquialismos, “se armó un gran cacao” y cada dos años, o cada cuatro, sucede lo mismo.  

La gran diferencia es que por primera vez el candidato derrotado reclama haber sido víctima de un fraude, y una gran cantidad de los electores de su partido lo cree a pie juntillas, sin preguntarse por qué 60 tribunales, entre los que abundaban los jueces republicanos, habían rechazado las demandas unánimemente por absoluta falta de pruebas. Por otra parte, un buen número de personas engañadas acudió al capitolio a solicitud del presidente Trump, a rectificar la pérfida conducta de los demócratas.

Eran la versión multitudinaria del sujeto que se presentó en una pizzería de la ciudad de Washington, armado de un rifle de asalto, para “liberar” a unos niños víctimas de las perversiones y la sevicia de los demócratas. Bulo que había echado a rodar QAnon, un grupo de extrema derecha al que también se atribuye la creación de la teoría conspirativa del “deep state” o “Estado Profundo” que, teóricamente, le ha hecho imposible la vida presidencial a Donald Trump. 

Cuanto sucedió el 6 de enero en el Capitolio tendrá muy graves repercusiones económicas y políticas. Las económicas tienen que ver con la estabilidad interna del país. El dólar americano es la moneda del 80% de las transacciones internacionales, entre otras razones, por la confianza que generaba contemplar cada cuatro años la trasmisión pacífica y organizada de la autoridad. Esa verdadera fiesta de la democracia ha sido sustituida por un espectáculo tercermundista de guardias armados, alambre de púas y perros feroces. 

Las repercusiones políticas son de otra índole y tienen que ver con el carácter de “cabeza del mundo libre” que el país se había ganado tras la Segunda Guerra mundial y la victoria contra la URSS en la Guerra Fría. USA era la única superpotencia que había quedado en pie tras el combate. Ese triunfo es hoy discutido por las imágenes de la toma del capitolio por una turba agresiva de facinerosos. ¿Podrán Joe Biden y Kamala Harris restaurar la imagen de EE.UU? Ojalá, pero eso está por verse.

Carlos Alberto Montaner
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner
España-Estados Unidos

ALFREDO CEPERO, LA COSECHA DEL ODIO.

"Es inconcebible que después de una investigación de tres años y una exoneración por parte de Robert Mueller, todavía estos bolcheviques acusen a Trump de ser un instrumento de Putin"

El vandalismo y la destrucción perpetrados el día 6 de enero por turbas enardecidas en el Capitolio de Washington no pueden ser tolerados en la nación que fue la primera y sigue siendo la mayor democracia del mundo. Como conservador y partidario de Donald Trump condeno enérgicamente el terrorismo venga de donde venga y sea efectuado por quien sea. Eso es lo que nos distingue a nosotros de una izquierda vitriólica y un periodismo parcializado que condena el menor desliz de la derecha mientras cierra los ojos ante el terrorismo de la izquierda. Nosotros tenemos principios, ellos tienen objetivos que alcanzan sin pudor ni vergüenza porque, para esta gentuza, "el fin justifica los medios".

Pero los desórdenes del pasado 6 de enero no se produjeron por generación espontánea. Fueron infiltrados y liderados por los terroristas de Antifa y de Black Lives Matter. Según un agente del FBI destacado en los terrenos del Capitolio un ómnibus lleno de miembros de Antifa se unió a la manifestación de los partidarios de Trump. Esto es confirmado por la presencia de personas vestidas de negro, portando cascos protectores en la cabeza y mochilas en la espalda.  Este no es el atuendo de personas que desean participar en una manifestación pacífica. No sería exagerado decir que, esta vez, los enemigos de Donald Trump le dieron un "jaque mate".

Fueron además la consecuencia inescapable de la tortura y el ensañamiento a que ha sido sometido el Presidente Trump desde el principio de su período de gobierno. Tan temprano como el cinco de enero de 2017 el sinuoso y malévolo Barack Obama se reunió en  la Casa Blanca con un puñado de sus apandillados− incluyendo a su corrupto vicepresidente Biden− para dar comienzo a la resistencia sucia contra Donald Trump. Una transición dominada por la venganza y muy diferente a la pacífica que ellos piden ahora para el fantasma del sótano que nos han impuesto por la intimidación y por la trampa.

En estos cuatro años alucinantes Trump ha sido acusado de ser un instrumento de Vladimir Putin, sometido a dos juicios políticos e investigado durante más de tres años por una comisión presidida por Robert Mueller. Una comisión que fue integrada por docenas de abogados partidarios de Hillary Clinton y agentes del FBI de James Comie con un costo de 30 millones de dólares de los contribuyentes americanos. Al final Donald Trump fue totalmente exonerado de todos sus cargos. En un artículo titulado: "Trump solo contra el mundo", escrito el 21 de octubre del año pasado, afirmé: "Es inconcebible que después de una investigación de tres años y una exoneración por parte de Robert Mueller, todavía estos bolcheviques acusen a Trump de ser un instrumento de Putin"

Aliados de esos bolcheviques son los miembros de la prensa complaciente con la izquierda fanática. Los desórdenes de este 6 de enero fueron transmitidos profusamente y condenado con adjetivos virulentos por la gran prensa del país. Para no quedarse atrás, Twitter tuvo la osadía de cerrar indefinidamente la cuenta del Presidente de los Estados Unidos. En chocante contraste, esta prensa podrida ignoró en gran medida los desafueros de los terroristas financiados por los Soros, los Bezos, los Bloomberg  y los Gates.

Entre ellos, el incendio de la Iglesia Episcopal de St John, a unos pasos de la Casa Blanca, la demolición de monumentos en memoria de los padres de la patria americana, la creación de las llamadas "zonas autónomas" en Portland y Seattle, donde los terroristas campean por su respeto. La camarada alcaldesa de la ciudad de Washington tuvo la osadía de mandar a pintar en la calle un letrero de Black Lives Matter frente a la misma Casa Blanca. Y lo más inaudito, organizaciones noticiosas como CNN, The New York Times y The Washington Post han llegado al descaro de calificar estas marchas no sólo de pacíficas sino de justificadas.

Por otra parte, es importante que, en medio de todas esta algarabía y desorden, tengamos el coraje de identificar este terrorismo doméstico como una cosecha del odio sembrado por la izquierda que se ha apoderado del Partido Demócrata en los últimos cuatro años. Una izquierda empeñada en cambiar y hasta en destruir las instituciones democráticas que han hecho de esta nación la admiración y la envidia del mundo.

Es al mismo tiempo importante reconocer que una de las características de los seres humanos es el deseo de cambiar a sus gobernantes cada ciertos períodos de tiempo. Porque todos sabemos que el poder absoluto por tiempo prolongado conduce inevitablemente a la tiranía.

El cambio al cual hago referencia se produce la mayor parte de las veces de dos maneras radicalmente diferente. Por el procedimiento pacífico de los votos o el estallido violento de las balas. Cuando los ciudadanos pierden confianza en los votos recurren casi siempre a las balas. Este es el tiro de gracia de la democracia y el final de la convivencia civilizada. En este momento, 74 millones o quizás hasta 80 millones de americanos, si tomamos en cuenta los votos robados a Trump y adjudicados a Biden, han perdido la confianza en los procesos electorales. Ha llegado la hora de que nuestros políticos se pongan a trabajar y se ganen el sueldo.

Resulta inaplazable la creación de una ley electoral justa, equilibrada y transparente que sea aplicada por igual a todos los ciudadanos de este país. Estoy seguro de que la mayoría de los miembros de ambos partidos participarían en su redacción y le darían su aprobación. La minoría de forajidos que perpetró el fraude de las últimas elecciones no tendría otra opción que aceptarla o ser excluidos del proceso político.

Aunque no presumo de ser un experto en asuntos electorales, me considero con el derecho ciudadano de ofrecer algunas ideas sobre un proyecto de ley que devuelva la paz a esta sociedad convulsionada por el odio. Yo empezaría por crear una tarjeta de identificación para todos los ciudadanos que pretendan ejercer y tengan derecho al voto en los Estados Unidos. Limitaría a un período de 24 horas la votación en todas sus formas. Eliminaría la llamada "cosecha de votos" en que activistas políticos sirven de intermediarios entre el votante y las urnas de vocación.

Además, pondría fin al llamado "voto por correo"  a través de los cuales personas ficticias, muertas o residentes fuera del estado ejercen ilegalmente un derecho que no les pertenece. Y finalmente, pondría estrictas condiciones a las llamadas "boletas ausentes" de personas discapacitadas cuyas dolencias les impiden asistir a los colegios electorales. Como diría Manolito, el borracho de mi pueblo, "se acabó el relajo".

Concluyo estas notas regresando a Donald Trump. En estos días he contemplado con una considerable dosis de asco la euforia de los enemigos del presidente en ambos partidos y en la prensa desprestigiada de la izquierda. Les auguro que la alegría les va durar muy poco tiempo. En uno de mis artículos califiqué a Trump de "El guerrero que nunca se rinde". Por eso estoy convencido de que ya comenzó a organizar sus campañas políticas de 2022 y 2024. 

Vaticino que en 2022 el "trumpismo republicano"−porque el republicano tradicional ya dejó de existir− ganará la mayoría de los escaños en la Cámara de Representantes y en el Senado. Y en 2024, Donald Trump ganará la presidencia si aspira al cargo. Y si no aspira, el candidato que él apoye será el postulado por el partido. Porque no hay político en este país que cuente con el apoyo de millones de partidarios incondicionales. Estoy convencido de que ni su líder los abandonara ni ellos dejarán de seguirlo.

Como para que no quepan dudas del camino que ha de tomar, días antes de concluir su mandato, Donald Trump declaró: "Siempre he dicho que continuaré la lucha para asegurar de que sean contados solamente los votos legales". Y concluyó diciendo: "Aunque esto representa el final del primer período más grande de nuestra historia presidencial, es solamente el comienzo de nuestra lucha por "hacer grande de nuevo a nuestra América".

Alfredo Cepero
alfredocepero@bellsouth.net
@AlfredoCepero
Director de www.lanuevanacion.com
Estados Unidos

ENRIQUE AVOGADRO, MIEDO, ¿POR QUÉ?

"Los grandes criminales no están en prisiones  sino en la cúspide de la sociedad".  Alexis Carrel 

Cristina Fernández, casi como el coronel de Gabriel García Márquez, evidentemente no tiene quien le lea, al menos las encuestas. Si no fuera así, se habría enterado de los datos del último análisis de Poliarquía (https://tinyurl.com/y5kztlsb), que debieran preocuparla. Lo cierto es que hasta sus partidarios perciben, cada vez con mayor claridad, que al ánimo de su jefa no lo afectan las pésimas noticias de la pandemia y el fracaso del patriotero y corrupto show de las vacunas, la monumental crisis socio-económica que la irracional "cuareterna" provocó, la catástrofe educativa generada en complicidad con los gremios, el crecimiento exponencial de la pobreza y la indigencia, el desmadre de la inseguridad y la proliferación incontenible del narcotráfico y, ni siquiera, las permanentes violaciones a los derechos humanos que se han producido desde diciembre de 2019. 

Muy por el contrario, muchos (13%) de esos fieles de antaño se han dado cuenta que su único objetivo es lograr la impunidad para los innumerables delitos que han cometido ella misma, sus hijos, sus testaferros y sus socios de todos los pelajes; cuando, cada vez que se levanta una piedra y aparecen millones de dólares robados, no pueden evitar recordar que esos billetes faltan de las arcas del Estado y que hoy servirían, si fueran repuestos, para aliviar las muchas penurias que padecen. En el camino, además y producto de sus desesperados intentos por lograrla y de los disparates discursivos de sus alfiles, aniquila toda posibilidad de que nuestro país reciba inversiones capaces de generar trabajo genuino y, ni siquiera, ayuda financiera para salir del pozo al que nos ha llevado. 

Hoy, el escenario político podría resumirse diciendo que hay un oficialismo (el panperonista Frente para Todos) aterrado ante la figura de la PresidenteVice y, en la Provincia de Buenos Aires, de su hijo Máximo Kirchner, y una oposición que parece esencialmente ser incapaz de articular una gran coalición dispuesta a evitar que ella destruya definitivamente la democracia y la República, tal vez porque también la atemoriza. Pero, a la luz de de los últimos acontecimientos y cuanto nos dice esa encuesta, nada amerita que unos y otros padezcan ese inequívoco "síndrome de Estocolmo" frente a la secuestradora del poder. 

Otro aspecto notable es que quienes por décadas han aplaudido las infames persecuciones y prisiones a los militares que vencieron a la subversión, lo hicieron bajo un lema repetido hasta el hartazgo: "memoria, verdad y justicia"; hoy los mismos, apurados por los plazos procesales y políticos que han comenzado a roer los talones de Cristina Fernández, lo han invertido e imponernos "olvido, mentira e impunidad". 

En ese inequívoco sentido, además de las maniobras para favorecer a los condenados Amado Boudou, Julio de Vido, Milagro Sala y tantos otros, va el Presidente Pinocho que, descaradamente, ha afirmado que va a "meter mano en la Justicia" y enviará al H° Aguantadero un proyecto de ley para crear una nueva instancia judicial que, según sus intenciones, se dedicará a tratar sólo los temas de las sentencias arbitrarias para aliviar a la Corte Suprema de parte de sus labores actuales. Que su mandante, la PresidenteVice, haya planteado nueve recursos precisamente por arbitrariedad ante la Corte -que ésta inexplicablemente aún no ha rechazado- no es una mera coincidencia. 

Para sancionar su creación, el kirchnerismo cuenta con los votos necesarios en ambas cámaras pero, ya promulgada la ley y reglamentada con las recomendaciones de la comisión "Beraldi" -otra casualidad: es abogado de la quejosa- entrará en un sendero que, necesariamente, será muy largo y que puede extenderse más allá del actual período presidencial. Por supuesto, muchos plantearemos de inmediato la inconstitucionalidad del adefesio, y será la Corte, otra vez, quien deberá decidir. 

Mientras tanto, si consigue los votos necesarios en el Consejo de la Magistratura (¿otra vez traicionarán sus miembros a la ciudadanía?), se abrirán los concursos para ocupar los cargos, y ese proceso suele llevar años; con sus resultados, se elevarán las ternas al Poder Ejecutivo para que elija a cada uno y, finalmente, el Presidente -quien quiera que sea entonces- enviará los pliegos al Senado, donde nuevamente se requerirán las mismas mayorías de las que el kirchnerismo carece, algo que le ha impedido desplazar al Procurador General, Eduardo Casal, y reemplazarlo por alguien más tolerante ante las dislates jurídicos de la insana ladrona. 

Cristina Fernández, que no debe dormir muy tranquila por la noches aunque sea en su pacífico "lugar en el mundo", está tan obsesionada con el negro futuro carcelario que la espera en un plazo que ve consumir diariamente, como pronosticaron sus fanáticos Hebe de Bonafini y Luis D'Elía, que ha perdido toda empatía con sus votantes, si es que alguna vez la tuvo. Nadie olvida sus espantosos y ridículos bailecitos en Plaza de Mayo mientras en Tucumán morían tantos, o el aturdidor silencio con que respondió a la tragedia de Cromañon, al crimen de Once y a las inundaciones de La Plata. Entonces, ¿por qué tenerle tanto miedo o siquiera un "miedito", como supo recomendar alguna vez en su anterior reencarnación?

Enrique Guillermo Avogadro
ega1@avogadro.com.ar
@egavogadro
Blog: http://egavogadro.blogspot.com
Argentina

OSCAR E. BISCET, ASHLI BABBITT, UNA SOLDADO POR LA LIBERTAD

La joven Ashli, 32 años, era considerada por su familiares y amigos como una gran patriota.

No me digas otra cosa, no banalice más la brutalidad de los hechos, que como pudimos observar en los videos, es un crimen que tipifica en la categoría de asesinato. Una ejecución a quemarropa; simplemente, un frio, calculado y cobarde asesinato de la activista prodemocrática Ashli Babbitt. Ella murió durante la protesta de la marcha a Washington, DC (WDC), el 6 de enero de 2021, convocada por el presidente Donald Trump, para condenar las irregularidades y fraude de las elecciones de noviembre 2020, que derivó espontáneamente en el ingreso de una multitud en el Capitolio, sede del Congreso de los Estados Unidos de América.

La joven Ashli, 32 años, era considerada por su familiares y amigos como una gran patriota. Veterana exmilitar que sirvió en el ejercito de la los EEUU, en su Fuerza Aérea durante 14 años y estuvo en operaciones en Afganistán, Irak y Emiratos Árabes Unidos. Su amor patrio le hizo una defensora de la América libre y constitucional y por esos principios entregó su vida. ¡Qué ironía del destino!, combatir en países extranjeros por esos principios libertarios y morir exigiéndolos para su gente en su propio país.

La entrada y permanencia en el Congreso por la muchedumbre, en su gran mayoría no uso la violencia, incluso los que usaron la fuerza de la ira para poder entrar en el Capitolio, no observe en ellos la cólera enajenante de los múltiples y desastrosos motines desencadenados por Antifa y BLM. Esto estuvo muy alejado de las falsas comparaciones, al afirmar en leguaje engañoso que los sucesos de del 6 de enero en el Capitolio eran igualados a la invasión de los británicos a la capital estadounidense y quema del Capitolio, 1814, o la noche de los cristales rotos en Alemania nazi, 1938. Y mucho menos asegurar que estas personas son terroristas.

Breve comentario sobre aquellas realidades históricas

La quema del Capitolio estadounidense. Los ciudadanos entraron en pánico y muchos ya se habían marchado cuando el ejército británico invadió y ocupó la ciudad de Washington, durante la guerra angloamericana (1812-1815). Las tropas británicas deciden quemar los edificios del gobierno y así ocurre con la Casa Blanca, poder ejecutivo, y el Capitolio, poder legislativo. Este último aún estaba en construcción. Las llamas ardieron poderosamente que en la noche se observaban a muchos kilómetros de distancia; ambas edificaciones federales quedaron en ruinas. La mansión ejecutiva la pintaron de blanco y comenzó a llamarse Casa Blanca y el Capitolio lo convirtieron en una majestuosa y bella edificación.

Noche de los cristales rotos, una serie de linchamientos y ataques a la propiedad de judíos en Alemania y Austria, entre ellas más de 1000 sinagogas quemadas, durante los días 9 y 10 de noviembre de 1938. Costó la vida de 91 judíos y 30 000 detenidos y deportados en masa a los campos de concentración. Incitado y dirigido por los nazis, su elite del partido y policiaca, tras la justificación de la muerte en París de su embajador por un judío alemán. Este pogromo es el paso previo del inicio de la Solución Final y del Holocausto judío.

Las realidades históricas descritas en el párrafo anterior ninguna coincide con las protestas pacíficas reciente en WDC. Un aislado y pequeño grupo uso la fuerza para abrir las puertas del Capitolio después de ser invitados por las autoridades custodias del edificio. Muy pocos activistas estaban armados, quizás para defenderse de los maleantes en el camino de sus casas al DC y viceversa. Lo cierto es que las cuatro horas de su estancia en el edificio legislativo ninguno las usó para disparar ni amenazar. El único disparo fue realizado por el custodio oficial a la joven

Ashli Babbitt. Tampoco hubo destrucción de las estatuas ni de las pinturas ni otro valor patrimonial. Las turbas no se comportan así y muchos menos los terroristas.

En realidad, los manifestantes, con sus iras contenidas ante su convencimiento del robo masivo de las elecciones y el desprecio de las instituciones de apoyarse en la ley para legitimación de la injusticia, el ocultamiento de la verdad y no escuchar las demandas mínimas para sentirte ciudadano y parte activa de la nación. Estos oyeron palabras despreciativas y prepotentes de los líderes de Congreso, quienes no aceptarían de ningún modo una comisión mixta de legisladores y juristas para investigar en pocos días tal situación. Tal parece que el Capitolio dejará de ser el símbolo de libertad y se convertirá en el abominable Kremlin bolchevique.

Babbitt y sus acompañantes al Capitolio evocan el ideario de libertad, la decencia y dignidad de patriotas como John Brown, sus hijos y amigos abolicionistas, en su última acción en el arsenal de Harpers Ferry. Sin embargo, Ashil me recuerda más a Henry David Thoreau, cuando aceptó con gusto su encarcelación por enfrentar y no entregar su impuesto a un estado esclavista. Brown y Thoreau fueron figuras polémicas por sus acciones justicieras, que con los tiempos sus posiciones fueron reafirmadas como patrióticas y libertarias. Hoy en el Capitolio y la Casa Blanca son honrados como héroes de la nación.

Por supuesto, lamento la muerte del oficial de la policía, Brian Sicknick, quien cayó en cumplimiento de su deber. También las de los otros ciudadanos que sucumbieron durante las protestas. Estas son situaciones que ocurren cuando se censura la libertad de pensamiento, en especial la libertad de expresión y de hablar.

Aún quedan pendientes los casos enviados por el equipo legal del Presidente y el de Nosotros El Pueblo a la Corte Suprema, espero que actúen con patriotismo y adherido al derecho constitucional y no en los intereses personales; sino presidente Donald J. Trump, será hora de ser lo que es Ud. De los que ha perfeccionado en estos cuatro años, como persona, estadista y héroe. Es hora de ser Trump y liberar la verdad para pasar “De la oscuridad a la luz” y resaltar Ashil Babbitt como un resplandor perenne de libertad y resistencia a las injerencias de las dictaduras globalistas del socialismo y sorosismo en EEUU y evitar el Nuevo Orden Mundial.

Oscar Elías Biscet:
lanuevanacion@bellsouth.net
@oscarbiscet
Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos
Presidente del Proyecto Emilia
Medalla Presidencial de la Libertad
Cuba
https://www.diariolasamericas.com/opinion/ashli-babbitt-una-soldado-la-libertad-n4214127

ARIEL PEÑA, MENTIRAS Y TERRORISMO

Con el Covid-19 o peste china, se demostró una vez más sin atenuantes, el carácter protervo del marxismo en su aplicación práctica, cuando maneja una dictadura, tal es el caso del régimen de Pekín que desde un principio mintió sobre la aparición del virus que se extendió por toda la tierra, debido a que fue el 17 de noviembre de 2019 fecha en que apareció el primer caso en la provincia de Hubei cuya capital es Wuhan epicentro de la epidemia, y solo dos meses después se informó acerca de la nueva plaga, siendo por la demora una conspiración en contra de la humanidad. 

Con el agravante de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) aliada del gobierno chino, hasta 11 de marzo de 2020 caracterizó al Covid-19 como pandemia. Subrayando que el marxismo no solo es perverso cuando dirige una tiranía en una nación, también lo es en otras circunstancias, o en la oposición atacando a los gobiernos democráticos en donde usa las mentiras y el terrorismo. 

Una mentira monumental del comunismo es el caso de Venezuela con los infectados por el Covid y los fallecidos; porque comparada con Colombia según la Federación Médica Colombiana, cuyos directivos no son afectos al gobierno, han muerto por el Covid 300 trabajadores de la salud y de acuerdo al ejecutivo sobrepasan los 150, mientras tanto en Venezuela en cifras que no desmiente la camarilla comunista han muerto 300 trabajadores de la salud. 

Entonces si en Colombia hasta el 15 de enero se han contagiado 1.849.101 personas con 47.491 fallecidas, y en Venezuela el informe de la dictadura dice que no hay sino 118.415 infectados y 1.090 muertos, en sana lógica Maduro y su pandilla mienten, puesto que la estadística no cuadra, ya que al haber más muertos en el país vecino de trabajadores de la salud por encima de Colombia, estadísticamente sin ser alarmistas las cifras de fallecidos y contagiados en la patria de Bolívar son ampliamente superiores a las de nuestro país, pues es absurdo que el 30% de los decesos en esa nación sean de los que trabajan en la salubridad. 

De acuerdo a las anteriores consideraciones no cabe la menor duda acerca de la condición mentirosa y terrorista del comunismo, de tal suerte que el debate propiciado por algunos líderes políticos en los últimos años, acerca de que en Colombia ha existido una amenaza terrorista y no un conflicto político-militar, crea confusiones, por lo que la sociedad debe de tener plena claridad sobre los asuntos que inciden profundamente en su vida, y precisamente una cosa es amenazar y otra muy distinta es atacar, de ahí que las bandas armadas narco-marxistas de las Farc, Eln, Epl, M-19 y otras, no se quedaron en simples amenazas sino que practicaron de diferentes maneras el terrorismo, en un conflicto generado por seguidores de la doctrina marxista para la toma del poder. 

Así que eso de una simple amenaza terrorista, no es cierto, puesto que el marxismo es terrorista por principio y lo ejecuta sin quedarse en solo amenazas, lo que significa que indirectamente se exculpa al comunismo totalitario de ser terrorista, cuando se plantea que no ha sido bien aplicado o que no hay una interpretación correcta del mismo, porque para el marxismo no importa que su teoría sea inescrupulosa, criminal y terrorista, pues lo que interesa es que se cumpla en la práctica. 

No hay que caer en dubitaciones frente a una doctrina genocida como el marxismo leninismo, que con su accionar es responsable de cerca de 140 millones de asesinatos en el último siglo, convirtiéndose en la organización que más crímenes a cometido en todos los tiempos, por eso es que precisamente sin perder su esencia en Colombia, con los acuerdos de La Habana, un parte de las Farc se desmovilizó y otra entró en la “disidencia”, impulsando un nuevo escenario en la combinación de todas las formas de lucha. Ante ese enemigo tan siniestro que enfrenta la democracia, hay que combatirlo con denuedo ideológica y políticamente. 

A raíz de las acciones terroristas que a través de los años han realizado las Farc y el Eln en compañía de otras bandas armadas, se escuchaban voces, no se sabe si por inocencia suma o picardía extrema, que decían que los grupos guerrilleros habían perdido su idealismo por semejantes prácticas, lo que es una gigantesca equivocación, ya que esos grupos guerrilleros estaban y están en lo de ellos, con el terrorismo que es el sustrato del marxismo, y por eso no tienen ningún empacho también en ser narcotraficantes, al igual que lo hacía Lenin con sus bolcheviques en Rusia antes de tomarse el poder, pues aparte de practicar el terrorismo cometían delitos con negocios de prostitución y proxenetismo, porque la naturaleza del marxismo es la perfidia y el crimen. 

Se dice que en la actualidad hay varios grupos que siguen las enseñanzas del marxismo que no practican la violencia, recordando que el comunismo totalitario actúa de acuerdo a las condiciones y, para el caso colombiano el partido comunista que en su momento seguía como una especie de Vaticano infalible a Moscú fue el creador de las Farc y el M-19, de la misma forma el partido comunista m-l de línea maoísta fundó el Epl y seguidores de Fidel Castro organizaron al Eln. 

Además los trotskistas plantean una insurrección popular violenta y el Moir (movimiento obrero independiente y revolucionario) también maoísta, afirmaba que no estaban dadas las condiciones para la lucha armada. Lo que demuestra que ninguna organización marxista en sus diferentes presentaciones ha descartado a la violencia para la toma del poder en Colombia, con todo lo que ello representa. 

El marxismo no sólo ha utilizado al terrorismo para tomarse el poder en diferentes países, sino que también tiene el campeonato mundial en terrorismo de Estado con sus más connotados dirigentes como: Pol Pot, Lenin, Stalin, Mao, Kim il Sung, Ho Chi Ming y Fidel Castro, entre otros; teniendo en el último tiempo ejemplos patético de terrorismo de Estado en Latinoamérica con los regímenes comunistas de Venezuela y Nicaragua, en donde Maduro y Ortega han cometido genocidios en contra de esos pueblos. 

El terrorismo de Estado no es como lo entienden y difunden de mala fe, los mamertos de Colombia, para responsabilizar a la institucionalidad, ya que hay terrorismo de Estado cuando existe un régimen dictatorial totalitario que controla todos los poderes, como sucede en las naciones que han caído bajo la férula del comunismo. 

EL marxismo con todas sus etiquetas y sus máscaras es intrínsecamente mentiroso y terrorista, pues tiene de fundamentos a la lucha de clases como ajuste de cuentas o vendetta. 

Ariel Peña
arielpena49@yahoo.com
@arielpenaG
Colombia

sábado, 16 de enero de 2021

ACTUALIZACIÓN DE EL REPUBLICANO LIBERAL DIARIO DE OPINIÓN, http://elrepublicanoliberalii.blogspot.com/ DOMINGO 17/01/2021


 


MIBELIS ACEVEDO DONÍS, RENUNCIAR A LO PERDIDO

¿Cómo atravesar el erial que deja la pelea fallida y encontrar fuerzas para recomenzar, para seguir adelante? ¿Cómo encarar el futuro sin caer en la tentación que condenó a la mujer de Lot: sin quedar petrificados, estatuas de sal, despojados de ese movimiento salvador que surge de la elaboración de la pérdida? El recuerdo de un mundo que se licúa, el de un país prácticamente borrado de los referentes -el de la democracia imperfecta pero funcional, el de las instituciones defectuosas pero vivas, el de líderes no infalibles pero dueños de una excepcional facultad para leer la circunstancia, desafiar las condiciones hostiles y domeñarlas- insiste en ceñir la expectativa. En contra de lo que vigoriza, la nostalgia se va convirtiendo no en acicate para aspirar a algo distinto, mejor; sino en lastre que hace insuperable ese trozo de verdad que dimana del pasado e impide vislumbrar el siguiente paso.

“Quiero el país que ya no tengo, el país que se fue. Quiero que me lo devuelvan los que me lo arrebataron”, declaran abiertamente algunos ante la noción de la oquedad, de lo lastimosamente ido. Y no sorprende. Ya Sigmund Freud se había paseado por las espinas de esa “exigencia de eternidad”, un producto tan propio de nuestra vida desiderativa “como para reclamar un valor de realidad”. Sin embargo, en “La transitoriedad” (1916), una peculiar, casi poética y alentadora reflexión sobre la melancolía y los enigmas del duelo, nos invita a pensar sobre la belleza de lo perentorio. Sobre la utilidad de perder, desprendernos genuinamente de lo que ya no se tiene, re-encauzar el impulso vital hacia lo próximo, lo que espera y nos renueva. Hela allí, pues, la esperanza. 

Tras dialogar con un poeta escamado por la fragilidad de toda belleza natural o humana, Freud se pregunta: “¿por qué este desasimiento de la libido de sus objetos habría de ser un proceso tan doloroso? No lo comprendemos, ni por el momento podemos deducirlo de ningún supuesto. Sólo vemos que la libido se aferra a sus objetos y no quiere abandonar los perdidos, aunque el sustituto ya esté aguardando. Eso, entonces, es el duelo”. Así Freud ilustra su propio asombro, su incertidumbre ante la cura. Eso no le impide ver, sin desazones, que lo transitorio tiene valor cuanto menos tiempo perdura. Esa brevedad, paradójicamente, suma resbaladizo encanto a los objetos, los reviste de significación, hace más tenso el ritual de tener y perder. De regocijarse, superarlo y crecer, finalmente. 

En esta Venezuela acogotada por el "dolus" y el "duellum", donde la mordiente melancolía ha ido naturalizando las parálisis, tales pensamientos caen como un propicio volitivo. Esa energía individual y colectiva que luce tan enflaquecida sin duda tiene chance -debe hacerlo- de recomponerse. El asunto es saber exactamente de dónde partir, a cuenta de qué insumos emprender ese camino, cómo reencauzar ese impulso sin que haya cargas que, por innecesarias, lo atajen a priori. 

Entre la dirigencia política se habla de rectificación, por ejemplo, de retomar la vía electoral desatendida, de restablecer la conexión con la sociedad civil y sus agendas. Y la pregunta que cabe es si implícito en ese propósito hay una genuina comprensión del empobrecimiento, la adulta aceptación de un fin y la gestión de su inevitable malestar, el compromiso con la evolución. Esto, porque nos consta que el pasado de toda índole, desde el más remoto al más cercano, desde el más épico al más profano, siempre insiste en ser reanimado, no siempre para bien. Y no es que no tengamos derecho a la añoranza de tiempos que juzgamos gloriosos, a condenar el infame retroceso o a abrazar, como a la tabla que auxilia en medio de un mar picado, hitos que surcan el gentil abecedario de nuestra idiosincrasia. Pero hay peligro en no advertir cuán desnudos o no estamos para emprender aquí y ahora un recomienzo, para “corregir una cosa para que sea más exacta o perfecta”. No es lo mismo rectificar un rumbo ligeramente desviado que asumir una obra prácticamente desde la base y sin recursos. 

Este es quizás nuestro caso. Durante los últimos años ha habido demasiada distorsión y menoscabo identitario, demasiado descenso y catacumba como para no notarlo. Un plan realista consideraría entonces ajustar nuestros paradigmas a los nuevos contextos y sus nuevas estrecheces, fluir con la circunstancia sin dejar de apelar a una honesta, madura consciencia del fracaso. Sin eso, que supone distinguir cuánto de nuestra amarga resistencia remite a una rebelión contra el duelo, costará más aprehender la esquiva democracia. El atasco en el Taedium Vitae, la “revuelta contra esa facticidad aseverada” frena la capacidad para sustituir lo malogrado por otros objetos que, plenos de verdad, también pudiesen resultarnos entrañables y valiosos. 

Dolor y reestructuración. Separación, discernimiento de la ausencia y auto-recomposición. Todo eso nos está pidiendo este vidrioso pero no menos interesante momento. Pensar otro país -no uno que calce en las hormas siempre pulcras e irrepetibles de la memoria, sí uno que se vaya rearmando a partir de estos deshilachados fondos- parece ser lo saludable. Lejos de cualquier bellaca acusación de conformismo, se trata de restañar la vieja llaga, de reconciliarse con lo disponible y enfocar esa energía hacia el cambio posible. En ese sentido, y habiendo sido testigo de las feas pulsiones que la historia de la humanidad hizo patentes, incluso el incisivo Freud se permitió un gesto de optimismo: tras superar el duelo, tras renunciar a todo lo perdido, “lo construiremos todo de nuevo, todo lo que la guerra ha destruido, y quizá sobre un fundamento más sólido y más duraderamente que antes”. 

Mibelis Acevedo D.
mibelis@hotmail.com
@Mibelis
@ElUniversal
Venezuela

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, ¿Y AHORA QUÉ?

¿Y ahora qué? Es la pregunta que a muchos inquieta. Su respuesta, involucra tantas variables como ámbitos políticos, económicos, sociales o culturales, configuran las realidades. Sobre todo, a consecuencia del nuevo año que, de facto, ya comenzó a correr.

Es un problema acogido bajo el concepto de “incertidumbre”. Ante la pregunta ¿y ahora qué?, se alza la incertidumbre. Su condición etimológica implica el desconocimiento que se tiene sobre el futuro que se abalanza en lo que viene de un nuevo trazo de tiempo. 

En lo específico, no es posible conocer la probabilidad de ocurrencias de eventos en el tiempo inmediato o siguiente. Aunque pudieran esbozarse conjeturas. Pero sin que las mismas comprometan la previsibilidad exacta de los hechos a ocurrir. 

La teoría de planificación, intenta resolver esos problemas. Sin embargo, aclara que deben distinguirse problemas bien estructurados, de problemas no bien estructurados. Luego de superar tal diferencia, propone algunas soluciones. Siempre desde distintas perspectivas situacionales, ya que lo contrario sería caer en el oficio del timador que juega a ser “pronosticador de coyunturas”. 

Lidiar con la incertidumbre aunque esté mal definida, es lo que más puede acercar una conjetura a una postura algo próxima a una realidad posible. Aún así, es un atrevimiento que podría resultar oneroso. O ser costoso en todo sentido.  Sin embargo, la política no escarmienta ni tampoco escatima esfuerzos al momento de apostar a responder preguntas como la que esta disertación busca analizar. ¿Y ahora qué? 

La política es tan osada, que se lanza a “lo loco” a una carrera. Sólo para convencer a quienes se prestan a caer en su juego. Y lo hace con el mayor descaro que las circunstancias permiten. Sin medir consecuencia alguna. Más aún, con presumida actitud. Sin sentido de la desvergüenza ante la pretensión asumida. Quizás, fue la razón que llevó al actor estadounidense metido en política, a decir que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios más equivocados” 

¿Y ahora qué?Es la pregunta que muchos venezolanos, a sabiendas de las amenazas, peligros y problemas en ciernes, se hacen. Sin que nadie pueda responder. Sin embargo, nadie duda de que la política es osada. Más, cuando a decir del léxico ordinario, la desinformación es el mejor caldo de cultivo para fecundar realidades. O sea, para preñarlas de presunciones, exageraciones o tribulaciones. Y que después se acojan a cualquier desparpajo emitido. Tal vez, así puede sopesar, calibrar  o pulsar el ambiente político imperante. Y por tanto, sembrar la trampa calculada. Incluso, tantear la ingenuidad de ilusos prosélitos. 

Lo arriba referido, no es óbice para suponer que, en efecto, la vida política, social y económica en Venezuela, no será igual. Podría menguar más aún. O arreciar. O como pregona el saber popular: “Todo depende del color cristal con que se mire”. 

En todo caso, no es inmoderado decir que la Consulta Popular, entendida como “medio de protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía(…)” abrió un compás de deducciones con una fuerza narrativa capaz de despejar caminos conducentes a forjar decisiones fundamentales en lo que concierne al ordenamiento jurídico nacional. 

Respecto de lo que es posible inferir, luce indiscutible negarle importancia al hecho cuantitativo que significó tan reconocido acaecimiento político. También de condición jurídica, dado el carácter vinculante que la Constitución le otorga. Numéricamente, dicho evento superó las expectativas. Asimismo, hizo ver el calado de la sociedad democrática que impugna la actual situación político-económica que tiene atascado el desarrollo nacional. En todas sus manifestaciones. 

Aunque resulta algo forzado, el hecho de cotejar estos resultados con la situación que el régimen estableció al imponer elecciones parlamentarias el 6-D, sirve para inferir lo que pudiera dar algunas respuestas a la pregunta que intitula esta disertación: ¿Y ahora qué?Por demás, cuestionadas y poco o nada creíbles. 

Y es que si bien se sabe que la idea que animó la ejecución de tan fraudulento evento comicial, fue la reconquista de los escaños de la Asamblea Nacional, igualmente dicha realidad ya consumada permite nuevamente reconocer el talante represivo que caracteriza al régimen cuando quiere tomar para sí cualquier instancia pública que considere necesaria a sus intereses. 

¿Y ahora qué? A decir de por dónde viene o han ido las tendencias, es posible que algunas conjeturas no se atasquen en los predios de la incertidumbre. Habida cuenta, el régimen no ha dejado de funcionar sin olvidar que su gestión política la ha podido apuntalar detonando dignidades y principios a punta de arreglos de toda calaña y cuantía.  

Y aunque en el fondo de la pregunta ¿Y ahora qué? rondan las secuelas de la incertidumbre, el desconocimiento de situaciones conexas o de información veraz, sus posibles respuestas no dejarán de inquietar. Particularmente, a venezolanos que mantengan, entre sus prioridades, el propósito de prestar la posible colaboración a la tarea de hacer que Venezuela recupere la democracia sobre la que escribe la teoría política. Tanto como del país con el cual sueñan tantos venezolanos que bien merecen vivir bajo las libertades por las que precursores y libertadores, lucharon y regaron su sangre. 

Así que ante la falta de certeza sobre las realidades próximas, o de eventos que habrán de cabalgar sobre un conocimiento cierto en torno a los tiempos que pesan en el futuro inmediato de Venezuela, siempre seguirá deambulando la interrogante ¿Y ahora qué? 

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas
Venezuela

LEANDRO RODRÍGUEZ, BANANISMO POLÍTICO

Que difícil la tenemos los venezolanos cuando la tragedia económica es producto del bananismo político exacerbado que ha imperado en el país desde hace más de 20 años, lo peor de todo, en este 2021 continuamos adentrándonos por ese mismo sendero. No hay mal de la denominada “cuarta república” que no haya empeorado a la enésima potencia.

El gran secreto del chavismo ha sido la desinstitucionalización del país, hacer de lo público agencias del partido de gobierno. Por tal motivo, cuando el exfiscal General Javier Elechiguerra acusó a Chávez de haber malversado el Fondo de Estabilización Macroeconómica (FIEM) a principio de su gestión, inmediatamente fue depuesto en el 2000 por el parlamento de mayoría chavista, designando a Isaías Rodríguez como sucesor, públicamente chavista. 

Poco tiempo después, el país tuvo que padecer la tragedia del conflicto político desde 2002 ante la negativa de Chávez de medirse en un referéndum consultivo con un CNE que no controlaba totalmente. No fue sino hasta 2004 cuando Jorge Rodríguez fue nombrado presidente del CNE que finalmente aceptó. Luego del revocatorio, Rodríguez fue premiado por su labor siendo nombrado por Chávez como vicepresidente de la nación. Al poco tiempo, 2006, quienes en terreno de lo civil debían resguardar la constitucionalidad sucumbieron, los magistrados TSJ vociferaron en acto oficial “Uh ah Chávez no se va”… la institucionalidad formalmente había fallecido. 

Una notoriedad del momento, fíjense: En la recientemente ocurrida “Toma del Capitolio de EEUU”, inmediatamente se tomaron medidas como toque de queda, búsqueda, detención y procesamiento de los detenidos, posible destitución de Trump, entre otras acciones. El 5 de julio 2017 hordas chavistas vinculadas a Jorge Rodríguez tomaron la AN ocasionando daños, heridos, lesiones a los parlamentarios y NO HUBO ninguna acción del Estado… es la diferencia entre lo que llaman primer mundo y las repúblicas bananeras… esto, como simple ejemplo de lo que ocurre cuando no hay constitucionalidad, cuando las instituciones del Estado se convierten en parcelas partidistas. 

2021 comienza mal, con una oposición legítima muy cuestionada, pero siendo sinceros, con margen de maniobrabilidad cero dentro del país, ejercer oposición partidista o ciudadana es un terreno muy cuesta arriba cuando la represión del régimen contra toda disidencia es atroz. 

Este año, el régimen una vez más tratará de desviar la atención del país hacia lo electoral, un terreno donde su control absoluto sobre las instituciones del Estado le augura no perder ni perdiendo, con un escenario mucho más favorable en cuanto la comunidad internacional tiene sus propias preocupaciones con el covid-19 y sus secuelas económicas-políticas. 

La mejor estrategia opositora ha sido la abstención ¡sumarse a ella! pues la abstención no es ordenada por éstos, sino que es el sentimiento más sublime enclaustrado en los venezolanos como rechazo, justamente, a la desinstitucionalización del país, donde el voto desde hace mucho tiempo no premia, no castiga, ni genera cambios. Sin embargo, la abstención por si sola no basta, se debe acompañar con otras estrategias aún ausentes. 

Entiéndase, lo electoral/abstención ya dio sus frutos, para generar cambios Venezuela necesita un liderazgo político muy capaz y decidido, donde “formalmente” el chavismo tiene todas la de perder porque todo lo que detenta es ilegal e ilegitimo, pero en la “práctica” es amo y señor del país al controlar a su real placer no solo las instituciones del Estado, sino sus recursos y armas. Es una estrategia que, queramos o no, involucra a los aliados internacionales de los venezolanos y del chavismo. 

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango
Venezuela

SOLEDAD MORILLO BELLOSO, SOBREVIVIREMOS.

Pinta raro el 2021. Más allá del lenguaje empalagoso con el que algunos pretenden inyectarnos esperanza, el año pinta difícil y enrevesado. Con aumento de lo malo y con muchas dificultades para la mejoría de nuestros males. Y confuso, muy confuso.

Los economistas nos dirán que la inversión a borbotones que vamos a observar va a provenir de dineros "de dudosa procedencia" (eufemismo que define a esos miles de millones que nos fueron robados) pero nos apuntarán que esas inversiones son "necesarias" para sacarnos de estas arenas movedizas. Que hay que bien venirlas pues sin ellas no hay paraíso. Nos dirán que esos capitales permitirán que los servicios públicos y privados mejoren y que entonces el aparato productivo tendrá menos obstáculos y podrá arrancar. Nos anunciarán también que el dólar seguirá rumbo arriba y que eso le viene de perlas al régimen, que es el único que opera en bolívares. 

Cualquier politólogo con dos dedos de frente nos explicará, sin frases churriguerescas, que absorber las alcaldías (nuevo plan del abigeato político del régimen) no soluciona problemas operativos de los vecinos y que este nuevo espelucamiento no es sino una jugarreta de poder político. Sirve para irritar. 

Los sociólogos nos dirán que la migración aumentará. Que para fines de este se habrán ido unos 2 millones más. Y nos explicarán cómo eso es un tremendo dolor de cabeza para los países receptores, sobre todo para Colombia, que no puede rechazar a los migrantes porque muchos de ellos tienen derechos civiles y políticos que no se pueden despachar así nomás, por mucha xenofobia que escupa doña Claudia. Y el asunto no es dato menor considerando que en 2022 hay elecciones presidenciales en Colombia. Como quien dice, a la vuelta de la esquina. Y esos votos valen. 

Muchos analistas nos van a explicar, algunos por fortuna en lenguaje comprensible y sin cursis citas en otros idiomas, que sin embargo, aunque por la gritamentazón el régimen no parezca proclive a ella, la negociación entre los apoltronadosen Miraflores y cuarteles y la oposición (la de verdad) va a ocurrir. Que no hay de otra. De hecho, está en antesala. Y en este caso nadie será triunfador. Nadie cantará victoria. Y eso hará que las posibilidades de acuerdo aumenten. 

Algunos consultores nos anunciarán que los liderazgos cambiarán. Que algunos sobrevivirán pero otros caerán con callos y todo por el barranco, previo ser carcomidos por las hordas. Y vaticinarán que aparecerán nuevos actores, tanto en un bando como en otro. 

Alguien declarará que sin los militares, sin Cuba, sin la Unión Europea y sin los países de América Latina, no hay acuerdo posible. Y a pesar de correr el riesgo de ser acribillados en las redes, algunos puntualizarán una verdad difícil de tragar: que cuando se está en una situación tan grave, ningún bando tiene "irrenunciables", porque ambos necesitan sobrevivir. 

¿Qué puede estar al final de este año? Quizás un gobierno transitorio, mixto, medio extraño y que en realidad guste a pocos, con inversión privada pero manteniendo la propiedad del estado. Sí, con muchas cosas a media luz y con muchas más a medias. Y con muchos y variados atajaperros. 

Los extremistas de uno y otro bando terminarán desactivados. Este país ya no tiene los recursos que tuvo en abundancia en el siglo XX y ya no hay cómo creer en pajaritos preñados volando en retroceso. El país ya no tiene cómo ni con qué apalancar fantasías. Muchos países que no tienen recursos naturales saben trabajar sin recursos. Nosotros no. Pero lo aprenderemos. Maestra vida. 

La menguada clase media venezolana sufre todavía de delirios de grandeza. Pero a punta de coger más palos que gata ladrona agarrará mínimo y entenderá que tiene que dejar de mirarse el ombligo. 

Tenemos que vernos a nosotros mismos como un país pequeño, un bueno, pujante, progresista. Que dé pasos pequeños pero seguros, que abandone la visión de héroes, gestas, batallas y la cambie por ese aburrido asunto de la rutina. Menos altibajos. Con buenas aspiraciones pero sin delirios de grandeza. 

Los nuevos jóvenes lo tienen clarito. Me refiero al país que será, el país que quieren que sea para ellos, para sus hijos y sus nietos. Incluso los jóvenes de la Revolución. Un país pequeño, multiproductivo, con un Estado eficiente, con equidad social. Si sentáramos en una mesa a Guaidó y a Héctor Rodríguez nos sorprendería la cantidad de cosas en las que coinciden. Cuando se quitan las etiquetas babosas y se deja de hablar para los titulares, ajá, ahí surge el encuentro que deshace el desencuentro. Pero tienen correas que los restringen. Porque cada uno depende de apoyos. Si patean a sus respectivos apoyos, pierden. Todavía hay mucho vetusto en ambos bandos. 

Esa nueva Venezuela la lideran los jóvenes. Hay que escuchar a los jóvenes metidos en política, a eso que tienen menos 50 años. Esos son los constructores. 

Los políticos construyen la infraestructura para que la sociedad pueda producir. La carrera más importante en Japón es la educación. Y la segunda más importante es la política. 

El mayor error de la oposición en Venezuela no ha sido los traspiés que ha dado; ha sido el comunicar más los horrores del régimen y no enfocarse en vender su propuesta, que la tiene, estructurada y escrita. Cualquiera sabe más de los horrores que dice y hace el régimen que de la propuesta de la oposición. Y eso es un disparate. 

Hay que comportarse como alternativa , no como oposición. El ser "anti" sirve un rato, unos meses. Luego hay que conquistar. 

En Venezuela a la oposición le va a caer la locha; va a entender que no sirve ser oposición, sirve ser la alternativa. Y para ello tiene que conquistar más o menos unos 3.3 millones de venezolanos que no están con el régimen pero que no apoyan a la oposición. 

La señora Venezuela si no le gusta un marido y tampoco le gusta el otro, va a buscar un tercer marido. 

En fin, año difícil. Sí. Pero, sobreviviremos. 

Soledad Morillo Belloso

soledadmorillobelloso@gmail.com

@solmorillob

Venezuela