sábado, 25 de julio de 2020

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, LA RUTA DE LA SEDA, UNA DEPREDACIÓN CHINA

La Nueva Ruta de la Seda, presentada en 2013 por el partido comunista chino bajo la figura de grandes proyectos de infraestructuras en muchas partes del mundo (Europa, Asia, Pakistan, África, Sri Lanka, América Latina), que en la actualidad supera los US$ 450.000 millones, lo formularon haciendo semejanza con la antigua Ruta Comercial Marítima; a diferencia de ahora cuando su intención subyacente está vinculada con la pretensión de aumentar su influencia geopolítica y estratégica, al tiempo de aspirar cambiar a su favor el mapa de la economía mundial. En tal sentido, China no oculta su conducta “depredadora” equivalente al adjetivo utilizado para calificar al animal que se dedica a la caza de otras especies para obtener su alimento.

En efecto, bajo la excusa de contribuir a solventar las grandes deficiencias de infraestructuras presente en los “países socios” y que requieren de fuentes de financiamiento, China anunció en marzo 2018 la instrumentación del denominado Cinturón y Ruta de la Seda conjuntamente con la autorización de la emisión de bonos corporativos en su moneda, para atraer inversionistas que ofrezcan un financiamiento estable a largo plazo lo cual implícitamente está dirigido a empresas publicas chinas; ocasión cuando invitaron a América Latina y el Caribe a sumarse a su iniciativa asegurando que se trata de una “nueva plataforma para la cooperación mutuamente beneficiosa”, teniendo como objetivo primario desarrollar una franja de corredores terrestres entre países y de una ruta de navegación para uso comercial desde Asia hasta África, pasando por Europa Oriental.

En lo atinente a América Latina (con la visión puesta en Venezuela), el acuerdo se formalizó en un encuentro con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), cuando acordaron que dichos países formarían parte de la “extensión natural” de la Ruta de la Seda Marítima integrado internacionalmente con el proyecto Cinturón y Ruta, incorporando contratos de empresas chinas por unos US$ 300.000 millones; en el entendido que no constituía un programa de subvenciones sino un programa de prestamos. Vale acotar, que antes de haberse suscrito la Ruta de la Seda en comento, ya algunos bancos públicos chinos habían concedido prestamos por unos US$ 150.000 millones en 12 años; al punto de convertirse en el “banquero de América Latina”, soportado en los denominados “memorandos de entendimiento”.

Sea pertinente destacar, que dichos prestamos directos y créditos comerciales, evolucionaron desde 0 en 1998 a mas de US$ 1,6 billones en 2018, provenientes especialmente de los superávits comerciales con EEUU; o lo que es lo mismo una cifra equivalente al 2% del PIB mundial canalizados en su mayoría a través de empresas o entidades financieras controladas por el Estado chino, lo cual les permitía restar importancia a la rentabilidad en favor de generar endeudamiento externo, habida cuenta tanto de su intención depredadora como de disponer desde el 2016 con la mayor reserva de divisas del mundo, en el orden de unos US$ 3,21 billones (millones de millones).

Los compromisos financieros de unos 6 países de Latinoamérica: Venezuela, Chile, Bolivia, Costa Rica, Cuba y Perú; mediante endeudamiento con entidades publicas chinas supera los US$ 133.000 millones de los cuales casi la mitad corresponde a Venezuela con unos US$ 67.200 millones, seguido de Brasil (US$ 28.900 mill), Ecuador (US$ 18.400 mill), Argentina (US$ 16.900 mill) y Bolivia (US$ 2.500 mill); un flujo de dinero

que forma parte de una estrategia de penetración china y de expandir su presencia en el comercio global, al igual que en las tecnologías, finanzas y materia militar, y en simultáneo asegurarse el suministro de recursos y materias primas a la luz de contratos firmados para la explotación conjunta de petróleo y minería en toda la región, además de incorporar nuevos mercados para sus propias mercancías en respuesta a las inversiones en infraestructuras en pro de mejorar las vías del Océano Pacifico para sus fines comerciales, al abaratar costos para las empresas chinas.

En lo especifico de Venezuela, China ha institucionalizado una modalidad de préstamos ligados a recursos naturales que, entre otros aspectos, facilita devolver una parte del crédito a través de la venta de petróleo lo cual es denominado “prestamos por petróleo” ; modalidad que obviamente le asegura tanto el suministro del vital recurso como garantizarse el pago del crédito en caso de crisis económica; siendo que en 2018 uno de los bancos públicos chinos destinó prestamos a Venezuela por unos US$ 5.000 millones para desarrollos en el sector petrolero, en el entendido que tal operación incluía la obligación de comprar materiales a empresas chinas (satélites, maquinaria, equipos de telecomunicaciones, etc); y de igual modo obras de infraestructura a ser ejecutadas por entes chinos (carreteras, túneles, y un largo etcétera).

A tenor de lo señalado emana, por manifiesta obviedad, cual es el “interés” de China por Venezuela cuyo inicio se remonta a los años 2000 cuando en el país existía abundante petróleo (y China lo necesitaba), en un escenario que impulsó una relación basada en “acuerdos de financiación por petróleo” que tomó vigor a partir del 2007 al punto que en 11 años China prestó los ya mencionados US$ 67.000 millones (se estima que Venezuela debe unos US$ 20.000), situación que induce una preocupación permanente de china en cuanto a un potencial cambio de gobierno y las consecuencias que ello tendría sobre el reconocimiento de tal magnitud adeudada (a lo cual debe sumarse otros US$ 5.000 millones recientemente concedidos para ser destinados a “mejorar la producción de petróleo”). En fin, resulta una perogrullada señalar que la “terca defensa china” hacia Venezuela se fundamenta solo en proteger sus activos y “vigilar” el cobro de la deuda, o lo que es lo mismo no constituye un apoyo político más aún cuando la economía de America Latina se estima caerá en 2020 un -9,1% ; aunado a que Venezuela en los 2 últimos años ha experimentado un decrecimiento de su PIB por un -15%, su producción petrolera retrocedió a niveles del año 1934, en un escenario que el costo de la canasta alimentaria se situó para mayo 2020 en más de 41 millones de bolívares que con el salario mensual (unos US$ 5)apenas se puede cubrir un 0,0012%.

PD:Temas de este enfoque, estarán integrados en una Conferencia Virtual que estamos diseñando bajo el titulo: Una visión de la economía mundial mas allá del 2021.

Jesús Alexis González 
jagp611@gmail.com
@jesusalexis_gon  

1 comentario:

  1. Segun entiendo los prestamos internacionales deben ser aprobados por al asamblea nacional y buena parte de tales prestamos ni siquiera pasaron por la asamblea. En tal sentido, legalmente carecen de legitimidad por lo cual se debida cancelacion tampoco seria legitima, Eso puede ser la razon por la cual China y Rusia apoyan irrestrictamente a Venezuela como paso en la ruta de la seda (corrupcion)

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