Mostrando entradas con la etiqueta CHÁVEZ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CHÁVEZ. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de septiembre de 2019

OMAR ÁVILA: SOLO SANCIONES NO BASTAN,MOVILICÉMONOS

Mugabe casi muere gobernando Zimbabwe; poco le faltó para llegar a 40 años de gobierno, de los cuales, vivió con sanciones gringas la mitad de ellos. Dato interesante para los que siguen aplaudiendo y creyendo que las sanciones van a "tumbar" a Maduro. 

Es decir, en Zimbabue se quedaron esperando que la crisis económica y las sanciones derrumbaran a la dictadura de Mugabe y su élite. Finalmente, este dictador muere en una clínica en Singapur a los 95 años, mientras sus aliados siguen en el poder. Además; están volviendo a la hiperinflación. 

En Cuba sucedió algo similar, murió Fidel Castro y actualmente sus aliados siguen en el poder, luego de 60 años de dictadura.

Robert Mugabe es un ejemplo muy claro que la economía no tumba régimen, además de atornillar, solo lo sacaron del poder otros militares de su misma calaña que se quedaron con el coroto.

Hoy, una pequeña élite sigue con la idea de que las sanciones y la Comunidad Internacional van a hacer el trabajo que debemos hacer los políticos, junto con los ciudadanos venezolanos para poder superar la crisis del país que nos está carcomiendo. 

Luego de 20 años esta dirección política debería aprender algo del régimen -que a pesar del alto rechazo- ha logrado mantenerse en el poder por múltiples factores, entre los que puedo mencionar que tienen claro que pesar de sus diferencias, deben mantenerse unidos por encima de sus intereses personales y sus rencillas, para lograr su único objetivo, que no es otro, que el de continuar en el gobierno. Por ello nuestra insistencia en realizar ese Encuentro Nacional de las fuerzas democráticas. Desde Unidad Visión Venezuela haremos todos los esfuerzos que sean necesarios para lograr unificarlos a todos.

En días recientes Nicolás Maduro dijo que: “La Asamblea Nacional será rescatada para colocarla al servicio del pueblo”. ¿Vamos a permitir que corran solos? ¿Vamos a cometer, nuevamente, el error en el que incurrimos en el 2005? ¿Vamos a permitir como entonces, que se tiña totalmente de rojo? ¿Lo permitiremos? Siendo mayoría, bajo el alegato de que eso no nos importa porque nosotros lo que exigimos es que “cese la usurpación”, que si “votamos legalizamos a Nicolás”, entre otras afirmaciones que en realidad solo logran desmovilizarnos en la búsqueda de un cambio real.

Ganamos la AN en 2015 con este mismo sistema electoral, cuando todavía Maduro no tenía 80% de rechazo. Por lo que podemos afirmar que, el engaño o táctica psicológica del gobierno, está en persuadirnos de no votar. Nuevamente desmovilizarnos, allí radica el punto central de su estrategia: que perdamos la fe en nuestra capacidad de decidir.

Urge que prive la racionalidad y la sensatez política, donde se pueda llegar a un acuerdo favorable que logre frenar la crisis económica, política y social. Eso es lo que anhela todo el país; opositores y oficialistas por igual.

Debe entenderse que ninguno de los polos ha sido capaz de acabar o aplastar al otro. Esto impide la gobernabilidad y da rienda suelta a la agudización del conflicto y la inestabilidad política. Las consecuencias de todo esto las sigue padeciendo nuestro pueblo, que cada día se le hace más difícil sobrevivir en medio de una diatriba política estéril, que mantiene el “juego trancado” y las neveras vacías.

Juego que está “trancado” porque una élite política desea permanecer en el poder a como dé lugar, y la otra por acceder a la fuerza a ese “trono”, sin tomar en cuenta que la mayoría de los venezolanos deseamos una salida pacífica y democrática a la crisis. La oposición radical y sus aliados internacionales, al igual que los extremistas del gobierno, tienen la responsabilidad histórica de retomar la negociación e incorporar a todos los factores políticos para destrancar este perversa dinámica que tanto daño le hace a Venezuela.

En Unidad Visión Venezuela creemos finalmente, que solo la persistencia de los ciudadanos organizados, movilizados, lograrán los cambios. Mientras más tendamos a regularizar las dinámicas a través de las negociaciones y la posibilidad de que el pueblo, transparentemente decida su futuro, es como encontraremos caminos expeditos para sacar a Venezuela del foso de hambre, miseria y atraso en el que se encuentra.

Omar A. Ávila H.
dip.omaravila@gmail.com
@OmarAvilaVzla

domingo, 10 de marzo de 2019

LEANDRO ÁREA PEREIRA, CHÁVEZ, LA DERROTA INCONCLUSA

Según se ventila en el cotarro, su muerte, digamos prematura, ocurrió en misteriosas y plurales fechas, supuestamente en Cuba, bajo los auspicios y cuidados intensivos, milimétricos y de exclusiva administración de los hermanos Castro, en circunstancias médicas además de tortuosas y enmarañadas, aún anómalas, anónimas y apócrifas.

Esos son los hechos susurrados, verídicos no me atrevería a testificar, menos aún en manos de aquellos y de estos. En fin, engorrosos eventos expuestos en inmejorables y oficiales párrafos increíbles.
Todo eso sí fabricado al detalle, no quepa la menor duda, para que su urdimbre se tejiera y cuadrara perfecta con la ascensión ilegítima de Nicolás Maduro, ciudadano con partida de nacimiento dudosa, ungido en todo caso, aunque no exento de ambiciosos rivales, a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, como sublime y apoyado sucesor del ahora Comandante Eterno, en los manejos del poder que da un barril de petróleo al reverencial precio aquél de 100 dólares. ¿Y qué importa que no naciera aquí, en las tierras gloriosas del Libertador Simón Bolívar, si en todo caso ha sido él El Elegido y desde Allá? Tanto qué repartir y usted mirando en los rincones. No parecen cosas suyas, camarada-compadre.
Lo cierto, sí, es que la desaparición física de Chávez deja secuelas profundas para Venezuela, la región y más allá, y ofrece material de escabrosa película para inferir lo que será y ya es la previsible novela e impacto en la vida cotidiana de pueblos que construyen realidad e historia, a falta de otros propósitos y motivaciones, a partir de esos héroes de utilería que a veces irrumpen, muy de seguido por estas geografías habitadas, sobre todo en momentos de penuria y desilusión tan comunes a pesar o en razón del prodigioso exceso de la naturaleza que otorga, así no más, riquezas sin esfuerzo, benigno clima y bonhomía de gentes, falta de educación e instituciones, subtítulos y goces que tanto nos adornan.
Ahora bien, una muerte digamos que a destiempo, precoz ella, inesperada al menos, cuando un proyecto de vida se va desarrollando y deja trunca la ambición de poder que se desea destino, abona a que la gente escarbe necias preguntas en tardes de desgano, por ejemplo: ¿Y qué si aún siguiera vivo? ¡Conclusiones, buen hombre, conclusiones¡ Sigámosle la corriente a la tertulia.
Las primeras respuestas que enhebro y se me vienen dispersas a la tinta son las que aquí expongo. Primero: murió, tristemente, antes de tiempo y ello le sirvió, sortario él una vez más, para evitarle el drama de reconocer frente a sí mismo y en vida, al menos en lo íntimo y si acaso, nunca en público, su derrota militar y política. ¿Lo haría?
¿Si su vida hubiese sido más larga, cabría la posibilidad de que admitiese frente a sí mismo su ruina o descalabro como líder de su proyecto galáctico, concebido por él, el Socialismo del Siglo XXI, que aún respira aunque boqueando y que ya cojea por doquier que echó raíces y repartió, su verbo predilecto, a manos llenas y esplendidas, a cambio de tanta complacencia?
Usted conoce la respuesta de antemano. No sigamos siendo tan sublimes y propiciatorias perdices. Definitivamente, no. Fue el suyo un regalado anzuelo bien cebado, garfio, pesca de arrastre, que llenó la insuficiente canoa de sus fauces con peces boquiabiertos y ahítos. Él mismo se sorprendió de su benigna estrella. Así, tan fácil, cómo echar para atrás.
Segundo: por otra parte, si te pones a ver, la muerte de Chávez retrasó su derrota y la de otros. Muriendo él, paradójicamente, le otorgó un respiro al desencanto que deja el abandono. Ganó, ganaron tiempo. El luto distrae y abstrae con su hechizo y a veces, como las moscas, es interminable. Por ahora, todavía, aún, quizás.
Tercero: sus hijos políticos y seguidores más cercanos corrompieron su legado, si alguna vez lo hubo, dándole rienda suelta a lo que codiciaban desde antes pero no se atrevían con todas las de la ley, por ahora otra vez, estando aquel en vida.
Todo lo que pudo haber de razonable o ingenuo en el sentimiento originario del líder máximo, además de revanchas, carencias personales y egocentrismos, relacionado con su justicialismo social, devino, tanto durante su mandato como sobre todo después de su fallecimiento en apretados sinónimos, a saber: mentira, vileza, dictadura y corrupción.
Cuarto: internamente a pesar de estar muerto pareciera estar vivo. Está sin ser. Lo usan como a un muñeco inflable. De escudo contra ellos mismos y sus grietas que no se perciben sino a la luz de los contrastes que se asoman a través de las sombras. ! Ay de ellos cuando exploten!
Se lo inventan y asolean de espadachín contra los molinos de viento reales o tramposos, casi siempre estos últimos, para nada quijotescos en todo caso, que total qué más da. De falaz instrumento para huir de la realidad de su colectivo barranco a punta de pistola, de miedo y piñatería regalona y harto más aplaudida por cencerros y guaruras de fondo.
De hecho es él, por ejemplo y aparte, el que les hace la campaña electoral a los candidatos de su partido. No consiguen qué hacer a estas alturas.
Se le oye, se le ve por doquier ya que Maduro es incompetente también para ello y más ahora con la familia involucrada en asuntos de tráfico de drogas hacia el imperio.
Saben que el fin está cercano y le dan vida artificial al difunto. Lo exhiben sin respeto, desesperadamente. ¿Pero es que si el Jesús de Nazaret resucitó, entonces por qué no el de aquí, el de Barinas? Milagros, milagros, necesitan milagros pues la derrota, aunque les queden el C.N.E. y otras verduras, parece ya cantada.
Quinto: Sigue y seguirá siendo un referente popular, una figura coloreada que el tiempo ayudará a desteñir, hacer borrosa y por eso duradera. Habrá que agregarlo a la retahíla de bienaventurados y subir al altar casero de nuestro karma colectivo junto a las ánimas del purgatorio, María Lionza, Negro Primero, inclusive el petróleo y demás hierbas aromáticas.
Sexto: con este parque fantasmal de fondo numismático, ya derrotados, pudieran pensar hasta en hacerse guerrilleros. Tienen ya tanto atesorado para ese negociado, aunque pensándolo bien, la frustración es ciega pero no tonta, y en un país caliente y con mentalidad minero-petrolera es posible que los más cuerdos y avispados de entre ellos recapaciten y, aunque a regañadientes frente a la pantalla, sigan en la contienda política y se amolden, dirán, a las circunstancias. ¡Tomemos a Colombia como ejemplo, camaradas! ¡Dialoguemos la paz!
Séptimo: Internacionalmente la imagen de Chávez se ha convertido en una exótica opción de consumo masivo y propaganda, compitiendo en mercado con la marihuana, el Ché o con Elvis o James Dean o Madonna o todos juntos a la vez, en el batiburrillo lamentable que somos estos días.
Último: Sí, a estas alturas de la conversa que hemos tenido que ha sido todo lo que usted quiera de risible o perversa, de seria o de confusa, de discutible o de real, lo más importante y lo más grave de entre todas las cosas aquí repasadas, es que su proyecto político personal deja una ruina que no se resuelve con petróleo y menos en un día.
Él irrespetó los derechos humanos, propició la corrupción como instrumento para capitalizar lealtades, militarizó lo que antes era democracia, destruyó las instituciones, la economía, polarizo la sociedad, él alentó la violencia, él aupó la complicidad y el silencio entre su secta frente a sus tropelías, él maltrató tanto a tantos a mansalva que no cabe el perdón y menos el olvido; cambió la manera de mirarnos los unos a los otros y tanto así que casi ya ni eso. El inventó una alucinación hoy marchita en el seno de tantos que ahora son más pobres y están más desamparados y desesperados que antes y no solo de lo básico sino también de lo sublime.
Para colmo de males, no contento con irse, allí nos tiró ese fardo que nos deja tan lejos del presente y tan aislados de lo promisorio. Constituye todo ello, supongo, razón válida para que nos unamos los que militamos, con el perdón de las palabras, en la esperanza y no en el rencor o el odio que serían, si te pones a ver, justificación para caer en la tentación de imitar lo que decimos aborrecer. Sería una trampa más de su torvo legado. Sería darles la razón, otra vez. Sería parecernos a él y a lo que representa.
Pero aunque en lo personal no quiera ser ni títere de mi tiempo ni de mis circunstancias confieso, ya que andamos por estas sacristías que inducen a confesiones y limosnas del alma, que el diálogo me cuesta, Padre, lo confieso.
Es parte de su herencia, hijo. Un símbolo herrado en nuestro ángulo más noble. Una distancia insoportable. En todo caso una culpa histórica e interminable que su memoria y la de los de él, no podrán justificar. Cargaremos con eso y hay que aprender a manejarlo. Con esa trastada a cuestas tendremos que inventar algún recurso para poder dormir en paz. Esa necesidad de adiós que nos domina. Un eco inaguantable de ganas de hasta más nunca, comandante. Un mundo por fundar, otra vez, si te pones a ver el lado repetido de la historia.
Leandro Area Pereira
@leandroarea

domingo, 24 de febrero de 2019

LUIS FUENMAYOR TORO, ESTUPEFACTO


En los años sesenta, ante la insurgencia del PCV y del MIR contra el gobierno represivo de Rómulo Betancourt, el Congreso de la República fue allanado y los diputados de esos partidos encarcelados sin cumplir con las normas constitucionales. Hubo también terrorismo de Estado aplicado por organizaciones paramilitares como la “Cobra Negra” contra líderes estudiantiles, políticos y sociales. Los insurgentes, por s parte, efectuaron atentados terroristas, como el asesinato de policías, bombas de bajo poder en sitios públicos y secuestros; adicionalmente asaltos a bancos para proveerse del financiamiento necesario.

Las acciones gubernamentales incluyeron la creación de los “Teatros de Operaciones”, sitios militares donde se detenía a los enemigos del gobierno y se violaban gravemente los derechos humanos: secuestro, incomunicación, maltratos, torturas y asesinatos. Sin juicios, sin asistencia médica, sin testigos. Hubo además los enfrentamientos gobierno-guerrilla, con un saldo mayor de muertes y heridos del lado de los insurgentes, que no llegaron a constituir peligro para la democracia representativa naciente. Allanamientos de las universidades, hostigamiento permanente, modificaciones de la Ley de Universidades y un saldo de estudiantes muertos, heridos y detenidos.

Se efectuaban además allanamientos nocturnos en barrios populares, con detenciones ilegales y robo de pertenencias. Luchas en varias ciudades entre manifestantes y encapuchados con la policía, detenciones, uso de piedras y bombas Molotov por los manifestantes y disparos de perdigones y armas de fuego, gases lacrimógenos y agua coloreada a presión, por el gobierno. Estos incidentes se extendieron mucho más allá del fin de la lucha guerrillera, que se produjo con la pacificación de Caldera.

La primera gran sorpresa con el gobierno “bolivariano” fue ver como sus funcionarios, víctimas directas de atropellos y violaciones de los gobiernos adecocopeyanos, han repetido con total naturalidad las mismas conductas denunciadas y enfrentadas: detenciones arbitrarias, allanamientos ilegales, uso de funcionarios enmascarados, confinamientos, secuestros, maltratos y torturas, juicios militares a civiles y sin permitir el legítimo derecho a la defensa. Pero además con mayor ensañamiento. Chávez y sus insurrectos sufrieron prisión por dos años; el general Baduel lleva cerca de una década. Es una desfachatez.

Defensores de los DDHH en el pasado hoy justifican este tipo de conducta. ¡Insólito! Pero que la lucha política actual les haya nublado el entendimiento a muchos venezolanos es increíble. Quienes hoy se creen ya en el poder se preparan para la limpieza ideológico política del país, del cual eliminarán, asesinándolos supongo, a todo quien sea sospechoso de haber tenido alguna simpatía con Chávez o con Maduro. Profesores, profesionales, periodistas y otros del campo opositor extremista, no tienen empacho en decir que la libertad de información, expresión u opinión, tiene que estar sujeta a una racionalidad; que no se puede caer en esas “veleidades” que permiten que cualquiera diga lo que le parece.

Cuando lo leí recordé la lucha del gobierno por imponer la información veraz, la cual terminó siendo la del gobierno y le permitió criminalizar cualquier otra diferente. Pues bien, sus sucesores se aprestan a hacer lo mismo y mejorarlo. Los cierres de emisoras de radio, programas de opinión, televisoras, lejos de desaparecer se profundizarán, repitiendo una conducta que han condenado todos estos años. ¡Inaudito! Pero real. Esto como que no se acaba pronto; aún si hay un cambio de gobierno, si quienes vienen lo hacen con estas intenciones, los enfrentamientos continuarán. Lamentable, pero será así.

Luis Fuenmayor Toro
@LFuenmayorToro

jueves, 7 de febrero de 2019

ANDRÉS HOYOS, LA NUEVA FASE DEL POPULISMO


El populismo —o los populismos, pues los hay de izquierda y de derecha— cambiará de fase en 2019. Antes la tenía más fácil que ahora. Dejemos de lado al de derecha, típico de los países desarrollados, y discutamos al de izquierda, que nos afecta más en estos países rezagados, así también tenga representantes, digamos, en España.

Por autodefinición el populista es un representante de los deseos del “pueblo”, que a su juicio son traicionados por los políticos “tradicionales”. Perdón por las comillas, pero en esta materia las palabras no significan lo que usted y yo entendemos. Por ejemplo, pocas más indefinidas que pueblo —a veces se sospecha que es de extrema derecha, a veces que quiere de cena a un oligarca en escabeche—, si bien por definición el caudillo solo habla de una porción del pueblo, grande aunque no necesariamente mayoritaria. Por eso, porque el “pueblo” cambia de opinión con facilidad es imposible generalizar sobre los objetivos concretos del populismo. Más fácil, en cambio, es definir los métodos: contacto directo con la gente, políticas inconsultas, desmonte de las instituciones, odio a terceros, necesidad de hacer reaccionar a los enemigos del “pueblo”, sean ricos u oligarcas, pese a que entre los “enemigos del pueblo” también abundan los sectores de clase media y populares que no comulgan con el caudillo.

Fácil estaría la cosa si hubiera a mano una colección de soluciones viables, necesarias y virtuosas que por A o B razones los gobernantes del pasado han hecho a un lado. Sin embargo, estos suelen ser espejismos o “soluciones” de corto plazo. Un ejemplo clásico es el de Chávez, copiado de Perón. Cuando el Estado adquiere súbitamente o tiene una gran renta, del origen que sea, se puede usar un pedazo para reclutar a los votantes a cambio de su sumisión. De más está decir que esa renta también alimenta a miles de burócratas, empezando por la familia del caudillo, quienes saquean el erario a sus anchas.

El problema está en la sostenibilidad de las “soluciones”, a lo cual suele sumarse una larga permanencia del caudillo en el poder. ¿Por qué? Porque las grandes rentas del Estado menguan o se acaban, como se acabaron los petrodólares en Venezuela, con el agravante de que los burócratas obedientes suelen ser, además de corruptos, ineptos.

Lo anterior sirve para explicar por qué andan tan desorientados los caudillos latinoamericanos más recientes, tengan votos o no. No han perdido ni un gramo del narcisismo ciego que los caracteriza —échenle un vistazo a AMLO—, pero los planes de gobierno —diga usted sembrar muchos aguacates— ya no se ven infalibles. Tampoco luce viable expropiar a los oligarcas para entregar lo expropiado a quienes no tienen ni idea de gestionarlo. Grave es el antecedente cuando las empresas de dominio estatal, tipo EPM, Ecopetrol, Petrobrás o Pemex, sufren grandes pérdidas que, por definición, afectan a sus socios mayoritarios. Lo adivinó, querido lector, las pérdidas las sufre el pueblo, no los oligarcas.

Tema aparte es la ilusión de que la gente puede beneficiarse de rentas cuantiosas sin tener que hacer demasiado esfuerzo. Una cierta izquierda (no la socialdemocracia europea) viene ilusionando a la gente con eso desde hace décadas. Pero hay que citar aquí la vieja frase inglesa: no hay almuerzo gratis. Tema para otra columna. Síntesis: es mejor insistir con los políticos afectos a la democracia liberal, así sean menos excitantes que los populistas.

Andres Hoyos
andreshoyos@elmalpensante.com
@andrewholes
Colombia

jueves, 13 de diciembre de 2018

IBSEN MARTÍNEZ, CHÁVEZ, MADURO Y LA IRRELEVANCIA DEL VOTO


El libro de Fareed Zakaria sobre las democracias no liberales apenas acababa de salir a la luz, en 1997, cuando Hugo Chávez, exmilitar fracasado como golpista, salía de la cárcel. Intentó entonces capitalizar su carisma y su inmensa popularidad propagando el evangelio abstencionista.



Sin embargo, Venezuela, acostumbrada en el curso de 40 años a todas las liturgias, protocolos y fastos de la democracia representativa, pronto hizo sentir a Chávez que predicaba en el desierto. Los venezolanos de entonces valorábamos el voto, nos gustaba votar, gozábamos jacarandosamente del carnaval publicitario que eran nuestras campañas electorales. El astuto futuro demagogo tomó cumplida nota de ello y se hizo candidato presidencial.

Su oferta primordial fue la convocatoria a una Asamblea Constituyente. La viga maestra de su proyecto de Constitución fue la consulta directa: la palabra referéndum saltaba a cada pocos párrafos. Veinte años más tarde, Venezuela es una sangrienta distopía narcomilitarizada, al tiempo que satélite de Cuba.

La historia de cómo esto pudo llegar a ser puede contarse de muchas maneras y una de ellas es la de cómo Chávez logró paulatina y finalmente hacer de cada elección presidencial un plebiscito amañado y de cada referéndum un algo irrelevante. Si quisiésemos hablar de un método, lo esencial del mismo consiste en desconocer todo resultado electoral adverso y convertir el referéndum en instrumento de un tiránico apartheid político.

Como ejemplo de ello, téngase primero el referéndum revocatorio del mando que la oposición quiso activar en 2004 ante los desafueros de Chávez.

El caudillo saludó con cínico aspaviento que la oposición depusiese lo que hasta entonces había sido una estrategia insurreccional y abrazase la vía electoral. Acto seguido contraatacó, violentando una garantía fundamental en toda democracia: el secreto del voto.

Chávez hizo públicas las listas de centenares de miles de opositores venezolanos que firmaron la solicitud de que se realizase un referéndum revocatorio. De este modo, Chávez convirtió una lista de ciudadanos en una lista de apestados a quienes aún hoy se les niega la posibilidad de trabajar en la administración pública o contratar con organismos del Estado. La extorsión del voto de los empleados públicos —el Estado venezolano es, con mucho, el mayor empleador del país— se unió a la indignación, el desánimo y el miedo de muchos opositores. Chávez ganó, y pudo además ufanarse de una elevada participación electoral: la del pleno de los intimidados empleados públicos. Años más tarde, en 2007, los resultados de otro referéndum, convocado esta vez por el propio Chávez, le fueron adversos.

El caudillo bolivariano buscaba hacerse aprobar por vía refrendaria decenas de enmiendas que habrían dado a Venezuela una Constitución comunista. Luego de tortuosos tejemanejes en la trastienda del concejo electoral, Chávez debió reconocer la victoria opositora, no sin calificarla, echando espumarajos, de “victoria de mierda”. A pesar de ello, andando el tiempo, el tirano hizo aprobar por su mayoría parlamentaria las reformas rechazadas en el referéndum de 2007.

Las elecciones regionales de 2008, destinadas a renovar gobernadores, resultaron en un verdadero varapalo para Chávez. La oposición ganó holgadamente en los cinco Estados que concentran más de la mitad de la población del país, la mayor parte de la industria petrolera y el grueso de la actividad industrial del país. Se alzó, además, con la alcaldía mayor de Caracas y con la gobernación del vecino y populoso Estado Miranda.

La respuesta de Chávez sentó el patrón que Maduro ha prolongado: escamotear las atribuciones y los presupuestos de las gobernaciones y alcaldías en las que el régimen resulte derrotado y nombrar protectores para cada región, a la manera de los gauleiters nazis. En casos extremos, se encarcela al alcalde problemático. O bien, se arroja desde un décimo piso al concejal electo, batallador e irreductible.

Todo hay que decirlo: la cúpula opositora, al acudir a las elecciones regionales de 2017, convocadas por una espuria Asamblea Constituyente madurista, desconoció cínicamente un referendo convocado por ella misma para repudiar la inminente y fraudulenta elección de la Constituyente.

El abstencionismo venezolano no responde a una campaña en Twitter, como afirman algunos comentaristas. Es fruto de un largo proceso, alentado por el régimen, de desvalorización del voto como fundamento democrático, ¿puede extrañar la elevadísima abstención del domingo pasado?

Con todo, adviértase que hay veces en que abstenerse es elegir.

Ibsen Martínez
@Ibsen_martinez

martes, 27 de octubre de 2015

ERNESTO GARCÍA MAC GREGOR, CHÁVEZ Y LA CULTURA

Es evidente que Chávez no sólo devastó los sectores productivos, educativos y tecnológicos del país sino también el cultural. El Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, otrora el más respetado y reconocido de América Latina, desde la expulsión de su creadora Sofía Imber, perdió el brillo y la importancia que tenía internacionalmente. El de Bellas Artes, creado en 1918, está en una situación lamentable de deterioro de su infraestructura.

El Teresa Carreño, convertido en sala de festejos del chavismo. En un concierto de gala de Dudamel, cuando se anunció por los altavoces: “el gobierno bolivariano y chavista les da la bienvenida al teatro", la tremenda pita hizo que omitieran para siempre la grabación. El Ateneo, fue desalojado por el chavismo para "garantizar al público  el disfrute de sus espacios sin obtener beneficios económicos". El CONAC lo cerraron porque “su personal se mostraba resistente al cambio revolucionario”. El Ballet Contemporáneo lo eliminaron porque "no presentaba un real impacto social y comunitario".
La saña del vandalismo se hizo presente en la destrucción de la estatua de Colón, de 1893, la de La Libertad, en Valencia, de 1895 y el año pasado la de Andrés Eloy Blanco. La Ciudad Universitaria de Caracas, Patrimonio de la Humanidad (UNESCO), está en permanente peligro de deterioro. Las academias viven al acoso, la historia tiene que ser manipulada y contada a la manera comunista. El terrorismo contra todas las expresiones del saber y a favor de un pensamiento único ha sido emblemático de este desgobierno. El recién galardonado poeta Rafael Cadenas ni se le menciona.
Los zulianos nos salvamos de tanta degradación, porque en esos tiempos de “exprópiese” y “ahora te doy lo tuyo”, el Zulia era territorio libre del chavismo. Por eso aún conservamos nuestros centros de cultura, intactos, como el Lía Bermúdez, Maczul, Teatro Baralt y Bellas Artes. Aunque en 2013, un organismo oficial local negó celebrar el centenario de los scouts de Venezuela en sus predios (tuvo su origen en Maracaibo), porque éstos eran agentes de la CIA. Cuando se les aclaró que la organización era originaria de Inglaterra, la respuesta fue: “bueno, agentes del imperialismo entonces”. Que oiga quien tiene oídos…

Ernesto Garcia Macgregor
garciamacgregor@gmail.com

@garciamacgregor