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miércoles, 27 de febrero de 2019

JOSÉ LUIS ZAMBRANO PADAUY, REALMENTE NO HAY VUELTA ATRÁS


Fue un día terrible e inolvidable. Se quebraron nuestras expectativas y no podíamos reponernos de los sollozos. Ver los camiones en llamas resultó impactante. Contabilizar más de veinte muertos, casi 300 heridos y alrededor de 100 miembros de las Fuerzas Armadas convencidos de abandonar el bando del terror, no es suficiente para un régimen cuyo único interés es aferrarse al poder a costa de la sangre de tantos inocentes.

Pese a este saldo demoledor y toda la decepción por un 23 de febrero amargo y decepcionante, los días de Maduro están contados. Lo sigue recalcando el vicepresidente de EEUU, Mike Pence, quien no pierde sus perspectivas para continuar en el intento de entregar la ayuda humanitaria, siguiendo con los pasos concretos para acabar con la dictadura venezolana.

Al día siguiente, Guaidó fue recibido con los honores presidenciales en Bogotá, tras el fallido intento el sábado pasado de introducir los camiones en tierras venezolanas. Se reúne con los 14 cancilleres del Grupo de Lima, Duque y Pence. Las deliberaciones serán intensas, pues hay algo más que honor en juego.

El mandatario constitucional de Venezuela debe dejar de lado los buenos modos y los excesos de conmiseración hacia los militares. Eso es indiscutible. Suficiente… se acabó la paciencia.

Tal vez, no se pueda exigir remordimiento de conciencia, cuando por el otro lado les están apuntando con un fusil para no doblegar. Quizá se hallen sitiados por los cubanos. No lo sabemos con certeza.

Podrán existir excusas interminables para no haber aceptada está última oportunidad, pero es hora de que Guaidó dé de baja a los dos mil generales venezolanos. Con una convicción ineludible, debe hacer trizas la Ley de Amnistía y ya no contar con ellos para el cambio a generarse en pocas semanas.

Apenas es el comienzo. No hay razones definitivas para perder las esperanzas. Existen dos frases certeras y determinantes que han copado los últimos días. Las mismas se han vuelto casi un eslogan de emociones incontenibles, revestidas de fe y con la convicción de que por fin se harán los deberes en Venezuela para restaurar la democracia.

La primera la ha mantenido Juan Guaidó con una nobleza conciliadora y la exprime con una sabiduría que cala hasta en los huesos. Ese “vamos bien” nos lleva a detener las ansias fugitivas de huir de la realidad.

Lo dice sin suntuosidad y sin otro propósito que darnos la confianza para luchar. Logra en su esencia, levantarnos de los asientos para andar y a no apagar la televisión de los acontecimientos.

La exprime sin intenciones secundarias, pero con una rara sensación de amabilidad, de que guardar un secreto y las armas selectas para alcanzar la libertad. Parece con sus palabras reconocer su irremediable papel en la historia. Lleva ese hálito fugaz de cumplir con su encomienda para salvar la patria, sin las pretensiones opulentas de buscar el poder para él.

El “vamos bien” lo vimos en las camisetas sencillas de los artistas que participaron en el gran concierto en Cúcuta titulado “Venezuela Aid Live”. Fue un desfile incontenible de estrellas y de emociones simples, como preludio a lo que está por venir, aunque se haya fallado en el primer intento por darle un pequeño alivio al pueblo venezolano el pasado sábado.

La otra frase es sin duda estratégica. Es ir con la mochila repleta para la batalla. La emitió el presidente Donald Trump en su peculiar intervención en la Universidad de Miami. La soltó sin asombros y en medio de la turbulencia acostumbrada de su insaciable discurso. El “no hay vuelta atrás” se declara como punto culminante de los estragos nacionales. Más allá de su sintaxis, interviene con el poder infundado por su emisor y de que se camina en esta cruzada renovada, con una avalancha de respaldo.

Siempre hemos estado colmados de incidencias. Los noticieros mundiales nos nombran a diario y experimentan una extraña compasión por nuestros padecimientos. Pero hoy se reconoce también que se emprende el juego decisivo.

La confianza precisa de Guaidó nos mantiene en ascuas. Asume sus decisiones sin mayores tropiezos y no duda por un instante que logrará su cometido. Es tratado mundialmente como un mandatario real y se le respeta por una investidura constitucional sin atisbos de duda, pues la usurpación del otro está más que comprobada.

La batalla del sábado se perdió, pero la guerra por la patria apenas comienza.

José Luis Zambrano Padauy
zambranopadauy@hotmail.com
@Joseluis5571

jueves, 21 de febrero de 2019

LEANDRO RODRÍGUEZ LINÁREZ , EXPECTATIVAS DEL 23 DE FEBRERO


¿Por qué ocurrirá el 23 de febrero? La ayuda humanitaria ofrecida a Venezuela es producto del terrible desmejoramiento de la calidad de vida de los venezolanos, a pesar de ser probablemente - por sus dimensiones geográficas, demográficas en proporción a las riquezas/bellezas naturales que posee - la nación con mayor potencial del mundo, la más rica.

Sí bien es cierto no hay hambruna como la concebimos en países africanos, es cada vez más común observar familias enteras buscando qué comer en los cestos de basura, ya no son los multiplicados indigentes (de todas las edades) los únicos en hacerlo, hoy se ven personas “bien vestidas” que desde hace años han sido arrastradas a una sobre vivencia indigna. Más aún, sí a esa dramática realidad sumamos las familias en hogares que pasan hambre, obligadas a comer una vez al día o que algunos de sus integrantes soportan días sin hacerlo para cederle su bocado a sus hijos, comenzamos a darnos cuenta que en Venezuela sí hay hambruna.

Organizaciones criollas e internacionales llevan los registros de desnutrición, las cifras son impactantes. “Cáritas Venezuela” señala en 2018, 20 de cada 100 niños menores de 5 años presentan desnutrición, 45% de los emigrantes venezolanos salen del país con desnutrición aguda. El diputado a la Asamblea Nacional, José Guerra (economista), informó que 80% de la población come menos de dos veces al día.

Ello no termina allí, la crisis del sistema de salud es dantesca, 90% de los hospitales no cuentan con equipos, insumos, salubridad ni recurso humano, crisis que no es ajena a las clínicas privadas. Debemos sumar la escasez de medicinas que oscila en 80% así como el impagable costo de las que se encuentran. La crisis por carencia de alimentos (por escasez o hiperinflación) y la crisis del sector salud, sin lugar a dudas atestiguan una crisis humanitaria gigante.

Pero continuamos, adicional a lo prenombrado, se suma el cavernario sometimiento a controles, racionamientos, condicionantes a derechos y libertades que padecen los venezolanos, amén de una violencia institucionalizada cada día peor. La insensibilidad de un aparataje gubernamental inquisidor y excluyente, servicios básicos como agua potable, electricidad y transporte en ruinas, formas de control social vulneradoras de derechos humanos, militarización y partidización de lo civil, la aniquilación de todo el espectro constitucional y democrático, instituciones públicas de espaldas a las necesidades del pueblo… una sociedad abandonada a su suerte. Dicho esto ¿Se atreve señalar que en Venezuela no hay crisis humanitaria?

El chavismo dejó de ser un problema venezolano, la diáspora afecta gravemente las economías de la región. La sal picante afinidad del régimen venezolano con otros regímenes antidemocráticos como el norcoreano, cubano, turco, ruso, nicaragüense y sirio, así como su cercanía con grupos terroristas como las Farc, lo han puesto en el ojo del huracán mundial. También hay que agregar presuntos vínculos con el narcotráfico, corrupción globalizada como “Panamá Paper”, Odebrecht y tan súbitas como multimillonarias cuentas bancarias que riegan la banca internacional, entre otras.

El próximo 23 de febrero será una fecha donde el proyecto chavista, exitosísimo para gobernantes y sus allegados (riquezas, lujos y privilegios) pero una indignante calamidad para el pueblo (crisis humanitaria), deberán aceptar el fin de su tiempo. Asediado por un impaciente rechazo popular de más del 90%, por la acción decidida de la comunidad internacional influyente/determinante, se dará cuenta no controla los escenarios, el chavismo está a merced de quienes por tanto tiempo ultrajaron. Esa fecha será la cachetada final que los hará pisar tierra, afrontar lo que inevitablemente deberán afrontar.

Leandro Rodríguez Linárez
leandrotango@gmail.com
@leandrotango 

lunes, 27 de marzo de 2017

OSWALDO ÁLVAREZ PAZ - EXPECTATIVAS ANGUSTIOSAS

DESDE EL PUENTE
  
¿Qué va a pasar? ¿Cuándo saldremos de esto? ¿Qué pasa sucede en el mundo opositor? Y, en fin, cualquier cantidad de interrogantes se escuchan en todas partes. Siempre con un toque de angustia en quienes las plantean. Se trata de la normal incertidumbre frente a los posibles desenlaces de una crisis que ha terminado por afectar a todo el mundo. La vida perdió el mínimo de serenidad indispensable para poder llevarla con una relativa normalidad.

Lo cierto es que se acabó el Derecho como instrumento de regulación de las relaciones de los ciudadanos entre si y de ellos con el estado-gobierno. Ni la Constitución, ni el ordenamiento legal existente son garantía para que la gente pueda desenvolverse en un clima de libertad. Para el régimen se trata de una camisa de fuerza incompatible con un proceso verdaderamente “revolucionario”. En consecuencia, la nación está a la intemperie, sometida al capricho, la ignorancia, las desviaciones ideologizadas, la ineficacia, la corrupción en todas las modalidades de un régimen que progresivamente ha liquidado la democracia. Hoy vivimos, no en un socialismo del siglo XXI, sino en una dictadura tiránica con características propias del siglo XXI, aunque con fallas tremendas, similares a todas las dictaduras conocidas en distintas partes del mundo.

El problema está en que no basta con decir las cosas. Estamos hartos de diagnósticos que sólo sirven para justificar la inacción que permitiría revertir hacia lo positivo las negativas tendencias del presente. El régimen no va a cambiar el rumbo que en lo económico, en lo social y en lo político imponen. Entonces hay que cambiarlo en el menor tiempo posible, tratando de evitar consecuencias que agraven la situación actual.

El problema es que los deseos no bastan. Se necesita la acción decidida, directa, unificada de un puñado de compatriotas dispuestos a darlo todo para devolverla libertad a la nación. Pero hay que unificar el objetivo. De lo contrario resulta imposible que las ambiciones personales y de grupo caminen hacia ese objetivo, aún con sus propias estrategias. Éste es el problema mayor que tenemos en este momento.

Tanto los candidatomaníacos que parecieran multiplicarse en escala nacional, regional y hasta municipal como las cabezas visibles de partidos y organizaciones legítimas del empresariado y el mundo laboral, parecieran no tener clara la labor a cumplir si queremos alcanzar el pregonado cambio. Pienso que ninguno cree que Venezuela merece seguir el ritmo de los acontecimientos para que esto pueda terminar, en el mejor de los casos,   alrededor del año 2019, luego de completada la etapa de maniobras para demorar, alterar y destruir las instituciones organizadas de la sociedad. Sabotearon el anhelado revocatorio, las elecciones de gobernadores y se prolonga la incertidumbre con relación a las municipales. La Asamblea Nacional, sede de la soberanía popular, reducida a pura retórica sin hacer realidad sus propias decisiones. ¡Está bueno ya!

Oswaldo Alvarez Paz
oalvarezpaz@gmail.com
@osalpaz
Desde El Puente
Caracas - Venezuela

jueves, 7 de abril de 2016

JOSE ERNESTO PONS BRIÑEZ, EXPECTATIVAS Y ESTIMACIONES YA EN SEGURIDAD NO HAY

Los problemas del Reten del Marite en el Zulia, como la operación de Rescate por parte de delincuentes, sucedido en Maracay en un puesto de CCIPC; ofreció a los ciudadanos el panorama general de la seguridad, donde la incapacidad gubernamental se estableció de hecho, además de las estadísticas que muestran un crecimiento avasallante en el País. No conforme a ello, las “estrellas” seleccionadas para el manejo de esta tan grave situación en esta área vital lo asumen con tal arrogancia que terminan de reafirmar no solo sus propios “miedos”, sino, sus limitaciones.

El caso del Zulia en particular, hemos venido sistemáticamente denunciando y recomendado una serie de estrategias que asumidas con un sentido de inclusión y respeto profesional, lograrían consolidar un plan base, coherente y efectivo. Para así, no pasar por los “tragos Amargos” que ya pareciera ser asumidas con tal “cara dura” el confirmar en viva voz la incapacidad de respuesta en este problema. Arias Cárdenas, prometió la seguridad de los Zulianos, hoy las estadísticas muestran que no lo logro y esto, sin hablar del “Bachaqueo”.

Entregarle en Manos de la Ministra Iris Valera el problema del Marite, es para muchos entender que de un reten de criminales, se convertirá en un Club fiesta “Al estilo de Yare y otros centro penitenciario del País” donde se realizaran todo tipo de negocios y festividades con destacados artistas. Ese es el futuro donde el Gobernador y su Secretario de Seguridad,  dieron pie al no interpretar las pocas e inteligentes estrategias que pudiesen aplicarse.

Mencionamos con anterioridad, que el problema del Marite sobrepasaría los esfuerzos y las potencialidades de la Gobernación y sus funcionarios. Hoy se reconfirman. Lo que nos hace entender que no solo deberían ofrecer una apertura en el manejo de esta variable a expertos y conocedores, sino, además darle un vuelco a las formas tradicionales de manejarlo.

Para cualquier acción, hay que considerar el hecatombe político, social y económico del País, a esto, la pérdida de valores y la controversial situación en el deber ser y lo que es. La corrupción de los funcionarios, la descomposición policial y la impunidad réinate hacen muy difícil asumir con protagonismos personales a estos, ya que, al no lograrlo, lo que se obtiene es “tremendo ridículo” donde el nombre y los años de servicio se van al traste y lo que les queda, es seguir la cuerda y llenar “las alforjas” en lo posible, esa es la rutina del desastre gubernamental.

Finalmente, los gobernadores y alcaldes sean del color que sean, los tiempos de crisis deberán  desarrollar el olfato político y permitirse un viraje cónsono a las exigencias de país. Mirar para otro lado, estirar las arrugas o  hacerse los locos, es afirmar lo poco que les importa la vida de sus conciudadanos y para los alcaldes de sus vecinos. La seguridad es un problema de todos los colores, anaranjado, amarillo, blanco y rojo. Ignorarlos no es la solución. Apertura, inteligencia y compromiso  con Venezuela es la vía.

Jose Ernesto Pons Briñez
joseponschene@hotmail.com
@joseponsb
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Zulia – Venezuela